*Los personajes no me pertenecen, así como tampoco algunos sucesos de la trama.*

CAPÍTULO II

Gilbert estuvo durante toda la escuela ansioso, había decidido acercarse más a Ana, y curiosamente, como si ella supiera lo que se proponía, se la veía más nerviosa y esquiva que de costumbre, ¿Quizás por fin se había percatado de sus sentimientos?

Cuando las clases llegaron a su fin Ana se quedó esperando en el descansillo de la escuela, Gilbert pensaba acercarse para hablar, pero le extrañó verla sóla esperando, cuando todas las chicas habían salido ya.

Se acercó cautelosamente a ella, estaba tan guapa con las mejillas sonrosadas y las trenzas un poco desechas. Ana se puso aún más tensa, si es que eso era posible.

-Hola Ana, ¿te encuentras bien? – Gilbert frunció el ceño, se le acababa de ocurrir que quizás algo iba mal.

Ana alzó la vista desafiante.

-Me encuentro perfectamente, gracias.

Gilbert evaluó la situación mirándola con una media sonrisa.

-Estoy aquí porque te esperaba – Ana se puso aún más roja y empezó a titubear – esto…, esperaba que…, pudieras contestar a una pregunta.

-¡Vaya!, justo iba a preguntarte si me permites acompañarte parte del camino a casa – sonrió.

-Me parece bien, así mientras podemos… - Ana se aclaró la garganta – podré preguntarte eso.

Gilbert no podía creer que aquello estaba sucediendo, ¿Qué querría preguntarle?

Salieron hacia el bosque, el cual se encontraba ya cubierto por un manto blanco de nieve, Navidad estaba cerca y cómo el año anterior, Gilbert pensaba hacerle un regalo a Ana.

Estuvieron andando un rato en silencio, él estaba nervioso, pero Ana parecía estarlo más, sin poder contenerse por más tiempo, Gilbert rompió el silencio.

-Y bien, ¿qué querías preguntar?

Ana se paró en seco y lo miro con expresión… ¿asustada?

-Ana, no quiero parecer pesado, pero, ¿de verdad no ocurre nada?

Ella se mordió el labio inferior pensativa, pareció relajarse y le sonrió, lo que hizo que una sensación cálida brotara en el pecho de Gilbert.

-No, perdona, sé que me estoy comportando un poco extraña – Ana suspiró – creo que lo mejor será que lo pregunte de una vez – cuadro los hombros y lo miro fijamente, él no puedo evitar hacer lo mismo – Gilbert, ¿alguna vez has pensado en tener novia?

Se quedó callado mientras intentaba asimilar lo que le estaba preguntando, no debía haberlo entendido bien.

-¿Qué? – terminó preguntando extrañado.

-Perdona, obviamente que has pensado en tener novia alguna vez, ha sido una pregunta ridícula, quería decir en estos momentos, si actualmente te gustaría tener novia – Ana lo miró expectante.

Gilbert abrió la boca para responder, pero la volvió a cerrar, seguro que se veía estúpido boqueando como un pez, pero... ¿qué, en nombre de Dios, le estaba preguntando?, ¿qué si quería novia ahora?, ¡claro!, pero las cosas iban imprevistamente rápidas, ¿acaso quería decir que Ana sentía lo mismo que él?

Ella seguía mirándolo, así que decidió contestar.

-Sí, me gustaría tener novia – y sonrió de todo corazón.

¿Por qué Gilbert la miraba como si tuviera delante el pastel más delicioso de chocolate?, ¡si hasta le brillaban los ojos!, tenía la cara sonrosada y lo cierto era, que estaba guapísimo…No, no debería pensar si estaba guapo o no, había sido enviada para recoger información para Ruby.

El ambiente se volvió un tanto incómodo, Ana carraspeó para aclararse la garganta y bajo la vista.

-Bien, eso era todo, muchas… - Ana se vio interrumpida por la mano de Gilbert bajo su mentón, el cual alzo para que lo mirara.

Se había acercado a ella, y la miraba de aquella forma que la ponía tan nerviosa.

-Ana, ¿por qué me has hecho esa pregunta?

Gilbert estaba tan cerca, el corazón de Ana se desbocó, sentía los dedos de él aún en su mentón, él la miraba de forma tan penetrante, que sentía que perdía la fuerza en las piernas, ¿acaso iba a besarla?

Ana sacudió la cabeza y se deshizo de aquellos pensamientos, se separó de él y contesto atropelladamente.

-Ruby quería saberlo y me pidió que te preguntará.

La expresión de Gilbert cambió bruscamente, se tornó del todo desapasionada, y el brillo en sus ojos se apagó.

-Ah…, vaya, bien podría haberlo preguntado ella, no deberías hacer este tipo de encargos – se separó de ella y se caló su gorra – si me disculpas, debo volver rápido a casa, hasta mañana – y se fue rápidamente en dirección a su casa.

Ana se quedó allí un rato más, se sentía mal, sabía que le había hecho daño a Gilbert, y lo peor es que no sabía cómo.

.

.

Gilbert quería gritar, o golpear algo, no se había sentido tan estúpido en su vida.

Que pagado de sí mismo había estado para pensar que detrás de la pregunta había algo más, cuan tonto había parecido esperando que Ana le dijera que estaba interesada en él.

Se sentó en un tronco caído para enfriar sus pensamientos antes de llegar a casa, la cual compartía con Bash, mientras este se construía una nueva.

Quizás estaba llegando el momento de dejarlo correr, después de la humillación que acababa de vivir, no se sentía con la energía de cambiar las cosas que le había embargado aquella mañana. Iba a darse un tiempo, a centrarse en sus cosas e intentar pensar menos en Ana.