Disclaimer: Los personajes de CardCaptor Sakura no me pertenecen, son obra y gracia del fantástico grupo Clamp.
Summary: Al llegar a la preparatoria Sakura Kinomoto se planteó tres objetivos: Olvidar el pasado, mantenerse fuerte y enamorarse del chico correcto. Lástima que Shaoran Li decidió volver a aparecer en su vida.
Te quiero
Capitulo uno: Primer día de preparatoria.
"El primero de abril de cada año en la hermosa ciudad de Tomoeda comienza, oficialmente, la primavera".
Los rayos de sol se filtraron por entre las cortinas dando de lleno en el rostro de cierta bella castaña. Se revolvió en su cama y se cubrió totalmente con la delgada frazada en un vano intento de retrasar el momento más pesado del día.
"Los árboles de cerezo florecen y adornan las calles con sus bellos pétalos de una manera única".
Sintió algo suave frotarse contra sus piernas y rió. Un ronroneo se dejó escuchar en la habitación y ella suspiró, ¿es que su querido Kero no podía dejarla dormir si quiera unos minutos más? Sin quitarse aún las sábanas de encima, suplicó por piedad a su mascota.
-Tan solo cinco minutos más, Kero-chan – pidió con voz adormilada.
La respuesta que obtuvo fue silencio total. Era bueno que Kero también fuera un flojo como ella. Además, si aún no sonaba el despertador no tenía porqué alarmarse.
Dejó descansar sus ojos hasta que sintió que estos cedían ante el sueño nuevamente. No había nada mejor que saber que podías seguir durmiendo en paz, en tu querida cama y sin ninguna interrupción.
"Las primaveras son especiales en Tomoeda, porque nuestros árboles siempre florecen la misma fecha y con los primeros rayos del sol. Por eso, este día es tan especial para los habitantes de esta pequeña ciudad".
Lamentablemente, ella no llevaba más de cinco minutos de haber vuelto a su más adorado estado cuando el ruido estruendoso de su puerta al abrirse, las risas, felicitaciones y los "lo que tenemos que hacer por un monstruo" se hicieron escuchar en todo lo alto.
Entonces lo recordó.
"Sí, este día es muy especial. Sobre todo para mí, Sakura Kinomoto, porque hoy no solo es mi primer día como estudiante de preparatoria, sino también…".
-¡Feliz cumpleaños, querida Sakura!
Y ahí estaba completa la familia Kinomoto: su padre sosteniendo una torta muy cerca de su rostro, su madre prácticamente encima de ella y su hermano mayor intentando parecer alegre mientras le arrojaba un poco de pica-pica en rostro. Y ella también, claro está, con cara de no enterarse de qué va todo.
"Ho…hoe. Es cierto, hoy es mi cumpleaños".
-¡Ya son dieciséis! – chilló su madre tirándose encima de ella sin mucha delicadeza. Sakura solo pudo reír nerviosamente, su mamá parecía una adolescente.
-¿Amaneciste bien, pequeña? – su padre le acarició suavemente la cabeza y le habló con la misma calma de siempre, dedicándole la sonrisa que la hacía sentir que, para él, ella siempre iba a ser una bebé. Y aquello no le molestaba.
-Sí, papá – sus mejillas se colorearon un poco, dándole un aspecto adorable e infantil -. Muchas gracias por esto – le sonrió a su familia y observó el pastel maravillada: amaba los dulces.
-Sopla rápido las velas, monstruo. Y no te vayas a abalanzar sobre el pastel y a devorarlo, si ya tienes dieciséis debes aprender a controlar tus instintos de monstruo – la sonrisa socarrona de su hermano la sacó de quicio. Dios, ¿no tenía ya ese idiota como 24 años? Si era así, ¿por qué seguía comportándose como si tuviera 12? Lo fulminó con la mirada.
-¡Ya te he dicho que no soy ningún monstruo! – si su madre no siguiera aplastándola, seguro ya estaría dándole una patada a ese intento de hermano que tenía.
La pelea verbal entre la cumpleañera y el primogénito de los Kinomoto no se hizo esperar. Fujitaka, con toda su bendita paciencia, esperaba con una sonrisa en el rostro. Nadeshiko, demasiado amorosa para reprocharlos, solo los miró con adoración. Ah, que lindos eran sus hijos.
-Está bien, Sakura-chan – interrumpió, por fin, la madre de los chicos -. Sopla las velitas y pide un deseo – la incitó con una sonrisa.
Sakura miró a su familia y suspiró. Un deseo, un deseo. ¿Qué podría desear? Su vida no era perfecta, pero era demasiado afortunada. Un foquito se prendió dentro de su mente y se acercó lentamente a la torta. Inspiró y soltó el aire suavemente, apagando poco a poco todas las velitas.
¿Deseo número dieciséis?
"Amor".
-¿Estará bien si no te voy a recoger? – frunció sus pobladas cejas e intentó no gritarle por su insistencia. ¿Es que todos en ese mundo lo veían con cara de bebé?
-Creo que puedo llegar a la preparatoria solo, Eriol. Solo han pasado seis años, ¿por qué habría de tener problemas? Tengo buen sentido de la orientación – escuchó a su amigo reír como si hubiera dicho la mejor broma del siglo. Entrecerró los ojos y se prometió a sí mismo que mataría a ese cuatro ojos en cuanto lo viera.
-¡Oh, vamos, Shao! ¿Tengo que recordarte la vez que… – tosió fuertemente al saber de qué iba a hablar su mejor amigo, ¡eso solo le había pasado una vez, demonios! Pero, claro, piérdete un vez en un centro comercial a los doce años y quedarás marcado de por vida.
-Ya basta, solo estamos perdiendo el tiempo. Te veré en instituto, deja de molestar – se disponía a cortar la comunicación cuando una última broma por parte de ese tipo que se hacía llamar su mejor amigo lo detuvo.
-Está bien, seré el que tenga el cartel que diga: "Ven a mí, querido Shaoran" – gruñó y supo que si lo tuviera en frente le enseñaría sin dudar el dedo más lindo de su mano. Sin embargo, Shaoran Li había sido educado para ser un caballero, quisiera o no, por lo cual decidió despedirse de manera apropiada.
-Vete al infierno, Hiraguizawa – entonces, sí que cortó la comunicación.
Tiró su celular a algún lugar lejano, donde no pudiera verlo. Se puso frente al espejo y acomodó su corbata. Vio su cabello color chocolate totalmente alborotado, pero no hizo nada para intentar arreglarlo. Desde siempre, su cabello había sido su peor enemigo: no existía forma de que pareciera si quiera un poco ordenado. Cogió una chaqueta de color celeste y se la puso: estaba listo.
¿Listo para qué?
"Listo para comenzar desde cero".
Se acercó a su ventana y abrió las cortinas de un tirón. El sol le dio de lleno en la cara, resaltando aún más sus ojos de color ámbar. Su piel ligeramente bronceada se vio más hermosa al ser iluminada y su atractivo rostro adolescente se mostró feliz.
"Aquí no hay obligaciones del clan, no hay chicas persiguiéndome, no hay compromisos arreglados".
Se giró y cogió un maletín para luego encaminarse con paso firme hacía la puerta de su cuarto.
"Aquí solo soy yo, aquí tengo libertad y no hay nada ni nadie que pueda llegar a molestar…".
-¡Primer día de preparatoria, Xiao Lang! – las voces chillonas lo aturdieron tanto que no supo como, de un momento a otro, estaba tirado en el piso con dos hermosas chicas prácticamente encima de él.
"¡Demonios! ¿No existe el respeto por el espacio vital de las personas en esta casa?".
-Fuutie, Feimei, ¿podrían bajarse de encima? – Puso su mejor rostro de matón de secundaria, pero el ligero sonrojo que adornaba sus mejillas no ayudaba mucho – Ya tengo quince años, ¡no soy un maldito mocoso!
Las jóvenes lo miraron encantadas y lo abrazaron como si se tratara de un oso de felpa. Un repentino flash capturó su rostro adornado por una mueca de fastidio. Una mujer de largos cabellos negros y una hermosura singular lo miraba con un semblante ligeramente preocupado. A su costado, el hombre que sostenía la cámara lo miraba bastante divertido.
-Sonríe para la cámara, Xiao Lang – dijo el improvisado fotógrafo, ganándose una mirada algo incrédula por parte del muchacho y una mueca reprobatoria cortesía de la bella mujer a su lado.
-Pe-pero… - Xiao Lang Li no tuvo tiempo para decir más, un nuevo flash fue liberado y el solo suspiró. Debía resignarse.
Sí su padre estaba metido en eso, no tenía más opción.
"Libertad. Sí, claro…".
¿Cómo rayos se le había hecho tarde para sí se había levantado tan temprano? Engulló como pudo el pedazo de pan que le quedaba y miró el reloj. Sí se iba en sus patines, llegaría más que a tiempo. Un suspiro de alivio se le escapó.
-Aquí tienes tu almuerzo, pequeña – su padre le extendía la cajita con una sonrisa en el rostro. Ella la tomó gustosa y la acomodó en su mochila.
-¡No sé porqué no pude hacerlo yo! – Esa era su madre con cara de comenzar a hacer berrinche – La tarta me salió muy bien, ¿qué problema habría con que yo hiciera el almuerzo de mi hija?
Sakura rió nerviosamente y Fujitaka tan solo sonrió. Nadeshiko se resignó y admitió, tan solo para sí misma, que la cocina nunca había sido lo suyo. Y nunca lo sería.
-Muchas gracias papá, mamá – la castaña hizo una leve reverencia y se apresuró a asomarse a la puerta -. Ya me voy, estoy tarde – se puso los patines a la velocidad de la luz -. Nos vemos.
Ni bien dijo esa frase salió volando de su casa. Lo último que alcanzó a escuchar fue un: "No asesines a mucha gente en el camino, monstruo". Cuando regresara a casa Touya se las vería con ella. Oh, sí.
Avanzó por los pasillos de la preparatoria lentamente. Una sonrisa de burla se formó en su rostro, presentía que cierto muchacho de cabellos color chocolate daría todo un espectáculo en la ceremonia de bienvenida. O quizá al llegar al salón. No pudo evitar que una pequeña risita se escapara de sus labios al imaginar la situación.
"Debería sentirme mal por lo que estoy haciendo…".
Su semblante cambió a uno ligeramente pensativo. Sin embargo, la sonrisa burlona volvió a aparecer.
"Debería…".
El lugar estaba completamente vacío. Y eso era una fortuna. Eriol Hiraguizawa amaba la tranquilidad más que cualquier otra cosa. Esos momentos donde su rostro podía cambiar de expresión constantemente y no tenía que mantenerse en la pura amabilidad. Quizá por eso Shaoran era su mejor amigo, porque siempre podía sacar a relucir su verdadero yo en su presencia.
"Le estás dedicando mucho tiempo en tu cabeza a Shaoran. Esto comienza a tornarse raro, Eriol".
Decidió dejar de lado a esa vocecita que solo decía tonterías y continuar con su camino.
Una persona como él no debería tener pensamientos tan irracionales.
La ceremonia de bienvenida no debería tardar mucho en empezar. Escuchó el sonido de unos zapatos cerca. Seguro se toparía con alguien en la intersección de los pasillos, justo antes de doblar hacia la puerta de auditorio. Retrasó un poco más su andar: no quería andar tropezándose con nadie el primer día, eso se lo podía dejar a Li.
"De nuevo pensando en Shaoran…".
Por un momento, le provocó gruñir para callar esa fastidiosa voz en su cabeza. Ni si quiera en su mente tenía privacidad. Subió la mirada de manera desinteresada y sus ojos azules se toparon con otros de un color muy singular. Si no hubiera sabido por anticipado que una persona iba a aparecer en cualquier momento, quizá habría dado un respingo. Sobre todo porque no esperaba que la persona a la que vería sería una como esa que tenía en frente.
Hizo una leve reverencia con la cabeza a modo de saludo. La muchacha le respondió de la misma manera con una gracia y elegancia que no se veía todos los días. La mirada se desvió y continuó con su camino. Eriol solo la miró unos segundos más para luego seguir el mismo sendero que la chica, solo que a paso mucho más lento. El color de esos ojos…
"Amatista, ¿eh? Mi color favorito".
Demonios, demonios, demonios. Ah, sí y… ¡demonios!
"Esto tiene que ser una broma".
Miró las calles y se sintió más mareado. ¿Qué rayos había pasado en esa ciudad? Uno se iba por tan solo seis años y parecía que habían cambiado todo de lugar…o no.
"Quizá deberías haber pensado, querido Shaoran, que cuando vivías aquí siempre te llevaban y recogían en carro. Y que, casualmente, nunca te interesaste por conocer bien el camino a la escuela".
Sacudió la cabeza y arrugó el ceño. Ese tipo de regaños por parte de su conciencia solo lo hacían quedar como el niño mimado que no era. Miró su reloj y quiso patear algo, ¡tontas sesiones de fotos! Tontas sus hermanas y…malvado su padre por prestarse para cosas así. De su madre no podía decir nada, ella lo había apoyado. Como siempre.
"Porque es una persona racional y sensata".
Casi creyó poder escuchar la voz de Shiefa, la mayor de sus hermanas, en su mente diciendo: "Todos sabemos que, en realidad, lo hace porque eres su bebé". Su cara se descompuso un poco al tener esa clase de pensamientos, ¡él no era el bebé de nadie! Y estaba seguro que su honorable madre lo consideraba tanto como a un adulto, porque sino… ¿por qué era al único al que le dejaba tomar sus propias decisiones?, ¿por qué confiaba en su criterio para resolver problemas?, ¿por qué no solía llamarle la atención casi nunca?
"Porque es una persona racional y sensata".
O, quizá porque era su…
-¡Hoeee!
-¡Owh!
Muy bien, ¿qué había pasado? Oh, sí. Una persona había aparecido de la nada a una velocidad poco común para un humano normal. Y se había estampado, literalmente, contra su cuerpo. Había logrado frenar la fuerza con la que había llegado a sus brazos para que no cayeran ambos. Y, ahora, estaba confundido.
Podía sentir los brazos de esa menuda figurilla agarrándose a sus hombros y apretándolos con lo que parecía ser toda su fuerza. También sentía los latidos de un desbocado corazón cerca, ¿o era el suyo? Se había llevado un buen susto. Esa podía ser la razón por la cual respiraba entrecortadamente. La tenía muy bien aferrada por la cintura y el cabello castaño le rozaba la nariz.
Cerezos. Olía a cerezos. Como aquellos que se desprendían de los árboles en esos momentos.
Fue aflojando el agarre al igual que lo hizo la persona que sostenía. Su mirada identificó el uniforme del instituto Seijô de inmediato. ¡Hey! Quizá aquella chica podía ayudarlo a llegar. Seguro que no quedaba muy lejos. Subió la cara tan rápido como pudo, pero la visión de un par de ojos color jade le hizo olvidar qué rayos hacía ahí parado.
-Eh… - quiso golpearse por su elocuencia. ¿No se suponía que un Li nunca se quedaba sin palabras?
La muchacha lucía bastante confundida, miraba a todas partes con un gesto gracioso. Su cabello castaño rojizo con ligeras ondas en las puntas era llevado por el viento. Le resultaba conocida, sí.
"Sé que la he visto en alguna otra parte…".
Estaba forzando a su memoria para recordarla cuando un gritito lo sobresaltó. Para el momento que se dio cuenta la chica se encontraba a un par de metros de él mirándolo de reojo.
-¡Lo siento y gracias! Se me hace tarde. En serio, ¡eres mi héroe! – dicho eso no tardó mucho en desaparecer al doblar una esquina.
Lo último que vio de ella fue uno de los adorables patines color rosa que llevaba.
Patines, ¡por eso iba tan rápido!
Los suaves pétalos de cerezo seguían cayendo a su alrededor mientras observaba el camino por el cual había salido volando esa extraña segundos atrás.
"Oh, por cierto. Sé que quizá no importa mucho, porque se nota que pensar en una desconocida de lindos ojos es mucho más interesante, pero vas bastante tarde para la ceremonia de bienvenida".
¿Por qué la voz de su conciencia se parecía tanto a la de Eriol? Una mueca se formó en su rostro a la vez que se teñían sus mejillas de un ligero rosa.
"Yo no estaba pensando en nadie".
Sacudió la cabeza y corrió, siguiendo el camino marcado por la castaña. Aún le quedaban unos doce minutos, debería ser suficiente.
"¡Lo siento y gracias! Se me hace tarde. En serio, ¡eres mi héroe!".
Sonrió sin si quiera saber que lo hacia. Esa chica era bastante torpe, pero había algo agradable acerca de ella.
"¡Eres mi héroe!".
1 – B.
-Muy bien, chicos – una mujer alta y amable los miraba atentamente -, quiero que presten mucha atención a cómo los voy a ir llamando. Como han escuchado antes, su tutor tuvo algunos problemas personales y es por eso que por algunos días yo estaré a cargo
Los murmullos comenzaron entre el alumnado y la mujer tan solo sonrió.
-Los asientos en los que serán ubicados son los que les pertenecerán por el resto del año. No deseo escuchar a nadie reclamar, no hay opción a cambios – algunos quejidos se dejaron escuchar y la profesora soltó una risita, bastante divertida con la situación –. Ahora, comencemos: Takahashi Maria, Dazai Sasuke, Fukuzawa Akemi…
Una muchacha de largos cabellos negros miraba con ilusión a la castaña que tenía al costado. Las millones de estrellas que se podían divisar en su mirada, mientras ignoraba olímpicamente todo lo que decía la maestra, eran la pesadilla de Sakura Kinomoto.
-Promete que lo usarás, Sakura-chan – apremió, tomando la mano libre de su compañera.
-P-pero Tomoyo… - la muchacha se veía sonrojada y algo nerviosa. A ese paso, no conseguiría negarle nada a su mejor amiga, pero tenía que ser fuerte. Le daría demasiada vergüenza hacer lo que la pelinegra le pedía.
Además, ella era una chica con carácter. Sí, señor. Esta vez, ni si quiera Tomoyo Daidouji conseguiría convencerla.
-Lo siento, Tomo-chan, pero yo no…
-Lo hice con todo mi cariño - y ahí estaba la famosa mirada de cachorrito perdido. La chica de los ojos verdes dejó caer sus hombros hacía abajo, era caso perdido.
"Chica con carácter, por favor. Hasta una pulga tiene más carácter que tú".
-Está bien – no podía despreciarlo, era el esfuerzo de Tomoyo. Además, ni si quiera lo había visto, ¿no? Quizá se llevaría una agradable sorpresa –. Prometo que lo usaré – asintió energéticamente.
-¡Divino! – Exclamó en voz baja –. Por cierto, ¿por qué te demoraste hoy? ¿De nuevo durmiendo hasta tarde, Sakura Kinomoto? – la aludida se sonrojó un poco y estaba a punto de replicar, pero la llamada de la profesora distrajo a ambas.
-Daidouji Tomoyo – la pelinegra avanzó y le guiñó un ojo a su mejor amiga.
Cerca de la puerta, cierto pelinegro observaba el trayecto que tomaba Tomoyo.
Una ligera sonrisa se formó en su rostro.
-¿Y ahora qué? ¿Estás planeando iniciar la Tercera Guerra Mundial? – Eriol sonrió un poco más al escuchar la voz proveniente del castaño que tenía a unos pasos.
-¿Por qué dices eso? – inquirió con una mirada inocente.
"Demasiado inocente para tratarse de Eriol Hiragizawa".
Shaoran Li estuvo totalmente de acuerdo con su voz mental/conciencia/lo que fuera. Arqueó una ceja y se acercó un poco más a su compañero.
-Porque tienes esa sonrisa. La maniática – el ojiazul quiso echarse a reír. Ah, definitivamente, ir a estudiar con Shaoran había sido la mejor decisión de su vida. Nadie mejor que el heredero de los Li para des-estresarlo.
-Oh, te conoces todos mis gestos. Me siento halagado, Shao – una venita comenzó a aparecer en la frente de su mejor amigo. Supo que iba a intentar golpearlo. Afortunadamente, la voz de la encargada lo salvó.
-Hiraguizawa Eriol – le señaló un sitio y él no pudo evitar esbozar su tan conocida sonrisa misteriosa.
Una ligera exclamación se dejó escuchar y él observó a la única muchacha que quedaba parada. Le sonrió a pasar cerca, como a modo de disculpa y la chica se sonrojó ligeramente.
"Hoe, ¿soy la única que queda parada?".
La castaña volvió su mirada y vio al distraído muchacho a unos pasos de ella. Lucía realmente incómodo.
"Uhm, ¿de dónde…?".
-Kinomoto Sakura – se volvió rápidamente y trató de no tropezar con sus propios pies al caminar. Penúltimo asiento cerca de la ventana, era una buena ubicación para esconder su cuaderno en blanco durante la hora de matemáticas.
"Bueno, al menos no estoy tan lejos de Tomoyo. Y este chico de adelante parece amable. Incluso me sonrió, ¿no? Seguro es excelente persona. La chica del costado también se ve linda y…".
Vio a la profesora sonreírle y le devolvió el gesto. Se ubicó y dirigió su mirada al frente. El último chico de pie se había quedado quieto y se veía algo pálido.
La miraba, su mirada era intensa. Incluso con toda su inocencia y con lo despistada que era no había manera de ignorar la mirada ámbar que se clavaba en la suya.
Arqueó una ceja, extrañada por la actitud del chico. Ahora toda la clase estaba atenta a ese muchacho.
"¿Le conozco…?".
Pudo notar que Tomoyo se volteaba rápidamente a verla con un gesto que no supo descifrar. Entonces recordó, aunque no entendió la actitud de la amatista. Sonrió y comenzó a levantar la mano para saludarle.
"¡El chico de esta mañana! Claro, qué tonta. Ya me parecía demasiado conocido como para…".
-Li Shaoran, haga el favor de pasar a su asiento.
La sonrisa que se había formado en su rostro se fue desvaneciendo lentamente y su mano quedó suspendida en el aire.
"¿Sha…Shaoran Li?".
Continuará.
"No existen las coincidencias, solo lo inevitable".
N/A:
Alohaa ~ !
Creí que no lo lograría, pero aquí me tienen xD! Creo que solo ha pasado una semana, ¿no? Espero que sí, de esa manera estaría cumpliendo con el plazo que me impuse xD. En fin, basta de tanta tontería y vamos a las cosas buenas.
¡Muchas gracias por sus rewiews, alertas, favoritos y visitas! ¡Wow mi gente! No me esperaba tanto, pero me encuentro muy feliz de saber que les agradó la idea :D! No saben cuán insegura estaba de este fanfic, pero preferí correr mis riesgos a guardármelo. Por eso, les agradezco tanto su apoyo. Los rewiews los responderé por PM :), aunque aquí mismo respondo a los anónimos ^^!
~ Shirori: me alegra que la historia haya captado tu atención y como pediste aquí está la continuación. Espero no decepcionarte con el primer capítulo. Muchas gracias por el comentario!
~ Reiko Li: hoee D:, Sumi-chan! Ya te dije que no me hables así, eres mala ¬w¬. Igual agradezco tu comentario y me alegro que te hayas tomado la molestia de buscar y leer este fanfic :). Espero que no te pierdas, eh D: ~ luego voy a hacerte pikis a casa. Ya me dirás que te pareció el primer cap. ;D! Gracias!
A las demás, prometo responderles a más tardar mañana por la tarde. Ahora mismo tengo clases, pero, nuevamente, gracias por el apoyo :)!
Ya vemos el primer cap., del cual no puedo comentar mucho ya que me tengo que ir xP, pero ya hicieron su aparición triunfal nuestros cuatros personajes principales. Y pues, como habrán podido notar, reviví a Nadeshiko y Hien xD. No me pude resistir, los necesito vivos xD!
Ya me voy retirando. El próximo capitulo quizá esté aquí en unas dos semanas, aunque podría tardar un poco más. Lamento que tenga que ser así u.u, pero me estoy exprimiendo el cerebro tratando de arreglar otro capitulo que tengo que publicar pronto y aún no voy ni por la mitad del segundo de este xD! Esperaré sus comentarios con ansias! Cuídense!
