Primera parte


Capítulo uno


PRIMER INCIDENTE


Cada cosa tiene su belleza,

pero no todos pueden verla

(Confucio)


Academia Raijin

15 de abril, por la mañana

A LA DISTANCIA, Shizuo Heiwajima reparó en que la odiosa pulga, no únicamente estaba tomando apuntes de la lección, sino que también escribía algo, de rato en rato, en una libreta de menor tamaño a las que habitualmente ocupaba para las clases (le restó importancia al hecho de que Izaya era capaz de usar ambas manos para escribir). Lo ignoró durante el resto de la hora o eso pensó. Cuando el profesor empezó a borrar el pizarrón, Shizuo cayó en cuenta de que no había escrito nada en su cuaderno.

El bolígrafo tronó entre sus dedos y sus rasgos se tensaron. Luego decidió que la culpa era de Izaya y de nadie más. Salió del salón hecho una furia.

–¿A dónde vas, Shizuo? –escuchó que le llamaba Shinra–. La siguiente clase es biología… –y tienes la mitad de las asistencias.

Shizuo no se molestó en responder y se marchó a grandes zancadas, sin decirle a nadie la razón de su enojo. Shinra tampoco quiso insistir de modo que se dirigió al laboratorio correspondiente en compañía de Izaya y Kadota.

–¿Y Shizuo? –le preguntó el segundo, al tiempo que el profesor asignaba los equipos para ese día. A sabiendas de que el joven Kishitani era el único capaz de lidiar con Orihara y Heiwajima (ya fuera juntos o separados), decidió que pondría a los tres en el primer equipo. Sin embargo, Kadota debió sustituir a Shizuo, pues éste último no volvió a presentarse al resto de las clases.

No supieron de él hasta el día siguiente.

–Mejor que no esté aquí. Siempre termina rompiendo el material de vidrio y todos debemos pagarlo –escuchó decir Izaya a una compañera del curso. Izaya no comentó nada porque sabía que tenía razón y también porque ni Shinra ni Kadota le habían prestado la más mínima atención.

Mientras fingía que estaba por completo concentrado en el experimento asignado, notó que un cuarteto de jóvenes cuchicheaban a sus espaldas.

Aguzó el oído.

–¿Piensas ir a la excursión? –le preguntó Kadota a Shinra.

–No, prefiero quedarme en casa –dijo Shinra mientras calculaba la cantidad requerida de un reactivo de aspecto viscoso. Izaya supo al instante los motivos que tendría Shinra para no querer perder el tiempo en la caminata contemplada para la próxima semana. Kadota no conocía a la extraña compañera de Shinra, así que le preguntó por sus razones. Mientras los dos seguían conversando, Izaya captó por el rabillo del ojo que el cuarteto de estudiantes no le prestaban atención a él o a Kadota.

Eso le pasa por ser un hablador escandaloso, pensó Izaya, mientras garabateaba algo en la esquina de su libreta. Al notar que Shinra quería saber que había escrito, la guardó con toda naturalidad en el maletín, por debajo de la mesa de trabajo. Shinra pensó que Izaya escribió algún nombre pero no pudo asegurarlo.

–¿Crees que se haya ido a su casa?

Shinra no entendió a primeras.

–¿O piensas que está en la azotea fumando? –insistió Izaya.

Kadota encontró extraño el repentino interés de Izaya por Shizuo, pero no hizo comentarios al respecto. Shinra se encogió de hombros.

–No importa lo que esté haciendo, terminará por suspender la materia.

Izaya se preguntó que reacción tendría Shizuo si acaso le dijeran que debía volver a cursar biología, todo para terminar rompiendo las cosas y volver a causar una reacción química inesperada y peligrosa para el alumnado y el personal docente, como había ocurrido un par de días antes. Las marcas de quemadura en la pared y el piso seguían en su sitio, pues no había sido posible quitarlas por más que Izaya y Shinra tallaron en las paredes como castigo al no prever la situación, siendo que los tres habían formado equipo el viernes pasado.

Debería alguien sugerir que ese estúpido protozoario solo presente los exámenes teóricos. Tendré que hacerlo yo. A mi pesar, me gustaría mucho conservar todos mis miembros durante lo que resta del curso.

Las risas de aquel cuarteto irritante, sacaron a Izaya de su ensimismamiento. Les hizo saber que ya les había oído pero estos no parecieron muy impresionados.

–¡Kishitani! ¿Requiere un mayor aumento? Límpiese los lentes y mire lo que está haciendo su compañero. Dudo mucho que quiera pasar el periodo libre limpiando el laboratorio. Ya sería la tercera vez –sobresaltó el profesor.

Shinra permaneció sonriente aun cuando le quitó a Izaya de las manos aquel oloroso reactivo azul. Sin pizca de azoro, Izaya siguió con el experimento pero confirmó que la atención de los alumnos tras de sí estaba puesta solo en Shinra.

Aventuró que tendría una gran oportunidad para realizar alguna apuesta.

-o-o-o-

Izaya, Shinra y Kadota fueron los últimos en salir del laboratorio, o eso pensaron. Izaya tenía los ojos puestos en el resto de los alumnos y tomaba una larga serie de notas mentales sobre los mismos. En cambio, Kadota se debatió en si era preferible presentar el examen próximo, habiendo estudiado solo un par de minutos durante la mañana, o era mejor decir que estaba enfermo. Ninguno de los dos se dio cuenta de que Shinra se excusó para volver sobre sus pasos: había olvidado poner llave a la gaveta de la que era responsable durante la semana y ya les habían reñido demasiado durante el día como para arriesgarse nuevamente.

Al entrar, vio a cuatro jóvenes hablando en una de las esquinas. Shinra no les hizo caso pero, apenas empezó a rebuscar entre los bolsillos del pantalón la llave y el candando confiados, le tomaron por el cuello de la camisa y hundieron su rostro en una de las tarjas. Los jóvenes se habían tomado la molestia de llenarla hasta el borde con agua helada. No creyeron la facilidad con la que le sometieron.

Shinra forcejeó un rato pero dejó de hacerlo al tragar agua. La llegada de una sexta persona obligó a los victimarios a parar. No fuera a ser que el entrometido resultara en algún profesor. Shinra soltó toces al verse fuera de la tarja.

–Izumi-kun, ¿cierto? ¡Pero qué coincidencia! Justo quería hablar contigo.

Logrando respirar con normalidad, Shinra se giró a Izaya Orihara.

–Largo de aquí, Orihara. Esto no es asunto tuyo.

Izaya pareció reparar en Shinra y en su rostro empapado.

–En absoluto. Pero el "asunto" del que sé sí que te atañe, Izumi-kun. ¿Tienes una hermana? –preguntó Izaya como si en verdad estuviera curioso. Quizá lo estaba.

Todos se percataron del rubor que apareció en las mejillas del tal Izumi, el cabecilla del grupo.

–¡Así que es verdad! Justo he visto a Niimura-sensei hablando con ella en el pasillo. ¿Sabrás que se traerán esos dos entre manos? No pude pasar por alto lo feliz que estaba ella. Quizá deberías presentarla a tus amigos. No tendrá las mejores notas, pero eso no parece suponerle ningún problema para ser una estudiante modelo, ¿o sí?

Izaya se dio cuenta de que había ganado, pero no calló.

–Anda, ¿por qué no mejor vas a buscarla? No vaya a ser que alguien se dé cuenta también de lo que sucede –dijo como último golpe.

Izumi soltó una maldición y aflojó el cuello del uniforme de Shinra.

–Menudo desperdicio de recursos. La gente empieza a portarse como es lo esperado –murmuró Izaya, al tiempo que los estudiantes se retiraban entre juramentos.

Shinra se dio cuenta de que estaba puesto de rodillas.

–Lo rescatable del día es que comprobamos la tendencia de la gente por rehuir de los excéntricos. Mira que el ser humano tiende a la crueldad, no me cabe la menor duda. Podrán disculparnos entonces, ¿qué dices a eso, Shinra?

Shinra permaneció sentado en el suelo. Encontró sus gafas a un lado.

–Tenía razón: un chantaje como ese siempre ha de dar buenos frutos. Aun así pienso contarlo por ahí. Puede que el rumor nos llegue de regreso y, para ese momento, seguramente estará tan elegantemente adornado que no habrá que lidiar más con aquel imbécil y tampoco con el resto de sus amigos –empezó a decir Izaya mientras tomaba asiento en la mesa de trabajo. Registró su éxito en la libreta roja y arrancó una hoja en la que solo había escrito el título, un nombre.

Tras evocar las palabras y los ademanes de Izaya, su amigo recordó el por qué aquel joven era de temer. Desde ese momento, Shinra le auguró un futuro sombrío y, sin duda alguna, solitario. No quiso saber si Orihara era consciente del camino que estaba construyendo al portarse de ese modo.

Prefirió sonreír y fingir que nada había pasado, e Izaya tuvo la gentileza de hacer lo mismo. Sabía que Shinra le daba las gracias en silencio, pero también que éste era lo suficientemente listo como para entenderle, de modo que Izaya no precisó que su intervención se debía al genuino interés de conocer las reacciones de Izumi. Después del todo, era igual de monstruoso que Shizuo Heiwajima.

Por ese motivo, creía odiarlo.

-o-o-o-

Al regresar al departamento, cuya renta pagaba mensualmente Shingen Kishitani (detalle que recordaba a su hijo cada vez que se ponían en contacto), Shinra se desplomó en el sillón de la sala. Aunque para ese momento su cabello se encontraba totalmente seco, y casi presentable, no sabía cómo explicar las arrugas del uniforme y el cristal cuarteado de sus lentes. Puede que Celty no le interrogara al respecto pero lo dudó bastante.

Estando solo y no viéndose eclipsado por la presencia de su amada dullahan, Shinra se permitió pensar en todas las dudas y temores que reprimía con éxito la mayor parte del tiempo. Primero pensó en la posibilidad de que no fuera a corresponder su amor como esperaba. Después se percató de que, sí acaso Celty llegaba a sentir lo mismo que él por ella, su tiempo de estar juntos era reducido. Finalmente, cuando pensó que no encontraría más razones para considerarse egoísta, recordó el deseo de Celty de encontrar su cabeza y lo que eso podía implicar.

Se lamentó en silencio durante largo rato.

Cuando llegó Celty, el joven Kishitani sonrió y luego cenaron entre risas y grandes volutas de neblina negra, como era su costumbre. Sobre el incidente nada se mencionó, dado que Shinra sabía que aquello era un nimiedad si se le comparaba con cualquier cosa que Celty pudiera contarle en su lugar. Sin embargo, en determinado momento Shinra creyó leer en los gestos de Celty compasión. Pero olvidó después de un rato aquel detalle, pues, ¿quién podría ser capaz de entender lo que podría sentir o no Celty si no tenía cabeza alguna que se lo indicase?

[ ... ]

Residencia de Shizuo

16 de abril, por la mañana

SHIZUO SE ABRIÓ CAMINO en aquel mar de sábanas que le cubrieron durante la noche de los pies a la cabeza. Si había sido capaz de poner en riesgo una buena nota en biología, ¿por qué no también probaba suerte faltando a la tediosa clase de deportes? Aunque podría ser considerado un dramático, Shizuo se preguntó si era una mala persona; un mal hijo.

Agradeció las atenciones prestadas por su madre cuando retornó a casa mucho más temprano de lo habitual el día anterior, pero esa mañana no pensaba dejarse convencer por nadie. ¿Qué sentido tenía pretender que era igual que los demás? Dudaba mucho que los padres de las personas normales recibieran muy a menudo llamadas del Director para informarles que sus hijos habían destrozado media escuela, media pista de carreras.

Trató de hacer caso omiso a los pasos que se escucharon en el interior de su habitación. Las sábanas continuaron cubriéndole parcialmente, de modo que rehuyó de la mirada de Namiko Heiwajima. Ella se sentó al borde de la cama y colocó su mano dónde pensó que estaba el hombro de su hijo. Acertó.

–¿Quieres que vuelva a llamarte aquella chica, Shizuo?

Cómo agradeció el joven que su madre no pudiera ver lo colorado que se había puesto. No podía decir que no se percató antes de que Hazuki Minami parecía ponerse muy contenta cada vez que se la topaba en los pasillos de la academia, pero no creyó que ella sería capaz de conseguir su número y hablar a su hogar. La excusa que encontró fue decir que estaba preocupada por la repentina ausencia de Shizuo y también que deseaba saber si requería de los apuntes.

–No se trata de eso.

–Ah, seguro –dijo Namiko para nada convencida–. Bueno, sea cual sea el caso, tienes que ir a la escuela, joven. Una falta puedo pasarla por alto, pero no dos. De hecho, tanto deseo que vayas, que le preguntare a Hazuki-chan si en verdad cumpliste la jornada. Anda, levántate. No querrás que Kasuka te vea holgazaneando. Sé lo mucho que te importa dar un buen ejemplo. Todavía queda leche en el refrigerador.

–Eso ha sido bajo, madre. Ambas cosas o las tres, ya no sé –protestó Shizuo.

–Lo sé y ni siquiera me he esforzado. Créeme, no te conviene que lo intente. ¡Arriba!

A regañadientes, Shizuo obedeció.

–Todo este asunto me recuerda que te veías muy guapetón con tu cabello castaño. A ver si un día de estos decides dejar de teñirlo –le dijo Namiko, bajando por la escalera–. Pero supongo que no ha de estar tan mal. Al fin y al cabo, Hazuki-chan llamó. ¡Mándale saludos de mi parte! –terminó por gritar.

Shizuo no supo que responder. A decir verdad se sentía muy desgraciado, pero no quería sentirse de otro modo (y mucho menos buscaba confesar la razón que yacia tras su cambio de aspecto). Si veía a Izaya Orihara lo conseguiría. Se vistió con el – a su consideración– espantoso uniforme de Raijin y guardó el deportivo en su mochila. Cerrando la puerta de su casa tras de sí, notó que la llamada de Hazuki Minami complicaría su propósito.

-o-o-o-

La clase resultó tal y como Shizuo esperaba: un verdadero desastre. En primera lograron sacarle de sus casillas y hacer que persiguiera a un grupo de estudiantes por toda la pista muchas más veces que las que requería el profesor de deportes. Terminó por tropezar y arrastrar varios metros la cesta de baloncesto; luego, Izaya se había reído de su torpeza y, lo que resultó peor, también Shinra y Kadota le hicieron coro. No quiso admitir que esperaba mayor lealtad de su parte.

El profesor le pidió, o mejor dicho, le rogó que se quedara sentado hasta que la clase diera término. El piso tembló cuando Shizuo se dejó caer sentado. Destilaba rabia de cada centímetro de su cuerpo. Solo una persona se atrevió a hacerle compañía: Hazuki Minami. Con esa acción pasó a ser considerada valiente y no únicamente bonita.

Mientras hacían flexiones, Shinra reparó en que Izaya miraba con gran detenimiento a la extraña pareja que se había formado. No parecía importarle que se estuviera torciendo el cuello al hacerlo. Saltaba a la vista que estaba sumamente celoso, pero no por las razones que uno podría pensar a primeras. Shinra no entendió en ese momento, ni tampoco Kadota que atribuyó la actitud de Izaya al simple hecho de que Shizuo se había librado de hacer la serie de ejercicios y ellos no.

Durante le sesión de sentadillas, Izaya pareció aún más interesado en ver a Shizuo, de un modo que a Shinra le resultó escalofriante. Esperó de todo corazón que Izaya nunca fuera a mirarle de ese modo. No parecía anunciar nada agradable.

–Eh, Orihara-kun–empezó a decir Shinra, muerto por la intriga–, ¿qué estás haciendo?

–Mis hermanas quedaron a mi cargo ayer.

Muy sutil, Izaya. Digno de aplauso, pensó Shinra aun con el aire sarcástico resonando en sus adentros.

–¿Por cuánto tiempo?

–"Por una o dos semanas a lo sumo" –dijo Izaya imitando pobremente el tono empleado por su madre.

–¿Tan malo es?

–No me dejan en paz. Todo el rato están tras de mí. ¡Iza-nii, mira esto! ¡Nii-san, haz aquello! –dijo Izaya con semblante serio.

Shinra pensó que Izaya guardaba para sí mucho más que lo dicho, pero sabía que era mala idea intentar sonsacarle información. Era obvio que Izaya estaba angustiado o enojado por algo, no lograba interpretar muy bien de que se trataba, pero justo cuando estaba a punto de preguntarle de manera directa, Kadota se les vino encima al apoyarse mal.

Shizuo no reprimió una carcajada, quizá un tanto forzada, cuando vio a sus "amigos" hechos un nudo en el suelo. Con mucha más gracia que él, Hazuki rio.

–¿Dirías que fue el karma? –le preguntó.

Shizuo asintió mientras apoyaba su peso en una mano. Le dieron ganas de besarla solo por el hecho de que, por alguna razón que ignoraba, Izaya se hubiera puesto serio de pronto al verlos juntos. No podía importarle menos el porqué de semejante transformación de la pulga, pero si lograba hacerlo enojar bien pudiera aceptar que Hazuki se juntara con él tanto como quisiera. De hecho, si conseguía que Izaya diera mayores muestras de irritación, le pediría a Hazuki que le hiciera el favor de ser su novia.

Pensando en aquello, en el rostro de Shizuo se formó una sonrisa. Cosa muy rara en él, considerando que siempre estaba envuelto en peleas y demás situaciones peligrosas. Hazuki comentó algo y Shizuo rio de tal modo que fuera escuchado por Izaya y los otros.

En vista del resultado obtenido, no reprimió sus siguientes palabras:

–¿Tienes el resto de la tarde libre, Minami-chan?

Cuando ella asintió enérgicamente, Shizuo se olvidó por completo del mal humor que había tenido por la mañana y todo el día anterior. No se había fijado que, en este sábado, el cielo estaba despejado y también que Hazuki era muy guapa. Su madre no dejaría de repetírselo y a él no le importaría más que mencionara a la chica.

Por unos instantes, se olvidó que era un monstruo y que siempre lo sería.


Próximo capítulo: primer incidente (27 de junio).

N. del A. ¡Hola! ¡Espero que haya sido de su agrado el capítulo! ¡Hasta la próxima! Por cierto, mientras leía encontré esa frase por ahí, y pensé que le iba muy bien a la historia.

Respuesta a los comentarios.

Tyrfing Laevatein. ¡Ya somos dos! Dotachin a la orden. Opino lo mismo sobre la carpeta. ¡Gracias por leer! Me gustaría saber qué te pareció (n_n).

LilianaTaisho. Ojalá te haya gustado el capítulo y quieras pasarte por aquí después. ¡Muchas gracias por comentar!

Isabel. A mí me hace feliz el saber que te gustó. No te preocupes, Dotachin saldrá casi tanto como el trio. Tendré muy en cuenta lo de las gemelas. ¡Un abrazo, linda!