Hola, aquí está la continuación :D

Muchas gracias por los reviews, me alegran el día, en serio :]

Bueno, como ya sabemos, InuYasha no me pertenece, pero sí la historia D:


— ¿En que estabas pensando?—la voz aterciopelada de un hombre me saco de mis pensamientos.

Tal vez, en el principio, me equivoque de calificar al vampiro como el ser más hermoso. El muchacho que estaba frente a nosotros, lo era más aun.

—Hermanito, siempre destruyes la diversión—pronunció molesto.

—Sesshomaru, debemos ser precavidos al estar cerca de los humanos—dijo presuroso. El movimiento de sus labios era veloz. Me dio la impresión de que vigilaba los alrededores, pero, curiosamente, sus ojos se mantenían fijos en su hermano.

El aspecto del callejón-al cual, me había dado cuenta, el vampiro me había conducido-era un total contraste con la apariencia de ellos. El primero era sucio, vacío y sombrío; sin embargo, ellos eran lo opuesto, es más, eran oscuros, pero del modo misterioso y prohibido. Y recuerden: lo misterioso atrae y lo prohibido tienta.

Además, yo ya estaba perdida en los ojos dorados que poseían-era una extraña mezcla de carbón y exquisita miel derretida en sus ojos, algo muy fuera de lo común-. Y más aún, completamente ensimismada en los ojos dorados del recién llegado cuya figura era muy parecida a la de su hermano a excepción de las facciones más finas y la personalidad macabra que poseía el otro.

Un extraño impulso se extendía en mí ser hasta tal punto de querer retroceder el tiempo. Había acertado. La decepción se había apoderado de mi rostro, ya que el vampiro no me había mordido y, por ende, transformado en uno de ellos.


POV InuYasha.

Cada día me daba cuenta de la mundana vida que tenían los humanos. Cada día que transcurría observaba como asuntos tan triviales podían ser motivo de tantas pérdidas e infelicidad para ellos.

Si estuviera vivo, habría aprovechado esa vida al máximo, pero ya no la tengo.

Miré una vez más los azulejos y decidí contarlos uno por uno para pasar el rato, ya que la secretaria de la escuela no hacia acto de presencia. Yo había mostrado mi total reticencia a asistir a las clases de los humanos, pero, como siempre, nadie había tomado en cuenta mi opinión ¿Acaso todos habían estado conspirado en mi contra durante esta última semana? No había otro modo, ya que todo lo había estado planificando era arruinado sin más. Por un lado, mis planes de una "vida" tranquila, sin apuros ni preocupaciones, se vieron desmantelados por los caprichos de mi hermano-aj, cómo odiaba decirle así. Koga quería relacionarse con los humanos para aprender de su raza, ya que, según él, había olvidado cómo se comportaba un humano. Maldito mentiroso. Feh, como si nunca hubiera sido humano durante sus diecinueve años mortales. Además, estaba el tema de Kikyo. Jamás volvería a cruzar palabra con ella.

Mentiroso.

Por otro lado, la aparición de Sesshomaru es nuestra casa era irritante. Su personalidad fría e indiferente me sacaba de mis casillas ¿Si él no quería a los humanos por qué acepto ir a la escuela con nosotros? Quién lo entiende. Apuesto a que lo único que quería era observar más de cerca a sus víctimas. Al menos así demostraría que yo siempre tuve razón: Sesshomaru no era de fiar.

Había estado esperando durante quince minutos la llegada de la famosa secretaria ¡Era exasperante tener que esperar tanto tiempo!

Odiaba esta "vida". Odiaba compartir las mismas actividades con los humanos. Odiaba este lugar que escogieron, sin mi consentimiento, para vivir.

—InuYasha, que impaciente eres. Ya cálmate, ya que si sigues así destrozaras el piso y eso sería malo—dijo cruzándose de brazos.

Mire bajo mis pies y sí, efectivamente, el movimiento de mi pie estaba a punto de causar un hoyo en el suelo de la secretaría.

—Ni siquiera sé que hago aquí, Miroku—me enfurruñé.

—Es una escuela, querido amigo. Pensé que tenías más cerebro que Koga—puso los ojos en blanco— ¿Crees que vinimos a jugar billar o algo así?

—Eso quisiera—mascullé por lo bajo.

Bien. Poseía un escaso sentido de la paciencia y esta secretaria de pacotilla estaba excediendo los límites de esta. Si ella no viene dentro de cinco minutos tendré que comunicar-con todo el dolor de mi corazón. Sí, claro-que nuestra estadía en esta escuela no era posible.

¡Ja, toma esa, Koga!

Sonreía ante la grandiosa idea que se construía.

—Quita esa sonrisa estúpida, InuYasha. La secretaria se aproxima.

—Ya la olí, Miroku—pronuncié su nombre como si fuera un insulto.

No sé por qué no me sorprendió que escuchara sus pasos lentos y que esta no caminara de una manera más rápida para cumplir con sus deberes. Eso era lo que más me molestaba de los humanos: poseían poco tiempo de vida-a comparación del nuestro-y lo desperdiciaban como si nada malo ocurriera.

—Oh, buenos días—sonrío medio nerviosa. Las carpetas que llevaba en sus manos casi se resbalan de estas. Qué torpe.

—Disculpe, hermosa señorita—y no me sorprendió que, nuevamente, Miroku hiciese de las suyas— ¿Quisiera tener un…?

—Sólo hemos venido a saber cómo iba nuestro traslado de escuela—interrumpí. La mirada de advertencia que le di a Miroku demostraba que no estaba de humor para oír sus tonterías. Me quería ir ya de ahí.

—P-por supuesto—su respiración se agitó notoriamente ¿estaba hiperventilando?— ¿Sus nombres y apellidos?

—Miroku e InuYasha Taisho, señorita—dijo cortésmente mi hermano. Supongo que presintió que mi momento de amabilidad hacia la señorita no duraría mucho.

Su apariencia iba muy bien con su juventud: tendría unos veintisiete años o quizás un poco más. Tal vez sería una de las conquistas de Miroku. Sentí lástima por ella por un segundo, tan sólo eso.

Decidí sentarme en una de las sillas aconchadas de al fondo mientras le dejaba todo el tedio a Miroku, aunque, por supuesto, para él no era ningún tedio tener que hablar con esa chica. Ya me lo agradecería después.

El tono verde de las paredes me martirizaba, pues me recordaba, inevitablemente, el bosque y, en consecuencia, los animales: mi caza. No me había alimentado hace tres días, un tiempo imprudente si tomábamos en cuenta de que teníamos que permanecer cerca del contacto humano.

La sed golpeó mi garganta desgarradoramente mientras recordaba los sucesos de las noches pasadas: Sesshomaru había estado alimentándose de personas y no de animales como habíamos acordado. Me enfureció recordar que su excusa fue que lo hizo con el fin de molestarme. Además, rememorar esos episodios evocaba sentimientos de saciar mi sed, ya que aún tenía grabado en mi mente el olor de la sangre en el momento en el cual sorprendía a mi hermano infraganti.

Me dirigí, hacia la puerta, atormentado; pero, antes, mi visión periférica comprobó que Miroku había asentido al notar lo que me sucedía. Supuse que ya sabía sobre mi decisión de alimentarme.

Recorrí ansioso los pasillos de la escuela mientras oía los murmullos de los estudiantes que se cruzaban en mi camino. Algunos era de fascinación, admiración y sobre todo de envidia. Siempre me había sorprendido de cómo la raza humana nos tachaba-a mí y a mis hermanos-de seres hermosos cuando nosotros mismos nos calificaban de porquerías, sobre todo yo.

Quería ser humano, mortal. Ansiaba una vida en la cual no tenga que luchar contra lo mismo todo los días. Añoraba una existencia en la que pueda aprovechar cada pequeño suceso y ver su lado bueno. Una vida en la que puedo reír con emoción, llorar, ser mortal.

Una vez más deseaba, mas no actuaba.


Llevaba caminando a paso humano durante horas, puesto que aún no me apetecía volver a casa ni mucho menos ver la cara de satisfacción de Koga al ver que logró su cometido.

Gruñí involuntariamente. ¡No! Estaba decidido. Yo no iría a esas clases con tal de hacer feliz a Koga. Pff, tonterías. Me rehusaba rotundamente a eso.

—Oye.

En seguida, escuché la risa estúpida de Sesshomaru. El mal nacido había pasado por mi lado en un borrón imperceptible para los humanos, pero para vampiros como yo, no.

Se paró a mitad de la pista en una actitud desafiante. Bien, si él quería pelear ahora, mucho mejor para mí. Así me ahorraba el disgusto de tenerlo cerca en la escuela.

InuYasha, tus planes parecen encaminarse, sonreí ante la idea.

Enseñé mis colmillos y un rugido gutural salió de mi garganta. Llevaba esperando por siglos el momento en el cual mi deshiciera de mi medio hermano y ya había llegado la oportunidad.

Primero, correría y lo embestiría con fuerza para llevarlo lejos a un callejón y así ningún estúpido humano decidiera arriesgar su vida al vernos, ya que lo mataría al instante si llegase a suceder. Luego, exterminaría a Sesshomaru sin ninguna dificultad y asunto resuelto.

Observe las calles desiertas, ya que los humanos se encontraban resguardados del frío en sus hogares, el ausente tráfico y lo maravilloso que marchaba mi plan.

Sólo un pequeño supermercado se dibujaba al final de la avenida con las luces titilantes, luego un reducido número de personas esperando el autobús y más allá, totalmente lejana a lo que se venía, una anciana sentada en el solitario parque.

Ja, esta vez nadie podría robar la oportunidad de InuYasha Taisho.

Sesshomaru me miraba sin expresión hasta que percibimos, al parecer, un exquisito aroma que provenía del remoto supermercado que había visto antes. La fragancia era…no había palabras para describir lo agradable y apetitoso que olía.

En un abrir y cerrar de ojos, Sesshomaru desapareció del alcance de mi visión. Observe, aún atontado por la fragancia, como la persona que lo emanaba era interceptada intempestivamente por mi hermano.

Y luego, después de unos minutos, caí en la cuenta de que era una humana inocente.

Corrí dispuesto a seguir con el plan: arremeter contra él y llevarlo lejos de la visión de la chica. Aún no podía creer cómo la esencia de la joven me había mantenido fuera de combate y me había vuelto loco de repente.

—Hermano—siseé mientras veía que la mantenía inmovilizada. El olor me mareó un poco.

Sesshomaru de un raudo movimiento la botó; no me preocupe por la estabilidad de la chica: mi objetivo era acabar con uno de los principales problemas que me había estado hostigando durante las últimas décadas.

— ¿En qué estabas pensando?

Lo destrozaría y la humanidad me agradecería, pero primero me permitiría ser amable, ya que no quería causar un trauma en la humana.

—Hermanito, siempre destruyes la diversión.

—Sesshomaru, debemos ser precavidos al estar cerca de los humanos—recordaba que era una de las doscientas veces que se lo decía en nuestras vidas.

Rayos, y así quería ir a la escuela. Tsk.

—Haces mucho alboroto por esto. Sé muy bien que también mirabas con deseo a la humana.

Miré de reojo a la aludida. Un notorio sonrojo se extendía por sus mejillas y, al parecer, se sintió intimidada al percatarse de mi mirada. Quise sonreír, debido a que su rostro era cómico, pero no me lo permití.

—Además, ella no me tiene miedo. Es un desperdicio.

—Tienes razón—coincidí al ver en sus ojos achocolatados ni una pizca de temor, sólo excitación, entusiasmo.

Sesshomaru me miró escéptico y con una expresión burlona.

—Pensé, que después de todo, tus quejas con respecto a cómo me refiero a los humanos eran infundadas.

—Me refería a que ella no te tiene miedo, no a que es un desperdicio—remarqué.

—Sinceramente tus estúpidos principios me están sacando de quicio. Ya que te importa tanto la salud de la humana, haz lo que tú desees.

Miré a la muchacha y vi su expresión de pasmo al ver que, a ojos humanos, mi hermano prácticamente se había desintegrado en el aire. Nuevamente una sonrisa amenazaba con dibujarse en mi frío rostro. Era sorprendente cómo nos veíamos ante la vista humana; me preguntaba qué clase de seres éramos para ellos y que mejor que esa chica para saberlo, puesto que era uno de los pocos humanos en el mundo que sabía sobre nosotros.

—Vampiros—farfulló graciosamente.

—No te haré daño—fue lo único que se me vino a la mente después de todas las películas sobre vampiros que había visto en mis momentos de ocio.

Casi toda la eternidad, sonreí ante mi chiste privado y no pude evitar que una carcajada se saliera de mi boca.

— ¿De qué te ríes? —murmuró sin mirarme directamente. Sus ojos se mantenían fijos en sus manos sudorosas.

—Bien ¿Dónde vives?

No iba a esperar por toda la eternidad.


Hey, gracias por leer :D!

Au revoir.