Gracias por sus comentarios~ me esforzaré en actualizar este fic de forma más constante "

PD. Este fic se publicará exactamente igual como lo tengo en wattpad.

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Aquella casi interminable tarde había logrado mellar sus fuerzas, por lo que se vio en la necesidad de aplazar su curiosidad para otro día. Estaba exhausto, y no dudó en manifestarlo al llegar a casa. Nada más entrar por su ventana, se dejó caer sobre su cuerpo físico, que descansaba sobre su cama; al volver a éste se quejó enseguida, las protestas de sus agarrotados músculos haciéndole gruñir.

Intentando que sus quejidos no resultaran muy audibles, se cambió de ropa y regresó a la cama, donde durmió una profunda siesta que perduró hasta el día siguiente.

Aquella mañana despertó de mala gana, aun sintiéndose cansado a pesar de haber dormido toda la noche. Mientras caminaba hacia el instituto, iba frotándose el hombro derecho con la mano, haciendo muecas. Estaba de mal humor por seguir tan cansado, pero se animó un poco a sí mismo al pensar que, terminando las clases, podría ir a aquella cafetería.

El día se pasó algo más lento de lo normal, seguramente por las ansias que tenía por salir de ahí. Cuando fue la hora, intentó salir sin ser visto o detenido por alguien más. Por el momento quería mantener aquel descubrimiento para sí mismo.

De regreso a casa, al principio tomó su camino habitual, aunque en cierto punto sus pasos se desviaron y lo llevaron de nuevo a aquella calle, la cual esta vez recorrió sin detenerse.

Se dirigió automáticamente a la cafetería, deteniéndose frente al cristal y con ello ganándose un par de miradas curiosas. Intentó ignorar la mayoría de ellas y permaneció mirando su reflejo. Quería comprobar si el fenómeno del día anterior persistía, por lo que cambió de mano su maleta, esperando que el movimiento se viera alterado, lo cual no sucedió. Hizo un par de pequeños movimientos con las manos, buscando que hubiera algún cambio, pero no ocurrió nada. Su reflejo había perdido su "voluntad".

Tras un par de intentos más, se rindió, soltando un profundo suspiro. No entendía por qué ese día no había funcionado, igualmente, no se rendiría hasta obtener una respuesta mayor.

Como una disculpa por la pequeña escena frente a la tienda, entró y compró una rebanada de pastel de chocolate, aunque por un momento prefirió no haberlo hecho, ya que las miradas inmediatamente se posaron sobre él. Podía escuchar algunos murmullos, y a pesar de que su instinto le dictaba ignorarlos, no pudo evitar escuchar un par de ellos, los cuales le calificaban de una persona rara, e incluso sospechosa. Bufó de forma casi imperceptible. No sería la primera ni la última vez que escucharía comentarios de ese tipo.

En cuanto le entregaron su pedido, pagó el importe y se marchó de ahí, dedicándole una pequeña mirada a su reflejo que, esta vez, iba en la misma dirección que él.

Mientras regresaba a casa, sus pensamientos fueron embargados por varias preguntas. Un torbellino de ellas, en realidad. Casi podía imaginarse el potencial fenómeno arrasando con su mente, con sus peligrosos vórtices acabando con la calma que intentaba poner al pensar en ese asunto. Y sin darse mayor cuenta, mientras caminaba, abrió la bolsa de papel en la que le habían entregado el pastel, y comenzó a dar pequeños pellizcos al pan, llevándose después esas diminutas porciones a la boca.

De alguna forma, luego de un rato -no sabría especificar cuánto tiempo fue-, se encontró en la calle donde estaba ubicada su casa. Ni siquiera lo había notado, por lo que siguió de largo, y sólo se dio cuenta de lo que hacía, una vez que llegó al final de la calle.

Volvió sobre sus pasos, un tanto confundido, y cuando llegó a la puerta de su casa y la abrió, notó que se había quedado sin pastel. Murmuró algo ininteligible, un tanto molesto por haber acabado con el postre sin disfrutarlo realmente.

Una vez dentro, se dirigió hacia las escaleras, con intención de subir a su habitación, pero una voz lo detuvo en el proceso. Su hermana asomó la cabeza por la cocina, avisando que la cena estaría lista en un momento. El pelinaranja tuvo que excusarse de ello, alegando que no tenía hambre, y sin darle oportunidad a su hermana de refutar, desapareció por las escaleras, cerrando la puerta de su habitación apenas entró en ella.

Maldijo en voz baja, abrumado entre sus aún inestables pensamientos. Arrojó sus cosas sobre la cama, dejándose caer a un lado de éstas. Permaneció quieto de esa forma antes de volver su mirada hacia la cómoda a un lado de la cama, un par de objetos reposaban encima, un par de libretas, plumas y... Su insignia de shinigami. Gruñó en voz baja, incorporándose para tomarla.

—Juraría que la guardé esta mañana… —murmuró, como una reprimenda para sí mismo. Volvió a recostarse, mirando fijamente la insignia, su ceño frunciéndose un poco al hacerlo—. Si no la hubiera llevado… —automáticamente guardó silencio, dejando la frase colgando al darse cuenta de algo. Presionando la placa contra su pecho, proyectó su alma fuera de su cuerpo y abrió la ventana, encaramándose al borde antes de saltar fuera.

Comenzó su travesía sobre los tejados de las casas circundantes, saltando justo sobre los bordes, dándose el impulso suficiente para llegar a la siguiente construcción. En cuanto identificó los edificios pertenecientes a los comercios, dio un salto para llegar al suelo y recorrió el tramo restante para llegar a aquel lugar, que comenzaba a resultarle habitual.

Se plantó delante del cristal, con los brazos en jarra sobre sus caderas, mirando fijamente su reflejo. Sus ojos parecían refulgir ansiedad, buscaban que algún cambio se sucediera en cualquier momento, y querían estar listos para captarlo. Observó minuciosamente al pelinaranja del otro lado, sus ojos encontrándose en cada punto a donde se movían.

"Muévete", parecía ordenarle aquello con el sólo movimiento de sus ojos. No sólo se fijaba en su cuerpo, lo hacía también con las ondas que se producían en la tela de su shihakusho, en el vaivén de sus mechones de cabello. ¿Estaría exagerando con su observación? Sentía que estaba analizándose a sí mismo… Y debía admitir que eso parecía.

Tras una ronda de intensas miradas, ceños fruncidos, y un par de gruñidos, sus ojos se quedaron clavados sobre los otros.

—Idiota —murmuró, frustrado, alejándose un par de pasos y cruzando los brazos sobre su pecho. Fue entonces que la expresión contraria se deformó en una de verdadera molestia.

—Lo dirás por ti —reclamó el otro pelinaranja, acentuando su propio ceño fruncido y cruzándose igualmente de brazos.

Pasaron los segundos y los dos pelinaranjas no apartaron la mirada de su contrario. El equilibrio en las reacciones de ambos se había restaurado, pero tan pronto sus mentes procesaron lo que había sucedido instantes atrás, se sobresaltaron, de una forma muy parecida eso sí.

Ichigo, que tanto había buscado una situación como aquella, ahora no encontraba qué hacer. ¿Estaría bien seguir discutiendo sobre eso, cambiar de tema tal vez? Las preguntas comenzaban a arremolinarse nuevamente en su mente, haciéndole más difícil su concentración.

Sus labios temblaron, en ademán de moverse al hablar, pero de ellos no brotó palabra alguna, simplemente el ligero movimiento se desvaneció, y con ello, cualquier intento por dirigirse al otro. No tenía idea de cómo comenzar…

Un sonido vibró en el aire, el cual reconoció enseguida. El atronador aullido de un hollow llegó a sus oídos, por lo que giró sobre sus talones, en busca del origen de éste, pero tan pronto como notó que no provenía de sus alrededores, se volvió hacia el cristal, donde su contrario estaba guardando su insignia entre sus holgadas ropas. Éste le dirigió una mirada cargada de intensidad, desapareciendo tan sólo un instante después.

"A buena hora aparece un hollow", refunfuñó mentalmente, colando sus manos entre los huecos de su hakama para retornar hacia su casa. Si el otro no estaba, no tenía motivo para seguir ahí.