Esta noche sé que no vendrás; todo el mundo sabe que tú madre ha muerto y por ello te sacaron de clase, por eso te marchaste sin mirar a atrás, sin embargo sé que me extrañas o al menos eso quiero pensar.
Esta transformación duele más que ninguna otra; no estás aquí, no estas junto a mí, y te quiero aquí, quiero jugar a buscarte, quiero que me abraces y te subas a mi lomo, que me muerdas las orejas como si fueses un cachorrillo y juegues conmigo hasta caer rendido, pero hoy no vas a estar, y al faltarme tú, me descontrolo, golpeo y araño las paredes de la casa, ni me molesto en salir, no merece la pena. Me muerdo a mí mismo clavo mis garras sobre mi propia carne, rujo sin sentido, te llamo ebrio del olor que aunque no está aún huelo en la distancia, es como si me hubieses impregnado de él, para que no te olvide nunca, recuerdo tus sonrisas, recuerdo el sonido de tu risa, ¿lo habrá escuchado alguien aparte de mí?, espero que no, quiero que sea algo sólo mío, no quiero compartirte, porque tú eres el único que de verdad me entiende.
El amanecer ha llegado, salgo a rastras del árbol boxeador, nunca he estado en peor estado, y no hago más que pensar en como estarás tú, en que quizás necesites que alguien te abrace y te diga que no estás solo, en vez de enfrentarlo todo solo.
Seguramente por estar pensando en ti me descuide, y así fue como al salir de mi escondite me encuentro de frente con mis amigos, no sé qué hacer, creo que voy a caer en una profunda oscuridad, que todo está perdido, que yo me he perdido, pero ellos sonríen y entre abrazos y miradas de preocupación por mi estado me llevan a la enfermería, mientras yo dejo mi cuerpo caer, mi mente desaparece entre sombras, escuchaba sus gritos, pero no los entendía, en mi mente aparecía tu imagen sonriente, tu mirada preocupada, vendando mi cuerpo de lobo, cuidando mis heridas en ese estado, realmente, eres tú al que debería contarle mi secreto, has estado conmigo sin saber quién soy realmente, pero temo que si lo hago, te perderé.
