Maestros Tormenta

Fandomme

Resumen: T3 UA desde Maestros de Fuego Control. En lo profundo de la selva de la Nación del Fuego, la pandilla descubre una pícara tribu de exiliados ninja de la tribu agua que envían a Zuko y a Katara en una misión para obtener los planes de batalla secretos de la Nación del Fuego.

Disclaimer: ALLDA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon y Paramount. No sacó ningún beneficio haciendo esta historia.

Nota: Agradecimiento especial a RedBrunja, ¡que fue el primer review!

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Traducción: MTBlack (siempre quise ponerlo)

Disclaimer II: Me apego a lo que dijo Fandomme y agrego que la historia, como podrán adivinar, no es mía, yo solo me limito a traducir lo que escribió en inglés con su autorización, que conseguí, con vergüenza digo, después de molestarla bastante. )


Hay algunas cosas que se aprenden mejor en calma, y otras con tormenta --Willa Cather


-¿Nos estaban probando?

Toph cerró sus puñitos a los Maestros Tormenta reunidos alrededor del fuego. El grupo de doce extraños la miró impasible. Era un grupo sorpresivamente diverso -- seis maestros agua y seis maestros fuego, con tres hombres y tres mujeres en cada equipo. Pero vestían de negro, no de rojo ni azul. Incluso los collares de compromiso tenían símbolos diferentes, y una de las mujeres de la Nación del Fuego usaba uno. Todos tenían el pelo corto o recogido para atrás, para que quedara mejor bajo la máscara de la capucha. Y las sombras danzantes los hacían parecer más grandes de lo que eran en realidad -- ahora que Katara podía verlos, vio que eran más delgados y enjutos que un soldado de la Nación del Fuego o un marinero de la Tribu Agua.

-Queríamos que vieran sus debilidades –dijo una anciana maestra fuego, de cabello gris hierro. Ella se había presentado como Xiao Zhi, y parecía el líder. Por alguna razón, Katara sintió como si se hubieran conocido antes, pero cada vez que miraba los detalles del rostro curtido y de facciones marcadas de la anciana, no podía ubicarla.

-¿No pudieron haber enviado una nota? –preguntó Sokka.

Un hombre con abalorios de la Tribu Agua miró a Sokka.

-No tienen plan de evacuación –dijo-. Tuvieron suerte. La maestra tierra…

-…se llama Toph –interrumpió Zuko.

-… los alertó de la amenaza, ¿pero qué hubiera pasado si sus pies estuvieran heridos?

Zuko miró el piso. Toph apretó los labios. Si pudiera respirar vapor como un maestro-fuego, pensó Katara, estaría haciéndolo.

-Nos lanzaron un relámpago –exclamó Aang. Fulminó al tío de Zuko con la mirada, y señaló el grupo de negro-. ¡Dejaste que nos dispararan un relámpago!

Xiao Zhi levantó una mano.

-Esa fue nuestra idea. El General Iroh se opuso –le dedicó una sonrisa irónica a Zuko-. Teníamos que estar seguro de tus habilidades y tus lealtades.

-¿Mis lealtades? –Zuko arrojó los brazos en el aire-. ¿Qué tienen los maestros agua? ¡Están todos locos! –se señaló el pecho con el pulgar-. Ozai trató de destruirme cuando lo desafié y me uní al Avatar. Y en caso que no lo hayan notado, todavía estoy aquí.

-¿Tu papá hizo eso? –inquirió Toph. Agrandando sus ojos ciegos-. Espera. Él es tu papá, ¿cierto?

-Solo de nombre –respondió Zuko, cruzándose de brazos y mirando ceñudo el piso. Se apoyó contra una columna, lejos de la luz del fuego. Katara prefirió observar a Sokka cambiar su postura incomoda –-los otros desviaron deliberadamente la mirada de Zuko. Era como aquellos momentos en casa en las carpas, cuando alguien hacía un mal chiste y nadie reía, solo el sonido del viento soplando por las pieles y huesos de la casa de alguien.

-Bueno, eh, no sé nada de maestros agua locos, pero Zuko ya probó de que lado estaba hace tiempo –aseveró Aang luego de un silencio-. Incluso lo hablé con el grupo antes que pudiera unírsenos.

-No con todo el grupo –replicó Teo, levantando una mano enguantada.

Aang enrojeció. Miró a los Maestros Tormenta.

-El punto es que yo elijo mis maestros, no ustedes. Zuko nos salvó. Y se disculpó por todo. ¡Y de verdad es un buen maestro! –El agarre de Aang en su equipo se volvió más fuerte-. Y eso es suficiente para mí.

Iroh le dedicó una mirada a Xiao Zhi que era más que solo de suficiencia. Luego, se la dio a Zuko, quien pareció reducirse aún más en sí mismo a pesar de su extraña sonrisita, como si esperando que el halago le resbalara en vez de atenderlo.

-Sea como fuere –continuó Xiao Zhi-, aún tienes mucho camino que recorrer. Y hay algo bastante grande que queremos enseñarte.

-Déjenme adivinar, tiene que ver con las artes del sigilo –exclamó Sokka-. ¿Por qué se llaman Maestros Tormenta, de cualquier forma? ¿Estaban molestos porque ya habían agarrado "Dai Li"?

Xiao Zhi le dio a Sokka la misma mirada que le hubiera dado a un insecto antes de cabecear a su grupo.

-Mekai, Ju-Li, enseñenles.

El hombre de la Tribu Agua que le había hablado a Sokka se puso de pie, y lo mismo hizo una joven a su lado. Él atrajo agua desde una fuente cercana, y la mujer levantó los brazos. Se enfrentaron, se agacharon, y empezaron un complicado movimiento circular. La mujer movió sus manos en círculos opuestos, mientras el hombre usaba el agua para agitar el aire. Chisporreteaba luz en el trazo que hacían los dedos de la mujer. De repente, el agua serpenteó y se unió a la luz; se fundieron en un único rayo de luz crepitante. El par dirigió todo ese rayo brillante, chispeante y vaporoso que se separó, expandiéndose como una red, quemando la pared más lejana y haciendo que Momo se ocultará dentro de la camisa de Aang. El cuarto quedó tenuemente iluminado mientras el relámpago se desvanecía y el agua volvía a la fuente. La pareja jadeó ligeramente, se enderezó, admirando la marca que su arma había grabado en la piedra.

-Descubrieron una manera de combinar los elementos –señaló Aang, cualquier rastro de desafío había desaparecido de su voz.

-Y tú también podrás hacerlo –dijo Aire-. Tormenta control es una poderosa herramienta compartida entre maestros agua y maestros fuego. Toma lo mejor de ambos elementos y los combina en armonía. Y es por eso que el Señor del Fuego no estará preparado para ella.

-No es lo único que tienes que aprender, Avatar Aang –intervino Xiao Zhi. Su mirada cayó sobre Katara-. Tú sabes de sangre-control. ¿Se la has enseñado?

Katara retrocedió.

-¿Estás loca? ¡Por supuesto que no! Sangre-control está mal.

-¿Qué hay cuando es usada para curar los enfermos o tratar heridas? –replicó una maestra agua.

Katara abrió la boca, y la cerró. Nunca había considerado que la sangre control tuviera propiedades curativas. Recordó aquellas bonitas flores privadas de vida y color, se vio a si misma escurriendo la humedad de un árbol y escuchó su golpe seco y muerto -- ¿Cómo podías ayudar a un enfermo de esa forma? Pero quizás, si ayudas a la sangre a coagularse más rápido, o la sacas de la boca de un bebé recién nacido cuando intenta respirar… creo que la llamaremos Esperanza.

-Y hablando de tus habilidades curativas, ¿se las has enseñado al Avatar? –insistió Xiao Zhi, sacando a Katara de sus pensamientos. La anciana arqueó una ceja en su dirección-. ¿Lo has intentado siquiera?

Sokka se adelantó un paso.

-Ey, ahora, aguarde un segundo…

-¿Y que hay de tu manejo de las espadas, Sokka? O su metal control, Señorita Toph –prosiguió Iroh. Sus viejos ojos se deslizaron sobre Zuko-. ¿Y tú has instruido al Avatar como re-dirigir el relámpago, sobrino mío?

-Mi control todavía no es lo suficientemente fuerte –replicó Zuko, ensombreciendo su expresión-. No es seguro.

-Entonces el Avatar todavía tiene mucho por aprender –persistió Xiao Zhi.

-¡Mis maestros son grandiosos! –rebatió Aang. Levantó su equipo hacia los Maestros Tormenta -. ¡Estoy trabajando tan duro como puedo solo para dominar los cuatro elementos! ¡No tengo tiempo para todas esas cosas raras!

-Y el mundo no tiene tiempo para tus excusas –concluyó Xiao Zhi-. El Cometa de Sozin está viniendo.

-¡Suficiente! –Toph pateó el suelo, creando una mano de piedra, dejándola sobre la boca de Xiao Zhi, al estilo Dai Li-. No me importan quien sean, o cuán súper especial es su control. Nadie le habla a Pies Ligeros de esa forma –se cruzó de brazos, soplándose el flequillo. Había usado su tono de tú-no-eres-mi-mamá-. Lo estamos haciendo bastante bien sin ustedes.

Iroh se aclaró la garganta. Junto sus manos a la espalda y se adelantó hacia ella.

-Espero que perdone a un anciano por su impertinencia, Señorita Toph, pero escaparon del ejército de mi hermano con nada más que lo puesto. Esa es la diferencia entre sobrevivir y tener éxito –apoyó una mano en su hombro-. La victoria real, en batalla y en la vida, significa alcanzar tus metas sin perder lo que las hizo importantes en primer lugar.

Toph arrugó el entrecejo.

-¿Qué rayos significa eso?

-Significa que todos comenzamos este viaje por la misma razón –respondió Zuko. Se despegó a sí mismo de la columna en la que se había apoyado. Se paró junto a Aang-. Queremos ayudarte a restaurar el equilibrio en el mundo y terminar la guerra. Como lo hagas es tu decisión. Pero conozco a Ozai. Y si quieres derrotarlo, necesitas controlar el relámpago.

Aang frunció el ceño. Miró a Katara.

-¿Tú qué crees, Katara?

Ella se lamió los labios.

-Creo que eres un gran maestro agua, Aang. Creo que has llegado tan lejos, tan rápido, que me sorprendes siempre que te veo –retorció sus manos-. Pero también creo que has aprendido todo lo que sabía como enseñarte. Y pienso que yo todavía tengo algunas cosas que aprender.

-¿Pueden escribir eso? –Saltó Sokka, levantando una mano-. Simplemente quiero guardar este momento. Ya saben, para la posteridad –los otros se le quedaron mirando. Incluso Xiao Zhi reprimió su intento por quitarse la mano de piedra que le cubría la boca. Sokka señaló a Katara-. ¡Ella dijo que tenía más por aprender! ¡Es como si hubiera admitido que estaba equivocada! ¿No entienden cuán especial es este momento?

-Ah, tienes razón, es bastante especial – reconoció una voz grave y familiar desde las sombras. Katara sintió que su estómago cambiaba de lugar con su corazón. Sus rodillas se hicieron de gelatina. Se volvió y ahí estaba, cojeando hacia la luz, manteniéndose rígido y sonriendo con los ojos contorneados con ojeras nuevas…

-... ¡Papá!

Sokka pasó corriendo a los demás. Katara no advirtió que sus pies se movían, pero de repente ella también estaba ahí, y los brazos de su papá rodeaban sus hombros y su mejilla contra su cabeza. Olía diferente, como a carbón y a sulfuro, y no al mar, y gruñó un poquito cuando ellos lo apretaron muy fuerte. Sus ropas le quedaban raras y usaba un grueso saco de rastrojo. Por primera vez, Katara notó un cabello blanco en su barbilla.

La maestra agua que había mencionado la curación se puso de pie.

-Hakoda, se supone que no…

-Son mis hijos, Akna –contestó-. Los veré cuando yo quieras.

-Estás bien –sollozó Katara, secándose los ojos-. De veras estás bien.

-Él es nuestro papá, Katara –dijo Sokka, golpeando el hombro de su papá e ignorando su mohín-. Es fuerte.

-Ahora sé de donde lo sacaste –destacó una voz joven, más insegura.

Sokka palideció. Se apartó de su papá y observó como una figura flaca y tímida emergía furtivamente de la oscuridad. La chica vestía las ropas negras de un Maestro Tormenta, pero tenía su pelo castaño largo y suelto. Se mordía el labio inferior.

-¿No me recono…?

Pero Sokka ya había cubierto la boca de Suki. Sus manos jugaban bruscamente con su nuevo cabello largo y sostenía la cara quieta, los labios inmóviles como si simplemente pudiera presionar más vida en ella a trabes de la pura fuerza de voluntad. Se separaron ruidosamente y él temblaba.

-Perdón, perdón, perdón… -la envolvió con sus brazos y mantuvo la cabeza de ella en sus hombros-. Nunca debí haber dejado Ba Sing Se. Si no me hubiera ido hubiera sabido y te habría encontrado, pero me fui y entonces fue muy tarde y traté de hacer que me dijera donde estabas pero no pude y teníamos que irnos…

-Sokka –llamó Suki, palmeándole la espalda-. La gente nos está mirando.

Katara miró y en verdad, todo el grupo los estaba mirando -- aparte de Toph, quien parecía interesadísima en la picadura de un insecto en su coda. Haru tosió delicadamente contra su puño. Sokka adquirió varias tonalidades de rojo.

-Ah, cierto. Sí. Bien. Papá, Suki. Suki, Papá

-Ya nos conocemos –respondió su papá.

-Ah.

-Tú y yo tenemos que hablar.

-Oh –Sokka pareció encogerse a una tercera parte de su tamaño normal. Suki tomó su mano y él se reanimó-. De acuerdo, eh, entonces llegan justo a tiempo para las lecciones de Aang en las artes masculinas –exclamó-. Chispitas y yo acabamos de enseñarle a afeitarse.

-¿Artes masculinas? –repitió Hakoda.

-¿Chispitas? –Iroh miró a Zuko.

-Relájate, Viejo –imperó Toph, todavía rascándose el codo-. Es solo un apodo.

Teo se sacó sus gafas y empezó a limpiarlas.

-Va a ser un verano largísimo.

Haru asintió.

-Sin duda.

Xiao Zhi finalmente logró sacarse la mano de piedra que Toph le había puesto. Escupió tierra y tosió. Arrojó la mano lejos y se desmenuzó contra la pared.

-¿Tenemos un trato, Avatar Aang?

Aang miró a Sokka y a Suki. Sus ojos se encendieron sobre Katara y su papá. Hakoda se inclinaba en ella más pesadamente, ahora, y ella sentía sus costillas en una forma que no las había sentido el día del eclipse. Como Suki, él había perdido peso.

-¿Tú los rescataste?

-El General Iroh insistió –confesó. Le entornó los ojos al anciano-. El también rompió las condiciones de nuestro acuerdo al traer a Hakoda y a la Guerrera Kyoshi aquí. Esperábamos que ustedes accedieran sin un estímulo extra.

-Esa es otra lección en las artes masculinas, Avatar Aang –intervino Iroh-. Siempre haz más atractiva la oferta.

-No creas que no estás en problemas, General Iroh –replicó Xiao Zhi.

Iroh se balanceó sobre sus talones.

-Eso es bastante preocupante –admitió-. No dudo de que imaginara un castigo satisfactorio…

-¡Tío! –Zuko escondió su sonrojo tras su mano. Aclaró su garganta y se enderezó-. Yo no sé ustedes, pero yo estoy listo para ir a la cama.

Toph bostezó ruidosamente.

-Tú lo dijiste –pareció parpadear en dirección a Sokka y Suki. Luego les obsequió con una sonrisa quebradiza y chasqueó los dedos-. Chispitas, yip-yip.

Zuko puso los ojos en blanco, empezando a caminar hacia ella. Una sonrisa curvando la comisura de su boca.

-Eres demasiado grande para que te lleven…

-El pago es el pago, Señoriíto Maestro Imbécil –Zuko se agachó frente a ella y ella trepó por su espalda. Sus brazos se acomodaron bajo las piernas de ella y él la acomodó antes de pararse. Él le frunció el ceño a Iroh-. ¿Qué estás mirando?

-Nada, sobrino. Nada. –Iroh aplaudió secamente-. Esto es muy emocionante. Creo que necesito algo de té para calmar mis nervios.

Juntos, Zuko y Toph gruñeron. Zuko la acomodó más arriba de su espalda y dejó la habitación.

-¿Es el Príncipe del Fuego? –inquirió Hakoda, viéndolos alejarse.

-El ex Príncipe del Fuego –corrigió Sokka.

Hakoda frunció el ceño. Permaneció un momento en silencio antes de volver a preguntar.

-¿Ese chico se afeita?

-Me sorprendió a mí también, Papá.


Tener tres personas más -- al menos -- significaba preparar tres cuartos más, así que Katara se encontró escarbando en viejas despensas por las pocas mantas que quedaban sin ser devoradas por polillas de seda y saltamontes de cuevas. Una búsqueda infructuosa la había convencido que lo mejor era simplemente elegir las ropas blancas con menos hoyos. Aún así, las mantas que tenía dobladas sobre su brazo se veían como si fueran a desmenuzarse si estornudaba muy fuerte. Todas las buenas -- las tejidas, no los edredones que perdían el relleno de piel de bisonte – esos estaban desechados cuando el primer grupo llegó allí. ¿Por qué los maestros aire no podían usar bolsas de dormir, como gente normal?

Que idea. Sonriendo, Katara acomodó las mantas en su brazo y se dirigió hacia el establo del bisonte. La mayoría del equipo de viaje estaba todavía ahí debajo de los enormes vigas refinadas y los mosaicos, incluyendo las bolsas de dormir. Hacía demasiado calor para usarlas, en verdad, pero podían servir para proteger los huesos adoloridos de Suki y su papá. Katara tenía que admitir que los barracones de los maestros aire, exceptuando lo limpio y ordenado, carecían un poquito en el departamento de comodidad. Ella había dormido en tierra más blanda que en esos catres. Se dejó sentir una punzada de añoranza por sus camas en Ba Sing Se --aquellas enormes, afelpadas y limpias camas -- antes de levantar las bolsas de dormir sobre su otro hombro y dejar el cuarto. Appa rugió una despedida mientras cerraba la puerta y…

…chocaba con alguien bastante grande.

-Por favor, discúlpame –exclamó, y Katara se encontró parpadeándole al General Iroh-. Luces como si necesitaras un poco de ayuda.

-Oh, no, está bien –replicó. Levanto las mantas-. Pero algunas de éstas son para tu cuarto. Toma, elije una.

-Tu generosidad toca el corazón de este viejo –exageró. Levantó un par de mantas y las dobló prolijamente sobre un brazo-. Mis felicitaciones a la señorita de la casa.

Para su horror, las orejas de Katara ardían.

-Sólo estoy haciendo lo que mi Gran-Gran hubiera hecho…

-¿Entonces tu Gran-Gran me señalaría amablemente hasta mi habitación?

-Oh. Claro. Seguro –empezó a caminar-. Hay cuartos cerca del de Zuko, supongo que querrás estar ahí…

-Eso está muy bien, gracias –Iroh la siguió-. Espero que mi sobrino esté siendo un buen huésped.

-Eh… -Katara realmente no había pensado en ello. Él le había enseñado a Aang. Había protegido a Aang. Aún no había lastimado a Aang. Esas eran las cosas importantes. Las otras cosas -- la manera en que calentaba el agua para el baño de Toph, la manera que soplaba el té de El Duque para que fuera lo suficientemente caliente sin que se quemara la lengua -- realmente nos las consideraba como un deber-. Lo es, creo

-¿Está haciendo sus tareas?

Ella frunció el ceño. No tenían un sistema oficial para delegar las tareas. Ella le decía a la gente como ayudar y ellos ayudaban. Ella era el sistema. Y no le hablaba mucho a Zuko, si podía evitarlo.

-Supongo… -algo se le ocurrió mientras subían las escaleras-. Hace una tetera llena de té todas las mañanas.

-Oh, cielos –clamó Iroh-. Lamento mucho oír eso.

Katara soltó una risita nasal.

-Es un poco…

-Vigorizante –completó Iroh.

-Aang dice que los ayuda a concentrarse durante su meditación matutina –explicó-. Aunque como puedes concentrarte con un sabor así en tu boca, no tengo idea. ¡Trabajó en una casa de té! ¿Cómo puede ser tan malo haciendo té?

-Tiene otros talentos –lo defendió Iroh-. Su fuego control ha mejorado…

-…Ahora que recuerda como –le interrumpió Katara, poniendo los ojos en blanco-. y no olvidemos lo habilidoso que es para perseguir a la gente, atarlas a los árboles, y robarles sus cosas.

Iroh se detuvo detrás de ella.

-Señorita Katara.

Se volvió. Los ojos del viejo general enfrentaron los de ella y algo en su interior le dio pavor -- era como el Maestro Pakku y Azula en uno, cuando la mirada de él penetro en la de ella de esa forma. Irradiaba decepción, como si de alguna forma la conociera bien como para esperar algo más. Lo que no era así --nunca se habían conocido lo suficiente. Katara respiró hondo y preparó sus pies, como comenzando una batalla con el sobrino de Iroh.

-No me digas que lo perdonaste completamente –reprochó-. Zuko también te traicionó, allí. ¡Dejó que te pudrieras en prisión!

El ceño fruncido de Iroh se pronunció un poco más. Parpadeó.

-¿Luzco podrido para ti?

Su cara se encendió.

-No. ¡Eso no es lo que quise decir! Él… -resistió el impulso de azotar su pie-. Él se unió a Azula. La dejó lastimar a Aang. ¡Y eso fue después de que nos siguiera por todo el mundo! ¡Tú estabas ahí! ¡Tú lo ayudaste!

-Y aún así parece que me perdonaste –retrucó-. ¿Acaso no me senté mansamente cuando Zuko te ataba a un árbol? ¿Acaso no lo ayude a enviar una caza recompensa tras de ustedes y lo llevé al Polo Norte?

-¡Eso es diferente!

-¿Y por qué es diferente? –Cuando ella abrió la boca para contestar, Iroh levantó un dedo-. El perdón es una semilla que sólo crece en tierra fértil. No te preocupes si una parte de ti no se ha derretido. Recuerdo haberla visto ponerse muy fría en el Polo Norte –sonrió-. Ahora, muéstrame mi cuarto.

-Eh… seguro –se adelantó y se apresuró hacia el cuarto de Zuko. Para su sorpresa, escuchó su voz al otro lado del pasillo -- en el cuarto de Toph. Paró e Iroh se detuvo detrás de ella, mientras escuchaba.

-¿De qué es esta? –preguntaba Toph.

-¿De pelear? –respondía Zuko-. Aquí, va como esta. Una… dos… tres…

-¿Cuándo te hizo esta el Viejo?

-Cuando tenía tu edad –contestó Zuko-. Quizás un poco más joven.

-¿Fue antes de que te lastimaras?

-… Sí. Eso fue hace tres años.

Un silencio, y luego:

-¿Escuchaste todo esto, Dulzura?

Katara se pateó mentalmente. Cerrando los ojos, se excusó.

-Yo solo estaba dejando las mantas extras en la habitación del General Iroh, Toph. No estaba.

-¡Le voy a contar a tu papá si no te vas!

-Estabas escuchando –la cabeza de Zuko apareció al otro lado de la puerta. Agrandó su ojo sano-. Tío.

-Sobrino –Iroh tomó a Katara del codo-. Sigamos, Señorita Katara.

Después de eso, Katara estaba más que feliz de llevar a Iroh hasta su nueva habitación, darle las buenas noches, y cerrar la puerta. Encontró a Sokka y Suki en el cuarto de Sokka -- se preguntó que diría su padre sobre eso -- y le dijo a Suki que planeaba dejar un edredón nuevo en su recámara a estrenar.

-Yo lo haré –se ofreció Sokka, eligiendo su bolsa de dormir de la pila así como demasiadas mantas. No mostró intención de moverse, simplemente sostuvo las mantas en su regazo.

-Es bueno verte, Suki –aseveró Katara, sintiéndose cada vez más incómoda.

-También es bueno verte –respondió Suki. Sokka le dedicó una educada mirada que decía lárgate, estamos ocupados. Asintiendo y tratando de quitar de su mente la imagen de su hermano besando a cualquiera de esa forma, Katara salió del cuarto. Había dado tres pasos fuera antes de oír la risita de Suki y la puerta siendo cerrada de una patada. Estremeciéndose, siguió la voz de su padre hasta otra habitación por el mismo pasillo.

Hakoda estaba acostado en una cama con sus pies sobre una almohada improvisada, con la Maestra Tormenta Akna sacudiendo la que tenía bajo el cuello. Katara observó como la otra mujer se inclinaba sobre su padre una vez más, arrullando algo idiota y consolador, antes de abrir la boca y exclamar:

-¡Papá!

-¡Katara! –La voz de su padre chilló exactamente en la misma forma que la de Sokka cuando era atrapado robando porciones de más-. ¿Esas mantas son para mí?

-Sí –afirmó, entrando a la habitación. Se volvió hacia Akna. La Maestra Tormenta era alta, ágil, y muy demasiado joven para alguien de la edad de Hakoda. Papá ha sido jefe por el tiempo suficiente para reconocer una ratita polar hambrienta de poder a primera vista; ¿Cómo puede ser que no le esté diciendo que se largue?-. Yo me encargo desde ahora.

Akna frunció la boca.

-Por supuesto –se inclinó alrededor de Katara y sonrió-. Buenas noches, Hakoda.

-Buenas noches…

Katara la observó salir a Akna, pavoneándose y le dedicó una mirada helada a la espalda de la otra mujer. Sobre escuchando un suspiro desde la dirección de su padre, desvió su mirada hacia él. Hakoda instantáneamente recompuso su expresión en una más paternal.

-Ella me ayudo a escapar de prisión -explicó.

-Es más joven que tú.

-También lo era tu madre.

Katara le arrojó las mantas encima.

-¡Me niego a tener esta conversación!

Él arqueó las cejas.

-¿Una conversación madura?

Rugiendo, Katara giró sobre sus talones.

-¡Haz lo que quieras! ¡Eso nunca te ha detenido antes!

-Katara…

Cerró la puerta de un portazo tras de sí y caminó por el pasillo. Zuko asomó la desde su cuarto, con una mueca de dolor, y salió de un paso al pasillo, de todas formas. Se paró justamente delante de ella. ella hizo un enorme esfuerzo por pasar muy campante por su lado, pero él hizo un paso a la derecha, luego izquierda, parando efectivamente su marcha.

-¿Qué pasa, Zuko?

Él se lamió los labios.

-Tengo una idea.

-¿Incluye arrojar esa pícara Maestrita Tormenta por un acantilado?

-¿Quién?

-Sólo escúpelo, Zuko.

-Aang debería dormir en el cuarto de Toph –dijo.

La ceja de Katara empezó a tener un tic.

-¿Tomaste el té loco esta mañana?

-¿Qué? No –bajó la voz y miró las piedras que los rodeaban-. No confío en esta gente. Nos atacaron.

Katara dejó de lado la sensación de la sangre helándose en su cuerpo. Le lanzaron el relámpago a Aang. Manipularon nuestra sangre. ¿Por qué están todavía aquí? Frunció el ceño y se cruzó de brazos.

-¿Qué tiene que ver esto con Toph?

-Ella duerme en el suelo –recordó Zuko-. Sentirá primero si alguien trata de acercarse sigilosamente a Aang

Para su disgusto, Zuko tenía razón. Toph había advertido a los intrusos primero. Ella sabría al instante si alguien intentaba lastimar a Aang.

-Pero tu Tío los trajo –razonó Katara

-Mi Tío ya se ha equivocado antes –hizo un mohín-. Tiene cierta preferencia por las mujeres fuertes, y…

-Alto. Por favor. Ya entendí. Mi propio papá está… -se estremeció, luego se enderezó. Respiró lentamente y de mala gana-. Con todo mundo tan… distraído… es probable que sea una buena idea tener otro par de ojos sobre Aang –tosió-. Por así decirlo.

Zuko no pudo reprimir una sonrisa.

-Tú le dices a Aang. Yo le digo a Toph.

Ella asintió, su expresión helándose ante la irreprimible sonrisa en la cara de Zuko.

-Buena suerte. Yo odiaba compartir la carpa con mi hermano.

-¿Alguna vez intentó asfixiarte por diversión?

-¿Eh?

-No importa. No lo entenderías –se movió hacia el cuarto de Toph-. Aang debe de estar con Appa.

-Sé dónde está, Zuko –mintió.

Él se encogió de hombros, y golpeó en la puerta de Toph. Toph sacó la cabeza.

-Pies Ligeros y yo dormiremos juntos. Entendido –cerró la puerta. Un segundo más tarde, se abrió de nuevo. Toph señaló la pared más cercana de Katara-. ¡Y deja de mentir!

Desde detrás de la puerta de Iroh, una suave risita nasal se oyó.


Katara nunca había apreciado el hecho de tener una rutina en el Templo hasta que sus "huéspedes" la interrumpieron. Antes de la llegada de su padre y el General Iroh, las cosas marchaban a un ritmo pausado-pero-factible: se despertaba, encontraba el té que Zuko hacía, trataba de digerirlo, hacía el desayudo, y miraba como los otros filtraban el té. Entonces Zuko y Aang se marchaban para lanzarse fuego, Sokka, Haru, Teo y El Duque probaban nuevas recetas para gelatinas caseras y explosivas (o lo que sea que hicieran; nunca tuvo muy claro que era). Y Toph tomaba lo que ella llamaba la "siesta de media mañana". Después Aang y Zuko volvían, hacían ejercicios físicos (Toph usualmente despertaba a esa hora para sentarse en la espalda de Zuko mientras hacía lagartijas), se bañaban, comían el almuerzo, y Aang era de Toph o de Katara por la tarde. Katara lo hacía ayudarla con algo de agua control doméstica -- limpiar los vegetales, bañar a Appa, lavar la ropa -- e intercalándolo con las formas marciales que conocía. Cuando pertenecía a Toph, ella buscaba comida. Luego cena, después limpieza, después quizás un baño, más tarde hora de dormir -- ese era un buen día.

Trató de tomar el dulce y fuerte té que la esperaba a la mañana siguiente como una premonición de los buenos días venideros. Después notó el montón de Maestros Tormenta comiendo sin ganas delante de ella raciones cuidadosamente-medidas, y el té de todos enfriándose en sus tazas.

-Yo solo quería hacer algo de desayuno para tu padre, Katara –explicó Akna, revolviendo un frasco de algo dulce (y desperdiciando toda la miel en el proceso)

-Sé exactamente lo que quieres hacer –replicó Katara en voz baja-. ¡Y deja de usar esa cuchara con ese frasco! ¡Arruinaras el vidriado!

-Se pone así a veces –Sokka le contó a Suki.

-¿A veces? –intervino Teo.

Las cosas fallaron en mejorar a partir de ahí. Su padre se encerró en su cuarto como el inválido que era -- donde podía ser cuidado por Akna, la Pícara Sanadora – y evitar a Katara; y Sokka y Haru decidieron que era hora de salir a hacer ejercicio con Zuko y Aang. Así que ahora tenía cuatro muchachos sucios y hambrientos -- no contaba a Iroh, Iroh era un hombre – quienes apestaban de sudor y comían el doble que antes, y se negaban a usar camisas "debido al clima". (Incluso Toph se reía de esa pobre excusa, cuando Haru trataba de pavonearse con su equipo delante de algunas chicas Maestras Tormenta claramente-divertidas)

Luego Aang dijo que era hora de practicar agua control, y ella con gratitud se cambió de ropa y se dirigió a la fuente. Donde su padre – milagrosamente recuperado de su cama por la poderes curativos de Akna, sin duda – sin demora, la regañó por usar ropa inadecuada.

-¡Regresa a tu cuarto y cámbiate, jovencita!

-¡No! ¡Esta es mi ropa para hacer agua control!

-¡Es rompa interior! –haciendo una mueca, Hakoda se levantó en toda su altura y la señaló-. Sé que estás acostumbrada a tu libertad…

-¡Tienes razón! ¡Lo estoy! ¡Y no me la vas a quitar! –Katara escuchó el subsiguiente silencio y se preguntó cuando exactamente había empezado a sonar como Toph. Unos ligeros pasos sonaron en el pasillo y vio a Zuko caminando hacia la fuente, con un saco vacío en sus manos. Comprendió la escena ante él, parpadeó, y empezó a volverse.

-¿Mi hija usa esta ropa cada vez que practica? –indagó Hakoda.

Zuko se congeló a medio camino.

-No sabría decirlo –respondió, sin darse vuelta-. No me quedo a mirar.

-¿No?

Un silencio.

-No, señor.

-Deberías preguntarle a Pies Ligeros –se metió Toph, mordiendo una manzana-. Él es el que entrena con ella.

Los ojos de Hakoda cayeron sobre el Avatar. Aang enrojeció considerablemente, y Toph pareció claramente contenta consigo misma. Katara le dedicó una mirada que sabía que Toph no podía ver.

-El vestido –insistió su padre-. Ahora.

-¿O qué?

Le dio su mirada no voy a discutir más.

-O tus amigos aprenderán algunas encantadoras historias sobre tus años de pequeña.

Rugiendo, Katara salió azotando el piso con fuerza. Era sorprendentemente difícil, con los pies desnudos. Zuko se pegó a si mismo a la pared mientras ella pasaba. Ya no estaba cuando re-apareció en su ropa de la Nación del Fuego –seguramente su papá no podía objetar nada contra una bonita bata de seda, ¿o sí?

-Que adorable color –elogió el General Iroh, cuando volvió.

Ella miró a su padre.

-¿Ves? Al General Iroh le gusta.

-Al General Iroh le gustan un montón de cosas –replicó Xiao Zhi, desde su lugar cerca de una columna. Encendió la punta de uno de sus dedos, y la aplicó a una larga pipa. Katara olió el humo dulce y florido.

Iroh se volvió hacia la Maestra Tormenta.

-Especialmente disfruto del tabaco orquídea salvaje.

-Buen intento, General.

Iroh se inclinó alrededor de Katara, espiando a Zuko con su saco.

-¿Y a dónde crees que estás yendo, sobrino mío?

-Afuera –fue la respuesta de Zuko.

-Hoy no, tú no sales –Xiao Zhi clamó, exhalando humo-. Tormenta control es algo que maestros agua y maestros fuego hacen juntos. Tus tardes nos pertenecen de ahora en más –miró a Katara-. así como tus mañanas, Dama Pintada.

Katara quedó boquiabierta.

-¿Cómo…?

Xiao Zhi lanzó rápidamente una pieza de Pai Sho en el aire.

-Tengo oídos como un murciélago-lobo.

Iroh chilló.

-Al contrario, Xiao Zhi, tienes unos hermosos oídos.

Katara escuchó la palma de Zuko hacer contacto con su cara. Mirando fijamente a la mujer mayor, Katara otra vez tuvo la sensación de que debía conocerla, pero no tenía ni idea porque. Suspirando, escuchó el sonido de los pájaros desde muy lejos. Aquellos pájaros tenían su propia forma de hacer las cosas – cuando las cosas se ponían incomodas, simplemente se alejaban volando. Y sospechaba que los papás- pájaros no hacían visitas inesperadas en los nidos de sus hijos-pájaros arrojando totalmente todo en la vida de sus pajaritos por un meandro.

-¿Oíste lo que dije, Katara?

Se sobresaltó.

-¿Qué dijiste?

Xiao Zhi cabeceó hacia la fuente.

-El Avatar está esperando.

Aang sonrió mientras Katara se le acercaba. Ambos atrajeron el agua hacia ellos, inclinándose hacia dentro y hacia fuera, intercambiando boleas de agua. Aang hizo un pulpo de cinco patas, ella hizo flechas de hielo. Justo como los viejos tiempos, de verdad, tiempos cuando todo era montar al koi y Festivales de Días del Fuego y vestirse con la ropa del Avatar Kyoshi. Sentía sus nervios desvanecerse lentamente con los movimientos familiares. Aang hizo dos látigos de agua y los usó como espadas para hacer pequeños cortecitos en la piedra.

-¡Buen trabajo, Aang!

-Es suficiente –intervino Xiao Zhi.

Katara dejó caer el agua.

-¿Disculpa? Yo soy la maestra de Aang, yo diré cuando…

-¡Lo estás conteniendo! –Xiao Zhi exhaló humo-. Te contentas.

-¿Crees que soy perezosa?

-Katara no es perezosa –la defendió Aang-. ¡Ella trabaja muy duro!

-Trabaja muy duro ocupándose de ti y de los demás, pero no entrenándote –señaló Xiao Zhi-. Es una maestra agua desperdiciando su don haciendo tareas domésticas. No hay duda de porque no pensó darle un buen uso a su sangre-control el Día del Sol Negro. Se preocupaba más de si tenías un agujero en tus medias.

-Estoy justo aquí, sabes –exclamó Katara, las manos temblándole de furia-. Si tienes un problema con mi control, solo dilo.

Xiao Zhi parpadeó, como una lagartija.

-Está bien. Creo que tu agua control es simple y poco creativo. Estoy empezando a preguntarme si son verdad las historias que he oído.

-¿Qué has oído?

La pipa de Xiao Zhi brilló naranja.

-Que eras la mejor.

Katara se ruborizó.

-Bueno, yo nunca dije eso…

-Ella es la mejor –corrigió Aang, apretando los puños.

-¿De veras? –Contestó Xiao Zhi-. ¿Es por eso que fallaste debajo de Ba Sing Se? ¿Por tu maestra de agua control?

Aang se sonrojó.

-Yo…

-Aguarde un segundo –se entrometió Zuko, enderezándose-. El Avatar no falló. Yo le fallé. Azula lo hirió y es mi culpa. Aang no hizo nada mal –miró a Katara furtiva y rápidamente-. Y tampoco ella -añadió.

Xiao Zhi arqueó una ceja plata y fina.

-¿Así que tú también has escuchado las historias?

-Yo no escuché las historias. Yo soy la historia –señaló el abismo-. He estado de un lado de este mundo y del otro. He enfrentado maestros de ambos Polos. Sé de lo que estoy hablando –Cuando Xiao Zhi no dijo nada, apuntó a Katara-. ¡Pelea como un demonio! ¡No la has visto! No tienes ni idea..

-Muéstrenme –interrumpió Xiao Zhi.

-¿Disculpa?

-La hemos visto entrenar con el Avatar. Veamos algo nuevo.

-No es nada nuevo –replicó Katara-. ni siquiera ha pasado tanto tiempo.

-Unas pocas semanas –admitió Zuko-. Soy bueno, ahora. No estoy tratando de…

-Entonces no debería molestarte practicar con ella –insistió Xiao Zhi-. Debería de ser un ejercicio académico, nada más. No es como si estuvieses peleando por tu honor, ¿o sí?

Zuko apretó los labios con firmeza.

-Bien –se volvió a Katara y le habló entre dientes-. ¿Me concederías el honor de tener un duelo conmigo, por favor?

-Oh, el placer es todo mío –respondió ella, poniendo los ojos en blanco. Asumieron las posiciones para comenzar.

-Eh, quizás quieran retroceder un poco –aconsejó Aang-. Esto puede ponerse turbio.

-Ciertamente espero eso –confesó Xiao Zhi. Palmeó sus manos-. ¡Empiecen!

Katara no desperdició ni un segundo. Ató una gruesa soga de agua a los tobillos de Zuko. Él saltó hacia arriba y hacia delante, con una voltereta por el suelo y lanzando fuego desde una posición de embestida. Ella levantó un escudo de hielo, luego lo lanzó como una docena de lanzas; él cubrió sus manos con fuego y las bateó como telarañas, avanzando. Ella deslizó un pie y lo hizo resbalar en el hielo recién formado; sus piernas hicieron una tijera en el aire y crearon un aro de fuego --tuvo que saltar a tiempo para evitarlo y entonces el estaba justo a su retaguardia, sus puños llameando evitando sus orejas por poco. Se agitaba uno alrededor del otro --ella intentaba agarrar sus puños con agua y falló dos veces --hasta que hizo un guantelete de hielo y lo golpeó justo en la boca. Él se tambaleó hacia atrás, más aturdido que herido, sosteniéndose la mandíbula. Se miraron fijamente el uno al otro, jadeando.

-En la cara no –le dijo, y empezó a correr tras ella.

Katara sonrió. Hizo escaleras de hielo para él y él empezó a subir por ellas trotando, sin resbalar ni una pulgada, derritiéndolos con un pie que dejaba un sendero de fuego. Ella tomó uno de sus pies con una manga de agua y agarró su mano con la otra, haciéndolo saltar en un pie de la misma manera que su hermana lo había hecho cuando él hubo intentado ese truco. Luego él sonrió con altanería y se arrojó al suelo, empezando a rodar sobre si mismo entre sogas de agua, arrastrándola hasta sus rodillas. Quedó quieto justo debajo de ella.

-Estás todo atado –remarcó, ajustando el nudo-. Que mal que no haya un árbol cerca.

-Agáchate.

-¿Qué?

El fuego estalló desde su boca y ella lo esquivó justo a tiempo, cuando recién salía de entre sus labios. Renunció a su agarre y el agua los empapó a ambos mientras caía sobre Zuko, cubriéndose la cara. Sintió los músculos de su torso relajarse cuando terminó su aliento, y levantó la cabeza de un respingo. Su cabello estaba húmedo, así como su bata y por consiguiente su estómago.

-Genial. Ahora estoy empapada –se sentó y se retorció el cabello.

-Buena exhibición –reconoció Xiao Zhi, sonriendo con la pipa en su boca-. Ahora si pudieran hacerlo así todo el tiempo.

Zuko se levantó sobre sus codos y miró a Xiao Zhi.

-Fue mejor la última vez –secó sus ropas con vapor-. Estábamos más… enojados.

Hakoda miró fijamente a Katara con la boca abierta. Su mano envolvió el brazo del otro hombre.

-Acabo de recordar que olvidé algo que quería preguntarle al General Iroh.

-Oh, cielos –exclamó Iroh-. Temía que dijeras eso.

-¿De qué está hablando? –intervino Aang.

-Ni idea –respondió Zuko, viendo a los hombres alejarse.

Xiao Zhi sonrió con suficiencia.

Arriba y a ellos, chicos. Se está desperdiciando la luz.

Nota: Simplemente quiero agradecer a todos los que dejaron review. ¡Son lo más chicos!

Algunos lectores quizás se pregunten si la maestra tormenta Xiao Zhi es la misma mujer que la que se encuentra en la Venganza de Ozai. Lucen exactamente igual, y son personajes con una sabiduría similar. Sin embargo, hay una diferencia significativa entre las dos, y la descubrirían el próximo capítulo.

-.-.-.-.-.

N/T: Hola! Una semana justa?. Bueno, jejej. Gracias por el apoyo y la paciencia, de verdad. Muchas, muchas, muchas gracias por sus reviews. Son muy adorables, chicas :)

Gracias: :) (La Verdad Que Nose Que Poner xD); Rashel Shiru; Aiko1504 (Ya lo estaba leyendo, pero que alguien lo recomendara, me dieron más ganas :P Gracias por lo de buena traductora, sos lo más, un beso divina y que andes bárbaro :D); petalos-de-rosa; Mizuhi-Chan; Donthurt. ; kuchiki mabel; Lolipop91. Son lo más, de verdad!