ReCap 2

RE: Aquí vamos! He roto un poco los diálogos seguidos sin un solo parón, espero que no os importe xDD

La Communauté Européenne du Charbon et de l'Acier: "La Comunidad Europea del Carbón y el Acero". No era difícil, ¿no?

Disclaimer: esta historia no me pertenece.


2-La Communauté Européenne du Charbon et de l'Acier

1951 – Paris, Île-de-France, France

– ¿Me estáis diciendo que ese niño es en realidad la alianza que acabamos de firmar? –gruño Holanda, mirando al chico de reojo. El pequeño se encontraba ahora entre Inglaterra y Alemania, el primero traduciéndole lo que decían los demás.

– Dime sino quién podría ser –replicó el alemán, con los brazos cruzados.

Todos estuvieron callados unos instantes, con la unión como centro de atención. Este estaba tan rojo que de haber estado allí, España lo habría comparado con un tomate.

– … No había oído nunca que las alianzas tomarán forma humana –habló por fin Luxemburgo.

Ve~ Yo tampoco…

– ¿Y cómo podemos afirmar que elpetiteinfant es la unión? – preguntó Francia. Si no había pruebas, no se lo podría creer.

Shit, es sólo una intuición, ¿cómo querrías comprobarlo? Ni siquiera él lo sabe bien –opinó Inglaterra, molesto sólo con que el francés hubiera abierto la boca.

Kesesese~ ¡El asombroso yo ha tenido una idea asombrosa! –gritó de repente Prusia. Todos lo miraron preocupados, sus asombrosas ideas no solían acabar bien.

– ¿Cual? –preguntó Bélgica.

– ¡Esta!

Prusia cogió todos los papeles donde las naciones habían firmado la alianza. A continuación, sacó un mechero que se había traído para hacer perrerías con Francia, lo encendió y empezó a quemar las hojas.

– ¡PRUSIAAAAAAAA! –Alemania se abalanzó sobre su hermano– ¡Esta alianza es demasiado importante para que la quemes!

– ¡Vamos, West, se pueden firmar de nuevo! ¡Si resulta que él niño es la unión, desaparecerá y punto! Luego la haremos otra vez –replicó Prusia, sabiendo que su asombrosa idea había dejado a todos con la boca abierta (pero no porque fuera asombrosa, precisamente).

STOP, STOP! PLEASE, STOP THAT FIRE!* –un grito atravesó la sala de Este a Oeste. Era una voz de niño la que hablaba, y que en ese mismo momento se retorcía de dolor.

– ¿Eh? –Prusia se giró sorprendido.

Francia, por estar más cerca, fue el primero en reaccionar y usó su chaqueta para apagar la fogata. Alemania sólo llegar le dio un puñetazo en la cara a Prusia, haciendo que él albino cayera de bruces contra el suelo.

– ¡Bruder, no vuelvas ha hacer algo sin permiso! ¡Eso ha sido muy peligroso, esta alianza es muy importante, y ya que Rusia te ha dejado venir aquí, lo mínimo que podrías hacer es portarte como una NACIÓN!

Alemania estaba realmente cabreado. Su hermano ya se pasaba de asombroso. El pruso, semiinconsciente, asintió, pero decidió que lo mejor era no levantarse del suelo.

Ve~ ¡Entonces el niño es la alianza! –saltó Italia, haciendo que todos recordasen por qué Prusia había quemado los papeles.

El niño no había desaparecido, pero tenía la cabeza oculta tras las rodillas, y gemía fuertemente.

Birdbastard! ¡Eso ha sido muy cruel por tú parte! –le regañó Inglaterra al pruso, que seguía en el suelo. Después se dedicó a reconfortar al chico, que gimoteaba.

– Oh, ¡esto es très bien! Los papeles solo están un poco quemados –anunció alegre Francia, apartando la chaqueta y revisando las hojas atentamente.

– Al menos ya está comprobado que el niño es la CECA. Su plan ha funcionado, después de todo –replicó Holanda, mirando al pruso, que al oírle se había levantado.

Kesesesesese~ ¡Ya os avisé de que era una idea asombrosa!

Los países se volvieron a sentar en sus respectivos sitios, y miraron incluso con más interés al recién nombrado CECA. Ya había parado de llorar y miraba agradecido al rubio musculoso que le había dado ese golpe a su agresor.

– Entonces las alianzas también pueden personificarse... es... es raro... no conozco ningún caso, y eso que he hecho varías –murmuró Francia, pensativo, llevándose una mano a la barbilla.

– Hm, eso es porque no es una alianza, es una "comunidad europea", su nombre lo dice. Se podría decir que es una unión entre países, algo más fuerte –dictaminó Prusia, que al fin y al cabo, era el que más sabía de guerras y alianzas.

– … podría ser... –pensó Luxemburgo.

– Pero, ¿por qué no apareció una cuando Tonio adoptó a la dinastía de Austria como sus reyes? ¿O cuando el cejas este se hizo con la India? Eran unión, después de todo –replicó Prusia.

Mon ami, eso no fueron uniones, fueron matrimonios –rio el francés–, era una alianza, y todos la llevaban en el dedo anular.

Kesesese~ ¡Tienes razón! –corroboró el pruso– A todo esto, me pregunto que tal le estará yendo a ese sureño...

– ¡DEJAR DE HABLAR DE ESE MALDITO AMANTE DE LOS TOMATES! –gritó Romano de repente, levantándose de la silla y dando un golpe en la mesa. Todos se giraron sorprendidos, sin saber que le habría picado al italiano. Él niño también le miraba, sentía que esa situación no debía de ser muy normal.

Romano captó entonces que se había vuelto el foco de atención, y se sentó rápidamente.

– Ese bastardo castaño... no se merece ni que hablen de él... maldito imbécil... –dijo antes de sentarse. Todos sabían que a Romano le había sentado como una patada en el estómago que su "ex-jefe" no hubiera podido evitar su situación.

– Bien... Volvamos al tema que nos concierne –ordenó Alemania, haciendo que todas las naciones olvidaran la intervención del italiano–. nunca hemos estado con una alianza… es decir, unión, ¿alguien sabe qué se supone que debemos hacer ahora? –el alemán hizo públicos los pensamientos del resto de países, ¿qué significaba una unión, una unión en carne y hueso? ¿Qué debían hacer?

– Hay que protegerla. Si la forma personificada sufre algo, los países pertenecientes a la unión también. Si es destruida, podríamos incluso llegar a desaparecer todos. Es un tema bastante delicado. Por suerte, las uniones personificadas suelen ser incluso más resistentes que los países, porque representan a muchos. Sólo habrá que cuidar del niño.

Todos permanecieron callados. Prusia acabó su discurso, que había dicho seriamente. Vale que supiera la diferencia entre una unión y una alianza, pero...

– Hermano, ¿cómo es que sabes todo eso? –le preguntó Alemania, que también se había sorprendido. La típica sonrisa del pruso se ensanchó incluso más.

– Fácil, West. Rusia tiene también una de esas uniones. Sveta Bolchevique es su nombre humano. Una chica con un aura algo... oscura. Pero es bastante maja -la sonrisa volvió a crecer de tamaño, mientras todos lo miraban asombrados. Inglaterra fuel primero en hablar:

– ¿Te refieres a la URSS? –el inglés tragó saliva.

– Sip.

Se oyeron murmullos de tensión en la sala.

Mamma mia...

Mein gott...

Ve...

Oh la la...

God save the Queen...

Vreemd...

Äddi...

Je ne sait pas...

Kesesese~ ¡Ya se que soy demasiado asombroso para vuestras cabecitas! ¡Es lo que tiene ser YO! ¡Lo sé todo! Kesesesesese~ Kesesesesese~ –Prusia sacó de nuevo su parte ególatra, si es que alguna vez la había guardado, y aprovechó para colocar los pies encima de la mesa con descaro.

– ¿Y cómo es que no lo habíamos averiguado hasta ahora? Una unión personificada es un punto débil... –murmuró Alemania.

– Pues porque son eso: un punto débil. Rusia se ha cuidado mucho de que no supierais que existía. Pero se olvidó de mí, Kesesesesese...

Todos recordaron la guerra que habían comenzado contra la Unión Soviética, justo al acabar la Mundial. En ella luchaban los países soviéticos, capitaneados por Rusia; y los capitalistas, liderados por Estados Unidos.

Era una guerra extraña, diferente a las mundiales, porque no era tan tensa como las otras y no había continuos enfrentamientos. Pero también se estaba alargando y era dura. Además, ser el ganador significaría imponer tu propio sistema al mundo entero. Algo que a Rusia y a Estados Unidos les parecía muy tentador.

Okay, que nadie se lo diga al hamburgerbastard, no me parece justo atacar un punto así, sería cómo ir a matar a este chico –opinó Inglaterra, mirando de reojo al pequeño, al que ya había informado de todo.

La CECA tragó saliva sólo con pensar en su situación, podría llegar a ser el blanco de muchos enemigos, y de ser así, no creía que se pudiera salvar. Y justo había alguien como él en esa situación...

El niño apretó al conejo contra él. Sería muy cruel hacer eso.

– Bien, entonces el tema de la URSS queda zanjado. Ni una palabra del asunto a Alfred –terminó Luxemburgo la discusión–. Ahora tenemos que aclarar quién se va a quedar con el niño, no le vamos a dejar solo, ¿no?

– Que se lo lleve la taza de té, es el único que le entenderá –y Romano dio su punto de vista.

– ¡A mí no me metáis en vuestros problemas! ¡Yo no soy ni parte de la unión! -le respondió Inglaterra, enfadado. Él solo había venido a ver al pequeño.

– Yo no me lo puedo llevar, tengo mucho trabajo –replicó Luxemburgo.

– Yo no pienso cuidar del enano, a no ser que me paguéis por ello –anuncio Holanda. Tampoco es que los demás países creyeran que fuera una buena niñera.

– Yo... tengo demasiado que reconstruir en mi país, y la gente lo está pasando muy mal... lo siento, ahora mismo no puedo cuidar de un niño –anunció Bélgica.

Ve~ yo puedo cuidarlo ¡le daremos mucha pasta! –exclamó Italia, sonriente, porque sería como tener un hermano pequeño, y uno que encima no se burlase de él.

– Oh, nononono... ¡No voy a cuidar de un maldito niño! ¡Fratello, recuerda que puede haber muchos tipos que quieran matarlo, ¡nos podrían matar a nosotros! –le espetó Romano a su hermano en la cara, y los dos empezaron a temblar.

V-ve~ n-no podemos cuidarlo... estamos... muy ocupados también...

– Los Italias no pueden, son demasiado... italianos –objetó Inglaterra. Los dos hermanos suspiraron aliviados–. Necesitamos que un país fuerte lo cuide.

– Oh, en ese caso el país de l'amour sera todo un hermano mayor~ –susurró Francia de forma que lo pudieron oír todos.

– ¡NO! –gritó toda la mesa (excepto Veneciano, que no veía nada malo) al instante.

– ¡No creéis en el hermano mayor! Yo le daría mucho amour... –el francés mordió el pañuelo para situaciones de emergencia dramáticamente.

– Por eso mismo no le vas a cuidar tú, maldito bastardo. Ya tenemos bastante con un pervertido en el mundo –gruñó Romano.

El niño miraba a Inglaterra, que no le estaba traduciendo la conversación, y eso que parecía interesante...

– Pues sólo quedan... -los países dirigieron una mirada interrogativa a los alemanes que presidían la mesa.

Kesesese~ ¡Yo me lo puedo llevar a la URSS!, aunque no creo que sea la mejor opción... –rió Prusia.

Sólo quedaba uno.

– No –dijo cierto rubio–. No. No. No. No podría protegerle.

– Eres un país fuerte –replicó Inglaterra.

– Si me tenéis completamente controlado, no tengo ninguna fuerza con los aliados campando por ahí.

– Eso es lo mejor, si necesitas ayuda solo tienes que hablar con algún soldado nuestro –sonrió Francia.

– Te-tengo mucho trabajo, incluso una deuda enorme...

– Te ayudaremos con los gastos –dijo Bélgica, alegre.

– ¡Ni siquiera tengo mano para los niños! -gritó desesperado Alemania.

Kesesese~ ¡tu asombroso hermano te dejará leer su asombroso diario! ¡Ahí tengo apartados donde pone cómo te críe a ti! ¡Ya verás que fácil es!

– ¿Tú de qué lado estás, bruder?

– Es que me muero de ganas de verte de niñera, West.

– Además, más vale que hayas aprendido algo después de cuidar a mi fratello, macho patatas.

Ve~

– ¡Pe-pero...!

– Decidido: Ludwig Beilschmidt cuidará de La Comunidad Europea del Carbón y el Acero -sentenció Luxemburgo, sin dar tiempo a más quejas.

– La que te ha caído, West...

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Alemania se dirigía a la salida del edificio, con el pequeño de la mano. El niño le miraba de reojo, algo intimidado por el imponente alemán. Hubiera preferido quedarse con el inglés, porque no sabía si los demás entendían su idioma.

Detrás de los dos, iban el resto de países, con Prusia charlando animadamente con los italianos, y el resto de los países hablando de otros temas.

Todos parecían alegres.

Excepto el hombre que le llevaba de la mano.

¿Por qué tenía que ir con Alemania? Ninguno de los dos quería. Los dos tenían miedo: uno de su cuidador y otro de cómo cuidarlo. No era una buena combinación, no no...

La CECA miró otra vez al germano. Dios, apenas llegaba a ver algún mechón de pelo rubio. Además de que el hombre no le dirigía la mirada en ningún momento. Mejor, no quería que esos ojos azules tan fríos le vieran, le daban pavor.

Se estaba aburriendo ya de la situación, así que miró qué estaba haciendo el charlatán albino llamado Prusia.

Había aparecido un pollo amarillo en la cabeza del pruso, y todos los países se sorprendieron. Alemania se dio la vuelta a ver que hacía su hermano.

– ¿De dónde ha salido ese maldito pollo? –preguntó Romano.

Kesesesesese~ ¡Me ha estado esperando fuera todo este tiempo!

Ve~ ¡Me encanta ese pájaro, Prusia!

– ¡Normal, es tan asombroso como yo, así que le llamé Gilbird! -le dio un toque en el pico, y Romano alzó una ceja.

– ¿"Gilbird"? ¿de Gilbert?

Kesesesesese~ ¡Por supuesto! ¡Toda las cosas casi tan asombrosas como yo merecen llevar mi nombre! ¡Él es Gilbird! ¡Esta es mi Gilcamiseta, estos son mis Gilpantalones, ese de hay es Gilwest, ese Gilitalia...

– Tú si que eres Gilipo...

Mierda, no pudo oír la última palabra del castaño, Alemania le había tapado los oídos.

De verdad, no veía futuro con ese tipo.

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Alemania miró cabreado a su hermano y al hermano de Veneciano.

– Ya es bastante que tenga que cuidar de un niño, para que además le enseñéis palabrotas. Luego no parará de decirlas...

– ¡West, ni siquiera sabe lo que hemos dicho! ¡Además, todos acabamos aprendiendo insultos, es cuestión de vida!

Ve~ Romano habla muy bien español...

– ¡No menciones a ese bastardo! ¡Ni a su hermano! ¡Ni a nadie que me recuerde a esos dos! ¡Incluyéndote a ti mismo! -le espetó Romano.

Alemania dejó de prestar atención a los italianos, y puso al niño delante suya, ya destapándole los oídos. No sabía como cuidar de él, pero evitando que oyese ese tipo de cosas sería un buen comienzo. Quizá lo podía tratar cómo uno de sus perros...

Miró al pequeño. Desde su altura sólo veía una cabellera rubia. Era MUY pequeño. Y él era MUY alto. Mala combinación, ya había sido probada con Italia. Se imaginó al niño escondiéndose en la casa, escapándose, manchando la cocina, subiéndose encima de Blazkie, o Berlitz, o Aster, o todos a la vez; escalando los árboles, fingiendo ser un hada de los tomates, componiendo canciones sobre él...

Manchando la cocina...

– Yo no puedo cuidar de un niño –murmuró para sí mismo. El pequeño alzó la cabeza al oírlo, pero la bajo rápidamente.

Alemania se dio una bofetada, ¡Él era la República Federal de Alemania! ¡Había luchado contra los aliados, y casi les derrota, y ahora mismo le estaba plantando cara a la Unión Soviética, capitaneada por el mismísimo Rusia! Alemania miró al techo del pasillo, dándose pequeñas palmadas en la frente. ¡Si había hecho todo eso y mucho más, un niño no iba a ser un problema para él! Y con esto en mente caminó incluso más deprisa, lo que asustó un tanto a la CECA, que casi fue atropellada.

Y mientras tanto, el resto de los países miraban extrañados el repentino ataque masoquista de Alemania.

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Las naciones salieron del edificio, agotadas. Había sido una reunión impresionante, casi sacada de las historias de Inglaterra (sólo el niño había visto al Conejo Menta Volador, los demás creyeron que había escalado hasta la ventana).

Oh la la, ¡entonces soy papá! –comentó alegre Francia en la salida.

Winebastard, ¡es una unión, no un hijo!

– Tranquilo, Angleterre, te dejo ser la mamá.

– ¡¿Acaso te he pedido yo eso?!

Y los dos países se alejaron entre gritos.

– Bueno, yo también tengo que irme, tengo mucho trabajo –murmuró Luxemburgo mientras ojeaba su agenda–. ¡Adiós!

Y el pequeño país se marchó rápidamente.

– Nosotros también tenemos mucho que hacer –habló Bélgica, girándose a Alemania–. ¿Necesitas alguna ayuda? Puedes cuidar de él, ¿no?

– No... ¡d-digo sí! –tartamudeó el alemán.

– Bien... pues suerte... –se despidió extrañada. Alemania no solía tartamudear. Parecía que tenía miedo del niño, cuando más bien era al revés.

– Adiós –terminó Holanda la conversación.

Y los dos hermanos se alejaron hacía un autobús.

Ve~ ¿Podremos ir a visitarle, Alemania?

– Dirás puedo ir a visitarle, a mi no me metas en tus malditos asuntos.

– Sí, cuando quieras, todo él tiempo que quieras -dijo rápidamente Alemania. Había que admitir que al italiano del norte no se le daba nada mal tratar a los niños.

Kesesesesese~ ¡Sólo te falta regalárselo, West! –comentó Prusia.

– ¡No pienso dejar que mi fratello vaya con vosotros, machos patatas uno y dos! ¡Vámonos, Feliciano!

Y los italianos desaparecieron en lo que se tarda en decir "ve".

– Hey West, Yo soy el macho patatas uno, ¿verdad?

– Y el dos si te apetece –opinó Alemania, dirigiéndose al lado contrario de por donde se habían ido el resto de países.

Rusia se encontraba en un banco, mirando la bonita ciudad parisina desde el patio del edificio donde había tenido lugar la reunión. Esto será mío algún día... Pensaba con una sonrisa. Se giró al oír pasos tras él.

– Hola, Alemania –saludó alegre al rubio que encabezaba el trío. El rostro de Alemania no mostraba ningún sentimiento, y sólo agachó la cabeza un poco en forma de saludo–. Hola a ti también, Prusia –el pruso ni le miraba–. Y ese niño de ahí... ¿un nuevo país? –murmuró al fijarse en el chiquillo que iba al final de la fila.

– Nada de tu importancia, Rusia –cortó Alemania secamente.

La CECA observaba asombrado al tipo alto y de pelo casi blanco que estaba en el banco. No esperaba que pudiera existir alguien más imponente que Alemania. Además, ese irradiaba un aura maligna que no le gustaba nada.

– Tengo muchas cosas que hacer, así que no me puedo quedar mucho tiempo aquí –siguió hablando Rusia, ignorando la fría queja del alemán–, ¿qué tal la reunión? –preguntó. No hubo respuesta.

Alemania miró a su hermano.

– ¡Bueno, West, creo que me tengo que ir! –dijo casi gritando Prusia, acercándose al ruso sin el menor signo de molestia– ¡Te prometo que volveré pronto a verte! ¡El asombroso yo no dejaría a su hermano sólo con un niñito! Kesesesesese~ –acabó con su peculiar risa.

– No deberías hacer promesas que no vas a poder cumplir, Prusia –le aconsejó Rusia con una sonrisa. El albino decidió, una vez más, ignorarle. Alemania les miró, procurando esconder al niño de la mirada del ruso–. Adiós, Alemania, prometo cuidar bien de tú hermano –terminó Rusia, y se encaminó a la salida del patio, donde le esperaba un coche negro.

Alemania se quedó mirando como se iban alejando, alejando a Prusia de él con cada paso. No sabía cuando volvería a verle, ¿dentro de un año? ¿dos? Puede que pasasen décadas, y su hermano ni siquiera se daba la vuelta a despedirse.

Cada vez a menos pasos del coche negro.

¿Qué haría Rusia con él? Seguramente nada bueno, no confiaba en las palabras del soviético. Puede que nunca volviera a ver a su hermano, puede que Prusia desapareciera del todo en ese margen de tiempo...

Rusia ya estaba abriendo la puerta trasera del coche.

¿Y si le torturaba? Separados. Mucho tiempo estarían separados. Al menos debería saber eso...

– ¡Rusia! –gritó desesperado. Por suerte el ruso le oyó antes de entrar al coche, y le dirigió una escalofriante sonrisa.

Da? –Prusia miró un momento a su hermano, pero decidió meterse en el coche– ¿Algún problema?

– Cuándo... ¿Cuándo me lo devolverás? –murmuró Alemania, intentando parecer tan frío como siempre, sin conseguirlo– ¿Dejarás, cómo hoy, que lo vea? ¿Aunque sea alguna vez? –acabó en un susurro.

Pero la voz de Rusia no fue ni mucho menos tan baja, y detrás de los cristales tintados, Prusia le oyó perfectamente:

– Has sido un niño malo, Alemania. Y los niños malos deben ser castigados.

La respuesta había sido bastante clara. Rusia entró en el coche, y este se alejó rápidamente.

Alemania y el niño se quedaron solos.

Dentro del coche, Prusia reprimía las lágrimas.


Traducciones:

*STOP, STOP! PLEASE, STOP THAT FIRE! ¡PARA, PARA! ¡POR FAVOR, PARA ESE FUEGO!

Espero que os haya gustado, ¡se aceptan reviews!

~SomeSimpleStories