Aquí os dejo el segundo capítulo de Feels, al final se me ha ido de las manos y, por ahora, va a tener, por lo menos, otro capítulo más, pero es que no puedo dejar de desarrollar la maravillosa historia de estos personajes. Espero que os guste :)

Capítulo 2

Shiro llevó el café al salón y se colocó de pie al lado de su madre, que estaba sentada en el sofá.

-Muchas gracias, cielo. –Susurró ella dedicándole una sonrisa.

-¿Y bien? ¿Qué hace él aquí? –La voz del chico se mostraba firme y autoritaria, Gin sonrió.

-Vaya, tiene tu carácter y tus modales. –Contestó él mientras miraba a su hijo. –Tenía ganas de conocerte, muchacho, te pareces tanto a mí...Dime, ¿eres bueno en la escuela? –Él no contestó. -¿Cuáles son tus planes de futuro?

-Quiero ser militar. –Respondió Shiro. Gin sonrió.

-No puedo negar que seas mi hijo. ¿Sabes? Yo también soy militar, teniente para ser más exacto. –Rangiku agachó la mirada, desde que su hijo decidió que quería ser militar había intentado sacarle la idea de la cabeza, pero no lo había logrado.

-Shiro, tu padre y yo tenemos que hablar, ¿te importaría dejarnos a solas?

-Pero mamá, íbamos a salir…

-Tranquilo, no creo que tardemos mucho. En un rato te devolveré a tu madre. –Gin sonrió y Shiro torció el gesto, no le gustaba aquella mueca.

Shiro salió de la habitación no muy convencido y se dirigió a la cocina, que comenzó a limpiar sin poder dejar de preguntarse los motivos por los que su padre había decidido regresar.

Rangiku tomó entre sus manos la taza de café caliente que su hijo le había hecho y se quedó observando el fondo de la taza sin saber muy bien qué decir o qué hacer, muchas veces había pensado en qué diría si volviese a verlo, pero ahora las palabras se negaban a salir. Gin observaba el pequeño salón y todas las fotos que en él había.

-Es un chico muy guapo. –Dijo Gin como el que no quiere la cosa mientras tomaba entre sus manos la foto más reciente en la que se veía a Shiro vestido con traje al lado de su madre. Ella sonreía, pero él estaba tan serio como siempre.

-Y muy listo. –Añadió ella. Gin sonrió.

-No esperaba menos de nuestro hijo.

-¿Por qué has venido, Gin? ¿Por qué ahora? ¿Vas a decirme que mis lágrimas te conmovieron? –Rangiku sonaba irónica.

-Algo así. –Gin se giró y miró a su ex y, al verla, le dio un vuelco el corazón. –Nunca debí abandonaros. Aunque no lo creas lo he pasado realmente mal. ¿Sabes? Me casé hace diez años, pero no hace mucho me separé, ella no quería tener hijos. Irónico, ¿no? –Él torció la boca en una mueca que se asemejaba a una risa. –Hace dieciséis años te abandoné porque no quería tener un hijo y luego me separo de mi mujer porque lo quiero tener.

-Gin, por favor, ve al grano, Shiro y yo teníamos planes. –A Rangiku a veces le ponía de los nervios la forma de irse por las ramas de Gin.

-Quiero ocuparme de Shiro. Quiero ser su padre.

Ella rompió a reír.

-No me hagas reír, por favor. Shiro no quiere saber nada de ti, ha estado dieciséis años sin saber lo que es un padre, ¿qué te hace pensar que va a quererte en su vida?

-Pero los sentimientos pueden cambiar, ¿no? –Gin se acercó a Rangiku y se sentó a su lado, quedando muy cerca el uno del otro.

-Gin, no voy a obligar a mi hijo, -hizo especial énfasis en el mi, -a verte si él no quiere.

Los dos continuaron un rato hablando hasta que Rangiku decidió dar la conversación por terminada. Mientras ella iba a darse una ducha, Gin fue a la cocina, en donde estaba Shiro esperando a su madre. El hombre se quedó apoyado en el marco de la puerta mirando al chico, que ignoraba su presencia. Tras unos segundos en silencio, Gin habló

-Shiro, quiero hablar contigo. –Él levantó la vista. –Sé que no he actuado como padre, pero quiero que eso cambie, quiero ayudaros tanto a tu madre como a ti. Quiero que nos conozcamos y que veas todo lo que puedo ofrecerte.

-No te necesitamos. –Respondió él. –Estamos perfectamente. –Shiro era seco y cortante, pero Gin no se dejaba intimidar por nadie, y menos por un niño de dieciséis años.

-Creo que vuestras cuentas no dicen lo mismo. No hace falta que seamos una familia feliz, solo quiero conocerte, ver en qué te has convertido. Shiro, dame la oportunidad de mostrarte cómo soy, ven a comer mañana conmigo. Tú y yo solos.

Shiro estuvo tentado de decir que no, pero entonces pensó en su madre y, a regañadientes, accedió. Poco después entró Rangiku preparada para salir, con el pelo recogido en lo alto de la cabeza y un vestido blanco.

-Shiro, cielo, ya estoy preparada, ¿nos vamos?

Shiro se levantó y salió de la cocina seguido de su padre. Los tres salieron de la casa y cada uno tomó un camino, aunque antes de irse Gin recordó a su hijo que al día siguiente comería con él.

Rangiku se enganchó del brazo de su hijo, que caminaba mirando al suelo perdido en sus pensamientos. Ella también se sentía confundida, no se esperaba que él fuese a aparecer.

Llegaron al parque, que estaba alfombrado de las hojas del cerezo y comenzaron a pasear entre los cerezos. Cuando se cansaron se sentaron en un banco apartado del resto del mundo. Ella miraba a su hijo con ternura mientras que él se miraba las manos nervioso.

-Mamá, ¿qué debo hacer mañana? ¿Cómo me debo comportar?

-Como tú sabes. No finjas ser lo que no eres, Shiro.

-Pero mamá, necesitamos su ayuda…

-Shiro, conozco a Gin mejor de lo que él se piensa, nos va a ayudar actúes como actúes. Él solo quiere conocerte y bueno…quizá quiera usarte. Le guste o no eres su hijo y, aunque me duela reconocerlo, en el fondo os parecéis mucho.

-Mamá, no te entiendo. –Suspiró Shiro. Rangiku alzó una ceja y miró a su hijo desde arriba. Él se explicó mejor. –En todos mis años de vida sé que has tenido algún que otro novio y ninguno era parecido a mi padre. Mi padre es…no sé, hay algo que no me inspira confianza y, la verdad, me cuesta creer que te enamoraras de él de verdad

Rangiku se giró y miró a su hijo directamente a los ojos pensando que estaba bromeando, pero no, su hijo nunca bromeaba. Ella suspiró y fijó su vista en el árbol que había frente a ellos. A esa hora ya no quedaba casi nadie paseando en el parque.

-Shiro, el amor es algo que te llega cuando menos te lo esperas. No voy a decir que eres joven para entenderlo, porque fue con tu edad cuando él y yo empezamos a salir. Sé que el amor se manifiesta de dos formas y sé que, cuanto más duele, más real es, por eso creo que en mi vida solo he sentido amor dos veces, la primera fue con él, aunque no me di cuenta hasta que lo perdí y la segunda fue cuando te sostuve entre mis brazos por primera vez. –Ella sonrió tristemente. –Mi niño…-Susurró Rangiku mientras revolvía el pelo de su hijo- no voy a obligarte a hacer nada que no quieras. Si no quieres comer con tu padre, si no quieres conocerlo, no te voy a obligar. Hemos estado muchos años los dos solos, no tiene que meterse en nuestra vida si tú no quieres.

-La verdad es que tengo curiosidad por ver qué clase de hombre es mi padre. –Confesó el chico. –Pero ahora no quiero hablar más de él, ¿podemos volver a casa?

Ella asintió y los dos se levantaron dispuestos a volver a casa, aunque antes de salir del parque Shiro hizo algo que hizo que a su madre se le escapase alguna lágrima, y es que la abrazó. Rangiku sintió el pelo de su hijo haciéndole cosquillas en la barbilla y su aliento cálido en su pecho y se sintió la mujer más afortunada del mundo, no todas hubieran logrado criar solas a un hijo como aquel.

-Te quiero, mamá. –Ella sonrió y lo apretó más contra su pecho.

Espero que os haya gustado y en breves subiré la tercera parte :)

Muchas gracias por leerme y hasta la próxima ^^

MK!