Horas congeladas
Lord Cornelius se marchó del comedor y dejó a Caspian solo.
"Soy el rey, ahora soy yo quien dicta la ley y el orden y, si he dicho que no me caso, es que no me caso."—pensó él.
Recordó entonces las palabras de Aslan.
"¿Y, si yo consigo que podáis estar con Susan, aceptaréis el tener que cumplir la última voluntad de vuestro padre?"
Caspian había prometido aceptar su boda concertada si, antes de que hubiese acabado el día, podía pasar unas horas con Susan.
"Soy un hombre de palabra; le he dicho a Aslan que, si podía pasar unas horas con Susan, cumpliría la última voluntad de mi padre y, así lo haré. Sin embargo, no cumpliré si no he podido estar con la única chica a la que amo."
Eran las siete de la tarde. Los cuatro hermanos se encontraban en el salón charlando; su madre había salido. Susan no dejaba de mirar cada dos por tres al reloj que había puesto en la pared, la espera la estaba matando.
—Su, ¿te encuentras bien?—le preguntó Peter.
Ella se sobresaltó, estaba más bien absorta en sus pensamientos.
—Sí Peter, me encuentro bien, es más, me encuentro estupendamente.
—Te noto muy nerviosa.
—Pues no sé porqué, la verdad, yo estoy muy tranquila.
—¿Por qué miras constantemente el reloj?—le preguntó Edmund—¿Acaso esperas a alguien?
—No, claro que no.
"Sí, sí que estoy esperando a alguien, pero eso a vosotros no os lo voy a decir."—pensó Susan.
—Ah, ya sé lo que pasa—dijo Peter. Susan lo miró con cierto temor—. No paras de mirar el reloj porque te preguntas cuanto tiempo habrá pasado ya en Narnia.
Susan respiró aliviada, por un momento había pensado que Peter había intuido algo.
—Susan, es inútil que pienses en eso, no tiene sentido, por mucho tiempo que pase en Narnia, yo sé que Caspian no te olvidará.
Ella le sonrió a su hermano mayor para que pensara que había acertado en su suposición.
"¿A qué está jugando Aslan?, ya es casi media noche, el día está apunto de acabar."
Caspian se encontraba en la Gran Torre y miraba el bosque.
—Majestad, os pido un poco de paciencia, el tiempo en el mundo de los reyes del pasado es distinto al nuestro, allí pasa más lento—le dijo una voz que parecía haberle leído el pensamiento y que él conocía perfectamente
—¿Cuánto más debo esperar?, llevo así desde que hablamos esta mañana.
—Tranquilo majestad, en caso de que ella quiera, volveréis a estar juntos muy pronto, aunque por tiempo limitado, como bien sabéis.
—¿Qué quieres decir con eso de "en caso de que ella quiera"?
—Le he enviado una nota explicándole toda la situación, no sería justo que no estuviera al tanto de todo, y…
—Espera un momento, ¿me estás insinuando que ella sabe lo de mi boda concertada con Lisarella?
—Así es majestad.
—No tendrías que haberle dicho nada, ahora seguro que ella no querrá saber nada de mí.
—Yo no estaría tan seguro, en la nota le dije que os negabais completamente a casaros porque vuestro corazón le sigue perteneciendo a ella, además, Susan se marchó de Narnia sabiendo que no podía volver y que, tarde o temprano, vos tendríais que rehacer vuestra vida.
—Debe odiarme, seguro, yo le prometí que…
Caspian calló de repente.
—¿Qué fue lo que le prometisteis?
—Prefiero que eso siga siendo algo que sólo sepamos ella y yo.
Aslan asintió con la cabeza.
—Majestad, ¿me permitís haceros una pregunta un tanto curiosa?
—Adelante, aunque no te garantizo el que vayas a tener una respuesta.
—¿Peter tiene conciencia de los frecuentes encuentros que se produjeron entre Susan y vos mientras estabais en el altozano?
Caspian enrojeció ligeramente.
—¿Cómo sabes tú…?
—Ya os dije esta mañana que soy un león muy sabio e inteligente y que sé cosas que ningún otro ser sabe.
—Nadie, a excepción de Piesligeros, sabía nada de ellos, ninguno de los dos quería tener problemas con Peter.
Susan subió rápidamente a su habitación y cerró la puerta. Fue hasta su cama y se sentó en ella, acto seguido sacó la nota de Aslan de debajo de la almohada y volvió a leerla. Eran las diez menos cinco. Cuando terminó de leer, suspiró, ya faltaba muy poco para que volvieran a verse.
El reloj del salón marcó las diez.
—Chicos, venid a cenar.
La voz de su madre era la señal. Peter, Edmund y Lucy se levantaron de los sillones en los que estaban sentados. Susan, que había oído a su madre perfectamente, supo que la hora había llegado. Con la nota de Aslan aún en las manos, pronunció el nombre que le sabía a gloria.
—Caspian.
Aslan, que aún seguía con el joven rey, escuchó la voz de Susan pronunciando el nombre del chico al que amaba.
—Majestad, os prometo que, pase lo que pase entre Susan y vos, sólo lo sabréis vosotros dos. Buen viaje.
Aslan puso en marcha el conjuro ante la sorprendida mirada de Caspian, quien, al instante, notó como algo tiraba de él.
—Aslan, ¿qué pasa?
—Dejaos llevar majestad, sólo así podréis ir con Susan, quien ya os está esperando.
Caspian dejó que aquella fuerza invisible le arrastrara. Cerró los ojos y notó el viento, después nada y, al instante, un dolor intenso en la cabeza.
Susan escuchó el golpe y se levantó de la cama, al mismo tiempo que veía como se cerraba un halo de luz y escuchaba…
—¡Aaaauuuu! Por Aslan, menudo golpe.
Susan dejó la nota de Aslan sobre su mesilla, fue hasta los pies de la cama y vio a Caspian, quien se había dado un golpe en la cabeza con la madera que había al final de ésta. Se inclinó y le preguntó sonriendo:
—¿Te encuentras bien?
Caspian levantó la vista y vio el rostro más hermoso que había visto en toda su vida.
—Mejor que nunca en estos momentos—le contestó él también sonriéndole.
Susan le ayudó a levantarse y se abrazó a él.
—¿Cuánto tiempo ha pasado en Narnia desde que nos marchamos?
—Un mes y medio, demasiado tiempo sin ti.
Ella sonrió.
—Para mí no ha sido tanto tiempo, es más, sigue siendo el día en el que hemos vuelto de Narnia pero, te echado de menos.
Caspian comenzó a acariciarle el cabello.
—¿Cuántas horas crees que nos dará Aslan?—le preguntó él a ella.
—No lo sé, en su nota me decía que no sabía cuantas iban a ser exactamente, pero no pensemos en eso, pensemos que estamos juntos.
Caspian se separó de ella y la besó con pasión, ansiaba volver a probar el sabor de sus labios. Susan le rodeó el cuello con los brazos, pegó totalmente su cuerpo al de él y profundizó el beso. Se separaron por falta de aire.
—Se… Seguro que me odias—le dijo él.
—¿Por qué?—preguntó ella extrañada.
—Sabes que voy a casarme, le prometí a Aslan cumplir con la última voluntad de mi padre si podía volver a estar contigo.
—Lo sé, Aslan también lo decía en la nota, pero, no te odio porque vayas a casarte, sabía que tendrías que hacerlo.
—Ojalá pudieras volver conmigo, no quiero a otra que no seas tú, tú eres la única a la que quiero por esposa.
Susan volvió a besarle.
—Quiero que recuerdes que siempre te voy a querer—le dijo ella.
—Recuérdalo tú también, sabes de sobra que mi corazón te va a pertenecer por siempre.
Ambos sonrieron y volvieron a besarse, nuevamente de forma apasionada. Sin embargo, Caspian no tardó en despegar su boca de la de ella e irse a su cuello. Susan suspiró y se aferró más a su cuerpo. Notó como él le quitaba la roja chaqueta del uniforme, la cual tiró al suelo. Ella le condujo hasta su cama, entendía su necesidad de volver a hacerla suya. Al tumbarse ambos se quitaron los zapatos. Él estaba sobre ella, detuvo sus actos y la miró.
—Susan—dijo con cierta timidez—, no hay porqué hacerlo, no es necesario.
Ella le sonrió y, muy lentamente y disfrutando enormemente del momento, le quitó la camisa.
—Quiero hacerlo Caspian, deseo que vuelvas a hacerme tuya, ¿vas a satisfacer mi deseo?—le preguntó con una pícara sonrisa.
—Sabes perfectamente que no puedo negarte nada—le dijo sonriéndole.
Ella rió y le besó, instándole a que siguiera, algo que él no tardó en hacer. Mientras se besaban, Caspian comenzó a desabrochar los botones de su blusa y, una vez que terminó, Susan se incorporó ligeramente para que pudiera terminar de quitársela.
Caspian tiró la blusa de Susan al suelo y, mientras depositaba tiernos besos en su cuello y hombro derecho, le desabrochó el sujetador, dejándole libre el pecho. Ella volvió a tumbarse en la cama y él comenzó a besarla lentamente, descendiendo desde el cuello hasta el inicio de su falda, acariciando al mismo tiempo su blanca piel, la cual le parecía extremadamente suave. Susan no podía dejar de suspirar.
Caspian, sin dejar de de besarla, volvió a subir hasta que llegó nuevamente a su cuello. Ella aprovechó entonces para quitarle el pantalón, dejándolo únicamente con la ropa interior. Él sonrió y la besó; las manos de Caspian bajaron hasta su cintura y comenzó a quitarle la falda, mientras ella enredaba sus dedos en su media melena castaña oscura.
Susan no pudo aguantar más y terminó con aquel beso para poner sus labios en el cuello de él, lo que provocó que de la boca de Caspian saliera un suspiro de placer, pero ella no se detuvo ahí pues, al igual que él, también estaba acariciando delicadamente su cuerpo. Después de eso, Caspian comenzó a acariciar con ternura las piernas de Susan y le quitó los calcetines, al hacerlo ella rió, él le había hecho cosquillas. Justo después, él, que estaba deseando poder volver a sentirse dentro de ella, le quitó la única prenda que le quedaba puesta a su amada.
Susan paseó sus manos por la espalda del joven rey, quien, a cada gesto de ella, no podía evitar el cerrar los ojos, suspirar y desearla más aún. Lentamente Susan fue bajando las manos hasta que éstas llegaron a la ropa interior de él. Despacio y, nuevamente disfrutando del momento, terminó de desnudar a Caspian. Él, que aún mantenía los ojos cerrados, se dejó terminar de desnudar sin poder dejar de emitir suspiros de vez en cuando.; notó como las manos de Susan iban ascendiendo tierna y lentamente por su abdomen, como continuaban por sus pectorales y como llegaban finalmente, pasando por el cuello, hasta su rostro. Notaba la respiración agitada de Susan y la suya propia, ambos deseaban volver a amarse igual que la primera vez. Los labios de ella se posaron sobre los suyos mientras que él acariciaba su cintura.
Al igual que la primera vez, todo empezó como un juego, un juego que comenzaba con una danza en la que las protagonistas eran sus lenguas y la pista de baile sus bocas al fundirse en un apasionado beso.
—Hazme tuya Caspian—le susurró ella al oído—, no puedo esperar más, quiero sentirte dentro de mí, quiero sentir que sólo somos uno.
—Todo será como mi reina desee—le susurro también él al oído.
Caspian no se hizo de rogar más y comenzó a satisfacer, no sólo el deseo de Susan, sino también el suyo propio, el cual se había ido incrementando cada vez más. Imitó los mismos movimientos que había hecho aquella noche en la que fue suya por primera vez, unos movimientos lentos y cargados de delicadeza; era una penetración fácil y placentera que arrancaba profundos suspiros de sus gargantas.
Susan tenía sus brazos alrededor del cuello de Caspian y, poco a poco y en varias ocasiones, iba bajando sus manos hasta su rostro para acercarlo al suyo y poder besarle; Caspian se perdía en la pasión de aquellos besos y aumentaba progresivamente la rapidez de sus movimientos. Él notaba como las uñas de ella se clavaban en su espalda y como le arañaban, pero no le importaba, sabía que esos actos no estaban debidos a que él le estuviese haciendo daño, sino al placer que le estaba provocando.
Caspian no podía evitar el gritar el nombre de Susan, al igual que ella no podía evitar el gritar el de él; al principio se mencionaban mutuamente en susurros, los cuales iban poco a poco subiendo de tono. Minutos después, él le dijo a ella:
—Susan—dijo Caspian jadeando—, no puedo… mas, no puedo… aguantarme más.
Susan sabía perfectamente a lo que se refería Caspian, pero no emitió ninguna respuesta, lo único que se sentía capaz de emitir eran los incesantes suspiros de placer que Caspian le provocaba a cada movimiento que hacía; se sentía en el paraíso. Sin dejar de suspirar, volvió a acercar el rostro de él al suyo y le besó con una furia inusitada.
—Susan—Caspian no podía dejar de jadear—, de verdad… que no puedo… aguantarme más.
Susan pegó por completo su cuerpo al de él y aferró sus brazos a su cuello, enredando nuevamente sus dedos en el cabello de Caspian. Su boca quedó a la altura del oído de él.
—No… no te… aguantes… más—le dijo ella—, recuerda que… no es bueno… reprimirse.
Caspian obedeció las palabras de su reina y dejó de aguantarse, algo que provocó que, al igual que en aquella primera noche, suspirase extremadamente fuerte debido a todo el placer que estaba sintiendo en aquel momento; justo después puso sus labios sobre los de Susan y la danza entre su lengua y la de ella volvió a comenzar. Acto seguido a aquel beso, los labios de Caspian depositaron un tierno beso en el cuello de ella y, mientras apoyaba su cabeza en el hombro desnudo de Susan y le pasaba el brazo derecho por la cintura para abrazarla, le dijo:
—Te quiero.
Ella, que tenía los ojos cerrados, sonrió mientras abrazaba a Caspian, definitivamente era perfecto en todo.
—¿Estás bien?—le preguntó él.
—Mejor que nunca—le dijo sin borrar la sonrisa de su rostro, abriendo los ojos y acariciándole con una mano la espalda.
—Mmmmmm, ¿dame algo de descanso no?
Susan comenzó a reírse y miró el reloj que había encima de su mesilla, aún eran las diez.
