La Dulce Venganza
Capítulo 2: La Reunión
"En la venganza, como en la vida, cada acción provoca una reacción igual o en sentido contrario. Al final, los culpables siempre caen"
-¡Sí, por supuesto que sí!
-¿De verdad? –Ronald sonrió emocionado, e incrédulo al mismo tiempo. Todo estaba tranquilo al fin, podrían ser libres de ser felices sin tener contratiempos mayores.
-Estaré gustosa, cariño, de compartir el resto de mis días contigo – Hermione lo abrazó con fuerza, antes de besarlo con devoción y amor, mientras un sentimiento de eterna felicidad crecía en su pecho.
Dos años atrás habría parecido casi imposible que ese día hubiese llegado, pues la guerra contra Lord Voldemort parecía quitar toda esperanza de felicidad, de matrimonio o hijos. Lo único que se esperaba era poder vencerlo y que esos días de incertidumbre, donde no se sabía si llegarías vivo al caer la noche, se marcharan al fin.
Dos años de limpia tranquilidad, todo rastro de magia oscura había desaparecido y el trabajo de los aurores giraba en torno a crímenes pequeños, como robos e infracciones. No había habido ningún asesinato o secuestro en todo ese tiempo.
La decisión de Ronald había sido repentina, pero estaba seguro de ella. Amaba a Hermione con su alma, era la mujer de su vida, y no quería esperar más para decir que realmente era suya. Cuando, hace dos días atrás, ella le había dicho con tanta honestidad que lo amaba cuando le había llevado el desayuno a la cama, puesto que sabía que estaría molida luego de haber estado ayudando a su madre toda la tarde anterior a desmalezar el jardín sin nada de magia, supo que quería escucharla decir aquellas palabras todos los días al levantarse por el resto de su vida. La amaba con locura, y esa misma tarde desapareció de La Madriguera para ir al Callejón Diagon, y visitar la joyería en busca del anillo perfecto para su novia.
Hermione era sencilla, sabía que si le daba un anillo hecho de lana de oveja igual lo aceptaría gustosa, porque no era la joya en sí lo que codiciaba, sino que el símbolo que significaba. Aun así la sencilla argolla que compró, de oro blanco con incrustaciones de diamante en todo su alrededor, era justa para ella, simplemente hermosa.
Bueno, sencilla con respecto a la forma.
Los ojos de Hermione brillaban por las lágrimas de felicidad que querían correr dichosas por sus mejillas. Ronald, tomó su mano e introdujo el anillo en el dedo correcto, sellando de esta forma su compromiso.
-Esta es la cosa más bonita que me has regalado ¿sabes? – declaró la muchacha, radiante con su sonrisa -. Y no me refiero al anillo, sino que a ti, a tu amor. Prometo amarte cada día de mi vida, sin importar que tiemble, llueva o relampaguee.
Ronald abrió la boca para contestar, pero en ese momento, un fuerte estruendo se escuchó desde la casa, seguido por gritos. El picnic que había preparado para la ocasión estaba bastante alejado de su hogar, para que nadie los viera si se ponían algo románticos, por eso, no tenían gran visión de La Madriguera desde ahí, pero el cielo casi nocturno se veía enrojecido por llamas y el aire comenzaba a oler a humo.
-Quédate aquí - ordenó Ron poniéndose rápidamente de pie.
-No creerás que me quedaré a esperar que vuelvas - debatió ella, haciendo el ademán de levantarse, sin embargo el pelirrojo fue más rápido y le lanzó un hechizo de inmovilización para que no lo siguiera.
-Volveré en seguida por ti, cariño, pero debo asegurarme de que no haya peligro.
Ronald salió corriendo por entre las matas de trigo que cosechaban en La Madriguera, en dirección a ella, dejando a Hermione hechizada esperando a que volviera.
Sin embargo, él nunca regresó.
-¿De verdad pensaste – le preguntó al oído – que no te reconocería, sangre sucia?
Hermione sonrió satisfecha, pues Malfoy actuaba exactamente como quería que actuara. Sabía que era un mujeriego, y sabía también que hasta hacía unos momentos no la había reconocido para nada, por lo que un leve coqueteo y juego de seducción lo haría caer a sus pies, justo donde lo quería. Se volteó para encararlo y levantó una ceja, mostrando una sonrisa sarcástica.
-Vaya, vaya, el más joven de los Malfoy ha decidido mostrar sus excelentes modales – bromeó, cosa que no cayó nada bien en Draco.
-¿Qué haces en mi casa, Granger?
-Lo siento, ya no respondo a ese nombre – comentó, dando dos pasos atrás para alejarse de él -, ahora si me disculpas, debo saludar a algunas personas.
Hermione volteó con toda la intención de dejarlo ahí parado solo, sin embargo no pudo avanzar, puesto que Draco la agarró del brazo y volvió a girarla con algo de brusquedad, por lo que la muchacha quedó pegada a su pecho.
-No te atrevas a darme la espalda – advirtió con ira contenida. Aquella chica siempre lograba sacar su lado más bruto, sin embargo ella solamente lo miró con una ceja levantada -. ¿Cómo entraste aquí? Es una fiesta privada.
-Lo sé, fui invitada por tu madre, querido Draco.
Pavor, eso fue lo que sintió en ese momento cuando escuchó su nombre en aquellos labios, pero también deseo, y no supo por qué. Hermione Granger jamás en la vida lo había llamado así, siempre se trataban por el apellido, era así como trataba a todos los ineptos de Gryfindor, y en especial, al grupito de Potter. Pero de todas formas era estúpido que se sintiera así por una palabra.
La soltó de inmediato, ganándose una sensual sonrisa llena de victoria por parte de ella, quien, aprovechando su estupor, se alejó un par de pasos antes de voltearse y finalmente alejarse de él sin que la detuviera. Se pasó la mano por la cara, luego de ver como contorneaba sus caderas con cada femenino paso. Aquella mujer tenía un cuerpo que era un arma de seducción.
Cuando la perdió de vista buscó a su madre, debía saber cuál era el motivo por el que había invitado a su enemiga de Hogwarts a su casa. Era intolerable que ella estuviera ahí, ¿acaso su madre se había vuelto loca? ¿Acaso no recordaba lo mal que se llevaban, que habían sido enemigos desde que se habían conocido? ¿No se acordaba que ella había sido la mejor amiga del imbécil de Potter? Hermione Granger no podía ser otra cosa que su pesadilla en esa fiesta, en su vida. No podía ser posible que luego de librarse del fastidio que era su mujer, esa pequeña sangre sucia apareciera a arruinarle la tranquilidad que había tenido las pocas horas que llevaba en Inglaterra.
Narcisa conversaba animadamente sobre la subasta con dos de sus amigas, unas señoras que siempre le habían desagradado a Draco por ser tan metiches, así que las saludo brevemente y les robó a su madre para poder hablar con ella en privado. No quería que esas viejas copuchentas anduvieran hablando de él por ahí después.
-¿Se puede saber por qué invitaste a Granger, madre?
La susodicha apareció en el radar de Draco y le guiñó el ojo, aparentemente divertida, porque sabía que él había buscado a su madre para hablar de ella, cosa que lo alteró más aún. Y no solamente sintió rabia por eso, sino que algo parecido al deseo lo recorrió y se odió por lo mismo.
-¿Granger? ¿Cuál Granger? – cuestionó Narcisa confundida.
-¿Que cuál Granger? Hermione Granger, por supuesto – contestó molesto -, aquella chica.
Narcisa miró en dirección a Hermione, quien hablaba en esos momentos con una señora mayor que tenía un gran peinado y flores por toda la cabeza.
-Esa chica es Hermione Thompson, querido, nuestra vecina.
Fue como si le cayera excremento de dragón en la cabeza.
-¿Vecina? ¿Desde cuándo?
-Bueno, pues su marido compró la Mansión Roja hace unos años y la tenían alquilada a los Brandon hasta que Vince murió hace dos meses. Hermione ha vivido ahí desde entonces.
-Esa es Hermione Granger, madre, la misma chica que era la mejor amiga de Potter – comentó Draco omitiendo totalmente los nombres que su madre le había dicho pues no conocía a aquellas personas ni le interesaba. Había estado viviendo en Francia hacía tanto tiempo que los vecinos que pudo tener su madre en ese periodo no habían llegado a presentarse.
La señora Malfoy se encogió de hombros, indicando que no le importaba quien hubiese sido la muchacha en el pasado, ella simplemente la veía como una chica más de sociedad que aportaba grandes sumas de dinero a las subastas.
-Es una chica encantadora, Draco, tal vez deberías intentar conocerla mejor.
-Lo siento, no me junto con la chusma, y menos con sangre sucias.
-¡Draco Lucius Malfoy! – lo regaño por su hablar, pero a él no le importó.
-Puede que tú hayas dejado atrás los prejuicios sobre la sangre, pero yo no tanto, y menos con Hermione Granger, mi pesadilla de Hogwarts.
-Estás viviendo en el pasado, hijo. No seas ridículo, Hermione Thompson es muy simpática e interesante…
-Espera un momento – la detuvo el rubio, dándose cuenta de algo que antes había pasado por alto por completo - ¿Cuál dijiste que era su apellido?
-Thompson.
¡¿Thompson?! ¿Podría ser posible que se tratara de una coincidencia? ¿O Granger tenía algo que ver con Thompson Incorporated?
-¿A qué se dedica?
-¿Por qué estás interesado? Recién no querías ni verla – preguntó.
Draco suspiró, exasperado, y dio media vuelta, dejando a su madre mirándolo algo sorprendida. Pasó por el lado de Granger, quien no le dirigió ni una mísera mirada, sino que se hizo la loca mientras hablaba con la vieja del peinado extravagante, y entró en la mansión. No tenía ninguna intención de seguir en la misma fiesta que su archienemiga de Hogwarts, no, ya tenía los suficientes problemas.
Llegó a su habitación justo cuando su celular comenzó a sonar. Miró quien llamaba, genial, otro de sus problemas en la línea uno. Rechazó la llamada al instante, aunque sabía que no servía de nada, no se iba a rendir hasta que hablaran. Lo tiró encima de la cama y se dirigió al vestidor, para dejar colgada la chaqueta que llevaba puesta. Su celular comenzó a sonar otra vez, y gruñendo volvió a rechazar la llamada. No estaba de humor para tonterías. Sin embargo, en el mismo momento en que cortó, volvió a sonar, y parecía que lo hacía más fuerte aún. Iba a terminar con un dolor de cabeza terrible si no paraba ya esa pesadilla.
-¿Qué quieres?
-Draco, debe haber habido un error – dijo Astoria desde el otro lado de la línea, sin siquiera saludarlo -. El cheque que depositaste a mi nombre tiene un cero menos que el mes pasado.
-No hubo ningún error, fue eso lo que deposité – comentó frotándose las sienes con la mano libre.
-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Cómo esperas que sobreviva con unos míseros mil galeones?!
Alejó el celular de su oigo ante el chillido de su esposa. Aquella mujer era exasperante, si no conseguía alguna cosa, los gritos que mandaba eran peores que los de su difunta y desquiciada tía Bellatrix, y eso ya era decir demasiado. Armaba un escándalo por cualquier cosa, motivo por el cual deseaba que los papeles del divorcio salieran pronto para poder poner fin a esa retorcida relación. Sin embargo el ministerio siempre se mostraba reacio a aceptar divorcios de magos sangre pura, a pesar de sus principios sobre aceptar a los hijos de muggles.
-No necesitas más – declaro Draco tratando de mantener la calma, usando siempre un tono frío -, ya pagué los hoteles en los que te quedarás, el servicio de traslador, y los cruceros. Ese dinero es para que te alimentes y compres algún suvenir a mi madre que tan empeñosamente quieres poner en mi contra.
-¡No es dinero suficiente, Draco!
-Con mil galeones una familia entera de siete miembros comería por tres meses, Astoria – comentó cabreado.
-Pues entonces sacare dinero de tu cuenta – amenazó ella, pero se ganó una carcajada de burla por parte del rubio de su esposo.
-¿Crees que lo mío es tuyo? Pues no es así, querida, puesto que firmaste un acuerdo de separación de bienes cuando nos casamos, así que no puedes tocar mis cuentas bancarias aunque así yo lo permitiera.
-Eres un monstruo, no voy a sobrevivir así – puede que recurrir a la culpa le funcionara antes, pero Draco ya había aprendido a lidiar con ese lado de su esposa, por lo que no se iba a dejar engañar. Astoria podía llegar a ser muy manipuladora, pero él ya la conocía.
-Pues este monstruo no va a estar dando su dinero para que su esposa vaya por ahí gastándoselo con su amante – comentó con desprecio -. Así que mejor aprende a vivir con menos monedas en el bolsillo, Astoria. Adiós.
Colgó antes de que ella pudiera replicar, y apagó el teléfono, no estaba dispuesto a escuchar sus gritos otra vez esa noche, solamente quería adentrarse en el mundos de los sueños, donde ni una rubia seductora o una rubia manipuladora lo molestara.
Se quitó los tacones apenas tocó el suelo de su mansión, por lo que quedó por muy debajo de la cabeza de su amigo. Roger la miró con burla, pero ser pequeña no suponía un problema para ella, es más, a veces se aprovechaba de eso para que sus inversionistas y clientes creyeran que era un blanco fácil, pero resultaba ser una fiera en los negocios.
-Te vi coqueteando con Malfoy – comentó algo más serio, aflojándose el nudo de la corbata.
-No es de tu incumbencia, Roger.
-Claro que sí – respondió sin dejar de mirarla, pero ella rodó los ojos y volteó para irse a su cuarto -. ¿Por qué ligas con todos menos conmigo?
Volteó nuevamente, para mirarlo con el ceño fruncido, y desconcertada, obviamente, por la pregunta.
-Bebiste de más – dijo, tratando de ignorar sus palabras -, será mejor que tomes un vaso de agua y te vayas a dormir.
-Estoy sobrio, Hermione.
-Pues no lo parece, porque preguntas estupideces.
Estaba siendo fría con la única persona en la que realmente confiaba, pero no tenía alternativa. No podía responder a la pregunta de Roger porque era una locura. Había sido el mejor amigo de su difunto esposo, involucrarse con él sería como traicionar su memoria. Se marchó a su cuarto sin despedirse y oyó que él refunfuñaba para sí mientras echaba a andar hacia el pasillo que conducía a las habitaciones de invitados. Ambos sabían que luego de una de esas fiestas el alcohol rondaría en su sangre, y eso aumentaba las posibilidades de sufrir una desaparición al intentar llegar a casa. A Roger le había pasado una vez, por lo que Hermione le había ofrecido quedarse en su casa luego de la subasta.
La chica llegó a su cuarto y se quitó de inmediato el sensual vestido rojo que había sacado más de un suspiro esa noche. Vince también habría suspirado y jadeado si estuviera ahí, pues amaba cuando ella hacía honor a su casa de Hogwarts y vestía de rojo. En aquellas ocasiones no podía apartar sus manos de ella y Hermione no hacía nada por apartarlo.
Cuánto lo extrañaba, habían pasado ya dos meses, pero despertar todos los días sola en aquella cama, sin los fuertes brazos de su marido rodeándola, la envolvía en un aura de angustia sin igual. Vince y ella, no eran una pareja cursi, pero sí habían sido muy apasionados antes de que él enfermara. E incluso estado enfermo, Vincent Thompson era una fiera en la cama, la hacía temblar con el solo roce de sus dedos y un beso en el cuello.
-¿Qué pasa con los hombres a los que amo que se van de mi lado? – se preguntó a si misma con un suspiro, mientras observaba la fotografía de ella y su marido en su luna de miel, que tenía sobre la cómoda.
En cierto modo Vince se parecía un poco a Ronald, y no en lo físico, sino que en su forma de ser. Era un poco gruñón, algo tosco de repente, le encantaba comer y a veces engullía todo lo que pillaba. Hermione lo regañaba en esas ocasiones, y un par de veces se le escapó el nombre de Ron para llamarlo.
-Los extraño, chicos.
Una lágrima cayó por su mejilla, y se odió por eso. La fiesta había salido de maravilla, había conseguido lo que quería y tenía el presentimiento de que seguiría logrando sus metas, pero no estaba del todo contenta. Vince había estado ahí para ayudarla con sus planes, y lo amaba por eso. Aunque claro que si Ronald hubiese estado vivo, ella no tendría esos planes ni esas metas y su vida sería totalmente diferente y mucho más sencilla.
Se acostó abrazando la almohada de su marido, que aún conservaba su olor.
Cuando despertó a la mañana siguiente, el cielo aún estaba oscuro, sin embargo le era imposible volver a dormir. Los besos de Vince y los brazos de Ronald la torturaban en los sueños, provocando un vacío en su interior cada vez que despertaba sola. Respiró hondo tratando de serenarse, y evitando que los ojos se le llenaran de lágrimas antes de empezar otro tortuoso día sin ellos.
Cuando Vince y ella se conocieron, Hermione creyó que podía volver a tener una vida normal, sin remordimientos, sin planes descabellados, sin venganzas futuras por cumplir. Su vida con él había sido muy feliz, Vincent era un caballero, pero era también un payaso y la hacía reír cada día. Podía detectar cada estado de ánimo, cuando estaba triste por el pasado, iba y hacia todo lo posible para hacerla sonreír, y si por el contrario, estaba alegre, se empeñaba para que eso no cambiara. De verdad era todo lo que una chica podría querer.
Antes de conocerlo, Hermione pasó años trazando un plan de lo más complicado, nada se le escapaba, tenía todos los posibles contratiempos contemplados y segundos y terceros planes si es que esos percances le impedían avanzar. Pero Vince hizo que dejara por un tiempo sus metas, construyeron un imperio juntos, el que hizo que se distrajera de los oscuros pensamientos que había tenido antes de conocerlo. Sabía que la apoyaría en cualquier cosa que hiciera, pero con él a su lado ya no tenía intensión de arruinar esa burbuja en la que vivían. Eran felices, nadie podría negarlo, y su matrimonio no fue nada sorpresivo para nadie, pues todo el mundo esperaba que fuera así desde el principio.
Pero nadie estimó que Vince enfermaría, y que la muerte lo arrebataría de los brazos de Hermione para siempre, tal como había pasado con Ron. Tres horribles años pasaron estando su marido enfermo. La Leucemia, ni ningún tipo de cáncer de ese estilo podía ser curado con magia, nadie lo había descubierto aún, ni siquiera ella, quien pasó tanto tiempo en la biblioteca como lo pasaba cuando estaba en la escuela, tratando de descubrir entre las páginas de una infinidad de libros la posible cura o la regresión del cáncer que consumía día a día a Vincent.
El funeral fue un 2 de Abril, fecha que se volvió oscura para ella.
-Tierra llamando a Hermione.
La chica levantó la mirada de su taza de café cuando escuchó a su amigo llamarla, y puso los ojos en blanco cuando él la recibió con una enorme sonrisa, de oreja a oreja. ¿Por qué se empeñaba a estar feliz siempre?
-¿Cómo está tu cabeza?
-¿Por qué lo preguntas? – cuestionó extrañado.
-Pensé que despertarías con una resaca de mil demonios – dijo antes de morder una tostada.
-Te dije que estaba sobrio – Roger puso los ojos en blanco, molesto. Se sentó frente a Hermione, quien lo miraba fijamente - ¿Qué?
-Nada.
Ella aparto la vista de su amigo. No iba a entrar a discutir sobre un tema que para ella era indiscutible. No iba a liarse con él, era el mejor amigo de su difunto esposo, y esa era su decisión final.
Winnie apareció en ese instante con una enorme bandeja de plata con un montón de comida. Cupcakes de chocolate y arándanos, tostadas, huevos revueltos con tocino, leche, café, jugo de calabaza y tarta de melaza.
-Winnie, me tomas por glotón – bromeó Roger, sonriéndole a la pequeña elfa doméstica.
-Winnie sólo espera que el joven amigo de la ama no pase hambre.
-Gracias, se ve delicioso.
La criatura hizo una reverencia y desapareció, no sin antes preguntarle a su ama, es decir, Hermione, si necesitaba algo más. Al negar ésta, se fue.
-¿Quién iba a pensar que la mismísima Hermione Granger, defensora de los inocentes, fundadora del P.E.D.D.O, iba a tener trabajando para ella más de una docena de elfos domésticos?
Quería provocarla, claramente, pero no iba a caer en su juego. Sus elfos tenían ropa decente, alimento suficiente, y camas reconfortantes. Ella no los trataba como esclavos, ellos eran criaturas que merecían un trato igual a de los humanos, eran, en cierta forma, sus amigos, tal como Dobby había sido muchos años atrás. Lo miró sin ninguna expresión en el rostro y siguió bebiendo su café, por lo que Roger volvió a rodar los ojos antes de atacar la bandeja de comida que Winnie le había llevado.
-¿Cómo piensas proceder el miércoles? – cuestionó Roger, tratando de dirigir la conversación a un tema en el que Hermione no le gruñiría. En esos momentos de su vida, los negocios eran lo que ocupaban su cabeza, y ciertamente, ese plan que tan codiciosamente había ingeniado -. ¿Quieres que vaya contigo?
-Los Malfoy siempre han sido una familia tradicional, por lo que creen que los hombres dominan el mundo y las mujeres solamente se quedan en casa para criar a los hijos e ir por ahí cotilleando – comentó Hermione sin expresión en el rostro. No sabía cuándo se había vuelto tan fría, pero Roger estaba seguro de que cuando Vincent vivía, ella no se mostraba así. Quizás la muerte de él la había cambiado, o el hecho traumático que había vivido años atrás, y mientras había estado con su marido había vuelto a sonreír como lo hacía en la escuela o después de la guerra. – Por lo mismo, debo sorprenderlos. No creen que una mujer pueda liderar un negocio de tal magnitud, pero se equivocan en grande. Nadie sabe quiénes son los dueños de Thompson Incorporated, Vince y yo nos aseguramos de no salir en ningún reportaje y que nuestros nombres no salieran nunca a la luz, sin embargo es hora de que esas sanguijuelas vean a quien se están enfrentando, y para eso debo hacerlo sola.
-Sabes que te estas metiendo en la boca del lobo, ¿verdad?
-No les tengo miedo, ellos me lo van a tener a mí.
-Hermione, no lo digo por los negocios, lo digo porque fueron mortífagos, y sabes perfectamente de lo que son capaces de hacer – comentó su amigo, tomándole la meno por encima de la mesa, y mirándola con preocupación -. No quiero que hagas algo que los haga enfadar y ellos…
-Estaré bien, lo prometo.
-Soy el gerente de operaciones, Hermione – comentó Roger, en un desesperado intento por hacerla entrar en razón -, tengo tanto derecho como tú en estar presente en esa reunión.
-Y yo soy la directora, y mi orden es que te quedarás en la oficina hasta que yo regrese – el tono de voz de la muchacha no permitía discusión, tampoco el hecho de que se haya levantado de su asiento y lo mirara desde arriba con aires de superioridad, - y si me desobedeces, serás castigado, Davies, ¿me entendiste?
Estaba siendo cruel con la única persona a la que le confiaría su vida, pero realmente debía hacer sola esto. Sabía que lo más probable era que Malfoy hubiese atado cabos la noche anterior y ya supiera que tenía conexión con la empresa, pero eso no la desalentaba, al contrario, quería que el rubio se retorciera en su asiento cuando se diera cuenta que sus sospechas eran ciertas.
Roger miró hacia abajo en signo de sumisión, pero haciendo puño las manos por la rabia que sentía.
-Sí, Jefa.
-Tengo un mal presentimiento – comentó Theo.
-No lo tengas, va a suplicar que le ayudemos con su problema.
Blaise Zabini parecía muy seguro de la situación y sonreía con suficiencia al pronunciar esas palabras. Sentado, en la silla al lado de la cabecera, bebía su café con tranquilidad, mientras observaba a su amigo mirar por la ventana. Draco estaba tenso, cualquiera podría notarlo, pero nadie se había atrevido a decir nada, ni siquiera Lucius, quien lucía tan tranquilo como Zabini.
-¿Pero por qué se irían a la quiebra? – Prosiguió Theo con sus preguntas – Thompson tiene buenos negocios.
-Viste los datos.
-¿Y si es una trampa?
Claro que Draco se había planteado esa posibilidad, pero los datos que tenían eran lo bastante válidos como para que no fueran de verdad.
-No hay manera de que descubrieran a Worthy – confirmó Zabini.
-¿Y por qué no se ha hecho pública la noticia?
-Porque nadie quiere que salga a la luz el fracaso de su empresa – comentó Lucius, ya cansado de la discusión. Sin embargo, Theo parecía no darse cuenta de lo fastidioso que sonaba.
-No lo sé, Thompson es…
-¿Es qué? – Intervino Draco, en un tono molesto, dándose la vuelta para ver a su amigo - ¿Lo conoces? ¿Alguien siquiera lo ha visto?
-No, se empeñan en mantener su identidad oculta – eso el rubio ya lo sabía, pero que lo confirmara Blaise hacía más irritante la situación. No sabía a quién se enfrentaba, tenía sospechas. Quizás era solamente una coincidencia, quizás solo era un altercado de apellidos. Rezaba porque así fuera.
-¿Lo ves? ¿Por qué se reunía con nosotros ahora – preguntó Theodore -, a pesar de todas las veces que lo hemos pedido?
-Porque ahora nos necesita – comentó Lucius.
-Espero que tenga razón.
El silencio volvió a reinar la estancia, y Draco volvió a mirar por la ventana. Su inquietud crecía con cada segundo que pasaba, no podía evitarlo. De alguna forma sabía que lo que venía iba a ser un dolor de cabeza, fueran o no fueran ciertas sus sospechas.
El intercomunicador tocó su timbre característico, indicando que la secretaria, la señorita Lissa Taylor, tenía un mensaje para ellos.
-Thompson está aquí, señor – comentó la joven cuando Lucius apretó el botón.
-Hazlo pasar.
Al silencio le siguió el sonido del taconeo de unos zapatos de mujer. Zabini pensó entonces en las largas piernas de Lissa al caminar por los pasillos de Malfoy's Golden and Silver, enfundadas en unas botas con un tacón de quince centímetros. Pensó en lo mucho que le apetecía estar entre esas piernas, a pesar de lo que su esposa pudiera hacer si se enteraba de sus pensamientos.
Pero cuando los tacones entraron en la estancia, el color de las piernas que los llevaban no eran precisamente morenas, como las de la secretaria, sino que tan blancas como la nieve. Y la chica a quien pertenecían esas piernas no era una secretaria, sino que alguien mucho más importante.
-Granger…
El gruñido de Draco sorprendió a todos los demás presentes, quienes miraron con otros ojos a la chica, reconociéndola luego de tantos años. Lucius había estado en la misma habitación que ella en varias ocasiones, mas nunca le había tomado tanta atención a la escandalosa chica que tendía a vestir diferente a las demás. Ahora reconocía su error.
-Parecen sorprendidos, caballeros – sonrió Hermione con suficiencia; regodeándose de la reacción de la directiva de Malfoy's Golden and Silver.
-¿Tú eres la directora de Thompson Incorporated? – Preguntó Theo, quien sorprendido, había estado hablando con ella y su mujer, Luna, en la subasta de Narcisa hacía dos días atrás. En aquella ocasión no le había dado la importancia a quién era ella, realmente. Y tampoco se había molestado en preguntarle a Luna el apellido de la chica. Simplemente sabía que era Hermione, la vieja amiga de Luna, quien destacaba en el lugar por su vestido rojo.
-Vincent y yo fundamos la compañía, al fallecer él, yo quedé como directora absoluta.
Vincent Thompson, un nombre conocido para Lucius. Era hijo de Bernard y Clarisse Thompson, unos magos sangre pura. Eran una familia respetada por muchos, no solo por el gran capital en Gringotts, sino por las obras benéficas a las que se dedicaban. No eran santos de la devoción de Lucius, puesto que eran demasiado santurrones para su gusto, pero de todas formas eran sangre pura, el linaje completo lo era, y eso merecía su respeto.
Pero ahora, sabiendo lo que sabía, ese respeto se había ido al inodoro.
-¿Cómo es que tú te casaste con Vincent Thompson? – cuestionó, con el desprecio cargando su voz.
-No todos tienen los absurdos prejuicios a la sangre, señor Malfoy. – Contestó la chica con frialdad. Y sin que nadie la invitara, tomó asiento en la cabecera de la mesa, al lado opuesto que el mayor de los Malfoy. -Pero basta de presentaciones, tenemos varios asuntos que discutir.
-Es cierto, señorita Granger...
-Thompson
-Discúlpame. – Zabini tenía el poder de hablar y hablar y no parar nunca, y era bueno que hubiera tomado el mando de la palabra, puesto que los Malfoy estaban muy molestos en esos momentos y si abrían la boca, saldrían solo maldiciones - Como bien debe saber, nuestra compañía recauda millones al año y estamos próximos a expandirnos a territorios más alejados de Europa.
-Lo sé, y los felicito por eso.
-Gracias, y por lo mismo queremos ayudarle. - Hermione enarcó una ceja - Nos llegó el dato de que su empresa no está en una buena situación económica en estos momentos.
-En eso difiero con usted, señor Zabini.
-Tenemos los balances, Sra. Thompson, - continuó, posicionando su mano encima de la carpeta verde que estaba a su derecha - y por lo que hemos visto, están por caer en la quiebra. Nuestra propuesta es que nos entregue las acciones de su compañía por una suma de doscientos mil galeones y que se conviertan en una subdivisión de Malfoy's Golden and Silver.
Miró a Draco, quien seguía de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados sobre su pecho y la observaba con los ojos entrecerrados, estudiando cada movimiento que hiciera, cada gesto, cada mirada. La seriedad de la chica no era propio de ella, había pasado con aquella insoportable chica siete años, y podía decir, que la frialdad con la que miraba a todo el mundo no pertenecía a la Granger que conocía. Ésta era, obviamente, una persona muy diferente a la que conocía, y algo le decía que tuviera cuidado.
-De verdad me sorprende que me subestimen tanto – dijo con un tono neutro -. No, la verdad es que no, porque no sabían quién era el director. ¿Pero, de verdad creyeron que no me daría cuenta de que enviaron un espía a mis oficinas? – Zabini y Nott la miraron con los ojos saliéndose de órbita, y Lucius apretó el puño sobre la mesa - Tengo un ojo excelente para quienes no son fieles a mi palabra, así que no tarde en notar que era un traidor.
Zabini maldijo en voz baja, estaba tan seguro.
-Los datos que ustedes tienen son falsos.
-No puede ser, Worthy es excelente en la Oclumancia.
-Y yo aún mejor en la Legeremancia. No olviden que por algo me llaman la mejor hechicera de mi edad.
La conmoción en el rostro de los tres hombres era épica, quiso tener una cámara para poder grabarlo en su memoria. El propósito de su visita estaba cumplido al cincuenta por ciento, ahora iría por el otro cincuenta para obtener su victoria.
-Bien, pasando el tema de que NO voy a venderles mi compañía, quiero hablarles del proyecto que tienen en Liverpool.
-¿Cómo...?
Draco Malfoy pocas veces mostraba su sorpresa, pero esta vez no pudo evitarlo.
-Hay un enorme cartel con el nombre de su empresa, señores, es un poco obvio, ¿no creen? No sé cómo lo hicieron para conseguir la firma de la mismísima reina, pero tengo que decirles que los permisos habían sido dado a mi persona por el ministro de magia y el primer ministro muggle hace seis meses para explorar la zona, por lo tanto la excavación y extracción de los diamantes que hay ahí tiene que ser hecho por Thompson Incorporated, no por Malfoy's Golden and Silver.
-Siento decirlo, Granger...
-Thompson. – Draco puso los ojos en blanco ante la corrección.
-Siento decirlo, Thompson, pero el papeleo ya está hecho, la misma reina lo firmó, como ya dijiste, y su poder es mayor al de los ministros, por lo que la excavación es nuestra.
-Quiero el cincuenta por ciento.
-De ninguna manera.
Hermione se levantó de su asiento, y caminó hacia Draco, quien no pudo evitar observarla de arriba abajo. Llevaba una falta beige que se pegaba a sus caderas y le llegaba un poco más arriba de las rodillas, una blusa blanca desabrochada en la parte superior, dejando ver su escote, y un suéter de botones largo, del mismo color de la falda. Cualquiera podría decir que su look parecía aburrido, pero en ella nadie podría decirlo. Su rubio cabello caía suelto sobre su espalda, con risos perfectos y mechas de diversos tonos. Y sus labios, cuan carmín, atraían la mirada a esa zona.
Draco esperaba que no notaran que su amigo empezaba a despertar y comenzaba a crear una tienda de campaña en sus pantalones, con tan solo mirarla.
-Tus hombres no conocen los diamantes, no saben extraerlos – dijo la chica, sin inmutarse por la altura del rubio, quien le sacaba una cabeza, a pesar de sus tacones -. Me necesitan, y si no quieren pasar por una demanda por enviar espías a mi empresa, accederán a los acuerdos.
-Eso es distorsión y chantaje – dijo Draco, tratando de concentrarse en la amenaza de Granger, y alejando los pensamientos sobre hacerla suya encima de la mesa de reuniones.
-Llámalo como quieras, tienen hasta el viernes para responder o nos veremos en los tribunales.
Y sin más, se dio media vuelta, y se marchó.
Hola! Aquí estoy de vuelta, contenta de recibimiento que tuvo la historia en el primer capítulo. Les traigo uno nuevo, donde se descubre un poco más de Hermione, Draco, ¿cuál será el plan de Hermione? ¿Qué pasó realmente con Ron? Bueno, eso no se va a revelar en el próximo capitulo, jaja sí, lo sé, soy mala, tendrán que esperar un poco más.
Déjenme en sus comentarios qué tal les pareció el capítulo. Espero vernos pronto!
MRS Taisho-Potter
