2. Combate con la repartidora de pizzas del demonio
Cuando abrimos, una joven de pelo rubio nos avisó que nuestra pizza había llegado.
-Pero, no ordenamos ninguna pizza- le contestó mi padre e iba a cerrar la puerta cuando la chica interpuso la mano.
-Señor, tengo una orden por una pizza extra grande a esta dirección.
-No puede ser, nosotros comemos sano.
Otra de las desventajas de tener poco dinero. Pocas veces teníamos el lujo de comer comida chatarra. Mi padre cerró la puerta y la mujer la golpeó. Pero no fue un golpe dado por un humano. Este atravesó la puerta astillándola.
-Sssseñor, tengo órdenesss esssperándome, tome su pisssa.
En ese punto ya estaba asustado. Una mujer que atravesaba puertas y usaba muchas "s" al hablar. Pero me di cuenta de algo. Ya no tenía esa ansiedad habitual, mi mente estaba tranquila. Pódía oir las abejas zumbar, las gotas de agua caer en el baño, las palabras de las manzanas de la frutera cercana.
La repartidora destruyó la puerta y entró. Su cuerpo era el de una humana común y corriente excepto por los enormes colmillos venenosos y las dos colas de serpiente. Se acercó siseando y reptando. Agarré dos manzanas como única defensa.
-Jaja- rió- Vamos, diosecillo, ¿eso es todo lo que tienes?
Y se lanzó con la boca abierta. Al instante supe que hacer, fue puro instinto defensivo. Apreté las manzanas y al instante se pudrieron. Las lancé hacia la mujer y esta se atragantó. Cayó al piso y yo la pisé. Corrí a la cocina y agarré una sartén. La golpeé hasta cansarme. La mujer se disolvió en arena, a excepción de 5 colmillos, 2 chicos, 2 medianos y 1 grande. Los metí en una bolsita de cuero que me guardé. Mi padre apareció. Se había escondido en el baño. Me miró.
-No quería que pasara esto- murmuraba- Tu madre me dijo que lo mejor era llevarte allí, pero yo me opuse. Ya no tengo opción. Tienes que irte.
-¿Irme? ¿A dónde?
-Al Campamento Mestizo.
El Campamento Mestizo. Mi papá me llevó en auto hasta un pino en una colina. Me miró a los ojos y se despidió. Estaba sólo y asustado. No entendía que pasaba.
-Por aquí- dijo una voz a mis espaldas.
Un joven atleta rubio de ojos celestes me indicaba el camino. A primera vista parecía normal, pero si lo mirabas bien su cuerpo estaba repleto de ojos. Era Argo, el legendario guardián que nunca dormía.
Pasamos al lado del pino y la vista de las colinas cambió. Ahora, había cabañas. 12 cabañas para ser exactos. Ubicadas en forma de "U". Había también campos de tiro, muros para escalar, campos de fresas y un lago con canoas. En el centro de todo, una cabaña unos pisos más grande que las demás. Allí nos dirigimos. Un anciano en una silla de ruedas y un hombre con una toga atigrada jugaban a las cartas.
-El recién llegado, señor D- dijo Argo y se fue.
-Ah, sí, tu padre nos aviso, Diego-dijo el hombre de la toga.
-Guido, señor- lo corregí.
-Como sea, no esperes presentación ni nada. Quirón te dirá todo.
El hombre de la silla de ruedas se levantó con un movimiento extraño. La silla de ruedas salió para atrás y me encontré mirando a un caballo. Un caballo que, en vez de cabeza, tenía torso y cabeza humano.
-Verás- me dijo Quirón- Este campamento fue creado para proteger y entrenar a los semidioses o mestizos hijos de alguna Deidad para defenderse de los monstruos.
-¿Soy… hijo de un Dios?- pregunté.
-Si, Guido. Todavía no sabemos de quién así que te asignaremos a la cabaña 11, la de Hermes, el Dios de los Viajeros, los Ladrones y la Hospitalidad, hasta que algún Dios se haga responsable por tí.
-¿Y si ninguno lo hace?
Me miró con ojos tristes.
-Hay campistas que nunca conocen a sus padres. Aunque, generalmente, son fáciles de reconocer. Los hijos de Dionisio, por ejemplo, suelen gustarle las fiestas- dijo, mirando al Señor D.
-Bah- dijo el director del campamento y volvió al juego de cartas.
-Bien, si no tienes ninguna pregunta más, puedes ir a tu cabaña.
Agarré la bolsa de cuero y vacié su contenido en la mesa.
-¿Por qué me perseguía ese monstruo?
Quirón vio los colmillos venenosos asombrado.
-¿Lo has matado tú?
Le conté la historia de cómo aplasté a sartanazos a la repartidora. Quirón se quedó pensando.
-Has vencido fácilmente a una dracanae y estos dientes son la prueba.
-¿Una qué?
-Una dracanae es una mujer serpiente y sus dientes son muy preciados. Es un monstruo de dificultad 3, siendo solo un principiante es una suerte que no estés muerto.
Agarró los dientes con cuidado, los perforó en la base y los pasó por un hilo creando un collar. Me lo dio y yo lo coloqué alrededor de mi cuello.
-Es el premio que tienes por destruirla. Te protegerá del veneno. Ahora, vete, tu cabaña te espera.
Caminé con mi pequeño equipaje hasta la cabaña 11. Recordé que Hermes era el Dios de los Ladrones, mejor tener cuidado. Los hermanos gemelos Stoll me recibieron. Ellos eran auténticos hijos de Hermes y eran los líderes de sus cabañas. Me dieron una de las literas y dejé ahí mis cosas.
-¿Cual es tu especialidad, Guido?- me preguntaron un tiempo después.
-No la sé. Salvo que sea una habilidad destruir monstruos con sartenes.
Se rieron.
-Bien, entonces, es hora de que probemos.
Y los 3 nos dirigimos hacia el campo de entrenamiento.
