Hola una vez más. Les traigo el segundo capítulo de esta historia, pequeña y amorfa.
Quiero agradecer a mi buena y querida Shiro por su comentario; sólo fue el primer capítulo, espero que conforme avance no te decepcione… Y por supuesto, aunque no hayan comentado, también a todos los que leyeron, siento sus presencias (?)
Una vez más, y de todo corazón, les pido leer. Si no, cualquier duda estaré gustosa de responderles.
Lamentablemente Yowamushi Pedal no me pertenece si no a Watanabe-sensei, amo y señor de mis desvelos…
Sin más, disfruten su lectura.
n-n-n-n
Su cabeza giraba y sentía su cuerpo ajeno, pesado, distante. Todo cuanto miraba lo percibía como si estuviera detrás de un aparador, estaba ahí pero no podía tocarlo. Escuchaba y entendía a la perfección las palabras de sus compañeros pese a que sus voces le llegaban como un eco débil. Incluso el roce de sus cuerpos le era distinto. Las manos de los otros le eran como grotescos guantes de goma rellenos de semillas. Y la ovación, el público frente a él, los percibía como rostros fantasmales que flotaban y clamaban su nombre.
Alguien a su lado (¿Imaizumi? ¿Naruko? No estaba seguro) cogió su mano y la levantó por sobre su cabeza. ¡Ah! Pero la otra también estaba ocupada, sosteniendo en alto el preciado trofeo que coronaba a su equipo como los nuevos líderes del Inter Escolar; pero que en especial, lo reafirmaba a él como el rey supremo de las carreteras. El rey supremo porque venció a todos y sobrevivió a esos tres días en el infierno... Y pensar que hasta hacía unos meses nunca había montado una bicicleta de carreras. Si así de irreal era todo lo que estaba viviendo Onoda Sakamichi.
El club de ciclismo de Sohoku era su primer club y su primer contacto con personas a las que podía llamar amigos y compañeros; las mismas personas que le enseñaron todo cuanto podían para prepararlo para eso: su primer Inter Escolar y su primera gran victoria. (¿En serio había ganado? ¿Cómo?) Sentía que incluso su sonrisa era ajena a él, aun cuando sabía que la estaba esbozando y había obtenido como respuesta la de Naruko y la de Imaizumi. Su primera gran victoria. Y el sabor del título era dulce y extraño. Sus compañeros no lo prepararon para todo eso que de pronto lo sacudía de pies a cabeza. Se dejó guiar fuera del escenario (¿quién era su lazarillo? ¿Por qué incluso el caminar le era tan impropio? Como si no fuera acción habitual de él). La algarabía del público no paraba y él seguía sin saber cómo reaccionar. Y continuó en ese estado de sonambulismo aun cuando Kanzaki lo abrazó y lo felicitó una vez estuvo de vuelta en la pequeña tienda del equipo. Los de segundo y Sugimoto hicieron otro tanto con en ese festejo antes de enfocarse en el resto, quienes no esperaban comentarios y detalles sobre el resto de los competidores, pero que accedieron a escuchar porque el buen humor no se los impedía.
Sus manos aun hormigueantes, como si delinearan la forma de las manijas de su bici, resultaban ser lo más interesante que había visto en un bue tiempo. "Estoy tan agotado", se excusó con el primer pensamiento coherente que había tenido en un buen rato. Sentía que el eco de las voces a su alrededor lo jalaban más y más al sopor. Seguro sus compañeros no se molestarían se excusaba unos minutos. "Los de Hiroshima llegaron apenas unos minutos después de…". Quiso comentar que el chico raro, ese que daba miedo, el que había competido contra el otro que le daba miedo, era muy bueno. Pero cuando terminó de pensarlo, los otros ya cambiaban de tema. "Cayó a kilómetros de la meta…su equipo se las arregló para llegar…después de lo que alardeaban, fue un lugar bastante…humillante". ¿Quién, quiénes? Él también quería opinar. Se acomodó en su improvisado asiento sobre una hielera, como si eso bastara para mejorar su atención.
—Me pareció oír cuando cayó, pero no presté atención —Imaizumi dio un sorbo a su bebida isotónica y se hizo consciente de las miradas de los otros que le decían que no le creían nada—. Bueno, sí me di cuenta, pero no iba a detenerme, ¿o sí? Es decir, es Midousuji.
¡Ah! Midousuji…¿cayó? ¿En serio? Pero si…
—Kakaka, estrella, te montas el teatro cuando se trata de ese sujeto —Naruko palmeó con fuerza la espalda de su amigo, en tanto Tadokoro le pedía que se calmara y dejara en paz al otro. El pelirrojo estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, y fue cuando su mirada tropezó con la del segundo escalador—.Hey, Onoda-kun, ¿estás bien?
Onoda dio un respingo, consiguiendo al fin salir de ese estado en que se encontraba. Estuvo forzando su mente a recordar cuando el ciclista de Kyoto cayó. No conocía muy bien a Midousuji y no aceptaba muchos de sus formas, pero admitía que era un ciclista de élite. Un ciclista que estaba por encima de él y por mucho. Ahora que lo notaba, sólo había competido con Manami por el primer puesto en el ascenso final. Porque Midousuji había caído antes, ¿verdad? (¿Por qué se sorprendía tanto? Lo había visto, ¿no? Ya no estaba seguro. Todo lo ocurrido durante la carrera era tan confuso. Sus recuerdos iniciaban con él colaborando con Arakita y Manami, y lo siguiente que sabía era él pedaleando con lo que le quedaba de fuerza para alcanzar al escalador de Hakone). Un nuevo llamado, esta vez por parte de Makishima lo trajo definitivamente a la realidad. —¿Por qué había tanto ruido ahí? —. Se excusó entre tartamudeos y explicó que quizá estaba así por el cansancio y todas las novedades de las últimas horas. Que necesitaba un respiro. Y sin más, se puso de pie y salió de ahí.
Una vez fuera la cosa no fue a mejor. El ajetreo de los equipos de apoyo por levantar todo e irse a sus respectivas posadas a descansar hacía que los pasillos de aquel lugar fuera un hervidero de ruido y vaivén. Afortunadamente nadie lo notó, así que no lidió con amables pero molestos vítores, ni miradas resentidas por parte de otros ciclistas. Demasiada gente, demasiado ruido. Mejor haberse quedado a lado de sus compañeros. Ah, pero recién había salido y no quería preocuparlos con lo que fuera que le ocurriera. No tenía muchas opciones, a menos que… Agradeció el haber dejado afuera su bicicleta. La montó, e ignorando los gritos de sus adoloridas piernas, se alejó de ahí.
Sus piernas chillaban, tantos kilómetros ya recorridos y él todavía las forzaba a sacarlo de ese sitio, a apartarlo por un momento de su extraña realidad, esa donde se había coronado con el primer lugar del Inter Escolar.
El paisaje parecía moverse a toda velocidad conforme avanzaba. Mientras los músculos clamaban por descansar y el viento frío le hacía notar que apenas el cambio de un maillot seco bastaba para protegerlo de la ventisca al pasar. El sol comenzaba a caer y el frescor se hizo más palpable cuando por fin se detuvo en un acotamiento situado en algún punto de ese trayecto. Sus piernas clamaban por un merecido descanso y él…él estaba perdido. Pedaleó sin rumbo, tampoco recordaba haber pasado por ese sitio durante la competencia —ni siquiera recordaba la carrera, ¿qué se podía esperar? —. No sabía dónde se encontraba y tampoco tenía manera de comunicarse con sus amigos.
―Ahora qué voy a hacer ―gimoteó para sí mismo. Miró el cielo que comenzaba a colorearse de tonos violetas. Trató de dar unos pasos y sus piernas reclamaron de nuevo el esfuerzo―. No debí montar…
Recargó su bicicleta contra una de las vallas que separaba al acotamiento del barranco. Se apartó unos pasos antes de dejarse caer de forma pesada, sin darle importancia a su trasero que ahora se quejaba por su rudeza. Una ventisca sopló causando que Onoda se encogiera en sí mismo para protegerse del frío. Pero el insistente dolor de las piernas lo obligó a estirarse, causando que el frío se colara de nuevo. ¿Qué iba a hacer? Las piernas le dolían horrores, hacía frío, comenzaba a oscurecer y no sabía dónde estaba.
―Tonto ―se quejó sin ser consciente de la larga figura que lo miraba unos metros por detrás.
No bien se sintió con fuerza, Midousuji tomó su De Rosa y se alejó de los zaku de su equipo. No le apetecía responder sus preguntas ni ver sus miradas de lastima, y menos escuchar algún sermón por parte de Ishigaki. Pero tampoco quería oír el chismorreo con respecto a los resultados de la competencia; sobre todo, no quería oír sobre el escalador de la Sohoku: Onoda Sakamichi. Midousuji se sintió asqueado al notar que podía imaginarlo con una claridad absurda: rodeado del resto de los zaku de maillot amarillo, celebrando su "buen trabajo de equipo". Casi podía sentir un tic aquejarle al ver el alegre rostro del otaku, recibiendo las felicitaciones a su buen trabajo; y oír su asquerosa voz respondiendo entre tartamudeos y falsa modestia.
Al final, como una broma de mal gusto, quedaron el par de escaladores: el sádico de Manami y el enclenque de Sakamichi. Los vio correr a ambos, tan distintos y, sin embargo, a ninguno se le podía tomar a la ligera; sí, incluso al otaku de Sohoku. No es que se le dieran esas cosas del compañerismo o la sana rivalidad. No. Más bien, era realista. Sakamichi era alguien de temer. Alguien a quien no podía ser ignorado tan fácilmente. Le bastaron tres kilómetros para grabárselo, como si de una mantra se tratase. Le ganó por una ventaja apenas diferenciada, a su perspectiva. No podía considerarla una victoria absoluta; no mientras siguiera recordando el escalofrío que le recorrió y los principios de desesperación que lo invadieron cuando notó que el cuatro ojos lo seguía de cerca. Y esa sonrisa…boba, amplia y transparente, libre de maldad o ambición por la victoria. Al parecer, sonriendo por el simple gusto de correr. "Voy cada día de verano", le confesó.
Ese chico era asqueroso.
En medio de sus divagaciones, su pedaleo sin rumbo y el cosquilleo de fatiga en sus piernas, llegó a un acotamiento que no estaba precisamente vacío. Una pequeña figura se perfilaba contra el paisaje coloreado de atardecer. Quizá un aficionado que había ido a mirar la final del Inter Escolar. Bueno, en realidad no le importaba, podía ser el emperador y le daría lo mismo. Se dio unas palmadas en los muslos, como si bastara para despejar todo el agotamiento de los últimos días, para así ponerse en marcha a ningún sitio. "No debí montar", oyó gimotear a la pequeña figura. Su naturaleza no era curiosa, pero algo en el desconocido, o quizá la situación, o porque no tenía nada mejor que hacer, desmontó de su bici y se acercó con paso calmo. Más cerca, pudo notar que esa figura llevaba un maillot amarillo bastante llamativo y que, a esas alturas, ya estaba fastidiado de mirar. Una ventisca sopló, la pequeña figura tembló hasta encogerse en sí mismo, pero pronto un gimoteo de dolor lo hizo estirarse de vuelta. No mostró reacción alguna, pero no por ello encontró menos extraño el que la única persona ahí fuera justamente de quien menos quería saber en ese momento. Sakamichi no parecía muy alegre. ¿Qué estaba haciendo ahí? Lo escuchó gimotear al aire por su paradero. ¿Había escapado? ¿Demasiada presión por el triunfo? Era un chiste, ¿cierto?
―Tonto.
―Piii.
Onoda se sobresaltó al recibir inusual respuesta a su lamento. Creía haber estado solo pero grande fue su sorpresa al mirar sobre su hombro y toparse de frente con Midousuji. Pero, ¿cómo? ¿Lo invocó con el pensamiento? No, imposible. Ni que eso fuera un anime o un manga, aunque sería muy divertido. Reparó en que sólo miraba al más sin decir nada, cuando algo de fastidio se dejó entre ver en el semblante del chico de Kyoto. Temeroso porque creyera que su presencia le molestaba, o en un intento de detenerlo, aun cuando el otro no se había movido ni un poco, se puso de pie tan aprisa que olvidó el dolor de sus piernas. Una punzada aguda lo hizo trastabillar y perder el equilibrio. Agitó los brazos como si pudiera sujetarse al aire para detener su inminente caída, pero todo intento fue en vano y terminó por estrellar el rostro contra el pecho del más alto. Sintió sus mejillas enrojecer furiosamente; sus manos temblaban sin soltarse de la camisa de Midousuji, porque sentía que si lo hacía sus piernas fallarían de nuevo y esta vez su rostro encontraría apoyo en el asfalto.
Por su lado, Midousuji reaccionó demasiado lento para sí mismo. Como si le costara trabajo procesar el hecho que Onoda se sujetaba a él. Y no fue hasta que percibió que la calidez que golpeaba su pecho emanaba del otro, que soltó un fuerte y grosero kimo, al tiempo que empujaba al de gafas.
Esta vez, la caída del ojiazul fue inevitable. Pero antes siquiera de preocuparse por sí mismo, se disculpó una y otra y otra vez con Midousuji. Sus torpes disculpas salían a trompicones por la prisa y los nervios, y a momentos se mezclaban con preguntas: ¿estás bien?, ¿te lastime? Midousuji siseó molesto. Su enojo inicial por verse tocado por Sakamichi —accidente o no, estaba fuera de discusión— pasó a segundo plano cuando el parloteo del escalador dio muestras de no tener un fin próximo.
―Lo siento, lo siento. De verdad lo siento, no fue mi intención ―lloriqueaba para desespero y enojo del chico de Kyoto―. Me duelen las piernas…la carrera, ya sabes y…¡Ah! De seguro tú también estás agotado y adolorido, Midousuji-kun. Y todavía tropiezo contigo. ¿No te lastime? Lo siento.
Si la cosa no era patética por sí misma, Onoda se encargó de ponerle un plus: trataba de ponerse pie, manoteaba al aire en busca de apoyo, y cuando lograba siquiera flexionar las rodillas se congelaba; un chillido ahogado, se dejaba vencer y a empezar de nuevo. ¿En serio era el mismo ciclista contra el que compitió la noche anterior y hacía unas horas? "Lo lamento tanto, Midousuji-kun".
―¡PIII! ―exclamó por encima de la voz del escalador, consiguiendo que por fin se callara y de paso se encogiera en sí mismo―. Cállate, zaku, con que te disculpes una vez es más que suficiente. (En realidad las disculpas tampoco le valían, pero con tal de callar a Sakamichi podía dejarlo ser por esa vez).
―¿Ah? Yo…lo lamento, no quise molestarte, estoy más torpe de lo usual y…
―¡Qué te calles! ―Onoda obedeció y se puso firmes como soldado ante la orden de un superior, o algo parecido. Su posición en el piso no le permitía mucho―. Eres asqueroso ―el más bajo apretó los labios para silenciar el torrente de disculpas que luchaban por salir―. Si tanto te quejas de tus piernas débiles, ¿por qué estás aquí? ¿No deberías estar por ahí con Yowaizumi y tus inútiles amigos?
―Bueno, verás…
―Olvídalo, no me importa.
Onoda miró curioso el rostro perfilado del más alto, había desviado la vista tras percatarse de sus preguntas. El escalador de Sohoku sonrió un poco más animado y confiado. Él también podía preguntar a Midousuji por el qué hacía ahí si se suponía que debía estar descansando, ¿no? Pero, recordndo la noche que compitieron, a Midousuji no le gustaba que le preguntaran de sí mismo y Onoda lo entendía, no solía hablar con muchas personas pero cuando lo hacía había temas que prefería evitar. Lento, sintiendo sus músculos chillar de dolor, hizo un esfuerzo sobrehumano por incorporarse bajo la atenta mirada del más alto.
―Sí, es sólo que…bueno…me sentía abrumado, ¿sabes? —comenzó su explicación una vez logró tenerse en pie. Sacudió el polvo en su trasero y otro poco en sus muslos—. Es la primera vez que pertenezco a un club. Antes, siempre estaba solo…no tenía amigos…―Midousuji se mantuvo impasible ante aquella vergonzosa y dolorosa confesión, que dibujaba en su mente atisbos de su pasado y parte de su presente―. Y de pronto estoy en un club donde reconocen que soy bueno en algo; tengo amigos con los que luché para conseguir lo que hicimos hoy— No es que a él, Akira, le importara estar solo, pero no pudo pasar por alto la calma con que el otro decía tales cosas. No era un tono resignado, ni tampoco uno triste. Era demasiado extraño—. Siento que es demasiado para mí en un sólo día, así que salí. Y ahora no sé dónde estoy y no tengo como comunicarme con ellos. De seguro están preocupados.
La mirada de Midousuji, atenta e inexpresiva, se mantuvo sin cambio. En realidad, no esperaba una respuesta a sus preguntas ―no le importaba―, así que no sabía si el pequeñajo era o muy tonto o muy ingenuo. A Midousuji se le antojó un poco de ambos. ¿Qué pretendía? ¿Causar lástima, empatía? Bueno, con él no lo lograría. O al menos, no cambiaría esa sensación de asco que le causaba su falsa modestia. "El héroe del día que no quiere atención, pero que se desaparece a media celebración para que todos se preocupen por él, asqueroso".
―¿Y? ¿Crees que me importa? Kimo ―respondió con rudeza, consiguiendo que Onoda se pusiera nervioso de nuevo. No había sido su intención molestar al de Kyoto.
―Lo la…
―Cállate —lo cortó aprisa, temiendo que iniciara de nuevo con su parloteo sin fin—. No tienes por qué disculparte por todo. Es asqueroso…eres asqueroso.
Onoda separó los labios con toda intención de disculparse, afortunadamente se paró a sí mismo y se limitó a asentir.
Para Onoda, Midousuji era un chico de modos temibles durante una carrera, pero fuera parecía ser un chico agradable, quizá un poco tímido, y el escalador no podía negar que tenía curiosidad por el alto ciclista, y más desde que descubriera que Midousuji gustaba de cierto anime de mechas.
Le gustaba el ciclismo, por ello ingreso al club de ciclismo de carretera de Sohoku, pero no por ello había renunciado a su preciado anime, y Midousuji parecía ser el amigo perfecto para él: ciclista y otaku. Sólo era cuestión de calmarse y saber cómo abordarlo. Seguro se llevarían muy bien.
―Pero perdí en nuestra carrera, así que no podemos hablar de anime ―se lamentó.
Midousuji lo miró perplejo y asqueado, ¿qué le ocurría a ese cuatro ojos? ¿Cómo podía cambiar de prioridades así de fácil? Hace un momento se lamentaba por su buena suerte y su paradero desconocido; al siguiente lo tenía disculpándose una y otra vez por el tropiezo; y ahora lloriqueaba por perder la carrera de la noche anterior, porque no podrían hablar de anime. ¿Qué rayos? (Manami y su tendencia al dolor parecía perfectamente normal a lado de este).
―¿No deberías volver con los inútiles de tu equipo? ―le recordó amargamente.
―¡Ah, es verdad! Y pronto terminará de anochecer ―dijo en un tono más alto de lo necesario―. Lo mejor es que intente volver por donde vine.
Con paso lento se acercó a su bicicleta. Midousuji esperó ansioso por verlo montar, esperando que eso cambiara algo, que trajera de vuelta al zaku asqueroso que vio competir. Su decepción se acentuó a lado de su poca paciencia al verlo caminar, llevando su bici por las manijas. ¿Qué demonios? ¿Era una broma? ¡Era un ciclista! No podía ser tan estúpido para pretender volver a pie. "Me duelen las piernas", recordó y se golpeó mentalmente para no ir a reclamar al otro: así no llegaría a ninguna parte.
―¿Qué se supone que haces, zaku? ―Onoda balbuceó tratando de explicar mientras Midousuji ponía su De Rosa delante de la bicicleta del otro―. Con esas piernas no vas a llegar a ningún sitio.
―Lo sé, pero…
―Si tienes fuerza para caminar, mejor pedalea. Tirare de ti.
Un auto decidió que era su momento de pasar. El sonido del motor les pareció ensordecedor en esa atmosfera extraña, incluso aun lo oía a la distancia, cuando el vehículo ya iba a una distancia considerable de ahí. Ambos se sonrojaron y rehuyeron sus miradas. Onoda parecía no decidirse a montar, y Midousuji sopesaba la posibilidad de arrancar la marcha y poner toda la distancia que le fuera posible entre ellos. Que Sakamichi volviera de rodillas si le apetecía. ¿Por qué se había ofrecido para tirar de él? De seguro estaba más agotado de lo que se sentía. El otaku murmuró un tímido gracias y supo que perdió su oportunidad para escapar. Así ya no parecía tan molesto. Si no fuera tan parlanchín, quizá hasta podría encontrarlo agradable…
―¡KIMO!
Midousuji me quedó tan extraño en este capítulo…
¿Eh? ¿Dudas, comentarios, observaciones, jitomatazos?
Siguiente capítulo: 9 de diciembre~
