Takeru, Hikari y todos los demás personajes no me pertenecen, son propiedad de TOEI Animation.
Regalo de cumpleaños para HikariCaelum.
A un capítulo más de llegar al final. Espero te guste!
Pánico
.XI.
Hikari Yagami tenía toda una lista de cosas que no le gustaban: la oscuridad, las abejas, las cucarachas que volaban, el café y, por último pero no por ello menos importante, que la gente se pusiera rara de repente.
Justo ahora, tenía que vérselas con dos de esas cosas: en primer lugar, la mesera del restaurante al que había llevado a Takeru a desayunar había confundido su orden y le había llevado un latte en lugar de un chocolate caliente. Puede que para cualquier otra persona no fuera la gran cosa, pero Hikari detestaba el sabor del café, sin embargo como el lugar estaba lleno a reventar, ella había preferido no importunarla pidiendo que le cambiara su bebida, así que había permanecido con el vaso de poliestireno entre sus manos, disfrutando del calor que emanaba y no de la bebida en sí. De todas formas eso no resultaba tan terrible como el hecho de que Takeru se estaba comportando de una forma extrañísima prácticamente desde que se habían visto por primera vez en la puerta del apartamento que estaba compartiendo con su madre antes de que iniciara de nuevo el periodo.
Ella había tocado el timbre, tal vez con demasiada insistencia, y se había abalanzado sobre él en cuanto abrió la puerta. Pero en lugar de abrazarla de vuelta él parecía haberse quedado congelado en su lugar. Sus brazos no la rodearon, sino que se quedaron laxos a ambos lados de su cuerpo mientras ella empezaba a hablar rápidamente, sin lograr que su lengua parara, diciéndole cosas que posiblemente él ya sabía: que lo había extrañado, que el sol del sur de Francia le había sentado muy bien y que había subido un poco de peso, posiblemente por todos esos croissants que había comido.
Cuando se separaron, Hikari notó que algo extraño le pasaba a sus ojos. No brillaban de la misma forma en que lo hacían antes. Y su rostro, especialmente el puente de la nariz y sus pómulos, se habían teñido de rojo.
Ella lo miró con preocupación:
—¿Estás enfermo? ¿Pescaste un resfriado por el cambio de clima?
Dios sabía que ella había lidiado con una cantidad increíble de resfriados, muchos de los cuales se habían complicado y la habían enviado al hospital. Una vez, cuando huían de Machinedramon, también había enfermado en el Digimundo. Aunque había logrado sobreponerse de eso mediante un descanso casi ininterrumpido durante un día entero. Aunque el susto había hecho que Taichi y Koushiro, junto con sus digimons, se embarcaran en una peligrosa búsqueda de medicamentos que la ayudaran a bajar la fiebre.
Hikari estiró la mano, apartando los mechones de cabello rubio que caían sobre la frente de Takeru, palpando la piel para ver si notaba algún cambio con respecto a su propia temperatura.
Takeru se apartó como si ella lo hubiera electrizado y ella lo miró atónita.
—¿Takeru…?
Antes de que él pudiera responder, alguien dijo:
—Buenos días, Hikari,
Ella volteó la cabeza cuando una tercera persona apareció en el recibidor. De manera automática sus manos se juntaron y ella inclinó la cabeza:
—Señora Takaishi. Buenos días.
La madre de Takeru le sonrió con calidez mientras Takeru se apartaba para darle espacio. Se parecía muchísimo a su hijo. El cabello rubio, con algunos mechones encanecidos que lejos de hacerla verse mal, le daban un aire de lo más distinguido. Los mismos ojos azules de Takeru y de Yamato. Sin duda era una mujer hermosa.
—¿Saldrán a desayunar? —preguntó Natsuko sonriendo, haciendo que pequeñas arrugas salieran alrededor de sus ojos, dándole un aire encantador.
Hikari asintió, viendo a Takeru de reojo para determinar si sus planes seguían en pie. Él permaneció en silencio, a un lado de la puerta.
—Supongo que tienen mucho que contarse el uno al otro— continuó Natsuko sin notar la incomodidad de ambos.
—Sí— dijo Takeru hablando por fin y esbozando una sonrisa—. Mucho que contarnos. Nos veremos luego, mamá— dijo él besando a su madre en la mejilla y saliendo al pasillo.
Hikari parpadeó, sintiéndose confundida, pero se despidió de Natsuko y lo siguió.
.XII.
El comportamiento de Takeru había llevado a Hikari a pensar en otra cosa que no le gustaba: la gente que actuaba raro de repente.
Hikari había tenido que lidiar, a lo largo de su vida, con algunas personas que hacían eso. Iori, por ejemplo, era muy dado a perderse en sus pensamientos, los cuales solían ser bastante moralistas, y a veces, cuando censuraba a alguno de sus amigos, simplemente cambiaba drásticamente su forma de comportarse sin dar mayores explicaciones. Pero ese era Iori y ella estaba más o menos acostumbrada a cosas así. Pero Takeru era diferente o al menos eso le gustaba pensar. Se conocían desde que eran niños y siempre se habían llevado bien.
Ella no afirmaría que tenían caracteres iguales, porque a Takeru a veces le ganaba su mal carácter, como cuando se peleó con Ken dentro del a Fortaleza del Emperador Digimon. Ella en cambio tenía un carácter mucho más suave. Fuera de los momentos en que entraba en pánico, como aquellos días en que las criaturas que habitaban el Mar de la Oscuridad la habían estado acosando para convertirla en su diosa; ella solía tener un humor bastante constante, casi siempre alegre y tranquilo, como un lago en calma. Takeru era más parecido al océano, hermoso, sí, pero también algo impredecible y, de vez en cuando, inclusive peligroso.
Todo eso estaba bien. Solían complementarse el uno al otro. Hikari le daba paz cuando Takeru la necesitaba y él le inyectaba vitalidad con su forma de ser. En general ambos se llevaban bien y, más aún, se entendían. Por eso había sido tan fácil reconectar con él cuando se mudó a la misma ciudad que ella cuando ambos tenían once años. Había sido como si en lugar de tres años, hubieran pasado tres días. Seguía siendo el mismo Takeru que ella recordaba, solo que algo crecido.
Pero este Takeru que tenía en frente la desconcertaba.
Hasta ahora, lo único que había hecho había sido soplar con aire distraído su café, viendo a todas partes menos a ella.
Hikari se aclaró la garganta.
—¿Tuviste un buen vuelo?
Takeru no pareció oírla.
—¿T.K.? —ella estiró la mano por encima de la mesa y tocó la suya.
Takeru reaccionó con tanta sorpresa que derribó la jarrita con leche que habían dejado sobre la mesa, empapándose la manga del abrigo y quemándose la mano con el líquido caliente.
Takeru masculló algo en francés, con el ceño fruncido, mientras agitaba la mano herida para después acunarla contra su pecho.
Fue demasiado para Hikari que, luego de asegurarse de que la quemadura no era nada serio, se echó a reír.
Su reacción hizo que Takeru se relajara visiblemente. Primero con sorpresa al verla reír mientras él sufría, pues no era para nada el comportamiento habitual de Hikari. Luego, como si alguien activara algún mecanismo en su cabeza, con alegría, empezando a reír también.
La Tierra volvió a girar en la dirección correcta y ambos pudieron volver a hablar como los viejos amigos que eran.
.XIII.
Hikari se dejó caer sobre su cama, metiendo las manos bajo la almohada mientras agitaba los pies en el aire.
Por primera vez en meses, sentía como si pudiera volver a respirar.
Su teléfono sonó, un simple tono que anunciaba que había entrado un nuevo mensaje. Sonrió al ver que se trataba de Takeru.
Takeru: gracias.
Hikari: ¿por qué?
Takeru: por no mandarme a volar esta mañana. Creo que no supe manejar bien mis emociones.
Hikari: yo también estaba emocionada.
Takeru: pero tú no actuaste como una idiota.
Hikari: te sorprendería mi capacidad para soportar a los idiotas. Tengo un hermano mayor y mi mejor amigo es un chico. ¿Sabes?
Takeru no respondió de inmediato y Hikari empezó a impacientarse. Lo normal cuando ella enviaba una pulla era que él respondiera del mismo modo, pero su teléfono permaneció en un obstinado mutismo. Al final, dejó el aparato sobre la cama y fue a cepillarse los dientes. Al volver, Takeru aún no había respondido a pesar de que el doble check de color azul indicaba que había visto sus mensajes. Ella tomó el teléfono entre sus manos, viendo la pantalla con el ceño fruncido y empezó a teclear:
Hikari: por increíble que parezca, tu facilidad de palabra era más asombrosa cuando estabas en otro continente.
Takeru: lo siento. Jet lag.
¿Jet lag? ¿Esa era la mejor explicación que podía dar? Hikari empezaba a sentirse algo molesta.
Hikari: vale. Mensaje recibido. Adiós.
Nada de "dulces sueños" o "buenas noches". Esperaba que a Takeru le quedara claro que estaba cabreada por su comportamiento.
Colocó el teléfono sobre la mesita de noche y lo puso en silencio. Decidida a no volver a hablarle hasta que se disculpara por estarse comportando como un capullo.
.XIV.
La disculpa llegó al día siguiente bajo la forma de una película en DVD — francesa, de la que Hikari nunca había oído hablar— y un paquete de palomitas de microondas del sabor favorito de Hikari: caramelo.
Era toda una declaración de intenciones, pues a Takeru no le gustaban las palomitas de caramelo.
Aun así, Hikari no lo dejó simplemente estar.
—¿Me quieres contar qué es lo que sucede?
Takeru negó, con una débil sonrisa en los labios y luego se encogió de hombros:
—Supongo que me está costando adaptarme de nuevo.
Hikari no se lo tragó.
—Cuando quieras hablar, sabes que puedes contar conmigo ¿verdad?
Takeru asintió.
—Estoy bien— le prometió—. Llevo algunos días dándole vuelta a una idea que me trae algo disperso. Es todo— digo encogiéndose de hombros.
Hikari hizo una mueca, pero se apartó de la puerta, indicándole con el brazo que podía entrar. Takeru soltó un suspiro aliviado.
No había nadie en casa. Taichi se había mudado hacía ya bastante, su padre estaba trabajando y su madre estaba en su nuevo club de lectura. La casa, pequeña como casi todos los apartamentos en esa zona, de repente parecía muy grande.
Hikari recordó que a su madre no le gustaba que ella se encerrara con Takeru en su habitación y a pesar de que ella descartaba con risas las preocupaciones de su madre, ella siempre respondía con un categórico "es un chico y los chicos solo quieren una cosa…" y luego miraba a su hija con las cejas enarcadas, como queriendo dar a entender sin palabras el resto de la oración.
Hikari tenía problemas para entender las preocupaciones de su madre en ese sentido, tampoco era como si Takeru estuviera interesado en meterse mano con ella en su cama.
La idea la hizo sonrojarse mientras metía el paquete de palomitas en el microondas,
—¿No crees que sería buena idea quitarle el plástico primero?
Ella enrojeció aún más al darse cuenta de que no le había retirado el empaque de papel celofán.
—Es una nueva moda japonesa— bromeó ella mientras volvía a abrir el microondas y retiraba el envoltorio—. Tú no estás enterado de nada porque te la pasaste con la cabeza metida en tus libros o tal vez en una de tus libretas en medio de una villa francesa.
—No era una villa— replica él— era un apartamento diminuto y estás poniendo el paquete al revés— agrega estirando la mano y volteándolo, de manera que las palabras "ESTE LADO HACIA ARRIBA" quedaran visibles. Takeru volvió a cerrar el microondas y puso el tiempo.
Un brillante dos verde acompañado de dos ceros se encendió en la pequeña pantalla.
"Si quieres saber lo largo que es un minuto, pon algo en el microondas", pensó Hikari, "solo entonces notas lo lento que es el paso de los segundos"
—Ayer solo hablamos de mí— dijo Takeru despreocupadamente —. ¿Cómo has estado tú?
Hikari parpadeó lentamente y luego se encogió de hombros.
—Bien. El módulo de fotografía a contraluz fue una pesadilla. Mi compañero de equipo echó a perder la mitad de los negativos. Tuve un deficiente— dijo ella con una mueca para luego sonreir aliviada cuando el disco en el microondas dejó de girar y la luz se apagó.
—Tienes el cabello más largo —dijo Takeru capturando un mechón castaño y colocándoselo tras la oreja. Ella reprimió un ligero estremecimiento y luego una exclamación sorprendida: ¿de dónde había venido esa reacción?
—Supongo que es lo que pasa cuando transcurre mucho tiempo sin que veas a alguien —murmuró abriendo las palomitas, liberando el vapor y quemándose las puntas de los dedos en el proceso antes de lanzar el contenido a un bol.
—Eso sonó casi como un reclamo— dijo él algo burlón.
—No lo ha sido— replicó ella con brusquedad.
— ¿Por qué estás a la defensiva? —preguntó él abriendo mucho sus ojos azules.
Ella apoya las manos en la encimera y cierra los ojos.
—No lo estoy —dijo con rapidez—. No lo sé— se corrigió.
Takeru apoyó la cadera contra el mueble de la cocina y se cruza de brazos.
—En una escala del uno al diez ¿qué tan molesta estás conmigo?
—¿Por el hecho de que te fuiste durante un año o por haberte comportado como un idiota ayer?
Takeru se echó a reir con sequedad.
—Creo que eso responde a mi pregunta.
Hikari lo observó con el ceño fruncido.
—Supongo que sí— dijo sin disculparse.
—Vale. Lo pillo. Estás molesta.
—Lo estoy.
—¿Tanto como para querer que me vaya de inmediato?
Ella agitó la cabeza.
—Justo ahora estoy dividida entre el hecho de que estoy enojada y la verdad ineludible de que te extrañé mucho.
—Avísame cuando alguno de los dos sentimientos gane —dijo él—. Tal vez estás muy enojada porque me extrañaste mucho ¿no crees?
Ella no le respondió.
—Si sirve de algo, yo también te extrañé. Mucho.
Ella tomó las palomitas y se las llevó a la sala. Takeru la siguió, un tanto dubitativo. Ella se dejó caer sobre uno de los extremos del sofá:
—¿Te vas a quedar ahí toda la película? —preguntó sin mirarlo, tomando el mando a distancia y encendiendo el televisor.
Takeru se sentó con una media sonrisa, guardando prudente distancia.
Transcurrieron casi quince minutos desde el inicio de la película hasta que ella se relajó, doblando las piernas y apoyando la cabeza sobre el hombro de Takeru.
—Supongo que ganó el extrañarte —dijo con suavidad.
.XV.
Takeru pasó la mayor parte de las vacaciones antes del inicio del nuevo periodo metido en la casa de los Yagami. O bien en cualquier otro lugar en el que se encontrara Hikari.
Los días pasan en un abrir y cerrar de ojos. Hikari se encontraba en su tercer año de carrera, Enseñanza Preescolar, mientras que el año sabático de Takeru en el exterior lo ha dejado en un muy lejano segundo año de Literatura, de manera que no lograron coincidir en ningún curso de servicio, los pocos que compartían como estudiantes de diferentes carreras, pues Hikari había cursado la mayoría el año anterior.
Ambos se desanimaron un poco cuando cayeron en cuenta de ello.
Sin embargo, a la hora de almuerzo del primer día, Hikari sintió que alguien la estaba observando. Ni siquiera se sorprendió cuando, al alzar la mirada, se encuentró con los ojos azules de Takeru. Una sonrisa apareció en su rostro y, en un estallido de inspiración, decidió duplicar todas las porciones de comida, pues la cola era demasiado larga como para obligar a Takeru a hacerla.
Sacó el dinero del monedero y pagó con una sonrisa que hizo parpadear lentamente al cajero, un chico más o menos de su edad. Hikari apenas si lo notó, girándose rápidamente y empezando a caminar hacia el punto, a medio camino entre la entrada y la línea para ordenar, en donde Takeru parecía haberse congelado.
—No sabía que vendrías a almorzar aquí, te habría esperado— empezó ella. Él no pareció escucharla —. ¿Takeru? — ella equilibra la bandeja sobre un brazo y agitó la mano libre frente a sus ojos. Él parpadeó, volviendo a la realidad, y se sonrojó un poco—. ¿Hola? ¡Tierra llamando a Takeru! ¿Estás ahí, Takeru?
—Lo siento. Estaba algo distraído.
—Ya me di cuenta. ¿Te encuentras bien?
Takeru asiente, con los ojos azules brillantes.
—¡Qué bueno! — dijo ella con una sonrisa—. ¿Vas a comer?
Más le vale que coma, pues ella ha traído comida para un regimiento. Takeru observa con tristeza la cola y niega con la cabeza.
—Hummm… creo que no. Tengo una clase en — dijo mientras consultaba un reloj con un elegante aro de color plateado— veinticinco minutos. Creo que no podría conseguir comida antes de eso.
¡Perfecto!
—Menos mal que tu mejor amiga es una chica previsora ¿no crees? —respondió Hikari pasándole la bandeja, bastante pesada, para que cargara con ella hasta la mesa.
—¿Compraste eso para mí? —preguntó él sorprendido.
—¿Con quién más podría compartir mi almuerzo? —replicó Hikari entrelazando sus brazos para buscar una mesa — ¿Verdad que soy fantástica? —dijo mientras se sentaba—. Además, es tu primera semana de clases desde que regresaste. ¡Tenemos mucho de qué hablar!
Takeru abrió mucho los ojos, como si acabara de tener una gran idea, pero en lugar de contársela, sonrió un poco y empezó a balbucear cosas sobre su viaje en París.
Ella le devolvió la sonrisa de todas formas, porque la verdad es que prefería su compañía a la de cualquier otra persona, pero no pude evitar sentirse algo desanimada al saber que Takeru le ocultaba algo.
.XVI.
Con el teléfono en la mano, Hikari duda un poco antes de pulsar el botón de LLAMADA. No sabe si está bien involucrar a alguien más, pero las cosas no han mejorado mucho que digamos en las últimas semanas y ella empieza a sentirse desesperada.
Al final, recurre a la única persona que, sin ser de la familia, ha tenido experiencia manejando el carácter de un miembro de la familia Takaishi-Ishida.
El teléfono timbra dos veces antes de que Sora lo coja, a más de cuatrocientos cincuenta kilómetros de distancia, en el acogedor apartamento en Kyoto que comparte con Yamato.
—¿Hikari?
Ella sonríe ante la calidez en la voz de Sora. Un sonido vibrante llega desde el otro lado de la línea y ella imagina a Yamato deslizando los dedos por las cuerdas de su bajo.
—Hola. ¿Te estoy interrumpiendo?
—Dame un segundo— replica la pelirroja. La música se aleja y luego se amortigua, como si Sora se hubiese metido en otra habitación —. Listo ¿estás bien?
Ella se siente ligeramente avergonzada.
—Sí. No. No lo sé.
Sora se ríe.
—No recuerdo cuando fue la última vez que me llamaste. ¿Fue en julio para ponernos de acuerdo para nuestra reunión anual?
—Eso creo. Perdona, no te llamo para saludarte pero sí para pedirte favores.
Hikari la imagina sonriendo cuando le responde:
—¿En qué puedo ayudarte? ¿Estás teniendo problemas con Takeru?
Hikari suelta un jadeo sorprendido.
—¿Cómo lo has sabido?
—¿Intuición femenina? — replica ella y luego lo descarta con una risita—. En realidad lo noté algo extraño el sábado por la noche, cuando salió a comer conmigo y con Yamato. Más específicamente cuando Matt le preguntó que por qué no te había invitado.
Hikari hace un sonido angustiado con la garganta.
—¿Estuvieron en la ciudad? ¿Yo estaba invitada?
—Por el fin de semana largo— replica Sora. Y creo que en realidad fue mi culpa— se excusa ella—. El día anterior yo había estado tomándole el pelo a Takeru preguntándole que qué porque ustedes dos se tardaban tanto en convertirse en novios, después de todo solo así podríamos tener citas dobles.
A Hikari casi se le cae el teléfono.
—¿Qué?
Sora se ríe.
—Era solo una broma —se excusa—. No creo que se haya puesto raro por eso ¿o sí?
—No— responde Hikari tratando de recordar cuando fue la primera vez que Takeru se comportó de una forma extraña—. No, fue mucho antes de eso. Creo que incluso antes de que regresara, pero no estoy segura de por qué o cuando comenzó. Además parece que solo está raro conmigo ¿no?
—¿Sucedió algo mientras él estuvo en Francia?
Hikari se pasa los dedos por el pelo y se acuesta boca abajo en la cama, girando la cabeza hacia un lado para apretar el teléfono contra su oído.
—Pues nada importante. Nos escribíamos a diario e intercambiamos postales y algunos paquetes. Lo extraño es que lo sentía más cerca cuando no estaba en Japón, ahora es como si tuviéramos una pared en medio.
—Los Ishida-Takaishi son algo complicados— admite Sora—. Aunque para ser sincera siempre pensé que Yamato era mucho más complicado que Takeru.
—¿Yo soy más complicado? —a Hikari le llega la voz de Yamato, lejos del auricular y se da cuenta, demasiado tarde, de que ya no escucha el bajo.
—Es una conversación privada— dice Sora, alejando el teléfono sin cubrirlo con la mano, de manera que Hikari escucha de todo lo que dicen.
—Tengo hambre ¿quieres comer?
—Matt— dice Sora con suavidad—, estoy hablando con Hikari.
—¿Hikari Yagami?
—¿Cuántas Hikari's conoces?
—Te sorprenderías —replica él y Hikari lo imagina con una sonrisa torcida en los labios—. ¿Están hablando sobre mi hermano?
Supone que Sora ha asentido, porque Yamato responde:
—No debería darle tantas vueltas, ella le dijo que lo quería y a él le tomó por sorpresa. Es todo. Ha estado buscando la forma de decirle cómo se siente él, pero no lo consigue. El chico podrá ser muy hábil escribiendo pero a veces le cuesta trabajo expresarse.
—¡MATT! ¡Kari aún está al teléfono! —chilla Sora —¿Kari? —cuando Sora vuelve a llevarse el teléfono al oído para intentar minimizar el daño de la declaración que acaba de hacer Yamato en nombre de Takeru, no escucha nada —¿Kari?
Pero el teléfono de Hikari ha ido a parar bajo la cama, donde ella lo ha arrojado en medio de su pánico.
Segunda parte! Estoy trabajando a marchas forzadas porque la U (más específicamente mis exámenes) me dejaron con el tiempo muy justo para poder escribirte esto y ya sabes que la narrativa en tercera persona (aunado a los personajes de este fandom) me cuesta un poco más.
Espero que estés teniendo un día fantástico. Ya mañana es tu cumpleaños! La última parte te la entrego mañana.
Un abrazo, E.
Nota: la reflexión de Hikari sobre el tiempo en los microondas no es mía, es de HikariCaelum.
