Nota de la Autora: Hay un montón de explicación sobre como funcionará la broma en éste capítulo, espero que no te aburras con ello.

Nota de la Traductora: A mi en especial me encanta el detalle de la autora de describir la broma de los merodeadores tan jodidamente bien, todo encaja de una forma espectacular. Y sí, segundo capítulo ¡Yey! Beteado nuevamente por KristySR, *le tira flores en agradecimiento porque ya no sabe como decir gracias*. ¡No digo más, a leer!


Disclaimer: No me pertenece nada que reconozcas. Todo le pertenece a J.K Rowling.


Segundo Capítulo


Remus retiró varios libros prometedores de los estantes de la Sección Prohibida y los tiró ruidosamente a la mesa.

—Haz un poco más de ruido, ¿quieres? —siseó James—. No nos escabullimos aquí a mitad de la noche sólo para despertar al resto de la escuela haciendo tanto ruido.

—Déjalo en paz, Cornamenta —le dijo Sirius—. No tenías porqué venir con nosotros.

—Si no estuviera aquí no se haría ningún tipo de investigación —señaló James—. Estarían uno encima del otro, llevando a cabo su estúpida lista.

—¡Muy cierto! —exclamó Sirius—. Así que, ¿qué te parece si te largas nuevamente a la cama y nos dejas seguir con lo nuestro?

James rodó los ojos y dio vuelta a la página del libro que estaba leyendo.

—Te prometo que también avanzaremos un poco el trabajo —ofreció Remus, una vez que estuvo claro que James no iba a regresar al dormitorio.

—O... —empezó Sirius— siempre podrías quedarte a ver —movió sus cejas mientras acercaba más su silla a Remus y lo besaba en el cuello.

—Creo que iré a ver cómo va Colagusano manteniendo a la Sra. Norris fuera del camino —decidió de repente James, saltando de su silla.

—Por fin solos —susurró Sirius—. Ahora si podemos besuquearnos de verdad.

—Uhmm —respondió Remus distraídamente—. Creo que este libro es el que tiene las respuestas que queremos.

La mano de Sirius recorrió el muslo de Remus mientras continuaba dando caricias a su cuello.

—¿Quieres saber qué es lo que quiero?

Remus alzó la mirada del libro, oportunamente distraído, y se volvió hacia Sirius.

—¿Quieres saber qué es lo que yo quiero? —susurró en respuesta, tomando la mano de Sirius y llevándola más arriba de su pierna.

Sirius gimió cuando Remus giró y se subió a su regazo.

—¿Cuánto crees que demore Cornamenta en regresar? —preguntó Sirius sin aliento. Estaba bastante impresionado de haber podido formar una oración coherente con Remus frotándose encima de él.

Remus rió fuertemente.

—No regresará en absoluto, sabe exactamente qué es lo que estamos haciendo.

—¿Exactamente?

—Ya ha visto esto en vívidos detalles —le recordó Remus.

—¿Habrá visto esto? —replicó Sirius con una sonrisa.

Remus estaba a punto de preguntar "¿qué? ", cuando Sirius lo empujó hacia arriba y lo puso sobre la mesa, para luego subirse encima de él y mirarle con avidez.

—Tal vez no así —admitió Remus.

Sirius inclinó su cabeza hacia abajo para besarlo, y los brazos de Remus se envolvieron alrededor de su espalda, acercándolo más.

—Vamos a arrugar esos libros —bromeó.

—Que se jodan los libros —respondió Remus.

Sirius soltó una risita.

—Prefiero joderte a ti —dijo con un guiño insinuador.

La risa de Remus fue detenida por los labios de Sirius en los suyos y suspiró mientras se besaban, lento, largo y con dulzura.

Sirius se echó hacia atrás y miró a Remus con una mirada ligeramente aturdida en sus ojos.

—Creo que nunca podría cansarme de esto.

Remus retiró el cabello de Sirius de sus ojos y sonrió.

—Yo tampoco.

-o-xXx-o-

—Entonces, ¿la magia que ocasiona que los nuevos retratos aparezcan viene del primer retrato que apareció? —preguntó Peter.

—Correcto —dijo Remus—, pero los hechizos que fueron usados están o perdidos o en alguno de los libros que no podemos traducir.

—Supongo que esto significa que no habrá retratos de los merodeadores —dijo James con un suspiro de decepción—. Estaba algo ansioso de explorar algunas pinturas que hay en la escuela.

Remus sabía que debía mantenerse callado, sabía que si decía algo sólo los llevaría a problemas, pero no pudo resistir revelar el resto de información que había descubierto en una lejana esquina de la sección prohibida. No era como si Sirius no lo soltaría de todos modos.

—En realidad... —empezó.

—¡Mi novio es un genio! —exclamó Sirius—. Espera a que te lo cuente, ¡es increíble!

James le dio una mirada que normalmente uno le daría a un cachorro muy entusiasmado en marcar los muebles.

—Adelante, Lunático... ¿qué has descubierto?

—Los retratos en la oficina del director no están mágicamente protegidos —dijo Remus—. Al parecer el resto de ellos lo está por los hechizos perdidos de algunos alumnos que no saben lo que hacen. Pero los de la oficina de Dumbledore pueden ser hechizados porque nadie pensaría que a alguien se le ocurriera lanzar hechizos incompetentes en la oficina del director.

—No veo porque esto nos sería de ayuda —replicó James después de pensarlo un rato.

—Está bien —empezó Remus nuevamente—. Míralo de esta manera: No podemos hacer lo que el primer director hizo porque el hechizo está perdido, pero lo que sí podemos hacer es hechizar su retrato para que piense que somos directores de la escuela. Entonces, el hechizo que causa que los retratos de directores aparezcan hará lo mismo con nosotros.

—¿Quieres decir que tenemos que engañar al retrato para que nos haga uno de ellos cuando muramos? —preguntó Peter—. ¿No sería más fácil mandar a hacer nuestros retratos y luego donarlos a la escuela?

—Los retratos mágicos son horriblemente caros —señaló Remus—. Valdría la pena si nos garantizaran que a nuestras pinturas se les permitiría permanecer en la escuela, pero no es muy probable que eso suceda.

—Pero, ¿qué detiene a la escuela deshacerse de nuestros retratos? —preguntó James—. Podrían simplemente moverlos de la pared o destruirlos.

—No sino los encuentran.

—¿Qué quieres decir?

—Según el libro que encontré, aunque los retratos aparezcan inmediatamente después de la muerte, algunos directores pudieron adelantar preparaciones del fondo de la pintura como el amoblado, y decorado como quisieron. En esos casos el mago o bruja aparecía en ese retrato hecho. Una vez que estaban ahí, y siempre y cuando el retrato permaneciera en Hogwarts, podían recorrer todas las pinturas de la escuela.

—Y cualquier otro retrato —añadió Sirius.

—Todo lo que tenemos que hacer es asegurarnos de tener nuestros fondos listos antes de irnos de la escuela y luego asegurarnos de que estén escondidos en el castillo.

—Muy bien escondidos en el castillo —corrigió Sirius—. No queremos que encuentren una forma de deshacerse de nosotros.

—Déjame ver si entiendo —interrumpió James—. Tenemos que encontrar al primer retrato que apareció y engañarlo de que somos directores de la escuela.

—Un potente encantamiento Confundus debería ser suficiente —especuló Remus.

—¿Se puede confundir a un retrato? —preguntó Peter—. No es como si fuera una persona real.

—Por supuesto que se puede —replicó Sirius—. La parte difícil será pintar el fondo de las pinturas que queremos tener como nuestro hogar.

—Teniendo en cuenta que somos bastante malos en cualquier cosa artística, yo digo que los mandemos a hacer profesionalmente —sugirió James—. Conozco a un tipo que los podría hacer a un precio bastante cómodo.

—No voy a pasar mis años en un sitio de imitación barata de mala muerte —murmuró Sirius—. Quiero un bonito dormitorio de lujo en mi retrato. No pasaré la eternidad sentado en alguna silla de respaldo alto sin cojines.

—Una eternidad suena como muchísimo tiempo —comentó Peter—. No estoy seguro de querer estar atascado en una pintura para siempre.

—Yo tampoco —admitió Remus.

—Estás olvidando algo —dijo Sirius sonriéndole a Remus—. Estaremos juntos, ¿crees que eso haría soportable la eternidad?

Remus sonrió y negó con la cabeza.

—Por supuesto que lo haría.

—¿Cómo conseguiremos estas pinturas en la escuela? —preguntó Peter—. No quiero estar atascado en una alguna algo pequeña.

—Creo que podríamos conseguir que la Sala de Menesteres nos las dé —sugirió Remus—. Sólo tenemos que imaginarnos lo que queremos y el cuarto debería dárnoslo. También podríamos encontrar alguna forma de que nos provea de un escondite para evitar que las muevan.

—¿Se puede lograr que el cuarto dé algo mágico? —preguntó James.

—Las pinturas no serán mágicas hasta que aparezcamos en ellas —señaló Remus—. Hasta entonces sólo serán cuadros comunes.

—¿Qué quieres que haya en tu retrato? —preguntó Peter a Remus curiosamente.

—Una biblioteca —respondió Remus inmediatamente.

—Aburrido —murmuró James rodando los ojos.

—Pero útil —señaló Remus—. Hay muchas cosas que podrían salir mal con esta broma, quiero que al menos tengamos un lugar para investigar aquello cuando estemos en los retratos.

—De todos modos, estará viviendo en mi retrato la gran parte del tiempo —añadió Sirius—. Solamente se le permitirá ir a la biblioteca cuando lo deje salir de la cama.

Remus soltó una risita.

—¿Qué hay de ustedes? ¿Tienen alguna idea?

—Me gustaría tener una posada —decidió Peter después de pensarlo un par de minutos—. Con suficiente comida en la mesa, como aquel del quinto piso, aunque con sillas más cómodas y mejor iluminación. Tal vez un pub más moderno en vez de esos ya pasados de moda que hay aquí.

—Gran idea —le animó Sirius con entusiasmo—. Tu cuadro será el nuevo centro social de Hogwarts. ¿Qué hay de ti, Cornamenta?

—Tal vez un campo de Quidditch, así podríamos conseguir que algunos de esos jugadores famosos que están en los cuadros jueguen uno contra otro.

Remus sonrió de lado ligeramente.

—Y tú también estarías en alguno de ellos, ¿verdad?

—Claramente —respondió James sonriendo.

Remus aún tenía algunas reservas sobre la broma, pero no podía resistirse al contagioso entusiasmo de sus amigos.

-o-xXx-o-

—¿Cómo vamos a evitar que los otros retratos le digan a Dumbledore que es lo que hicimos? —preguntó Sirius. Estaba de rodillas, fuera de la oficina de Dumbledore, forzando minuciosamente la cerradura con una navaja.

—Tendremos que confundirlos a todos —le explicó Remus—. Haremos uno en el retrato más antiguo y luego uno más potente en todos cuando hayamos acabado.

—Apresúrate, Canuto —se quejó James.

—Si crees que puedes hacer esto más rápido, inténtalo —murmuró Sirius.

—¿Por qué no usamos un hechizo? —sugirió Peter.

—Porque ya intenté eso y no funcionó. Sabes cómo es Dumbledore con la seguridad, usa muchísima, incluyendo cerraduras muggles.

Otro minuto pasó. James empezó a dar golpecitos impacientes con su pie, e incluso Remus empezó a pensar que estaban perdiendo su tiempo.

Finalmente, Sirius dejó escapar un pequeño grito de triunfo y la puerta se abrió.

—Ya era hora —James se quejó.

—Acabemos con esto —dijo Peter, siguiendo a James dentro de la oficina.

Remus sonrió a Sirius, quien se veía bastante decepcionado ante la falta de elogios por su esfuerzo.

—Buen trabajo, Canuto —dijo dándole un beso rápido en su mejilla al pasar.

Sirius, algo apaciguado, fue el último en entrar a la sala.

—Entonces, ¿Cuál es el retrato más antiguo?

—El director no se encuentra en este momento —anunció una anciana bruja desde la pared de la derecha.

—Por ello es que estamos ahora aquí —respondió James con una sonrisa.

La bruja lo miró con sospecha y varios de los otros retratos lo miraron de reojo.

—Intrusos —dijo un mago—. El director Dumbledore se enterará de esto.

—Sí, sí —dijo Sirius arrastrando las palabras antes de volverse a Remus—. ¿Cuál crees que sea?

Remus se encogió de hombros y empezó a caminar alrededor de la oficina, viendo los nombres y fechas que estaban grabados en varios de los retratos.

—Este no tiene fecha —comentó Peter desde el otro lado de la oficina donde estaba buscando.

—Este tampoco —contestó Remus. Se volvió hacia Sirius, quien estaba jugando con una de las raras baratijas que adornaban el escritorio de Dumbledore—. Un poco de ayuda sería bien recibida —comentó.

—Estoy pensando —respondió Sirius distraídamente.

—Intenta buscar —soltó James trepando a una de las estanterías para ver más de cerca uno de los retratos que estaban más arriba—. ¡Oye, éste es uno de tus familiares!

—¿Mi tatarabuelo Phineas? —preguntó Sirius.

—¿Hay algún otro Black que haya sido director de Hogwarts?

—No.

—Entonces, sorpresa, sorpresa, supongo que debe ser éste.

—Jovencito impertinente —se mofó Phineas—. Quita tus manos de mi marco en este instante.

—Encantador como siempre —comentó Sirius—. Hay un retrato de él en casa también. Miserable imbécil senil.

Phineas se volvió para mirar a Sirius y una expresión de reconocimiento cruzó su rostro.

—Sirius, ¿no es así? —preguntó—. El Gryffindor.

Sirius observó la forma en la que su antepasado dijo la palabra Gryffindor, como si fuera la peor clase de insulto imaginable.

—La mayor decepción en años a la honorable casa de los Black —continuó Phineas—. Sólo se pueden tener esperanzas de que el veneno termine contigo y no se pase a tus hijos.

Sirius se acercó al retrato y le sonrió.

—Oh, terminará conmigo. No tendré hijos después de todo; nosotros, los gays, encontramos complicado tener bebés, ya sabes.

Phineas lo miró con desprecio.

—Insolente —explotó—. Vete de ésta oficina de una vez, no tienes nada que hacer aquí.

—Estamos buscando al retrato del director más antiguo —le explicó James—. Tan pronto como tengamos una rápida charla con él seguiremos nuestro camino.

Phineas observó a James.

—Estoy bastante seguro de que no tengo deseos de hablar contigo.

—Tomará simplemente un minuto, sólo díganos cuál de ellos es.

—No haré nada para ayudarles con su nefasto plan.

James se volvió a mirar a Remus.

—¿Crees que nos dirá cuál es si lo confundo?

Remus negó con la cabeza.

—No podemos fiarnos de que nos muestre el correcto estando confundido.

Phineas le dirigió a Remus otra mirada de desprecio.

—Asqueroso mestizo.

Varios de los retratos jadearon ante el insulto, pero fue la protesta de Sirius la que más ruido hizo:

—¡No le hables de ese modo a Remus! —gritó.

—Es "él", ¿verdad? —se mofó Phineas.

—¡Muy correcto! —respondió Sirius—. Ahora, ¿nos dirás cuál es el retrato que necesitamos, o tendremos que torturarte para que nos lo digas?

—¿Torturarme? —rió Phineas fuertemente—. Soy una pintura jóvenes tontos. ¿Qué podrían hacerme?

Sirius sonrió.

—James, ve espera afuera de la oficina con Peter.

—¿Por qué? —preguntó James.

—¿No lo harías? —preguntó Peter, acercándose a la puerta.

—¿Qué no haría? —James, quién no fue tan rápido en captar lo que dijo Sirius, preguntó, sin haberse movido de donde se había trepado en la estantería.

—Por tu propia cordura, será mejor que hagas lo que digo —sugirió Sirius.

—¿Qué vas hacer? —insistió James, aunque bajó al suelo.

—La oficina de Dumbledore —dijo Sirius con una amplia sonrisa—. Al menos que quieras estar más traumado de lo que ya estás…

James no repitió la pregunta de Peter. Sabía muy bien que Sirius haría lo que había amenazado, y eso fue suficiente para lograr que se dirigiera a la puerta con rapidez.

—Entonces, Remus —dijo Sirius de manera coloquial—. ¿Dónde crees que será mejor? ¿En el escritorio o tal vez en aquellos cojines que están al lado de la ventana?

—Realmente no tenemos tiempo para esto —señaló Remus—. Tenemos que encontrar el retrato correcto y salir de aquí lo más rápido posible.

—El muy querido anciano Phineas Black nos dirá cuál es el que queremos —respondió Sirius—. O de lo contrario…

—O de lo contrario, ¿qué? —preguntó Phineas—. No hay nada que puedan hacer que me haga decirles lo que quieren saber

—¿Quieres apostar? —preguntó Sirius, empezando a mover las cosas fuera del escritorio y sentándose al filo.

—Mostrar falta de respeto a las pertenencias del director no me convencerá de ayudarlos —declaró Phineas.

Sirius movió su túnica a un lado y cogió la cremallera de sus pantalones.

—Remus, ¿te gustaría tachar otro lugar de nuestra lista?

—Éste no está en la lista —contestó Remus.

—Está en mi lista —declaró Sirius, bajándose la cremallera.

Muchos de las brujas y magos alrededor del cuarto se quedaron sin aliento ante su atrevimiento, pero Remus simplemente rodó sus ojos.

Sirius metió una mano a sus pantalones, mientras que con la otra le hacía señas a Remus.

—¿Te he dicho alguna vez que eres un completo exhibicionista? —preguntó Remus, acercándose a la mesa.

Sirius sonrió y se volvió hacia Phineas.

—¿Nos dirás lo que necesitamos? —preguntó—. ¿O quieres ver lo bueno que es mi novio dando mamadas?

Phineas miró a Sirius, luego a Remus y viceversa varias veces antes de hablar nuevamente.

—No lo hará —dijo finalmente—. Quizá tú seas lo suficiente vulgar y depravado para hacer ese tipo de exhibición aquí, pero él no. El pequeño mestizo repugnante no es así.

—Pequeño mestizo repugnante —murmuró Remus por lo bajo—. Uno creería que se volvería más creativo con sus insultos después de todos estos años.

—¿Remus? —susurró Sirius de tal manera que sólo Remus pudiera escucharlo—. Sabes que no tienes que hacer esto, no si no quieres.

Remus se volvió hacia Sirius con un brillo depredador en sus ojos.

—Oh, sí quiero —dijo mientras empujaba a Sirius hacia la mesa y le daba a Phineas Black el espectáculo de su vida.

Varios de los retratos en la habitación parecieron quedarse sin habla por el shock, aunque algunos de ellos estuvieron riéndose. En particular, una anciana bruja soltó un silbido y les vitoreó.

Sin embargo, ni uno de los retratos estaba tan horrorizado como Phineas Black, quien estaba guiándolos al retrato más antiguo antes siquiera de que Sirius se hubiera recuperado lo suficiente para subirse los pantalones.

—Pueden entrar ahora —llamó Remus a través de la puerta a James y Peter.

—Eso no tomó mucho tiempo —comentó James con una sonrisa de lado a Sirius, quien pudo o no puedo avergonzarse por el comentario. Era difícil de decir, ya que su rostro aún estaba sonrojado por su orgasmo.

—¿Cuál de ellos es? —preguntó Peter, recordándoles porque estaban allí.

Los cuatro muchachos pronto rodearon al retrato más antiguo. Estaba borroso y sucio, y parecía que el mago que lo habitaba había conseguido seguir durmiendo a pesar de los eventos que habían sucedido recientemente.

—No debe ser tan difícil engañarlo —comentó James, dándole golpecitos a la pintura con su varita.

Remus asintió y sacó sus notas de su túnica.

—¿Estamos seguros de que queremos hacer esto? —preguntó.

—¡Merodeadores para siempre! —declaró Peter. Los demás asintieron y Remus se volvió hacia el retrato para lanzar el hechizo.

Una vez que los hechizos fueron hechos, los cuatro muchachos se escabulleron fuera de la oficina y regresaron a la Torre de Gryffindor.

—¿Cómo sabemos si funcionó? —preguntó James.

—No hay manera de saberlo —contestó Remus—. Sólo lo sabremos después de que muramos.

Peter miró alrededor del grupo.

—Y bueno, ¿alguno se ofrece voluntario para verificarlo?


NdT: ¿Cómo no forzaron a Peter ser voluntario? Rata mugrosa :'(