Sally sale al anden, donde cientos de personas luchan por entrar en el estrecho lugar, ella se encoge, jamás le han gustado las multitudes, aquello a provocado que por un momento logre olvidar a Theo.

-¡Los de primer año por aquí!

Ruge una voz potente, su corazón se encoge del susto. Levanta un poco la cabeza, solo para identificar rapidamente al dueño de aquella voz. Un hombre, tal vez el más grande que hubiera visto en su vida, sujeta un farol con una mano y con la otra indica que lo sigan.

Se apresura a seguirlo, mientras otros chicos de su misma edad pasaban delante de ella y hacían lo mismo, siguen un sendero estrecho y oscuro; apenas iluminado por la débil luz que provenía del farol y resbaladizo, como si la noche anterior hubiera presentado una leve lluvia.

Pronto se da cuenta que el lodo no ha sido provocado por alguna lluvia, es un lago, donde en su orilla unos botes estan barados. Sally se sube a uno casi sin darse cuenta, esta sola en el, mientras en los otros hay cuatro niños en cada uno. A ella no le molesta, aunque si la hace pensar si algo esta mal.

Años después se daria cuenta de que al entrar en contacto con la magia, todas las personas cambiaban, pero ella comenzo a cambiar rápidamente.

Los botes comienzan a moverse, sin instrumento alguno que los oriente, Sally sospecha que se trata de magia, se aferra a los bordes, por el ridiculo temor de caerse, le molestan las superficies que no sean solidas, por lo cual estar en un bote o las alturas le resultan una barbaridad.

Se olvida de ello cuando vislumbra un enorme castillo, repleto de torres y torrecitas, con ventanas iluminadas; Sally no lo sabe aún, solo tiene el presentimiento de que todo a su alrededor se altera, por un instante sus ojos azules centellean un violeta brillante. Si tan solo supiera que en ese instante todo comenzaba.

Han llegado al castillo, la chica un poco hipnotizada solo observa a su alrededor, sorprendiendose de cada cosa maravillosa, por más insignificante que ésta sea, con la abrumadora sensacion de ya haber visto todo aquello.

Reconocía cada pasillo, algunos de los retratos en las paredes, por que a pesar de que los que no le resultaban conocidos se veian antiguos, a ella le parecian nuevos.

Todo empeoro cuando entraron al Gran Salon, ella estaba segura que podria saber el hechizo que emplearon para que el techo luciera como el cielo de afuera, su cabeza comenzo a palpitar fuertemente, no se sentia bien.

-Patil, Parvati.- Escucho apenas el nombre de una chica cuya gemela ya había sido seleccionada en Ravenclaw.

¡Gryffindor!

Sally sabia que su nombre no tardaria en aparecer, y asi efectivamente sucedió.

-Perks, Sally- Anne.

Ella sube al taburete, extrañamente no estaba nerviosa, al menos por fuera, pero momentáneamente ella no controlaba sus movimientos, el sombrero que han utilizado para seleccionar le cubre la mitad del rostro, siente pánico, pues de todo, el sombrero es lo que mas recuerda.

-No te asustes.- le susurra al oído, extrañamente ella se tranquiliza al instante.- Hace demasiado tiempo que no leía la mente de algún descendiente de esta fundadora, Bienvenida, Hija de Rowena.

¡Ravenclaw!

Se apresura a quitarse el sombrero y sale corriendo hacia la segunda mesa de la izquierda no demasiado segura de poder seguir manteniendose en pie, nadie aplaude, como si hubiera dejado de existir o como si nadie notara que ella habia sido seleccionada.

Se sienta, con la sangre de su rostro totalmente drenada, palida y con un sudor frio cubriendole el cuerpo, como si hubiera contraído rapidamente la gripe. No se da cuenta de los susurros a su alrededor, de como la selección culmina o los platos repletos de comida que aparecen de la nada, ella sale rapidamente del Gran Salón dirigiendose a los baños, no existe necesidad alguna de que pregunte su ubicación, Sally sabe donde se encuentran.

Hace un par de meses, cuando su cumpleaños numero once se acercaba y una carta llego por correo, jamás se hubiera imaginado todo lo que cambiaria en tan poco tiempo, de que su pequeño mundo se vería alterado, las lágrimas arden en sus ojos, pero no se permite derramarlas, no ha llorado cuando han pasado cosas peores, menos lo va a hacer ahora.

Su nariz sangra, es de lo unico que es conciente. ¿Cómo es posible que recuerde algo que jamás en su vida había visto?

Permanece acostada en el suelo, pensando, mientras su mente se aferra a seguir recuperando momentos de una vida que no le pertenecía.

Una parte de su cerebro se aferra a la inconsciencia, a descansar lo más que se pueda, pero su cuerpo quiere despertar, ignora el tiempo que ha dormido, para su mente parece insuficiente. Faltarían años de descanso para volver a sentirse joven, ella aun no lo sabía plenamente, aunque si tenia una ligera sospecha, algo que no le pertenece a entrado en su cabeza, años y años de recuerdos y pensamientos ajenos acumulados en la infantil mente de una niña de once años.

Mientras mas recupera el control, más se da cuenta del abrupto cambio a su alrededor, hace unas horas Sally solo veía lo que ocurría a su alrededor, ahora sin embargo había adquirido una capacidad que pocos tienen, la de observar, todo en su espacio parece haber sido ampliado unas diez veces más, puede observar con detalle la mayoría de las cosas.

Al ser un cambio tan rápido, se siente abrumada y confundida por su nueva realidad, teme abrir los ojos nuevamente y cuando su mente parece olvidarse de las imágenes y pensar que todo es su imaginación, con curiosidad vuelve a abrir los ojos, solo para decepcionarse y asustarse aun mas.

Abraza sus piernas con sus manos y pone la cabeza entre sus rodillas, intentando no desesperarse, no gritar y salir huyendo de un lugar al que por sangre pertenecía.

-¿Estas bien?.- pregunta la voz de un chico.

Sally aun no procesa muy bien lo que acaba de oír, no piensa por que un estudiante ha entrado en los sanitarios de las chicas. Acaba de descubrir que los sonidos parecen amplificados por aquellos aparatos muggles que usa tanto su padre, pone sus manos en sus oídos, intentando absurdamente que algún ruido se filtre entre sus manos.

Ella no responde, parece inmersa en su mundo donde todo se ha visto alterado, solo es capaz de darse cuenta como es obligada a beberse un liquido de una copa, una poción tal vez. Se tranquiliza inmediatamente, ya no abraza a si misma, pierde un poco de fuerza donde se aferraba con su manos donde ha dejado marca y en algunas partes rasguños hechos por ella misma.

La castaña levanta un poco la cabeza, frente a ella un chico unos cuantos años mayor que no iba vestido con los uniformes del colegio es el responsable de su estabilización. Solo es capaz de sonreír en manera de agradecimiento antes de que su mente recurre a la oscuridad.

Sally lo conoce de alguna manera, momentáneamente es el único en Hogwarts que sabe que ella esta ahí, su guardián.