Capítulo 2:

"La promesa"

¿Había escuchado bien? ¿Ese chico me había ofrecido un cubo de azúcar? ¿En serio?

-¿Quieres?-insistió.

-No…no gracias.-él sonrió y se lo comió.- ¿No son para los caballos?-pregunté enarcando una ceja.

-Créeme que a ellos no les va a importar que tomemos uno o dos o tal vez toda la bolsa.-sonrió nuevamente.

-Sí tú lo dices.-murmuré, corriendo la cabeza.

-Bonito traje, ¿de qué distrito eres?-

-Del doce.-asintió lentamente comiéndose otro cubo de azúcar.- ¿Y tú eres…?-

-Del cuatro, Finnick Odair.-finalizó estrechando mi mano.- ¿Tu?-iba a abrir la boca pero me interrumpió.- ¿Eres la hija de Abernathy, verdad?-

-Sí, soy yo.-su sonrisa se ensanchó un poco más.

-Creo que ya está por empezar el desfile. Nos vemos…otro día.-asentí, mientras lo veía ir junto a un carruaje.

-¿Estás lista?-preguntó Tigris, cuando quedó a mi lado.

-Sí…sí.-

-Pues, andando.-habló papá palmeando la espada de Klaus.-Sonrían y parezcan felices.- los asistentes me ayudaron a que no se me enredase la cola del vestido. Klaus tomó mi mano ayudándome a subir. Él se veía…bien. Estaba vestido casi igual que yo, solo que llevaba una camisa en vez de un vestido como el mío.

-Les dije que ibas a brillar.-comenzó mi estilista antes de que se abriesen las puertas.-Y lo que prometo, lo cumplo. Vas a brillar, Madison.-asentí, mientras escuchaba como empezaba a sonar el himno del Panem y los carruajes comenzaban a moverse. Podía escuchar los gritos de los ciudadanos del Capitolio, al ver a los primeros distritos. Por inercia busqué la mano de Klaus y la apreté. Él me miró, pero no dijo nada. Cuando vi las luces de la calle, pegando contra mis ojos, escuché como la gente se volví loca al vernos. No entendía por qué hacían tanto alboroto, pero la respuesta estuvo presente cuando bajé la vista a mi vestido. Diferentes colores subían y bajaban, reflejándose en las adornadas prendas de los ciudadanos. Vi en las grandes pantallas como el color de mi cabello se alternaba con los de mi vestido. El piso de nuestro carruaje se vio inundado de rosas rojas lanzadas por todos los espectadores. Los doce carros llenan el circuito del Círculo de la Ciudad. La música termina con unas notas dramáticas. El presidente Snow, se puso de pie y tomó la palabra.

-¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! ¡Tributos, bienvenidos!-saludó desde lo alto de su atril.- Aplaudimos su valentía y sacrificio. Y les deseamos, ¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre de su lado!-

*.*.*

Ya está, todo había pasado. Volvimos a la parte donde estaban los carruajes. Effie venía casi corriendo hacía donde estábamos nosotros.

-¡Excelente, excelente!-exclamó moviendo sus manos para todos lados.- ¡Simplemente sin palabras!-papá nos sonrió a ambos, levantando los pulgares.- Volvamos adentro, así los chicos pueden cambiarse y descansar un poco.-Haymitch, puso su mano sobre mi espalda, empujándome para caminar. Al pasar por el cuatro, Finnick me sonrió ampliamente, comiendo otro cubo de azúcar.

Con ayuda de un avox, logré sacarme el vestido y dejarlo completamente doblado sobre la cómoda de la habitación. Me coloqué una camiseta blanca y unos pantalones que me llegaban hasta el muslo y decidí estar descalza. Me acerqué al baño y me saqué todo el maquillaje, quedando más al natural.

Salí al comedor, donde estaban pasando la repetición del desfile. La verdad es que me veía genial con ese traje, nunca pensé decir eso de mi misma, pero era cierto.

-Acércate, Madi.-me indicó papá, desde la mesa. Me senté junto a Tigris, mientras otro avox se encargaba de colocar los platos frente a nosotros. Effie hablaba sobre cómo la gente gritaba nuestros nombres y se volvían locos al vernos avanzar en los carruajes. Mantuve la vista baja casi toda la cena, solo la levantaba para opinar o sonreír. Sentía la punzante mirada de Klaus sobre mí. Él apenas comía y solo se limitaba a mirarme sin siquiera parpadear. Eso era bastante incómodo.

-Terminé.-murmuré, limpiándome con una servilleta y poniéndome de pie. Salí del comedor y me metí en mi habitación. En realidad no tenía sueño ni nada, pero no quería que él me siga mirando con esos ojos tan…profundos. Me acosté en la cama pero no para dormir, sino para mirar el techo. Sabía que iba aburrirme y terminaría haciendo otra cosa.

Me levanté de la cama y salí nuevamente hacía el comedor. Aún iban por el postre, pero no me detuve. Solo murmuré un "enseguida vuelvo" y me fui. La verdad es que no sabía qué hacer ni a donde ir, salí solo para no tener que ser perseguida por las órdenes de Effie ni las inquisidoras miradas de Klaus. Di vueltas por todos lados, sin saber a dónde ir. Ingresé en el ascensor y marqué el botón que iba al último piso, al tejado. Tal vez un poco de aire haría que se me acomodasen las ideas y pudiese pensar con más claridad.

Apenas abrí la puerta, pude ver el gran manto de estrellas que se extendía por todo el Capitolio. Olvidé que estaba descalza, por lo que me estremecí a cada paso que daba sobre el frío piso, igual me importa muy poco el frío. Levanté la cabeza hacía el cielo, dejando que la brisa nocturna me golpee. No hay mucha, pero me conformo.

-Veo que no soy el único que quiere escaparse por un momento.-di un pequeño salto y voltee para ver quien había ingresado.- Fue fascinante el desfile.-comentó Finnick, apoyándose a mí lado.-Nunca había visto algo así.-sonrió de lado y se quedó en silencio.- Es hermosa, ¿verdad? La noche.-levanté la vista dándome cuenta de que me estaba mirando.

-Sí, una noche hermosa.-respondí mientras jugaba con el granito de la pared en la que estaba apoyada.- ¿Por qué has vuelto?- se me ocurrió preguntar en apenas un susurro.- ¿Aún quieres darme azúcar?- Finnick, rió levemente.

-No, no voy a darte azúcar esta vez.-repuso.-Te vi caminar por todos los pisos y tenía la idea de… quería conocerte, en fin.-

-¿Me estuviste siguiendo?-pregunté sonriendo.

-Sí, eres muy escurridiza.-murmuró.

-Por eso me conocen en mi Distrito. Dicen que soy menuda y me puedo esconder en cualquier parte.-hice una mueca y volvimos a quedar en silencio.- Ganaste hace dos años, ¿verdad?-él asintió.- ¿No querías volver aquí, cierto?-

-La verdad es que no sé por qué he vuelto.-respondió.- Ahora soy mentor. Pero no he venido por gusto, que quede claro.-

-Entonces, ¿qué es lo que te ha motivado a regresar?-insistí mientras apoyaba mi cabeza sobre la palma de mi mano.

-Acércate.-susurró. Cuando apenas quedamos a pocos centímetros, volvió a abrir la boca para hablar.-Vamos a hacer un trato. Te cambio el secreto del por qué he regresado por algún secreto tuyo.-

-¿A qué te refieres?- pregunté enarcando una ceja.

-De acuerdo, de acuerdo.- dijo con tono de resignación.-Si no te animas a contarme un secreto, podría ser…un beso por mi secreto.-

-Prefiero quedarme con la duda.-murmuré, volviendo la vista al frente.

-Entonces, no te digo mi secreto.- canturrea encogiéndose de hombros. Lo miré varias veces, mientras negaba con la cabeza.

-Está bien, te diré mi secreto.-tomé aire y me puse de frente.- Perdí a mi mamá en los Juegos del Hambre.-

-Lo lamento, no es ningún secreto.-intervino.- Todos conocen la historia de Constance, tu madre. Lo lamento.-se apresuró a agregar.- Prueba de nuevo.-

-De acuerdo.-hice una pausa y suspiré.- Le mentí a mi papá. Le dije que sabía cómo enfrentar los juegos, pero en realidad soy débil, no…no puedo hacer nada por mi cuenta. Sé que si llego a matar a alguien voy a…sentir pena y no voy a poder seguir haciéndolo. Terminaré muerta por ser tan buena.-bajé la vista, mientras arañaba la pared suavemente.

-El presidente Snow tiene me tiene sometido a venir todos los años y si no lo hago, lastimará a mi familia y no quiero eso.-la verdad no sé cuál de los dos estaba en peores condiciones. Creo que si llegasen a amenazarme con papá, no sabría qué hacer. Él es lo único que me queda. Levanté mi mano y acaricié su mejilla. No sé porque lo hice, pero él sonrió dejándose tocar.

-Podremos salir de esta.-murmuré. Finnick me miró directo a los ojos. No había podido identificar de qué color eran los suyos, pero con la poca luz que entraba de la puerta pude observar un intenso verde mar. Ahora que me ponía a verlo con más claridad, Finnick era lindo. Tenía perfectas facciones que ningún otro chico, que yo haya conocido, pudiese tener.

-¿Te gusto que miras tanto?-sacudí la cabeza y me di cuenta que había estado mirándolo durante unos largos minutos.

-Ah…yo…- no me salía ni una palabra concreta, solo monosílabos sin sentido.

-Entiendo.-interrumpió.-Soy irresistible para los ojos de cualquier chica.-solté un bufido.

-Pero para ella no.-los dos volteamos para ver una figura en la oscuridad.- Vamos, Madison.-miré por última vez a Finnick y me apresuré a ir junto a papá.- Mejor aléjate de mi hija.-llegue a escuchar antes de comenzar a bajar las escaleras.

-Tal vez querrás una explicación.-hablé atropelladamente cuando estuvimos los dos juntos.

-No, no la quiero.-me detuve a mitad de pasillo.

-¿No?-

-No.-repitió.-Podrás hablar con todos los chicos que quieras, pero primero, vas a ganar los Juegos y luego harás lo que quieras.-me tomó de la mano y comenzó a tirar hacía el ascensor.