II

Il pazzo

Carta del tarot que avecina el comienzo de las cosas, alude a una gran posibilidad detrás de una situación difícil.

-¿Que hago aquí?- Musito una chica mientras sentía el dolor en su cuerpo.

Al levantarse pudo notar donde estaba, sintió punzadas en su cabeza y se miro al espejo, el único espejo dentro de esa habitación, era pequeño, pero lo que veía era inconfundible, las heridas de su rostro y su cuerpo se encontraba infectadas por no haber recibido tratamiento, la joven se apresuro a bañarse intentando desinfectar las heridas con el jabón de tocador.

Coloco nuevas vendas y salió de la habitación sin hacer ruido.

Miró a un chico de cabellos blancos: aún dormía.

En realidad estaba acostumbrada a dormir poco, cuando vivía en la posada dormía entre 3 y 5 horas diarias pues trabajaba constantemente, no le sorprendió haberse levantado antes del alba.

Salió de la habitación rumbo a la cocina, encontró a varios hombres bestia con los que pudo conversar, pidió algunas hierbas, solo las elementales para empezar a trabajar.

-¿Tu amo te hizo esto?- pregunto con horror una chica gata.

-No, mi amo me salvó la vida-susurró la joven.

-¿Quién es?-

-Dilandu- volvió a contestar.

-El…estas segura que te salvo…bueno él… no es muy famoso entre los esclavos sabes. Además la ultima joven que lo ayudo… bueno no importa. Que hierbas quieres exactamente.- la chica gata hablaba rápido y estaba nerviosa, el simple hecho de pronunciar el nombre de Dilandu la había puesto así

-Puedes darme un poco de Romero, menta, eucalipto y ramas de sábila.

-Claro espera deberé buscarlas. –

Cinco minutos después las hierbas le fueron entregadas a la joven.

-Se que es mucho pedir- dijo la chica con pena.- pero tendrías una vasija pequeña que ya no utilices.

La chica gato rió.

-No me hables con tanta formalidad, me llamo Ayelén, claro que tengo te la daré en un momento, en este lugar tenemos que levantarnos muy temprano para preparar toda la comida, es difícil pero nos damos abasto muy bien, la mayoría de los soldados no se fijan en nosotros, nos permite estar en paz. –

-Y tu amo, ¿no tienes amo?-

-Pues en realidad, tuve uno- Ayelén suspiro, al parecer era un recuerdo triste- Era un soldado igual que el tuyo, pero fue llamado a la batalla y cuando eso sucede los esclavos sin dueño nos volvemos parte del imperio, nos ocupan para mantener la base o somos enviados a las minas hasta que nuestro amo nos reclame.

-Tu crees, crees que el vuelva, me refiero a que si crees que te reclame- intentó suavizar la chica al darse cuenta de lo rudo de su enunciado.

-No lo se, después de todo pasara lo que pasara yo solo soy una esclava, él no tiene obligación de reclamarme si no me necesita, además puede morir en batalla y si eso pasa, me quedare aquí hasta que me vendan…

-Yo lo siento, no pensé que te sintieras mal-

Ayelén se acerco a entregarle la vasija, era de porcelana y tenía el escudo de Zaibach grabado, pertenecía al igual que Ayelén al imperio.

-Los esclavos solo podemos apoyarnos entre nosotros, la mayoría somos hombres bestia, pero si necesitas algo no dudes en pedirlo.

-Gracias, muchas gracias.

Y la joven se retiro con las hierbas y su nueva vasija, pasó después a pedir fruta para la bandeja de su amo, y a recoger flores y hojas en uno de los jardines, la luz indicaba que se acercaba la mañana y con ella el toque de la trompeta que marcaba el inicio de otro día militar.

Llegó a la habitación de Dilandu y acomodo todo lo que había recogido en su cuarto. Las flores que no utilizaría las metió en un florero para adornar la mesa de noche, mientras que frutas nuevas y suculentas sustituyeron a las anteriores que la joven llevó a su cuarto.

Las hierbas por su parte fueron puestas a remojar en agua. Su madre le había enseñado bien, aún recordaba como tratar enfermos y por supuesto como tratar sus propias heridas.

Había conseguido un soporte y un pequeño mechero con alcohol, serviría perfecto para lo que buscaba hacer, calentó un poco de agua y colocó las hojas de laurel y un poco de eucalipto. Frotó la infusión sobre todas sus heridas y al terminar colocó sábila sobre las más infectadas.

Después de eso hizo otra infusión con menta, pero esa en lugar de frotarla la bebió.

Todo estaba terminado, ahora era el momento de hacer reservas.

Mezclo nuevamente los ingredientes pero ahora con alcohol y menos agua, guardo lo resultante en pequeños frascos de vidrio que había encontrado en el cuarto de Dilandu. Eran frascos de pequeñas muestras de vino que por supuesto su amo ya había bebido.

Termino de hacer todo esto al toque de la corneta, escuchó movimiento y se apresuró.

Dilandu se encontraba ligeramente adormilado aún sobre la cama.

-Le preparare el baño, amo-

Entro pues a preparar el baño mientras Dilandu comía una fruta y se servía el mismo una copa de vino, la degusto pacientemente hasta que la joven salió.

-Trae mi comida- ordeno a la chica en una sola frase.

La joven se dirigió rápidamente a la cocina.

-¡Otra vez! Ahora que quieres- dijo con un fingido tono de molestia Ayelén.

-El amo quiere su comida en la habitación.

-Nunca come con los demás soldados, siempre venía el mismo por su comida, ese tipo es raro y me da escalofríos- rió Ayelén mientras agitaba su cuerpo como si una tormenta de nieve cayera dentro de la cocina.

Después de un momento, la joven esclava se encontraba regresando cargada con una bandeja que contenía un poco de sopa, carne con especias, una guarnición de verduras, y dos panes, además de unos cuantos trozos de algo oscuro que no supo reconocer.

Ayelén por su parte le entrego un trasto con ricas frutas de color rojizo, eran pequeñas y muy dulces, la chica nunca había probado algo así, en su pueblo la comida era si bien no escasa, muy sobria debido a las condiciones adversas del clima.

Al llegar al cuarto de Dilandu coloco la comida cerca de las flores ya sin la bandeja, sirvió otra copa de vino de una nueva botella, un vino que reconoció como dulce, ideal para el desayuno, en la posada había aprendido eso.

Abrió las ventanas y la luz natural entró al cuarto, finalmente luego de dejar la fruta que Ayelén le había regalado en su cuarto, regresó al cuarto principal para tomar una toalla y entrar al cuarto de baño.

Dilandu aún se encontraba en la ducha así que espero pacientemente.

Dilandu separo los cortinajes de la regadera para así poder salir le sorprendió la imagen de la chica ahí parada sosteniendo una toalla que le ofreció.

-¡Que demonios!- el tono de voz de Dilandu puso nerviosa a su esclava

-Amo, su toalla- susurró apenas audible.

-¡Que te hace pensar que quiero que una esclava me vea desnudo!- Volvió a gritar Dilandu. Pero asombrosamente la chica noto un pequeño rubor en las mejillas del peliblanco.

-Yo…yo… lo siento amo, sólo…- el hecho era que con sus antiguos amos siempre había realizado esa función, a ellos no parecía incomodarles, incluso reían cuando lo hacía, nunca pudo interpretar bien eso hasta ese momento. Encontrarse con su amo en esas circunstancias no era extraño, pero con un chico de su misma edad…no podía hablar, no encontraba las palabras se sentía muy avergonzada.- Lo siento… no lo volveré a hacerlo si le molesta. Con mis otros amos…

Dilandu rió.

-Te refieres a los que mataste, o a los que sobrevivieron.- Una mueca sádica inundo el rostro del chico que tomó la toalla para enrollarla debajo de su cintura.

Dilandu salió y tras él su esclava.

-Amo, pido permiso para retirarme en lo que se viste.

Dilandu no contestó nada, aunque hizo una expresión que ella interpreto como si ya me viste todo, esto da igual…

Dilandu pues comenzó a vestirse, la chica lo observó mientras tanto, podía mirar hacía otro lado era cierto, pero el cuerpo de ese chico le resultaba enigmático, no en un modo morboso más bien le recordaba a su hermano. Dilandu era alto, delgado, y con unos músculos muy marcados a causa del ejercicio, su cuerpo parecía un poco femenino y sobre todas las cosas era perfecto, no tenía ninguna marca o cicatriz.

A la chica eso le dio envidia, volteo para reflejarse en el espejo y vio su rostro hinchado que aún no recuperaba su forma natural, se sintió devastada.

Tomo los pantalones de su amo y se los ofreció al igual que una playera muy ligera, después tomo el traje de cuero que constituía parte de la armadura, lo abrocho al cuerpo de su amo no muy fuerte.

-¿esta bien así?- pregunto para corroborar y al mirar el rostro de Dilandu observo lo mismo que antes, un ligero sonrojo.-Amo ¿Esta bien así?- repitió

-Si, si esta bien…impertinente-susurro Dilandu

La chica por su parte continuó dándole las hombreras y los guantes que le protegían, finalmente le coloco la funda de la espada alrededor de la cintura.

-Todo esto...-Dilandu tomo el rostro de la chica con una de sus manos y lo oprimió, la joven sintió el pulgar y el índice de su amo oprimiendo sus heridas, heridas que volvieron a abrirse lentamente hasta sangrar, las lagrimas escapaban silenciosamente de su rostro-…lo odio- y al decir esto el rostro de Dilandu presentó una sonrisa, la sangre que caía a sus guantes le hacía sentirse feliz. Soltó a la chica solo para lamer el líquido rojo entre sus dedos…

-Señor, perdón si hice algo mal lo enmendare- contestó la chica mientras intentaba limpiar sus lagrimas y la sangre al mismo tiempo.

Dilandu volvió a jalarla cerca de él pero ahora no la tomo de su rostro sino de sus brazos, las cortadas que tenía en ellos volvieron a punzar.

-Ah…- alcanzó a susurrar la joven antes de sentir la respiración de su amo cerca de su oreja.

-La sangre, es lo que más excita a mi cuerpo- le susurró al oído su amo-te dije que esto sería peor que la muerte.

Y después de decir eso Dilandu la soltó y salió del cuarto sin más. Su joven esclava si tiró al piso llorando, no lo soportaba, a ese demonio, a ese chico de 15 años, deseaba matarle, pero sabía que no se atrevería, tenía mucho miedo. Lloró y le imploró a Agni el perdón, pero aún en medio de eso no sintió odio hacía Dilandu.

Dilandu por su parte se encontraba afuera del cuarto escuchando las lágrimas de su esclava, sonrió para sí. Mientras al mismo tiempo deseaba entrar al cuarto y volver a verla. Su nuevo juguete eso era esa chica y en cuanto se aburriera, acabaría como la última: muerta.

Después de un rato la joven esclava ya se encontraba más tranquila, comió el desayuno de su amo en su habitación, le sorprendió el sabor de los pequeños trozos cafés, nunca había probado algo como eso a pesar de la pinta, el sabor era bastante dulce…Ese sabor desconocido le fascino.

Después de comer se dedicó a limpiar los dos cuartos, acomodar la cama, sacudir, le asombro por demás el orden con el cual Dilandu mantenía sus cosas, pudo notar incluso que las botellas de vino estaba ordenadas cronológicamente.

Dilandu era demasiado metódico…

Termino pronto sus labores y sabiéndose desocupada hasta la comida se dedico a dar un paseo por la base, observo desde lo lejos a los soldados y en medio de todos ellos le resaltó la figura de su amo, era el único con ese tono de cabello y ese color de ojos, lo vio abofetear a varios de sus camaradas, sin embargo a ninguno de ellos lo noto enojado, al contrario parecían tenerle mucho respeto y confianza a Dilandu.

Incluso uno de ellos, un chico de pelo castaño y ojos azules se ofreció para una demostración de puntería.

Dilandu comenzó a lanzarle dagas sin herirlo.

¿Cómo era posible que un ser tan demoníaco les inspirara tanta confianza a esas personas?

Ella no lo entendía, en lugar de eso opto por retirarse.

Ese día transcurrió sin ninguna novedad, intentó en los días consecuentes no enfadar a Dilandu, de hecho realizaba todas sus labores en silencio, solo musitaba las frases, enseguida, claro amo, en un momento. Para cuando se dio cuenta había pasado más de una semana.

Se levantó como de costumbre, Dilandu había estado practicando hasta muy tarde y como era fin de semana la trompeta no sonaría.

Se preparó rápidamente, se ducho, vistió y quito las vendas de sus heridas que ya estaban cicatrizadas y que ahora necesitaban respirar, se miro al espejo y miro su rostro, le prestó atención a cada detalle y noto que ya casi no tenía heridas, además su cara no estaba hinchada y mucho menos amoratada. Era la primera vez desde hace casi un mes que su rostro lucía tal y como era. Se sintió feliz.

Se dirigió a la cocina en silencio sin despertar a su amo, platico con Ayelén largo rato y asombrosamente rió un poco.

No lo recordaba con exactitud, la última vez que había reído.

Regresó temprano al cuarto de su amo llevando consigo flores para suplantar las marchitas del viejo florero, y la comida. Esta vez Ayelén no le había obsequiado nada así que esperaba pacientemente que Dilandu comiera rápido para así poder salir ella a desayunar.

Como lo esperaba cuando entro al cuarto Dilandu ya estaba despierto.

Se acercó con la bandeja que contenía un ave muy pequeña cocinada con un aderezo de vino, varias hierbas de colores brillantes como guarnición, un plato con frutas frescas y crema y otros trozos de aquella cosa café que no pudo identificar.

Se aproximo a la cama y dejo la bandeja con la comida. Colocó las flores nuevas como adorno y saco una nueva botella de vino para acompañar el desayuno de su amo, en esta ocasión un vino espumoso de color rosado.

Se aproximo a la cama mientras Dilandu la observaba fijamente.

Dilandu la miraba con calma mientras la chica servía el vino, viendo cada detalle, las heridas que su esclava tenía hasta hace poco habían desaparecido casi por completo, a lo sumo conservaba uno que otro rasguño en recuperación.

Se asombro de no haberlo notado antes, su esclava debía tener la misma edad que él.

Por primera vez sintió un poco de interés en ese ser humano.

-¿Amo?-volvió a repetir la chica, Dilandu no se había dado cuenta de que le estaba hablando.

-¿Si?- respondió.

-Bueno, ¿Quiere que le sirva la comida?- la joven estaba algo apenada no estaba acostumbrada a que la miraran con atención.

-Si, si, adelante, pásame la bandeja.-

Así lo hizo, Dilandu comenzó a comer rápidamente a su esclava no le pareció extraño, su amo pasaba tanto tiempo preocupándose por entrenar que la mayoría de las veces olvidaba comer.

-Si gusta puedo traerle otra porción- sonrió la chica.

-No, no, que dices así esta bien…- refunfuño Dilandu mientras miraba avergonzado la bandeja vacía.

Quedaban los trozos cafés de aquel extraño dulce, Dilandu tomo un pequeño y comenzó a mordisquearlo.

-Disculpe amo-la chica lo miró muy sonrojada, mientras cubría su rostro con la bandeja.

-¡Glup!-Dilandu no supo por que se sentía tan nervioso, ¿acaso esa niña lo ponía así?…¿que pensaba decirle?…¿acaso lo que él estaba pensando?…-Este… si dime-

-Me puede decir, ¿como se llama lo que esta comiendo?-

-¿Ehh?- Dilandu mostró un cara entre asombro y enfado asustando a su esclava.

-Perdón, yo no quería ser impertinente…-La chica se ruborizó aún más.

-Jajajajajajajajaja- Dilandu comenzó a reír desquiciadamente, era una risa muy extraña no parecía de sadismo o de mofa…La joven no entendió acaso esa pregunta resultaba tan divertida.- ¿Toda tu vida has sido esclava, cierto?, no hay otra razón por la cual no hayas probado esto.

La joven lo miró con un poco de enfadó.

-Esto se llama "Schokolade", es muy común me asombra que no lo supieras…- Dilandu siguió sonriendo.-Toma, puedes comerlo si quieres.

La joven volvió a sonreír se inclinó un poco sobre la cama de su amo, sin embargo el vestido que usaba era demasiado holgado por lo que parte de sus senos quedaron expuestos justo frente a los ojos de Dilandu. La joven no se percató de lo ocurrido pero al parecer el cuerpo de su amo sí.

-Sal de aquí- susurró Dilandu con cara de enojo.

-Pero…-

-¡LLevate tu dulce y sal de aquí!- gritó Dilandu su esclava tomo el dulce y la bandeja con los platos sucios y salió lo más rápido de la habitación.

No lo entendía del todo, de un momento a otro pasaba de estar feliz a estar realmente enojado, ese carácter la hacía sentirse demasiado insegura. Se quedó un rato recargada en la puerta, alcanzó a escuchar gemidos dentro, no entendió inmediatamente el porque pero al entenderlo se horrorizo. ¿Qué pensaba Dilandu hacer con ella?

Prefirió no pensar en eso por el momento y fue a la cocina a desayunar, hablar con Ayelén de nuevo la calmaría un poco.

Dentro de la habitación por su parte, Dilandu observa el líquido blanquecino en su mano, era un chico es cierto, pero cierta parte de su ser (una parte muy profunda) le hacía entender que eso estaba mal, que era asqueroso y antinatural… ¿pero porqué antinatural? ¡Si el era un chico! Esos pensamientos le atormentaban, no entendía bien el porque… De momento solo sabía algo, debía aprender a controlarse.

-Que demonios estoy haciendo, pero esa chica…es tan…- No pudo acabar de decir la frase y mejor entro al baño a ducharse… Agua fría eso era lo que necesitaba en esos momentos.


Todo el transcurso del día Dilandu evitó entrar a la habitación, sabía que esa chica, su esclava estaría ahí. ¿Como era posible que eso le asustara?

Siguió cabizbajo meditando sobre eso y sin darse cuenta acabo cerca de un grupo de soldados, los escucho hablar.

-Vieron a esa tía…

-Si, su cuerpo era… bueno ustedes saben.

-Esa clase de chicas solo se consigue con dinero.

-Escuche de una posada de mala muerte cerca de aquí. Podríamos ir.

-No seas idiota, esa posada ya no funciona, escuche que una de las esclavas mato al dueño.

-Talvez quería quedarse con el negocio, o el viejo le robo dinero de las ganancias de la noche... saben a lo que me refiero.

-Pues yo escuche que esa esclava había sido condenada a muerte, pero un soldado de alto rango de Zaibach la salvó.

-Debe pasársela muy bien entonces.

Y los tres soldados comenzaron a reír. Dilandu de pronto se sintió muy enfadado, iracundo para ser más precisos, salió al encuentro de los soldados que no tardaron en saludarlo.

-Señor, soldado de primer rango presente señor.

Gritaron los tres al unísono.

Dilandu los miro con una de sus clásicas mueca- sonrisas.

-Parece que tienen mucho tiempo libre soldados.

-Señor- titubearon los tres y se miraron confundidos, de todos los capitanes de Zaibach Dilandu era uno de los más temidos.- si señor- acabaron por susurrar resignados.

-Talvez, pulir los Gymelefs de todo mi escuadrón les enseñe.

-Pero señor- reclamo uno- Es fin de semana señor.

-Bien, puede ser eso o mejor un mes en las celdas con pan y agua.- Rió Dilandu entre dientes-Nos vemos mañana soldados, tomen una buena decisión.

-Señor, si señor.

Y Dilandu se alejó sintiendo que su venganza no había sido suficiente, pero ya hallaría la manera de toparse con esos soldados en otras ocasiones, y sobre todo hallaría la manera de que siempre fueran sus insubordinados.

Regresó a su cuarto para encontrar a su esclava puliendo su espada y su armadura.

La tomo por el brazo levantándola, la miro con enfado y sin poder contener más su ira la abofeteo.

La chica no lloró, solo se quedó quieta y sin saber porque, miró a Dilandu directo a los ojos.

-¿Ahora que vas a hacer?- le preguntó y la pregunta cayó como un balde de agua fría en Dilandu, dejo de sentir ira y volvió a ponerse meditabundo.

Se alejo y fue a sentarse en su silla, la chica se acerco mostrándole la botella de vino y Dilandu únicamente le hizo una señal con la mano para que le sirviera.

Después la joven salió de la habitación en busca de la cena, un poco de pan y quesos, junto con carnes frías y en conserva.

Regreso con la bandeja que le ofreció a Dilandu sin que este tomara nada.

Dilandu la observó fijamente y se dio cuenta de todos y cada uno de sus detalles, su cabello corto de un tono rojizo y opaco, sus ojos verdes y el pequeño lunar debajo de su ojo izquierdo, los tatuajes en sus brazos, y el cuerpo extremadamente delgado y falto de peso de la chica, lo entendió todo de un momento a otro, es chica le resultaba interesante.

Por eso la había salvado y por eso la mantendría con vida hasta saber sus misterios.

-¿Cómo te llamas?- Dilandu recargaba su rostro en su mano con indiferencia y al hacer la pregunta noto el pequeño sobresalto de su esclava, Dilandu levantó su ceja y la miro esperando una respuesta.

-Me llamo… Barin.- respondió la joven que ahora tenía una identidad

-Es un nombre muy extraño, bien Barin quiero más vino-

-Si amo.

Y así de pronto Dilandu entendió que su esclava Barin era una persona aunque en realidad para el no había diferencia.

Ratas, bestias, gatos, humanos… Todos tienen el mismo color de sangre al ser asesinados.

Barin por su parte ya no tenía miedo, había entendido el porque Dilandu la trataba así, el porque la golpeaba y ahora sabía que hiciera lo que hiciera ese chico nunca iba a matarle. Estaba a salvo.

-Amo-

-Que quieres- Dilandu salió de nuevo de sus cavilaciones.

-Gracias por el dulce- susurro Barin sin obtener respuesta.

Barin se sentó junto a Dilandu para darle la cena sin pronunciar otra palabra.

Nota: bueno como había dicho antes he investigado para escribir correctamente el fic, en este capitulo por ejemplo añadí el nombre de hierbas medicinales existentes en la tierra y que por ende en Gaea tendrían una similitud, para no gastarme tiempo utilice los nombres con los que habitualmente las conocemos. Recuerden que Barin es descendiente de una familia de curanderos y médicos, por lo que requiere de ellas para su trabajo. En cuanto a las que utiliza aquí es tan sus usos:

laurel, sirve para cocinar y además si se prepara una infusión con el sirve para desinfectar heridas

el eucalipto sirve para relajar los músculos, desinflama y además es al igual que el laurel un antiséptico natural.

La menta, tiene cualidades analgésicas, es decir nos hace sentir menos dolor.

Sábila, bueno supongo que algunos si la conocerán, esta planta sirve para muchas cosas se usa sobre las heridas para ayudar a que cicatricen y no arde tanto como el alcohol, además de hacer la piel más suave. El chiste es abrir el tallo a la mitad y untarte la celulosa de la planta.

En cuanto a los trozos de dulce color café, la mayoría se lo habrán imaginado es chocolate al puro estilo Zaibach, y el nombre lo tome de la pronunciación en alemán.

Bueno aparte de esto, un agradecimiento a los tres primeros reviews de azka, elka y cain. Azka siempre he contado con tu apoyo y afortunadamente no ha sido la excepción muchas gracias. En cuanto a Elka, bien a mi punto de vista Dilandu es un personaje muy interesante y con mucho potencial dentro de la serie para mi es una pena que se relegue a personaje secundario, pero bueno eso ya es cosas mía, en realidad tengo planeado hacer un fic algo largo, dividido en dos partes contando un antes y un después de la historia de Gaea y de todo lo que conocemos de la serie, me da mucho gusto que te guste mi forma de narrar, en este capitulo sin embargo puedes notar que es diferente pues ya no lo narra Barin, bien me gustaría que siguieras leyendo para que observes mis ideas respecto a esta sensacional serie, será un gusto que sigas mandando reviews. Ahora bien cain muchas gracias por el comentario y en efecto pienso unir las dos historias, las de la serie con las mías esto es por una simple idea que me surgió en donde pensé hacer un fic un poco más original, la mayoría de las secuelas ponen como enemigo a un aliado de Zaibach o incluso a Zaibach de nuevo y aquí de antemano pensé en otro enemigo para que este fic no sea la clásica continuación de la serie, de momento esta parte que estoy escribiendo es un precuela espero sigan leyendo.

Este capitulo es un poco más de relleno, el fic comenzara a tomar forma en el capitulo siguiente, actualizare pronto.