Qué bien se siente estar de vuelta.

PRÓLOGO.


Laboratorio de investigación y pruebas en Ultraumbrales.

Fundación Aether, Región de Alola.

Tres años y dos meses antes de la Ascención.

Para los científicos y encargados del proyecto, no se trataba solo del nacimiento de una nueva era, sino la culminación de un sueño centenario que sus ancestros habían comenzado al colocar el primer organismo vegetal que posteriormente cubriría el verde del enorme complejo dedicado a la investigación y conservación de toda la vida en la región. A diferencia de su contraparte en Kalos, que combinaba en sus instalaciones el estilo romántico e intelectual de su historia, la fundación Aether prefería dejar que la naturaleza conquistara lentamente el soberbio y blanco complejo cuyas paredes, esquinas y espacios desnudos eran embellecidas con el verde. No obstante, en ese día la hasta ahora imperturbable vegetación recibía en su recinto las maquinaciones que hombres y mujeres habían traído para tan importante experimento.

Ni el más mínimo detalle podía pasarse por alto, y esto se evidenciaba en el destacado profesionalismo de su escuadrilla científica que hacía los últimos ajustes y llevaba a cabo ensayos preliminares simulados en computadoras sumamente complejas, construidas específicamente para semejante hazaña. El personal técnico, por su parte, inspeccionaba la infraestructura e integridad del improvisado laboratorio al mismo tiempo que acomodaban la gruesa y extensa red de cables de alimentación de energía en medio del jardín de la fundación, a modo de no entorpecer la liberación de calor ni el paso del resto del personal. Recursos humanos, así como el departamento de difusión a cargo de la esposa del científico en jefe del proyecto, compartían el entusiasmo y la emoción de mostrar al mundo el primer paso hacia la sustentabilidad definitiva, y el portal hacia un mundo nuevo con el que interactuar y compartir siglos de conocimientos, historias y experiencias con los que ambos se enriquecerían excepcionalmente.

No obstante.

Entre las computadoras extremadamente avanzadas y el personal moviéndose de un lado a otro para coordinar los pasos a seguir en la ejecución del experimento, la figura encapotada de un espectro larguirucho y deforme se paseaba con serenidad con ayuda de su enorme báculo bajo el techo de cristal que permitía entrar la luz de una luna creciente que se lograba ver mejor que en ningún otro lugar de la tierra.

Aquella decrépita figura habría destacado indudablemente de entre las vestimentas blancas que el resto del personal venía ataviado, pero sus sobrenaturales capacidades para asumir una forma etérea e invisible podrían engañar incluso a los Pokémon psíquicos que en ese momento asistían a sus cuidadores en las tareas más minuciosas de calibración. Sin embargo, y en el estado en el que se encontraba, su método no era cien por ciento infalible, y la llegada de un psíquico prominente podría arriesgar severamente la extrema discreción del plan. Factor que tomaba muy en cuenta. Y que en cualquier otro escenario habría sido razón suficiente para no exponerse innecesariamente. Pero tal como aquellos humanos imperceptibles de su presencia, era un momento de vital importancia hacia el creo y la cruzada que con vehemencia se había propuesto a terminar.

La figura llegó finalmente a uno de los miradores colocados en el salón. El lugar perfecto donde podría observar el bullicioso personal guardando orden a medida que se acercaba la hora exacta del experimento pero que, extrañamente, él no le prestaba menor atención. En su lugar, le dirigía su espalda jorobada al escenario y permanecía ahí como si esperara algo o alguien que fuese digno de quebrar su momento de reflexión.

De pronto, las luces del recinto perdieron su intensidad de forma breve, quedando iluminadas principalmente por la luz plateada que reflejaba la luna. Detrás de él, otra figura encapotada pero más robusta y con el rostro completamente cubierto en las tinieblas, sin oportunidad de distinguir la más mínima facción de lo que podría ser ese ser, se erguía de forma inmutable.

- ¡Regodearos, hermano! ¡Pues el ascenso de nuestra fe está próximo! – Gritó el ente deforme con una voz masculina, tan rasposa y decrépita propia de un ser agonizante, al girar y recibir a su esperado visitante que permanecía quieto como si perteneciera al resto de la muchedumbre incapaz de escuchar su grito.

- Estas son las últimas palabras que el Consejo te otorgará – dijo aquella voz con un tono más espectral, pero menos lastimero como el de su aliado – Abre el Ojo, recupera los pocos recursos que podamos obtener de este mundo y no se te castigará tan severamente gracias a tus pasados méritos. Rechaza este ultimátum, y la pérdida de tu lugar en el consejo será el castigo menos severo que se tiene pensado para ti.

El deforme guardó silencio por unos segundos mientras el alboroto del lugar hacía difícil que encontrara las palabras adecuadas para expresar su profunda decepción. Con la mano izquierda que tenía libre, descubrió el espantoso y deteriorado rostro pálido cuyo revestimiento de piel parecía hacérsele jirones. Más que un anciano ya entrado en años, y descuidado por la falta de atención a su aspecto, aquel ser parecía un cadáver resucitado para terminar con su oscuro propósito antes de expirar.

- Podré parecer los despojos de un condenado aferrándose a sus últimos momentos, y aún así jamás podría expresar la decadencia y senectud que ahora representa mi legión ¿Qué terrible suceso los ha golpeado como para perder la fe de esta manera?

El ver aquel rostro tratando de expresar una mueca lastimera, era un espectáculo profundamente perturbador para cualquiera que jamás hubiese presenciado algún cadáver en avanzado estado de descomposición. La falta de carne en los pómulos y las mejillas, evidenciaban que los músculos de la quijada eran ya casi inexistentes, por lo que cualquier palabra que pronunciara se escuchaba distorsionado y apenas comprensible. La punta de su nariz hacía tiempo que la había perdido, exacerbando su similitud a la calavera próxima a surgir de aquel despojo. Pero lo más espantoso de aquel vivo retrato de la decadencia, eran aquellos diminutos ojos oscuros que se perdían en las profundas cavidades óseas, y que sólo podían ser perceptibles para el osado que se atreviera a observar detenidamente.

Tal aspecto deprimente sólo irritaba al mensajero que deseaba terminar su tarea tan pronto como fuese posible.

- Mira cuánto has decaído. Tu bella y convincente oratoria que siempre te caracterizó, ya no satisface a nuestros amos – Dijo – Solías someter mundos enteros con el poder de tus palabras que cobraban vida a través de tu voz, y ahora mírate; pregonas entre bestias ridículas y estúpidas que nunca fueron dignas de siquiera escuchar el primer susurro de nuestra palabra.

El visitante hizo el primer movimiento desde su repentina llegada, alzando el brazo derecho y señalando con su largo dedo índice a un Audino alegre y regordete que asistía a su cuidador con las tareas de prevención y enfermería. El despojo observó aquel ejemplo tan extremo que su compañero había empleado para probar su punto y rio entre dientes, rebelando una dentadura desgastada e incompleta, propia de su famélico ser.

- Es en verdad lamentable. Esperaba que tú no hubieses sido convencido de cubrirte con la benda que el Círculo ha portado desde que anduvieron por el sendero de la soberbia y el conformismo – Dijo meneando muy lentamente su cabeza de un lado a otro en un gesto de profunda decepción.

- Y dos mil años varado en este lugar te han vuelto obtuso y susceptible a tus más decrépitas ambiciones – Respondió, harto ya de la soberbia de sus gestos y la hipocresía de sus palabras – Tal como esta patética roca, sólo queda un despojo de lo que alguna vez fue un digno prodigio de portar la verdad absoluta del universo.

Una centella escapó por debajo de su manto rasgado mientras el hombre estallaba en cólera y extendía sus esqueléticos brazos hacia ambos extremos – ¡Es inaudito que ellos ya ni siquiera pueden ver que el potencial psíquico tan prominente de los Valois es suficiente para justificar una intervención directa! – Gritó mientras sostenía el báculo firmemente y hacía un leve movimiento con su muñeca para controlar la energía disforme que escapaba de aquel cuerpo a punto de hacerse cenizas por el esfuerzo.

- ¡Este mundo no soportará la influencia de todo el espectro de la disformidad! – Acusó el visitante, haciendo estallar también la volátil mezcla de enfado y frustración ante semejante muestra de terquedad – Admiten que hiciste un trabajo excepcional al lograr cultivar tres semillas, pero no procuraste preparar un campo fértil para que el cuarto pudiera desarrollarse. Y como las raíces de inclementes robles ante la escasez de recursos, los tres asfixiarán al retoño antes de que siquiera pueda brotar de la tierra.

Miradas invisibles llenas de odio y rencor fueron intercambiadas en ese breve momento en que sus emociones borbotaban con la peligrosa energía de la disformidad a punto de ser liberada. No obstante de la situación tan tensa, la prudencia debía anteceder el instinto de matar al otro, sobre todo si se tomaba en cuenta que una manifestación de ese nivel pondría en jaque la discreción y sutileza que le había permitido al deforme continuar con sus vilezas desde sus primeros pasos en aquel mundo.

Y para su fortuna, el anhelado evento que había preparado especialmente para la audiencia con aquel visitante, por fin estaba a punto de comenzar.

- Los sistemas y protocolos están listos, doctor – Dijo el líder de ingenieros al dirigirse al jefe del proyecto.

- Excelente – Respondió el hombre para luego dirigir una mirada hacia su esposa que lo veía desde el otro lado del recinto. Asintió con mirada determinante, esperando que ella repitiera el gesto para confirmar su certeza y apoyo.

Ella incluso señaló con el pulgar arriba y un guiño para demostrar su absoluta confianza.

– Comencemos entonces…

El campo se despejó de inmediato, y decenas de integrantes del proyecto se dirigieron al área de seguridad donde contemplarían el fruto de su trabajo materializarse por fin en su plano de realidad. Las computadoras iniciaron los protocolos de activación al mismo tiempo que el reactor principal comenzaba a consumir las cargas de plasma para generar las enormes cantidades de energía requeridas en la apertura del umbral. El inquietante zumbido característico de los átomos al liberar energía resonaba en todo el salón, interrumpiendo el posible conflicto de ambos entes que ahora observaban como el resto de la muchedumbre.

- Dile esto a nuestros hermanos cuando te largues de aquí… – Dijo, absorto en el desarrollo del experimento y con la firmeza propia de un fidedigno apóstol al promulgar promesas de salvación – Mi fe abrirá el primero de infinitos caminos en los que la verdad se propagará con el fuego inclemente de los poderes de la ruina ¡Billones de mundos se someterán al creo de nuestra fe y las alabanzas hacia los amos de la disformidad se convertirán en un coro que perdurará incluso después de la muerte de todo lo existente!

El visitante ya no intentaría más futilidades para hacer entrar en razón a su hermano – Perece aquí entonces. Y que el veneno de la incertidumbre y el miedo de los tontos llene el vacío de la copa que otrora solías satisfacerte con la promesa de la inmortalidad.

- ¡Silencio…! – Exclamó el fanático con una mezcla de cólera y alevosía – O no podrás escuchar el inicio de esta partitura.

Fue entonces que apareció en el centro del recinto. Como si el frágil cristal de la realidad se quebrara, y este comenzara a ser succionado por el mundo intrusivo tratando de ocupar su lugar. Al principio, aquel embudo apenas y alcanzaba un metro de diámetro, pero crecía rápidamente conforme la energía del reactor se estabilizaba. El umbral emitía al mismo tiempo un intenso resplandor blanco con tenues destellos arcoíris, productos de la enorme energía empleada que era capaz de descomponer la luz de la luna.

Tanto personal auxiliar como los científicos encargados ya comenzaban a compartir miradas de asombro y estrujones de alegría ante el éxito asegurado del experimento. Una exhibición de victoria demasiado precipitada que el jefe del proyecto prefería evitar para no caer en distracciones y futuras decepciones, pero que en esta ocasión lo dejaría pasar gracias al contagioso regodeo de sus colegas y amigos.

El llamado de uno de sus colaboradores le haría poner nuevamente los pies en la tierra.

- ¡Brechas de energía resquebrajando los escudos térmicos! – Advirtió el jefe de ingeniería al ver las señales de peligro en su monitor para efectuar los comandos de ajuste de falla.

- ¡Doctor Mohn, el sistema de ventilación no responde! – Advirtió nuevamente, pero esta vez con un tono más alarmado que puso en alerta al personal que de inmediato se dispersó para tomar sus puestos de emergencia.

De pronto, el resplandor blanco del umbral comenzó a tornarse de un color más opaco y verdoso a medida que una especie de gas del mismo tono era liberado. Aquel agente posiblemente infeccioso, fue motivo suficiente para que el experimento fuese cancelado de inmediato.

- ¡Apáguenlo de inmediato!

- ¡Los sensores se incineraron! ¡No puedo iniciar el protocolo! – Gritó otro, presa del pánico que comenzaba a contagiar al resto del personal al presenciar que el cúmulo de gas se estaba expandiendo a ritmo acelerado - ¡Traigan a los Pokémon para extracción de gas!

- ¡No! – Gritó el doctor Mohn, consciente de que un patógeno externo podría infectar severamente a aquellas criaturas – ¡Si rompemos el vínculo, el umbral desaparece! ¡Desplieguen el escuadrón para liberación manual de energía! – Ordenó nuevamente. De inmediato, el personal especializado se dirigió al reactor para apagarlo, pero una explosión relativamente violenta bloqueó el acceso.

El de por si caótico escenario fue golpeado con otra repentina falla que duplicó el tamaño del umbral sobre los niveles aceptables antes de llegar a masa crítica y transformarse en una muy severa catástrofe que bien podría despojar de vida toda la región de Alola. El pánico por fin se apoderó del doctor Mohn que, víctima de la impotencia, sólo deseaba en esos momentos llevar a su familia a un lugar seguro. Incluso si eso significaba dejar al resto de sus amigos, colegas y seres inocentes a su suerte.

- ¡Doctor, el enlace se estabilizó y ha comenzado el flujo recíproco para materialización!

Un leve sentimiento de tranquilidad regresó al recinto. Equipos de emergencia se dirigieron de inmediato a combatir los pequeños incendios provocados por el sobrecalentamiento del reactor, mientras los encargados de monitorear las computadoras evaluaban la integridad del umbral; si bien su aspecto lucía nauseabundo por culpa del gas verdoso acumulado, e intimidante gracias al enorme diámetro que había superado todo cálculo y expectativa, la certeza de que por fin se había estabilizado era aliviadora.

- ¡Doctor Mohn…! – Exclamó el jefe de ingenieros una vez que las computadoras arrojaban el primer resultado concreto – ¡Está adquiriendo forma física!

El unísono de una porra hizo eco en el techo de cristal. Por primera vez en la historia, el contacto entre dos universos alternos daría el primer paso a la era dorada que habían anhelado. De inmediato, el departamento de difusión hacía los procedimientos correspondientes para iniciar la transmisión y dar la noticia a todo el mundo. La exaltación era tal, que la jefa del departamento salió enseguida para celebrar con su esposo y juntos realizar el primer contacto con los nuevos seres, esperando que el proceso no hubiese sido demasiado violento como para asustarlos, y preguntándose cuál sería el primer sonido de curiosidad y sorpresa que emitiría cualquier criatura en dichas circunstancias.

Lo que recibieron fue un escabroso y profundamente grave rugido, como el de una orquesta de trombones tocando al unísono hasta hacer eco en el mismísimo interior de la tierra. Los ahí presentes cubrieron sus oídos de tan espantoso grito que hizo retumbar todo cristal a más de dos kilómetros a la redonda.

- Santo cielo… – Susurró el doctor Mohn al despegar las palmas de sus oídos y mirar con horror a la criatura que poco a poco se manifestaba en el recinto – ¿qué es eso?

Del umbral que comenzaba a expulsar una cantidad mucho mayor de aquel gas, emergieron dos gigantescas y voraces mandíbulas de las cuales brotaba un repugnante y maloliente líquido viscoso; tan mortal y tóxico que era capaz de fundir las losas de mármol y matar la vida vegetal con su simple hedor.

Gritos ahogados de terror y órbitas desviadas de repugnancia se volvieron los únicos gestos al ver que la piel de aquellas criaturas presentaba los rasgos propios de un cadáver en proceso de descomposición; arrugados, aún jugosos y con pedazos de carne resbalando hasta caer al suelo donde creaba charcos de aquel líquido altamente corrosivo.

Un espectáculo macabro y repulsivo. Una burla hacia la muerte que atacaba directamente a la sensibilidad y compasión de aquellos idealistas, pero que resultaba excesivamente gratificante para el deforme que parecía pertenecer a la misma estirpe que aquellas criaturas, y que contemplaba con regocijo el éxito de su misión.

- En algo tenías razón, hermano. Hacer que los cuatro lograran manifestarse era una tarea imposible debido a la misma naturaleza voraz y discordante de nuestros amos – Comenzó con un merecido aire altanero – Pero he aquí un brote lo suficientemente fuerte y maduro, cultivado desde hace siglos en un mundo donde pudo desarrollarse plenamente y sin interferencia alguna. Tuve fe todo este tiempo, hermano… y mi devoción y paciencia han sido recompensados.

La fundación había cometido un terrible error al abrir las puertas de una nociva enfermedad que iba en contra de todo por lo que creían y habían trabajado en esmero. Una amenaza con potencial para exterminar la vida en la tierra, y que ahora dependía de ellos y todos sus recursos disponibles el evitar que se propagara el brote.

- ¡Protocolos de extracción y cierre de inmediato! – Ordenó el doctor Mohn.

El personal reaccionó al instante. Los ingenieros encargados del reactor comenzaron con el proceso de inversión para extraer la energía y cerrar el umbral, mientras que los de sistemas preparaban cargaban los programas pertinentes. El resto era evacuado del edificio y llevado a los botes de rescate, en los cuales la esposa del doctor debía abordar si no fuese por su actitud reacia a acompañar a su marido y colaborar en todo lo humanamente posible.

- ¡Doctor, perdimos los canales de mando! – Gritó aterradoramente uno de ellos después de que los sistemas se apagaron por completo, incapaces de llevar a cabo los procedimientos necesarios por culpa de otro inesperado fenómeno que había burlado sus conocimientos en la naturaleza de aquel universo que habían dejado entrar – ¡El umbral absorbe toda la energía del recinto!

Sin más planes de contingencia, y con la pérdida del control del experimento, era inútil el permanecer ahí. Reunirse con sus hijos era ahora la prioridad máxima de la pareja, guardando la esperanza de que los protectores de Alola intervendrían para enmendar su error.

Y a pesar del Caos inminente, y los intentos desesperados por hacerlos desaparecer, las bestias no se mostraban inquietas o agresivas. Inclusive si aparentemente no poseían ojos o algún órgano visual, parecían contemplar con curiosidad y afecto a la bella mujer que permanecía con su marido.

- ¡Salgamos de aquí de inmediato! – Ordenó Mohn tomando del brazo a su esposa para escapar.

El intento de escapar fue suficiente para provocar en las criaturas un irresistible deseo de conservar a la mujer y llevarla a sus dominios. Ambas mandíbulas chocaron en el suelo, en un intento de devorar al contrincante, pero afortunadamente para la pareja, sus movimientos eran todavía lentos y torpes; ya fuese por el efecto de no escapar por completo del umbral, o simplemente era la naturaleza de aquellas criaturas. Cualquiera de las posibilidades, las criaturas comprendían perfectamente su predicamento, por lo que era necesario la participación de alguien más para no perder su nuevo tesoro que por ahora estaba fuera de su alcance.

La pareja cruzó el acceso al jardín y aceleró el paso para activar el elevador y alcanzar al resto. Ver que las criaturas no los habían seguido le daba a Mohn la certeza de que, después de todo, el umbral sería temporal y posteriormente no podría soportar la manifestación. Un falso sentimiento de seguridad que se vino abajo cuando, sin que lo viesen venir, docenas de criaturas traslúcidas volaban hacia ellos con una velocidad nada parecida a la de los anteriores.

Mohn trató de tomar la pokébola que resguardaba en su cinturón, pero los tentáculos de esos monstruos lo habían sometido en un instante. Su esposa rescató el artefacto, dispuesta a luchar para liberarlo, pero el ver de cerca a una de esas nuevas criaturas paralizó cualquier idea de combatir y rescatar a su amado.

- ¡Aléjense de ella! – bramó Mohn tratando de liberarse del tentáculo que apenas y le permitía respirar – ¡Lusamine!

Pero la hipnosis ya estaba haciendo efecto. Incluso si se trataba de un ser sin gestos o expresiones humanas, o que su cuerpo transparente con tonos verdosos mostrara el mismo estado decadente que los anteriores, Lusamine contemplaba con una mirada sumamente curiosa y tierna a aquella criatura que hasta hace unos instantes deseaba exterminar. Ahora que la miraba detenidamente, y si rebuscaba en sus memorias, tenía un parecido sorprendente a su propia hija si esta llevara un vestido largo y un sombrero de ala ancha para emular la campana de aquella criatura.

El primer signo de una brutal demencia que corría en la sangre de su familia.

- Eres hermosa… – Dijo con una cándida sonrisa.

- ¡LUSAMI…! – El bramido se perdió entre el recinto mientras Mohn era llevado al umbral donde su carne sería consumida en un jardín de inmundicia y desesperación por eones hasta que sus habitantes estuvieran satisfechos con su tormento.

Y fue ahí, en la entrada hacia el dominio de aquellas bestias, donde pudo comprender la verdadera naturaleza de lo que habían logrado traer a su mundo. Pues entre los cadáveres atrapados entre las podridas fauces de aquel gigante que, después de todo él y las otras dos criaturas resultaron ser el mismo monstruo, vislumbró el decadente futuro que a sus seres queridos le esperaba.

Con sus escasas fuerzas se tapó los oídos para no escuchar el sonido de los cuerpos descomponiéndose y el crujir de los huesos a medida la peste terminaba por corroerlos. Pero incluso así, aun podía escuchar las risas dementes de un hombre deforme que recitó una última ovación antes de desaparecer en las fauces de la bestia.

- ¡Regodearos, hermanos! ¡Por la futura gloria de este Caos ascendente!