Lamento mucho la tardanza, pero este capitulo es bastante grande. Ya con esto termino la trilogía, la cual espero hayan seguido. Muchas gracias por su paciencia. En esta ocasión podremos ver el rencuentro entre Luffy y Sabo. Por favor, disfrutar de la lectura.


Las lágrimas de los hermanos.


Una gaviota voló sobre el Thousand Sunny mientras dejaba que su sombra se pintara sobre la cubierta del barco pirata. Un oleaje magnifico y un viento apacible, eso era todo un paraíso si se le compraba con el primer tramo de su viaje en el Nuevo Mundo y qué decir de Grand Line, que en realidad si se comparan ambos mares el segundo recalcaría como el mejor y más tranquilo para navegar.

—¡Ah, hoy hace un bien tiempo! – exclamó con mucho fervor Nami, mientras se sentaba en el sillón que estaba enfrente del timón. Franky estaba a su lado, le había solicitado a Nami que revisara el curso, ya que días como estos por lo general eran cruelmente masacrados con un ciclón aparecido de la nada.

—¿Estás segura? – preguntó con tranquilidad el ingeniero, sabía que Nami era 100% confiable en esas cosas.

—Por supuesto. – ella estiró sus brazos. —Este día es perfecto para descansar. – suspiró mientras se relajaba con pereza.

—¡Entonces este día está Super-Nice! – el corpulento carpintero se levantó y chocó sus brazos con fuerza.

—¡Oye, Franky! – Usopp había escuchado la noticia, por lo que se apresuró a subir donde ellos. —¿No tienes alguna arma o invento que podamos probar?

—Mmm, no he trabajado en nada. – respondió el cybor.

—¡Nami-swan! – los pasos alegres del cocinero llamaron la atención de la tripulación. —¡Acabo de hacer un delicioso postres de flores y un poco de manzana! Aquí lo tienes, mi bella dama. – el galante hombre se inclinó y le sirvió un postres perfectamente hecho y decorado.

—Gracias, Sanji-kun. – no dudó en tomarlo. —Por cierto, ¿Han visto a Robin?

—Está en la biblioteca, ha estado leyendo todo el día. – mencionó Brook, quien en este momento afinaba su violón y le aplicaba algo de brea a las cuerdas.

—Bien, iré donde ella. No se olviden, mantengan el curso, todo parece estar prometedor este día.

—¡Bien! – corearon Franky y Usopp.

—¿Dónde está Luffy? – preguntó el joven de nariz larga. —No lo he visto desde que ayer… tú sabes… - recordar aquel gesto llenó de bondad y agradecimiento que Luffy había demostrado y dicho para con sus nakamas lo hacía sentir hormigas en la garganta, pues le apenaba y le conmovía de nuevo el sólo recordarlo.

—Está sentado en la cabeza del Sunny. – habló entonces Zoro, quien bajaba por el mástil principal una vez que acabó de entrenar.

—¡Oye, Zoro, no te había visto desde el desayuno! – comentó Usopp.

—Estaba donde siempre, entrenando. – se sentó en el pasto. —Dormiré un poco.

—Vaya, creo que también deberíamos dormir un poco, aprovechar que no hay ningún imprevisto… tú sabes, la Marina, piratas enemigos… - Franky se sentó en el sofá frente al sillón y cerró los ojos.

—Puedes dormir si quieres, pero yo haré algo mejor. ¡Luffy! – llamó Usopp mientras sacaba de su bolsa una caña de pescar en tres pedazos. —Esta es la nueva caña del gran Usopp-sama, capaz de darle batalla a un Rey Marino, ¿Qué dices Luffy, pescamos un poco?

—Hay alguien que se dirige aquí. – mencionó el capitán, el cual estaba sentado en su lugar favorito.

—¿Qué alguien se dirige? – corrió con un catalejo y lo confirmó. Una pequeña sombra encapuchada se acercaba en una balsa, la cual parecía estar en malas condiciones. —Es verdad, alguien en mal estado viene hacia nosotros. ¡Muchachos, encontré un náufrago! – los primeros en acercarse fueron Zoro, Brook y Franky.

— Por lo que veo está de pie sobre una balsa que le falta poco para romperse. – agregó Franky.

—¡Oye! – Luffy se levantó y gritó mientras estiraba sus brazos al aire, haciéndole señales. —¡Hombre que estás en esa balsa! – la persona pareció reaccionar, ya que movió la cabeza en dirección a Luffy.

—¿Qué sucede? – Nami, Robin y Sanji (el cual corría como un loco enamorado a su alrededor) se unieron.

—Es un náufrago. – informó Zoro.

—¿Un náufrago? – Chopper llegó corriendo. —¿Estará herido?

—¿Quién sabe? Tal vez. – respondió el segundo al mando de los Sombrero de paja.

—¡Oye, hombre náufrago! ¡¿Necesitas ayuda?! – animó Luffy a medida que se iban acercando más a él.

La persona pareció despertar de alguna clase de sueño, pues con lentitud comenzó a mover sus músculos y levantar la cabeza. Pareció sacar algo de sus ropas y lo observó atentamente. Se trataba de un cartel de la Marina, donde se mostraba la imagen de Monkey D. Luffy.

—Es él. – bisbisó con cansancio. Volteó la cabeza y su capucha bajó por completo.

—¿Está usando una máscara? – señaló Usopp, ajustando su telescopio.

Era una persona muy extraña, vestida con ropas de desierto, similares a las túnicas que solían usar los habitantes de Alabasta, pero totalmente pardas. Debajo de la capa se asomaba un abrigo negro muy acolchonado, así como pantalones azules y zapatos cerrados. Lo mejor de sus accesorios era que a pesar del calor de ese día usaba guantes finos y una máscara que se rodeaba por completo el cráneo. Era negra por detrás, hecha de tela y enfrente sobresalía un trozo de cerámica, con la forma de tejón, a blanco y negro.

—¿Quién en sus cabales usa esa ropa con este calor? – cuestionó Nami, de sólo verlo sentía ganas de sudar.

—Tal vez es de una isla desértica o invernal.- reflexionó Robin.

—¿Cómo es que aún puede mantenerse en pie? – cuestionó Sanji, observando que estaba temblando.

—¡Oh, se cayó al agua! – alertó Luffy, mientras veía al hombre irse contra el agua con el oleaje. —¡Vamos a rescatarlo! – ordenó Luffy, emocionado.

—Iremos en el Mini-Merry. – sugirió Franky. Salieron para entonces Chopper, Luffy y él.

—Está sosteniéndose de las tablas. – señaló Chopper. —Hay que acercarnos.

—Ustedes súbanlo mientras yo me encargo de conducir. – a la orden de Franky el médico y el capitán asintieron mientras se acercaban lo suficiente para tomar al hombre. Una vez que lo lograron subir al Mini-Merry se apresuraron en volver.

—Está muy acalorado, necesitaremos quitarle toda esta ropa pesada. – Chopper se dispuso a hacerlo pero el náufrago reaccionó rápido.

—No lo haga. – dijo con voz suave.

—¡Esta vivo!- Se sorprendió Luffy. —Wow, tu máscara esta increíble.

—Gracias. – jadeó el hombre para después caer rendido.

—¡Rápido, necesitamos llevarlo a cubierta y sanarlo! – se alteró Chopper intentando quitarle su abrigo. —Su ropa está muy empapada y es difícil quitársela.

—¡Llegamos! – Franky estacionó la pequeña embarcación dentro del barco. Se apresuraron a bajar al hombre y llevarlo a la oficina de enfermería.

—Chopper, ¿Se va a morir? – preguntó Luffy, conmocionado.

—No lo sé, si no le quitamos esta mascara y su ropa pesada no podre revisarlo.

—Te ayudaré. – se ofreció Franky mientras lo cargaba.

—Muchachos, ¿Está bien? – Nami se acercó donde ellos.

—Prepararé algo para él. – avisó Sanji mientras se dirigía a la cocina.

Cuando entraron a la enfermería Chopper le dio indicaciones a Franky de que lo dejara sobre el suelo y no en la cama.

—Le quitaremos sus prendas. – el médico de la tripulación se apresuró a quitarle la máscara, pero en el momento el hombre reaccionó y con una rudeza inusual tomó la mano del reno alejándole de su máscara.

—¡Apártate! – se levantó de golpe y retrocedió un poco, observándolos.

—¡Oye, cálmate! – sugirió Chopper, pero era difícil obedecer a una persona tan grande como el, pues el Heavy Point lo hacía ver como un verdadero gorila.

—¿Un gorila? – después pasó su vista a Franky. —¿Dos gorilas?

—¡A quien le llamas gorila! – contraatacó molesto el cybor.

—¿Por qué hay tanto ruido, Chopper? – Luffy entró de la nada.

—Luffy… él se despertó y creo que piensa que queremos hacerle daño. – comentó el reno, mientras se encogía a su Brain Point.

—¡Oh, el gorila se convirtió en un mapache!

—¡No soy un mapache! – recriminó molesto.

—Oye, ¿No tienes calor? – interrogó Mugiwara.

—No, estoy acostumbrado a… ¡Ah, estoy mojado!

—Sí, te caíste de su balsa y te rescatamos. – Usopp entró y se apresuró al hablar.

—¿Me rescataron? – un silenció se instaló entre ellos. —Ya veo… Pues gracias. – se inclinó cortésmente.

—De nada. – los demás reaccionaron de la misma forma.

—¿Está es la tripulación del Sombrero de Paja? – preguntó, de lo más casual.

—Así es. – y Luffy le contestó de la misma manera.

—¡Ah, por fin! – el hombre con máscara se acercó y le extendió la mano a Luffy. —He estado esperando conocerlo, Capitán Monkey D. Luffy.

—¿A mí? – le respondió el saludo. —¿Por qué?

—He venido aquí por qué…

—¡Luffy-san, problemas! – escuchó los gritos de Brook, el cual entraba a la enfermería algo asustado. —Es la Marina. Se dirigen tres buques y ya han comenzado a disparar.

—¡Ah, esos marines! ¡Todos a cubierta! – ordenó Luffy y los piratas obedecieron rápidamente.

—¿Cuál es su nombre? – preguntó Chopper, antes de salir.

—Me dicen "Tejón". – respondió suavemente.

—Tejón-san, quédese aquí, todavía está lastimado.

Los Sombreros de Paja entraron en acción. Como era de esperarse, Tres buques cargados de cañones comenzaron a disparar. El Fuusen de Luffy regresaba la mayoría de las balas, al igual que las redes de brazos que Robin formaba. Los cohetes de Franky se encargaban de destruir todo lo que tocasen, perfectos para el ataque a distancia. Y en el caso de Chopper y Sanji que necesitaban estar cerca para ejecutar sus ataques no hubo problema. El Sky Walk del cocinero los elevó por los cielos, destruyendo a patadas y puños (por el Kung Fu Point) las armas, las velas y a los propios marinos.

Usopp se encargó de mandar sus plantas carnívoras a bordo de los buques, se divirtió observando cómo los marinos corrían apresurados y preguntándose una y otra vez lo que pasaba. Nami hacía lo mismo, mandando burbujas con pequeñas nubes de tormenta que al final estallaban en rayos y centellas, quemándolo todo.

Zoro uso su velocidad y poder para destruir las balas de cañón, así como el filo de sus tres espadas en una combinación más poderosa que el propio Tatsumaki. Al igual que él, Brook se desplazó por el agua y se le hizo sumamente fácil saltar hasta la cubierta. Cortó tan rápido que no lo sintieron.

—¡Vámonos! – lo llamó Luffy, el cual había saltado a cada uno de los barcos para destruirlos y atacar a los marines. Brook, al igual que Chopper sintieron los brazos de goma del capitán sobre ellos y con terror se aferraron a éste, pues Luffy no se escatimaba a la hora de desplazarse con velocidad gracias a la elasticidad de su cuerpo. No fue hasta que volvieron a pisar el Sunny que los marinos cortados por el Soul Solid cayeron al suelo inconscientes.

—Creo que ganamos. – dijo con un poco de emoción Robin.

—Con esto ya no podrán seguirnos. – reiteró Franky, pues habían destrozado por completo todo mecanismo para que los barcos se movieran.

—Supongo que será la primera vez que escapemos tranquilamente. – comentó Nami, mientras se acercaba al timón.

—¡Increíble! – los Mugiwaras escucharon la voz ahogada del invitado. El hombre con abrigo y máscara de tejón. —Todo lo que dicen de usted es cierto, Capitán del Sombrero de Paja.

—¿Lo que dicen? – Luffy simplemente alzó una ceja.

—Tejón, ¿Ya te encuentras mejor? – el médico lo seguía mirando receloso. —¿Cuánto tiempo llevabas en esa balsa?

—No recuerdo exactamente cuánto. Meses quizá… ¿Tal vez un año?

—¡Entonces debes estar muerto de hambre! – escandalizó Luffy.

—Me las arreglaba para mis necesidades. Pero ya no más distracciones, al fin estoy frente al hombre que he buscado por tanto tiempo.

—¿Yo? – Luffy se apuntó a sí mismo, incrédulo. Tejón asintió.

—Tengo un encargo para usted. – se llevó su mano al interior de su abrigo pero se quedó quieto de un momento a otro. —Permítanme por favor. – dio un gran salto hacia fuera del barco.

—¡Ah, se tiró al agua! – gritó Usopp, listo para lanzar un salvavidas.

—No, mira bien. – Zoro se dio cuenta entonces. De entre el humo que quedaba de la destrucción de los otros barcos, un cuarto navío de guerra. El guerrero corría sobre el agua, justamente como lo hacía Brook.

—¿Acaso él también es de puro hueso? – comentó irónico el esqueleto.

—No, sólo es fuerte y rápido, tanto que es capaz de correr por la superficie del agua sin romperla. – Sanji descifró aquello con tan sólo verlo.

A los pocos segundos se escuchó una explosión. El barco había disparado los cañones y la pólvora, junto con los trozos de la bala se vieron en el aire. Tejón, el mensajero, sacó de entre las mangas de su abrigo un par de falcatas y las extendió con la ayuda de cadenas que emergían del mismo sitio.

En el aire las movió de tal manera que éstas cortaron todo a su paso. Rasgó las velas, rebanó el mástil, cortó por la mitad a los cañones y se las empeñó en acuchillar el barco repetidas veces al grado en el que éste comenzó a hundirse poco a poco. Después de eso, el guerrero se posó sobre cubierta y de la misma manera hizo danzar sus cadenas, noqueando y cortando a los marines. Ya que intimidó a la mayoría y ya no parecían convencidos de pelear, saltó al agua y se impulsó con la ayuda del oleaje. Una vez en el aire lanzó su cadena, sin espada, hacia el mástil del Sunny, se enganchó e hizo que la cadena lo halara.

Aterrizó en el césped del barco de los sueños sin ningún rasguño. A lo lejos se pudieron apreciar los gritos de desesperación de los marines y el humo.

—¡Ah, eso fue mucho trabajo! – aulló el mensajero, guardando su cadena como si algo dentro de su abrigo la enrollara.

—¡Sorprendente! – exclamaron Luffy, Usopp y Chopper.

—Eso fue una muestra de destreza para alguien muy hambriento. – halagó Sanji.

—¡Por un momento pensé que eras de puro hueso! – festejó Brook, mientras gritaba y reía con su ya conocida risa.

—Oh, les agradezco sus halagos, pero necesito entregarle un mensaje a vuestro capitán. – de nuevo buscó su abrigo.

—¿Un mensaje, para mí? ¿Y quién me lo manda? – Mugiwara estaba emocionado, muy emocionado, esto era nuevo.

—Es de mi comandante. – contestó con simpleza Tejón, mientras seguía buscando.

—¿Eres pirata o algo así? – preguntó con tranquilidad Nami.

—No. – la respuesta vino de la menos esperada. Nico Robin se acercó a Tejón. —Este hombre lo he visto antes. Usted es Jax "El Tejón". Un mensajero privado del mismo Dragon, El revolucionario.

—¡¿Qué?! – el gritó se escuchó en todo el barco, la tripulación entera participó.

—¿Mi padre me mandó un mensaje? – cuestionó Luffy.

—No, capitán… - hizo una pausa mientras buscaba. — Debe estar por aquí. – chistó molesto, no encontraba el mensaje.

—¿Entonces quién? – corearon todos, pues no había otro además del padre de Luffy que pudiera tener un mensaje para él.

—¿Iva-chan? – insistió Luffy.

—No, capitán. – pero Tejón respondía cortésmente y si exasperarse. —Oh, aquí está. – sacó entonces una carta. Todos se acercaron curiosos. Jax "El Tejón" se la entregó a Luffy y éste la tomó.

Lo que llegó a continuación no tuvo precio ni tampoco cabida. La expresión de Luffy se trastornó completamente, su cara se desencajó al grado en el que parecía que le daría un ataque. Estaba totalmente tieso llegando a temblar y respirar con tensión.

—¿Luffy? – Nami se percató del estado de su capitán.

—Oye, Luffy, ¿Qué pasa? – también Usopp lo notó.

—¿Son malas noticias? – interrogó Sanji. Aunque de antemano el muchacho no había abierto el sobre.

—No… no puede ser. – susurró, consternado.

—¿Quién ha mandado el mensaje? – preguntó Zoro, ya perturbado por la actitud de Luffy.

Luffy miró con los ojos bien abiertos al mensajero.

—¡¿Quién eres tú?! – vociferó, tomándole del cuello del abrigo a una velocidad centellante. —¡¿Qué significa esto?! – estaba asustado, realmente no sabía cómo reaccionar.

—Soy del ejército revolucionario. Mi nombre es Jax "El Tejón", capitán. – contestó calmado y con respeto.

—¿Qué significa esto? –repitió entrecerrando los ojos.

—Sólo obedezco órdenes. – habló de nuevo.

—Sabo… ¿Realmente Sabo te envió? – masculló, aún sin creer en sus propias palabras.

—Sí, el comandante Sabo me envió.

—¿El comandante Sabo? – de entre la conmoción la voz de Robin se escuchó.

—Robin, ¿Quién es esa persona? – preguntó Chopper, lleno de curiosidad.

—Es mi hermano. – la respiración se cortó inevitablemente en todos los tripulantes del Sunny Go cuando escucharon la voz seca de Luffy.

—¿Qué…? ¿Tu hermano? – pronuncio incrédulo Zoro.

—Pero… Pe-Pensé que-e tu hermano era "Puño de fuego" Ace. –cuestionó Nami.

—Luffy-san, ¿Tienes más hermanos? – el usuario de la Yomi Yomi no Mi tampoco podía creerlo, el resto calló, muy sorprendidos.

—¿Estás seguro? – Zoro se acercó, cauteloso.

—Sí… la firma en la carta es la de Sabo. – para entonces ya había soltado al mensajero y sus ojos se sombrearon peligrosamente. La S con dos líneas diagonales atravesándola era la prueba máxima. Sólo Ace, los bandidos de la Montaña Corvo y él conocían esa marca personal. Sería imposible que alguien más la conociera.

Un poderoso suspenso aplastó el ánimo de los piratas. Realmente no sabían que estaba pasando, por qué de pronto la tensión habían crecido tanto en Luffy.

—O-Oye Luffy. – tartamudeó el francotirador. —Pe-Pero… ¿Es que no estás feliz? Amm, es tú hermano el que te envió un mensaje después de todo… ¡Es decir! Amm…

—No es la carta… - respondió el joven de goma. —Es Sabo.

—¿Acaso tenían mucho tiempo que no se veían? – Supuso Sanji.

—No es eso. – Luffy apretó sus puños y la carta.

—¿No se llevan bien? – era lo más obvio para que actuara así, pensó Brook.

—¡No, no es eso! – vociferó Luffy. —Sabo… está muerto.

Tejón y Robin, la cual lo conoció con anterioridad observaron las caras de los Mugiwaras, totalmente pálidas.

—¡¿Muerto?! – gritaron, incrédulos.

—Necesito estar solo. – dijo de pronto Luffy, saltando hacia la cabeza del Sunny, disponiéndose a leer la carta.

Los demás se quedaron parados ahí, sin saber que hacer o decir.

—Tejón, ¿Tienes que regresar con Dragon-san? – preguntó Robin.

—Una vez que vuestro capitán lea la carta tendrá que tomar una decisión. Dependiendo de lo que elija yo me iré o no. – explicó el revolucionario.

—Ya veo.

El tono de la tarde comenzó a empapar las velas blancas del barco. La silueta de Luffy, sentado en la cabeza del león, era apreciada por sus compañeros. Justo como ayer, sólo que en esta ocasión, el muchacho estaba consternado no por su difunto hermano Ace, sino por otro, el cual había mucho ya hace muchos años.

—Estoy preocupado por Luffy-san… - dijo Brook, tomando un poco de té. —Ha estado todo el día sentado, leyendo la carta.

—Debemos darle tiempo… - aconsejó con sensatez Robin. —Debe ser difícil para él.

—Me pregunto… ¿Cómo será el pasado de Luffy? – aquella pregunta hecha por Chopper consternó a todos.

—Si ese tal Sabo era tan cercano a él como lo fue Ace, entonces debe ser algo muy fuerte. – explicó Zoro, mientras recargaba sus espadas sobre su hombro.

—Zoro tiene razón. – suspiró Usopp. —Sólo espero que Luffy se encuentre bien.

Todos asintieron. Tejón, el cual había dormido una siesta y ahora se encontraba en el comedor con ellos también se preguntaba lo mismo.

Pero Luffy tenía otra perspectiva de las cosas. Había leído esa tarta al menos unas 100 veces, comprobaba en todas las ocasiones la misma firma y no podía prestarse a las dudas. Se trataba de la letra y la firma de Sabo. Su hermano Sabo.

Sostuvo la carta con cuidado y la apartó un poco, sin soltarla. Se llevó una mano a su sombrero de paja y lo bajó un poco, cubriendo su rostro para que el sol poniente no lo alumbrara. Sus lágrimas brillaron con delicadeza mientras tanto. Estaba confundido… muy confundido.

"Ha pasado mucho tiempo, Luffy. No sé qué escribir ya que hay tantas cosas que me gustaría decirte. Espero que no te hayas olvidado de mí, tampoco desearía que me odiaras. Quiero pedirte perdón por mi ausencia. Ahora lo sé todo, por eso necesito verte. Por muchos años perdí todo recuerdo de ustedes, pero ahora lo recuerdo. Por favor, me gustaría reunirme contigo. Si aceptas, mi subordinado te indicará las coordenadas, apuesto que debes tener un navegante experto. Si no aceptas, dile tu respuesta y él la traerá a mí. Yo entenderé tus motivos, no te preocupes.

Sabo."

¿Qué le intentaría decir? ¿Qué perdió la memoria? ¿Por eso no los reconocía…? ¿Por eso nunca se contactó con él? ¿Por eso… no estuvo en Marineford?

Miles de dudas asaltaron su mente, así como lágrimas a su corazón herido. Se sentía desconsolado y muy sorprendido. Lloró por primera vez después de leer la carta, a pesar de resistir durante toda la tarde finalmente lo hizo. Con ello sintió que algo en su alma se liberaba, así como imágenes de ellos cuando niños. Sobre todo el fatídico día en el que "murió"; y cómo no mencionar la promesa de Ace, aquella promesa imposible que le hizo sólo para consolarlo.

¿Estaría bien Sabo? ¿Comería bien? ¿Sería fuerte? ¿Cómo se vería ahora?

Supuso que todas esas preguntas eran normales y la única manera de resolverlas era asistir en persona. Por un momento pensó en una posible trampa, pero la noción de ver a su hermano ganó el encuentro en su razón. Tomó una decisión segura, bajó de la cabeza del Sunny, abrió la puerta del comedor y buscó con la mirada a Tejón.

—Llévame.

—Como ordene, Luffy-san. ¿Quién es el navegante? – Tejón preguntó, buscando con la mirada.

—Yo. – Nami dio un paso al frente.

—Señorita, le diré las coordenadas.

—Bien. Muchachos, ayúdenme con el barco de ser necesario. – los hombres de la tripulación se levantaron. Luffy sonrió ante esto, sabía de sobra que sus nakamas ya estaba listos para zarpar.

—Luffy. – escuchó la voz de Robin. —¿Te encuentras bien?

—Aa. – salió a cubierta. —Vamos con Sabo

—¡Sí! – respondieron todos.

Una brisa deliciosa onduló su sombrero de copa. Sabo despertó de repente, percatándose de que estaba solo, al lado de la tumba de su hermano. Parpadeó un par de veces, se había quedado dormido de nuevo.

—Oye, Ace. Luffy ya se está tardando, ¿No? – miró sobre su hombro, a la tumba de piedra. —Sí, tienes razón. – miró al frente. —Es tan tonto que de seguro se distrajo por ahí. – suspiró. —Espero que Tejón le haya llevado el mensaje.

Sabo suspiró exasperado y hambriento. Ese día se cumplían exactamente seis meses que había recuperado sus recuerdos y había mandado a Jax "El Tejón" para contactarse con Luffy. No quería perder la esperanza, ansiaba realmente que su hermano respondiera. Pero… ¿Y si no deseaba verlo? No, Luffy no era así… No pudo haber cambiado tanto durante estos años, ¿o sí?

Se levantó y estiró sus pies. Miró el cielo, era mediodía.

—Ace, espera aquí, iré por algo de comer. – tomó su bastón de acero y corrió hacia la jungla, la supervivencia no era para nada un reto.

Luffy estornudó. Contempló el clima y se dio cuenta que no era para nada frio, seguramente alguien estaría hablando de él.

—Capitán, estamos cerca. – anunció Jax, acompañado de Nami y Franky, los cuales estuvieron cerca de él durante días, recibiendo sus indicaciones y desplazando el Sunny.

—¡De acuerdo! – gritó Luffy, estaba de pie en la cabeza del león, como de costumbre.

—Más que emocionado parece tenso. – comentó Usopp a Chopper, el cual estaba al lado suyo.

—Me pregunto cómo será su hermano.

—Lo más seguro es que tenga una fuerza monstruosa como Luffy. – opinó el rey de los tiradores. —¿Recuerdas a Ace? Luffy dijo que nunca pudo ganarle, aun cuando era una persona normal.

—¿Crees que Sabo-san sea tan temible? – los comentarios comenzaron a subir de volumen, llegando hasta los oídos de los demás.

—El comandante Sabo es una persona fuerte. – comentó Robin, atraída a la conversación. —Eso es lo que dicen los revolucionarios.

—Robin-san, tú estuviste en el cuartel de la armada revolucionaria, ¿No es así? ¿Conociste al hermano de Luffy? – Brook también se acercó.

—Sólo de vista. No era muy hablador. – extendió su mirada a un libro.

—¿Será mayor o menor que Luffy-san? – reflexionó el esqueleto un segundo.

—Sabo es mayor que yo. – respondió Luffy, ya absuelto a la conversación de sus compañeros. No se veía muy serio, pero el resto sabía que aunque tuviera esa apariencia ingenua, por dentro el muchacho estaba pensando seriamente las cosas.

—¿Es mayor que tú, Luffy? – preguntó Usopp, al ver la actitud cooperadora del capitán se sintió con más libertad de preguntar.

—Sí. Ace y él tienen la misma edad.

—¿También son hermanos adoptivos? – indagó ahora Sanji, quien entró a la escena con una bandeja repleta de refrigerios.

—Sí. – asintió el muchacho del sombrero de paja, sin perder tiempo comenzó a comerse todo lo del plato.

—¡Oye, Luffy, tranquilo! Esto era para Nami-swan y Robin-chan. – Sanji intentó alejar la comida, pero el chico sólo necesitó estirarse. —Ni hablar. – se resignó.

—Sabo, Ace y yo nos conocimos de niños y nos hicimos amigos. Después hermanos. – habló con la boca llena.

—Luffy, ¿Puedo preguntarte otra cosa? – intervino con timidez Chopper.

—¿Qué? – seguían arrasando con toda la comida.

—¿Cómo fue que Sabo-san "murió"? – entonces Luffy dejó de comer y pareció hacer memoria.

—Sabo fue atacado por un Tenryuubito cuando zarpaba para convertirse en pirata. – explicó, según así lo recordaba.

—¡¿Lo atacó un Tenryuubito?! – reaccionaron todos sorprendidos.

—Así es. – ahora ya no comía, pareciera como si Luffy recordara algo.

"¡Desátenme! ¡Demonios, Luffy, deja de llorar como una niñita!" "¿Hasta cuándo piensas estar así?" "Escúchame Luffy, yo no moriré… no podría dejar a un hermano tan tonto como tú" "No sé por qué murió Sabo, pero seguramente lo hizo porque algo le impedía su libertad"

—Capitán Mugiwara. – el mensajero le llamó. —Estamos cerca. – Luffy se levantó. —Es esa isla.

La observó, parecía una isla de primavera.

—Bien, nos acercaremos. – toda la tripulación se puso manos a la obra.

Llegaron a una playa muy tranquila. El oleaje era por demás muy relajante. La tripulación del sombrero de paja ser apresuró a bajar las anclas.

—Este lugar se ve muy calmado. – argumentó Zoro, llevándose la mano a sus tres espadas.

—¡Me adelantare! – Luffy saltó sorpresivamente, pero nadie fue a detenerlo.

—Debe estar desesperado. – comentó Franky, acercándose a la orilla del Sunny y saltar.

Luffy caminó por la orilla de la playa, buscando algo con la vista, tenía la idea de que Sabo lo estaría esperando. Entonces, de las profundidades de la jungla se escuchó un rugido potente. La tripulación se puso alerta, Luffy también. Todo usuario de Haki podía sentirlo, algo realmente peligroso se acercaba a ellos.

De la selva se abrió paso una enorme masa que arrasó mucho follaje. Pudieron verlo, era el cuerpo de una bestia. La piel y la forma del animal lo hacían ver como un gato; éste era enorme. El cuerpo del animal salió disparado de la nada, arrasando también con la arena de la playa. Luffy extendió las manos y detuvo el movimiento del cadáver.

—¡Es un tigre gigante! – gritaron los más jóvenes de la tripulación de Mugiwara.

Luffy se puso alerta, la presencia poderosa se acercaba. Los pasos retumbaron en la isla, la cual se había vuelto muy silenciosa. Sus posiciones de batalla hicieron acto de presencia en los piratas, sobre todo Luffy, quien estaba demasiado exasperado como para jugar.

Algunos árboles que estaban caídos y estorbando el paso fueron levantados y alzados por los aires. Se escuchó entonces el sonido de un zapateo. Los pasos de un individuo se acercaban con suma tranquilidad a dicho encuentro. La sombra de la selva poco a poco desapareció, dejándole paso a la luz y por supuesto a la silueta que se acercaba. Luffy se colocó serio y tocó su sombrero de paja, observado por el rabillo del ojo.

Entonces se dejó ver por completo. Era un hombre un poco más alto que Luffy, usaba un par de botas de montaña, pantalones negros, una chaqueta azul y una capa café que le cubría desde los hombros, sin olvidar un sombrero de copa alto en su cabeza y un bastón de metal.

El hombre se acercó a paso seguro hasta Luffy, quien lo esperó sin miedo. Realmente, era como si la presencia de ese hombre causara un temor interno en quien lo veían. Si su propósito era intimidar, lo estaba logrando.

Cuando estuvieron a una distancia prudente el hombre se detuvo, elevó poco a poco su rostro y todos pudieron contemplar la tez blanca y serena de aquel muchacho.

—He estado esperando mucho tiempo para verte, Luffy.

—¿Ese es el hermano de Luffy? – preguntaron todos en voz baja. A lo que Tejón asintió despacio.

Pero a comparación de los demás, Luffy no hablaba se había quedado muy quieto, mirando severamente a su hermano.

—Sa… Sabo. – tartamudeó un poco y con parsimonia. El muchacho sonrió, dejando ver aquella sonrisa con un diente faltante. Ante esto, Luffy abrió bien los ojos para después entrecerrarlos con una emoción delirante y parecida a la ira.

—Ha pasado mucho tiempo Lu- - pero fue interrumpido sorpresivamente por un poderoso puñetazo en la cara. Todos quedaron en shock al ver esto. Luffy se había desplazado y le había dado un buen golpe en la cara. El muchacho cayó al suelo, su sombrero también cayó, revelando su cabello rubio. Luffy se quedó de pie, respirando agitadamente, como si estuviera luchando con alguna fuerza interna.

El comandante revolucionario lo miró anonadado y después bajó la mirada. En efecto, Luffy lo odiaba.

—Si estabas vivo… - habló por fin el capitán pirata. —¡Si estabas vivo por qué no nos lo hiciste saber! ¡Por qué demonios no estuviste ahí! ¡¿Por qué no estuviste ahí cuando más te necesitamos, Sabo?! – vociferó Luffy, llenó de ira.

Ante los reclamos de Luffy el joven rubio bajó la cabeza y se sentó en el suelo, recibiendo todo los gritos de su hermano menor.

—Luffy, tienes derecho a estar molesto, yo no…

—¡Idiota, aún no acabo! – lo silenció y Sabo bajó rápidamente la cabeza. Se sorprendió sobremanera cuando observó las gotas de agua que descendían en el piso… Luffy estaba llorando y eso lo hizo sentir muy culpable, resistiendo las ganas de llorar él también.

—Luffy, yo… - apretó la mandíbula.

—¡Sabo! – y Sabo pudo ver la sombra de la mano de Luffy, la cual se extendía hacia él con firmeza. —¡No sabes lo feliz que me siento al saber que estás vivo! ¡Toma mi mano!

Sabo alzó el rostro sorprendido y se topó con el acuoso llanto de Luffy, el cual sonreía con júbilo a la par que lloraba.

—Luffy. – musitó, sin saber exactamente que sentir. Tenía un remolino de sensaciones en el pecho. Tomó su mano y se puso de pie, no tardó en sentir los brazos de Luffy alrededor suyo.

—¡Sabo!

—¡Luffy!

—¡Sabo!

—¡Luffy!

Cada uno gritó el nombre del otro incontables veces, sin dejar de abrazarse. Para cuando se dejaron libres una enorme sonrisa se mostraba en ambos hombres.

—Luffy, ¿Acaso no estás enojado conmigo?

—No digas tonterías… - mostró una enorme sonrisa y pasó su brazo por el cuello del rubio. —Estoy muy feliz… ¡Muy feliz! – expresó, agrandando su sonrisa. Sabo también sonrió como nunca en su vida.

—¡Ven, te presentaré a mi tripulación! – Luffy lo empujó de un hombro, incitándole a caminar. Para entonces la banda de piratas ya estaba en la playa, esperando pacientemente y observando ese rencuentro.

—Ahí viene Luffy. – dijo contento y aliviado Chopper.

—¡Muchachos! – Luffy estaba radiante. —Les presento a mi hermano Sabo.

—¡Mucho gusto! – estos hicieron una reverencia con respeto.

—El gusto es mío. Les agradezco mucho el cuidar a mi hermano menor. – dio una reverencia. —A veces puede ser muy impulsivo. – les mostró una cara completamente iluminada, como si estuviera recordando el pasado y eso le causara una mayor felicidad.

—Lo sabemos. – corearon todos.

—Sabo, él es Zoro. – lo llevó enfrente del antiguo cazador de piratas. —Quiere ser el mejor espadachín del mundo.

—Es un placer. – saludó el hermano mayor.

—Igualmente. – Zoro inclinó la cabeza y le dio la mano.

—Ella es Nami, su sueño es hacer un mapa del todo el mundo.

—Mucho gusto, señorita. – Sabo tomó su mano e inclinó su cabeza, en forma de saludo.

—El gusto es mío. – regresó con buena cara la navegante.

—Este de aquí es Usopp, es un gran mentiroso. – informó Luffy.

—¡Oye, Luffy! Oh, hola, encantado de conocerte. – se apresuró a inclinarse con respeto.

—Lo mismo digo. – Sabo también se inclinó.

—Sanji es el mejor cocinero de todo el mar. –presentó Luffy.

—Me encantaría probar de su comida. – comentó el rubio.

—Cuando quieras puedo prepararte algo. – inclinó la cabeza. —Es un placer.

—Lo mismo digo. – sonrió en forma de saludo.

—Este es Chopper, es un reno que puede transformarse. – el pequeño reno se sonrojó un poco ante la presentación.

—¿Puedes transformarte?

—Sí. – mostró su Heavy Point, aún algo apenado.

—¡Sorprendente! – Sabo se admiró. —Es formidable.

—Y además es doctor. – comentó Luffy.

—¡¿Eres doctor?! Realmente tienes una tripulación muy colorida, Luffy.

—¡Claro! Mira, ella es Robin, es arqueóloga.

—Comandante Sabo, ahora lo conozco más de cerca. – saludo la mujer con un gesto amable.

—De haber recordado cuando te conocí me hubiese presentado de una mejor forma. Es un placer conocerla, Robin-san.

—El placer es mío, Comandante. – sonrió con amabilidad.

—Sabo, él es Franky, es quien construyó el Sunny. – señaló el gran barco con cara de león.

—¡Impresionante! ¿Eres astillero?

—¡Y un súper inventor! Gusto en conocerte. – le dio la mano y el muchacho respondió el gesto.

—Es gusto es mío, veremos si en un futuro puedo ver más de sus trabajos.

—¡Por supuesto!

—¡Franky hace cosas sorprendentes! – canturreó emocionado el muchacho de goma.

—¡Pues claro! – el cybor juntó sus brazos emocionado.

—Por ultimo él es Brook, es una persona de puro hueso y músico.

—Tengo el honor de conocer al hermano de Luffy-san. – el caballero huesudo se quitó el sombrero. —Es un placer.

—El placer es mutuo, caballero. – Sabo también se quitó el sombrero.

—Comandante. – Tejón se acercó e inclinó la cabeza.

—Tejón. – colocó una mano sobre su hombro y sonrió. —Gracias por cumplir con tu deber.

—No ha sido nada, comandante.

—Oye, Sabo. – Luffy estaba muy contento, pues no paraba de sonreír.—¿Vas a comerte ese tigre?

—Sí, pensaba que fuera mi comida… ¿Quieres un poco?

—¡Sí! ¡Lo cocinaremos y haremos una fiesta!- saltó en el aire, mientras el resto de los piratas sólo suspiraban, a sabiendas que ellos tendrían que arreglar todo.

Pues tal como el moreno ordenó, los Mugiwaras (En especial Sanji) se pusieron a organizar la celebración. A pesar de que era una lata, pues el capitán exigía que ya quería comer, no lo hacían con gusto, pues todos sabían muy dentro que Luffy lo necesitaba; pasar tiempo con Sabo en una comida era lo menos que podían otorgarle al mejor de los piratas.

Al final de la tarde las canciones y los gritos se escucharon en toda la isla. Las risas de Luffy y Sabo, los chistes y las mentiras de Usopp, la competencia de bebida entre Zoro y Nami, Sanji de un lado a otro, gritando como un loco enamorado hacia donde estaba Robin, la cual simplemente se limitaba a tomar cuanto postre le otorgaba el cocinero. Chopper y Franky bailaban a la par, mientras Brook tocaba su guitarra eléctrica y cantaba una canción.

Cuando la tarde cayó y los humos se mermaron, la mayoría de los Mugiwaras descansaba en la orilla de la playa, otros dormitaban en las piedras. Luffy todavía comía sus últimos bocados y platicaba con Sabo de sus aventuras.

—Entonces toqué la campana, ¡Fue increíble! Le pateé el trasero a ese tonto de los rayos. – contó emocionado.

—¡Sorprendente, Luffy! Estuviste en una isla del cielo… - contestó Sabo, también echándose un trozo de carne a la boca.

—¡Oh, no te he contado cuando luche con un afro! – estiró la mano al frente, simulando un golpe. —¡Me volví invulnerable!

—Me hubiera gustado ver eso. – sonrió el hermano mayor.

—¡Sí, debiste verme! – lanzó otro golpe simulado. —No cabe duda que los afros son sorprendentes.

—Veo que has tenido muchas aventuras… - Sabo lo miró con orgullo y ternura. —Has hecho de ti una leyenda, Luffy. Todo mundo conoce al novato de más de 100 millones de beris que se enfrentó a Crocodile, Gekko Moriah, a la Marina y al mismísimo Gobierno Mundial… No cabe duda, era muy temerario.

—¡Sí! – aulló emocionado. —¿Por cierto, Sabo? ¿No te volviste pirata?

—No. – reiteró sereno. —A pesar de que en un momento lo deseé, aun sin memoria, no lo hice.

—¿Por qué?

—Estoy en deuda con tu padre. – suspiró y bebió un poco de cola. —Dragon-san me rescató después del incidente del Tenryuubito… Me enseñó tantas cosas, además de sus ideales, que simplemente no puedo olvidar.

—Ya veo, mi padre. – asintió comprendiéndolo.

—¿No conoces a Dragon-san en persona, Luffy?

—Bueno, en una ocasión salvó mi vida, pero no pude verlo. – se encogió de hombros.

—Ya veo. – bisbisó. Después guio su vista hasta los compañeros de su hermano menor, los cuales ya estaban agotados de celebrar. —Tienes una buena tripulación, Luffy.

El moreno pareció tomar eso con mucho significado. Sonrió con orgullo.

—Ace me dijo lo mismo hace tiempo. – comentó con seriedad y a la vez mucha alegría. Sabo reaccionó ante esto y lo miró con un poco de dolor.

—Ace. – musitó, Luffy se dio cuenta de lo que estaba sintiendo. —Luffy… necesito que vengas conmigo, hay algo que quiero hacer.

—¿Qué es?

—Quiero que brindemos, como aquella vez. – sacó entonces de su saco una botella de sake y tres vasos.

—¿Qué brindemos? – entonces lo recordó. —Oh, ya veo.

—Ven, necesito mostrarte algo. – el rubio se levantó y Luffy lo siguió.

Caminaron por toda la jungla, durante todo el recorrido se mantuvieron en afonía, Luffy presentía que lo que fuera que Sabo quería mostrarle era algo serio.

Cuando por fin llegaron a aquel páramo la cara de Luffy se sorprendió y al mismo tiempo pareció decorarse con nostalgia y cariño. Se acercó lentamente hasta pararse enfrente de aquellas dos tumbas. Respiró profundamente para tranquilizar los latidos de su corazón.

—Ace. – nombró a su difunto hermano al mismo tiempo que posaba su mano sobre la lápida grabada. Sonrió de lado al sentir que la piedra estaba cálida.

—Luffy. – Sabo se acercó a él y sintió temor el pararse a su lado.

—Veo que el viejo Shirohige también está aquí. – argumentó, mientras observaba la otra tumba.

—¿Conociste a ese hombre?

—Aa, en la guerra. – apartó la mano de la tumba de Ace y retrocedió. —Así que aquí estaba. Había escuchado rumores de que la tumba de Ace estaba en el Nuevo Mundo, pero no sabía si era cierto.

—Yo también había escuchado algo así. – comentó Sabo, acercándose más a Luffy hasta posarse a su lado. Un gran silencio, acompañado de una cálida brisa cobijó a ambos.

Luffy sonrió con sutileza y cerró los ojos.

—Me alegra haberte encontrado, Ace.

—Si no hubiese sido por Ace… yo no hubiera recuperado la memoria. – susurró Sabo, mientras se sentaba entre las flores.

—¿Por qué dices eso? – Luffy se sentó a su lado.

—Llegué a esta isla debido a una tormenta. – colocó de nuevo su mano sobre la tumba. —Me encontré con su tumba por casualidad. Al verla… recordé todo. Casi me vuelvo loco. – río con ironía. —Pero logré recuperar mis recuerdos y fue por eso que quise reunirme contigo.

—Ya veo. – Luffy también posó su mano en la tumba.

—Luffy. – Sabo bajó la cabeza y después lo miró con seriedad. —¿Qué pasó con el incendio de la Terminal Gray?

—Oh. – exclamó al recordarlo. —Los piratas de Bluejam nos engañaron para colocar bombas en todo el basurero.

—¿Ustedes? – eso sorprendió al joven.

—Sí, pero al final todos quedamos atrapados en el fuego.

—¿Entonces cómo escaparon?

—Ace me condujo entre las llamas y mientras buscábamos la salida, Blujeam nos atrapó. Nos hubiese matado de no ser por Dadan. – rememoró el moreno, con calma y algo de felicidad.

—¿Dadan? – Sabo sonrió nostálgico. —Esa vieja terrible resultó no ser tan terrible.

—Así es. – asintió Luffy. —Dadan y Ace se quedaron atrás y a mí me llevaron los bandidos de la montaña.

—¿Por qué Ace se quedó atrás?

—Dijo que no pensaba huir.

—Ese Ace. – Sabo rodó los ojos. —Siempre se metía en problemas por ese hábito suyo.

—Pero gracias a eso me salvó. Además, él regresó a la montaña tiempo después, junto con Dadan.

—Ya veo. Me alegro por eso. – respiró con tranquilidad el muchacho de sombrero de copa.

—¿Sabes? Ese mismo día nos enteramos de… tu muerte. – recordar eso era un poco doloroso, pues siendo un niño Luffy lloró desconsoladamente y no hubiera salido adelante si no fuese por Ace.

—Oh. – expresó Sabo, encogiéndose en su lugar. —Tal vez necesite contarte lo que pasó ese día. – miró el cielo, todavía sentía el escozor de las llamas de su bote mientras ardía. —Cuando mi padre me separó de ustedes me enteré más tarde del incendio. No dude en correr hacia las puertas, quería avisarles pero… los guardias me golpearon y me dejaron inconsciente.

—¿Querías avisarnos?

—Sí. – respiró con cansancio. —Esa noche conocí a Dragon-san.

—¿Estaba ahí? – Luffy alzó las cejas.

—Hai. – Sabo sonrió de lado. —Le dije a Dragon-san que me avergonzaba de ser un noble y que deseaba sobre todas las cosas ser libre.

—Sabo. – sintió la tristeza de Luffy en sus palabras. —Tú no eras feliz, ¿Verdad? – el rubio negó lentamente.

—Yo siempre estuve solo. Comencé a vivir cuando los conocí a ustedes. – no pudo evitar sentir el escozor de las lágrimas a causa de su nostalgia.

—Sabo.

—Después del incendio mis padres me aprisionaron y me mantuvieron vigilado. Aproveché el encierro para escribirles una carta, espero que les haya llegado. – Luffy asintió. —Es bueno saberlo. Ese mismo día decidí escapar de una vez por todas y convertirme en pirata, pero…

—¿Pero?

—Cuando iba de salida y pasé al lado del barco del Tenryuubito, éste me atacó. – apretó sus puños. Y después recordó algo gracioso. —Luffy, tú golpeaste uno, ¿No es así?

—Así es. – afirmó con agallas. —Odio a los Tenryuubitos, intentaron vender a una amiga mía y amenazaron a mis nakamas.

—Ya veo. – mostró su dentadura en una sonrisa. —Aunque fue algo bastante temerario, te admiró por eso.

—Gracias.- se sonrojó levemente.

—Resulté muy herido de aquel incidente, no cabe duda, tu padre me salvó la vida.

—¿De verdad?

—Sí. De hecho… cuando desperté yo iba en su barco. Ese día me di cuenta que no recordaba nada de mi pasado. Viví durante años así, me hice parte de la armada revolucionaria y aprendí muchas cosas.

—Debió ser divertido.

—Lo fue. Pero en el fondo me sentía vació. Cuando cumplí 17 años sentí una extraña sensación de que necesitaba salir al mar y convertirme en pirata. No lo hice, pero sí salí varias veces y viví aventuras, al igual que tú.

—¿Por qué no te convertiste en pirata? ¿No era ese tu sueño? – cuestionó su hermano menor.

—Sí, lo fue. Pero no puedo dejar la armada revolucionaria así por que sí. Le debo mucho a Dragon-san, además… yo quería convertirme en pirata para ser libre, ahora lo soy, realmente no importa cómo vida, siempre y cuando sea libre.

—Ya veo. Bueno, creo que está bien, si eso te hace feliz. – colocó su mano sobre su sombrero de paja, sonriendo.

—Gracias Luffy. – le regresó la sonrisa. —Han pasado muchos años, ¿No es así? – miró la tumba y su sonrisa desapareció lentamente. —Luffy…

—¿Umm?

—Lamento mucho no haber estado ahí cuando lo necesitaste… Discúlpame por no… salvar a Ace. – el dolor afloró en cada una de sus palabras, intentando hacerle comprender que no era fácil y que se sentía muy decepcionado consigo mismo.

Luffy lo miró y bajó la cabeza para después subirla y ver el monumento a su hermano mayor.

—No te preocupes… después de todo, no es tu culpa. – comentó con sabiduría, recordando sin querer la guerra. —No podías saberlo.

—Luffy. – se mordió el labio inferior. —Lamento mucho el haberlos olvidado…

—No podías hacer nada, perdiste la memoria siendo un niño… - Luffy volvió a sonreír con ilusión. —Lo que importa ahora es que estás aquí; vivo. Eso es lo único que me importa… y por eso estoy muy contento.

El silencio y la sorpresa se reunieron en el corazón de Sabo haciéndolo estallar de nuevo con mucha alegría. Jamás se había sentido tan amado y su hermano menor, aquel niño llorón y debilucho, que siempre perdía contra él y Ace, que siempre iba por ahí gritando y devorando todo trozo de carne que encontrarse… Ese muchacho de gran sonrisa… acababa de hacerlo enteramente feliz con tan sólo una declaración.

—Luffy. – sacó de su ropa una botella de sake y tres copas. — ¡Brindemos!

—Entiendo. – Luffy tomó una copa. —Brindemos.

—¡Por los hermanos! – celebró Sabo.

—¡Por los hermanos! – declaró con fuerza el moreno.

Esa noche, Sabo y Luffy permanecieron al lado de Ace. Contaron sus aventuras, todos los problemas que habían presentado, los enemigos a los que se habían tenido que enfrentar, las declaraciones de guerra y su supervivencia, tanto en Enies Lobby como en Marienford (al menos por el lado de Luffy). Las aventuras que habían corrido en el Nuevo Mundo y muchas otras hazañas. Sabo también le escuchaba y se reía, otras veces se preocupaba, mientras que cuando a Luffy le tocaba escuchar se admiraba y sonreía con fervor.

Así llegó el amanecer y los hermanos aún estaban despiertos, habían platicado toda la noche hasta detenerse cuando observaron el sol salir nuevamente.

—Creo que nos hemos pasado. – comentó Sabo, observando el amanecer.

—Cierto… ya tengo sueño. – estiró sus músculos y después cayó en cuenta de algo. —Sabo.

—¿Mmm?

—Creo que es tiempo de partir. – se levantó con cuidado. —La he pasado muy bien y estoy muy feliz de haberte visto pero…

—Entiendo. – el mayor comprendió con madurez. —Yo también estoy muy contento de que nos hayamos visto, pero sé que no puedes detenerte por mucho tiempo. Después de todo, ambos tenemos sueños y responsabilidades.

—Estoy seguro de que nos volveremos a ver.

—Sí, también lo estoy. – se dieron la mano en un saludo fraternal y ante la sorpresa de Luffy, Sabo lo atrajo hacia sí en un abrazo cariñoso. El hombre de goma se quedó paralizado un momento y después correspondió con la misma energía.

—Luffy, ¿Estás seguro de esto? Tienes más de una década sin ver a tu hermano, ¿No quieres quedarte más tiempo? – Nami, a pesar de obedecer la orden del capitán, lo cuestionó impresionada.

Luffy había llegado al alba donde ellos descansaban y sin nada más que explicarles les dijo que era hora de irse. Aunque los Mugiwaras pensaron que era realmente apresurado, considerando el rencuentro reciente, obedecieron a Luffy.

El Sunny reveló sus velas y junto a la marea se desplazó de nuevo al mar. La corriente y el viento eran óptimos.

—Sí, no se preocupen por eso, tanto Sabo como yo tenemos caminos que seguir.

—Aun así, él apareció después de tanto tiempo y… - intervino el de nariz larga.

—No te preocupes, Usopp. – lo interrumpió Luffy. —Ahora que sé que Sabo está vivo… - respiró con tranquilidad. —Tengo la confianza de que nos volveremos a ver y de que todo estará bien.

—Luffy, ya tenemos curso. – anunció Nami.

—¡Bien, muchachos! – estiró sus manos y de un salto llegó hasta donde el timón. —¡No hay tiempo que perder, nuestros sueños nos esperan!

—¡Sí! – todos elevaron sus manos al aire.

Así se prepararon para zarpar a una nueva aventura.

—Todo está bien ahora… nos volveremos a ver, Sabo. – musitó Luffy para después sonreír. El júbilo que sentía en su cuerpo y esa extraña sensación de nostalgia le decían que no había nada de qué preocuparse, Sabo estaría bien, además, ahora se sentía más fuerte; era como si al ver a Sabo y sentirlo revivido, una parte de él hubiera vuelto a nacer. Aún tenía a su hermano. Por eso, sabía de alguna u otra manera que ellos jamás lo dejaron de proteger. Tanto Ace como Sabo lo estaban haciendo. Ace lo hizo cuando Sabo murió y lo ayudó a salir adelante; ahora Sabo lo hacía de la misma manera… después de todo también le permitió reunirse con Ace.

—¡Seré el Rey de los Piratas! – gritó con todas sus fuerzas, mientras el Sunny avanzaba a una nueva aventura en el Nuevo Mundo.

—Comandante. – Tejón se acercó a Sabo, el cual todavía estaba en la orilla de la playa. —Pensé que después de tanto tiempo le gustaría estar más de un día con su hermano menor.

—Sí, me gustaría.- contestó Sabo, dándose cuenta que el barco con cara de león comenzaba a desaparecer. —Pero tanto Luffy como yo tenemos sueños que seguir. Además, Luffy estará bien, después de todo, es mi hermano menor. – sonrió. —Sé que lo logrará… él se convertirá en el rey de los piratas.

—Tiene la misma actitud que Dragon-sama…

—Entonces creo que no me preocuparé por él. – comentó con gracia el rubio. —Por cierto, Tejón. ¿Aún tienes la balsa?

—Lo siento comandante, la he perdido.

—Vaya, que problema. – se cruzó de brazos. —Ni hablar, tendremos que construirnos una nueva. – sonrió y Tejón asintió, tendrían que ponerse a cortar árboles.

Y mientras su subordinado se alejaba, Sabo continuaba mirando el océano. Aquel basto azul que le dio libertad. Ese mar, tan lleno de recuerdos era ahora el que le regresaba y le quitaba a su hermano. Sin embargo, no había nada de qué preocuparse, pues de ahora en adelante nunca lo olvidaría, ellos luchaban juntos.

La brisa cálida removió el pasto de aquella tumba, al momento que una fotografía pegada a ésta logró mecerse un poco. Además, una botella de licor resplandeció a la luz del sol, mientras que el sake en aquella copa se ondeó.

En la piedra se leía claramente: Portgas D. Ace.

Fin.

Espero que les haya gustado. Si les gustó dejen su comentario y en el caso de que no, cómo les hubiera gustado que fuese el recuentro de estos dos hermanos.

Gracias por leer.

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Yume no Kaze.