1- Camino a Hogwarts

Lily estaba realmente muy nerviosa y no cabía de felicidad. Sus padres estaban también muy contentos y sin embargo, no podía decir lo mismo de su hermana Petunia que la miraba con recelo; y es que ella iba a ir a un colegio de magia y hechicería llamado Hogwarts que para desgracia de Lily, no habían aceptado a su hermana que se sentía ahora mismo algo desplazada.

Había descubierto sus poderes hacía muchos años pero hasta que tuvo nueve no se lo quiso decir a nadie, lo que provocó que su hermana la llamase bicho raro y se lo contase a sus padres. Ese mismo día conoció a Severus Snape, un chico de pelo negro y ojos negros que era un vecino cercano y que era hijo de magos al que por lo visto también le habían aceptado en Hogwarts.

Ahora mismo se encontraba con su familia entre el andén 9 y 10 donde había quedado con Severus.

No mucho más tarde vio a Severus no muy lejos y le empezó a saludar con nerviosismo. Detrás de él iban sus padres con una gran sonrisa. Los dos amigos se dieron un fuerte abrazo.

_ Me alegro de verte, Lily

_ Yo también me alegro, Sev – sonrió ella - ¿Qué hay que hacer?

_ ¿Ves esa columna? – Lily asintió – Pues tienes que correr hacia ella con decisión, no te pares en ningún momento. Ya verás.

Lily respiró hondo y siguió las instrucciones, no sin antes haber cerrado los ojos fuertemente. Cuando los abrió, se encontró con una pancarta que indicaba el andén 9 y 3/4. Detrás de ella aparecieron sus padres y su hermana con una mueca y poco después Severus seguido de sus padres.

_ Lily, pórtate bien y no te olvides de escribirnos, ¿de acuerdo?

_ Claro que no, papá – replicó ella y miró por última vez a su hermana que ni siquiera quería mirarla y Lily se despidió de sus padres y se fue con Severus, no sin antes dejar su equipaje dentro del tren y seguir a su amigo al interior del tren.

Vieron a mucha gente dentro ya e intentaron buscar un compartimiento vacío y cuando lo encontraron, se sentaron juntos.

_ No quiero hablar contigo – dijo Lily llorando de repente.

_ ¿Por qué no?

_ Tuney… me odia. Porque leímos la carta que le envió Dumbledore.

_ ¿Y qué? – preguntó extrañado

_ ¡Qué es mi hermana! – le espetó

_ Solo es una... – no llegó a terminar la frase y suspiró y sonrió – ¡Pero si nos vamos! ¡Lo hemos conseguido! ¡Nos vamos a Hogwarts! ¡Ojalá te pongan en Slytherin!

_ ¿En Slytherin?

No pudo terminar la frase porque justo en ese momento llamaron a la puerta del compartimiento y dos chicos se asomaron.

_ ¡James! ¡Por favor! ¡Si sigues así de ilusionado y sin hacer las maletas, te encerraré en casa hasta el año que viene! – amenazó su madre molesta de verle hablando otra vez con su padre de cierto colegio al que iba a ir y que no paraba de mencionar. Que si Hogwarts tal que si Hogwarts cual… Al paso que iba, le iba a estallar la cabeza de que su hijo no dejase de hablar del colegio de magia que le había aceptado.

James miró a su madre totalmente sorprendido pero se fue a su habitación a hacer sus maletas, no sin antes hacer una mueca de desagrado.

_ ¿Y tú no le dices nada? – le preguntó la madre a su marido.

Este se rió sonoramente, la cogió de la cintura y la besó suavemente con una sonrisa pícara.

_ Déjale, es que está ilusionado. Ha heredado la ilusión de su padre y sus ganas de hacer las maletas – se rió.

Su mujer terminó también riendo y sonrió a su marido, al que volvió a besar.

Cuando James bajó ya con todas sus maletas hechas, vio que sus padres se estaban besando en el comedor.

_ ¡Por favor, poned un cartel o algo para que no os molesten! – se quejó James tapándose los ojos con su lechuza que estaba en la jaula. Su madre sonrió y se separó de su marido.

_ Venga, te acompañaremos hasta el andén. Y recuerda, esta navidad no puedes venir a casa porque tenemos mucho trabajo pero en pascua ven a visitarnos por favor – recordó su madre – Ah, y escríbenos ¿de acuerdo?

_ ¡Qué sí mamá! – y dicho eso, salió corriendo.

Una vez que llegaron a la columna, pasaron la columna que llevaba al andén 9 3/4 y después de que sus padres le dieran otra vez el sermón fue corriendo a entrar en el tren, dejando antes el equipaje. Caminó por los pasillos y vio a muchos alumnos que reían y entraban en distintos compartimentos, aunque James no se fijaba demasiado en ellos pues estaba muy ocupado con su ilusión.

Es por ello que James no llegó a ver a un chico de pelo negro y ojos grises que estaba delante de él y con el que se iba a chocar pues estaba demasiado entusiasmado con Hogwarts.

_ ¡Perdón! – se disculpó enseguida al chocar contra él – Estaba pensando y se me ha ido la cabeza a las nubes.

_ No importa – sonrió el otro a su pesar y al ver que sería de su edad se presentó – Me llamo Sirius, ¿y tú?

_ Yo soy James. Oye, ¿no habrás encontrado algún compartimiento que no esté muy lleno? – preguntó algo avergonzado.

_ Pues no. Iba a buscar uno o a intentar buscar a mi prima pero, en fin… – suspiró él – ¿Me acompañas?

_ ¡Claro! – asintió James contento.

Los dos chicos se dirigieron hacia el fondo del tren mirando a ver si había algún compartimiento donde poder sentarse.

Después de tanto buscar, encontraron un compartimiento donde vieron que solo había dos y decidieron llamar y entrar.

La chica que estaba a la derecha se giró para mirarlos y sonrió.

_ ¿Podemos sentarnos aquí? – preguntó Sirius enarcando una ceja. Los dos chicos que ya estaban sentados se encogieron de hombros y estos decidieron sentarse.

_ Yo soy James y él es Sirius – dijo con una sonrisa

_ Encantada. Yo soy Lily y él es Severus – presentó Lily.

Ellos sonrieron y dieron la mano a los otros dos respectivamente.

_ Por cierto James – dijo Sirius y este levantó la vista - ¿Es tu primer curso?

James asintió.

_ También es el nuestro – dijo Lily emocionada – Bueno, ¿Qué me decías, Severus? – los otros chicos se pusieron a hablar de lo suyo.

_ ¡Qué ojalá te pongan en Slytherin!

_ ¿En Slytherin? – preguntó ella extrañada.

_ ¿A Slytherin? Si me pasara eso, creo que me largaría. ¿Tú no?

_ Toda mi familia ha estado en Slytherin – dijo Sirius haciendo una mueca.

_ ¡Jo! Y yo que te tenía por una buena persona. - dijo James con resignación

_ A lo mejor rompo la tradición. ¿Dónde crees que vas a ir tú? – le preguntó este

James hizo una sonrisa y sacando una espada invisible, dijo:

_ ¡A Gryffindor!, "Donde habitan los valientes" Como mi padre.

Severus hizo una mueca y bufó en silencio.

_ ¿Te ocurre algo?– le preguntó James

_ No que va. Si prefieres lucir músculos antes que cerebro…

_ ¿Adónde te gustaría ir a ti, que no tienes ninguna de las dos cosas? – preguntó Sirius riéndose. James soltó una carcajada.

_ Vámonos Severus, buscaremos otro compartimiento – se levantó Lily enfadada, sin poder aguantar más.

_ ¡Ooooooh! – dijeron al mismo tiempo Sirius y James imitando la voz altiva de Lily.

_ ¡Hasta luego, Quejicus! – se despidió James

Severus no puso ninguna objeción y los dos salieron del compartimiento cerrando la puerta de un portazo.

_ Que humor tiene esa pelirroja – dijo Sirius con una sonrisa – Por cierto, ha sido muy bueno lo de Quejicus.

James sonrió complacido y empezó a hacer reverencias que hizo partirse de la risa a Sirius hasta que oyeron que llamaban a la puerta y se abrió la puerta.

_ ¡Ah! ¡Por fin te encuentro! – dijo una chica de pelo oscuro.

_ ¡Andrómeda! – saludó Sirius y la abrazó – Me alegro de verte. Este es tu último año.

_ Sí, la verdad es que me da pena – dijo ella encogiéndose de hombros y miró a James – Ya veo que has hecho un nuevo amigo. Bueno, espero que tengáis un hueco para uno más – se giró y atrajo hacia ella un chico de pelo rubio y algo gordo – Os presento a Peter. Me he encontrado a unos estudiantes abusando de él e intentaba buscar un lugar donde no le matasen.

_ Tranquila prima, nosotros somos buenas personas – sonrió Sirius – Peter, entra. Este es James y yo soy Sirius.

_ Es un placer – dijo algo pálido aunque sentándose.

_ Bueno chicos, pasarlo bien y no tardéis mucho en vestiros – sonrió la chica y cerró el compartimiento.

_ Es de Slytherin – dijo James sorprendiendo a Sirius – Lo digo por su corbata y el escudo que llevaba.

_ ¡Ah, claro! – sonrió Sirius – Pensé que lo habías adivinado. La verdad es que estoy tan acostumbrado a verla que no me había dado cuenta.

James sonrió y ofreció unas ranas de chocolate a sus nuevos amigos. Estos aceptaron encantados.

_ Por cierto Peter, ¿dónde crees que estarás?

_ No sé, espero estar en Gryffindor – murmuró él, aunque lograron entenderle.

Sus amigos sonrieron y James le felicitó por su gran elección y amenazó a Sirius de que si terminaba en Slytherin le haría la vida imposible. Este no hizo sino más que reírse a carcajadas.

La señora del carrito les ofreció comida y ellos pidieron unas cuantas cosas para comer por el camino y decidieron cambiarse antes de que se hiciera de noche. Al cabo de un rato, el tren se paró y todos empezaron a salir.

_ ¡Por favor, todos los de primero conmigo! – gritó un hombre bastante grande - ¡Los de primero aquí!

Todos los de primero se dirigieron hacia el gran hombre y todos empezaron a seguirle, mientras seguía gritando que fueran con él los de primero hasta que estuvieron todos. Empezó a caminar hacia el lago donde estaban unas barcas en las que empezó a mandar que montaran por grupos de cuatro. Estos como eran tres decidieron juntarse con el guía, que dijo que se llamaba Hagrid, para no tener que separarse. Este no puso ninguna objeción y los tres chicos observaron con asombro todo el gran paisaje que rodeaba al gran colegio.

Todos miraron asombrados el gran colegio donde estudiarían magia y James se preguntó como se las arreglarían para encontrar las clases pues debía de ser realmente muy grande.

Poco después entraron en el colegio y subieron las escaleras donde se encontraron con una profesora que tenía recogido el pelo en un moño.

_ Buenas noches alumnos. Soy la profesora McGonagall y os doy la bienvenida al colegio de magia y hechicería Hogwarts. Ahora todo se está arreglando para la selección y os haré pasar a todos.

Cuando todo estuvo preparado, la profesora McGonagall les hizo pasar y les indicó que fueran poniéndose a los lados y que les llamaría por orden de lista.

Empezaron por la A y los alumnos comenzaron a dispersarse por las cuatro casas dependiendo de quién.

_ Black, Sirius – llamó la profesora

Todos se giraron para mirarle y su prima le miró desde la mesa de Slytherin, expectante. La profesora le puso el sombrero.

_ Vaya, vaya… otro Black. Todos los Black que han pasado por aquí han estado en Slytherin – Sirius tragó saliva nervioso – Creo que te voy a poner en… ¡Gryffindor!

Sirius sonrió y suspiró disimuladamente mientras la mesa de los leones aplaudían sin cesar y oyó un grito de la mesa de Slytherin que le hizo sonreír pues era su prima.

_ ¡Así se hace Sirius! – gritaba ella ganándose una reprimenda por parte de sus compañeros y que ella ignoró completamente volviéndose a sentar.

La profesora siguió nombrando gente hasta que llegó a la E, pues en ese momento tuvo que mandar callar varias veces pues no la dejaban continuar y toda la sala se había quedado en un silencio sepulcral.

_ Evans, Lilian – llamó la profesora

_ Suerte Lily – la susurró Severus en bajo. Ella le sonrió y subió las escaleras con una sonrisa.

_ Mmm... Difícil. Posees cualidades muy valiosas, sí. Creo que te pondré en… ¡Gryffindor!

La mesa volvió a aplaudir contenta y McGonagall tuvo que mandarles callar de nuevo.

Siguió con la lista y Lily se fijó en que la chica que se había juntado con ella y con Severus estaba algo nerviosa, seguro que porque le tocaba a ella pronto.

_ Harris, Violet – llamó la profesora. La chica de pelo castaño oscuro subió las escaleras y respirando hondo, se sentó.

_ ¡Gryffindor!

La mesa volvió a aplaudir y Lily la sonrió al ver que se sentaba a su lado.

Las letras siguieron y llegaron a la L.

_ Lupin, Remus

Todos callaron de repente, pues todos se habían dado cuenta que era un chico muy callado y querían saber a donde iría y Remus se sentía especialmente muy observado lo que le hizo sonrojarse un poco antes de sentarse avergonzado.

_ Interesante… - murmuró el sombrero – Creo que te voy a poner en… ¡Gryffindor!

El chico suspiró y la mesa de Gryffindor aplaudió mirando a Remus con disimulo.

Después de seguir el orden de lista, James seguía hablando con Peter cuando…

_ Pettigrew, Peter – dijo la profesora. James le dio buena suerte y este subió las escaleras. Al poco rato, el sombrero le mandaba a Gryffindor.

_ Potter, James

James subió las escaleras con ganas y la profesora le puso el sombrero para que segundos después el sombrero le mandase a Gryffindor.

_ Russell, Charlize

Una chica rubia subió las escaleras y Lily la observó porque ella también había subido con ellos en la barca y esperaba seguir viéndola.

_ ¡Gryffindor! – y Lily y Violet aplaudieron con ganas sonriéndola. Esta sonrió y se sentó con ellas.

Empezaron a hablar un rato sobre el viaje y sobre donde estaría su habitación hasta que un nombre atrajo la atención de Lily.

_ Snape, Severus

Severus la miró a lo lejos y la sonrió a su pesar antes de sentarse.

_ ¡Slytherin! – proclamó el sombrero y la mesa de las serpientes aplaudió y Lily vio como se sentaba y volvió su mirada a la mesa.

Por último, se dio cuenta de que la última que quedaba era una chica que había estado con ellos en el tren que era realmente muy callada.

_ Vance, Emmeline – pronunció la profesora.

Lily observó como la chica subía nerviosa y como se sentaba.

_ ¡Gryffindor! – proclamó el sombrero y la mesa indicada aplaudió con ganas.

La profesora enrolló la lista y el director Albus Dumbledore les dio la bienvenida y saludó a los viejos alumnos de nuevo. Les dijo que como siempre el bosque prohibido estaba, como bien indicaba su nombre, terminantemente prohibido a todos los alumnos. Terminando su discurso, el director les deseó un "que aproveche" y un mogollón de comida apareció en toda la mesa.

Mucha gente a su alrededor comenzó a presentarse y Lily aprovechó para presentarse a las chicas que había conocido en la barca que estuvieron encantadas de conocerla a ella también y decidieron que estarían juntas en la habitación.

_ Pues creo que mi hermana que está en Ravenclaw me dijo que las habitaciones son de cuatro por cada cuarto – dijo Violet pensando – Necesitamos a alguien más.

_ ¿Y si se lo pedimos a esa chica? – señaló Charlize a Emmeline que no hablaba con nadie – Parece muy callada.

_ Sí – susurró Lily - ¿cómo se llamaba?

_ Me parece que Emmeline – susurró Violet también

_ Esto... Emmeline, ¿verdad? – preguntó Lily girándose hacia la chica. Esta la miró con una ceja enarcada – Nos preguntábamos si ya tenías compañeras de habitación.

_ No, ¿por qué? – preguntó ella desconfiada.

_ Bueno, es que nos falta una compañera y que si quieres puedes estar con nosotras – dijo con cuidado por si la molestaba.

_ ¿D-de verdad? – tartamudeó confundida

Lily asintió sin comprender muy bien y ella las miró profundamente agradecida.

_ Gracias, será un honor – sonrió la chica.

_ No pasa nada – dijo sin importancia Violet – Yo soy Violet, ella es Charlize y ella es Lily.

_ Encantada, creo que vosotras ya sabéis como me llamo. Pero podéis llamarme Line – sonrió la chica de pelo castaño claro.

Las chicas sonrieron entre ellas y siguieron comiendo.

Mientras, los chicos...

_ Eh, Sirius, menos mal que te ha tocado en Gryffindor porque sino te hubiera torturado hasta acabar contigo – dijo en broma el pelinegro

_ No se puede acabar con el gran Sirius Black y sí, menos mal. Por fin alguien que acaba con la maldita tradición de estar en esa casa maldita. Te lo digo yo, esa casa está llena de seguidores de ese gran mago que está en boca de todos.

_ ¿Quién? ¿Voldemort? – susurró James

_ No digas su nombre – se asustó Peter

_ No creo que porque digas su nombre vaya a aparecer en el comedor, ¿os lo imagináis? – se rió Sirius

James se rió también y acabaron riendo los tres.

_ Oye, ¿cómo nos las vamos a arreglar en la habitación si tenemos que ser cuatro? – preguntó Sirius una vez que dejaron de reírse.

_ Tienes razón, ¿a quién se lo pedimos sin que ninguno de nosotros acabe fuera? – preguntó James

_ ¿Por qué no se lo pedimos a ese chico tan callado? No creo que haya pensado en ello – señaló James al chico

_ Ah, sí. El que se sonrojó por vergüenza cuando le fueron a seleccionar – asintió Sirius - ¿Cómo se llamaba?

Pero James no esperó a que alguno de sus amigos respondiese y se giró para mirar al chico callado.

_ ¡Eh, tú! – gritó James tanto que todos se giraron para mirarle y este tuvo que disculparse con una mirada por lo que todos siguieron comiendo menos el que había llamado la atención - ¿Cómo te llamabas?

_ Remus – respondió este sujetando el trozo de pescado en su tenedor sorprendido de que alguien le hablase.

_ ¿Tienes ya pensado con quién vas a dormir de compañeros?

_ No – respondió algo avergonzado y pensando que le harían alguna broma pesada pero lo que James dijo a continuación no se lo esperaba.

_ ¿Te importaría estar con nosotros? Es que nos falta uno y no queremos estar separados – explicó James con una sonrisa.

Remus casi no se atraganta con el pescado que estaba comiendo y Sirius tuvo que darle unos palmaditas para ayudarle.

_ Gra-gracias – tartamudeó – No, no me importaría – respondió al final.

_ ¡Genial, gracias! – le abrazó James casi asfixiándolo.

_ James, le vas a ahogar al pobre – hizo notar Sirius y James dándose cuenta, se disculpó.

_ No importa – le restó importancia Remus cuando pudo respirar.

Dumbledore llamó la atención de todos los alumnos y mandó a los prefectos que acompañaran a todos los alumnos a sus casas pues ya era hora de dormir y al día siguiente les esperaba un nuevo día.

_ Un aviso antes de que os vayáis a dormir – dijo Dumbledore antes de que se fueran – Como medida preventiva, se ha plantado en el colegio un sauce boxeador y debo decir que ningún alumno se debe acercar a él a menos que quiera salir dañado. Ya pueden irse.

Los alumnos empezaron a levantarse y siguieron a los prefectos, no sin antes darse cuenta de que Dumbledore hablaba con McGonagall y que ahora esta se dirigía a los alumnos de su casa, es decir, Gryffindor.

_ Señor Lupin – llamó ella. Remus se volvió hacia ella y tragó saliva muerto de vergüenza – El director quería hablar con usted. ¿Podría acompañarme?

_ Pero profesora – fue a replicar el prefecto – ¿Luego cómo va a saber adónde ir y la contraseña para entrar?

_ Ya me encargaré de ello, no se preocupe – le quitó importancia – Ahora, señor Lupin, si no le importa… - dijo haciendo un gesto para que la acompañara.

Este miró a sus compañeros no muy decidido.

_ ¡Ve! – le animó Sirius – Nos veremos en la habitación.

Los tres amigos se despidieron de él y se fueron con sus compañeros.

Remus tragó saliva y siguió a la profesora. Una vez que pararon, llegaron a una estatua de un águila.

_ Gragea multisabor – pronunció ella. El águila comenzó a subir y esta le indicó que subiera. Este se puso en una escalera y la profesora le siguió.

Una vez que llegaron, llamaron a la puerta.

_ Adelante – los dos pasaron y el director se giró hacia ellos - ¡Ah, ya estáis aquí! Siéntate Remus, por favor. Tú también Minerva. ¿Un caramelo de limón? – ofreció. Remus cogió uno y mientras lo desenvolvía, murmuró un gracias. La profesora cogió otro pero ni siquiera lo desenvolvió – Verás, te he hecho venir por lo que he comentado esta noche sobre el sauce boxeador. ¿Sabes porqué?

_ No, señor.

_ Porque, como bien sabes, tú eres más especial que el resto y al ser más especial tenemos que tomar medidas por ello. ¿Me entiendes? – Remus asintió sabiendo a qué se refería – Bien. Pues es esta semana y me gustaría que vinieses a mi despacho antes de que sea de noche. Yo te acompañaré la primera vez y estarás ahí los tres días.

_ Pero profesor, ¿cómo voy a entrar en ese árbol si hace daño a los alumnos? ¿Y las clases? – preguntó sin entender.

_ Para entrar tendrás que golpear una parte del tronco que yo te indicaré este mes para la próxima vez y el árbol se relajará y te dejará entrar – explicó el profesor – En cuanto a las clases, no te preocupes. Los profesores te comunicarán los trabajos, deberes y lo que hayan hecho una vez que estés bien, aunque algunas clases para recuperar tendrás que ir por la tarde o un fin de semana.

_ No hay problema, señor – dijo Remus sin importancia.

_ ¡Bien! – sonrió este – Entonces ya puedes marcharte. Por favor Minerva, acompaña a Lupin a sus habitaciones.

_ Por supuesto, Albus – sonrió ella. Se levantaron y se fueron del despacho del director.

La profesora le acompañó hasta el retrato de una señora gorda que casualmente se llamaba La Señora Gorda y se paró.

_ ¿Contraseña? – preguntó

_ Lux maxima – pronunció la profesora.

La señora asintió y el cuadro se abrió, dando a una sala muy amplia donde había una gran chimenea con el fuego encendido.

_ Bueno, esta es la sala común de Gryffindor. La torre de los chicos es esa. Muy buenas noches – se despidió la profesora.

_ Gracias y buenas noches profesora – agradeció Remus.

La profesora sonrió y se fue. Este subió las escaleras de la torre y buscó por las habitaciones a sus compañeros llamando si estaba la puerta cerrada o echando un vistazo si estaba abierta.

Al final llegó a una habitación donde oyó risas y llamó y abrió cuando respondió alguien de dentro.

_ Oh, eres tú Remus – sonrió James más calmado - ¿Qué te dijo el director?

_ Mañana os cuento – dijo con un bostezo – Estoy algo cansado y mañana tenemos clases.

_ Eso es cierto – hizo notar Peter también soñoliento y tumbándose en una cama – Buenas noches.

_ De acuerdo, buenas noches – aceptó Sirius con resignación.