1

Seth abre los ojos. No distingue prácticamente nada, lo que le ayuda a deducir que serán menos de las siete de la mañana.

El problema con eso es que no puede seguir durmiendo, aunque realmente lo desea.

No puede.

Se incorpora con cansancio, ya desde antes de despertar había estado pensando en la tarde de hace tres días, cuando vio a Edward Cullen por última vez e hizo el ridículo gracias a sus nervios.

Ahora, la sola idea de volver a aparecerse por ahí le hace sonrojar, pese a que nadie ha notado en él un cambio de tono últimamente; por eso del tono de piel, ya saben.

Así es como termina abriendo la ventana de su habitación, sin calzarse unos tennis siquiera, y salta al exterior de la casa sin la menor dificultad. Después de todo, su casa tiene sólo un piso.

Camina por la Push, pero hace más frío del que creyó así que decide entrar en fase lobuna y toma vuelo para que no sea tan brusco; por supuesto, no sin antes deshacerse del mono que usa para dormir: Sue ya lo ha reprendido demasiado sobre lo cara que es la ropa como para darse el lujo de romper su único mono por un simple descuido.

Entonces, todo es óptimo: no más frío, no más límites; es como romper los barrotes de una jaula, porque su alma es la del lobo y sólo es feliz como tal. Si toda su vida hubiese sido un bendito lobo, todo sería diferente.

No es mucho el tiempo que le toma pasar de la arena húmeda de la playa al pasto embarrado de los inicios del bosque, para luego sumergirse entre los montones de árboles inmensos y oscurecidos por la neblina que precede al amanecer.

Olores terrosos bañan su nariz, el bosque entero parece cantarle y por un momento, todo parece ir bien.

Hasta que percibe su aroma.


2

Es sólo un gruñido, pero para Edward parece suficiente. Salta desde uno de los árboles, Seth no cree haber visto nunca antes un salto como aquel; luego se da cuenta de que no le sirve un carajo estar en fase porque le están volviendo los nervios y las ganas de salir corriendo como un reverendo tarado.

- Puedes transformarte, si quieres.

Oh, por supuesto: puede leer la mente.

Fantástico.

Siente la ya mencionada psiquis nublada, esto no es normal, razona.

Se concentra como puede para retornar a su (vulnerable) forma original; en cuanto lo hace, se produce un silencio.

- Uh… Seth…

Se prende una ampolleta dentro de su mente, pero ya es demasiado tarde: en cuanto da el salto de su vida para terminar sepultado entre un montón de arbustos, Seth está seguro de que Edward Cullen alcanzó a verle literalmente hasta el alma.

El dolor vuelve, mas ahora le golpea el estómago y no el pecho; considera seriamente la opción de no volver a mostrar su cara humana frente a nadie, aunque ésta debe de haberse caído de vergüenza de todas formas, así que ya es probable que nadie lo reconozca en el futuro.

Se sale de este embrolloso trance cuando escucha su risa.

Suave, maliciosa, fresca como el hielo que parecen exhalar sus poros.

Edward se ríe bajito, mirándolo desde su lugar, casi a travesando los arbustos con los ojos.

Seth vuelve a respirar; todo vale la pena a cambio de una risa como aquella.


3

Olvida el hecho de que aquel ser es un vampiro, un vampiro casado y, claramente, hombre.

Incluso, olvida el hecho de que Edward acaba de ser testigo de su gran estupidez – porque, ¿a qué otro licántropo se le olvidaría que acabará en cueros al pasar de lobo a humano?- y olvida, por instantes desiguales, que dicho vampiro puede leer la mente.

Pues mientras Edward le conversa sobre todo y nada, trozando de a poco su centenaria historia sobre la tierra, esparciéndole pequeños retazos de lo que él es, y con el sol bañándolo y convirtiéndolo en un jodido diamante humano (humano entre comillas, claro), Seth lo observa y sólo ve perfección, una perfección aterradora, pero inevitable.

Desde entonces, sabe que sólo puede optar por decir que lo admira, porque sino, su malestar volverá y esto va a convertirse en un círculo vicioso demasiado masoquista para el gusto de nadie.

Y Seth puede soportar muchas cosas, mas no le es fácil quedarse tranquilo ante la duda de si es algo más que admiración por un futuro gran amigo.

Hay cosas sobre las que prefiere no conjeturar.


4

Jacob lo mira como embobado durante unos segundos, antes de que su expresión se torne, casi al instante, desconfiada. Luego, observa a Edward, cuyo brazo roza el de Seth, y el recelo es tan visible que pareciera que lleva la palabra escrita sobre la frente.

- ¿Qué haces acá?

- Viene a buscar unos discos.- Edward responde en su lugar.

- Son cedés.- le corrige. Descubrió, recientemente, que es el mejor método para parecer cómodo a pesar de que tiene los nervios de punta. Mosquearle.

- Cedés.- repite Edward, su voz baila entre la diversión y el escepticismo.

- ¿Jake?

Nessie se asoma. Dios, qué parecido.

Seth se sorprende, porque la niña ha crecido muchísimo desde que la vio por última vez, siente a Edward sonreír junto a él y se da cuenta de que esa manía suya de explorar mentes ajenas puede ser útil – en el uno por ciento de los casos, claro está.

- Ven, pasa.

Sabe que Jacob habría fastidiado más de no ser por la llegada de Renesmee. Tampoco es que le importe; ya dentro de la casa, es difícil que su Alfa se dedique a armar ningún escándalo.

Por Dios, como si Jacob Black tuviese las agallas de hacer algo que disgustara a Bella o a Nessie.

La risita del vampiro junto a él lo lleva a la deducción de que no es el único que piensa así.


5

Piano.

Piano y violín, violoncelo y otros sonidos que no puede identificar y sólo lo llevan a pensar en Edward. Es raro que música tan antigua pueda existir en cedé, pero Seth piensa, entonces, que lleva más de una hora escuchando esa música y podría seguir así por un buen tiempo.

Se pregunta si Edward tiene una afición especial por los instrumentos clásicos, si se enojaría si él convence a Jacob para convertir a Nessie en una fanática del rock, si Bella ya habrá vuelto de cazar – a eso iba cuando se la cruzó, apenas, al abandonar su casa-; se pregunta muchas cosas y gira sobre su cama, ladeando una sonrisa, porque nunca imaginó que alguien en este planeta lo convencería de escuchar aquellos ritmos iletrados.

Y hele allí, el vampiro ni siquiera tuvo que insistir porque Seth estuvo (y sigue estando) feliz de recibir cualquier cosa que procediera de él.

Pero el ambiente tranquilo que reinó durante tanto tiempo en su alcoba caótica se va al carajo en cuanto los retorcijones le vuelven, porque entiende que está demasiado feliz, y que, al contrario de lo que debería pensarse, eso no es bueno.

Definitivamente,

esto no es normal.

No debiera importarle tanto alguien a quien apenas está conociendo.


Gracias por leer.