Hola de nuevo!! Por fin he terminado el primer capítulo de mi fic. Siento haberos hecho esperar, pero la universidad acapara gran parte de mi tiempo -_-''. En fin, bien está lo que bien acaba (o eso dicen). Este capítulo es bastante más largo que el prólogo (casi el doble), así que no estoy segura de si todo el mundo será capaz de leerlo :S. Me gustaría sinceramente que me dierais vuestra opinión, para saber si debo hacer los capítulos más cortos (y por supuesto podeis opinar sobre cualquier otra cosa del fic). Ahora, la respuesta a aquellas personas que me dejaron review:
-Tamaho: Muchas gracias por los ánimos!! Me alegro de que te gustara el prólogo y que te gusten las parejas del fic ^_^ . Espero que disfrutes igual de este capítulo.
-laurita92: Jeje, me alegro que te guste la protagonista. Yo tambien estoy estudiando Psicología, y ya ves si me gusta que he convertido mi carrera en mi fic xDDD. Ojalá este capítulo te parezca tan interesante como el anterior.
-Dream_Murderer: Me alegro de que te parezca genial. Aquí tienes el capítulo nuevo ^_^
-Ed-chan: Me siento bien al saber que no te pareció aburrido. Preparada para saber quién es el primer paciente? :D
Bueno, pues con esto damos paso al primer capítulo. Disfruten!!
Capítulo 1: Empezando la casa por el tejado (parte 1)
¿Alguna vez os habéis preguntado que sería del mundo sin vosotros?
Yo me lo pregunté cuando tenía ocho años. No recuerdo a raíz de que vino ese pensamiento, pero sí recuerdo que permaneció en mi mente mucho tiempo y que me hizo cuestionarme muchas cosas. Me pregunté si le hacía falta a alguien porque sacara provecho de algo que yo hiciera y le resultase útil y la respuesta fue que no. Claro, tenía ocho años, no podía realizar nada útil. Por tanto, si yo desaparecía, nadie me echaría en falta Eso me hizo preguntarme qué sentido tenía que yo existiese, si lo único que hacía era jugar y pintar con colores. A esa pregunta no le hallé la respuesta. Y como siempre, cuando no encontraba respuesta, se la preguntaba a quién yo consideraba que podía saberla.
-Nadie espera que hagas nada con tu edad -dijo mi hermana tras escuchar la pregunta-, pero eso no significa que no seas necesaria. ¿Sabes que es el futuro?
-Lo que va después del presente -respondí, como si fuera de lo más obvio.
-No me refería a eso, pero vale, me servirá para explicártelo. Veamos, ¿tú que crees que te pasará en un futuro más o menos lejano? Por ejemplo, dentro de un año.
-Pues estaré en un curso mayor, seré más alta, sabré más cosas...
-¿Y cómo se le llama a todo eso?
-Crecer -dije sintiéndome confusa. No sabía a dónde quería llevar mi hermana con tantas preguntas.
-Exacto. Al crecer, nos recreamos a nosotros mismos, empezamos a desarrollar ciertas habilidades y descubrimos qué se nos da mejor y qué se nos da peor. Y al descubrir eso, nos hacemos útiles para el mundo, a la vez que necesarios.
-¿Y cómo se sabe qué se te da bien?
-Hay muchas maneras, pero por lo general será algo que hagas mucho mejor que el resto de las personas y que te gustará tanto que harás que te sientas viva. Es como sentir...fuego en tu piel...pero bastante más agradable.
Aquel día me pregunté por primera vez si mi hermana estaba loca.
Aquella conversación terminó ahí, pero yo seguí reflexionando sobre ello en mi fuero interno. Con el paso del tiempo empecé a comprender a qué se refería mi hermana con lo de sentir "fuego en tu piel" y me dí cuenta que lo que se me daba bien, que aquello que me hacía sentir viva y de lo cual quería hacer mi vida era...hacer preguntas.
Os preguntareis: "¿para qué sirve hacer preguntas?". Bueno, pues aunque os parezca muy obvio, sirve para obtener respuestas, que es lo realmente útil. Las respuestas sirven para muchas cosas. Sirven para obtener información de interés para todo el mundo, y por eso existen los periodistas. Sirven para descubrir conspiraciones contra tal o cual cosa, y por eso existen los espías y los detectives. Sirven para enterarse de los rumores de otras personas, y por eso existen los programas del corazón. Y sirven para saber qué hay en el alma de la persona que responde, sus sentimientos, sus pensamientos, sus miedos, sus secretos más ocultos, sus problemas...y, si hay suerte, la clave para solucionarlos. Por eso existen los psicólogos.
Me llamo...bueno, realmente no importa cómo me llama, ya que todo el mundo me conoce como Nina. Tengo veintitrés años, pelo blanco y largo, ojos grises y soy psicóloga. Hace poco que terminé la carrera (como tres meses o así) y ya voy a empezar a trabajar. Estoy nerviosa a la vez que emocionada porque es lo que deseo hacer desde hace mucho tiempo. El por qué me hice psicóloga...bueno, digamos que desde que era muy pequeña he tenido un sueño: ayudar a que las personas entiendan que no deben luchar entre ellas porque, en cierta manera, somos todos hermanos. Y no, no soy católica ni practico religión alguna. Es algo... difícil de explicar. El caso es que, al ser un sueño tan ambicioso, soy consiente que debo cumplirlo a largo plazo. Para poderlo cumplir debería estar en alguna organización importante, como un ministerio o la ONU, y no tengo la experiencia suficiente, así he decidido empezar desde abajo del todo: he abierto una pequeña consulta en las afueras de la ciudad para resolver los pequeños problemas de la gente de a pie. Obviamente no tendré pacientes inmediatamente y tardaré bastante en hacerme un nombre (si es que me lo llego a hacer), pero por algo hay que empezar. Además, he puesto anuncios en la sección "por palabras" en varios periódicos y mi número aparece en las páginas amarillas, así que alguien en algún momento me visitará, ¿no?
Miro por la ventana y veo los edificios más cercanos, la gente paseando por las calles y el sol brillando en el cielo. Desde que tengo memoria me encanta mirar a la gente sin que lo sepa. Me sirve para descubrir cosas de ellos que a veces ni siquiera ellos saben. Y eso me sirve para ayudarles. "Conócete a ti mismo y a los demás", así decía la frase que Sócrates leyó en la puerta del oráculo de Silos. Y en eso consiste mi trabajo: en conocer a los demás y en ayudarles a conocerse para así saber cuál es la fuente de sus problemas. Y es por eso por lo que me gusta tanto observar a las personas.
-"En qué estrella estará para cuidar de él, me pasaré la vida sin dormir..."
Mis cavilaciones son interrumpidas por el sonido de mi teléfono móvil, que no tardo en descolgar.
-¿Sí?
-Hola, cariño. ¿Qué tal te va todo?
-Hola, Greta -saludo al reconocer la voz de mi hermana. Greta es mayor que yo, es abogada y es totalmente contraria a mí. Desde que tengo memoria me ha cuidado y se ha encargado de mi felicidad y bienestar, lo que realmente le agradezco, pero a veces me pregunto hasta cuando me estará cuidando-. Todo va muy bien, gracias por preocuparte.
-¿Ya tienes algún paciente? -su voz intenta parecer casual, pero no me consigue engañar.
-Aún no, pero es mi primer día con la consulta abierta, no cuento con que aparezca alguien hoy.
Oigo como un suspiro intenta ser reprimido al otro lado de la línea.
-Mira, Nina, ya sé que tú no quieres eso, pero si en algún momento te ves desesperada...tú sabes que puedo mover algunos hilos y buscarte un puesto en el juzgado. Los psicólogos son muy necesarios por allí, ya lo sabes...
Por supuesto que lo sé, pero como ella dice, eso no es lo que quiero.
-Greta, no hace falta, estaré bien, algún día tendrá que aparecer algún paciente...
-¿Cuándo, Nina? -notó como la voz de mi hermana empieza a impacientarse.
-Pues...por ejemplo...
El sonido de una puerta golpeada resuena por todo mi despacho.
-...¡ahora mismo! -digo antes de colgar.
Suspiro. A veces mi hermana se pasa protegiéndome. No es normal que después de tanto tiempo me siga tratando como una niña. Algún día la tendré que tratar con alguna terapia. En fin, ahora lo que importa es que al parecer mi primer paciente me está esperando, así que corro hacía la entrada y abro la puerta de la oficina.
Un hombre alto, ancho de hombros y con el pelo rubio se encuentra al otro lado del portal. Sus facciones son bastante marcadas y no deja que ninguna emoción se exprese en ellas. Pero al mirar a sus ojos, esos profundos ojos azules, soy capaz de apreciar que tiene un alma noble y valiente, que da todo por aquellos que quiere...y que ahora mismo está sufriendo.
-Buenas tardes -digo, intentando parecer seria y profesional.
-Buenas tardes -responde. Su voz tiene un marcado acento alemán-. ¿Es aquí la consulta psicológica?
-Así es. Yo soy la psicóloga. Me llamo Nina -me presento mientras extiendo mi mano.
Él me la aprieta fuertemente, pero con delicadeza, consiente de que mis manos son mucho más pequeñas que las suyas.
-Yo me llamo Ludwig. Y necesito ayuda.
-Ha venido al lugar indicado. Pase, por favor.
Le guío hasta mi mesa, aunque lo cierto es que tampoco es que uno pueda perderse ante un despacho tan pequeño. Lo único que hay es una mesa, un par de sillones para los pacientes, una silla de escritorio para mí, mi ordenador, un estantería pequeña llena de libros de la carrera y algunas revistas científicas, un sillón para psicoanálisis (no creo que vaya a necesitarlo, pero así parece más una consulta psicológica) y un pequeño minibar, al que me dirijo mientras mi paciente se sienta frente a la mesa.
-¿Desea beber algo? ¿Café, té, agua...?
-Mmm, no, gracias, estoy bien.
Asiento mientras me sirvo un vaso de agua. No puedo creerlo, ¡estoy nerviosa! "Tranquilízate", pienso, "es igual que en las prácticas en el centro psiquiátrico". Respiro hondo y me dirijo hacía mi escritorio, tras lo cual me siento y miró al hombre.
-Bueno, ¿en qué puedo ayudarle?
Él desvía la mirada y empieza a respirar con un poco de agitación.
-...No sé como empezar...No es que sea fácil de explicar, precisamente.
-Simplemente inténtelo. Puede confiar en mí -digo mientras apoyo mi mano sobre su brazo-. Sí lo desea, puede contar lo que le sucede como si fuera algo que le pasara a otra persona. Quizá le resulte más sencillo.
Creo que se siente un poco sorprendido de que le haya tocado. Yo misma me he sorprendido cuando lo he hecho. Pero parece que se siente más tranquilo, ya que su rostro muestra una mueca de alivio.
-Bueno...pues resulta que conozco a una persona...
-¿Sí?
-...que se siente como...si no estuviera completo. Como si hubiera algo dentro de él que le falta. Algo que debería estar.
Antes de darme cuenta, ya estoy totalmente concentrada en lo que me está contando.
-¿A qué se refiere, exactamente?
Suspira.
-No lo sé. Es como un...vacío en lo más profundo. Algo que hubiese olvidado.
-¿Desde cuando dice que "esa persona" se siente así?
-Desde que tiene memoria. Desde...hace mucho tiempo.
Cuando dice "mucho tiempo" percibo como se pone un poco rígido y su voz se vuelve forzada. Me oculta algo.
-¿Cuánto es mucho tiempo?
Veo cómo cada vez esta más rígido.
-Pues...toda su vida, por supuesto -su tono de voz se eleva de manera considerada, y veo como su cara se vuelve roja. Quizá sea mejor dejarlo estar por el momento. No quiero que mi primer paciente me empiece a odiar desde la primera sesión.
-Así que se ha sentido así toda su vida. ¿Es un sentimiento constante, o varía su intensidad según el momento?
Veo como se relaja parcialmente ante mis ojos. Al menos, su cara ya no parece un tomate maduro.
-Al principio, era constante. Luego...digamos que empecé a relacionarme y sólo aparecía cuando no estaba con gente -cuando dice esto, intento no sonreír al comprobar que ya se refería al problema como "suyo"-. Pero últimamente...ha vuelto a ser constante.
Las piezas del puzzle con las que debo jugar empiezan a aparecer en mi mente. Es obvio que la compañía de otros le aliviaba ese vacío, y tendría que profundizar en ello. Pero algunas piezas aún faltan, y hay cosas que no entiendo.
-¿Recuerda usted el momento exacto en que empezó a sentirse así?
Ludwig me mira algo confuso.
-¿Eso es importante?
-Eso lo tengo que decidir yo.
La sorpresa de mi paciente va en aumento ante mi tono cortante y algo autoritario. Está claro que no está acostumbrado a que le hablen así.
-Bueno...digamos que un día desperté y ya tenía esa sensación.
-¿A qué se refiere con que "despertó?
-A que estaba dormido y abrí los ojos.
¿Ocurrió simplemente así?
-¿Qué pasó antes de que se fuera a dormir?
-No lo recuerdo. Ni siquiera recuerdo si llegue a irme a dormir. Sólo recuerdo que desperté y estaba en una cama. Lo único que sabías es que me llamaba Ludwig y...bueno, eso sólo.
¿De verdad cree que no me doy cuenta de que me oculta cosas? Menos mal que soy buena actriz y sé hacerme la tonta muy bien. Parece que es de las típicas personas que no le gustan que le repliquen y que le gusta tener la voz cantante, así que si le llevo la contraria se puede cerrar en banda y ya no habría nada que hacer. Decido cambiar de tema.
-Dice usted que cuando empezó a relacionarse empezó a desaparecer esa sensación. ¿Quiere decir usted que antes no se relacionaba con nadie?¿Ni siquiera con su familia?
-...Cuando desperté estaba sólo y no recordaba conocer a nadie. Después conocí a mi hermano Gilbert, pero no es que fuera muy amable conmigo y lo rehuía. Cuando pasó el tiempo, las circunstancias me obligaron a acercarme a ciertas personas y al tener que tratar con ellas todos los días...empezó a nacer una amistad muy fuerte.
Veo como cambia en sus ojos algo. No sé que es exactamente: es como si de repente tuviera un brillo distinto.
-¿Esos amigos...son muy importantes para usted?
Me mira a los ojos. Soy capaz de sentir su determinación y seguridad en su rostro.
-Son lo más importante. Sin ellos muchas veces habría acabado muy mal. Y aunque son un poco...excéntricos y no tenemos nada en común....
-... no los cambiaría por nada del mundo -termino yo, comprendiendo.
Él asiente, muy serio.
-¿Ha intentado hablar de este tema con su hermano?
-Varias veces, y siempre dice que él no puede contarme nada, que lo tengo que descubrir por mi mismo.
"Igualito que Greta", pienso sarcásticamente.
-¿Y saben sus amigos esto que me está contando?
Baja la mirada con un deje de tristeza.
-No...nunca he sido capaz de contárselo a nadie. Cuando estaba con ellos, esa angustia desaparecía, así que no quería tener que recordarla más de lo estrictamente necesario.
-¿Quiere decir con eso que ha perdido el contacto con ellos?
-No del todo, pero es cierto que ya no es como antes. Nos seguimos teniendo aprecio, pero no nos vemos tan a menudo.
-¿Qué razón hubo para que se separaran?
-...Es complicado de explicar. Digamos que fue por causas mayores -me responde mientras que, una vez más, empieza a mostrarse rígido.
En estas condiciones no puedo trabajar. Si el paciente no confía en el psicólogo y no le da toda la información que necesita, no se puede hacer gran cosa, y creo que debo intentar hacérselo comprender.
-Ludwig, ¿usted confía en mi?
La pregunta le coge totalmente por sorpresa.
-Bueno...no la conozco lo suficiente. Sin embargo...no parece ser una espía inglesa ni francesa ni nada por el estilo.
Eeeeeeh...¿gracias?
-Sí, ya, y usted quiere que le ayude, ¿verdad?
-Claro -dice, perplejo.
Clavo mi mirada en sus ojos, intentando parecer segura sin parecer marimandona.
-Yo también quiero ayudarle, quiero hacer que se sienta mejor y que recupere aquello que ha perdido. Pero para eso tiene que confiar en mi absolutamente, y eso implica que me debe contar todo eso que me ha estado ocultando durante esta entrevista.
El color rojo vuelve instantáneamente a su rostro.
-¡Yo no estoy ocultando nada!
-No va a conseguir engañarme -intento decirle de manera suave pero sin amedrentarme-. Cada vez que nos acercamos a algún tema del que, por alguna razón que aún no conozco, no quiere que hablemos, se pone violento y responde con evasivas -no quiero tener que decírselo así, pero la necesidad tiene preferencia aquí no me dice eso que me oculta, no podré ayudarlo en nada.
-¡Le digo que yo no le oculto nada!¡No tiene ningún derecho a contradecirme!
Suspiro. Esto va a ser duro.
-Mire, no es por llevarle la contraria, pero sé que me oculta algo. No quiero obligarlo a contarlo,...pero entonces nadie podrá ayudarlo.
Él me mira entre furioso y dubitativo. Sus mejillas arden de lo rojas que están y sus labios están blancos de la presión entre ellos. Tengo la sensación de que en cualquier momento va explotarle la cabeza. Sin embargo, en lugar de eso pregunta:
-¿Y si fuera algo que por causas mayores yo no pudiera contarle?
-Si es algo imprescindible para su caso, podría pasar que nunca encontráramos la solución y usted no llegase a sentirse en paz en su vida.
Aparta la mira. Casi puedo ver como se debate dentro de su cabeza. No parece llegar a ninguna conclusión. De repente, una de sus cejas se eleva ligeramente y se muerde un poco el labio. Parece haber encontrado una salida, pero no parece gustarle del todo.
-Bueno...quizá yo no pueda contarle nada, pero...eso no significa que Gilbert no pueda.
-¿Su hermano?
Asiente con la cabeza, sin dejar de mirar hacía un lado.
-¿Por qué él si me lo puede contar y usted no?
-La razón de por lo que pasa esto es parte de lo que no puedo contar, así que cuando hable con él, él se lo dirá.
Frunzo el ceño. Hay algo que no me gusta.
-Tenía entendido que su hermano no quería contarle lo que él sabe sobre el tema.
-Así es.
-¿Por qué piensa que me lo va a decir a mí, una persona a la cual no conoce y cuya tarea es ayudarle con esa cuestión?
-Lo cierto es que no tengo la menor idea de si lo va a hacer o no. De hecho, yo apostaría a que no,pero...es la única opción que hay.
"¿Por qué mi primer caso tiene que ser tan complicado?", no puedo evitar pensar.
-o-
-Piiiiii....piiii...piiii.....¿Sí? -dice una voz femenina.
-Buenas tardes, quisiera hablar con el señor Gilbert Beilschmidt.
Se hace momentáneamente el silencio al otro lado de la línea.
-¿Para qué quiere hablar con Gilbert?
-Son asuntos confidenciales que preferiría hablar personalmente con el señor Beilschmidt, si es posible.
-¿De parte de quién digo que llama?
-Oh, el no me conoce. Dígale que tiene que ver con su hermano.
-¿Con Ludwig?
-Así es.
-Está bien. Espere un momento -me pide para después gritar-. ¡Gilbert, una chica llama para hablar contigo sobre Ludwig!
Escucho como un pequeño alboroto y después una voz chillona diciendo:
-¡Aquí el maravilloso Gilbert! Así que quiere hablar sobre West. No me diga más: ¡por fin mi hermanito tiene novia!
Siento como una gota de sudor me surca la frente. ¿Acaso toda esta familia es tan...peculiar?
-Eeeh...no, mire, soy Nina y ahora mismo soy la psicóloga de su hermano...
-¿Psicóloga? -me interrumpe de manera bastante escandalosa-. ¿Qué quiere decir con "psicóloga"? ¿Acaso West se volvió loco?
¿Por qué llamará "West" a su hermano? No le encuentro sentido a un apodo tan extraño
-No, su hermano no está loco para nada, pero si que tiene un problema. Al parecer, siente que hay algo que le falta entre sus recuerdos...
-¿Todavía sigue con eso? ¡No puedo creer que sea tan obstinado!
-Sí, señor Beilschmidt, todavía sigue con eso y yo voy a ayudarle, pero para eso necesito información que no puede darme y que, sin embargo, es posible que usted sí.
El silencio vuelve a reinar a través de la línea.
-¿Qué tipo de información? -me pegunta el señor Beilschmidt con un tono mucho más suave y bajo. Casi parece que estoy hablando con una persona distinta.
-Pues... -rebusco entre mis apuntes de la charla-...sobretodo, información del tiempo y de las relaciones con sus amigos. No sé por qué, pero insiste en que él no puede decírmela.
-Mire, señorita, ¿usted desde cuando conoce a Ludwig?
-Desde esta mañana, cuando apareció por mi consulta.
-Debo entender entonces que usted no tiene ninguna idea que quién es Ludwig en realidad.
¿A qué se refiere?
-No le comprendo, señor.
-¿Ludwig le ha contado algo sobre sí mismo? ¿Algo como en qué trabaja, cuál es su fecha de nacimiento o si se ha enamorado alguna vez?
-Eeeh...no, yo estaba más interesada en que me contara su problema. ¿Acaso es importante?
-Oh, sí, ya lo creo. Verá, Ludwig ha olvidado muchas cosas, pero eso es porque aquel Ludwig que ha sido olvidado no es el mismo que aquel que despertó como si volviera a nacer. Básicamente, porque en cierta manera volvió a nacer.
-¿Qué quiere decir?
-¿Le apetece que le cuente una historia?
-Eeeh...
-Hace mucho, mucho tiempo -comienza antes de que yo pueda responder-, existía país poderoso en el centro de Europa, al cuál muchos respetaban y otros muchos temían. Se llamaba Sacro Imperio Romano y su meta era reconstruir el antiguo y resplandeciente Imperio de Roma.
Mientras escucho, me pregunto adónde querrá llevar el hermano de Ludwig con esta historia.
-La gente, cuando le hablan de un país, suele imaginarse un trozo de tierra en un mapa o lo relaciona con alguna ciudad importante, pero quisiera que imaginase que aquel país llamado Sacro Imperio Romano era en realidad una persona. Más concretamente, un niño de unos 8 ó 9 años.
¿Perdón? ¿Qué me está contando este tío?
-Ese niño intentaba ser fuerte y no distraerse para no defraudar a su gente y a otros países como Austria y Hungría, sus aliados, pero, al fin y al cabo, sólo era un niño, y como todos los niños a su edad, sintió las mariposas del primer amor. Se enamoró de la parte norte de Italia.
Vale, ya es oficial: dentro de poco tendré otro paciente en mi consulta.
-El otro país le correspondía, pero Sacro Imperio Romano tuvo que irse a la guerra y se tuvo que despedir de Italia, prometiendo que pronto volvería. Esa promesa no pudo ser cumplida, ya que Sacro Imperio Romano murió en aquella guerra.
Un escalofrío recorre mi espalda sin razón. Esto me da mala espina y no sé por qué.
-Aquel día murió un gran imperio, pero lo que no todo el mundo sabe es que aquel niño en realidad no murió del todo. Su persona sí murió, pero su cuerpo entró en un coma profundo del que no despertó en mucho tiempo. Cuando lo hizo ya no era el Sacro Imperio Romano: se había convertido en un nuevo país llamado Alemania, y no recordaba nada de su existencia anterior.
Siento como mi cara se vuelve aún más blanca de lo que es normalmente. No puede ser real lo que me está contando.
-Otra cosa que no se sabe sobre los países es que, para que no descubran quién son, utilizan otro nombre en su vida cotidiana. ¿Adivina usted cuál es el otro nombre de aquel que antes era el Sacro Imperio Romano y ahora es Alemania?
Sí que lo sé, pero no quiero creerlo.
-¿Cuál? -susurro.
-Ludwig Beilschmidt -oigo que me responden antes de entrar en estado de shock.
¿¡Qué QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!!!!??????????
Y se acabo! Qué tal? Cansino? Muy largo? Lo mejor escrito desde la muerte de Edgar Allan Poe? (que más quisiera yo). Ya saben, para decir lo que piensan, botoncito de abajo donde pone "review" en verde.
A ver, aclaraciones varias: no tengo mucha idea de como es la relación entre Ludwig y Gilbert, así que le atribuí a Gilbert una conduca típica de un hermano mayor que quiere ver como su hermano menor se deselvuelve solo ante las adversidades y se vuelve un hombre (todo lo contrario de como Greta trata a Nina, de ahí el pensamiento de Nina cuando Ludwig le habla de Gilbert). Tampoco tenía las ideas muy claras sobre la personalidad en general de Gilbert, y ahora siento que me salió un poco OC. Qué pensais vosotras?
Ah, y la chica que contesta al telefono no es otra que Elizabeta, ya que ella, Roderich y Gilbert aún viven juntos :)
Bueno, pues en cuanto pueda subiré el segundo capítulo. Como se tomará Nina el hecho de que su paciente es una país? Será capaz de ayudarle? Y a todo esto, dónde esta Italia?
