¡Hola!
Perdón por parecer tan cortante, pero ahora si ando de prisa.
No tengo mucho que decir como otras veces, salvo gracias a todo su apoyo y comentarios y que me perdóneme por no responder de nuevo reviews.
Pero disfruten este según capi. Se los desea DN164.
Mi mejor amigo.
"Un verdadero amigo te apuñala de frente"
-Oscar Wilde
L
a noche era oscura…pero más lo era estando bajo aquel bunquer. Compartía su cama, y no se podía sentir más cómoda con quien la compartía, sin embargo el dolor que le chupaba desde adentro era peor que cualquier otra cosa.
Se giró sobre si misma y miró del otro lado, quedando así ambos de espalda, se recargó en la almohada y abrió sus ojos carmesí, los cuales eran lo único que brillaba en esa noche oscura y de tormento.
¿Es eso a lo que querían llegar? ¿A una guerra que la llevaba en contra de su padre? ¿A cuántos humanos más habrían perdido ese día?
Siempre se mostraba firme al frente, madura, con una mirada taciturna que dejaba claro que solo aquellos realmente cercanos a ella conocía su historia, pero esa era la misma historia que la consumía todas las noches.
Echaba de menos a su mamá, la cual ya había muerto. Le dolía tanto, se le hacía tan imposible que la hubiese perdido así, cuando era una de las personas que la habían vuelto una rebelde…y de Katherine no sabía nada en absoluto. ¿Para eso era la princesa de los Vampiros? ¿Para que le doliera como siempre? ¿Para que su padre la estuviera buscando a ella y a los demás para matarlos?
Se sentía fallada y emocionalmente agotada, es por eso que ahí, semidesnuda en una cama de metal si podía llorar, llorar a mares. ¿De que le servía tanta belleza? ¿De que le servía tanto talento musical? ¿De que le servía toda su actitud optimista y compasiva? Si al final tendría que cortar cabezas y despellejar a todo aquel que quisiera matar a Finn y a los demás. La culpa y la supervivencia la convirtieron en lo que ella no quería desde que su padre le anunció que había una vampiresa oculta en ella por sangre: un monstro.
Sus ojos azules…la idea de extrañarlos la hizo deprimirse más de lo que ya estaba. Cuanto los extrañaba los de ella y los de su madre. Al menos tenía los de Finn…y lucharía por ellos. Lo que le hizo pensar; ya había perdido a su madre ¿Lo perdería a él también?
Sus ojos se humedecieron de tan solo pensarlo y pronto comenzó a llorar como pocas veces lo hacia. Sus sollozos intentó callarlos para que no despertara a nadie, pero las lágrimas caían en la almohada apenas llena y se escurrían en sus mejillas y nariz.
Luego de eso sintió un movimiento y crujido en la cama.
-¿Marceline?...-escucho un suave susurró, ella se volteó sobre si misma y se topó con Finn, quien estaba sin camisas y la miraba algo preocupado, sin embargo sus ojos azules refulgían más que los de ella. Rápidamente Marceline se secó los ojos y lo miró igual.
-Finn, ¿Te desperté?- dijo ella, haciéndose la tonta.
-¿Por qué lloras?- le preguntó él, sin importarle. Si, lo despertó ¿Y qué? Ella estaba tan destrozada que él apenas y podía comprenderla, sin embargo, estaba ahí para ella.
-No, no estoy llorando, es solo que…-se le quebró la voz, y sin poder evitarlo comenzó a llorar de nuevo.
-No, no, no…no llores…-susurró Finn, y la rodeó con sus enormes y fuertes brazos, apegándola a su pecho, se acostaron de nuevo, sintiendo el contacto del otro. Finn oía como la chica lloraba sobre su pecho, mientras ella amoldaba su pequeña figura a sus brazos. Le encantaba estar así, se sentía segura.
-Tengo miedo, Finn…-sollozó Marceline, Finn la apretó más contra su pecho.
-Lo sé, linda. Pero mírame…-pidió el rubio, separándose un poco de ella para mirarla, ella le copió y lo miró igual. Le deslumbró su sonrisa- Yo jamás, jamás dejaré que te hagan daño…jamás- juró. Ella sonrió. Le reconfortaba un poco saber que al igual que ella, él se lo prometía.
-Yo también, Finn- le dijo, luego se dio la vuelta y el la abrazó por atrás, de manera que ambos quedaron viendo hacia un lado. Los brazos de Finn estaban rodeando su cuerpo, y debajo de las sábanas él sentía sus suaves y frías piernas, sin embargo se sentía a gusto.
-La vida es un asco…-soltó Marceline, lamentándose.
-No…-susurró el otro, cerrando los ojos con una gran sonrisa- Es una aventura-
Marceline soltó una pequeña risita y se volteó un poco a mirarlo. Esa era la cualidad que hacia a Finn su persona favorita; sacaba lo mejor de ella. Sonrió cuando se encontró con esos ojos azules.
-Tienes razón-
Finn le devolvió la sonrisa, la tomó de la barbilla y la acercó a su rostro, posando sus labios suavemente en los de ella. Ella el devolvió el beso y rodeó su cuello, dejándose llevar por esa pasión que incluso la hacía sentir tan cálida a pesar de todo.
Los ojos de Finn se abrieron después de ese sueño al recibir los primeros rayos del sol. A diferencia de todas sus pesadillas, se reincorporó lentamente, viendo que Fionna, Jake y Cake seguían dormidos.
Se sentía fresco, y sin duda extraño de todo lo que había presenciado en su mente…pero lo extraño era que se sentía bien, como si después de toda una semana finalmente hubiera descansado.
-Buen día, Finn ¿Dormiste bien ahora?- oyó una voz a sus espaldas, él volteó y encontró a Marshall, quien venía con unas manzanas en las manos, preparadas para el desayuno.
-Buenos días, Marshall- contestó Finn, tallándose los ojos, espantándose el sueño- Si dormí bien-
-Oh, que bueno- contestó Marshall, dejando las manzanas en el suelo, junto a la fogata, la cual, ya se había apagado, luego lo miró mejor y entonces amplió los ojos, algo divertido.
-Je, je, Finn…estas súper rojo-
-Rápido, Bonnibel- gruñó Marceline- No tenemos todo el día-
-Te recuerdo, Marceline, que no soy un vampiro y no puedo volar, así que te pido que no vayas tan rápido-jadeó la princesa, cansada de llevar horas caminando.
El viaje para ellas había comenzado, y al principio no fue nada agradable, porque la vampiresa se llevó arrastrada a la Dulce Princesa, literalmente. Esta llevaba una mochila rosa en su espalda y Marceline igual, solo que gris, con los alimentos, ropa y algunas cosas personales de cada una y usaban la misma ropa que cuando derrotaron al Señor de las Puertas, incluyendo el sombrero y guantes de Marceline.
Llevaban un día viajando, e iban en completa desventaja si los chicos seguían vivos y avanzando, y Marceline lo sabia. Se le habría hecho fácil solo volar por algunas horas y encontrarlo por el aire, pero quería llevar a Bonnibel para darle una lección por haber abierto la boca y dejarlos ir aun sabiendo que ese viaje podía costar la muerte.
Si, era mas tardado, pero mas efectivo, además, como se había mencionado, Bonnie era la que caminaba y la que mas sufría, y de paso también se llevaba a Beemo, aunque para el artefacto era mas fácil, ya que se colocaba en los hombros de las chicas de vez en cuando y al tener calor se escondía en el sombrero de Marceline.
Aunque para Marceline era mas sencillo por poder levitar se sentía atrofiada por el calor, a pesar de ir mas ligera que Marshall, y no lo negaba que a veces le cansaba demasiado mantenerse en vuelvo, por ello a veces caminaba al lado de Bubblegum, aunque no se dejaba de ver agotada y aliviada cuando caía la noche y se costaban a dormir.
La Dulce Princesa no durmió en la noche, debido al duro suelo y la tentación de que Marceline le mordiera el cuello, aunque cada vez que se volteaba a mirarla solo había una vampiresa dormida con aspecto apacible y cansado.
El día anterior avanzaron mucho; cruzaron lo que les quedaba del Dulce Reino, el Lago Azul y el Bosque Oscuro, saliendo a unas pequeñas arboledas mas claras donde pasaron la noche, y en ese momento cruzaban unas llanuras, lo cual era un martirio por el sol de medio día, para la Princesa por el sol en su cabeza y para la vampiro el calor de su cuerpo.
-Además...no tengo idea de por qué te trajiste tu bajo- respondió Bonnibel a la defensiva.
-Oh, por favor, princesa...- gruñó Marceline- Ni que te estorbara demasiado-
Y era cierto. Marceline no pudo dejar su mas preciada posesión en casa, por lo que cambió la forma del bajo a uno realmente práctico...Usando sus poderes de vampiresa, logró encoger su bajo hasta el tamaño de un dije, y la cuerda quedo solamente como un cordón que se ató al cuello, quedando como un collar. Lo necesitaba por cualquier cosa que sucediera.
Lo extraño era eso; un extraño presentimiento que la llevó a esa aventura.
Siguieron caminando en silencio, dejando que el sol sofocara a Marcy y le quemara a Bonnie.
A pesar de que el calor estaba inaguantable, un pequeño pero molesto problema las observaba. No tenia buena visión de las chicas, solo reconocía a la Dulce Princesa, pero en lugar de ver a Marceline veía a lo que parecía ser un sombrero gigante y andante.
-Jeje, debo aprovechar que mi Dulce Princesa esta bajo la protección de Finn y Jake y tomarla para hacerla mi esposa y para que seamos felices- dijo el Rey Helado, escondido entre algunos arboles cercanos.
No había visto a esos dos tontos en toda una semana, nada le aseguraría si estaban ahí o no, pero nada perdía intentarlo…salvo su dignidad, pero esa ya era otra cosa. Flotó hacia las chicas y de repente y de sorpresa, se ´posó delante de ellas, sobresaltándolas.
-¿Pero que?...-soltó Marceline, molesta- ¿Quién diablos eres tu?-
-Soy el que tomará la mano de la bella Dulce Princesa, sombrero andante- respondió el Rey Helado, haciéndose el payaso como de costumbre.
-¡Rey Helado!- exclamó la Princesa, aun más molesta- ¿¡QUE DEMONIOS HACES AQUÍ!-
-¿Conoces a este viejo?- le preguntó Marceline a Bonnie con cierta burla, señalando a Rey.
-Si, siempre ha tratado de atraparme para casarme con él- respondió la otra, fastidiada.
-¿¡COMO ES PÓSIBLE QUE NO ME CONOSCAS, SOMBRERO ANDANTE!- explotó el Rey Helado.
-Perdón…no veo muchos ancianos locos y con túnica hoy en día- respondió la vampiresa, algo divertida- Además, no soy un sombrero andante-
-¿A no? ¿Entonces que eres?- preguntó el Rey Helado.
-Soy Marceline, la Reina Vampiro-contestó ella.- Y estas comenzando a molestarme, vejete, así que dime; ¿Qué quieres y que haces aquí?-
-Quiero a la Dulce Princesa y he venido a capturarla- respondió el Rey.
-Pues no puedo dejarte hacer esto- dijo Marceline, cruzándose de brazos.
-¿Por qué no?- preguntó el Rey Helado, algo exaltado.
-Porque me esta ayudando a encontrar a Finn y a Jake- contestó la vampira, un poco consiente de que estaba a punto de empezar un enfrentamiento algo molesto.
-¡No dejare que los encuentres! ¡No hasta que yo obtenga a mi princesa!- gritó el Rey Helado.
-Veo que no vamos a poder zafarnos de esto con solo palabras…-dijo Marceline con burla, entonces se quitó el collar del cuello y en una llamarada roja su bajo-hacha volvió a la normalidad, entonces el Rey Helado sintió que no estaba frente a cualquier "Sombrero andante", pero eso no le quitaría a su princesa.
-De acuerdo- dijo el Rey helado, preparando en su mano unas descargas de hielo brillante- No me importa que Reina seas, no me conoces y no me dejas tomar a mi Princesa por la buenas ¡Me has puesto furioso!-
-Si, no sabes que miedo le tengo a un vejete…-respondió Marceline, rodando los ojos.
-Marceline…-trató de calmarla la princesa, pero Marceline estaba decidida a quitarse de encima a quien se pusiera en su camino, y más si se trataba de Finn y Jake.
-¡MORIRÁS, VAMPIRO!- gritó el Rey Helado y entonces embistió contra ella. Marceline recibió el impacto y ambos fueron a caer al suelo. Sentía asco de que un viejo estuviera encima de ella.
Pudo quitárselo de encima cuando quisiera, pero se quedó ahí, inmovilizada por el otro cuando vio que su sombrero se había salido de su lugar y yacía a algunos metros de ellos, no obstante, el cuerpo del Rey Helado le bloqueaba el sol y aun no le daba en la cara, pero parte de los hombros aun seguían al descubierto y le ardían un poco.
Aunque el Rey Helado también la pudo atacar así, teniéndola así también se quedó inmóvil y con un enorme brillo en los ojos…
Lo que había dicho que era un sombrero andante era la mujer más bonita que había visto, claro, también su perversión estaba del lado, pero aun así. Nunca vio un cabello tan negro o unos ojos tan rojos y brillantes o una sonrisa así, aunque no estaba sonriendo. Era mejor que cualquier princesa con la que se hubiese topado.
-Eres…bellísima…-murmuró. Marceline gruñó y lo pateó en el estomago, apartándolo de ella y recibiendo toda la luz del sol.
-¡Ahhhhhh!- gritó la vampiresa al sentir como su piel ardía y se tostaba por el sol.
-¡Marceline!- gritó Bonnibel y corrió hacia ella, quitándose el suéter que traía encima y tapándole la cara y los hombros. Después de esto, ambas terminaron de rodilla- ¿Estas bien?-
-Si…- susurró Marceline, aun adolorida, afortunadamente la Princesa logró taparla a tiempo antes de que se hiciera más daño. Luego de reincorporarse un poco, miró furiosa al Rey Helado, quien aun seguía prendado.- ¿¡CUAL ES TU RPOBLEMA, VIEJO!-
-Eres hermosa…- murmuró el otro. Marceline enarcó una ceja y Bonnibel soltó una risita. Era irónico que ahora Marcy fuera el sol del Rey Helado después de estar bajo una sombra. Pero no lo negaba, Marceline era muy hermosa.
-Creo que cambié de opinión- dijo el Rey Helado, sonriendo malévolamente- ¿Por qué conformarme con una princesa simplona, cuando puedo tener una reina a mi lado?-
-¿A tu lado?- preguntó Marceline, poniéndose de pie, incrédula y molesta.
-¿Simplona?- repitió la Princesa, enojada.
-Ven conmigo, Marceline, La Reina de los Vampiros. Cásate conmigo y vivamos en nuestro reino de muerte y hielo…- propuso el anciano, dramáticamente.
-¡DIN! ¡DIN! ¡DIN!- dijo Marceline, imitando la campana de una pelea de box cuando se anuncia al vencedor y le dio de llenos con su bajo, sacándolo volando tan lejos que al final terminó por no verlo.
-¡Te conquistaré algún día, mi amor!- gritó el hombre, mientras volaba por los aires.
Marceline miró satisfecha como había acabado con su acosador.
-Hasta luego, vejete…-dijo entre dientes, molesta de que casi la mata con la luz del sol. De repente unas risitas la hicieron voltearse, molesta. Era Bonnie quien se reía a todo.
-Jaja, parece que tienes un nuevo admirador, Marceline- se burló Bonnibel, pero la vampiresa se volteó a mirarla enojada.
-Cállate-
La princesa volvió a reír.
-Vámonos, hay que avanzar lo más que podamos- dijo, agachándose a darle su sombrero- Lo más seguro es que vuelva- dijo, tendiéndoselo.
-Espero que no, si no le cortaré la cabeza- dijo, quitándose rápidamente el suéter de Bonnie y poniéndose su sombrero de nuevo, luego de eso, se lo entregó a la Princesa.
-Me harías un favor también a mi- dijo Bubblegum.
-Si, si. Vamos- dijo la vampiresa tomando su mochila y continuando su camino.
El viaje par los muchachos continuó mejor que nada…bueno, aquello entre comillas, porque a pesar de que no había problemas ni nada, Marshall y Fionna esta vez no se hablaban nada, de hecho a Finn le daba miedo que las chicas decidieran dar media vuelta y volver a Aaa.
Marshall y ella eran tan orgullosos, al final estaba seguro que uno terminaría por hablarle uno al otro, pero si decidían volver estaba seguro que ambos tomarían el camino, Marshall la dejaría ir y Fionna y Cake estarían en peligro. No es que le importara, pero era un caballero y no debería dejarla sola, entonces sería diferente, por que el se vería entre dos lados y fuertes.
Llegaron a una arboleda, donde corría un río de aguas cristalinas y calmadas, su nivel era tan bajo que incluso podían cruzar hacia el otro lado caminando, había algunas rocas con las que el río chocaba, pero nada más. Ese río no era peligroso.
-Bien, ya llegamos- dijo Marshall, poniendo las manos en la cintura- El Río del Cielo, podemos cruzarlo sin ningún problema-
-Seguro, viejo- dijo Finn- No hay problema por nosotros, ¿verdad, humana?- se dirigió Fionna, entusiasta y para animarla un poco.
-Lo que sea…vamos- se limitó a contestar Fionna y comenzó por quitarse las medias blancas y largas y sus zapatos.
-Bien pensado- dijo Finn y le copió. Luego de eso ambos guardaron sus cosas.
-¡Vamos, humanos! Se nos está haciendo tarde- dijo Cake, quien ya se había metido al agua, la cual chocaba con sus patas.
-Ya rugiste, gata- dijo Jake- Vamos, hermanito-
-Si- contestó Finn, luego miró a Fionna- Las damas primero- ofreció. Fionna sonrió de medio lado.
.-Eres muy cortes para tu estatura- se burló.
Y ahí empezaba de nuevo la discusión y ofensas de todo los días. A veces Finn se preguntaba si Marshall no tenía razón en estar tan enojada con ella.
-¡CRUZA ESE RÍO SI NO QUIERES QUE YO TE EMPUJE!- gritó Finn algo desesperado.
-Esta bien…ya voy- respondió Fionna, rodando los ojos y metiendo su pie al agua. Sintió algo de frío al contacto, pero luego continuó caminando atrás de Cake. Finn miró a Marshall.
-Ahora veo porque te enfadas- le dijo Finn. Marshall sonrió y le acarició amistosamente la cabeza.
-No importa, niño- dijo Marshall, fingiendo que tampoco estaba de mal humor- Mejor cruza ya-
-Si- contestó Finn, luego de eso se metió al agua arremangándose el pantalón hasta donde pudo y continuó caminando, luego de eso Marshall voló sin la necesidad de meterse al agua y Jake lo hizo tras de él.
No duraron ni cinco minutos cruzando el rió, pues cuando Finn iba a la mitad, Fionna y Cake ya habían llegado al otro extremo del río, sentándose en el césped y secándose los pies con una toalla que la humana traía en su mochila.
-¡Rápido, no estamos haciendo viejas!- gritó Cake.
-¡Ya vamos!- respondió Jake.
Finn fue el primero de los tres muchachos al pie del césped y luego se giró para cuando Marshall llegó flotando a su lado. Lamentablemente Jake fue el que se atrasó más que los otros…
-¡Rápido Jake!- gritó Finn.
-¡Si, viejo, ya voy!- respondió el perro- ¡Es que mis patitas no se llevan bien con el agua!-
-¡Date prisa, perro!- gritó Cake.
-¡Voy! ¡Voy!-
De repente un escalofrío le recorrió a Marshall, era una presencia tan pesada que sintió que caería de rodillas en cualquier momento. Volteó por acto reflejo, con los ojos abiertos de par en par, y Finn se dio cuenta de que se puso tenso y alerta.
-¿Qué pasa?- preguntó el humano.
-Esa esencia…-murmuró Marshall.
Jake seguía cruzando, entonces sintió que algo se le enredó en el tobillo y cayó al agua, pero el río era tan bajo que ni siquiera le cubrió la mitad del cuerpo.
-Jake ¿Estas bien?- preguntó Finn, algo preocupado. El perro se enderezó un poco.
-Tranquilo, viejo, solo me atoré con algo- respondió Jake. Entonces se oyó un estruendo rió arriba que los hizo girara hacia donde provenía ese ruido.
-¿Qué es eso?- preguntó Fionna, pero nadie le respondió. A decir verdad nadie lo sabía…hasta que vieron como una enorme corriente de agua se iba directo contra Jake con toda la fuerza del mundo. Al instante todo pegaron un grito.
-¡JAKE! ¡RÁPIDO, VIEJO!- gritó Finn.
El perro comenzó a desesperarse y a ciegas comenzó a desatarse lo que lo tenía aprisionado con gran susto, mientras todos le gritaban. Sabían de la situación. Jake podía nadar y lo hacia bien, pero si se golpeaba con las rocas no tendría oportunidad alguna. Para variar, Marshall no se había desechó de esa sensación en nada.
-¡Hay, mamachita!- soltó Jake, preso del pánico.
-¡DATE PRISA, PERRO!- gritó Cake.
No le dio tiempo.
El perro solo alcanzó a ver la gran cantidad de agua que lo aplastó ahogando su grito, luego de eso, el río comenzó un ritmo realmente salvaje y Jake se hundió, desapareciendo de la vista de todos.
-¡JAKE!- gritaron Marshall y Finn.
-¡PERRO!- gritó Cake, mientras Fionna solo veía asustada lo que había pasado.
Finn, corrió a la orilla sin dudarlo, se quitó la mochila y la botó por ahí.
-¡TRANQUILO, HERMANO! ¡YA TE SALVO!- gritó, aun desesperado. Sin pensarlo dos veces se ventó a ese río que hasta hace unos ratos había sido tranquilo y pacifico.
-¡FINN!- gritó Marshall, y se acercó a la orilla, pero aunque quisiera no podía entrar. Buscó a que Finn saliera del agua, pero no había nada- ¡FINN!- esta vez llamó al humano. Nada. Después de unos segundos de preocupación, el humano salió jadeante entre toda la cantidad y movimiento del agua. Se alivió un poco, pero su pequeño cuerpo no daría para mucho su se golpeaba con una roca o algo-¡FINN! ¡VUELVE!-
El humano hizo caso omiso a sus plegarias, oía los gritos de Fionna, Marshall y Cake a sus espaldas, pero nadó, buscando a Jake. El movimiento le pegaba tan duro en el estomago, y sentía que era golpeado por algunas rocas mientras el agua que le salpicaba con furia se le metía por la nariz y la boca, quemándole la garganta, sin embargo nadó aun, tratando de hallar a su hermano, el cual de seguro seguía debajo del agua. Esa era una de las razones por las cuales odiaba el océano y nadar tan abiertamente.
No lo dudó más y se metió al agua, siendo golpeado por más agua que lo hirieron. Sus ojos estaban irritados y enfocados en una nube de polvo y rocas ¿Cuándo se había vuelto el agua tan café?
A lo lejos divisó una silueta, y como pudo se acerco a ella. Cuando lo miró más de cerca supo que era Jake, quien se encontraba atado a lo que parecían se algas ¿Algas en agua dulce? A pesar de aquella extraña cosa, se acercó a Jake, quien estaba inconsciente por quedarse sin respirar y haver tragado tanta agua. Finn desató como pudo a Jek y lo tomó, nadando con él hasta la superficie antes de que ahora el desfalleciera.
Cuando se caercó a la luz del día y luego a la superficie salió tomando una gran bocanada de aire.
-¡FINN!- esta vez quien gritó fue Fionna, aliviada de no haber perdido a alguien que la escuchó toda la noche y que le regaló un poco de su tiempo de sueño.
Finn intentó nadar con las pocas fuerzas que le quedaban hasta la orilla, cuando de repente algo se le ató al pie y lo jaló hacia abajo del agua, de nuevo.
-¡Finn!- gritó Marshall.
Debajo del agua, a Finn se le volvió toda la vista borrosa, sin embargo no soltó a Jake para nada. Miró hacia abajo y vio como esas mismas algas le aprisionaban de los tobillos. Parecían tener vida propia, porque mientras él se quedaba sin fuerzas, esas cosas tiraban más y más de él. Por un instante sintió que de verdad iba a morir ahí, junto a su hermano.
Moriría sin haber vivido una gran aventura, sin hacerse inmortal, sin ver de nuevo a Marceline.
Marceline, Marceline, Marceline… ¡Cielos, era tan egoísta! Moriría dejándole a Marcy la preocupación y una tristeza tan grande que hasta a él le parecía injusta. La haría sufrir de nuevo con su muerte, y de la manera más absurda e imprudente. Recordó el sueño que había tenido con ella, sin duda lo había disfrutado mucho y esa era la imagen más real que tenía de ella. Al menos moriría con su imagen.
De repente vio una silueta que se acercaba más a él.
"¿Marceline?"…pensó erróneamente, porque incluso en su lecho de muerte, le pareció que estaba ahí con él.
Pero no se confundió más cuando vio el cabello negro y corto, entonces vio la mirada de Marshall, decidido a salvarle la vida. El vampiro lo tomó de las muñecas y lo guió hasta la superficie, jalándolo con todas sus fuerzas, e intentando liberarlo de las "algas".
Finn dio otra bocanada de aire cuando salió a la superficie, entonces se dio cuenta de la situación.
Las algas aun lo jalaban hacia abajo, pero Marshall tiraba de sus muñecas para sacarlo completamente, aun tenía a Jake en brazo, inconsciente y Marshall estaba sin camisa…¡Marshall estaba sin camisa! ¡El sol!
Se tardó un momento en reaccionar cuando vio eso, y abrió los ojos de golpe cuando vio las muecas de dolor y esfuerzo del vampiro, mientras la piel de su torso que quemaba hasta el punto de sacar un leve humo negro.
-¡MARSHALL!- soltó Finn, más preocupado por el vampiro que por ellos.
-¡No te sueltes, Finn!- gritó el vampiro, quien también sentía que ya no podría más y seguiría siendo consumido por el fuego de los rayos solares.
Estaba a punto de perderse todo cuando Fionna se arriesgó a subirse en una se las rocas que le servía como puente entre la orilla y la superficie y rodeando la cintura de Marshall e impulsándose hacia tras. La fuerza que ejerció Fionna fue suficiente como para que las algas cedieran la pelea y soltaran a Finn, quien sentía que lo partirían por la mitad.
Todos salieron disparados hacia la orilla, dándose con gran impactó en el suelo.
Jake cayó, salpicando el agua y Finn como un pescado recién capturado, pero Marshall y Fionna cayeron de manera diferente; él cayó encima de ella, pero estaba demasiado herido como para notarlo, sin embargo, Fionna sintió como la aplastaba y como era empapada por su cuerpo. No pudo evitar sonrojarse.
Marshall se reincorporó un poco, jadeando y adolorido, entonces, al encontrarse muy cerca del rostro de Fionna y ver que la estaba aplastando, también se sonrojó.
-¡Fionna! ¡Lo siento!- se disculpó, al instante, pero las cosas no se terminaban ahí.
De repente las mismas algas que aprisionaron a Finn, emergieron de la superficie con un triple de tamaño, parecía un pulpo gigante que alcanzaron la orilla…entonces se le enredó esta vez a Fionna en el tobillo, y empezó a jalarla hacia él agua, quitando a Marshall de encima de ella.
-¡FIONNA!- grietó Marshall, y no le importó que estuviera herido o que se hubiera peleado con ella, flotó y la jaló de sus muñecas, igualo que Finn.
-¡YA TE SALVO, HUMANA!- gritó Finn, quien escurriendo aun se levantó del suelo, tomó la espada de su mochila y cortó el alga, liberando a Fionna, quien de nuevo cayó de espaldas junto a Marshall. Las algas se encogieron y luego se hundieron de nuevo en el río, el cual comenzó a establecerse de nuevo.
-¿¡PERO QUE DEMONIOS ERA ESO!- soltó Fionna, agitada.
-No tengo idea…respondió Marshall, jadeando- Pero no cabe duda que acabe como un pan dorado- dijo con dolor y cayó al césped, retorciéndose, Fionna se acercó a él y lo tomó del hombro, mientras veía lo mal que se le notaba.
-¿Estás bien?-
-Chicos, tenemos otro problema- dijo Cake, ellos voltearon, al igual que Finn, quien se hallaba de rodillas, cansado igual.
La gata estaba al lado de Jake, quien seguía inconsciente y terriblemente pálido.
-¡Jake!- soltó Finn, preocupado y se acercó a su hermano, igual que Fionna y Marshall. El humano notó que el pecho de Jake no se movía- ¡JAKE! ¡VIEJO, DESPIERTA!- gritó Finn, desesperado.
-No está respirando- dijo Marshall, acercando su oído al pecho del perro. Finn negó con la cabeza precipitadamente. Si perdía a Jake no iba a saber que hacer. Marshall miró a Fionna de manera decisiva. En ese momento ya no importaba lo que se hubieran dicho anoche- ¿Masaje cardiaco, Fi?-
-Vale- respondió Fionna. Marshall puso sus manos sobre el pecho de Jake y comenzó a presionar de manera consecutiva.
-¡Uno, dos, tres, ahora Fionna!- dijo Marshall, entonces Fionna comenzó a darle respiración a Jake de boca, tapándole la nariz. En otros tiempos Finn hubiese visto raro eso, incluso enfermo, pero esa era una situación muy complicada. Estaba peleando por la vida de Jake.- No responde- anunció Marshall, una vez que Fionna se separó de él- ¡UNO, DOS, TRES! ¡AHORA!- Fionna de nuevo se acercó a los labios de Jake.
-¡Vamos, hermano! ¡No me dejes!- dijo Finn, al borde de las lágrimas. Fionna se separó de nuevo y Marshall comenzó de nuevo a presionar.
-¡UNO, DOS, TRES! ¡VAMOS, JAKE! ¡UNO, DOS, TRES...!- de un momento a otro Jake se enderezó de golpe, escupiendo y tosiendo toda el agua que había tragado.
-¡Jake!- soltó Finn, aliviado. El perro abrió los ojos y lo primero que vio fue a todos, mirándolo muy asustados.
-Soñé que tu novia me besaba…- fue lo primero que dijo, mirando a Fionna y Marshall, quienes se sonrojaron.
-Jake…- a Finn no le importó y abrazó a su hermano, quien le correspondió sin nada más que decir. Él también estuvo a punto de alejarse de su hermano por igual. Marshall, aun herido y empapado, sonrió de manera enternecida ante los dos hermanos y luego miró a Fionna.
-Fue un buen trabajo que equipo- le dijo a la rubia. Ella sonrió igual, algo apenada por su comentario.
-Lo hicimos los dos- respondió Fionna, asintiendo y dejándole ver que eran buenos juntos, a lo que el vampiro amplió su sonrisa.
-¿¡LOS DOS!- estalló Finn-¿¡Y QUE HAY DE MI! ¡CASI MUERO!- dijo, despegándose un poco de Jake.
-¡Mira, humano! ¡No es cierto, al final tuvimos que rescatarte también a ti- gritó Fionna.
-¿¡Así! ¡Pues veo que ya se te olvidó que…!- comenzó a protestar Finn.
Y así comenzó otra divertida sesión de ofensas para calmarlos un poco, pero no para Marshall, quien enfocó su vista minuciosamente en el río.
La presencia desapareció, pero no dejaba de dejarle estragos en la mente.
"Esa esencia era la de…no, es imposible".
Después de otro día de viaje, donde casi mueren todos, llegó la noche en Ooo, sin embargo las cosas eran diferentes, tal vez se debía a que lo que pasó los hizo valorar más a cada quien.
Se instalaron en un pequeño bosque, a la orilla de una pequeña lagunita de aguas cristalinas y sin movimiento, con unos peces que tal vez les servirían como desayuno. Mientras Finn instalaba con Jake y Cake un improvisado campamento, Fionna y Marshall habían ido a recoger leña para la fogata.
Finn se pudo haber ofrecido para evitar pelas con esos dos al dejarlos solos o más ofensas brutales y palabras hirientes, pero cuando esos chicos llegaron, no llegaron tan enfurruñados como Finn había pensado, al contrario, llegaron con una gran sonrisa y con un buen bonche de leña.
Cenaron las manzanas que habían adquirido en la arboleda de la noche anterior, y los primeros en caer dormidos fueron Cake y Jake, a quienes sus hermanos arroparon cariñosamente.
Pese a que Jake salió vivo de esa situación, Finn no de jaba de sentirse mal. El perro estornudaba cada dos minutos, y cuando se acerco, sintió a su hermano algo caliente, lo suficiente como para que le diera una pequeña gripe.
-Creo que Jake tiene fiebre- le dijo a Fionna, mientras miraba como su hermanos tosía entre sueños.
-No te preocupes- dijo Fionna- Cake metió una medicina muy buena, se la podemos dar en la mañana para que pueda viajar-
-Si, gracias- dijo Finn. Parecía extraño, pero esa chica y su gata se portaron mejor en todo el día, después de los que pasó en el río.
-Vengo en un momento- dijo Marshall. Poniéndose de pie.
-¡Hey! ¿A dónde vas?- le preguntó Fionna.
-Voy a buscar un poco de eucalipto, vi un poco más atrás. Iré a recoger algunas para el pulgoso- dijo Marshall, y antes de que Finn pudiera agradecérselo, desapareció entre la oscuridad de la arboleda.
Finn no podía olvidar la expresión de Marshall antes del accidente, ni su expresión de dolor cuando lo intentó sacar del agua, recibiendo todos los rayos del sol. Se sentía también culpable, pues no le había dado la oportunidad de agradecerle apropiadamente. Además, el vampiro se puso mucho más tenso después de los que pasó, como si algo se hubiera despertado en él.
A decir verdad, el humano tampoco sabía que pasó en realidad. ¿Algas vivientes en un río de agua dulce? ¿Qué le pasaba al mundo?
-¿Sabes? A veces pienso que es raro- dijo Finn, una vez que se quedó solo con Fionna y se sentó al lado de la fogata, junto a Fionna, quien terminaba de comer un buen plato de espagueti. Fionna rió un poco.
-Jeje, un poco- dijo Fionna- Sin embargo…es un gran amigo- suspiró.
-Te salvó la vida- dijo Finn- Creo que es suficiente para lo que te dije anoche: El si te quiere-
-Por supuesto que me quiere- dijo Fionna- Pero…yo le dije lo contrario- de repente, entristeció la mirada.
-¡Ah! ¡Chihuahua! ¡Y estuvo bueno!- explotó Finn- Dime que pasó, estoy hasta el colmo de todo lo que se gritan para que al final regresen con una sonrisa de "no pasó nada", así que aprovechan do que no está Marshall ¡DIME QUE PASÓ EN AAA!-
Fionna miró algo sorprendida a Finn por su cambio de humor y luego rió sonoramente, al ver como estaba tenso.
-De verdad, eres desesperante- dijo, soltando una risita.
-¿Me vas a decir si o no?- preguntó Finn, algo fastidiado. Fionna se pusó algo seria y se recargó en sus manos hacia atrás, mirando el cielo.
-Esta bien. Te lo has ganado- dijo, mirando las estrellas- Te diré que fue lo que pasó-
Finn se giró a ella mejor, y puso toda su atención en ella.
-Bueno…fue poco después de el Baile del Dulce Príncipe, él se llama Gumball- comenzó Fionna.- Yo lo creía un buen amigo…hasta una noche…
"Resulta que, en el baile del Dulce Príncipe, la Reina Helada me engañó, haciéndose pasar por él, cuando me di cuenta le pateé el trasero, pero Gumball quedó prendado ante mí. Pasó de ser uno de mis mejores amigos a unos de mis acosadores número uno. No es que me molestara, a decir verdad el príncipe me gustaba, sin embargo lo rechazaba constantemente, diciéndole que solo le quería como amigo…entonces, eso pasó…
Hace unas semanas, ya algo noche, el príncipe nos pidió a mi y a Cake que vigiláramos el palacio, ya que había algo merodeando que les estaba causando mucho miedo a su gente. Y así fue, pero Cake y yo nos separamos por un momento, yo vigilaría en el castillo, mientras ella a las afueras del pueblo.
Mientras estaba en el palacio, el príncipe me llevó a su habitación, no pensé que fuera para lo mismo que pensé en otra ocasión (N. de la A.: En esta parte me refiero en el episodio de "Fionna y Cake", donde la Reina Helada, disfrazada del Dulce Príncipe, la lleva su habitación.), pero me equivoqué."
(Flashback)
-¡Wow! Se ve todo Ooo desde tu ventana- dijo Fionna, empinándose un poco sobre la ventana de la Habitación del Dulce Príncipe.
-Si, tienes razón…-dijo Gumball- Si quieres, podrías quedarte aquí para siempre-
-¿Para siempre?- preguntó Fionna, algo confundida y girándose a verlo. Por un instante le pareció que el tono del príncipe cambiaba.
-Si…si…tú sabes. Si te quedaras conmigo para siempre- ofreció el príncipe, tomándole la mano. Fionna se ruborizó al instante, sintiéndose realmente incomoda, pues ahí empezaban de nuevo esos momentos de rogar y rechazar.
-Que lindo eres, Gumball, pero…ya te he dicho que no…no quiero que seamos algo más que amigos- respondió ella.
Otras veces, el príncipe había actuado prudente y respetuoso, pero en ese momento apretó más el agarre de su mano y frunció el ceño.
-¿Sabes que, Fionna? Esto me esta empezando a cansar- dijo, enojado. De repente Fionna se sintió en una de las situaciones que más le molestaban: Obligada. Así que se zafó con fuerza des su agarre.
-¡Pues me da gusto! ¡Porque esto me esta empezando a hartar a mi también!- soltó la otra, muy molesta.
-De acuerdo. Recházame de nuevo, yo sé que lo sentirás- dijo el otro, con rabia.
-No, no lo creo ¡Y no lo siento!- contestó Fionna, a la defensiva. De repente vio toda la rabia que embargó al príncipe.
-¿Qué dijiste?- masculló el chico, entre dientes.
-¡Que no lo siento!- volvió a decir Fionna, sin temor alguno- ¡Si! ¡Hubieron momentos en los que si me gustaste mucho y sin embargo no tuve ni un poco de tu atención!-
-¿Quieres atención?- dijo el príncipe con fiereza, al instante Gumball la tomó de la muñeca y la empujó a la cama.
-¿¡Que estas haciendo!- soltó Fionna, viendo como el príncipe se ponía encima de ella, inmovilizándola por completo.
-¿Quieres atención? ¡PUES YA TE LA ESTOY DANDO!- gritó, furioso. Entonces intentó besarla a la fuerza.
-¡QUE! ¡NO!- gritó Fionna. Tratando de salirse de su agarre, pero ese tipo la tomó de las muñecas, ella lo pateó varias veces, pero el príncipe la sujetó con más fuerza más que furioso- Empezó a jalarle la blusa, y ella estaba tan desesperada por su vano intentó de sacárselo de encima, sin embargo, y pesar de que era muy fuerte como mujer, no fue suficiente ´para cubrir la de un hombre.
De repente algo apartó al príncipe de ella, y luego lo golpeó. Ella se reincorporó rápidamente y miró sorprendida a quien lo había atacado.
-Marshall…-dijo, sin palabras. El vampiro se giró a ella, con un aspecto salvaje, pero preocupado.
-¿Estás bien, Fionna?- le preguntó, ardiendo en rabia. Ella solo alcanzó a asentir y luego el vampiro se giró al príncipe, y lo tomó de la camisa del cuello.
-¡DESGRACIADO! ¡VUELVE A TOCARLA Y TE JURO QUE…!- comenzó a decir el vampiro, preparando su puño, pero se repente Fionna lo detuvo, abrazándose de su brazo. El vampiro la volteó a ver confundido.
-No, Marshall, no le pegues…- le suplicó la chica.
¡ZAZ!
En lo que Marshall la veía, sorprendido de su estupidez, el ñprincipe le respondió con otro golpe en el rostro que lo hizo soltar y empujar a Fionna.
Luego de eso la que se fue directo al príncipe fue Fionna.
- ¡IDIOTA! ¿¡POR QUE HACES ESTO! ¡MAS TE VALE QUE LE ALEJES DE MI! ¡YO YA NO QUIERO NADA CONTIGO!-
El príncipe se deshizo del agarre de Marshall y tomó a Fionna del brazo, apegándola a él y encarándole muy de cerca.
-¡NI QUIEN TE FUERA A HACER CASO, ESTUPIDA!-
¡ZAZ! Otro golpe por parte de Marshall hacia el príncipe, esta vez lo tomó de la camisa y lo golpeo más veces.
-¡VUELVE A TOCARLA Y TE ARRANCÓ LOS BRAZOS!- gruñó Marshall. Pero Fionna lo detuvo de nuevo.
-¡NO! ¡Ya basta, Marshall!- dijo, empujándolo del pecho. Marshall la miró sorprendido por eso ¿Qué no veía lo que estaba pasando? ¿Qué acaso era tan tonta?
-Fionna, no seas así…no ves todo lo que ya te ha hecho…-dijo Marshall, más sorprendido que dolido.
-¡POR SUPUESTO QUE LO SÉ! ¡NO SOY UNA NIÑITA TONTA CON LA QUE SIMEPRE ME HAS CONFUNDIDO!- grintó Fionna, al borde de las lagrimas.
-¿¡Y por eso vas a dejar que este maldito juegué contigo como se le dé la gana!- explotó Marshall.
-¡No, claro que no!- contestó Fionna- ¡Pero tampoco quiero tu ayuda! ¡Tu no sabes lo que quiero!-
Aquello pasó de ser una pelea entre Marshall y el Dulce Príncipe a una entre Marshall y Fionna.
-¡Tienes razón! ¡NO lo entiendo!- contestó Marshall.
-¡Ese es el punto! ¡NO TIENES NI IDEA! ¡TE ODIO!-
La cara de Marshall se desfiguró del dolor ¿Cómo podía decirle eso cuando la había salvado?
-Entonces yo tampoco quiero nada que ver contigo…-susurró Marshall con dolor, y luego salió flotando por la ventana.
Fionna en ese momento se sintió fatal. No debió desquitarse con Marshall, pero en ese momento se sentía demasiado trastornada y con miedo de perder a sus dos amigos.
El Dulce Príncipe se reincorporó un poco del suelo, con sangre en los labios a causa del golpeteo de Marshall con una risita burlona.
-Que fuerte…-rió el otro. Fionna gruñó y le dio una patada en el estomago, haciendo que cayera completamente inconsciente.
Luego de eso volteó a la puerta y vio a Cake, claramente asustada y apenada también.
-Perdóname, Fi. Marshall me preguntó donde estabas…-
(Fin de flashback)
-Y, eso fue lo que pasó…- suspiró Fionna.
-¡Wow! ¡Que fuerte!- soltó Finn algo impresionado.
Ahora veía porque se habían enojado tanto. Todo por culpa de ese Gum…como se llamara.
No era cualquier cosa, y entendía a Marshall de por qué se había enojado. Él también lo hubiera hecho, que después de haber rescatado a alguien todavía se le pusiera pesado…bueno…si era molesto.
Pero también notaba la tristeza y lo mucho que les molestaba aquello a los dos, por no decir todo lo que les parecía doler. Ambos se querían, si no Fionna no lo hubiera seguido y no se habría disculpado durante toda la semana y Marshall no le habría salvado la vida.
Nunca le había pasado eso con Marceline, lo único más cercano fue lo de Ash, pero ambos cobraron venganza y Marceline no le replicó nada, al contrario, le agradeció.
-Todo aquello lo entiendo- dijo Finn, abrazando sus rodillas- Pero lo que no es eso de por qué te enojaste con Marshall. Él solo intentaba a ayudar-
-Lo sé. Yo también me lo preguntó- contestó Fionna. Supongo que estaba demasiado agobiada en ese momento, además tenía miedo.-
-¿Miedo de que le diera su merecido a ese idiota?- preguntó Finn, refiriéndose a Gumball.
-No- respondió la humana- Miedo de que Marshall saliera lastimado por mí-
Fionna parecía apenada, en la manera en la que se ruborizó y Finn supo que hablaba con la verdad.
No sabía mucho de mujeres, y de hecho era lo que a él se le denominaba "pésimo con ellas", pero Fionna era otra cosa. Ella y Marshall estaban molestos por cuidar y defender al otro, enojados por que el otro cometía estupideces por ponerse en peligro. Eso le hizo pensar, ahora que el iniciaba todo un viaje lleno de peligros (iniciando por lo del río) ¿Se enojaría también con Marceline?
-Y dime, cambiando de tema ¿Cómo es tu amiga Marceline? Veo que Jake y tú hablan mucho de ella- dijo Fionna, ahora mirándolo a él con una gran sonrisa.
Finn le sonrió igual y miró a las estrellas, buscando de nuevo inspiración en esa noche.
-Para resumir, Marceline es mi mejor amiga…-
Ya era de noche cerrada, y los chicos se habían dormido del todo…aunque no todos.
Cuando Marshall llegó, Finn y Fionna se habían quedado dormidos junto al fuego, por lo que los arropó y esperó a que el fuego se consumiera. No podía dormir, aunque se sentía completamente cansado. Pero las quemadas le ardían a horrores. No dejó que vieran lo mucho que le dolían para no preocupar a Fionna ni a los demás, mucho menos al muchacho. Y bastante tenía con su hermano.
Aprovechó su momento s a solas y se quitó todas las camisas que traía, sintiendo la frescura de la noche sobre su abdomen y caminó a la lagunita, donde la luna en menguante resplandecía sobre el agua, pareciéndose a un espejo luminoso. Se quitó los pantalones y se quedó en ropa interior, luego se sentó en la orilla, y con una jicarita que tomó prestada de la mochila de Finn, comenzó a echarse agua en las heridas, más tare por la espalda y luego desde la cabeza.
Hacía días que no se sentía tan fresco, a pesar de la temperatura de su cuerpo.
-¿Marshall?- oyó una voz a sus espaldas. Él volteó, dejándose ver semidesnudo…entonces quien lo llamó se puso rojísima y él no se quedó atrás.
-Fionna…-murmuró apenado. Al instante la chica se tapó los ojos y se giró hacia el otro lado.
-¡Lo siento! ¡Yo no quería!...- comenzó a decir Fionna. Entonces, de repente oyó un quejido que la hizo descubrirse los ojos. Era Marshall, quien sin querer se había golpeado con la jicarita en una de las heridas de sus manos.
Fionna enfocó la mirada y vio mejor que su amigo estaba repleto que quemaduras rojas, que incluso se veían con la luz de la luna.
-Estas…lastimado…-dijo Fionna, tragando saliva.
-No es nada…solo…-comenzó a explicarse Marshall.
-Déjame ayudarte- dijo Fionna, tomó un trapo, se acercó al lago, lo mojó y luego se hincó junto a Marshall, limpiándole las quemaduras. No sabía nada de medicina, pero si algo aprendió de Gumball era que, cuando te quemas, debes refrescar la quemadura.
Estaba completamente sonrojada de tener a Marshall así de cerca, con su abdomen tan fuerte y perfecto y sus fuertes brazos…movió la cabeza frenéticamente al tener ciertos pensamientos.
Marshall sin embargo no dijo ni una palabra, solo veía el rostro apacible y rojo de Fionna, mientras le limpiaba las heridas. En otros tiempos no habría silencio, solo risas por todo lo que les había pasado.
-Lo siento, Fionna. Comenzó a decir Marshall. Fionna negó con la cabeza aun más roja, sabiendo de sobra que no se refería al sueño que le estaba quitando o por haberla despertado.
-No, yo lo siento. No habría pasado todo eso si no te hubiera dicho aquello en Aaa- se disculpó Fionna.
-Tal vez no fue tu culpa- dijo Marshall, apretando los puños- Yo no debí actuar así de estúpido, y tu estabas asustada… yo solo…- de repente se detuvo, algo sonrojado.
-¿Tu solo qué, Marshall?- preguntó Fionna, dejando de limpiarle por un momento, invitándole a que siguiera. Marshall tragó saliva.
-Yo solo quería ayudarte, después de todo eres mi mejor amiga- dijo Marshall, rascándose la nuca y desviando la mirada, apenado.
-Y tú el mío, Marshall- dijo Fionna, también sonrojada- Todo esto pasó….porque queríamos ayudar y salvar al otro-
-Estupido ¿no?- dijo Marshall, con ironia.
-Si, pero…al menos en estos momentos, hay que ayudar a ese chico- dijo Fionna, volteando hacia donde los otros dormían- Sonará extraño que yo lo diga, pero es un buen chico-
-Si- contestó Marshall, mirando hacia la misma dirección- De hecho tendr´pa problemas con Marceline por lo mismo-
Fionna sonrió. Si, ya había escuchado algo similar por parte de Finn. Luego miró a Marshall.
-Entonces, hablando claro ¿Ya somos amigos?- preguntó la humana, mirándolo a los ojos.
-¿Amigos?...- preguntó, Marshall y luego le sonrió divertido-…O no-
Fionna rió y le dio un golpe amistoso en el brazo. Ese era el viejo Marshall.
-¡Payaso!-
Marshall rió, y de un momento a otro la abrazó, tomando por sorpresa a Fionna. Sin embargo, extrañaba ese calor que solo ella le podía dar, a pesar de que no le correspondió por la sorpresa.
-Lo siento… Fionna- susurró contra su cabeza.
Fionna amplió los ojos, pero a pesar de estar sorprendida y sonrojada supo que las cosas ya estaban bien entre ellos, al fin y al cabo, ella también lo había extrañado. Por lo que no le importó que estuviera abrazando al vampiro semidesnudo y rodeó su cuello con sus brazos, devolviéndole el abrazo.
-Yo también lo siento, amigo…-
Se quedaron así un momento, sintiéndose bien por el abrazo del otro y la reconciliación…hasta que una voz picarona los despistó por completo.
-¡Pero que bonito abrazo!- gritó Finn desde su lugar, enderezándose. Había estado despierto toooooda el tiempo y escuchó todo.
Ambos chicos se separaron de inmediato, Marshall divertido y Fionna ardiendo en pena y súper roja.
-¡FINN!...- gritó.
Esa reconciliación ya era un paso adelante en ese viaje, y Finn lo sabía.
-¿¡COMO QUE NO MATASTE AL HUMANO!- gritó en conde, ardiendo él en rabia.
-Lo siento, mis algas se confundieron y atraparon al perro…-explicó el Litch.- El humano se metió a salvarlo y también casi lo ahogamos-
-¿¡Y POR QUÉ NO FUE ASI!-
-¡Por que tu hijo intervino!- gritó el Litch.
Al instante el conde se tensó y lo miró de manera escrupulosa.
-¿Marshall está con ellos?- preguntó.
-Si- respondió la calavera- A quien no vi fue a la Hija de Abadeer, a Marceline-
El conde lo pensó un poco. Con la protección de su hijo aun corría el riesgo e que sus planes se echarán a perder. Por eso mismo frunció el ceño.
Cumpliría su venganza, aun si eso significaba tener que apuñalar a su hijo con una estaca de madera.
-Así que…mi hijo aun sigue del lado humano, ¿eh?- dijo, dándole la espalda.
-Si ¿Qué haremos?- preguntó el Litch. El hombre se giró a él con una sonrisa malévola en el rostro.
-Es hora de iniciar la fase dos…-
¡Hola! ¡Hey! ¡Hasta aquí!
Perdónenme, pero no podré contestar de nuevo sus comentarios ni dejarles algo de la continuación porque tengo mucha prisa.
Pero espero que les haya gustado y gracias a todo aquellos que me han comentado, de verdad ha sido una gran iniciación.
Gracia y mis disculpas de nuevo. Nos vemos en el tercer capi.
Bye :D
