N/A: Rápido y cortito. Yuju! Lo que jamás pensé que podría hacer! xDD Esta vez traigo het (tal y como prometí) pero eso sí, MUY crack.
Situado en el 5º año, teniendo Ron 16 años y la interesada, 14. (Y aunque pueda parecer algo precoz, he visto niñas de 14 años usando la misma talla de sujetador que yo, y no me paro a describir qué otras cosas más xD).
Y aun no siendo una recomendación para el fic en toda regla, he de decir que escuchando la canción Closer de Nine Inch Nails me he puesto muy MUCHO en la piel de Ron.
Idiota. Tremenda y jodidamente idiota. Así era la maldita cría. Y que alguien como él lo hubiese notado solo delataba la poca sutileza con que ese defecto se manifestaba en ella. Era superficial, malcriada y cruel. Su hermana se limitaba a subirse la falda y menear a un lado y a otro esas posaderas tan bien puestas que ese Dios muggle –algo salido, admitámoslo– le había dado quién sabía con qué oscuros objetivos. Pero ella quería ser más. Ella quería diferenciarse, quería dejar de ser la pequeña para ser la mejor. Sin embargo, y a pesar de todos sus esfuerzos por atraparla, esa inteligencia soñada seguía siendo más rápida que ella. Su astucia social era inversamente proporcional a sus dotes académicas. Así que optó por ser algo más práctica, y reuniendo toda esa caradura que caracterizaba a los Greengrass, una tarde se plantó frente a la Señora Gorda dispuesta a echarle un cubo de agua encima si no la dejaba pasar. Cuando tras un largo rato de amenazas logró entrar, toda la Sala Común de Gryffindor la miraba atentamente, alertada por los gritos, con una mezcla de asco y estupefacción que habría hecho sentir non grato al mismísimo Merlín. Pero ella no retrocedió un solo milímetro. Avanzó entre la masa de miradas envenenadas, buscando la que sería su alianza perfecta. La encontró frente a la chimenea, la mano manchada de tinta oscura y la cabeza demasiado inclinada sobre la mesa de roble.
Ron no podía dar crédito a lo que pasaba ante sus ojos. Astoria hablaba dulcemente con Hermione, con esa fría dulzura perfectamente calculada que causaba escalofríos. Definitivamente, tan límpidas intenciones no podían traer nada bueno, y él conocía demasiado de su trayectoria como para tomar en mano alguna de sus palabras. Y sabía que era idiota, cruel y tenía unas tetas escandalosamente bien puestas, pero todo ello no pasaría por el filtro de Hermione. No si él estaba allí para evitarlo.
—Vete a dar un paseo, serpiente —escupió sobre su hombro—. Este no es tu agujero.
—No sé, comadreja —respondió ella apenas girando levemente la barbilla para observarle al final de sus pestañas—. Tal vez deberías hacerme un hueco en el tuyo, ¿no crees?
Hermione empujó las dos manos contra la mesa, enrojecida de pies a cabeza, con el cabello aún más encrespado cayendo furiosamente contra sus hombros. Astoria le dedicó una mirada interrogativa, adornándola con esa sutil sonrisa que cada chica de Hogwarts con algo de amor propio interpretaba como una profunda herida en su orgullo.
—Cuida tus modales, cariño. —La palabra sucia le era muy fácil. Extremadamente fácil—. Solo venía a hacerte una oferta que quizá podría interesarte, pero yo no hago tratos con lunáticas. —Se volvió hacia Ron apoyando una mano sobre los apuntes de Hermione, trazando sensualmente un arco con la cintura—. Cuando cambies de guardaespaldas, avísame.
Dio un par de pasos en su dirección. Se paró un segundo frente a él y ensanchó la sonrisa, dejándole ver aquellos perfectos dientes que tantas salivas habían recibido en tan poco tiempo de existencia. Siguió en dirección a la puerta, acaparando nuevamente toda la atención de los presentes, y Ron pudo verla salir simplemente por donde había venido sin dedicarles una sola mirada. Detrás de él las quejas e improperios de Hermione comenzaron su salida irrefrenable, pero su mente ya vagaba demasiado lejos como para sacar alguna palabra nítida. Se había quedado anclado, inmerso en aquella sensación soporífera y caliente de sus ojos fijos en los suyos, el verde azulado filtrándose en sus pensamientos y diciéndole más de lo que podía soportar.
Ron no estaba dispuesto a escuchar a Hermione. Y una parte de él se lamentaba por su actitud, pero otra le instaba ominosamente a que continuara dejándose llevar por las agradables situaciones que recorrían su imaginación. Y él no era un hombre de férreas voluntades. Así que simplemente vagó por todos aquellos senderos que tantas voces le recordaban como prohibidos, olvidando quién era él, quién era ella, qué edad tenía o por qué le hipnotizaban sus tetas. Unas tetas que se frotaban religiosamente contra él, que le permitían hacer cosas con las que Hermione nunca soñaría, una piel mojada en sudor y unas piernas a horcajadas que le hacían sentir a punto de reventar. El vaivén acompasado de sus pezones, la mezcla de su olor y su melena rubia con sus pecas y su pelo rojizos, los gemidos contra la yugular que acababan con todo su aire. La humedad de su entrepierna contrayéndose sobre él, unas punzadas de gloria que le llegaban al cielo de la boca y sus muslos completamente abiertos, casi desgarrándose sobre las palpitaciones de su erección.
—¿Ron? ¡RON! —le gritó Hermione demasiado cerca del oído, haciéndole dar un respingo—. ¿Me estás escuchando?
N/A: Roncachondo!FTW. La otra vez dejaba él con la miel en los labios, así es que ahora le toca sufrir en soledad un poquito (y siento haber puesto a Hermione tan puritana, pero admitamos que Lucía LaPiedra precisamente no es xDD). Y siempre he tenido una imagen de Astoria algo exageradamente sexual, no sé por qué, la verdad. La niña así, sin comerlo ni beberlo, acaba con el chulazo de Draco, ¡déjenme que me haga conjeturas!
Es un crack que nunca se me había ocurrido, por eso de que Astoria apenas tiene canon y tal. Pero bueno, puestos a experimentar, el fandom es el que gana, ¿no? :)
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