Summary- Conseguir un trabajo es difícil, dímelo a mí, pero a veces hay que hacer lo que sea por tus sueños, y…, ¿quién sabe que te deparará además la suerte? Edward Pov

Capítulo 2.

Llegué al trabajo de forma puntual. Estaba bastante nervioso. Necesitaba el trabajo y no al quería cagar, realmente. No sé que se suponía que tenía que hacer en mi trabajo, aparte de atender emergencias, es decir, no tenía ni la mínima idea de cómo funcionaba o estaba organizado este trabajo. El edificio era pequeño, de tres plantas, con la fachada de un sucio gris. En la primera planta había una joven oficinista que en ese momento se veía entretenida limándose las uñas. Me acerqué indeciso para preguntarle en que piso se encontraba el despacho del director.

-Hola…Jessica- dije leyendo de la placa que colgaba en su blusa- eh..quería preguntarte si me podrías indicar dónde está la oficina del director.

Ella me miró durante unos largos minutos, poniéndome realmente nervioso. Carraspeé al ver que no respondía y pareció despertar de la ensoñación en la que se había metido.

-Eh. Eh…si…si…claro…-dijo bizqueando- sube las escaleras que hay al fondo y gira a la derecha.

-Gracias- dije alzando la mano a modo de despedida mientras me dirigía hacia las escaleras.

Subí las escaleras sintiendo un nudo en mi garganta. Traté de repasar mentalmente los consejos que me solía dar Alice para este tipo de situaciones. Casi pude escuchar su aguda voz en mi cabeza: "Edward, debes mostrarte seguro y decido, para que vea que eres capaz de afrontar situaciones difíciles con madurez" Resultaba irónico que me lo dijese ella, cuando solía ser la persona más infantil que conocía, después de Emmet, claro. Ambos eran mis mejores amigos. Alice había sido mi vecina desde que teníamos pañales y solíamos ser uña y carne, casi como hermanos. A Emmet en cambio lo había conocido un día en el parque, un día que me había ayudado a recuperar mi action man, el cual me habían robado unas niñas unos cuantos años mayores para poder tener una pareja para su Barbie- la verdad es que era un poco ridículo porque el action man era dos o tres cabezas más bajo que una Barbie-. Entre los dos habíamos conseguido tenderles una trampa y robarles sus barbies, así como recuperar a mi action man, las niñas suplicaron hasta que se las devolvimos, y nunca más nos intentaron molestar. Ambos habían sido realmente importantes tras la muerte de mi madre, sobre todo Alice que había llegado a retrasar un año su entrada en la universidad por ayudarme. Ahora mismo cursaba diseño de moda en la universidad y a la vez trabajaba de estilista aprendiz en la revista Vogue. Emmet por su parte había decidido dedicarse a lo que mejor se le daba, el deporte. Había trabajado durante un año en un gimnasio y ya tenía el puesto de instructor.

Seguí el consejo de Alice, poniendome más derecho y fingiendo una sonrisa de persona segura en la cara. La verdad es que no sabía exactamente cómo era ese tipo de sonrisa ni, lo más importante, cómo se vería en mi cara, pero decidía hacerle caso a Alice y sus dotes de adivina.

Llegué a una puerta acristalada, que estaba cubierta por una cortina y de la que colgaba un cartelito que ponía: DIRECTOR. Di dos dolpes suavemente.

-Adelante- dijo una voz grave y suave al mismo tiempo desde el interior.

Abrí la puerta y nada más entrar vi a un hombre rubio de unos veinte y pocos que recogía un pequeño montón de portafolios amarillos que se hallaban sobre su mesa. Se giró hacia mi cuando me vio entrar y se acercó a saludarme.

-Hola, bienvenido, ¿tú debes ser Edward, no?- asentí, estrechándole a su vez la mano que me ofrecía- Yo soy Jasper Withlock. Imagino que no tienes ni idea de cómo funciona todo esto, ¿no?- dijo mientras me sonreía sinceramente.

Me pasé la mano por el pelo, un tanto avergonzado de tener que admitirlo.

-Pues la verdad es que no…

-Pues entonces venga, iré a explicarte. Espera un momento que voy a recoger unos informes…- dijo acercándose de nuevo al escritorio y terminaba de meter y sacar folios de los portafolios.

Mientras Jasper estaba ocupado lo observé detenidamente, debía tener apenas unos años más que yo y ya era el director de algo. Debía admitir que no me había imaginado tener un jefe así, era como los típicos modelos que salían en la revista para la que trabajaba Alice, aunque debía admitir que, además de por ser increíblemente alto, tenía algo que infundía respeto. Suspiré. Ojalá yo tuviese la misma suerte.

-Venga, sígueme- me dijo sacándome de mi ensoñación.

Me guió por las escaleras hasta el tercer piso, dónde había un largo pasillo iluminado por una lámpara y absolutamente vacío de adorno alguno. A lo largo del pasillo había cinco puertas, y Jasper ,me guió a la última, que se encontraba justo al final del pasillo. Abrió la puerta y pude ver una gran sala llena de aparatos electrónicos y con un montón de gente con aurículares y micrófonos situados frente a los aparatos. Se escuchaba un murmullo, no muy alto, pese a que hablaban todos a la vez, síntoma de que las emergencias no eran precisamente pocas.

-Edward- comenzó a explicarme mientras me seguía guiando entre los escritorios los aparatos.- los aparatos que ves son bastante sencillos de manejar, por muy complicados que se vean en principio. Sirven para que cada operador se pueda encargar de varias llamadas a la vez. Levantando o bajando una determinada clavija, activarás o desactivarás dicha línea. Eso te permitirá contestar y a la vez llamar a los bomberos, policía o quien sea. Esto lo controlarás enseguida. Lo más importante de tu trabajo es que mantengas completamente la calma, que controles la situación aunque sea crítica, tratar de calmar a los que llamen para poder entenderles y saber reaccionar ante el problema que presenten. En caso de personas que has desaparecido, han sido secuestrados o cualquier otra razón que les impida saber dónde se encuentran, debes tratar por todos los medios que no corten la llamada y activar el dispositivo de búsqueda a través del ordenador para poder localizar desde dónde se produce la señal de llamada…

Todo esto me lo iba diciendo a la vez que señalaba botones y movía las manos para explicarse. Estaba un tanto aturdido con tanto dato, pero suponía que sería más fácil una vez puesto en práctica.

-Bueno…- continuó- No sé me ocurre que más puedo explicarte ahora, pero tu sitio es aquel- me dijo señalando una mesa que estaba al fondo, junto a una señora mayor con gafas- Ésa que ves es Muriel Mcavoy, es una de las que más años lleva trabajando aquí, y estoy seguro de que le encantaría ayudarte.

Me dio dos suaves golpes en la espalda , me sonrió y se fue. Buueeeno…. Habrá que ponerse a trabajar. Me dirigía hacia mi puesto y una vez allí me senté y me coloqué los auriculares con micrófono. Me sentía un tanto estúpido porque una vez allí vi que los aparatos y pantallas que había frente a mí, se hallaban apagados y, por supuesto, no sabía como encenderlos. Me puse a la leer etiquetas y a ver botones, por si alguno tenía el dibujito típico de los mandos y del televisor para encender o apagar, pero no tuve suerte. Había cientos de botones y clavijas, de diferentes colores y formas, pero se dio la casualidad de que justamente ese no aparecía. Mierda. Sí que tengo mala suerte. Me giré hacia Muriel intentando no parecer muy idiota, que en ese momento estaba bajando una clavija y subiendo otra.

-Servicio de emergencias, accidente de tráfico en Fulton street. Tres heridos. Lleven la ambulancia. La policía ya está informada.

Subió de nuevo la clavija y pareció percatarse ahora de que la miraba, así que se giró hacia mí.

-Hola chico- me dijo sonriendo dulcemente, haciendo que le surgieran unas arrugas en la comisura de los ojos. Me recordó por un momento a la forma en la que me solía mirar mi madre.- ¿Eres el nuevo, no? No me imaginaba que fueses tan jovencito.- continuó a la ver que se reía- Seguro que mi nieta te quería de novio. Tendré que presentártela.

Yo bajé la mirada avergonzado mientras la escuchaba reirse.

-¿Cómo te llamas, joven?- me preguntó.

-Soy Edward, señora- contesté.

-Ohhh, no me llames señora, me haces sentir más vieja de lo que ya soy. Llámame Muriel o Mury, como me llaman todos aquí. Veo que estás un poco perdido- continuó, intentando ocultar una sonrisa al verme con los cascos y con todo apagado.- Lo primero que debes hacer, es pulsar este botón me dijo.- Pulsó una tecla verde que había debajo de una hilera de clavijas y todo comenzó a encenderse.- Comencemos, nos queda una larga noche por delante…

Le miré sonriendo. Al menos sentándome a su lado había tenido suerte.

Opiniones , please!

Susurrodeviento