Bajé corriendo del coche hasta la puerta del colegio, donde Alex me esperaba en la puerta, agarrando las asas de su mochila. Me acerqué a ella agitado, abrazándola.

-Siento llegar tarde, monito. -Dije intentando calmar mi respiración.

-No pasa nada, papi. -Me dijo sonriendo, poniendo las manos en mis mejillas y dándome un beso en cada una de ellas. Cogí su pequeña mochila con la mano, cogiendo su manita con la otra.

Paseamos por las calles de Nueva York, mientras ella me contaba como su amiga Stacy tenía la última muñeca del mercado, que traía un coche y a su novio.

-Y, papi, ¿si me porto bien me la comprarás? -Dijo sonriendo entrando en casa corriendo.

-Sí, peque, te compraré la muñeca que quieras. -Solté su mochila y me dirigí a la cocina. -Lávate las manos Alex, vamos a comer. -Le dije sacando unos macarrones cocidos de la nevera, echándoles un poco de queso por encima.

Alex llegó a la cocina y se sentó a la mesa, balanceando los pies.

-¿Qué has hecho hoy en el cole? -Dije apoyándome en la encimera.

-He dibujado un murciégalo. -Dijo mientras le echaba un poco de zumo en su vasito. - Y Stacy me dijo que Santa Claus no existe. -Le puse el zumo en la mesa y ella bebió pequeños sorbos.

-Es murciélago, pequeña. -Me agaché para sacar los macarrones del horno. -Y Santa Claus sí existe, porque yo lo he visto.

-¿De verdad? -Dijo sonriendo con el vaso entre las manos.

-De verdad. -Aparté un poco de macarrones y lo eché en un plato de Minnie Mouse, con un tenedor de plástico duro de color rosa, poniéndoselo en la mesa y echándome yo otro.

-¿Otra vez macarrones con queso? -Me miró alzando la ceja, comenzando a comer.

-Maura está malita, cielo. Esta semana no puede venir, y yo no sé hacer mucho. -Dije agachando un poco la cabeza, un poco triste por no poder darle más. Alex extendió su pequeña mano y acarició mi mejilla, dándome un beso en ella.

-Está muy bueno papi. -Sonrió comiendo, bebiendo a ratos un trago de zumo.

El silencio reinaba en la mesa, y cuando Alex ya se había comido casi medio plato, me miró.

-Papi. -Dijo jugando con los macarrones.

-¿Dónde está mami? -Parpadeé mirando la pasta, suspirando y cerrando los ojos. No sabía qué responderle desde que nació.

-Alex.. -La cogí en brazos sentándola en mi regazo, rodeándola con un brazo. -Mami ahora mismo no puede estar con nosotros.. Mami está en un sitio en el que no hay teléfono, ni al que se pueda viajar.

-¿Está con Santa Claus? -Dijo jugando con su muñeca, acariciándole el pelo.

-Sí, algo parecido, preciosa. -Dije besando su cabeza.

-0-

Cogí a Alex de la mano entrando en los vestuarios de sus clases de ballet, desvistiéndola y poniéndole las mallas.

-Papi, ¿luego podemos ir al cine? -Dijo colocándose bien el tutú.

-No, cielo, es tarde. -Hizo un puchero mirándome, y negué. -Vamos, a clase. -Le di un pequeño golpecito en el trasero y ella salió hacia la clase.

Cuando salía, alguien chocó conmigo.

-¿Finn? -Me dijo Rachel desde abajo colocándose el pelo.

-Rachel. -Sonreí nervioso mirándola, colocándome bien el pelo.

-¿Qué haces en una escuela de baile?

-Mi hija toma clase aquí. -Dije un poco nervioso, colocándome bien la corbata. -¿Y tú?

-He venido a dar una conferencia. -Se quedó mirándome y yo a ella. Y parecía que el tiempo no pasaba mirando sus ojos. -¿Quieres.. Quieres ir a mi casa? Está aquí al lado, mientras tu hija da clase. -Me dijo jugando con las manos.

-Claro.

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Al entrar en su casa, lo primero que vi fueron premios, y fotos con famosos, y más premios, y fotos. Y al fondo, una foto con sus padres.

Ella me seguía por detrás, con los brazos cruzados.

-No me llamaste. -Murmuré girándome hacia ella, cuando bajó la mirada.

-Estaba muy ocupada. -Murmuró mordiéndose el labio.

-Kurt me dio almohadazos con mi hija porque no le conté que había hablado contigo. -Le dije con media sonrisa yendo hacia ella.

-Es un bocazas, no tendría que haberle dicho nada. -Se cruzó de brazos. Levantó la mirada hacia mí. -Estás más guapo. Mucho más.

-Te echo de menos, ¿sabes? -Sonrió ladeando la cabeza. -Te he echado de menos todos los días desde que me fui. Te he echado de menos con todas las mujeres con las que me he acostado. Te he echado de menos en mis momentos más difíciles. Siempre, hasta cuando estaba en Afganistán, pensaba que tú estarías con tu vida, pero yo seguía como un tonto después de seis años, enamorado de ti. Estaba durmiendo en el suelo, y yo en lo único que pensaba era en que tú estarías por los escenarios, siendo feliz con un chico adinerado cenando en restaurantes de lujos. Porque a fin de cuentas, yo sólo soy un ex militar y doctor, que sólo sabe cocinar macarrones con queso y que no sabe qué decirle a su hija cuando le pregunta dónde está su madre. -Me quedé mirándola a los ojos. Ella estaba parpadeando sin saber qué decir. -Y aún así, en este momento, sigo enamorado de ti.

En ese mismo momento, Rachel empezó a sollozar. No quería que hiciera eso, pero sí lo que pasó a continuación.

Rachel caminó hacia mí, me tomó de las mejillas y comenzó a besarme. La rodeé con los brazos pegándola contra mí, rodeándola con los brazos.

-Te quiero. -Me decía entre besos. -Te quiero tanto que no te haces una idea.

-Sí me la hago.

-¿Sí?

-Sí. Porque de esa manera tan enloquecida, te quiero yo.