Gracias especialmente a -boNii- y a todos aquellos que me agregaron a favoritos o alertas.
Nada es mío.
A Magu, como todas y cada una de mis palabras. Y a Seba, porque, caprichosa, le quiero dedicar algo que nunca va a leer -o quizás sí- y ni siquiera tengo derecho.
Momentos
La sabiduría consiste en saber cuando evitar la perfección.
Rosalie está furiosa. Odia particularmente con mucho odio ese juego de Alice y Edward, ése de las miradas discretas. Lo odia casi tanto como los envidia a ellos cuando lo practican, porque ella siempre es la última en darse cuenta, la última en enterarse. Y no es justo.
Emmett va tras ella, como es natural -casi tan natural como pensar que mañana lloverá, y también pasado-, porque nunca entendió muy bien eso de "dejarla tranquila". Y a pesar de que conoce perfectamente a su esposa, quizás todavía no termine de comprender el peligro que corre estando ella en ese estado. Vamos, se le llama "corto de entendederas".
– ¿Rose? –pregunta, vacilante.
Ella se aparece frente a él y lo fulmina con la mirada.
–No es justo. –refunfuña como niña pequeña. Y él no puede evitar sonreír.
Está perdido, porque ella lo ha visto y, ni lenta ni perezosa, ya le ha puesto los puntos. Léase como que le propinó el mejor derechazo de la historia, que él se propuso evitar, en pos de comenzar a bailar -como lo definiría Bella- con ella y acabar ambos tumbados en la cama. Él debajo de ella, que está de espaldas, con la respiración de su marido chocando contra la piel tersa de su cuello y las manos sujetas por encima de su cabeza.
–Te gané. –canturrea Emmett, y ella se remueve, olvidando su enfado y sumergiéndose en su juego.
Emmett nunca sabrá cuándo alejarse de la perfección. No es lo que se dice cauto. Pero la perfección tampoco espera que se aleje, de hecho, no quiere que lo haga.
La perfección lo salvó una vez. Ahora, Emmett se acuesta con ella.
...
¡El botoncito del Go quiere socializar! Deja un review y una de estas noches Edward te cantará para que duermas xD
Ojalá.
