Aquí va. Primer Capítulo. Espero os guste :3
Advertencia: Este fic contendrá varios OC y hasta que aparezca el apocalipsis tendré muchos capítulos de por medio. Seamos un poco realistas, de la noche a la mañana no tendrás un ataque zombie llamando a tu puerta. Quizá les parezca un poco confuso el primer capítulo, se preguntarán: "¿ Y qué tienen que ver con TWD estos pjs?" Para eso, conforme vaya avanzado la historia, explicaré algunas de sus dudas.
El Acuerdo de la Alianza y sus Condiciones
En una fría y elegante sala de estar muy grande, se encontraba sentado un hombre de unos, aparentemente, 40 años de edad. Ahí mismo estaba una elegante señorita de unos aproximadamente 20 años. Ella camina en dirección al hombre, se inclina haciendo una reverencia y permanece con la cabeza agachada.
- Buenas tardes majestad. ¿En qué le puede servir mi presencia?.- Saludó y preguntó cortésmente aquella dama de vestido dorado.
- Buenas tardes hija. Toma asiento, deseo hablar sobre unos asuntos.- El hombre se señaló uno de los asientos.
- Gracias majestad.- La mujer se sienta al frente del hombre.- ¿Sobre qué desea hablar?
- Tenemos un problema.- Comenzó hablar el tipo.- Tanto tú como el pueblo ya tenéis entendido que el Emperador Arius nos ah declarado la guerra, ¿cierto?.
- Sí mi Lord, ya estoy enterada de aquello. ¿Pero a qué viene mi llamado ante su presencia, acaso a sucedido algo peor de eso?.- Preguntó con una visible preocupación en su rostro.
- No sé si llamarlo peor o no.- Aquel hombre no estaba seguro de lo que le iba a decir a su hija de crianza.- Tenemos todo lo necesario para ganarle la batalla, hemos trazado varios planes y hasta tenemos infiltrados en su reino, pero le dije que no estoy dispuesto a derramar la sangre de mis súbditos y que tampoco estoy dispuesto a rendirme.- El hombre habló con tal seguridad aquello último.
- Entonces... ¿Han llegado a un acuerdo?.- Preguntó extrañada, ya que su padre no era de dar salidas fáciles.
- Sí, él me propuso algo... Quiere casarse, necesita una reina.- Respondió el hombre.
- ¿Quieres que le busque una mujer ese hombre? Hay muchas mujeres hermosas en el reino.- Preguntó extrañada y sugirió.
- No. Él quiere que su futura esposa sea de la realeza, no quiere mezclarse con simples mortales.
- ¿Alguna Duquesa tal vez? ¿Condesa, o baronesa?.-
- Quiere a una virgen que sea Princesa.-
- Pero todas las princesas que hay en el reino están casadas, y no podemos hacer pasar a una de ellas como virgen.-
- Pero hay sólo una que está libre del matrimonio y claro, también tu querida prima Elizabeth.- Querida... já. A esa mujer la odiaban todos en el reino.
La mujer tragó saliva espesamente y llena de amargura. No iba a dejar que su "prima" sea reina. Aquella mujer era una arpía total. Posiblemente hasta los mataría a todos después de asumir el trono de reina.
- ¿Quieres decir que Elizabeth puede convertirse en reina si acepta ser parte de la alianza? ¡Sabes que ella es capaz de mandarnos a la hoguera si fuera necesario! .- Ella se levanta del asiento un tanto exaltada.
- Sí hija mía, pero Arius no la quiere a ella. Te desea a ti.- Sentenció.
- Sólo se desea lo que se quiere para el momento pero está bien padre, lo haré sólo por que me lo has pedido tú. Pero voy a poner condiciones.- La dama se sentó otra vez.
- Gracias hija, sabía que ibas a tomar esto con mucha madures, propia de una buena mujer.- El Señor agradeció y preguntó.- ¿Cuáles son tus condiciones?.
- Quiero irme de viaje antes de la boda, por que luego de esta no voy a poder hacer nada de todo lo que quería hacer.-
- ¡Perfecto!. Entonces habrá boda, haré que la pedida de mano sea hoy mismo. Y lo del viaje, tendremos que conversarlo con Arius. No quiero que piense que su futura esposa se va a fugar o algo parecido, no quiero tener problemas.
- No te preocupes padre, no me fugaré.- Sonrió.- Entonces tengo que ir a cambiar de atuendo.
- Sí, en este momento estarán yendo tus doncellas.
- No, gracias. Me gustaría arreglarme yo sola.
- Como gustes hija mía.
La futura reina se levantó del asiento y se despidió con una reverencia. Los guardias le abrieron la puerta y a la vez que sale ella, estaba entrando un hombre de vestimentas negras. Aquel hombre se detiene ante la mujer y hace una reverencia.
- Muy buenas tardes princesa Musatei, se ve muy hermosa el día de hoy.-
- Buenas tardes querido primo Eleazar, ¿sólo hoy me veo bonita?.- Saludó y preguntó con cierta gracia que la caracterizaba. Aquella mujer no sólo era hermosa, no habían palabras para describirla, cabellera castaña, ojos de infarto, un buen cuerpo, blanca y muy pálida, y muy refinada, era lo básico para hablar de ella.
- No quise decir eso mi amada prima, usted es hermosa con el sólo hecho de existir.- Le agarró la mano suavemente y le depositó un beso ahí mismo. Eleazar era un hombre muy guapo, rubio, un color de ojos impactantes, fuerte, y de una voz muy varonil, era un Duque y era hermano de Elizabeth, la cual también era Duqueza.- Espero haya pensado mi propuesta, y no es que la quiera presionar, verá, lo que sucede es que...- El hombre seguir hablando pero la princesa lo detuvo.
- Creo que eso lo debemos hablar en un lugar más privado, ahora, si me permite, tengo unos asuntos que hacer.- Ella quería evitar aquella conversación.
- Muero cada día pensando en usted, oh princesa mía, la amo con toda mi alma.- Dijo Eleazar arrodillándose ante Musatei y enseñándole un anillo de diamante.- ¿Aceptaría casarse conmigo?
- Oh, ¡Eleazar!... Esto... esto muy inesperado... no sé qué decir, no depende de mí solamente
- Usted es diferente y anhelo desposarla. Le ruego que lo considere si no quiere decidir hoy...
Sí, lo recordaba muy bien, y no es que no quisiera casarse con él, sólo que tenía dudas, ¿si Elizabeth había obligado a su hermano pedirle matrimonio? era muy extraño, pero ahora ya no podía casarse con alguien más, ahora era sólo de Arius...
- Está bien mi princesa. Con su permiso.- Hizo una reverencia de despedida y entró a donde estaba el rey Vlad. La princesa, a su vez, se despidió y fue a su alcoba, tenía que relajarse y darse un tiempo para ella. Iba a impresionar al rey enemigo.
Mientras tanto, en sala de estar anterior.
- Eleazar, comunica al Rey Arius que ya tiene esposa. Dile que hoy haga la pedida de mano.- Dijo el Rey Vlad. Le dolía dar a su hija a un extraño, hubiese preferido mil veces que se case con Stefan o con el mismo Eleazar, pero ella había aceptado su destino como toda una mujer obediente y capaz.
- De inmediato mi lord. Ah... disculpe, sé que no es de mi incumbencia pero... ¿Quién será la mujer que utilizarán para la alianza?.- El Duque no debía haber dicho "Utilizarán".
Al Rey le hirvió la sangre al escuchar eso pero se controló ya que el muchacho no sabía a quién se refería.
- Pronto lo sabrás sobrino, esta tarde lo sabrás. Ahora retírate, necesito estar sólo.
Entonces Eleazar salió haciendo una reverencia. ¿Con quién se llegará a casar Arius?... Pensó.
Musatei entra a su alcoba, esta tenía una vista muy hermosa. Se podía ver un lago rodeado por un campo de todo tipo de flores tras un ventanal muy grande y unas cortinas dobles de colores dorado y perla. El pintado de la habitación hacía juego con las cortinas. La cama era un modelo antiguo de madera con relieves muy bien tallados a mano, estos eran de color dorado mientras que el resto de la cama era color perla. De hecho todo lo que había ahí, hacía juego, y estaba muy bien ordenado.
Todo era digno de una princesa, ahora futura reina.
Se hecha en la cama sin importarle que se estaba arrugando el vestido que llevaba puesto.
- Pobre Eleazar... ¿Ahora qué voy a hacer con él?.- Se dijo a si misma. Aquel duque le había pedido matrimonio pero ella tenía que cumplir con su deber.
Se levantó y comenzó a desvestirse. Tomó una bata y se tapó con esta. Se dirigió a su propio baño y tomó una ducha reconfortante con sales minerales y aromatizantes. Luego de eso tendría que dirigirse otra vez a donde su padre para que Arius haga la pedida de mano correctamente, no sin antes hablar con Eleazar.
Salió de la tina y secó su cuerpo. Abrió el armario y cogió un vestido perla con bordes plateados, se vistió y se colocó unos tacos no tan altos. Su rostro tenía una tono pálido que disimulaba con un poco de maquillaje. El atuendo era algo natural igual que el maquillaje, no se había puesto corsé ni tampoco esas chucherías que sus doncellas estaban acostumbradas a llevar, digamos que no le gustaba llamar tanto la atención.
Salió de ahí, tendría que explicarle a Eleazar por qué no podía casarse con él. Caminando por los tétricos pasillos de aquel castillo se lo encuentra.
- Princesa Musatei.- Habló en forma de saludo.- ¿Cree usted que podamos conversar?
- Eso mismo quería hacer.-
- Bueno, entonces, ¿lo pensó?.-
- Lo pensé, sinceramente no me gusta darte esta respuesta pero tengo un deber que cumplir, no.-
- ¿Acaso hay alguien más?.-
- Por más que quiera, no puedo casarme contigo.-
- ¿Pero cuál es el motivo?.-
- Me voy a casar con otra persona.- Lo soltó de porrazo y bajó la mirada.
Eleazar no sabía cómo tomarse lo que Musatei le estaba diciendo.
- Pero... ¿Qué... cómo... cómo así? Yo creía que...- Se comenzó a desesperar y se acercó a la princesa.
- Detente ahí, no te acerques más.- Le ordenó.- ¿Por qué te desesperas?.- Lo miró extrañada, no entendía.
- Lo... lo siento princesa. No me volverá a ocurrir.- El duque se disculpó y tomó distancia.
- Ahora contesta la pregunta que te hice, no te entiendo Eleazar, ¿acaso te afecta mucho el que me case con otra persona?.-
- Sí... yo... yo... yo la amo majestad.- Ella lo miró sin comprender, no podía ser, su primo, no podía estar enamorado de ella... ¿o sí?
Se dio media vuelta dispuesta a irse.
- Espere... ¿Con quién se irá casar.- Le preguntó atreviéndose a cogerla del brazo, obligandole a voltearse.
- Eso no es de tu incumbencia.- Si bien ella tenía mucha paciencia, con Eleazar necesitaba más.- Ahora, suéltame.
- Entonces, si me permite, le robaré el primer y único beso.- Ignoró la orden de ella y la agarró por la cintura, se acercó a su ostro y la besó delicadamente.
Ella se quedó estática, helada por naturaleza y sin inmutarse ante aquel beso. No le responde pero luego comienza a gustarle la ternura de ese roce de labios y le da pase a seguir, ahora sus lenguas danzaban como si no fueran a verse nunca más. Aunque era cierto, después de ese beso ya no estarían juntos, Musatei se casaría y tal vez él, luego, formaría una familia con alguna bella mujer del pueblo.
- Te amo Musatei...- Susurró al oido de esta causándole un escalofrío agradable por todo su cuerpo.
- Yo...- Ella no sabía qué hacer o decir, él la amaba pero ella no sentía nada por él.- Lo siento... yo...
- Sé que no sabes qué decir... sin presión pero shhh...- Y la silenció con un beso apasionado poniéndola contra la fría pared. Colocó su mano en la mejilla de ella.
Musatei sintió el gélido tacto de Eleazar, no era tan raro, ambos y todos los demás eran así, fríos.
- Vaya, vaya, vaya.- Aquella voz tensó todos los músculos de Musatei.- ¿Pero qué tenemos aquí? Un par de tortolitos enamorados.
- Permiso.- Fue lo único que dijo la princesa y se fue de ahí dejando a un pensativo Eleazar y a una burlona Elizabeth.
- A si que te acuestas con ella...- Elizabeth no podía ser más inoportuna.
- No me acuesto con ella, deja de hablar así.- Eleazar estaba molesto. Si no fuera por su "hermana", hubiera podido hacer cambiar de opinión a Musatei.
- Pero te gustaría, te mueres por ella pero no te hace caso. Nunca lo hará y menos ahora que va a ser reina.- Habló con malicia y soltó una risa estrepitosa llena de burla.
- ¿A qué te refieres con va a ser reina?.- Él estaba confundido. Primero, Musatei, le dice que debía cumplir con su deber ahora, Elizabeth, le estaba diciendo que sería reina.
- ¿No te lo dijo?. Ella será la de la alianza, la muy "soyperfectaytengocorazón" aceptó casarse con Arius.- Cruzó los brazos y se recargó en la pierna derecha.
- ¿Qué?, no, no, no, no y no, ella no puede casarse con él... Sólo... sólo la utilizará y luego cuando se canse querrá otra esposa...- Arius era conocido por eso, se casaba con una joven muy hermosa, pero cuando ya no la quería la dejaba por otra.
- ¿Y a ti por qué te preocupa el destino de esa zorra?.-
- Ella no es lo que dices, Elizabeth, mídete en tus palabras o...- Fue interrumpido por la fuerte voz de ella.
- ¿O qué?.- Preguntó desafiante.
- O les diré a todos cómo eres realmente.- Amenazó.
- Les dirás qué hermanito, ¿que nos acostábamos cuantas veces se nos diera la gana? ¿Acaso les dirás que faltaste a la ley por una noche de placer?.-
- Tú no eres mi hermana, si Vlad nos puso como hermanos fue por que creyó que adoptarías un poco de modales como nosotros... pero lamentablemente se equivocó.-
- Sea como sea, así no seas mi hermano, igual te acostabas conmigo. ¿O no?.-
- No fui el único que quebrantó la ley, acuérdate que pasaste por la cama de la mayoría de los hombres de alto mando para llegar a donde estás. Tú, mi querida "hermana", eres la zorra, no ella.- Finalizó.
Habiendo dicho eso, Eleazar recibió una bofetada por parte de Elizabeth.
- No vuelvas hablar de ese tema.- Ella se fue, dolida.
Musatei entró de nuevo a la sala de estar.
- Padre, estoy lista.
- Hija mía, no puedes presentarte así ante Arius.- Dijo apenas observó cómo estaba vestida.
- Pero estoy bien arreglada, y este es uno de los más hermosos vestidos que tengo.- Se excusó.
- Está bien, será hermoso. Pero te falta el corsé, y lo demás... hay.- Se desesperó y luego llamó a las doncellas de su hija preferida. Ellas llegaron-
- Vistan a Musatei como se debe.- Se la llevaron del brazo, prácticamente jalándola.- Y rápido que dentro de media hora vendrá el rey Arius.
- Pero padr...- Demasiado tarde, ya la había sacado de ahí y llevado a su cuarto.
Entra Elizabeth y pregunta inocentemente.
- ¿Por qué no le gusta su vestido? si está hermoso.-
- Por que me gustan las tradiciones.- Respondió tajante.
- Oh... ya veo... Lástima, yo le había encargado un vestido azul muy hermoso y a su gusto, sencillo.
- No, no quiero que se ponga algo simple, ella tiene que brillar, ser el centro de atención.- Negó.- Puedes dárselo, pero no quiero que se lo ponga para esta ocasión.
- Como usted diga Majestad.- Hizo una reverencia y salió de ahí, detrás de ella, su doncella con la caja que contenía el vestido.
Algo estaba planeando ella, sí, sabotear un poco la pedida de mano.
- Llévale esto a Musatei, dile que su padre ordena ponérselo.- Habló cuando ya habían doblado esa recta.
- Pero, duquesa, el rey Vlad acaba de decir otra cosa.-
- No refutes y has lo que yo te ordeno. Anda, llévaselo, pero no le digas que te mando yo, sino su padre.- Se quedó pensando un momento.- No, mejor dile que se lo manda el rey Arius.- Sonrió maliciosamente, sabía que a Vlad no le iba a agradar verla con algo de los simples humanos.
La doncella se dirigió a la habitación de la princesa.
- Aveces pienso que esto es absurdo.- Se quejó.- ¿No les molesta usar el corsé?.-
- Nosotras tampoco entendemos por qué seguimos usando vestidos del siglo XVIII.- Habló una de las doncellas.
- Sólo seguimos las reglas.- Habló otra.
Tocaron la puerta y la que había hablado primero fue a abrirla.
- El rey Arius le manda esto a la princesa.- La doncella de Elizabeth entregó el paquete.- Ruega que se lo ponga para la pedida de mano.
- Gracias.- Elizabeth cambiaba constantemente de doncella así que no le traería problemas a futuro ya que no la reconocerían. La doncella de Musatei cerró la puerta.
- Princesa, el rey Arius solicita que se ponga esto para la pedida de mano.- Abrió la caja blanca y encontró un vestido azul largo y sencillo pero muy bonito.
- Es... es hermoso...- A la princesa se le abrieron los ojos sorprendida.- Esto será un punto a su favor.- Bromeó.
Se colocó el vestido con ayuda de sus doncellas y se miró al espejo. Aquel vestido resaltaba su figura de una manera castizamente provocadora. Pasaron al maquillaje, no era muy necesario pero le echaron lo esencial. Se quedó con los tacos plateados de en antes y su cabello, que caía hasta la cintura, terminaba en ondas bien definidas.
Salieron de ahí y se dirigieron al gran salón, donde sería la pedida de mano. Se habían retrasado un poco por lo que los demás ya estarían esperándola, sobre todo Arius.
- Se ve muy hermosa princesa Musatei.- Hablaron las dos muchachas que la acompañaban por el pasadizo.
- Gracias señoritas.- Agradeció con una sonrisa. Se sentía nerviosa, ¿y si no le agradaba la forma en cómo se había maquillado, o si él prefería el cabello recogido?. Miles de inseguridades la llenaron pero tuvo que tragarse su nerviosismo ya que las puertas, que daban al gran salón, fueron abiertas de par en par.
Ella entró con seguridad ya habiéndose tragado su temor. Ahí estaban; Su padre el rey Vlad, aunque realmente no era su padre ya que la había acogido pero eso fue hace muchos años, Eleazar, supuesto primo pero tampoco lo eran de sangre al igual que Elizabeth y Stefan. Todas las miradas se centraron en ella, algunas de desaprobación por aquel atuendo que llevaba. Su padre la miró y agachó la mirada, él había dicho que no se ponga eso pero no hizo caso. Aunque claro, ella no lo sabía, supuestamente era un regalo de Arius.
- Princesa Musatei.- Todos hicieron reverencia.- Es un honor que haya aceptado ser parte de la alianza.- Habló Arius.
- Rey Arius.- Se inclinó elegantemente.- Todo sea por evitar una absurda guerra.- Las palabras de ellas fueron claras, sólo lo hacía porque no quería una estúpida batalla entre clanes.
- Como sea princesa, ¿su padre ya le informó de todo al respecto?.-
- Sí, ya sé todo. Creo que debemos pasar a lo esencial...- Titubeo en lo último.
- Se ve muy hermosa la tarde de hoy, es como me la habían descrito... magnífica.- Ignoró lo que dijo en antes y halagó a la princesa. Bien, no le había desagradado cómo estaba vestida.
- Gracias, usted siempre tan halagador.- Sonrió de la forma más sincera que pudo. No es que no lo fuera, si no que se puso nerviosa ante aquel cumplido.
- No hay por qué. Su hermosa sonrisa brilla como mil soles, que estoy seguro, me mataría si fuera posible.- Cogió la mano de la princesa y depositó un beso, demasiado provocador.
Esa escena hacia volar de cólera a Eleazar. La mujer que amaba estaba siendo tocada por otro hombre.
- Estimado rey Vlad, en primer lugar quiero agradecer por su recibimiento tan formal, de mi escolta y yo, con tan gratas compañías, Elizabeth, Estefan y Eleazar, es un gusto verdaderamente. Y como es de conocimiento; eh deseado por mucho tiempo a su hija, la princesa Musatei.- Hizo una pausa y siguió con su "discurso".- Dado que hay una guerra a punto de estallar, pedí la mano de ella como un acuerdo de alianza.
Hizo que sus "sirviente", un atemorizado humano vestido elegantemente, trajeran el anillo de compromiso. Lo puso en frente de la princesa, arrodillándose en vez de que Arius lo haga, pero bueno, al fin y al cabo, él era un rey y no se iba arrodillar ante nadie por más que sea una pedida de mano formal.
El rey enemigo cogió el anillo y tomó suavemente la mano de Musatei. Ella estuvo callada todo el tiempo, todos en el salón igual. Vio el anillo puesto en su dedo y no lo podía creer. Ahora ya estaba comprometida y sería reina. ¡Joder! una reina.
- Sólo espero que la cuides como se debe.- Miró a su hija.
- Me hicieron saber que tienes unas condiciones, mi futura reina.- Habló Arius.
- Sí, hmmmm. Ya que me voy a casar con usted, quiero tomar un tiempo para mí hasta la boda.- Habló firmemente pero sin perder el respeto.
- ¿A qué se refiere, Vlad?.- Se dirigió al otro rey.
- Quiere salir de viaje.-
- ¿Y a dónde quieres ir?.- Alzó una ceja.
- No lo sé aún.
- Bueno, no importa, sólo espero que no te desaparezcas por más de un mes. Tienes mi autorización si eso querías.- Habló con cierto poder en su voz, como si ella ya le perteneciera y necesitara de su permiso para hacer aquel viaje.
- Gracias, mi Señor.- Agradeció ella. Aquello le dio gusto al rey Arius.
Luego de la "cena", ella fue a su cuarto. Tomó un baño y se cambió. Quería irse de ahí y no sabía la razón concreta. Se puso un vestido no tan formal, pero si elegante, e hizo que sus doncellas empacaran sus maletas. No eran muchas pero sí lo suficiente para un mes, el último viaje de su vida, ya que sabía que al rey Arius no le gustaba que, una vez casada con él, se alejaran.
Salió de ahí y la escoltaron hasta el aeropuerto de la capital de Rumania.
- ¿A qué lugar desea viajar Madame?.- Preguntó la encargada de los vuelos.
- Quiero un vuelo que salga ya. ¿Tienen alguno por ahí? el que sea.- Respondió.
La señorita encargada revisó el sistema y halló justo un vuelo que salía en 5 minutos.
- Tenemos uno que sale en pocos minutos.-
- ¿Destino?
- Atlanta, Georgia.
- Bien.
Sé que tendrán muchas preguntas o tal vez no e_e
Pero sea lo que sea, me gustaría que lo expresen en un review para saber si vale la pena seguir escribiendo o no :3
Acepto todo tipo de críticas. ;)
Un saludo a todos lo que comentaron el prólogo; Gabriela, Lineke, Forty three y DarylDixonlove. También a los que lo leyeron.
