Capitulo 1

Pétalos de cerezo caían del cielo constantemente y una silueta se dibujaba a lo lejos, parecía cercana pero a la vez inalcanzable. Intentó correr hacia donde se encontraba, llena de la necesidad de saber quién era el dueño de esa figura, esperando, deseando que fuera quien ella creía. Corrió, corrió hasta que sus piernas fallaron y aún así nunca logró acercarse a la figura.¿Por qué? Se lamentaba ¿Por qué no vienes por mí si me prometiste que lo harías?

-Sakura, Sakura… ¡SAKURA!- gritó el pequeño ser. – ¡Sakura despierta o llegarás tarde! ¡De nuevo!

-¿¡QUÉ!? ¿Qué hora es? ¡Ay por dios, ni siquiera tendré tiempo de desayunar!- gritó la chica adormilada. –Oh no, oh no debo apresurarme no puedo llegar tarde, no hoy!

Dicho esto, la adorable joven de ojos verdes saltó de la cama y comenzó a correr por la habitación haciendo todo lo posible por vestirse y peinarse en el menor tiempo posible. Suerte que aún llevaba el pelo con el mismo corte de hace tantos años sólo que con el cabello un poco más largo y cayendo como una cascada hasta cubrir sus hombros, lo cual le hacía fácil y simple peinarse, aunque había dejado de usar sus dos características colitas a los costados. Una vez preparada, se dispuso a salir.

- ¡Nos vemos más tarde!- dijo mientras dejaba una bolsa llena de dulces sobre su escritorio. –Kero, por favor cómelos con cuidado y haz que te duren hasta que yo regrese. Que no se repita lo del otro día.

-Esta bien, esta bien. ¡Ahora muévete Sakura, o llegarás tarde a tu primer día!

-¡Si!

Salió tan rápida como una bala de su casa y se subió a su coche en menos de un minuto, era una lástima que no hubiera podido desayunar pero se lo merecía por haberse quedado dormida. En días como estos no negaba que extrañaba tener a su padre en la cocina esperándolo sonriente y con un delicioso desayuno, e incluso llegaba a extrañar ver a su hermano tomando su desayuno frente a ella siempre dispuesto a molestarla y decirle que era un monstruo.

Pero debo dejar de pensar así, ahora sólo somos Kero y yo y sería escandaloso poner a Kero en la cocina para que prepare el desayuno; pensó. Pero que descuidada soy, Sebastian vendrá a instalarse en casa en unos días, ya no seremos sólo Kero y yo y además tendré que empezar a dejar de quedarme dormida.

Todo eso, cruzaba por la cabeza de la joven que conducía rápidamente para no llegar tarde a su primer día en segundo año en el Hattori Tokyo Institute. Un prestigioso instituto universitario en el ámbito de los artes culinarios.

Aunque durante su infancia Sakura no había sido la mejor cocinera de todas, con el tiempo quiso hacer de la cocina su oficio y llegar a ser una gran maestra de la repostería y las artes culinarias. Fujitaka, su padre, siempre la había apoyado y había sido un gran maestro para ella dado a su exquisita habilidad en la cocina. Pero ahora que se había independizado y había decidido que ésta sería su vocación, intentaba poner todo su esfuerzo en la universidad para no fracasar. Su pequeño sueño era montar una lujosa pero modesta cafetería que resultara acogedora para todos los que fueran a ella, y donde se vendieran las más ricas delicias reposteras. No era un sueño realmente ambicioso como aquellos que querían ser multimillonarios y famosos, ella lo sabía muy bien, pero era lo que más le gustaba y quería cumplirlo. Era algo muy distinto a lo que deseaba Sebastian. Su actual novio de nacionalidad europea y con quien estaba a punto de empezar a convivir. Él deseaba ser un exitoso hombre de negocios y para ello estudiaba la carrera de administración de empresas en el Tokyo Business School, una universidad privada muy cercana a la suya, junto a su adorada amiga Tomoyo Daidouji. De hecho, era gracias a Tomoyo que ella y Sebastian se conocían.

Llegó al campus universitario justo a tiempo para ver al hombre que invadía sus pensamientos marcharse lentamente en dirección a su respectiva universidad. Bajó de su auto a toda prisa e intentó alcanzarlo.

-¡Espera!- gritó mientras corría.- Lo siento mucho, Sebastian, me quedé dormida y ni siquiera pude desayunar para poder llegar a tiempo.

-Mi querida Sakura, mírate como estas ni siquiera puedes respirar, hazlo profundamente o te dará un ataque.

-Es…esta bien. -respondió ella aún jadeante. -Lo siento mucho, te hice esperar y ahora llegarás tarde a tus clases.

-No me importa llegar tarde si con eso puedo tener el placer de verte antes de comenzar mi día, querida Sakura.- sonrió amablemente el adorable chico

La aludida no pudo evitarlo y se ruborizó, lo cual provocó una sonora risa por parte de su novio.

- Sakura, eres tan adorable como siempre. Ruborizarte es una de las cosas más tiernas que haces.

-Oh basta Sebastian, deja de bromear siempre te ríes cuando me pasa. Será mejor que nos vayamos o llegaremos aún más tarde y…

No pudo completar su frase ya que fue acallada por un suave beso en sus labios.

-Si llegar tarde es lo que te preocupa, podrías hacer un poco de lo tuyo y listo. Aunque lo ideal sería que empezaras por levantarte más temprano.- le susurró al oído Sebastian.

-¡No voy a usar magia para esto! -replicó Sakura intentando parecer seria, pero sin muchos resultados. -Mejor vámonos y listo, nos vemos luego.

-Hasta luego, mi bella dama. -le respondió él haciendo un saludo de reverencia con todo el aspecto serio de un lord inglés del que fue capaz.

Sakura no pudo más que contener la risa y echó a correr hacia el Instituto para no perder más tiempo. Eso era lo que le gustaba mucho de Sebastian, su sentido del humor y su ternura aunque a pesar de todo a él no le gustaba demostrar mucha ternura. Además de la forma en la que él la aceptaba, Sebastian sabía que ella tenía magia pero no se había inmutado cuando ella se lo confesó e incluso había insistido en conocer al pequeño Kerberos cuando ella le contó todo. Aunque claro, eso aún no había pasado. Siempre por un motivo u otro, no le había podido presentar a Kero pero ahora que vivirían juntos ya era un hecho que se conocerían.

Sin embargo, nunca podía evitar sentirse mal. Ellos eran novios desde hace dos años, ambos se habían conocido cuando empezaron sus respectivas carreras universitarias a los 18 años en el caso de ella, y a los 19 en el de él. Pero desde que habían empezado su relación nunca había sentido el mismo amor inmenso en su corazón por el que era capaz de todo que había sentido con su primer amor. Shaoran.

Sin embargo, su padre le había dicho una vez que quizás eso era como un mecanismo de defensa. Su corazón no se permitía amar de la misma forma de nuevo, por temor a vivir la misma traición que había sufrido con Shaoran. En absoluto ella ya no pensaba en él y todos los días se decía que no quería volver a verlo, pero se sentía ligeramente culpable al no poder amar a Sebastian de la misma forma que lo había hecho con Shaoran.

Y no podía negar que, aunque se opusiera profundamente a la idea de volver a verlo, aún pensaba en él en ocasiones. ¿Qué estará haciendo Shaoran ahora? Pensó, involuntariamente.