Disclaimer: Los personajes pertenecen a Sorachi Hideaki.
Advertencias: Lenguaje y mención de contenido explícito.
Serendipia
"La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes". - John Lennon
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Capítulo 2: Impostora
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Kagura nunca había sido una mujer refinada, y eso no pasó desapercibido para el policía que la miraba con cierta fascinación servir el sake con torpeza en una copa.
Se preguntaba cómo era que una cortesana, que debía ser preparada para entretener, dotada con talentos y conocimientos para hacer la compañía amena, no sabía ni siquiera como servir una bebida de forma correcta.
Tampoco era muy habladora, y aunque lo agradecía, le parecían desagradables sus movimientos toscos y bruscos.
Era consciente de que la mayoría de mujeres en el distrito rojo habían sido vendidas desde muy niñas, obligadas a llevar ese estilo de vida a causa de una familia pobre, o una muy egoísta.
Pero esa mujer de singular cabello anaranjado, no parecía pertenecer a ese mundo, ni siquiera un poco. Parecía ajena, en el lugar equivocado.
Recibió la copa y dio un sorbo calmado, dedicándose a saborear el licor con tremura. Aquello era lo único que le tenía interesado.
Eso, y los nervios que emanaban de la mujer.
Ladeó una sonrisa, era más que consciente de los rumores que de él corrían.
—Cálmate —murmuró—. No voy a acostarme contigo.
El rostro de Kagura pasó de estar tenso a sorprendido en cuestión de instantes.
—Pero... yo creí qu-
Okita mostró la palma de su mano, interrumpiéndola.
—Cállate mujer, no estás muy acostumbrada a mantener la boca cerrada, ¿verdad?
Kagura arrugó las cejas, indignada por la forma en la que él le había hablado. ¿Acaso no sabía quién era ella?
No, por supuesto que no.
—Vamos, no me mires así —replicó Sougo ladeando su cabeza—. No pagué la habitación y la prostituta más cara para que me mires de esa forma.
Kagura paseó su vista por el cuarto, lujoso, amplio, perfectamente ornamentado. El olor a incienso penetraba sus fosas nasales. Pero ni eso lograba calmarla.
—¡No hubieses pagado entonces!
—De todas formas —interrumpió el hombre, cepillando la larga coleta de su cabello castaño—. Ya sabía que tú eres una impostora.
Los colores del rostro de Kagura desaparecieron. Su piel estaba pálida, sus ojos cerúleos expandidos y sus labios entreabiertos, secos.
—¿De qué hablas?
Okita apoyó sus palmas en el suelo, y dejó todo el peso de su cuerpo en ellas. Estiró las piernas que estaban cruzadas y ladeó su cabeza, notando la expresión de pánico en la mujer.
—Tú sabes de qué hablo.
Kagura apretó los labios y descargó la botella del licor en el suelo.
—Entonces, ¿por qué accediste a pagar por mi esa enorme cantidad de monedas?
Sougo soltó una fuerte carcajada, tomó la copa y terminó de beber lo que quedaba en ella.
—No pagué ni la tercera parte de lo que pidió Kaede —la pelinaranja ahogó un gemido, asustada.
No comprendía el por qué la Oiran había accedido a venderla por un precio inferior al que deseaba.
—Desvístete—masculló el hombre con voz baja, sombría.
—Yo pensé que no ibas a…
—No piensas mal—interrumpió—, pero no me iré sin recibir algo.
La mujer bufó al ver como él extendía su copa, esperando que ella sirviese más sake. Y así lo hizo.
—No te preocupes, preciosa —le murmuró con tono irónico, acarició su barbilla como si de un gato se tratase—. Sólo las sumisas son de mi gusto, así que no pagaré por ti de nuevo.
—¿Puedes pagar por una mujer lo que la vieja Kaede pidió por mi inicialmente?
Okita asintió, y dio un sorbo al licor.
—Mucho más incluso, por una que lo valga—respondió, arrebatando la botella de las manos temblorosas de Kagura—. Por supuesto que por ti no pagaría una sola moneda más.
—¿Aún si yo... no fuera virgen?
Sougo abrió los ojos por unos instantes, sin embargo, pronto sus párpados cubrieron la mitad de sus orbes y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
—¿Me estás diciendo que no eres una doncella? —cuestionó con un fingida indignación, Kagura negó efusiva, desesperada; ocasionando la risa del capitán—. Sé que no lo eres, puedo verlo en tus ojos —acarició la mejilla femenina.
Kagura apretó los labios. Percatándose de que aquello era a lo que se refería cuando la llamó impostora, equivocada, antes había creído la razón incorrecta.
—Supongo que Kaede lo hace para obtener más dinero del que debería, la pregunta es por qué quiere sacar tanto dinero de una mujer como tú —añadió en tono pensativo, sirvió el sake y se lo ofreció—. Existen mucho más bellas, agraciadas, refinadas que tú, ¿acaso tienes una deuda con ella? ¿O ella contigo?
La mujer tembló, y el oficial del shinsengumi le ordenó que bebiera, lo hizo con desconfianza.
—Eso no te importa a ti—escupió con desdén—. Muy bien, ¿qué quieres que haga? Acabemos con esto rápido.
—Lo que te pedí y no has sido capaz de hacer—la observó con intensidad—. Quítate las prendas.
Kagura se deshizo del obi, deslizó las mangas de su kimono. El hombre se deleitó con la pálida piel descubierta, blanca como una porcelana, sin imperfección visible. Relamió sus labios, bien no era la más bella, pero se acercaba muchísimo, su rostro teñido de rojo y su boca entreabierta. Sougo ya estaba delirando con aquella vista.
Sin embargo, ella se había deshecho de las prendas superiores con rapidez, cómo si no tuviese ganas de seducirlo. Pero, eso a él le había encendido, nunca se había sentido atraído por una mujer bruta y sin delicadeza, una que podía asegurar no poseía un sólo cabello sumiso.
Sougo sonrió, abrió el haori que vestía y desató el hakama.
—Ven acá—murmuró con voz ronca, tuvo que pasar saliva y humedecer sus labios, Kagura obedeció y se aproximó hasta quedar en medio de las piernas extendidas del hombre—. Sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?
La mujer dudó, mordió sus labios. Era extraño, había escuchado múltiples historias de las cortesanas y todas describían exactamente lo mismo.
Hombres que les quitaban las prendas y las penetraban hasta acabar.
Nada más, nada menos.
Okita se deshizo del hakama y le enseñó su erección. La mujer desvió la mirada, incapaz de mirarlo fijamente. Él la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo. Sus ojos carmín brillaban, y ese color tan antinatural no hizo más que incrementar el temor de Kagura.
—Usa tu boca—masculló, empujando la cabeza femenina hasta su entrepierna—. Ten cuidado con los dientes.
El tono que usó estremeció a Kagura, y pronto las lágrimas comenzaron a brotar. Se sentía terriblemente humillada, ofendida.
Aquello era atroz, nunca había escuchado de algo como eso, pese a que lo que hacía cada día era oír las historias de las mujeres con las que vivía, las experiencias que tenían, las cosas que las obligaban a hacer, pero nunca nada como eso.
—¿Estás loco? —murmuró—. ¿Cómo pretendes que haga algo como eso? ¡Eres un enfermo!
Sougo agarró el cabello bermellón, impaciente.
—Yo pagué por ti, harás lo que te pida—sentenció, empujándola hasta que ella lo tuviera en la boca—. La linda Akiko no se quejó, sin embargo no lo hizo bien... Espero que tú lo hagas mejor.
Kagura pronto sintió el reflejo faríngeo, era mucho más grande que su boca. También era consciente de que con frecuencia, sufría de náuseas.
Sougo no tardó en halar con rudeza el extenso y lacio cabello bermellón desde la raíz, para obligarla a moverse. No obstante, la mujer no hacía absolutamente nada, estaba tratando de concentrarse en detener sus repulsivas ansias de trasbocar.
Su falta de entusiasmo enojó al policía, que decidido a recibir un buen trato por parte de la pelinaranja no dudó en hacer sus movimientos más rudos, bruscos. Pronto Kagura estaba ahogando sus sollozos y sus lágrimas brotaban incesantes.
Al ver ese rostro lloroso, su excitación aumentó.
Pero lo que él no sabía, era que aquellas lágrimas eran de furia, de impotencia. Kagura deseaba cortarle la garganta por la vergüenza que le estaba haciendo pasar.
—Eso es, muéstrame esos bellos ojos desesperados —murmuró apretando los labios. Aunque la mujer no lo deseaba, le proporcionaba placer desde su inexperiencia, y eso la enfureció más—. ¿Qué estás haciendo? —siseó cuando ella lo profundizó en su garganta.
Sougo no tenía un buen presentimiento de ello.
De inmediato sujetó los cabellos rojo anaranjados para separarla de su virilidad. Se quejó al sentir los afilados dientes de la mujer aferrarse a él y la empujó. Kagura vació el contenido de su estómago en el suelo y vio su plan fallido.
—Maldita perra —masculló observando su miembro herido—-. ¿Planeabas vomitarme encima?
Sougo alzó el rostro inexpresivo de la mujer desde la barbilla.
—Te haré pagar por esto.
Ella frunció el entrecejo y escupió en la cara colérica del policía. Él intensificó su agarre en el cuello, haciéndola ahogar.
—Inténtalo —murmuró ella con voz ahogada—. Yo te mataré, juro que lo haré…
Okita soltó una fuerte carcajada y la liberó. Su rostro pintado de orgullo y soberbia la hizo rabiar. Ese hombre era escoria, basura. Era mucho peor de lo que los rumores decían, la gente no tenía ni idea.
—¿Qué puede hacer una mujerzuela en contra de un oficial del gobierno?
Kagura guardó silencio, meditando sus palabras. No podía hacer nada, no por ahora. Tenía que evitar meterse en problemas hasta pagar su deuda con Kaede, no podía llamar la atención.
—Lo siento —murmuró, tragándose su amarga dignidad—. No vuelvas a buscarme, no seré la masoquista que quieres.
—No lo haré, eres una mujer repugnante —farfulló—. Y también he de advertirte, sería un escándalo si alguien se enterase de lo que sucedió aquí.
La mujer apretó los puños y los labios. ¿Aquello era chantaje?
—¿Y qué? ¿Así es como amenazas a todas? ¿Incluyendo a Akiko?
El policía negó.
—No, lo digo por ese desastre —apuntó hacia el vómito en el suelo—. Ningún hombre, ni el más desesperado pagaría por una cerda como tú.
—Bastardo —articuló, ganándose la severa mirada del hombre castaño.
Okita se levantó del suelo dándole un empujón, acomodó sus prendas y dejó la habitación sin decir una palabra.
Kagura estaba furiosa, pero sabía que debía estar aliviada por no tener que lidiar con ese hombre. Aun así, lo que más deseaba era arrancarle la cabeza de su cuerpo y borrarle esa estúpida sonrisa sádica y arrogante que no abandonaba su rostro.
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N/A: Lamento muchísimo la tardanza, espero el capítulo haya sido de su agrado. Muchísimas gracias por cada review, follow y favorito, me hacen muy feliz. No estaba segura de este capítulo y lo edité muchas veces y siguió sin convencerme, así que por favor, díganme si les gustó, y si no, qué cosa les disgustó. Nos leemos muy pronto. -corazón-.
P.D. ¿Quién creen que profanó a Kagura? xD
—Agosto 15 de 2017—
