Andaduras por el bosque

¿Y es inevitable el que tengáis que marcharos mañana?—le preguntó la chica a Edmund.

Sí, mi hermano Peter me lo ha dejado bien claro.

Vaya, me había acostumbrado a estar contigo, se me va a hacer muy raro.

La chica se sentó en la hierba, a los pies de un árbol. Él la imitó.

No quiero que esto sea así, yo también estoy acostumbrado a estar contigo y, para ser sincero, no deseo separarme de ti, y mucho menos ahora que los lazos de nuestra amistad son tan fuertes.

¿Sólo lazos de amistad?, creía que ya eran algo más—dijo ella riendo levemente.

Liryc, ¿realmente lo que deseas es que nuestros lazos de amistad cambien para ser de otro tipo?

Ella se abrazó a él.

¿Eso te sirve de contestación?

Sí—dijo él dando un suspiro y acariciándole el cabello.

Deseo que te quedes aquí para siempre.

Pues si tú lo deseas, imagínate yo.

En esos momentos, Edmund y Liryc escucharon los cascos de un caballo.

Parece que alguien quiere huir ¿eh?—preguntó Liryc.

Edmund se levantó y miró al jinete, el cual acababa de pasar muy cerca de ellos. Un pensamiento se cruzó por su mente cuando lo vio.

¿Es posible que sea…?

¿Le has reconocido?

Estoy por decir que sí pero, no estoy seguro.

La noche pasó rápida para desagrado de muchos. Cuando todos se reunieron en el comedor para desayunar, vieron que faltaba alguien.

¿Dónde está Peter?—preguntó Susan.

Ya debería haber bajado, sabe perfectamente cual es la hora del desayuno—dijo Lucy.

En esos momentos pasó una criada por el comedor.

Crystal—la llamó Caspian—, ¿podrías ir a mirar si el rey Peter se encuentra en sus aposentos?

Por supuesto majestad.

La criada salió del comedor y dejó a los monarcas solos.

No sé porqué pero, hay algo en todo esto que no encaja—dijo Susan—. Peter siempre es muy puntual.

Puede que anoche se acostase tarde—dijo Caspian.

Lo hizo—dijo Edmund.

Todos se volvieron para mirarle.

¿Y cómo sabes tú eso?—le preguntó Lucy.

Estuve hablando con él antes de que se marchara a sus aposentos a descansar y, bueno, nuestra conversación no se produjo precisamente a una hora temprana, ya era de madrugada.

En esos momentos se abrieron las puertas del comedor y por ellas entró Crystal.

¿Estaba el rey Peter en sus aposentos, Crystal?

No majestad, de hecho, me atrevería a decir que su cama no fue desecha anoche.

Todos se sorprendieron ante las palabras de la joven.

Tal vez sea que se ha levantado temprano y haya hecho la cama—dijo Lucy.

Edmund, al oír las palabras de Crystal, terminó de confirmar que el jinete al que había visto en la noche ya pasada, si era realmente su hermano.

Creo que Peter no se encuentra en el castillo—dijo Edmund.

¿Qué quieres decir con eso?—le preguntó Susan.

Anoche estaba paseando por el bosque cuando escuché los cascos de un caballo, me dio tiempo a ver ligeramente al jinete y llegué a pensar que era Peter, pero no lo creí posible; sin embargo, ahora que Crystal nos dice que no está en sus aposentos y que, al parecer, su cama no ha sido desecha esta noche…

Edmund, eso no tiene sentido, no puede ser—dijo Susan—. ¿Qué motivos iba a tener Peter para fugarse en mitad de la noche? Es absurdo.

Tal vez su único motivo para fugarse sea el de que no quiera abandonar Narnia.

¿Abandonar Narnia? No te entiendo Edmund.

Es muy sencillo Susan. Peter me dijo anoche que hoy nos iríamos de Narnia.

Susan cogió inconscientemente la mano de Caspian.

¿Irnos de Narnia?—preguntó Lucy—¿Tan pronto? Yo pensaba que nos íbamos a quedar más tiempo.

Eso pensaba yo también, pero Peter tiene razón cuando dice que esta vez sólo hemos sido llamados para ayudar y que ya hemos cumplido con nuestro cometido.

Susan comenzó a usar la lógica, algo muy típico en ella.

A ver, Peter te dijo anoche que es la hora de irnos por la simple razón de que ya hemos proporcionado la ayuda que nos pedían, es decir, que el solito es quien ha tomado la decisión de irnos y, sin embargo, se escapa por la noche.

Realmente no tiene sentido—dijo Caspian.

Susan se quedó pensativa durante un momento.

Aslan—dijo finalmente ella en voz no muy alta—. No puede ser, esto no puede ser posible.

¿A qué conclusión has llegado?—le preguntó Edmund.

¿Anoche Aslan habló con Peter en algún momento?

Sí, estaba hablando conmigo cuando él le llamó.

¿Sabes de lo que estuvieron hablando?

No, cuando volví a hablar con él fue cuando me dijo que hoy, teóricamente, nos iríamos de Narnia.

Peter sabe algo que nosotros no, algo que creo saber que es, es la única razón que se me ocurre para que Peter se marchase en plena noche para no tener que abandonar Narnia.

¿Y qué es ese algo?—le preguntó Lucy.

Si nos vamos de Narnia, Peter ya no podrá regresar jamás, al igual que… yo.

Edmund, Lucy y Caspian se sorprendieron mucho de las palabras de Susan.

¿Y por qué no ibais a poder volver?, no habéis hecho nada malo, al contrario, habéis hecho todo el bien que os ha sido posible—dijo Lucy.

Supongo que es porque, tanto Peter como yo, hemos madurado, ¿me equivoco Aslan?

Todos miraron hacia la puerta; el gran león había entrado sin que nadie se diese cuenta.

No mi querida Susan, no te equivocas. Creo que lo mejor sería que organizaseis una batida para localizar a Peter, con sus actos no va a conseguir nada.

Aslan, no es por llevarte la contraria pero, creo que lo que Peter quiere es que podamos estar más tiempo en Narnia—dijo Lucy—, con su huída conseguirá ese propósito.

Además, sería una tontería el intentar encontrar a Peter en el bosque—dijo Edmund—, a pesar de que han pasado 1300 años, se sigue conociendo estas tierras como la palma de su mano, si no quiere que le encontremos, no lo haremos, puede que para otras cosas sea un desastre pero, para esconderse, es todo un genio.

Mientras esa conversación se producía en el castillo telmarino, Peter descabalgaba del caballo, estaba muy cansado después de haberse pasado toda la noche sin parar de viajar.

Descansaré aquí, creo que será lo más oportuno, después de estar toda la noche sin parar, yo creo que es lo que me merezco.

Peter amarró las riendas del caballo al tronco de un árbol y se echó en la fresca hierba, al poco se quedó dormido. Tuvo un sueño inquieto, no dejó de moverse de un lado para otro, no paraba de escuchar gritos, tenía que ayudarla, no podía permitir que le ocurriese nada. En ese momento, Peter despertó bruscamente gritando:

¡Rachel!

Miró a su alrededor y vio donde estaba, suspiró aliviado al ver que sólo había sido un sueño.

Buf, que mal lo he pasado, parecía tan real, sobre todo los gritos.

¡Aaaaaaaah! ¡Soltadme!

Peter se extrañó al oír eso, aquellos gritos eran exactamente iguales a los que él estaba oyendo en su sueño.

Los gritos que escuchaba se han metido en mi sueño, pero eran de verdad.

Se levantó y, corriendo, se dirigió hasta el lugar del que procedían los gritos. Cuando llegó, vio a una joven que estaba siendo retenida por varios hombres, los cuales, al parecer por sus rasgos, procedían de Beruna. Ella tenía varias heridas que parecían graves y no dejaba de revolverse para intentar soltarse de ellos.

Estate quietecita ya encanto, no ves que no hay nada que puedas hacer, somos cinco contra una, no vale la pena que lo sigas intentando—dijo el que parecía el líder.

Ella, por toda respuesta, le escupió en la cara. En el rostro de él se dibujó una expresión de asco.

Vas a pagar muy caro tu atrevimiento.

Y acto seguido le propinó una patada en el abdomen a la chica.

¡Aaaaaaaah!—gritó ella.

Peter desenfundó su espada y salió de detrás del árbol en el que se ocultaba.

¡Soltadla!

Los cinco hombres y la chica le miraron.

¿Y quién eres tú?—le preguntó el líder.

No te importa, ¡soltadla!

¿Y qué te hace pensar que vamos a hacerlo?

En ese momento, dos de los cinco, junto con el líder, comenzaron a acercarse a Peter.

Acabaremos primero contigo y, después, seguiremos jugando con ella—dijo el líder.

Que te lo has creído.

Los hombres desenfundaron sus espadas y comenzaron a pelear con Peter. La lucha no le fue fácil al sumo monarca, aquellos hombres tenían bastante fuerza y parecían haber recibido un buen entrenamiento a la hora de manejar las armas; Peter, recibió varios golpes y en sus brazos aparecieron algunos cortes, pero, finalmente, consiguió su objetivo. El líder, viendo como dos de sus hombres habían caído, ordenó retirada.

La próxima vez no tendrás tanta suerte, Karieli.

Los tres juntos montaron rápidamente en sus caballos y se marcharon a todo galope. Peter se acercó a la chica.

¿Estás bien?

Sí, pero no tendrías que haber intervenido—dijo ella levantándose del suelo y con furia en su voz.

¿Perdona?, ¿te salvo de esos hombres y todavía tienes la poca cara de decirme que no tendría que haber intervenido?

Lo tenía todo bajo control.

No lo parecía desde mi punto de vista.

Lárgate.

Ella, tambaleándose ligeramente, se acercó hasta su yegua, el cual tenía las riendas amarradas al tronco de un árbol.

Mira, después de lo que me has dicho, no debería decirte esto pero, estás herida, sería mejor que me dejases curar tus heridas.

Estoy perfectamente, no necesito tu ayuda.

¿Siempre eres tan cabezota?

¿Qué parte de la palabra lárgate no has entendido?

¿Y por qué debería hacerlo?, ¿acaso el bosque es tuyo como para decirme que me marche?

Ella no le contestó, le soltó las riendas a su montura y se dispuso a montar en ella, pero la yegua se resistió.

¿Se puede saber que te pasa, Elodic?

Mi señora, estáis herida, no permitiré que partamos estando vos así. Dejad que este joven os cure.

Menos mal que alguna de las dos piensa—dijo Peter guardando su espada.

Elodic por favor, estoy bien, nada por lo que preocuparse.

Señora, no pienso volver a cabalgar hasta que no estéis curada.

Genial—dijo ella con fastidio. Se acercó hasta Peter y le puso mala cara—. ¿Serías tan amable de curarme?—le preguntó con mucha rabia.

Aguarda aquí un momento.

Peter fue hasta donde había dejado a su caballo, por suerte para él, además de la ropa y las provisiones, había traído una especie de botiquín. Regreso con el caballo al lugar donde estaba la chica y su yegua.

Siéntate—le dijo Peter sentándose en el suelo.

Ella, de mala gana, lo hizo. Peter comenzó a curar sus heridas.

¿Cuál es tu nombre?

Como si no lo hubieras oído antes, aaaah, ¿te importaría llevar cuidado? Todos sois iguales, no sabéis hacer nada bien.

Lo siento, pero eres tú la que no se está quieta—dijo Peter con fastidio.

¿Cómo quieres que me esté quieta si no paras de hacerme daño al curarme?

Bueno, está bien, dejemos este tema, no quiero discutir contigo ¿Karieli?

Sí.

Es un nombre muy bonito.

Ahórrate los piropos, quieres.

Sabes, espero que después de esto no tenga la desgracia de volver a verte.

Vaya, que casualidad, coincido totalmente contigo.

Los dos se hablaban con bastante desprecio.

¿Cómo te has visto envuelta en esa situación?

No creo que eso sea de tu incumbencia.

Está visto que es imposible el mantener una conversación civilizada contigo, así que, permíteme una última pregunta un tanto curiosa.

Karieli no contestó, algo que Peter tomó como un "Adelante, pregunta lo que te de la gana y déjame tranquila de una vez".

¿Por qué tengo la sensación de que esos hombres te conocían bastante bien?

Pues mira, tus sensaciones están totalmente equivocadas, no había visto a esos idiotas en toda mi vida. ¿Has terminado ya?, quiero largarme de aquí lo antes posible.

Temes que vuelvan a encontrarte esos tipos ¿verdad?

No, tengo miedo a que se me pegue tu estupidez masculina.

¿Qué es lo que tienes en contra de los hombres?

¿Has terminado?

Peter terminó de curar la última de sus heridas y asintió con la cabeza.

Muchas gracias—dijo ella con rabia.

Se levantó del suelo y volvió a acercarse a su yegua.

Ya estoy bien, ¿tendrás el gusto de cabalgar ahora?

Sí mi señora.

Karieli montó en su yegua y comenzó a cabalgar rápidamente, perdiéndose enseguida de la vida de Peter.

Chicas, quien las entiende.

Peter guardó las cosas que había utilizado para curar las heridas de Karieli y montó en el caballo.

Cabalgaremos un poco más Atos, dentro de un rato pararemos nuevamente y comeremos algo.

Como ordenéis majestad.