Summary: —Hinata yo… tú me gustas—esas palabras provocaron que la aludida se sintiera débil—. ¡Te amo! — alcanzó a besarla suavemente antes de que ella pudiera decir algo. Cuando sus bocas se separaron, Naruto comenzó a hablar. *BASADO EN EL FANFIC "EL CREPÚSCULO" DE VICTORIA WITTAKER, QUIEN ME DIO PERMISO PARA HACER ESTA ADAPTACIÓN*

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. La historia a VICTORIA WITTAKER.

Pairing: Naruto X Hinata.

N/A:Hola :3


¸.•*(.•*´`*• *Hiatari No Yoi* •*´`*•.)*•.¸

*Capítulo I I: *


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Hinata duchó en el casi diminuto baño de su acogedora pieza. Luego estuvo cepillándose el cabello frente al espejo por poco menos de una hora. En realidad, no era tan malo. Ese lugar la estaba haciendo disfrutar, porque todos eran buenos con ella, por lo menos se le olvidaba un rato el mal trago que había pasado. Se fue a dormir esperando que al día siguiente pudiera dejar de parecer una tonta frente a Naruto.

—Buenas noches, papá, Neji, Hanabi —dijo para sí misma, recordando a su familia.

Los rayos del sol la hicieron despertarse, entraban con mucha facilidad por el gran ventanal que había en su habitación. Hinata abrió los ojos. Sería su primer día en 'Hiatari No Yoi' y eso significaba que sería un día especial.

Se duchó, se vistió con un pantalón holgado de mezclilla y una blusa morada que era igual de holgada que el pantalón, se puso unos zapatos deportivos color azul marino. Y por último se agarró el cabello en un coleta baja. Al verse en el espejo entendió un poco porque los chicos nunca se interesaban en ella. No era nada sexy.

Con una mueca algo triste bajó a desayunar.

—Hola, buenos días, abuelo —saludó ahora contenta, para evitar que su abuelo se preocupará—. Es mi primer día de trabajo.

—Buenos días, mi niña, me alegra que estés tan entusiasmada —el hombre sonrió igual que su nieta—, no es por asustarte pero lo necesitarás. Sin ganas no logras nada, ¿Verdad?

Su nieta era muy valiente. ¡Le daría una buena lección a Hiashi!

—S-Sí, creo que lo sé, ad-además necesito ganar dinero, mi dinero—se sentó en la mesa con su abuelo, la noche anterior simplemente no había tenido hambre pero esa mañana sólo oler el desayuno le hacía casi babear.

Comieron ellos dos solos, con calma y tranquilidad. Disfrutando de la compañía uno del otro, el buen abuelo le contó los detalles de su trabajo, con quien iba a convivir y a qué horas terminaría. Cuando la muchacha vio la hora supo que iba tarde a su primer día. ¿Eso no causaría que la despidieran?

—Abuelo, ya son las ocho, no quiero llegar tarde —le besó la mejilla con cariño a Hiroshi y salió rápido de la casa, según tenía entendido Naruto sería su jefe así que asumía que debía buscarlo.

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Caminó aproximadamente cinco minutos, dando vuelta a los alrededores de la casa, intentando encontrar a Naruto. Siguió caminando, continuó el amplio sendero que estaba entre los árboles grandes que daban gran sombra. Entonces fue él quien la encontró a ella.

—Tu primer día y tarde, ¿Eh? —masculló una voz ronca y sumamente masculina.

Hinata pegó un fuerte respingo cuando Naruto apareció de la nada. Respiró agitada y con el corazón a mil por hora.

—Vamos a empezar limpiando las cabellerizas —dijo Naruto como si para ella eso fuera lo más normal del mundo.

—¿Juntos? —inquirió, tratando por todos los medio no tartamudear.

—Sí, no quiero asustarte pero los caballos han dejado unos horribles regalitos para nosotros, así que vamos —empezó a guiarla para llegar al lugar que buscaban.

Caminaron unos minutos, en los que ella pudo evaluar lo grande de 'Hiatari No Yoi' Cuando llegaron Hinata pudo apreciar a varios hombres con camisetas sucias, pantalones vaqueros, botas toscas, todos trabajando y sin prestarle el mínimo de atención ni decirle buenos días, sí, era obvio, no era nada sexy. Ahora estaba más que segura. No es que le interesara llamar la atención pero tampoco quería que pensaran que era invisible.

—Son muy callados, tus amigos —soltó una risita muy nerviosa—, ¿V-Verdad?

—Oh, eso, yo les he dicho que eres la nieta del jefe, de no ser así… ya tendrías unas cuentas propuestas de matrimonio —explicó Naruto, provocando que ella exclamara un poco y se sonrojaba.

Ya más adentro de la caballeriza, Hinata bastante temerosa, se acercó y vio los 'Regalitos' de los que había hablado el rubio. Las náuseas la asaltaron.

Quiso salir corriendo pero su cara topó contra el pecho de Naruto. Se sonrojo pues la había pillado queriendo huir.

—¿Miedo? —preguntó el hombre, divertido. Cruzando los brazos y con los labios curveados.

—Umm, algo… bas-bastante miedo… creo.

—No te preocupes, es normal —la tomó de los hombros y la empujó levemente para llevarla adentro de nuevo—. Sólo mira esto, hasta yo tengo miedo —y esa sonrisa la ayudó a superar las náuseas.

Pero igual a la muchacha se le descompuso el rostro al tener ese olor muy cerca.

—De prisa, preciosa —las manos masculinas de Naruto, la rodearon a ella desde atrás y se sintió realmente incómoda.

—Em, podrías soltarme —farfulló llena de pena—. Por favor.

—Claro… —susurró directamente en la oreja de Hinata, para después separarse de ella como si nada.

Después de cinco horas y constantes arcadas, la nieta del jefe terminó de limpiar las caballerizas que le correspondían, pero sentía hasta pena por la pala y la escoba que había tenido que usar. Naruto había acabado en la mitad del tiempo que ella había hecho. Pero cuando lo logró se sintió realizada de todos modos.

—¿Todo listo, preciosa? —y de nuevo ese inapropiado mote.

—Sí —tomó aire con fuerza, para no hiperventilar—. N-No creo que sea bueno que me llames as-así.

—¿Por qué no? Si así estás, pre-ci-ooo-sa —habló él separando las letras marcadamente. —. Dejando eso de lado, vamos, que la siguiente tarea nos espera.

—Espe-Espera… ¿No hemos acabado t-todo ya? —el hombre se soltó a reír, casi siendo grosero.

—Qué buena broma, anda, vamos. Que lo bueno empieza ahora.

Ella asintió sonrojada. ¡Tenía que poder!

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Al final del día, Hinata regresó a la casa principal arrastrando los pies de la manera más literal imaginable, había trabajado mucho y eso estaba bien. Pero para ser sincera le incomodaba la compañía de Naruto, él era un hombre muy apuesto y confianzudo que sólo provocaba ponerla nerviosa y llenarla de más timidez. Hablaría de eso con su abuelo, pero eso sería mañana si es que se podía levantar.

Eso lo pensaría luego, sin más, Hinata buscó con anhelo la ducha y estuvo ahí un relajante rato. Se puso el pijama con estampados de conejos sonrientes y se acostó a dormir. Estaba hecha polvo… y apenas era el primer día. ¿Cómo soportaría otro más?

—Buenas noches —susurró para sí misma, se puso el brazo en la cara para cubrir sus ojos—, buenas noches.

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A la mañana siguiente, Naruto llevó a Hinata a trabajar a los gallineros, otra tarea diaria para cualquier empleado. Pero de un momento a otro él la abrazo desde atrás como el día anterior en las caballerizas.

¿Para qué negarlo? La nieta de Hiroshi le gustaba, le encantaba, porque era diferente a lo que veía siempre. Hinata no vestía ropa seductora ni usaba miles de kilos de maquillaje, era naturalmente bonita, era… tan dulce. Y a Naruto siempre le gustaron las cosas dulces.

—¿Namikaze-san? —articuló la muchacha haciendo un formidable esfuerzo por no ser atraída por ese calor de ser abrazada por él.

—¿Por qué no me llamas Naruto, Hi-na-ta?

—Lo haré si m-me suelta, Na-Naruto-san —ella tembló asustada al sentir un hormigueo al llamarle por su nombre.

Una vez en el gallinero y listos para trabajar, Naruto le dio órdenes de recolectar todos los huevos puestos por las gallinas algo que a ella le provocó un sentimientos extraño, se sintió una ladrona de bebés, obvio que eso no le gustaba. Pero pensamientos infantiles como esos a habían traído hasta 'Hiatari No Yoi' así que debía madurar un poco y pensar que esos huevos no iban a ser pollitos aunque ella los dejara donde estaba.

—Auch… —se quejó al ser picada en la mano por una gallina blanca, sus buenos pensamientos no era de mucha ayuda. Las gallinas no leen la mente después de todo.

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Para el domingo, el último día de la semana, Naruto se la había pasado enseñando a Hinata todas las tareas, y aunque la muchacha era lenta para hacerlas él insistía que pronto aprendería a hacerlas como un remolino, ese tipo de comentarios siempre le sacaban una sonrisa a Hinata.

—¿Qué vas a hacer hoy, cielo? — preguntó Hiroshi cuando la vio bajar al comedor para desayunar, lista para empezar un buen día más.

—Pre-Pregúntale a Naruto-san, después de t-todo el hace lo quiere conm-conmigo — murmuró dejando caer la cabeza sobre la mesa.

—¿Qué?

—Es que Naruto-san es quien me da las órdenes.

—¿Órdenes? Pero si hoy es domingo, cariño —el hombre mayor vio a su nieta con una sonrisa tierna—. ¡No se trabaja hoy! —y alzó los brazos festejando.

—Qué bien… me alegra — murmuro con voz apagada. Sin mucho apetito Hinata apenas probó su fruta con yogurt, luego casi podría decirse que gateó a su habitación. Se duchó rápidamente, lloró extrañando a su hermana y a su primo y finalmente se durmió.

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El lunes Naruto decidió que Hinata sería quien iba a darle de comer a los cerdos y limpiar el lugar donde dormían, el chiquero. Lo que ella no sabía era que esos cerdos eran agresivos y no les gustaba la gente desconocida.

Naruto había olvidado mencionárselo. Cuando uno de los cerdos comenzó a perseguirla por el lugar Hinata no tuvo otra opción más que correr, extrañamente pese a toda la suciedad y el miedo, para la nieta del dueño fue una experiencia divertida… algo que le parecería gracioso ese día por la noche. Sí, se estaba volviendo más rara de lo que era.

Naruto había reunido a los trabajadores fuera del lugar para ver que le pasaba a la pobre muchacha, había intentado ayudarla pero ella se había negado, argumentando que eso era lo que tenía que pasar.

Cuando salió gritando y corriendo con el cerdo detrás, aun persiguiéndola, todos se partieron de risa. Algunos de los trabajadores incluyendo Naruto se había metido con ella al chiquero para jugar también, eran como niños pequeños.

Hinata sonrió, mientras huía y miraba huir a los demás, se sintió parte de un grupo como nunca lo había hecho antes. Inexplicablemente, estaba muy feliz y animosa. ¿Cómo era posible que anduviera tan triste y perezosa la noche anterior?

Los días pasaron de manera similar.

Hinata conviviendo con los trabajadores de 'Hiatari No Yoi 'como si fueran amigos de toda la vida, además de eso Naruto había dejado de llamarla 'Preciosura' así que ahora su compañía era mucha más agradable.

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Era jueves en la tarde, la jornada casi acababa, Hinata estaba sola en el granero acomodando pacas de heno, mientras Naruto la observaba desde las sombras.

—¿Te ayudo, cielo? — murmuró él a su espalda, asustándola.

—No, está bien, termino pronto, Naruto-san… —¿Cuándo habían regresado los motes anormales?

Naruto pareció ignorarla olímpicamente y cargó una de las pacas en vez de arrastrarla con dificultad como lo hacía ella.

—Gra-Gracias — masculló con el corazón palpitando como pocas veces antes.

—No quiero que me des las gracias así —dijo Naruto usando un tono de voz que causó escalofríos en Hinata.

—Gracias e-en ver-verdad — la muchacha fingió no estar muriéndose de miedo. ¿Acaso él estaba ebrio? La forma de hablarle la tenía más que amedrentada.

—Yo me refería a esto, cielo.

De un segundo a otro, Naruto la rodeó con sus brazos, apegando su boca a la de ella sin nada de delicadeza.

—¡No, suéltame! —gritó totalmente muerta del miedo, peleó vanamente para separarse de él. Pero no tuvo mucho éxito.

—No seas así, preciosura —ronroneó Naruto pegándola a la pared de madera del granero y volvió a besarla de manera ruda. Hinata no podía creer las circunstancias de su primer beso.

—¿Hinata, cariño, estás aquí? —gritaba Hiroshi, intentando encontrar a su nieta, el hombre mayor se acercó a la puerta del granero, suspicaz.

Naruto dejó de besar a la tímida muchacha, pero le cubrió la boca con la mano, esta vez sus acciones si fueron suaves y consideradas.

—No le digas una palabra, será nuestro secreto, ¿Sí? — susurró el rubio antes de soltar a su pequeña prisionera, quien lo vio asustada y asintió sin más remedio. No le había tenido miedo hasta ese día, siempre creyó que era un hombre bueno pero muy confianzudo, había estado equivocada.

—¡A-A-Aquí estoy, abue… lo! —salió del último rincón a tumbos entre el suelo lleno de paja.

—Ven, ya has hecho suficiente por hoy —Hiroshi extendió su brazo para abrazarla—. Estás temblando cariño, ¿Tienes frío?

Hinata salió corriendo a reunirse con su abuelo, hundiéndose en los protectores brazos que le brindaban refugio.

—Sí, abuelo, tengo mucho frío.

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Al principio de la jornada del viernes, Naruto observaba a la nieta de su jefe desde las sombras de nuevo. Hinata estaba muy concentrada en cepillar a una yegua blanca de nombre Hime, yegua que según contaba Hiroshi había sido siempre de Hinata, aunque ella no gustara de montar.

—La estas cepillando mal —musitó asustándola de nuevo, colocándose detrás de ella, tomándole la mano derecha y moviéndola a su antojo—. Es así, suave, lento… para que le gusta a… tu yegua— suspiró en su oreja.

—¡A-A-A-Aléjate de mí! — Hinata sacudió su mano y trato de apartarse de él, pero Naruto lo impidió con un rápido gesto—. ¡No m-me toques!

Pero el hizo caso omiso y la besó a la fuerza, arrinconando a Hinata contra la pared.

Naruto notó la resistencia de la muchacha y sus labios se volvieron más persistentes, la besó en la mejilla subiendo por su sien hasta dejar la boca caer en su frente. Luego regresó a sus labios para besarla largamente, tras un rato los labios de Naruto de aventuraron a bajar al fino cuello de ella.

Ella pudo sentir su boca recorriéndole el cuello, Hinata pensó que Naruto la iba a violar en ese minuto, por como la besaba y lamía, paseando las manos por su cuerpo trémulo.

—No, su-suéltame, por f-favor —empezó a llorar desesperada, la gente siempre había abusado de ella, pero nunca de esa forma—. N-No lo hagas, t-t-t-te lo ruego. No a-así… No…

—Sólo quiero besarte —murmuró el hombre enternecido, acariciando el rostro femenino de Hinata, bañado en lágrimas—. Yo nunca te haría daño. Sólo es… que te quiero, ¿Sabes?

Hinata siguió llorando como si fuera una niña pequeña. Estaba aterrada como jamás supuso. Naruto era grande, fuerte, amenazador, seguro que podía mantenerla inmóvil con una sola mano y hacer el resto del trabajo con la otra.

Él por su lado cuando la vio llorar tan desesperadamente, supo que no la quería… más bien la amaba y deseaba como nunca antes lo había hecho. Se le encogió el corazón ¿Tenía que recurrir a la fuerza bruta para hacérselo saber? Él no era así. Sí, era un hombre que conseguía todo lo que se planteaba, pero no aprovechándose de alguien, menos de la mujer que lo hacía suspirar. Se apartó de ella un poco, retrocediendo un paso a la vez para no asustarla aún más.

Se fue, rápido pero lento a la vez. Naruto corrió por miedo a hacerle más daño a ella.

Cuando el rubio se fue, Hinata se derrumbó en el piso cubierto de heno, haciéndose un ovillo. No salió del lugar hasta que dejó de llorar. No quería que nadie la mirara tan débil como era.

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Conforme Hiroshi Hyuuga miraba con orgullo como su adorable nieta empezaba desenvolverse más en su entorno.

Con el tiempo libre que Hinata tenía por las tardes, tomaba clases de montar con Konohamaru, un chico de dinero que gustaba de pasar un rato con los caballos entre la gente trabajadora. Él era menor que Hinata, pero aun así montaba muy bien y se llevaba de maravillas con todos.

Ese lunes, Hime -la yegua blanca- estaba siendo revisada por el veterinario así que Hinata tuvo que montar a Kyuubi un cabello de pelaje rojizo que era un magnifico espécimen. La chica montó al caballo no muy segura, sabía que era el caballo de Naruto y eso la hizo sentir extrañamente incómoda.

—Tranquilo, Kyuubi, todo está bien —masculló Konohamaru antes de soltar las riendas, para que comenzara la andanza.

—Gracias…

Hinata trotó con rato, pero de pronto simplemente se sintió mal, de muchas maneras como nunca antes, algunos malos recuerdos se aglomeraron en su cabeza y cuando por fin se sintió más tranquila se encontró a sí misma cerrando los ojos. Estaba cayendo.

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Naruto miraba a Hinata, la pobre había tenido una caída del caballo… su caballo. El rubio se sintió más que culpable, Kyuubi era muy… no estaba acostumbrado a los extraños. Y le venían con el cuento que ella se había caído sola. Él sentía que su caballo era quien había hecho el trabajo sucio.

El caso era que la dulce Hinata, ahora estaba usando un vendaje alrededor de la cabeza, gracias al cielo la caída había sido muy poco fuerte y la nieta del jefe estaba totalmente a salvo.

—Oye, Naruto —de pronto apareció Hiroshi, con sus ojos perlados bien fijados en la persona que buscaba. Un extraño escalofrío recorrió la espalda de Naruto. ¿Por qué Hiroshi había usado ese tono tan severo con él? ¿Habría problemas?

—¿Sí, viejo?

—Cuando mi nieta, mi pequeña nieta, llegó aquí… yo te di una tarea —murmuró, como si no quisiera pronunciarlo—. Enseñarle a trabajar y disfrutar de ese lugar al que le tengo tanto cariño.

—Sí, y es… ¡Es lo que he hecho! —el rubio alzó las manos, intentando no confundirse.

El hombre mayor se paró justo enfrente de su empleado de confianza. Le volvió a clavar esos orbes grandes y claros en la cara, buscando algo que hasta el mismo desconocía. Los normalmente amables ojos de Hiroshi ahora se miraban llenos de severidad.

—Ayer mientras ella dormía dijo tu nombre… y despertó asustada, la conozco bien y sé que algo anda mal. Hijo, no quiero verte cerca de ella, aunque sea por un tiempo —la cara del rubio demostró sorpresa y algo de molestia, pero conforme pasaban los segundos su expresión de volvió comprensiva—. ¿Lo entiendes, lo entiendes?

—S-Sí.

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Naruto la veía con lastima y quería correr a ayudarla, pedirle perdón y si ella se lo permitía estrecharla entre sus brazos, pero no podía, no debía. Se mantuvo alejado como le había prometido a Hiroshi. Tenía que cumplir su promesa como el hombre que era.

Pero los hombres enamorados se vuelven débiles. Muy débiles. Todo para Naruto se convirtió en algo sin importancia cuando vio a Hinata sonreír, trabajando en el granero. Tenía que besarla, porque si lo no hacía iba a morirse o por lo menos eso era lo que él sentía.

—Hinata… —la tomó desprevenida y reclamó esos dulces labios que ya había probado antes.

Acercó su cuerpo al de la muchacha a la que se suponía que no se debía acercar, la sujetó con una mano y con la otra se atrevió a explorar la suavidad se su largo cabello. Hinata luchó de nuevo contra él y se lastimó de nueva cuenta su frágil muñeca, la cabeza le dio vueltas de nueva cuenta y sintió el mismo malestar que había sentido antes de caer de Kyuubi.

—¡… S-S-S-Suéltame! —Hinata lo empujó y salió corriendo asustada.

—¡P-Pero…!

Pero las cosas no terminaron ahí, cada día que Naruto tenía la mínima oportunidad la buscaba y huyendo de los ojos de su jefe, la besaba un poco, a veces con suma delicadeza, otras ella no tenía muchas suerte y recibía un beso brusco.

Al día siguiente, la jovencita le agradeció a Dios por ver el domingo cerca, y no tener que trabajar, así tal vez estaría segura y lejos de los besos a la fuerza. Pero para su desgracia el sagrado domingo se le fue como agua entre los dedos. Cuando se dio cuenta ya era lunes por la mañana, peligroso lunes.

No lo había visto en todo el día, hasta que le arrebato el cepillo de Hime y la besó con tanta lujuria que a Hinata le dio un ataque nervioso, uno fuerte. Cada día estaba más cerca de ser violada, porque así se sentía: muy violentada.

Sabía que nadie le ayudaría al escuchar sus gritos de ayuda. Porque Naruto era listo y sólo se le acechaba cuando no había nadie, nadie cerca.

Ese lunes él fue quien acabó con el recio beso y se marchó, al parecer avergonzado de su poca determinación.

Pero el martes ocurrió lo mismo. Hinata no sabía cómo defenderse, si Naruto, un rubio alto y fuerte quería besarla y tocarla, ella por más que se moviera y luchara no conseguiría anda. Sin más le quedaba llorar por las noches y rezar pidiéndole al cielo que Naruto fuera bueno con ella, el día en que ya no aguantara más y abusara de ella. Porque a cómo iban las cosas, él algún día querría hacerlo.

El miércoles por la tarde en las caballerizas, el beso apenas si duro unos instantes. Pero fue igual de acelerado e impuesto que los últimos días, se notaba que Naruto aguantaba cada vez menos, Hinata estaba confundida y alterada, ella había pensado que Naruto Namikaze era un hombre bueno ¿Se había equivocado tanto? Después del beso de la tarde ella se la pasó pensando en cómo enfrentarlo pero incluso tenía miedo de decirle a su abuelo.

La nieta del jefe subió a su habitación y se duchó, luego empezó a cepillarse el cabello frente al espejo. Con sus ojos clavados en un punto indefinido, pensando en miles de cosas, y todas ella recaían en cierto abusador.

—Cariño, baja a cenar —el abuelo apareció. Con su gran sonrisa protectora.

—Sí, ya voy abuelo… ya voy.

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La mañana siguiente, Hinata temblaba de susto con cualquier ruido fuerte. Sentía que en cualquier momento él aparecería y sus nervios crecían, pero los últimos días una extraña emoción también la embargaba al pensar en los labios de Naruto sobre su boca inexperta.

Escuchó como el último de los trabajadores en turno salió de las grandes caballerizas y se apresuró a salir también, para que Naruto no la encontrara sola y desprotegida. Débil. Ya era muy tarde para eso, pues de pronto sus ojos perlados toparon con los azul eléctrico de él… Naruto ya estaba ahí y la puerta del establo estaba cerrada.

El rubio se acercó a Hinata con parsimonia, comiéndosela con la vista de arriba a abajo, mientras ella temblaba. De miedo.

—Yo… quería…

Los pensamientos del rubio eran claros en su mente: pedir disculpas, de rodillas si era necesario. Pero volvíamos a lo mismo, él era el débil.

Con suavidad retiró sus hebras de cabello oscuro y largo del hombro, besó su cuello, su mandíbula hasta llegar a sus labios; los besó con ternura y momentáneamente. La muchacha cerró los ojos y en su interior ensayaba las palabras de súplica, para que no fuera rudo con ella. Pero entonces pasó.

El hombre continuó besándola con delicadeza y con los labios cerrados. Él tomó la exquisita mano de la nieta de su jefe y la colocó alrededor de su cuello, fue aproximándose más a su cuerpo hasta dejarla aplastada contra la pared. La respiración del rubio era lenta pero fuerte. Esta vez, quería demostrarle que lo que sentía era amor, por ella.

Ella no pudo resistirse a sus dulces y tiernos roces, jamás la había besado así, ¿Por qué ahora?

Le correspondió como si sus manos y sus labios tuvieran la capacidad de actuar por cuenta propia. Hinata hundió sus manos en el cabello dorado, lustroso y algo largo del hombre que momentos atrás le aterraba. Naruto sonrió de soslayo en medio del ósculo. Logró sentir como la muchacha arqueaba la espalda para estar más cerca de él. Su corazón se aceleró como pocas veces antes. La felicidad que lo embargaba era tan… completa.

—Esto no está bien —pensó Hinata cuando su conciencia la llegó en una pequeña dosis—. E-E-Es tan diferente a como lo ha hecho antes.

Hinata fue quien acabó con el beso y echó a correr como era de esperarse. Huyendo de la inusual alegría que la embargaba. Naruto sonrió entusiasmado, no le faltó mucho para bailar de júbilo.

El viernes sucedió lo mismo. Hinata se dejó llevar por los suaves y calmados besos de aquel hombre que primero había sentido que sólo le hacía daño pero ahora le daba… todo lo que le había hecho falta. Ella se derramó entre sus brazos fuertes y ahora protectores, los cuales rodeaban con fuerza su estrecha cintura.

Era extraño, pues no había palabras en sus encuentros. Sólo acciones. ¿Así debía ser el amor? El masculino olor de Naruto le decía que sí. Ella no pudo evitar inundar sus sentidos de aquella esencia del calidez, se mantuvo aturdida y conmocionada, pero dócil. Igual que el día anterior, salió corriendo asustada por su comportamiento. Nunca antes se había sentido así, ¿Qué diría su padre o Neji si la vieran?

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El sábado era el último día laboral, el domingo -bendecido por todos- se acercaba y los trabajadores de 'Hiatari No Yoi' planearon como cada fin de semana ir al pueblo vecino por un poco dela diversión que tanto les faltaba en los días trabajados.

Naruto justo antes de besar a Hinata esa noche, la invitó a salir.

—En la noche vamos a ir al bar del pueblo a las ocho. ¿Está bien?— no fue exactamente una invitación. Más bien parecía una dulce orden. Él siguió diciendo otras cosas pera ella ya no escuchó.

Sin saber cómo responder ella sólo le miró con esos orbes perlados que poseía y dejó que él la besara.

Cuando la joven regresó a la casa grande no podía sacar de su cabeza la invitación de Naruto, así que sin más se duchó, arreglo su cabello como no lo había hecho antes, eligió un bonito vestido, se maquilló y perfumó, esas eran acciones que no había hecho nunca pero no podía dejar de pensar que… tendría su primera cita.

Estaba sorprendentemente ilusionada con su cita con Naruto Namikaze.

Cuando dieron las ocho, Hinata asomó por su ventana para verlo llegar pero no vio nada más que el paisaje. A las ocho diez, se asomó de nuevo. Nada tampoco. Cada diez minutos veía por su ventana, pero él no aparecía. Ya eran casi las doce y fue cuando se dio cuenta que aquel hombre que hacia latir su corazón la había dejado plantada.

Le hubiera gustado decir que nunca nadie en su vida la había humillado como lo había hecho él, pero eso sería mentira.

Con un nudo en la garganta, los ojos hinchados de tanto llorar, ella se desvistió, se desmaquilló y apagó las luces de la pieza. Se acostó a dormir llorando como muchas veces lo había hecho en su vida.

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El lunes por la mañana, la nieta del jefe estaba barriendo el establo, cuando Naruto llegó.

—¿Por qué no fuiste al bar, preciosa? —le preguntó como si fuera muy obvio.

Ella no contestó de inmediato.

—N-No tuve tiempo… —se apartó.

Recogió la basura y salió del establo llorando. Él no se dio cuenta, hasta que la vio subir su mano al rostro y limpió sus lágrimas, fue muy tarde para decir algo.

Hinata se sintió tonta no había escuchado bien, él la había dicho que la esperaba en el bar. Se sintió muy tonta, pensó que realmente era una cita y Naruto iría a por ella como una pareja.

Naruto no la había dejado plantada.

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En la noche, la muchacha llamó a su primo Neji.

—¿Nii-san?

La voz que le contestó se escuchaba preocupada, mucho. Hinata le habló sobre sus días, fue cuidadosa y le contó sólo las cosas buenas, omitiendo todos los detalles tristes y el hecho de que se besaba con uno de los trabajadores de su abuelo.

—Me alegra que todo esté bien, Hinata-sama —murmuró el primo de ella, pero justo en eso momento algo extraño pasó.

—¿S-S-Si un hombre te besa a la fuerza… e-e-e-está bien?

—¿Qué? ¡Claro que no!—exclamó Neji—. ¿Por qué lo preguntas?

—No, por na-nada, me ten-tengo que ir, Nii-san —y colgó.


続ける


N/A: él próximo capítulo es el último, nos vemos… ¿Comentarios?