¡Gracias! De verdad me alegra que la historia les parezca interesante. Puede ser que este capítulo no diga mucho, pero igual es importante para definir algunos aspectos futuros. Me esforzaré para seguir avanzando con este proyecto y juro que no lo dejaré inconcluso. Saludos =)


Summary:Tras la muerte de su padre, Hinata Hyuga debe decidir entre tomar el mando de la Corporación Hyuga o vender la empresa. Sasuke Uchiha -su rival- tiene una interesante propuesta para ella. Sin embargo, ésta puede poner en peligro algo más que las finanzas.


El Arte de la Ventaja

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Capítulo II. Mentiras Piadosas


-¿Hinata?-

Detuve mi andar en seco. Sakura Haruno me miraba con sus ojos verdes algo temerosos. Le brindé la mejor de mis sonrisas y seguí caminando hacia la oficina que había pertenecido a mi padre en vida. Al abrir la puerta, el aroma a canela inundó mis sentidos y mis ojos se llenaron de lágrimas. Abrí las cortinas y pude observar con tranquilidad la hermosa vista que me ofrecía estar en el quinto piso de aquel edificio.

-Ha pasado una semana ya.- murmuré, tomando entre mis dedos una fotografía de nosotros tres: Neji, mi padre y yo.

La puerta se abrió y una cabellera rosada captó mi atención.

-¿Puedo ofrecerte un café?- preguntó con una pequeña sonrisa en su rostro.

-Te lo agradecería mucho, Sakura.- ambas sonreímos y la vi desaparecer tras la gran puerta de caoba.

Sería un día tortuosamente largo.

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Tomé un largo trago de mi segunda taza de café del día y miré la habitación en su totalidad. Todo seguía igual que siempre. El diseño de aquella elegante oficina había sido una de mis regalos a Hiashi cuando aún estaba en la universidad. Su sonrisa aquella tarde había sido la primera muestra de aprecio que me brindaba en toda mi vida.

"Ya piensas como ejecutiva", había comentado, riendo. Y es que aquel lugar contaba con todo lo necesario para causar una buena impresión a los interesados en nuestra Compañía. Era un lugar espacioso, cómodo y agradable. Incluso había conseguido que un famoso artista recreara el escudo familiar en diferentes materiales. Esa era la parte favorita de mi padre: el escudo de los Hyuga. "Sin duda alguna, eres hija mía", y tras aquellas palabras me había abrazado.

-¡Hinata!-

Pegué un pequeño brinco en mi silla de cuero negro y un poco del café se derramó sobre mi blusa de seda.

-Maldición, Neji.- gemí. –Me has dado un susto de muerte.-

Tomé algunas servilletas que estaban cerca y traté de secar lo mejor posible mi ropa. Gemí de nuevo, la mancha no saldría nunca.

-Era mi blusa favorita…-

-Olvida la estúpida blusa.- cortó mi primo, molesto. Fruncí el ceño ante su tono. –Tenemos problemas mayores.-

-¿Cómo cuáles?- cuestioné, sorprendida. -¿Ha ocurrido algo en Londres?- él negó y yo suspiré.

La Corporación Hyuga contaba con dos grandes sedes: una en Tokyo, a cargo de mi familia; y otra en Londres, a cargo de la familia de Neji. Los Uchiha habían imitado nuestro modo de trabajar años atrás, contando con dos sedes también; aunque ellos habían optado por colocar la segunda en Nueva York.

-Se trata de la sede aquí, en Tokyo.- sonrió forzadamente y yo le miré recelosa.

-Te refieres a los socios, ¿no?- el asintió. –Ese tal Danzo está tratando de asustarme, Neji.- susurré. –Y lo está consiguiendo.- acepté, humillada. –No estoy dispuesta a perder la empresa de papá. No podría soportar la culpa.- miré suplicantemente sus ojos tan parecidos a los míos.

-Y no lo harás.- murmuró, colocando una mano en mi hombro. –Sé que puedes manejar esto. Sólo debes familiarizarte con el movimiento empresarial.- la pequeña sonrisa en su rostro me dio seguridad suficiente para levantar la mirada de nuevo. –Debo volver a Londres en unas horas.- miró su reloj y suspiró. –Dejo todo en tus manos, Hinata.- asentí.

Cuando salió de la oficina, la propuesta de Sasuke Uchiha no me pareció tan descabellada. ¿Qué dirían los demás socios si supieran lo que nuestro competidor me había ofrecido? Negué con la cabeza y me concentré en el montón de papeles que debía consultar ese día. Mi primer día trabajando para Empresas Hyuga.

El teléfono comenzó a sonar de manera insistente. Escuché la nerviosa voz de Sakura responder y después me comunicó con aquel hombre al que no conocía. Cuando se cortó la comunicación, pensé que todo había llegado a su fin.

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-Señorita Hyuga.- me saludó aquel hombre mayor, acomodando sus gafas lentamente. –Soy Homura Mitokado, uno de los consejeros de su padre y accionista de la empresa.- asentí y estreché su mano.

-Encantada de conocerle, Sr. Mitokado.- hablé por fin. –Hagamos nuestro mejor esfuerzo.- sonreí dulcemente, notando la mirada extraña que me dirigía.

-No estará considerando tomar el control, ¿verdad?- enarqué una ceja, interrogante. –No creo que sea una buena idea, señorita.-

Los socios fueron llegando al transcurrir los minutos. No entendía la razón, pero todos eran hombres. Eso me hizo sentir insegura. Después de todo, ninguno aceptaría que una mujer tomase el control de una enorme corporación como aquella. De los señores presentes, sabía que dos se negaban a aceptarme, pero, ¿y los otros seis?

No había esperanza alguna.

-Considero impertinente vender la empresa.- comenté, revisando las diferentes ofertas que nos habían hecho. –Vender significa pérdidas tanto para ustedes como para mí.- sentencié, mirando fijamente a Danzo. Su sonrisa me sacaba de quicio.

-¿No lo hace por cuestiones personales, señorita Hyuga?- los ojos negros de Ibiki Morino se clavaron en mi rostro.

-Después de todo, esta empresa pertenecía a su padre.- le apoyó Dan Katou.

-Estoy de acuerdo con la señorita Hyuga en esto.- habló Sarutobi Hiruzen, uno de los hombres más importantes en la sala.

-Perderíamos mucho dinero al vender la compañía.- señaló Hashirama Senju. Abrí mis ojos incrédula.

-Las ofertas son excelentes.- interrumpió Danzo. –Conservarla no garantiza una mayor retribución, caballeros.

-Venderla tampoco.- lo retó Tobirama Senju, el hermano menor de Hashirama.

-Señores, por favor.- pedí. –Debemos ser objetivos.- todos me miraron, serios. –Acepto que me causaría un gran pesar vender la empresa que con tanto esfuerzo mi padre sacó adelante.- cuatro rostros se iluminaron ante aquellas palabras. –Pero si realmente considerara esa acción lo mejor para todos nosotros, créanme que lo haría sin dudar.-

-En ese caso.- habló de nuevo Danzo. –Sometamos a votación este asunto.- todos asintieron. –Debo suponer que los Sres. Senju y el Sr. Hiruzen, al igual que la Srita. Hyuga, votan en contra.- los cuatro asentimos, ante mi rostro sorprendido.

-Y el resto votamos a favor.- terminó el Sr. Morino, sonriendo victorioso. Fruncí el ceño.

Definitivamente todo estaba perdido. Éramos nueve personas y sólo cuatro nos habíamos negado. Suspiré resignada.

-En ningún momento brindé mi apoyo a ninguna de las dos partes.- todos nos giramos a observar al Sr. Jiraya Namikaze, el abuelo de Naruto, algo contrariados.

-En ese caso, háznosla saber.- lo cortó Danzo. El nombrado suspiró y luego me miró.

-Aunque dejar la empresa en manos de la Srita. Hyuga me parece algo inapropiado…- bajé la mirada, avergonzada. –No considero vender la empresa como una de las opciones.- lo miré de nuevo, incrédula. –Tengo entendido que nuestra socia está capacitada para realizar el trabajo, aunque nunca ha tomado parte activa en la compañía.-

Sonreí.

-¿Capacitada, dices?- intervino Dan. –Lamento informarle que la Srita. Hyuga desconoce totalmente el área de las Finanzas.- la mitad de los hombres presentes ahogaron una risa burlesca.

-Hace años se nos informó que la Heredera Hyuga estudiaba Diseño Gráfico en Nueva York.- comentó Homura, tocando sus gafas de nuevo.

Me mordí la lengua para no decir algo. Odiaba cuando hablaban de mí como si no estuviera presente.

-Lamento dejarlo en vergüenza, Sr. Mitokado.- habló Tobirama, su hermano mayor le dio un pequeño golpe bajo la mesa. –Pero la Srita. Hyuga, aquí presente…- sonreí ante sus palabras. –Estudió Comercio Internacional.- Danzo abrió la boca ligeramente.

-Aunque también posee conocimientos en las áreas de Diseño Gráfico y Multimedia. Así como en Publicidad y Mercadotecnia.- continuó Hashirama, apoyando a su hermano.

-Y actualmente se encuentra estudiando Dirección de Negocios, ¿no es así, Srita. Hyuga?- la sonrisa del Sr. Hiruzen me reconfortó.

-Muy interesante.- murmuró Danzo. –Aunque aún hay un inconveniente.-

-Sería tan amable de decirnos cuál es, Sr. Shimura.- le miré directamente a los ojos. La situación le divertía demasiado.

-La Srita. Hyuga aún está estudiando, caballeros.- sonrió. –Además, estoy seguro que ninguno de nosotros se siente cómodo con ella.-

-Podría ser más específico, por favor.- pedí, fingiendo comprender su punto.

-La compañía no puede ser dirigida por una mujer.- sentenció Ibiki, poniéndose de pie. –Y no lo tome como una falta de respeto, Srita. Hyuga.- pidió amablemente. –Pero es una tradición de la Corporación Hyuga que un hombre esté al frente.-

-Estoy al tanto de ello.- respondí sinceramente. –Y debo señalar que muchas de las acciones efectuadas en el último año, han sido propuestas mías.- los ocho hombres me miraron incrédulos. –Mi padre admiraba mucho mi buen juicio.- sonreí arrogante, mirándolos divertida. –No tengo un hermano que tome mi lugar y mi primo Neji no puede dejar a su suerte la sede en Londres…-

-En ese caso, ¿por qué no reconsiderar las ofertas?- preguntó Dan, sonriendo. –Quizás no debamos vender la empresa, pero podríamos formar una alianza con otra empresa.-

Los ocho reconsideraron lo dicho por varios minutos. Definitivamente, algo iba a salir mal

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Habían pasado dos horas y aún no podíamos llegar a un acuerdo. Las personas que antes me habían apoyado ahora estaban considerando la idea de Dan. Yo me mantuve en silencio todo ese tiempo que dedicaron a señalar los pros y contras. Treinta minutos después, la puerta se abrió y una elegante mujer de cabellos negros y ojos rojizos apareció.

-Kurenai.- murmuré.

Kurenai Yuuhi había sido mi tutora antes de la secundaria. Ahora trabajaba como representante legal de nuestra empresa. Me sonrió cordialmente, pero en sus ojos pude notar cierta preocupación. En ese momento reparé en los papeles que acababa de colocar ante mí, al tiempo que se paraba a mi lado y me decía que debía leerlos en voz alta.

Me quedé en shock ante el contenido de estos. A pesar de ello, no dejé que se notara mi desconcierto.

-Parece que ustedes han ganado, señores.- hablé decididamente. –Como han escuchado, no puedo tomar el mando de las Empresas Hyuga en su totalidad hasta que haya contraído matrimonio.- me parecía una condición ridícula, pero era voluntad de mi padre que así fuera. No había nada que hacer.

-Entonces, ¿con cuál empresa formaremos una alianza comercial?- preguntó Sarutobi, sonriéndome. -¿Inuzuka, Nara, Aburame?- todos comenzaron a hablar sobre ello.

Nuevamente se enfrascaron en una larga charla sobre las fortalezas y debilidades de las diversas empresas.

-La alianza se formará con las Empresas Uchiha.- anuncié, ganándome una mirada desconcertada de todos los presentes. –La Corporación Uchiha es nuestra mayor rival en estos momentos.- hablé, poniéndome de pie y comenzando a caminar alrededor de los socios. –Tienen gran reconocimiento, buenos fondos, grandes proyectos…- proseguí. -¿Debilidades?- cuestioné, mirando a Danzo a los ojos. –Ninguna.- los murmullos comenzaron de nuevo. –Los beneficios son muchos.-

-Y si algo sale mal, ellos se hunden con nosotros.- la sonrisa en el rostro de Ibiki me dio a entender que le gustaba la idea. -¿Cómo conseguirás que Uchiha Sasuke acepte esto?- preguntó, divertido.

-En realidad, Sasuke y yo lo discutimos antes de la muerte de mi padre.- sabía que usar su nombre de pila había captado la atención de los socios. –Cerraré el trato con la Corporación Uchiha el lunes por la mañana.- anuncié. La mayoría asintió.

-Si no lo recuerda, Srita. Hyuga.- interrumpió Homura. –No puede asumir el control de la empresa antes de casarse.- lo vi sonreír levemente. –Y, por lo que sabemos, usted no está saliendo actualmente con nadie.- mi sonrisa desapareció y alcé una ceja.

No quería admitirlo, pero era cierto. Sin embargo, aún tenía una salida.

-Me caso dentro de seis meses.- mentí. –Pensaba anunciar mi compromiso hace un par de semanas, pero la salud de mi padre me lo impidió.-

-Y…- comenzó Danzo, queriendo atraparme. -¿Quién es el afortunado?-

-Sasuke Uchiha.- respondí sin vacilar.

El silencio se instaló en la habitación. La tensión era palpable en el ambiente. Todos los ojos se fijaron en mí y sonreí, victoriosa.

Después de todo, un par de pequeñas e inofensivas mentiras no le hacían daño a nadie.

Ahora mi mayor problema, sin duda alguna, sería convencer a Sasuke Uchiha…


Continuará...