Que tal todos, he aquí un nuevo capítulo para su deleite, ya saben cualquier comentario es bien recibido.

Sin más que decir espero que lo disfruten.

Anónimo

¡Maldición!, como es usual en todas mis mañanas el abrir de mis ojos es acompañado del horrible campaneo del reloj despertador, odiaba a esa cosa, ese maldito aparato cortaba el delicado hilo de mis apaciguadores sueños y me regresaba a una vida tan gris.

Reflexionando un momento me doy cuenta que el maldecir mis mañanas no es una buena muy buena señal, me he estado dando cuenta de ello hace poco y he de admitir que es un asunto que me preocupa; observar estos leves cambios sin saber cómo responder a ellos. Tal vez debería regresar a vivir con mis padres, pero no, mi poco orgullo me impide hacerlo, solo tengo que aprender a sobrellevar esto.

Estiro mi machacado cuerpo, los huesos no paran de tronar; dormir como un animal no beneficia a mí ya de por si oxidado cuerpo, tener una vida de oficina no beneficia a mi salud o por lo menos así intento engañarme a mí mismo. Un rápido cambio de ropa sumado a un desayuno exprés, lo único bueno por lo que he de agradecer es que hoy por fin es viernes.

Antes de salir alimento a mi amiga, Doris, la pequeña azulada se mueve de un lugar a otro en su basta pecera, pobrecilla debe morirse del aburrimiento al no tener nada que hacer; me imagino que la vida de un pez ha de ser triste, pobre atrapada en pequeño cristal sin nadie con quien hablar.

—Adiós pequeña, no te desesperes sin mí.

Salgo rápidamente, espero no llegar tarde hoy, el bus va como alma que se lo lleva el diablo, cosa preocupante a decir verdad pero no me puedo quejar, me ahorra tiempo de sobremanera.

—Muy buenos días a todos.

Saludo a mis compañeros, sobra decir que son tantos que ni me tomo la molestia de aprenderme sus nombres. Otro día como cualquier otro; poco movimiento, registrar operaciones, hablarles a los proveedores y a mi pesar, lidiar con mi secretaria…

—Y bien Jess, ¿lograste al fin conseguir los comprobantes que te pedí?

—¡Vamos hombre! que apenas llevo la mitad, estoy sobreocupada con las llamadas que apenas y me doy abasto.

—No te reclamaría si eso no fuera lo mismo que me has dicho durante tres semanas.

—¡Si tanta prisa tienes debes contratar a más personal!

—¿Sabes que nos van a auditar verdad?, en fin espero tenerlos antes de que termine el día.

—Sí, si lo que tú digas.

Entro a mi oficina y doy un fuerte suspiro, sobándome la sien intentando no estrangularla, aunque no soy un hombre de violencia con esta chica he llegado a conocer facetas de mí que incluso desconocía; tal vez debería contratar a otra secretaria, pero ni hablar no puedo darme lujo en estas fechas.

Como era de esperar, el día siguió su curso como de costumbre, todo marchaba viento en popa aunque fuera difícil de creer, recibí los comprobantes, incompletos, pero peor es nada supongo.

Gracias al cielo que por fin llegaba el fin de semana, tome un taxi esta vez, no quería perder tiempo viendo de nuevo a la jungla de concreto. Llegue al departamento y acto reflejo lance mi corbata lo más lejos que pude, acto seguido alimente de nuevo a mi Doris.

—Vamos pequeña, hoy te compre algo diferente, espero y lo disfrutes.

Observe el televisor unos momentos, igual que ayer la misma basura de todos los días, así que solamente me puse a ver el canal de noticias; inflación, crisis de petróleo, inconformidad social, desapariciones forzadas…

—Y mire usted, hoy cumplen 2 años de que el extravagante retador al título mundial desapareció sin dejar rastro alguno, las investigaciones hasta hoy apuntan a que probablemente fue un ajuste de cuentas.

Vaya pobre diablo, debo admitir que no soy un fanático del deporte pero ese tipo lo hacía interesante, un payaso sí pero sabía cómo dar un buen espectáculo, ojala que este en un lugar mejor, ya que si probablemente desapareciera o muriera hoy los medios me ligarían con el crimen organizado. De risa lo sé, pero es lo que hay.

Hastiado me dirigí de nuevo al ordenador, iniciando lo que parecía mi sagrado ritual procedí una vez más a revisar las páginas de mi interés, consultar las ultimas novedades, chismear sobre los acontecimientos importantes de mis amigos en las redes.

—Vaya Ely, como puedes comerte eso tu sola.

Y finalmente revisar mi blog personal, vaya he tenido una pequeña multitud de visitas, raro a decir verdad, no es que no tenga visitas pero no a tal grado y me doy cuenta él porque. La pequeña reseña de mi pequeño poni al parecer a dado de que hablar; si se pudiera describir todos los comentarios en general podría decirse que era "una carnicería" si eso es.

"¿Cómo puedes decir que no es la gran cosa?"

"Pronto sucumbirás a la manada"

"Vaya mira quien tiene gustos raritos"

"Spaniard Hooves manda"

"Yo no sé qué ando escribiendo aquí"

Eran muchos de los sentimientos encontrados en los comentarios, no voy a mentir me pare momentáneamente por unas palomitas y disfrute un poco de sus discusiones.

—Vaya creó que debería seguir escribiendo de esto—Aunque por un momento casi desechó la idea—Aunque eso significaría seguir viendo la serie y no creo poder aguantarla.

Pensé en cerrar página y prepárame a dormir pero un pequeño detalle obstruyo el camino. Un mensaje había llegado a mi bandeja de administrador, cosa poco usual en esta página.

—Espero que no sea una amenaza de muerte.

Abrí el mensaje privado, lo analice detenidamente, no tenía usuario fue lo primero que observe.

"Anónimo ha publicado:

Querido escritor anónimo.

No sé realmente que decir, debo informarte que he leído tu carta y no te preocupes; puede que no estés bajo mi reino ni tampoco bajo mi mando, pero eso no es impedimento alguno para que alguien reciba un casco amigo.

He leído detenidamente tus peticiones, debes saber que no puede dar fe de lo que escribes, pero si hay cierto grado de veracidad, espero que seas lo suficientemente abierto como para recibir un consejo.

La armonía es un largo camino por recorrer, todos anhelamos a ella, es un fin noble, hermoso y satisfactorio pero no por ello inalcanzable. Todos fuimos poseedores de ella alguna vez, aunque no te hayas dado cuenta, solo que la vida puede hacernos olvidar.

No sufras pequeño, todos hemos tenido un mal día y ante eso lo único que debes hacer es sonreír. Los problemas pueden parecer duros a veces pero puedes verlos como una oportunidad.

Sonríe no porque todo este perdido, sonríe porque esto puede convertirse en una valiosa lección.

Atte. Princesa Celestia"

Mi mente quedo en blanco unos minutos, pero no tarde mucho en salir de mi completo estado de estupefacción.

—Vaya…

—Creo que alguien tiene demasiado tiempo libre.

Internet puede llegar a ser un lugar muy obscuro a veces, tome el mensaje con precaución, vaya a saber qué clase de psicópata o pervertido este del otro lado. No obstante lo pensé un poco, no parecía un mensaje mal intencionado o por lo menos no me está pidiendo el número de mi tarjeta de crédito o algo por el estilo.

A decir verdad lo releí una vez más, buscando rastro alguno de malicia en sus párrafos, pero sin resultado alguno, de hecho solo pareciera ser un sincero consejo. ¿Por qué no? Ni loco me fumaba que esto era la contestación personal de una yegua parlante, pero admito que no parece un mal consejo.

—¿Reír?

Ojala esto fuera más sencillo, he olvidado incluso como hacerlo; forzadas, fingidas y por compromiso han sido los tipos de risa que he podido recordar últimamente. No encuentro razón para sonreír.

—¿Aprender una lección?

No sé si pueda, ¿pero porque no seguir el juego?, estoy desesperado así que cualquier cosa es bienvenida con tal de escapar a esta monótona existencia.


El universo tiene eventos inexplicable día a día, y he aquí uno de ellos. Contra todo tipo de probabilidades dos granos de arena han podido contactarse en el infinito océano de la vida.

¿Capricho de los astros?

Puede ser, tal vez, no lo sé, lo que si les puedo asegurar pequeños es que muchas cosas interesante pueden ocurrir…

—¿Crees que haya sido correcto en contestarle, Tía?

—No lo sé hermana, pero no se le debe negar la ayuda a quien lo necesite.

La gobernante del sol ha tenido mucho que pensar este día, y no era para menos la carta daba para muchas interpretaciones, sobre todo al consultar a su más leal estudiante para preguntarle sobre la autoría del críptico mensaje.

Se encamino hacía uno de los balcones del castillo, era un día soleado, por unos momentos contemplo su propia obra; no era ególatra pero debía admitir que era un día muy hermoso.

—Estoy segura de que no estuvo mal.

Completamente convencida, la mayor de las princesas decidió emprender de nuevo sus labores reales.

Maestra eres y maestra serás, tal vez sería entretenido enseñar de nuevo un par de cosas…

CONTINUARA