Harry pertenece a J.K. y yo distorsiono su historia durante un ratito de diversión, solo eso. Nada de beneficios económicos de esto.
Este fic participa en el topic "¡Feliz cumpleaños!" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Título: La paradoja de Teseo.
Resumen: Cuando se han remplazado todas las partes de un barco, ¿sigue siendo el mismo barco?
Capítulos: 2/7
Género: Angst/Drama
Advertencias: AU/Travel Time (¿?)/Dark!Harry (¿Harry!Sly?)/Slash (ligero). Esta historia contiene un montón de escenas extrañas, una trama enredada, cosas confusas, que podrían causarte un montón de traumas y dolores de cabeza. Si estás listo para eso… ¡Bienvenido! Sino, ¡huye cuanto antes! Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.
La paradoja de Teseo
Por:
PukitChan
Capítulo 2
Enero del 2006
Harry deslizó sus dedos por encima del paquete mal envuelto que Sirius le había dado durante las vacaciones Navidad. De acuerdo con su padrino, se trataba de algo importante que podría serle de mucha utilidad cuando más lo necesitara. Sin embargo, Harry se preguntaba si de verdad era una buena idea que lo tuviera. Con la creación del Ejército de Dumbledore, y Umbridge aplicando una especie de ley marcial en Hogwarts para vigilar cada uno de sus pasos, lo que sea que Sirius hubiera pensado con aquel obsequio parecía ser algo sumamente arriesgado. Harry no estaba exento de decisiones estúpidas, lo sabía, pero Sirius… joder, Sirius era la única familia que le quedaba y no quería perderlo también.
No obstante, cuando esa tarde husmeó en su baúl para buscar otra túnica y halló el paquete, Harry sintió curiosidad. ¿Quizá debería abrirlo y determinar si su contenido en verdad valía el riesgo? Su padrino no era ningún estúpido, ¿cierto? No le mandaría nada mortal ni tan espantoso como los libros salvajes de Hagrid.
Harry observó a su alrededor, solo para asegurarse de que no hubiera nadie en la habitación: Ron estaba con Ginny, Dean y Seamus en la biblioteca, y Neville debía estar abajo intentando cumplir decentemente los deberes que Snape les había mandado junto con Hermione. Malhumorado, Harry recordó al imbécil de Malfoy presumiendo la maldita poción que habían estado elaborando durante la clase de esa mañana. ¡Hermione también la había hecho bien! Y aun así, Snape solo le había otorgado puntos a Slytherin.
Motivado por el enfado que sus recuerdos le habían propiciado, Harry no se percató de que había empezado a desenvolver el paquete que tenía entre sus manos. Lo único en lo que podía pensar era en la estúpida injusticia de Snape y su rencor inexplicable hacia los Gryffindor; hacia él en particular.
«—Si fuera estudiante de su casa —pensó, cada vez más irritado, mirando hacia el paquete que había resultado ser un espejo—, si estuviera en Slytherin, aunque fuera tan estúpido como Crabbe y Goyle, me daría cincuenta puntos en cada maldita clase».
Una semisonrisa se dibujó en sus labios. ¿Él, siendo un Slytherin? Mientras más pasaba el tiempo, la vacilación que se había apoderado de él durante su segundo año continuaba desapareciendo: Harry no hubiera congeniado de ninguna manera con esos. Sus ideales eran absurdos, al igual que sus sentimientos de superioridad. Les gustaba humillar a otros, y Harry lo odiaba porque la vida le había enseñado lo que era la humillación desde que era un niño. Además, era la casa de los mortífagos. Harry simplemente no podía convivir con personas como Draco Malfoy.
Respirando hondo, Harry se tomó unos segundos para dejar de pensar en Slytherin. Lo que tenía entre sus manos en ese momento era mucho más importante que cualquier palabra del sombrero seleccionador. Lo que de verdad necesitaba era averiguar por qué Sirius había decidido darle un espejo. Su inercia lo obligó a mirarse y durante un instante, el reflejo le devolvió la mirada triste de un adolescente, apenas un adulto, que había vivido demasiado a pesar de su edad. Además, la única cosa que le gustaba de sí mismo cuando era pequeño (su cicatriz), ahora era un constante recordatorio de su lucha contra Voldemort; como si con El Profeta no fuera suficiente.
Estrujó su mente, pensando en las propiedades mágicas que podría tener un espejo. Intentó buscar alguna información casual mencionada por Hermione, pero no la halló, quizá porque nunca le habían gustado los espejos, especialmente desde la última vez que vio su reflejo en el de Oesed. No le gustaba mirarse y descubrir que estaba solo, porque eso solía terminar en una fiera lucha por no compadecerse a sí mismo. Ser la víctima no era su estilo; eso era para personas de Slytherin.
«—Pero, Harry —objetó una vocecita en su mente, que sonaba muy parecida a la del sombrero seleccionador susurrando palabras en su oído—, ¿acaso no fue esa tu primera opción? ¿Qué dices? ¿Acaso no sientes curiosidad?»
Y como si el espejo hubiera decidido responder a aquella interrogante, Harry dio un ligero respingo cuando descubrió que su reflejo era distinto: tenía una mirada aburrida y un aire de arrogancia y superioridad que solo había visto en personas como Lucius Malfoy. También, aunque portaba el uniforme escolar, se percató de un detalle que lo cambiaba todo: tenía el distintivo de Slytherin. La imagen se tornó extraña, y de pronto se encontró mirando una sala común distinta, pero que reconoció por su visita a ella durante su segundo año. Su mente comenzó a trabajar y se aferró al espejo con más fuerza: ¿quizás Sirius se lo había dado para que de alguna manera pudiera escuchar los planes que se tramaban entre las paredes de Slytherin? ¡Eso sería fantástico para el ED! De esa forma no tendrían que preocuparse por Umbridge.
El regreso de su reflejo interrumpió la serie de planes que había comenzado a trazar en su mente, porque ese Harry, al parecer, seguía siendo diferente. Frunció el ceño, sin comprender exactamente por qué ocurría eso. ¿Tal vez era una manera de infiltrarse? ¿Acaso tenía que actuar de otra forma si quería que el espejo funcionara una vez más? O tal vez tenía características que le ayudaban a lucir diferente, como si no fuera…
—Harry Potter.
No supo qué ocurrió. Simplemente, un brillo proveniente del espejo le obligó a cerrar los ojos, ocasionando que su cuerpo se llenara de una sensación abrumadora: era como si alguien estuviera drenando su vida hasta dejarlo tan ligero y libre de todo, que inclusive el más débil toque podría derrumbarlo. Tampoco podía abrir los ojos, sin importar cuánto lo intentara. Lo único a lo que podía aferrarse era al espejo de Sirius, el cual podía sentir claramente entre sus manos. Tal vez, si lo apretaba un poco y se cortaba con él, podría obligarse a sí mismo a despertar. Era como un sueño, ¿no? Si se pellizcaba y sentía dolor, podría reaccionar.
—…idiota. Pansy ha ido demasiado lejos esta vez.
—O tal vez Harry simplemente se quedó dormido aquí al terminar su ronda.
Un bufido.
—Ni siquiera puede dormir durante la clase de Binns. ¡Es bastante delicado para permanecer aquí durante toda la noche!
—Pero si él es quisquilloso para todo. «¡No toques mi túnica ni mi libro! ¡No respires mi aire!»
—Blaise…
Una carcajada.
—¡Solo estoy diciendo la verdad! Pero si lo despiertas, avísame. Tiene un humor terrible durante las mañanas.
La conversación continuó, pero Harry no pudo seguir escuchándola. Intentó adivinar quiénes eran los que, al parecer, hablaban de él como si lo conocieran de toda la vida, pero no consiguió darle un rostro a esas voces, y aunque una le parecía ligeramente conocida, no podía confiar en ella. Era como si sus instintos le gritaran que debía tomar inmediatamente su varita y defenderse, a pesar de que su cuerpo se negaba a obedecerle.
—Vamos, levántate. Te ves ridículo aquí —dijo la voz, apoyando la mano en su hombro para moverlo. El toque, de alguna manera ilógica, pareció volver a darle dominio sobre su cuerpo, porque Harry consiguió apretar sus párpados y después de unos segundos, abrir sus ojos.
Ciertamente, lo último que esperaba ver era a Draco Malfoy inclinado muy cerca de él, con una expresión preocupada que no calzaba de ninguna manera con su horrible personalidad.
Por inercia, el cuerpo de Harry se tensó. Intentó alejarse, pero lo único que consiguió fue hundirse más en el sofá donde estaba sentado y que definitivamente no se sentía tan mullido como el que estaba en la sala común de Gryffindor. Una rápida mirada alrededor le informó a Harry que, además de no estar solos, se encontraban en Slytherin. ¿Cómo demonios había llegado allí? ¿Acaso Malfoy lo había hechizado y secuestrado durante la noche?
—¿Te encuentras bien? —preguntó el otro muchacho de expresión burlona que estaba al lado de Malfoy, y que también era de su curso. ¿Cómo se llamaba? ¿Zabini?—. ¡No me digas! Conseguiste que Umbridge te diera un poco de su té y perdiste el control, ¿verdad?
—¡¿Qué hago aquí?! —gritó, buscando entre los pliegues del uniforme su varita, sin darse cuenta de que por ello terminó soltando el espejo de Sirius—. ¡¿Qué es lo que quieren?!
Malfoy y Zabini intercambiaron una mirada confundida parecía decir: «¿Se habrá embriagado anoche?», pero que no tranquilizó la paranoia en la que Harry se estaba hundiendo. No le gustaba nada de lo que estaba ocurriendo y cómo su mente se negaba a darle información sobre cómo había llegado hasta allí. Tragó saliva al darse cuenta de que su varita no aparecía. Seguramente el imbécil de Malfoy se la había quitado mientras estaba inconsciente.
Cuando el rubio se alejó, Harry sintió alivio al recuperar su espacio personal. De inmediato se incorporó del sofá, listo para enfrentarlos y salir de allí, pero Draco solo caminó hacia una mesita que estaba a un lado, y en donde reposaba una varita. El corazón de Harry latió desbocado al reconocerla: era la suya. Mientras Blaise parloteaba algo sobre no usar las plantas de la profesora Sprout, Harry siguió cada uno de los movimientos del otro. Se sentía expuesto sin su varita, pero no se iría de allí hasta que pudiera recuperarla, así tuviera que usar los golpes. Al menos sabía que no tendría problemas con Malfoy: sus dos guardaespaldas no parecían estar cerca y era demasiado cobarde para enfrentarlo solo. La única interrogante allí era Zabini, y el momento en el que resto de los estudiantes empezaran a aparecer por la sala común.
—Fue Pansy, ¿cierto? —preguntó Draco mientras sujetaba la varita y Blaise entornaba los ojos, como si estuviera cansado de escuchar lo mismo una y otra vez—. Te dije que la dejaras a ella con sus estúpidas rondas. Solo quería lograr que Peeves te metiera en problemas.
—No puedo creer que todavía sigas enfadado con ella por el castigo con Flitwick—comentó Zabini, sentándose en el sofá que Harry había abandonado instantes atrás. Sorprendiendo por la falta de preocupación que Blaise tenía, comenzó a preguntarse si de verdad estaba viviendo eso o solo era parte de un sueño más—. Y yo creyendo que Harry era el rencoroso.
—Yo no… —balbuceó, pero no consiguió armar una frase decente. No comprendía nada y su maldita cabeza había comenzado a dolerle. Sin embargo, no quería bajar la guardia: Draco se dirigía hacia él. Harry se preparó para una terrible maldición o cualquier frase arrogante que le explicara aquel retorcido plan, pero todo pareció congelarse a su alrededor cuando Malfoy se limitó a levantar una ceja, extenderle su varita y decir:
—Esto era lo que buscabas, ¿no?
Dubitativo, Harry la tomó, esperando una trampa que nunca llegó. Por un segundo, al sentir la suave madera entre sus manos, consideró en salir corriendo, pero se preguntó si de verdad serviría de algo. ¿Acaso Umbridge les había ordenado encerrarlo?
—Esto no es gracioso, Malfoy —exclamó, cerrando su puño—. ¡Si me lanzaron un Obliviate, les juro que…!
—¿Obliviate?
—¿Me llamaste por mi apellido?
—¡Ya basta de este maldito juego! —gritó una vez más, irritado por sus falsas expresiones de desconcierto—. ¡¿Dónde están Ron y Hermione?! ¿Los tienes atrapados también? ¡¿Están obedeciendo a Umbridge?!
Las alteradas palabras hicieron que Blaise se enderezara correctamente y que Draco lo mirara como si estuviera ante una persona completamente desconocida. El brillo fiero en su mirada, su rostro sonrojado y su agitada respiración no mejoraban la situación. Además, los alumnos de otros cursos de Slytherin habían comenzado a aparecer y Harry temió haber caído en medio de una terrible emboscada liderada por serpientes.
—Harry… —dijo Zabini, con una mueca de asco en su rostro—, ¿de quiénes estás hablando? ¿Te refieres a la sabelotodo sangre sucia y a ese sujeto… el pelirrojo?
—No les llames de esa manera —masculló furioso, listo para hechizarlo. ¡Y vaya que lo disfrutaría! ¿No llevaba semanas queriendo golpear a los estúpidos seguidores de Umbridge? No obstante, fueron los movimientos de Draco los que le pusieron un alto una vez más, porque el rubio caminó, no hacía él, sino hacia dos chicas que en ese momento entraban a la sala común.
—¡Pansy! ¿Qué le hiciste anoche a Harry?
Ella, que venía acompañada por una malhumorada Tracey, le lanzó una mirada a Harry y sonrió de lado. Se cruzó de brazos y alzó su nariz, desafiante, sin dejar de mostrar esa expresión de pura satisfacción.
—¿Qué dices, Draco, cielo? ¿Te da miedo que te lo haya arrebatado?
—¡Míralo! —exclamó en su dirección, y por un momento Harry se sintió como el bicho raro de una fiesta. Un bicho alelado que odió la manera en la que Pansy arrugó su fea nariz al acercarse a él.
—Lo veo —dijo ella con una risita maliciosa—. ¡Qué horrible ropa, Harry! ¿Por qué dormiste con el uniforme puesto? Hasta un Gryffindor se burlaría de lo mal que te ves. ¿O acaso quieres que todo el mundo se entere que tu relación amorosa con Draco no es tan satisfactoria?
¿Qué….?
—Déjalo ya, Pansy —intervino Blaise, moviéndose incómodo en su asiento—. Ambos despertaron con una resaca impresionante.
—¡Él es el único que…!
—Pero ella tiene razón, Draco. Sabes que Snape odia vernos… ¿Harry?
El aludido, cuya mente se había enfriado al escuchar las palabras de Parkinson, buscó a Draco, que lo miraba fastidiado pero sin ese odio que siempre había caracterizado a sus ojos grises. Al contrario, Harry podría asegurar que lucía preocupado. Pero ¿preocupado por él? Era ridículo. Eso era algo que en ningún maldito universo ocurriría. Además, ¿había dicho relación amorosa? ¡La sola idea de que Malfoy y el compartieran un escenario le producía escalofríos! ¡Era horrendo!
—Esto es absurdo —dijo, completando al fin una oración y desviando su mirada hacia su ropa arrugada. ¿Estaba usando el uniforme con el escudo y la corbata de Slytherin? De acuerdo, esa broma había llegado demasiado lejos. De hecho, se estaba tornado cruel. ¿Qué demonios querían de él? ¡¿No podrían decírselo y dejarlo en paz?! —. Ya ni quisiera me interesa saber qué hicieron para que terminara aquí. ¡Espero que lo hayan disfrutado!
—¡Harry! ¡¿A dónde vas?! —exclamó Draco, y fue el tono de su voz y no la pregunta la que hicieron que Harry lo mandara a la mierda en su mente. ¡¿De verdad creía que era divertido lo que sea que estuviese haciendo?!
—¡¿A dónde más, Malfoy?! ¡Me regreso a Gryffindor! —exclamó, diciendo con la pura mirada que hechizaría a cualquier idiota que intentara detenerlo.
No hizo falta que alguien lo hiciera.
Snape, con sus pasos firmes y su mirada escondida detrás de su nariz y su cabello, impuso el silencio en cuanto llegó. Todos los alumnos (los que Harry había ignorado, pero que hasta ese momento notó que no parecía importarles su presencia en su sala común) siguieron el andar del profesor, que se detuvo frente Harry, porque era el más cercano a la entrada principal.
Así que ese era su maldito plan. Lograr que Snape lo encontrara invadiendo áreas donde se suponía que no debía estar. Casi podía ver el morboso placer que el profesor sentiría al restarle puntos a Gryffindor, además del estúpido castigo que sin duda le daría.
Pero Snape no dijo nada de Gryffindor. De hecho, se limitó a mirar su ropa de la misma manera en la que tía Petunia lo hizo cada mañana del verano pasado: como un desastre imposible de arreglar.
—Espero, señor Potter, que no aparezca en mi clase vestido de esa manera. Cinco puntos menos, Slytherin. —Snape siguió caminando hacia el centro de la sala para que todo el mundo lo escuchara, sin darse cuenta de la expresión pasmada de Harry. ¿Qué les pasaba a todos? ¿Snape de verdad había ignorado la oportunidad de castigarlo para siempre y le había restado puntos a Slytherin por su su causa? Volteó buscando apoyo, pero Hermione y Ron no estaban en esa multitud de rostros desconocidos. El único que lo miraba era Draco, porque Blaise estaba más interesado en ver su reflejo en un espejo que había sacado de quién sabe dónde.
Un espejo.
Mierda.
¡Zabini tenía el espejo que Sirius le había dado!
—Durante el ciclo escolar, Dolores Umbridge estará vigilando a cada estudiante, cada idea y cada movimiento —dijo Snape, arrastrando su voz y paseando la mirada por la sala común. ¿De verdad les estaba advirtiendo sobre ella? ¿No era demasiado tarde para hacerlo?—. Espero que ninguno de ustedes olvide sus lealtades. El más leve titubeo podría costarles muy caro. Y no toleraré ningún error proveniente de aquí.
Luego, como si la palabra error estuviera tatuada en su rostro, Snape miró a Harry. Había rabia, enfado, pero también decepción, una emoción que nunca antes había visto reflejada en los ojos de ese profesor, al menos no cuando lo miraba a él. Generalmente un fracaso de su parte solía ser un regalo de Navidad para Snape.
—Regresen a sus actividades —ordenó, pero el silencio continuó. Cuando pasó una vez más al lado de Harry, ahora en sentido contrario, añadió en voz baja—: Arregle esa corbata, señor Potter. Si sigue despreciando de esa manera el uniforme escolar, tendrá un desagradable castigo.
Al desaparecer el profesor, los murmullos y las conversaciones (que ahora tenían un nuevo tema) regresaron. Sin embargo, en ese momento lo único que Harry necesitaba era recuperar el espejo y ya después comprendería que ocurría. Caminando hacia el sofá, logró quitarle el espejo de las manos antes de que Blaise pudiera arrojarlo al suelo y quedara destrozado. Su sien le palpitaba y todo a su alrededor parecía dar vueltas, pero aun así alcanzó a escuchar la pregunta que el otro le hacía:
—Ah. ¿Era tuyo, amigo Gryffindor? —El tono burlón de Zabini le hizo apartar la mirada del espejo. Era evidente que su presencia, de alguna manera, no era extraña allí. Su mente se llenó de las imágenes que había visto antes de perder la consciencia: él siendo de Slytherin. ¿Acaso ese era el mundo que el espejo le había mostrado? ¿De verdad él pertenecía a las mazmorras y hablaba con personas que eran idiotas?
—Deja de decir eso, Blaise, maldición —murmuró Draco.
—¡Pero sí fue él quien lo dijo! —exclamó, riéndose—. Amigo de la sangre sucia, él siendo un orgulloso miembro de Gryffindor… ¿Qué me faltó nombrar? ¿Qué te engaña con algún Hufflepuff? ¿Con Justin Finch-Fletchley, tal vez?
Draco bufó, mandándolo a la mierda en voz baja, pero acercándose a Harry. Cuando levantó sus manos, Potter dio un paso hacia atrás hasta que descubrió que el rubio solo sujetó su corbata para anudarla correctamente, como si hacer eso fuese su pan de cada maldito día.
—¿Qué sucede, Harry? —preguntó Draco sin mirarlo; sus ojos estaban centrados en la suave tela de la corbata. A él no parecía incomodarle la cercanía que tenían, pero los dedos Harry le quemaban por empujarlo y maldecirlo. Su presencia le causaba escalofríos—. ¿De dónde sacaste ese espejo? ¿Pasó algo anoche?
Aunque estaba confundido y tenía los nervios de punta, Harry no se consideraba un idiota. De hecho, parecía como si hubiera tomado la poción multijugos para infiltrarse a Slytherin con la forma de Goyle. Solo que Malfoy lo llamaba por su nombre y tenía el horrible hábito de tocarlo. Aun así, ¿podría conseguir información que lo ayudara si actuaba como si fuera parte de ellos?
Decidió arriesgarse.
—Es de mi padrino.
Eso, para alivio de Harry que estaba a punto de maldecirlo, detuvo las manos del otro. Si Draco no lo notó, fue porque ahora estaba mirándolo, dándole a entender que sabía de quién habla. El comprobar aquello solo ocasionó que Potter tuviera deseos de acostarse y no despertar hasta que todo estuviera en orden. Hasta que Malfoy no volviera a acercarse nunca más a él en toda su puta vida.
—Sirius es un idiota, lo sabes mejor que nadie. No entiendo por qué ahora actúas como si hubiese hecho algo importante. De cualquier manera, ¿qué propiedades mágicas tiene el espejo que lo hace tan especial?
Al escuchar la pregunta, Harry comprendió que en realidad no sabía para qué servía ese espejo ni por qué lo defendía tanto. Agachó la mirada y el reflejo que le devolvió fue ahora el de la sala común de Gryffindor. Con el corazón palpitándole acelerado y un nudo apretándole el estómago, la imagen fue, literalmente, la gota que derramó el vaso.
Harry apretó su mano entornó al espejo y caminó hacia afuera de la sala común, ignorando las palabras de Draco y Blaise. Tal vez fuera porque todos notaban su irritación o simplemente porque preferían ignorarlo, pero ninguno de los Slytherin murmuró algo sobre su presencia allí. Al llegar a los pasillos, lo primero que llamó su atención fueron los rayos de un sol matutino que se colaba por las amplias ventanas. ¿Por qué había tanta luz? ¿No estaban en invierno? Bueno, ¿qué más daba? Lo que necesitaba ahora era buscar a sus amigos y…
—¡Neville! ¡Neville, espera!
Su amigo se detuvo, pero parecía impactado por su presencia. Neville, que traía un libro de Herbología entre sus manos, miró a todos lados, como si no estuviera seguro de que era él a quien le hablaba. Además, lo miraba con desconfianza.
—¿Qué q-quieres, Potter? —balbuceó valientemente. Harry perdió el aliento cuando descubrió que ese Neville de verdad parecía no reconocerlo y además no tenía el brillo decidido que siempre aparecía en su mirada al terminar las reuniones del ED—. ¡No ayudo a ningún Slytherin!
—¿De qué hablas, Neville? —En un arranque de desesperación, Harry sujetó sus hombros y lo meció, porque ya tenía suficiente de ello. No quería que lo siguieran mirando como si fuera un maldito sádico desconocido—. ¡¿Dónde está Hermione y Ron?!
Neville comenzaba a volverse borroso ante sus ojos.
—Harry, ¿serías tan amable de soltar al señor Longbottom? No queremos llevarlo a la enfermería tan pronto.
La voz, la cansada y amable voz, no lo tranquilizó, pero fue a quien Harry consiguió obedecer. Después de todo, era la voz que durante meses lo había ignorado, haciéndole pensar y sentir cosas realmente horribles.
—Sí, profesor Dumbledore —masculló.
Y al voltear, en verdad estaba allí, ese hombre de mirada azul que por una vez en su vida no sonreía frente a él.
Autora al habla:
¡Buenas madrugadas a todos!
¿Qué? ¿Pensaron que una trama confusa bastaría con solo un Harry intercambiado? xD Además, ¿qué sería de mí sin las paranoinas de nuestro querido Harry!Canon? xD Tan molestable que es cuando está rodeado de Slytherin rudos e inmorales, jajajaja. El pobre... nah, que sufra un rato, así tendremos de qué reírnos. Ok! Expliquemos un poco cómo se desarrollaran los capítulos: Serán uno y uno. Empezamos con Harry!Sly, ahora presentamos a Harry!Gry y el próximo capítulo volveremos con el Harry!Sly. Sí. Es un enredo. Por otra parte, ya no puedo traumatizarlos más. ¿O sí? xD
¡Desenles suerte y no olviden apoyar a su Harry favorito! :D ¡Muchas gracias por leer!
¡Muchas gracias a amaliamichaelis3, Kuroneko1490, sasuhinas fan, xonyaa11, Christine C, Pain-99, sinideas, Acantha-27, Amai Star of Darkness, Gaheller Saberhagen, mixhii, Druida, belloty, Saku-Aya, SashaMorita, cuquiluna3 por sus reviews!
¡Excelente fin de semana, os quiero!
