CAPÍTULO 2
UN NUEVO COMIENZO
Yokohama, Kanagawa
8:52, 13 de abril de 2016
Para cuando Shiro llegó a la casa de los Murai, su amigo ya le estaba esperando fuera. El menudo Kawata se encontraba recostado contra la verja que daba entrada a su casa. Shiro rió al verle. No había crecido ni un solo centímetro durante las vacaciones.
‒ ¡Kawa-chaaaan! ‒ le gritó desde la lejanía, haciendo aspavientos con la mano para saludarle. Su amigo inmediatamente le correspondió con los mismos gestos mientras se acercaban el uno al otro. El clásico choque de puños fue su saludo, como venía siendo costumbre desde hacía ya varios años. No se habían visto en todas las vacaciones debido a que la familia Murai se iba a casa de sus abuelos durante las vacaciones.
Ambos jóvenes formaban una estampa bastante peculiar, pues eran opuestos en muchas cosas, especialmente en lo que a aspecto se refería. Por su parte, Shiro Ryoichi era un joven de bastante buen ver. Tenía un cuerpo espigado pero fibroso y un cabello castaño y siempre desarreglado. Aunque la mayoría de gente le reconocía por sus ojos, grandes y de un bonito color ámbar y por su enorme confianza en sí mismo y su actitud extremadamente despreocupada y gamberra. En el lado opuesto, Kawata Murai era muy bajito para su edad y, pese a estar en forma, no estaba para nada musculado. Su cabello negro rapado contrastaba con la cabellera de su amigo así como lo hacía su actitud, mucho más tímida y nerviosa.
Pero les unía algo mucho más importante que las apariencias, la amistad. Algo patente para cualquiera que les viera andar juntos en dirección al instituto. Reían, se hacían bromas y discutían a grito pelado por medio de la calle, provocando que muchos otros estudiantes que se dirigían también hacia la Preparatoria Shohoku no pudieran evitar desviar momentáneamente su mirada hacia ellos.
‒ Serás cerdo, Shiro. ‒ le dijo su amigo, con cierta indignación en su voz. Con su mano derecha hacia señas hacia arriba y hacia abajo. ‒ ¡Has crecido como mínimo cinco centímetros más!
Shiro rió, ambos se habían pasado todo el final del curso pasado haciendo predicciones sobre cuanto medirían al llegar a preparatoria. Por ese entonces, él medía solo 1'76 y Kawata unos escasos 1'63.
‒ Estoy a punto de llegar al metro ochenta y cinco. ‒ comentó eufórico, hinchando el pecho en señal de orgullo. ‒ ¿Tú?
‒ He crecido un mísero centímetro ‒ el tono resignado de Kawata dejaba claro que no estaba nada contento con ello. ‒ Esperaba al menos rondar el metro setenta para cuando empezara la preparatoria. Siendo tan pequeño quizás no me acepten en el equipo.
El joven había tenido que lidiar con su escasa altura durante todos sus años jugando al baloncesto. Pero era la primera vez que temía que aquello fuera un impedimento real para poder jugar. Kawata era un apasionado del basket en toda regla. Había visto tanto los torneos de preparatoria de Kanagawa como los Nacionales retransmitidos por televisión. Y nunca había visto ningún jugador, ni siquiera un base, que midiera menos de 1'70.
Finalmente, llegaron hasta el instituto. Revisaron el tablón allí colocado y descubrieron, eufóricos, que seguían estando en la misma clase, la 1-B. Siguiendo las indicaciones de algunos estudiantes mayores, se dirigieron hasta ella por las escaleras.
‒ No te preocupes por nada, Kawa-chan. ‒ dijo Shiro, intentando animar a su amigo. ‒ Esta tarde iremos juntos a hacer la petición de inscripción al club de baloncesto. Y ya sabes que sin ti no pienso entrar en el equipo. ‒ le dijo, guiñándole un ojo y alzando el pulgar. Tres años atrás, todavía en la escuela secundaria, se habían prometido el uno al otro que algún día alcanzarían los campeonatos nacionales juntos. Una promesa que se había visto truncada debido a sus constantes derrotas en los campeonatos de la prefectura.
‒ Gracias Shiro. Por todo.
Yokohama, Kanagawa
8:55, 13 de abril de 2016
Alguien soltó una risilla al ver a aquel estudiante alto y espigado que dormía recostado sobre su mesa en su buen primer día de preparatoria. Inmediatamente se acercó a otro compañero de clase, la 1-B, empezando a bromear sobre quien debía ser aquel estúpido. Unos comentarios que llegaron a los oídos del adormecido, despertándole para inmediatamente después buscar con la mirada a los autores de semejantes falta de respeto. El joven, de tamaño más que destacable y cabello corto y moreno clavó sus ojos amenazantemente en el autor de la primera risilla, que le miraba directamente, asustándole lo suficiente como para detener la charla.
Alzó la vista y miró al reloj del aula. Faltaban cinco minutos para empezar su primera clase de su primer año en la preparatoria Shohoku. Maldijo por lo bajo el bullicio que se había formado en el interior de la habitación, dónde todos sus compañeros de clase empezaban a presentarse los unos a los otros. Algunos se conocían entre ellos, era más que evidente por los pequeños grupos ya formados. Sin embargo ese no era el caso de Hayao. No conocía a nadie y lo cierto era que difícilmente le podría importar menos. Terminaría haciendo amistades más pronto que tarde. Había vivido suficientes cambios de colegio durante su vida como para saber que ocurriría de nuevo.
Una voz estridente le llamó la atención de pronto y le hizo desviar la mirada hacia su origen, situado apenas unos pupitres a su derecha, dónde dos jóvenes hablaban enérgicamente y habían pronunciado la palabra mágica de Hayao… baloncesto. "El guaperas parece tener potencial. Tiene buen físico, eso seguro." analizó rápidamente a los dos amigos, como solía hacer con sus rivales en la pista. "El otro es demasiado bajito como para rendir a nivel de preparatoria." pensó para su adentros, consciente de lo cruel de su comentario, sobretodo teniendo en cuenta el contexto en el que se encontraban, en el que el primer joven trataba de animar al segundo sobre el hecho de apuntarse al equipo de baloncesto.
Aquello significaba que no sólo se verían en clase, pensó Hayao, mientras les lanzaba una última ojeada furtiva antes de abstraerse otra vez en su particular mundo de pensamientos. Él no sólo tenía la intención de unirse al equipo del Shohoku, sino que en su cabeza tenía planes de grandeza sobre lo que podría alcanzar el combinado gracias a sus talentos. Tras un buen estudio de su papel el año pasado, había llegado a la conclusión de que el equipo de baloncesto estaba simplemente en la media, rozando la mediocridad. Llevarlos a lo más alto requeriría de algo excepcional. Él. Iba a demostrarle al mundo que era mejor que su padre y su primer paso sería aquel.
Yokohama, Kanagawa
17:00, 13 de abril de 2016
El gimnasio del Shohoku cobraba vida en el momento en el que las horas de clase terminaban. Era en ese momento en el que los clubes deportivos de la preparatoria despertaban y hacían acto de presencia, ocupando gimnasios, pistas de carreras, campos de juego,… Sin embargo, aquella era una jornada especial. Como cada primer día del curso, los equipos se preparaban para el cambio. Carne fresca llegaba para sustituir a los que se habían graduado el año pasado, dando lugar a un ciclo vital en el que las viejas camadas de jugadores daban paso a las nuevas. Había llegado, al fin, el primer día de inscripciones.
Para el equipo de baloncesto la cosa pintaba mal. El reloj había sonado ya, marcando las cinco de la tarde, la hora en la que se había citado a los aspirantes a formar parte del equipo. Y el panorama era malo y sin signos de mejora a la vista. La cara de Nobuo Nori, subcapitán del equipo, era un poema. El veterano ala-pívot siempre había sido alguien bastante preocupadizo. Eso irritaba a Hideki Imado, ahora capitán y con quien había jugado a baloncesto desde la secundaria, que era mucho más confiado que Nori. Pero esta vez el propio Hideki estaba también nervioso. Hacía tres años, cuando él y Nobuo se habían inscrito en el equipo, eran siete candidatos de los cuales sólo habían aceptado a tres. El año pasado había cinco candidatos. Este año sólo tres caras nuevas rondaban el gimnasio. Una clara muestra de la dinámica negativa del equipo. El hecho de quedar eliminados en cuartos de final del torneo de prefectura los dos últimos años les había quitado mucho prestigio. El Shohoku ya no era más que un equipo común, en la media. Algo que Hideki no iba a permitir.
‒ Son pocos… ‒ comentó, desanimado, Nobuo.
‒ Son suficientes. ‒ la respuesta de Hide fue tajante. No quería oír hablar más del asunto. Lo remarcó cambiando inmediatamente de tema. ‒ ¿Sabes algo de Kitamura y Sasaki? ‒ preguntó, haciendo referencia a la evidente ausencia de dos de los jugadores de segundo año.
‒ Me han mandado un mensaje de texto avisando de que hoy no van a poder venir.
‒ Tsk… mira que les dije que estuvieran todos cuando los novatos llegaran… ‒ protestó, sin demasiadas ganas de continuar con aquel tema.
El capitán se pasó la mano por el pelo rapado y miró al techo del gimnasio, soltando un largo suspiro. Se suponía que todo eso era trabajo del entrenador. Pero a falta de uno, le tocaba a él tomar responsabilidades por el bien del equipo.
‒ ¡Atención! ‒ gritó con fuerza, llamando la atención de todos los presentes y haciendo que los miembros veteranos del equipo se reunieran alrededor de él y Nobuo. ‒ Novatos, formad una fila en la línea divisoria de medio campo. ‒ ordenó, a lo que los tres presentes obedecieron con presteza. ‒ Yo soy Hideki Imado, estoy en mi tercer año, mido un metro ochenta y soy el capitán del equipo de baloncesto del Shohoku. Ahora es vuestro turno para presentaros.
Yokohama, Kanagawa
16:50, 13 de abril de 2016
Kawata obligó a Shiro a estar veinte minutos antes de la hora indicada en el gimnasio a sabiendas de que la actitud despreocupada de su amigo le haría llegar diez o quince minutos más tarde de la hora que él le propusiera. No se equivocó, pues este se personó allí cuando faltaban sólo diez minutos. Aunque fuera menos de lo que Kawata hubiera querido, le parecía suficiente como para causar una buena impresión ante los miembros del equipo de baloncesto. Esperaba que detalles como ese le ayudaran a pasar un corte que cada vez veía más difícil de superar. Armados únicamente con su ropa de entrenamiento, la de Shiro completamente nueva debido a su aumento de altura, y sus zapatillas de baloncesto, los dos entraron al gimnasio.
De buenas a primeras le sorprendió lo luminoso del lugar, gracias a las enormes vitrinas situadas en la zona alta de las paredes. Aquello permitía que la luz natural entrara con libertad y alumbrara un parqué impecable. Sin duda el gimnasio del Shohoku no tenía nada que ver con el de su escuela secundaria. También le sorprendió la poca gente que había allí, apenas una decena de personas, quizás menos. Supuso que algunos de los jugadores llegarían más tarde. Aunque sí le alarmó la ausencia de algún adulto al que situar como su posible futuro entrenador.
Los miembros del equipo hablaron durante un rato, momentos que Kawata aprovechó para observarlos junto a Shiro. La mayoría de ellos tenían una altura bastante normal, entre los que destacaba un joven espigado y que llevaba lentes. Situado siempre junto a otro tipo, este con la cabeza prácticamente rapada y que parecía tener los galones en el lugar. Pero no fueron ellos los que más llamaron la atención de Kawata, sino el otro recién llegado, al que reconoció enseguida.
‒ Mira, Shiro. ‒ dijo, señalándole nada más cruzó la puerta del gimnasio, ataviado con un excelente (y caro) equipamiento de la marca Jordan.
‒ ¿El qué? ‒ preguntó, distraído, su compañero, que rápidamente se fijó en el recién llegado. ‒ Que pasada de zapatillas… ‒ espetó nada más ver el equipo deportivo de este último.
‒ No es eso, idiota. ‒ le reprochó. ‒ Me refiero a que es el tipo alto y callado que va a clase con nosotros… ‒ Kawata hizo unos segundos de silencio, intentando recordar el nombre de aquel individuo. Le fue difícil, pues apenas se había presentado en la primera hora y no había vuelto a abrir boca en todo el día. ‒ Creo que se llamaba Hayao… ‒ se detuvo otro momento para pensar en su apellido, pero entonces el grito de alguien le sacó de su ensimismamiento y le puso el corazón a cien.
Tanto él como Shiro y el otro joven obedecieron rápidamente a la petición de formar una fila en el centro del campo. Una estampa curiosa, pues formaron una escalera. El menudo Kawata en un extremo, con Shiro en el medio y el otro joven, que debía medir seis o siete centímetros más, en el otro extremo.
El chico con voz autoritaria y pelo rapado se presentó como Hideki Imado, jugador de tercer año y capitán del equipo. Kawata tragó saliva. El joven tenía la mirada clavada en él, quería que fuera el primero en presentarse.
‒ Mi nombre es Kawata Murai. Mido uno sesenta y cuatro… ‒ se presentó, dando a conocer su estatura con una más que clara vergüenza y decepción, quedando sorprendido por el hecho de que durante su pausa de unos pocos segundos tras decirla, nadie rió. ‒ Juego de base y vengo del Instituto Hodogaya.
El menudo jugador suspiró aliviado una vez hubo terminado, relajando un poco la postura al ver como el capitán asentía con la cabeza y dirigía su mirada ahora hacia Shiro. El propio Kawata pudo notar como al joven rapado se le iluminaban más los ojos cuando miraba a sus dos compañeros de clase, mucho más altos y atléticos. Tampoco le culpó por ello.
‒ Shiro Ryoichi, mido un metro y ochenta y tres centímetros. ‒ dijo, remarcando enormemente su estatura, mostrándose orgulloso de ella con una sonrisilla. La actitud general de Shiro era totalmente distinta a la de Kawata. Él era mucho más confiado, casi bravucón, y se podía ver que aquello gustaba a los más veteranos que asentían con cierta satisfacción. ‒ Juego de alero y vengo junto a Kawata del Instituto Hodogaya.
‒ ¿Jugabais juntos allí? ‒ preguntó, nada más terminar Shiro, el joven con gafas. A lo que ambos respondieron asintiendo con la cabeza. ‒ Oh, eso está bien. Es un placer, Ryoichi y Murai. ¿Les conoces? ‒ preguntó al último novato, que negó con la cabeza y se aclaró la voz.
‒ Soy Hayao Yamakawa, mido un metro noventa. ‒ la simple mención de su altura provocó varias sonrisas de felicidad entre los miembros del equipo. ‒ Juego de alero y estos últimos años estuve jugando en Ochanomizu. ‒ la simple pronunciación de ese nombre provocó una tormenta de susurros entre los presentes. Ochanomizu era una de las mejores escuelas deportivas de Tokyo, lo que significaba que aquel muchacho no era solo alto, sino que venía de un equipo de prestigio. ‒ Es un pla… ‒ el joven quiso acallar los cuchicheos volviendo a hablar, pero entonces la puerta del gimnasio se abrió de nuevo, callando a todos los presentes.
Yokohama, Kanagawa
17:06, 13 de abril de 2016
Las viejas bisagras de la puerta del gimnasio le dificultaron la tarea de abrir, lo que le forzó a usar más fuerza de la necesaria y terminó entrando en el lugar dando un sonoro portazo. Aquello rompió por completo su plan inicial, en el que tenía pensado entrar silenciosamente y observar al equipo de baloncesto durante el entrenamiento sin que estos le prestaran excesiva atención.
Una estratagema que se fue directamente al traste cuando todos los presentes en el gimnasio callaron y dirigieron la mirada hacia él, que no pudo hacer nada salvo reír para ocultar su monumental error y pasarse la mano por su corto y canoso cabello.
‒ ¿Buscaba algo señor? ‒ preguntó rápidamente un joven con gafas desde el lugar en el que estaban reunidos todos los jugadores.
‒ Creo que ya lo he encontrado. ‒ respondió el adulto de forma inmediata, retomando la compostura mientras se abrochaba bien la cremallera de su ropa de chándal grisácea y bastante maltratada. ‒ ¿Así que vosotros sois el equipo de baloncesto? ‒ preguntó de forma retórica, sin buscar respuesta y sin dejar tiempo para que pudieran hacerlo siquiera. ‒ Ha pasado bastante tiempo desde que yo estuve aquí por última. ‒ el comentario, cargado de nostalgia, fue un simple y momentáneo desvio en el rumbo de la conversación. ‒ Disculpad mis modales, soy Hanamichi Sakuragi, vuestro nuevo entrenador.
Notas del autor:
En primer lugar, pido perdón por haber tardado tanto (más de dos meses...) pero el verano es una época movida para mí y me ha sido imposible. Por otra parte, decir que me ha dejado alucinado el apoyo que ha tenido el primer capítulo de la historia. Muchísimas gracias a toda la gente que ha dedicado unos minutos de su tiempo a leerla, es algo que realmente aprecio.
Respecto al capítulo que nos incumbe, sigue siendo muy introductorio. Creo que Shiro, Kawa , Hideki y Nobuo queda más o menos claro como son. Y me sirve para empezar a juntar sus caminos, mencionar a Kitamura y Sasaki (ojito cuando vengan estos dos que son dos de los fenómenos del equipo en el buen y el mal sentido de la palabra) y, sobre todas las cosas, he podido empezar a introducir a Hayao, que va a ser probablemente el personaje más interesante en estos primeros capítulos, especialmente por el tema que he comentado en su parte, el hecho de querer ser una leyenda.
El siguiente capítulo dejará una muestra de que esta historia va a tener MUCHO BALONCESTO aprovechando el partidillo entre veteranos y novatos del equipo para que os acostumbréis a los personajes, cómo juegan y similares.
Un saludo enorme y nos leemos.
HoopsHunter: Muchas gracias por el apoyo y por la review super currada. Lo tengo todo en cuenta y te lo agradezco. Respecto a cosas que has dicho, yo advierto de que el inicio quizás sea algo más espeso y lento porque hay que meter a mucho personaje nuevo, pero luego ya empezará a llegar lo interesante. Y respecto a la historia, me estoy dando cuenta de que al final mi idea sí que era algo que estaba por explorar xD
Ruru: Me alegro que la historia te guste, espero poder seguir actualizando a buen ritmo y, sobretodo, muchas gracias por el apoyo.
panchoso: Gracias por el comentario, me alegra un montón que la historia y su planteamiento (que como le he dicho a Hoops, parece que sí ha sido novedoso por lo que me decís) os parezca interesante.
S aakura chan: Muchísimas gracias por el comentario y por el apoyo. ¡Espero poder seguir actualizando y que la historia sea de vuestro gusto!
