8:42 am
El teléfono suena sobre la mesa. Desde tu cama miras con un ojo el reloj pensando en que Ángela de nuevo olvidó la hora en que debía recogerte para ir al aeropuerto. Hace apenas unas horas te habías despedido de ella y de todos los squints que seguían divirtiéndose en casa de Hodgins en la fiesta de Navidad. El juego del muérdago. Una variación de ese antiguo juego en que una pareja voltea a un lado y otro y se dan cachetadas o besos. Un juego inofensivo que se convertía en peligroso después de varias botellas de vino y de la insistencia de Ángela de verte besar a tu compañero. Él también se había escabullido y te había hecho una seña desde la puerta para que tú te escaparas con él.
La contestadora comienza a funcionar seguida de un largo silencio.
10:13 am
El teléfono suena de nuevo. Sales corriendo del baño enredada en una toalla, y tropiezas con tu maleta. Segundo timbre. Tu pie desnudo choca contra el broche de metal y te hace perder el equilibrio. Con el tercer timbre viene la contestadora. Te derrumbas en la cama a frotar tu dedo ahora enrojecido cuando oyes su voz.
-Hola. Espero que no estés dormida todavía porque si no vas a perder tu vuelo. Eh, bueno, debes de estar ocupada. Ah, ¡¿qué crees? Voy a ver a Parker hoy! Voy a pasar por él en un rato y vamos a preparar hamburguesas y palomitas de maíz y a ver un partido de fútbol. Ok, antes de que me corte la contestadora, yo sólo quería desearte buen viaje y decirte que… voy a extrañar no verte, aunque sean unos días. Bueno, creo que eso es todo.
Te quedas sin hacer nada más que escuchar su voz emocionada. Es increíble cómo puede ser tan feliz solamente por pasar unas horas con su hijo. Te imaginas su cara, como cambia cada vez que lo ve y te preguntas lo que hubiera sido si te hubieras embarazado. Si ese tumor no hubiera existido. Ahora estarías a un par de meses de tener a tu hijo. Su hijo.
Te despojas de esos pensamientos levantándote de la cama.
Un par de monedas junto con el collar y el dije de delfín caen de tu abrigo que usaste la noche anterior. Habías escapado de la fiesta navideña con él. Te tomó de la mano y salieron corriendo como dos adolescentes, entre risas ahogadas, cuidando que Ángela o alguno de los squints no los vieran salir. Te acompañó a tu auto y te deseó feliz navidad por quinta vez y esperó a que arrancaras antes de subir a su auto. Tú hubieras deseado no salir de ahí. Hubieras deseado que no fuera tan tarde y quedarte con él, aunque fuera unos minutos más.
12:01 pm.
Un minuto tarde. Jalas tu única maleta hacia la puerta de tu departamento decidida a tomar un taxi al aeropuerto. Ese juego del muérdago había detenido a Ángela pero no haría que llegaras tarde a tomar tu vuelo a Guatemala. Abres finalmente la puerta y ahí está. Agitado, con esa sonrisa que te desarma en un segundo.
-¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Parker?
-Sí, voy en camino a recogerlo, pero primero te llevaré al aeropuerto.
-Pero, Ángela…
-Ángela debe estar en el quinto sueño. Vamos, Huesos, vas a llegar tarde.
Después de todo, vas a estar con él unos minutos más.
