Propiedad de NotTheOnlyOne
Capítulo II
ISABELLA POV
-Y ahí estaba él, parado frente a la puerta con su sonrisa perfecta y sus ojos tan…tan- Alice contaba con detalle como su actual novio, Jasper Hale, le había dado una sorpresa la semana pasada por haber cumplido diez meses juntos.
-Alice, estás tan enamorada- la interrumpí antes de que encontrará la palabra para referirse a los ojos de Jasper.
-Claro Bella, es perfecto y tenemos una relación tan bonita- me sonrió mostrando una sonrisa demasiado dulce para mi gusto.
-Sólo tú puedes enamorarte de esa forma- sonreí por ella.
Íbamos en el coche de Alice, un Audi TT color azul eléctrico con el toldo corredizo, de camino a una cafetería para comprar un par de pastelillos y luego ir a su casa, ubicada afuera de la ciudad y lejos del ruido constante de las personas.
-Maneja más despacio- le dije cuando se cruzó en color amarillo el semáforo.
-Tranquila, no nos va pasar nada- se burló de mi con su risa de niña traviesa.
-Eso espero- dudé al decirlo y tomé con fuerza el descansabrazo.
Compramos o más bien, Alice se negó a que pagará mi parte y compró un par de cupcakes sabor vainilla con glaseado de chispas de colores y otros con extracto de anís para Esme, su madre.
El viaje para su casa fue tranquilo, le conté como había sido mi examen y que creía tenerlo todo bien, o eso esperaba, y agregué que aún Jessica la odiaba.
-Fue una simple opinión- encogió sus brazos y giró en una esquina para entrar a un lujoso fraccionamiento con enormes mansiones, de aspecto más que nada a castillos atrapados por una variada vegetación que adornaba las calles. Las pocas veces que había venido siempre me impresionaba la paz extrema que se respiraba en este lugar.
-Nunca dejaré de admirar este lugar- sonreí viendo a la derecha una joven paseando un pequeño perro.
-Es muy tranquilo, para mis papás es perfecto, les recuerda a Londres- Alice reducía considerablemente la velocidad para que yo admirara las enredaderas que adornaban nuestro cielo.
Sus padres, Esme Cullen y Carlisle Cullen no son americanos, ellos nacieron y vivieron durante gran parte de su vida en Londres pero debido a problemas familiares, que no tenía conocimiento de ellos, habían decidido crear una vida del otro lado del mundo, junto con sus tres hijos Cullen, Emmett, él más grande, Edward, el hermano de en medio y por supuesto, Alice, la pequeña.
Una gran puerta de metal se abrió cuando el coche de Alice se aproximó unos metros y nos adentramos en la más bonita mansión que mis ojos hubieran visto. Lo primero que se observa es el césped de un intenso verde, perfectamente cuidado y con una selección casi perfecta de flores que adornan estratégicamente varias zonas del lugar, una fuente hecha de azulejos color arena y rodeada de césped y un edificio con columnas en la entrada y con el toque barroco pero teniendo la modernidad de estas épocas, grandes ventanales que dejaban asomar el interior de la mansión.
Tanto era mi asombró que no me di cuenta que Alice había apagado el auto y estaba apunto de bajarse. Imité sus movimientos y me bajé sosteniendo la caja de cupcakes.
-Llegamos, Bells- Alice tomó mi mano para atravesar con un paso rápido un sendero que bordeaba todo el estacionamiento.
Abrió la enorme puerta de manera con detalles de cristal alrededor. No había recorrido mucho el lugar pero todo estaba muy cambiado, el recibidor lucía más iluminado y los muebles, en su totalidad tenían madera.
-Si quieres deja ahí tu mochila- señaló un perchero mientras se quitaba su abrigo.
-Si, gracias- colgué la mochila pero no me quité el abrigo.
-¡Mamá!- gritó Alice hacia las escaleras que se encontraban a un lado de nosotras. -¿en dónde estás?- volvió a gritar.
Seguí observando las lámparas de metal que adornaban la pared continua a las escaleras.
-Aquí estoy, mi amor- oí la suave voz de la señora Esme, que salía de lo yo suponía era la puerta del comedor.
-Mira, por fin vino Bella- me señaló Alice y mis mejillas empezaron a sentir calor.
-Buen día señora, un gusto verla- me acerqué torpemente para disminuir la distancia y saludarla.
-Bella, el gusto es de nosotros en verte- me besó ambas mejillas y tomó una de mis manos.
-Gracias- musité apenada.
-Trajimos cupcakes- Alice agitó la caja en sus manos hacia nosotras.
-Muy bien mi amor, tu hermano Edward está en el comedor, ¿vamos?- nos miró a ambas pero Alice salió corriendo hacia donde se encontraba su hermano.
-Ya sabes como es con él- Esme sonrió tiernamente y me tomó del brazo, seguimos a Alice.
Un comedor bastante amplio con 8 lugares disponibles y en el centro un gran arreglo floral. Alrededor un par de vitrinas con diversas decoraciones antiguas. Y un gran ventanal que daba hacia la entrada principal y la zona adjunta de jardín.
Alice abrazaba o mejor dicho, se colgaba del cuello de un hombre alto, espalda ancha y cabello cobrizo, no recordaba así a Edward, quién lo había visto un par de ocasiones pero nunca había cruzado palabra alguna, más allá de un "hola" o "hasta luego".
Esme me soltó y se unió a sus hijos pero antes de llegar, Edward le dio un suave beso en la frente a Alice y abandonó el comedor por una puerta.
-Sigue igual- la tristeza apareció en el pequeño rostro de Alice, raro era verla así.
-Llegó desde temprano, no quiere ni dar consultas- la voz tierna de Esme cambiaba por una llena de compasión.
Supuse era un momento íntimo y familiar, por lo que decidí mirar un cuadro de algún pasaje londinense. Sentí curiosidad por saber que le pasaba a su hermano pero no le tomé mucha importancia.
Madre e hija intercambiaron unos cuantos murmuros más pero no presté atención y continué viendo como se mezclaban algunos colores en la obra.
-…yo subiré a mi habitación con Bella- sonó Alice un poco más animada.
-Está bien chicas, si necesitan algo me dicen- agregó Esme al final.
-Gracias- contesté sonriendo y Alice jaló de mi brazo para conducirme a las escaleras piso arriba.
Alice danzanba delante de mi, sólo ella sabe mover con sincronía ese pequeño cuerpo, atravesamos todo el pasillo hasta la última puerta, la de su habitación.
Su habitación estaba siempre impecable, de un color beige con un tono azul marino que adornaba las cortinas y una pared, su cama perfectamente blanca con tonos rosas y dos grandes puertas de maderas, una el baño y otra su espantoso armario, y diciendo espantoso no me refiero a desagradable sino terriblemente repleto de ropa.
Alice había estudiado para ser diseñadora de modas y lo había conseguido un año antes de conocerla con tan sólo 22 años. Ella y yo compartíamos la misma edad, 24 años. Se dedicaba a crear diseños y venderlos a diseñadoras famosas, obteniendo grandes ganancias y renombre en la cultura de la moda.
-¿Él es Edward?- pregunté cuando me senté en un cómodo sillón frente a ella.
-Si, ¿no lo reconociste?- me preguntó curiosa.
-La verdad no lo vi, sólo su espalda pero lo recordaba menos….grande- dudé al decir esa palabra.
-Si, grande- rió un poco ante mi duda –está bastante cambiado- admitió con nostalgia.
-¿Está todo bien?- no quería saber sobre su problema pero pregunté por cortesía.
-Para él no está nada bien desde no sabe que hacer con su vida- se sentó en la alfombra con ambas piernas cruzadas.
-Es médico, ¿no?- recordaba que en las fotos familiares del pasillo había una vestía de blanco junto a su padre, médico también.
-Si pero su prometida acaba de perder un bebé- sus pequeños ojos comenzaron a brillar por algunas lágrimas acumuladas.
-Lo siento- logré decirle. Supuse eso era un sentimiento muy fuerte.
-Si, apenas ayer nos dijeron, estuvo internada durante varias semanas en el hospital- me senté frente a ella en la alfombra.
-Creo que no debí venir hoy- le dije con tristeza.
-Para nada, que estés aquí me hace muy feliz y me distrae- su sonrisa volvió y me sentí un poco más tranquila –además tenemos que contarnos muchas cosas- golpeó suavemente mis rodillas.
-Vamos, tú empieza- la animé, ya que yo no tenía mucho que contar.
Duramos dos horas y media platicando, más bien yo la escuchaba y reía o preguntaba cuando creía necesario. Alice tiene una vida social muy activa, amigos por todos lados y anécdotas que contar, nunca te aburres con ella.
Estaba enseñándome un cuadernillo donde realiza sus diseños de ropa.
-Y, éste es el tuyo- señaló la página siguiente, donde se leía Modelo Swan, mi apellido.
-¿En serio?- sonreí nerviosa, en la hoja estaba un vestido de tonos color vino, un poco arriba de las rodillas y con un pequeño escote en el pecho. Pase mis dedos sobre el dibujo, como si el vestido fuera real,
-¿Te gusta?- Alice esperaba con una sonrisa de niña.
-Claro pero…yo no uso vestidos.
-Pues un día lo usarás, además lo venderé a una diseñadora y mucha gente lo comprará- dijo orgullosa –claro con tu permiso, si quieres que lo venda- agregó.
-Es tu diseño, claro que lo puedes vender.
-Pero tendrá tu nombre y tu estilo- señaló con su dedo mi apellido escrito.
-Siempre te sales con la tuya- la miré con perspicacia.
Iba a contestarme cuando tocaron su puerta.
-Señorita Alice- se escuchó del otro de la puerta.
-Pasa- contestó Al.
-Buenas tardes, la señora Esme las espera para comer- dijo tímidamente una joven de estatura mediana y voz penosa.
-Gracias Tella, ahora bajamos- le agradeció con tono simpático Alice.
Yo me limité a sonreírle y me paré en cuanto cerró la puerta. Alice se paró también y recogió su cuadernillo del suelo.
-Vamos a comer- me dijo arreglándose el cabello en un pequeño espejo de su tocador.
-Ya debería de irm…
-Nada de irte, no empieces de terca- me interrumpió y volvió a jalar de mi brazo, ahora escaleras abajo.
Llegamos al comedor, donde había tres lugares acomodados y dos charolas con ensalada en una y pequeñas rebanas de pan en otra.
-Elige el lugar que quieras- me dijo Alice mientras danzó hacia la puerta de la cocina.
Dudé en tomar cualquiera, por lo que elegí uno de los que estaban justo a lado de la cabecera. Jalé la pesada silla de madera con cuidado y me senté a esperar a que llegaran.
-Hicieron filete de res con verduras- me dijo Alice quien traía en sus manos una jarra con agua de limón, lo supuse por el color -¿te gusta?- me preguntó.
-Si, yo todo me como- sonreí con timidez.
-Parece que no, mi amor- dijo Esme, que aparecía detrás de Alice con tres vasos de vidrio en las manos. –Estás demasiado delgada- sonrió preocupada.
-Todo dicen eso, así soy yo- sentencié rápido.
-Mamá no molestes- reprochó Alice cuando se sentó justo enfrente de mi.
-Fue un comentario, me preocupo por Bells- utilizó el diminutivo que Al me había puesto cuando me conoció.
-No hay cuidado y gracias- dije viendo a ambas.
-Bueno- Esme tomó mi plato y me sirvió un trozo de filete –comencemos a comer- hizo lo mismo con el plato de su hija y al final el de ella.
La comida fue muy agradable, Esme me preguntó cosas triviales: la escuela, mis tíos y mis papás. Alice nos comentó momentos con Jasper y en una ocasión salió el tema de su hermano Edward pero no comentaron mucho por respeto a que él se encontraba dormido.
-Se quedará una semana aquí, mientras pasa todo- dijo Esme preocupada.
-Estará encerrado en su habitación, no va querer salir y su piel pálida se verá transparente y andará con esos pantalones de pijama que no me gustan- chilló Alice.
-Amor, debes entenderlo- tomó una de sus manos –perder un hijo que no conociste debe ser inconsolable- giró a verme.
-Lo entiendo pero debe entender que esas cosas pasan y tiene toda una vida para volver a intentar tener un hijo con Tanya- supuse que el nombre de la prometida es Tanya.
-Vamos ayudarlo, Alice- dijo Esme y miré mi reloj, 4:30PM.
-Espero que Edward pueda salir adelante- dije de pronto y ellas asintieron –creo que ya debo de irme- recogí mis cubiertos y los puse en el amplio plato.
-Si, Bella- Alice se paró y comenzó a recoger los platos.
-Yo te ayudo- le dije tomando los vasos.
-No es necesario- dijo Esme –Tella y yo lo haremos- apareció la joven de hace un rato para ayudar a recoger la mesa.
Seguí a Alice para dejar los vasos sucios en el fregadero. La joven llegó un momento después con todo lo demás y nos sonrió con la misma timidez. Esme fue directo a un enorme estante de vidrio y sacó un contenedor con chocolates.
-Tomen- nos dio un chocolate a cada una, incluida la chica –se portaron muy bien hoy- jugó un poco con nosotras, como si fuéramos niñas pequeñas. Reímos las tres.
-Gracias señora, fue un placer volver a verla- me despedí cuando salimos de la cocina hacia la entrada.
-El placer es nuestro, ven más seguido- se acercó a darme un beso en mi mejilla.
-Gracias
-Vamos Bella, te llevo a tu casa- Alice se colocó su abrigo.
-Gracias Al- no podía negarme, su casa estaba del otro lado del mundo, de la ciudad.
-Cuídense chicas y llega temprano Alice Cullen- la regañó y ella rió como niña pequeña.
-Gracias- dijimos juntas y salimos hacia su auto.
-*.*.*.*.*.*-
Después de que Alice me dejó en mi casa y le prometí que volvería a verla pronto me encontraba en la sala de la casa junto con tío Clark y tía Joss, ellos veían una película de acción y yo repasaba los apuntes del día acostada en un sofá.
-Dile que deje de estudiar- le dijo tío Clark a tía Joss.
-Déjala, quiere ser una cerebrito- ambos se rieron y yo me escondí entre los cojines del sofá.
-¿Qué tal la salida con tu amiga?- preguntó mi tío curioso.
-Todo bien, ya sabes, su casa sigue igual de bien y su familia muy atenta- le dije feliz.
-Me imagino, son buenas personas- mi familia y la familia de Alice no se conocían pero por las cosas que yo les contaba y lo que se veía en los periódicos y revistas, parecían ser una familiar ejemplar.
Saludos:
Hola, espero que a las personas que han leído este fic les haya gustado el comienzo, aún no habrá muchas cosas tan emocionantes pero poco a poco tomará un giro diferente y se verá mejor todo.
Actualizaré tanto mi mente me de permiso :)
Saludos a tod s
