Hola, hola, Luna de Acero reportándose. A pedido de ustedes... a veces, no todas las segundas partes son buenas... reviews?

Disclaimer: Los personajes son obra e invención de Isayama Hajime, yo solo los utilizo para fines recreativos.

Advertencia: Angs, Lime, locura everywhere...

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"Quizás te diga un día que dejé de quererte,

aunque siga queriéndote más allá de la muerte.

Y acaso no comprendas, en esta despedida,

que aunque el amor no une, nos separa la vida"

José Ángel Buesa

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Los besos resonaban febriles, la piel buscando a la piel, los roces, el deseo…

Petra estaba feliz… o bueno, casi, hasta que él le tendió "eso", y se quedó estupefacta. Un rollo de cuerdas rojas. No sabía si reírse o tomárselo seriamente, optó por lo segundo y con dedos trémulos y cargados de ansiedad las acarició con algo de nervios.

-: No entiendo… - dijo mientras la respiración se le dificultaba, y una sensación de desagrado se le colaba en el estómago. Normalmente escuchaba a sus amigas, que le aconsejaban ser "más osada", buscar "provocar" a su marido, podía entender eso, incluso podía considerarlo como una posibilidad, pero esto…

-: Vamos… - dijo Levi, sus acerados ojos brillando con una voracidad propia de las bestias – Sería bueno… innovar…

Los hombros de la mujer cayeron un poco, y lo miró casi sin reconocerlo, como un extraño. Levi no era un hombre que gustara de incorporar cosas nuevas en la vida sexual, al contrario, siempre optaba por lo más tradicional, y ella estaba feliz por eso, siempre sintió que era afines en esas cuestiones. Le gustaba que la tocara, sentir su piel desnuda contra la suya. Levi siempre era muy… caliente… pero si lo ataba, como se lo había pedido ahora… sus manos ya no la tocarían… "Bueno Petra", se dijo, "dale el gusto alguna vez". Lo amaba, lo amaba tanto como para hacerse la ciega, como para no ver que el hombre frente a sus narices no era el mismo. Desde "aquello", el Levi que regresó, solo era un despojo del Levi que era. Si antes su moral lo hacía dudar a la hora de defender un caso, ahora definitivamente iba por todo, sin importarle ninguna consecuencia.

En el pasado solía reconfortarlo ante decisiones que muchas veces lo tenían días desvelado. Ahora se había vuelto más frío, más… despiadado. Conservaba la esperanza de que con el tiempo, y la terapia, volvería a ser el de antes. Muchas veces lo descubría mirando un punto fijo, como abstraído en sus pensamientos… sus ojos… no eran los mismos… Incluso esos paseos nocturnos al ático, algunas veces lo había seguido y había quedado temblando al oír los susurros como si pudiera hablar con alguien. Y aunque le había preguntado, Levi solo le contestaba que pensaba en voz alta, sólo eso. ¿Estaba paranoica?

No era buena en eso, pero lo intentó, ató sus muñecas al respaldar y entonces lo vió removerse y resoplar lujuriosamente, completamente excitado. Se asustó, se asustó mucho, pero enfrentando sus temores se sentó a horcajadas de su marido y sólo fingió que todo estaba bien.

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La taza cayó de sus manos y se estrelló contra el piso.

-: ¡Ey! – Dijo Levi acercándose para mirar los gráciles dedos - ¿Te hiciste daño?

-: N-no… no, estoy bien… - el menudo cuerpo tiritaba mirando a ese nefasto peluche sobre el mueble con cajones al frente de su cama – Levi, ¿q-qué… qué? – No llegaba a terminar de formular la pregunta y su dedo índice apuntaba al oso suyos ojos negros parecían devolverle la mirada.

-: La terapista dijo que estaba bien – acotó Levi, recogiendo los pedazos de la taza rota – Es sólo un muñeco, pero ella ha dicho que podré dominar mis emociones negativas si enfrento la situación, y me ha animado a aceptar lo que sucedió sin huir de ello. Si te molesta… puedo dormir en la habitación de al lado… sólo será un tiempo, hasta que lo supere.

-: No… es-está bien… está bien… - dijo recomponiéndose y mirándolo con cariño – Pero… ¿cómo fue… cómo fue qué? ¿No era evidencia?

-: Bueno, ya sabes cómo es esto, tengo mis contactos. Tampoco es un arma, Petra, es simplemente un adorno.

-: Lo sé… Bueno, si es por tu bien, yo no tengo nada que recriminar.

-: ¿De verdad? – Dijo su marido acercándose y capturando sus labios – Gracias por comprender.

Petra miró de reojo el muñeco y sintió que la recorría un escalofrío.

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-: ¡Petra! – la llamó su marido, un dejo de molestia en la voz, y efectivamente lo encontró con el ceño fruncido.

-: ¿Qué sucede, mi amor?

-: ¡¿Qué rayos le hicieron al jardín?! – Estaba cabreado, y respiraba agitadamente.

-: Bueno, creí que sería mejor modific-

-: ¡NO! – El grito puso en alerta a la mujer. En 10 años que conocía a su marido, sólo tres veces lo había visto a los gritos, y nunca en su contra - ¿Por qué no me consultaste?

-: Levi, siempre dejas en mis manos este tipo de decisiones, no entiendo, jamás me pediste antes que te consultara. Pensé que sería lo mejor, puesto que ese maldito joven fue el que había hecho el diseño anterior, no quería más recuerdos que te atormentaran.

-: Mezclas todo, no tiene nada que ver el jardín con él. Y realmente me gustaba como estaba, lo disfrutaba, era agradable, ahora volvió todo a ese caos florido de mierda. Incluso mataste todas las calas, ¿por qué? – realmente parecía dolido, como si le hubieran arrebatado un hijo.

-: Oye, tranquilízate, ¿quieres? Les diré que vuelvan todo a como estaba, ¿te parece bien así?

Levi asintió como un niño caprichoso, Petra se sintió fatal, su marido estaba cambiado, nunca hubiera hecho un escándalo por una nimiedad como esa. Por lo que en tres días el jardín volvió a como estaba antes.

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Petra se despertó, el display de luz roja del reloj sobre su mesa de luz marcaban las tres de la mañana, se le fue el corazón a la boca cuando vio a Levy sentado a los pies de la cama, mirando fijamente al oso de peluche. Tragó saliva y se acercó con cautela.

-: ¿Amor? – Pero el hombre no se movió ni un ápice, lo abrazó desde la espalda, estaba helado – Amor… - le susurró preocupada, entonces lo vio parpadear y mirarla como si no supiera donde estaba – Vamos, debes acostarte, o te resfriarás – Tiró de él y obedeció sumiso sin decir nada, se acostó y se dejó arropar mientras volvía a dormirse.

Petra miró el muñeco, al cual un débil rayo de luz de luna bañaba en la cabeza. Los ojos vidriosos y brillantes parecía mirarla, parecía reírse triunfal, su corazón se estrujó en su pecho y los ojos se le llenaron de lágrimas, a paso decidido se le acercó y lo tomó con brusquedad del cuello, para soltarlo de inmediato con un grito de dolor.

Levi prendió el velador y refregándose los ojos se acercó.

-: ¿Qué sucede?

-: M-me… me atacó – explicó la mujer con lágrimas cayendo de sus ojos y un par de gotas pequeñas de sangre deslizándose de su dedo índice.

-: ¿Qué? ¿Quién? – dijo mirando la mano de su esposa.

-: ¡Esa cosa endemoniada! – dijo señalando al muñeco.

Levi suspiró y lo levantó del suelo donde había caído, lo miró y luego a Petra con algo de dudas, lo tocó un poco, hasta que en del cuello extrajo una gruesa y larga aguja.

-: Oh, parece que fue esto… ¿cómo llegó esto aquí?

-: ¡Lo quiero fuera de mi habitación, Levi! ¡Quémalo! Esto no puede ser algo bueno, lo odio, ¡quémalo! Que si no lo haces tú, lo haré yo.

Levi le dedicó una larga y fría mirada, la mujer retrocedió dos pasos.

-: No te atrevas a hacerle nada a Shirley – le dijo – Me la llevaré de aquí si tanto te molesta, pero voy en serio Petra. Si algo le sucede, puedes olvidarte de mí para siempre.

La mujer lo miró alarmada, sorprendida, increíblemente dolida. ¿Había escuchado bien? ¿Él estaba defendiendo a ese muñeco?

Al otro día fue a ver al terapeuta de su marido. Era un hombre rubio de ojos celestes y semblante cálido, decía ser el Dr Farlan Church.

-: Señora Ackerman, entiendo sus preocupaciones – dijo el profesional mientras anotaba todo en su libreta y después de haber escuchado todo lo que tenía para decirle – Levi está transitando el camino de su recuperación. El necesita aceptar todo lo que ha sucedido. Supongo que usted leyó el reporte policial, ¿cierto? Levi contó parte de la verdad – Petra lo miró alarmada – Hay… aspectos personales que ha preferido omitir, y que no hacen diferencia a la sentencia que iba a recibir Eren Jeager – la mujer apretó la mandíbula al escuchar ese nombre – Por supuesto, yo tampoco puedo compartírselos, es parte de nuestro secreto como profesionales, pero quiero que entienda que esta es la manera en que él puede lidiar con todo esto. Por lo que le pido encarecidamente, que le brinde su apoyo y trate… de comprenderlo.

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Levi había dejado de dormir con ella, llegada la noche la saludaba con cariño y se iba a encerrar a la otra habitación, donde ese fastidioso muñeco estaba.

Cierta mañana que su marido se había retirado a trabajar temprano, ella ingresó a la habitación, se quedó un rato contemplando el peluche.

-: Te odio – le dijo para finalmente darse vuelta e irse, pero cuando estaba abriendo la puerta de la habitación para marcharse, un susurro muy claro resonó en su oreja derecha.

-: Yo también…

La mujer se giró asustada, salió corriendo y cuando Levi regresó para el almuerzo la encontró llorando en el living.

-: ¡Lo siento! ¡Pero es demasiado para mí, Levi! Por favor, snif, snif, por favor – decía temblando y aferrándose a su pecho – Deshazte de esa cosa… quémala, quémala por lo que más quieras… no la soporto, snif, snif, buaaaaa – Levi la abrazó mientras suspiraba y la miraba indiferente.

-: No puedo…

Petra lo miró a través de sus lágrimas. Con profundo dolor.

-: Me iré Levi… yo, no puedo ayudarte, perdóname…

Petra armó un bolso, sin dejar de llorar, y se fue a casa de su amiga Annie por algunos días. Le dijo que le daría un tiempo, pero que si él seguía con esa extraña obsesión… era el fin de su matrimonio. Levi no le respondió nada, no la detuvo, simplemente se quedó sentado fumando con lentitud.

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Era la tercera vez que iba y se quedaba sentado en el auto mirando el lugar. El edificio blanco se alzaba como un monumento mudo e inescrutable. Veía a los residentes, algunos pasearse por las ventanas, otros, en mejores condiciones, caminar en el patio del frente, agarrarse al enrejado y mirar hacia la calle. Levi temblaba, transpiraba frío, entonces arrancaba y volvía a su casa.

Al cabo de una semana, reunió el coraje suficiente para bajar y llegar hasta la puerta principal. No quería volver a la mansión y soportar los reclamos de Shirley, ya no.

-: Señor… ¿señor? – La voz del guardia lo sacó de su ensimismamiento - ¿Necesita algo señor?

-: Oh, sí… ven… vengo de visita…

-: ¿Lo espera alguien?

-: Necesito ver… a… un paciente…

-: ¿Sí?... – ante la falta de respuesta, el guardia tomó la libreta y continuó - ¿Quién?

-: E… E… - su boca se negaba a pronunciar ese temido nombre, pero se armó de valor – Eren…

-: ¿Eren Jeager? Vaya, en seis meses no ha tenido visitas de ningún tipo, ¿es familiar?

-: Su… su primo…

-: Deme su nombre y apellido señor…

-: Le-levi Ac… Jeager… Levi Jeager…

-: Muy bien, acompáñeme.

Lo dejó con la jefa de enfermeras, y finalmente después de algunas preguntas y recomendaciones lo guió hasta el patio. El lugar, incluso a la luz del día, era escalofriante. Pasaron por dos pasillos, los pacientes miraban desde las rendijas de sus puertas al hombre, sus ojos perdidos y dementes brillando como animales al acecho. Levi se abrazó a sí mismo, infundiéndose valor.

Llegó al patio, donde la mujer le señaló debajo de un árbol.

-: Sea tan amble de darle su medicina – dijo poniéndole unas pastillas en la mano – Si puede traígale algo de ropa, que no tiene casi nada, y que la familia colabore para la manutención, el mísero cheque del gobierno es una burla. Cuando termine vaya a buscarme al salón principal.

-: Bien – dijo Levi recibiendo la botella con agua. Cuando la mujer se retiró miró al lugar. Sentía escalofríos, estaba lleno de pacientes que deambulaban, hablaban solos, se movían repetitivamente o se revolcaban en el piso. Su corazón dio un vuelvo cuando vio la conocida figura debajo del árbol, mirando a un costado hacia la nada, como un robot apagado. El viento le mecía suavemente las hebras de cabello, y era el único indicio de movimiento.

Levi caminó muy lentamente hacia él, sintiendo que cada paso hacía que sus pies le pesaran más y más. Cuando estuvo a escasos dos metros se detuvo. Quería correr, empezó a sentir que se sofocaba, que le ardía el pecho. Quería que se girara, que lo viera… que se girara y le sonriera…

-: E… E… - nuevamente su voz se trababa, su boca se llenaba de saliva, su cuerpo quería vomitar, tantas emociones que se le arremolinaban en las tripas - ¡Eren!

El llamado salió lastimero, más alto de lo que hubiera querido… necesitado… pero el joven no se giró, de hecho parecía como si no lo hubiera escuchado.

Se agachó, intentando respirar y no morir asfixiado, porque sentía como si se hundiera en agua, todo era tan difícil.

-: Eren… Eren… mí… mírame…

Ese día eso fue todo lo que pudo hacer, tiró las pastillas y se retiró. Luego los siguientes, por el lapso de dos semanas, logró pararse frente a él, pero no importaba cuanto lo intentara, el muchacho parecía como desconectado del mundo.

-: Está en su habitación – dijo la enfermera dejándolo en la puerta – Lo intentamos pero no quiso salir, como verá ha quedado en estado catatónico, no se comunica ni parece entender los que le decimos… vea usted si puede hacer algo, buena suerte – y se fue, como siempre.

Levi entró y se sentó en una silla al lado de la cama. Eren miraba fijamente el techo con sus palmas hacia arriba, cuando las vió se percató de algo horrible, tenía unas gruesas y largas cicatrices en sus muñecas, parecían algo viejas, pero sin duda se había hecho mucho daño. Levantó su mano y delicadamente las delineó con las falanges de sus dedos, sintiendo una extraña electricidad recorrerlo al tocar su antes secuestrador. Eren se movió y se giró hacia la rad acurrucándose sobre sí mismo. Levi sintió que le volvía a doler el pecho.

Se sentó en la cama, como si su cuerpo sintiera la necesidad de estar cerca del joven.

-: Eren… - lo llamó con calma – Vuelve, Eren…

Aunque lo llamó varias veces no obtuvo ninguna respuesta. Entonces acercó sus labios a su oído.

-: Shirley dice que te extraña…

Como si se tratara de un hechizo que se deshace, el castaño suspiró con fuerza y se giró despacio para mirar por primera vez al hombre. Levi sentía que el corazón galopaba dentro suyo.

-: Eren… ¿sabes quién soy?

El joven lo miró por largos minutos en silencio y finalmente una sonrisa tétrica se desplegó en su rostro.

-: Levi-san… - su voz carrasposa y pesada flotó en el aire algunos instantes, y el pelinegro sintió que sus mejillas se mojaban con sus propias lágrimas.

-: Sí…

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El dinero abre los caminos, se apodera de las voluntades, crea atajos y simplifica los trámites. Levi conocía muy bien la codicia que vivía dentro de las personas. Y la directora de enfermeras estaba feliz de tener que lidiar con un loco menos.

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Eren abrazó a Shirley y se acostó con una sonrisa radiante y feliz. Levi lo miró desde la puerta y cerró para ir a acostarse en su habitación.

Las almohadas a su lado aún olían a Petra, un perfume que le traía hilos de cordura a su torturada mente. Puso la mano sobre la mullida superficie e internamente le pidió disculpas.

Estaba profundamente dormido cuando la puerta se abrió, estaba navegando en sueños cuando el peso de un cuerpo hizo que la cama se hundiera a su lado. Se despertó sobresaltado cuando sintió la caliente mano acariciando su mejilla, los ojos azules se enfrentaron a los verdes que brillaban como los de un demonio.

Eren acercó su rostro con lentitud pero Levi giró el suyo, asustado, aterrado, para que las manos del joven lo capturaran con firmeza obligándolo a que lo mirara, entonces exhaló un suspiro ahogado, antes de que el muchacho lo besara, los carnosos labios se estamparon en los suyos con fuerza, con exigencia… dominantes. Podía patearlo, podía empujarlo, podía quebrarle todos los dientes si quería… podía… pero no pudo.

Eren tomó las cuerdas rojas y acarició sus labios con ella.

-: Levi-san… - el nombre salió caliente y pesado. El pelinegro cerró sus ojos – Cuando lo ate… Usted no podrá huir nunca más de nuevo… me pertenecerá… para siempre… - Eren se alejó lo suficiente para darle espacio. Levi salió de entre las colchas a los trompicones y corrió hacia la puerta, continuó corriendo, trastabillando en las escaleras y cayendo sobre su hombro, que se resintió enseguida, exhaló un gemido pero estuvo en pie de nuevo en pocos segundos, sentía que el cuerpo le ardía, pero que imperiosamente necesitaba alejarse, como una alarma de luces rojas, su cabeza resonaba sin cesar. Llegó al patio y cayó de rodillas hundiendo sus dedos en la hierba, mientras empezaban a caer sus lágrimas. Nadie, absolutamente nadie hacía llorar a Levi Ackerman, nadie excepto su madre… y ahora… Eren…

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El joven jugueteaba con las cuerdas mientras tarareaba una canción, se giró y miró al oso e hizo un puchero.

-: ¡Cállate, Shirley! Tú no sabes nada, Levi-san volverá… No, él no me dejará de nuevo en el hospital, soy su esposa… ya lo sabes…

Levantó la vista cuando la puerta se abrió de nuevo, el hombre tenía la cabeza gacha, y los pies, manos y rodillas llenas de tierra y pasto. Eren sonrió ampliamente y se puso de pie para acercarse con lentitud, estirando y tensando las cuerdas entre sus dedos provocando un sutil sonido.

-: Levi-san… - lo llamó con hechizante voz – Dígame qué es lo quiere… dígalo claramente… y yo obedeceré…

El hombre tenía una enorme lucha interna entre su propio orgullo, su decencia, su vida entera, y la locura, los deseos, y la obsesión.

-: A… átame…

El joven sonrió mostrando sus dientes, una mueca tétrica y demente. Tomó una de sus muñecas y suavemente lo arrastró a la cama, lo desnudó con suavidad antes de acostarlo y llevó sus muñecas por encima de su cabeza, Levi tiritaba intermitentemente mientras apretaba sus párpados y resoplaba, como si le dolieran esos roces. Eren desató la cuerda con lentitud y comenzó a entrelazar las correas para ajustarlas lo suficiente.

-: ¿Le duele Levi-san? – el hombre no respondió, entonces Eren se acercó a su oído – Ahora va a dolerle cada vez más… pero está bien porque… a Levi-san le gusta el dolor, ¿verdad?

Eren se sentó a horcajadas sobre el más bajos y lo acarició a su antojo, para luego acompañar sus dedos de sutiles lengüetazos y mordidas suaves. Lamió sus axilas con fruición.

-: ¡No, no! ¡Es asqueroso! – El hombre se retorcía molesto.

-: Ja, ja, ja – Eren se carcajeó sonoramente – Es tan lindo ver como se resiste, Levi-san, pero mire, aquí su cuerpo me dice que le gusta demasiado – dijo tocando su entrepierna sin pudor – No se preocupe, Shirley no está mirando, abra sus ojos, por favor.

Eren se puso de pie y terminó de desnudarse, escupió en su mano y comenzó a tocar su anillada entrada para dilatarse lo suficiente. Las lágrimas del pelinegro dejaron de salir, en el momento en que conectó con las esmeraldas brillantes de Eren, su cuerpo entró como en un trance, placentero, hipnotizante.

-: ¿Quién soy? – dijo el joven tomando el falo de Levi y refregándolo entre sus nalgas – Si no lo dice no lo dejaré entrar en mi cuerpo…

-: Mi… mi… - Eren jadeaba excitado, ansioso por escuchar esas dos palabras – Mi… es-esposa…

Se sentó sobre el vientre del mayor y abriendo obscenamente sus piernas se fue empalando lentamente mientras echaba su cabeza atrás. Ambos profirieron un gemido agónico y largo. Eren movió lentamente sus caderas, mientras sentía el dulce dolor de ser invadido en sus entrañas, pero no importaba, si dolía, si sangraba, si moría, porque ese hombre estaba atado a él desde ahora. Sabía que nunca podría liberarse, sonrió complacido, mientras sentía las caderas de su ahora esposo embistiéndolo desde abajo. Cerró los ojos para disfrutar más de ese amargo tormento mientras sus manos estrujaban sus pezones con fuerza. Levi lo miraba con profunda lujuria. Sus pelvis chocaban sonoramente, y las cuerdas dejaban profundas marcas en sus muñecas, tal como aquellas que Eren había dejado en su alma. El joven apretó su cuello con fuerza.

-: Nadie más, Levi-san, ah, ah, nunca más… Sólo yo, ah, ah, sólo yo…

-: Mi esposa… mi esposa… mía… - Levi se dejó arrastrar, como el bote que marcha a la deriva en el tormentoso mar, sin rumbo, sin destino, simplemente empujado por sus bravas olas, sin voluntad, sin poder evitarlo en absoluto.

Se fundieron en un escandaloso beso, con sus lenguas luchando, probándose, invadiendo y dejándose invadir, resbalosas e inquietas, dispuestas a complacer y recibir gozo a cambio.

Después que la pasión los consumió hasta dejarlos en brasas apagadas y desmoronadas. Eren aflojó las cuerdas, las marcas rojas pronto empezaron a ponerse moradas, y el joven las besaba con lentitud.

-: Lo sabes, ¿cierto? – Dijo el hombre con el semblante serio y los ojos brillando en furia – Algún día, voy a matarte Eren…

-: Mmm… - dijo placenteramente el muchacho apoyando la cabeza en ese pecho trabajado y hermoso a la vista – Morir por las manos de Levi-san… no puedo imaginar un final más exquisito… y tentador… lo esperaré… con alegría…

Cerró sus ojos y se entregó al reparador descanso, mientras Levi acariciaba su cabeza una y otra vez. Miró de reojo al oso que ahora estaba de nuevo en el mueble de cajones frente a la cama.

-: Aún no, Shirley… pronto… pero aún no…

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By Luna de Acero… aullando a la luna del firmamento…