Resumen:

Luego de morir algunos van al cielo y otros…a su propio funeral. Hinata se da cuenta que todo su esfuerzo por ser la digna heredera de la empresa, ha sido en vano y tras darse cuenta de la dura realidad decide dar un cambio a su vida—Te pago un millón de dólares para que me ayudes a fingir mi muerte —habló decidida—, tengo derecho a una segunda oportunidad… Después de la muerte viene el retorno.

Discleimer:

Los personajes de Naruto y la trama de Lynch no me pertenecen, le pertenecen a Masashi Kishimoto y a Moviecity, respectivamente.

Di NO al plagio, porque inventar es vivir se original.


_Una nueva Hinata _


Dos años después…

Aeropuerto de Los Ángeles: 7:30 am

Un avión privado era abordado de manera rápida y sutil, la mañana estaba ligeramente soleada pero cubierta por ese viento fresco que anunciaba el clima, aunque ellos no estarían ahí para presenciarlo. Por sus escaleras comenzaron a abordarlo ocho personas, que de lejos se verían como personas normales, salvo por el hecho de que tenían dinero suficiente para abordar su propio avión privado. La última persona en subir, miro por un momento hacia el exterior, mirando el sol de la mañana, el cual le daba un bello brillar a sus ojos perlas.

Ella subió al avión y se sentó de una vez mientras el avión comenzaba su despegue. Vestía una camisa sin mangas con cuello de tortuga, de color blanco, ajustada al cuerpo lo cual acentuaba sus, no tan pequeños, senos. Llevaba un pantalón jeans ajustado, de color negro y acompañaba con unos botines bajos grises y una bufanda del mismo color. Cualquiera que la hubiera visto pensaría que era alguna modelo, con su exótico cabello de color negro azulado, que le llegaba hasta la cintura, nadie pensaría que era una joven con el corazón destrozado.

Al sentarse, saco una libreta de un pequeño bolso y con pluma en mano se dispuso a escribir, aunque no pudo hacerlo ya que se perdió en pensamientos, mientras miraba el cielo desde lo alto de una de las ventanas.

_Pov ?_

Desde que me monte al avión, había intentado concentrarme, pero por más que lo intento no puedo, el cielo no me lo permitía, ya que cuando se ve como ahora siempre vienen a mi recuerdos, los recuerdos que sin importar lo que haga, no puedo suprimir. No puedo evitar pensar en que, en años anteriores, me sentiría sumamente apenada y avergonzada al vestir lo que ahora visto, esta ropa que antes consideraría "inapropiada para una futura jefa". Si. Porque yo fui Hyuga Hinata, pero, eso quedo en el pasado, mi nombre ahora es Lynch Hinata "Luna" es mi nombre en clave.

Me altera el simple hecho de saber que llevo en mis venas y que alguna vez lleve en mi nombre, algo Hyuga. Han pasado dos años después de mi "muerte". Todavía recuerdo ese suceso como si fuera ayer. Ese día la policía con personal de emergencias, se presentaron a un bosque cercano a Tokio, en el cual fue encontrado un auto en llamas, además se encontraron restos de lo que fue una persona, encontraron restos de documentación con la que lograron identificar a la víctima: Hyuga Hinata.

Por supuesto que la noticia de mi muerte fue un gran suceso, la mayoría asocio el crimen como un desquite de uno de los rivales de la empresa pero sin más evidencias la investigación quedo estancada, sin ninguna forma de resolución. Termino archivada en una gaveta, en los casos no resueltos.

Sonreí al recordar que inclusive mi muerte fue olvidada rápidamente, al menos para el mundo. Naci otra vez, y esta vez encontré mi verdadera razón para vivir, morir. Madara-san acepto mi trato y me ayudo, me ofreció un abrigo y un hogar al cual pertenecer cuando para mí ya no había nada, solo comienzo. Contraigo algo el ceño al recordar el día de mi funeral, como era de esperarse se lleno de gente "importante" para la sociedad, grupo de hipócritas, pensé, antes de morir ni siquiera sabían con que letra iniciaba mi nombre mientras que yo pase toda mi vida estudiando todas sus historias, su vida completa. Ese día, por primera vez pude ver algo en los ojos de mi padre, parecía, tristeza pero era algo mas, algo que no pude identificar, inclusive ahora no he logrado descifrar ese sentimiento. Lo que si me hizo sentir mis emociones aflorar fue ver a Hanabi-chan, mi hermanita, mi remplazo, la persona que siempre quise proteger, llorando, de una manera que hizo que mi corazón fuera tocado.

Una de las cosas que siempre lamentare es el hecho de nunca haber podido llevar una relación de hermanas con ella, tengo una deuda con oka-sama, una deuda que ya no podre pagar. No pude evitar que una escurridiza lágrima saliera de uno de mis ojos, puedo fingir que por fuera soy una mujer dura, pero no cambiara lo que siento por dentro.

Mi familia me ha dicho que no debo fingir, que debo mostrarme tal y como soy, al menos con ellos lo hago. Ellos son mi familia: Madara quien me acogió con los brazos abiertos, su nombre es Lynch Madara y el nos dio el apellido a todos nosotros, porque todos nacimos de nuevo con él, estamos seguros que ese no es su apellido pero al igual que nosotros el tiene derecho a comenzar una nueva vida sin rastros de la anterior. Yahiko, Nagato y Konan: (21 años) ellos han sido los primeros en unirse a Madara, me han apoyado mucho, Yahiko siempre es muy alegre y positivo, Nagato es tranquilo y sereno y Konan puede ver conmigo el lado de la vida que el resto de la familia no puede ver. Ellos eran huérfanos, es lo único que sé, nosotros no hablamos del pasado sino del presente y el futuro.

Itachi: (21 años)el…siempre ha sido una buena persona conmigo, es callado y pacifico e irradia un aura de seguridad, a diferencia mía, que era callada por mi timidez, el no habla mucho porque no lo necesita, pero aun así puedo notar en su mirada una profunda tristeza y dolor. Deidara: (20 años) es el segundo más reciente después de mí, tiene una alta fascinación por el arte lo que nos hace pensar que tuvo que cambiar de vida por un acontecimiento referente a los explosivos. Sasori: (23 años) Aparenta menos edad pero actúa con la madurez de alguien de años más viejo, es un artista eterno, sabemos que tuvo una infancia dura pero no escavaremos mas, es mejor seguir adelante.

Hay otros miembros; Kakuzu (46 años) además de ser un hombre de años vividos y el "hermano" de Madara es el tesorero de nuestra organización por no decir que tiene una ligera obsesión por el dinero. Hidan (26 años) Es la persona más religiosa que conozco, aunque no sea una religión común, tiene un fanatismo por los sacrificios, los cuales esperamos no se vuelvan humanos. Kisame (24 años) es un ambientalista de corazón tanto así que tiene los dientes como los de su animal favorito, el tiburón. Zetsu (21 años) podría decirse que su bipolaridad no tiene límites, de un momento a otro puede cambiar de un chico alegre y sensible a un enojado y violento patán. Kakuzu y Hidan siguen en Londres, vigilando algunas cosas sobre la anterior sede de nuestro negocio. Kisame y Zetsu vigilan en América sobre unos proyectos sobre nuestro negocio que esperamos inaugurar pronto.

Oh, es verdad, nuestro negocio debe ser tratado con cuidado y no dejar ningún cabo suelto.

Trabajamos matando personas. No, no en ese sentido. Fingimos sus muertes y les damos una nueva oportunidad de vivir como deseen. Prácticamente este negocio no es legal por lo cual mantenemos todo vigilado, tuvimos ciertos inconvenientes en Londres pero ahora venimos a Japón, a mi ciudad natal, a salvar a más personas de una vida de sufrimientos, con una muerte perfecta.

_Fin Pov Hinata_

Hinata respiró con tranquilidad. Recordar sus vivencias hacia que la herida que poco a poco cicatrizó, palpitara con ansiedad. Aun así le hacía sentir muy bien el saber que ella y su nueva familia habían ayudado a muchas personas a ser finalmente libres, libres de verdad, en el fondo todos somos prisioneros de nuestra vida, pero al morir se pueden deshacer todas esas cadenas que nos ataron. Se puede ser libre en toda la expresión de la palabra y ella lo sabe, conoce esa sensación de paz consigo misma y su alma. Finalmente cualquiera podía ser feliz.

Con este pensamiento logró librar por fin su mente, dando paso para que la paz y el cansancio invadieran por fin su cuerpo, era libre y ahora liberaba a otros con un cruel destino. Comenzó a cerrar los parpados, lenta y pesadamente. Miro hacia la ventana y con una sonrisa plasmada de su corazón a su rostro pensó "Oka-san…allá voy…" antes de quedarse finalmente dormida.


Un movimiento brusco la despertó, asustada. Lo primero que pensó fue en una falla grave del avión el cual haría que el enorme transporte cayera en picada y acabara con su segunda vida. Debía deja de leer tantos libros de fantasía y crimen, terminaría como un panda, sin poder dormir por las terribles jugarretas que su imaginación le aplicaría a su ya desordenada mente.

Al volver en sí, noto el causante del alboroto en su cabeza, Deidara movía bruscamente su asiento para que se despertara, por lo visto el viaje había finalizado y sin ningún contratiempo ni ningún accidente aéreo, era una pequeña inquietud que seguía teniendo de su primera vida. Miró al rubio con una sonrisa y mirada acusadora.

—Deidara, ya estoy despierta —le dijo divertida. El de inmediato se detuvo, con una sonrisa de yo-no-rompo-ni-un-plato. Segundos después el rubio fue golpeado en la cabeza por un azabache de mirada oscura y profunda la cual era resaltada por unas ojeras marcadas, sus cabellos oscuros amarrados en una coleta baja. Era Itachi.

—Deja a Hinata, Deidara, ella no será tu novia —tras este comentario, el rubio dejo de sobarse la zona del golpe para mandarle una mirada molesta y ofendida, al grado de llegar a ser cómica.

—Deidara eso es incesto —agregó Konan con una sonrisa caminando junto al resto hacia la salida, los demás rieron al tiempo que Deidara no hallaba en qué lugar esconderse, ya verían cuando consiguiera explosivos— somos familia y nada más.

—Sí, familia —entre dientes Yahiko opinó, con tono desganado y sonrisa falsa, más risas disimuladas se escucharon, todos sabían que entre eso dos había algo más que simple hermandad.

Hinata tomo su bolso de muñeca y con una sonrisa comenzó a caminar a la salida, se detuvo justo antes de bajar las escaleras, observando el maravilloso cielo de su ciudad natal, hasta podía decir que el viento era diferente. Sintió una mano apoyarse en su hombro, era Madara quien también observaba el hermoso cielo azul que había sido pintado por las manos mas talentosas e iluminado con los mejores rayos del sol.

— ¿Te sientes en casa? Hinatan* —el azabache le hablo, aun con su edad, la cual era desconocida por todos hasta ella, era un hombre bastante conservado que se preocupaba por cada uno de sus familiares, aunque bien podía llegar a ser frio e incluso cruel en su trabajo. Solo su familia conocía su lado de padre preocupado.

—Si estoy con ustedes, mi familia, cualquier lugar es mi hogar —ella era la más reciente en la familia entonces Madara tendía a mostrar un poco mas de atención en Hinata, sabiendo la historia de su primera vida.

Le dio un caluroso abrazo de hombro mientras bajaban. La verdad se sentía muy bien estar en Tokio nuevamente, una de las razones por las cuales Hinata se sentía más que a gusto, era que por fin podría visitar la tumba de su amada madre, después de dos años de no visitarla, deseaba contarle todas sus vivencias, las personas que había ayudado y contarle sobre su familia. Hyuga Hana seguía siendo su madre, un lazo que ni la muerte de ambas podría romper o poner en duda.

Montaron sus cosas en auto particular aparte y ellos montaron en una espaciosa limosina y se dirigieron a donde sería su nuevo hogar, una mansión que Madara había comprado y tenia lista para la llegada de la familia Lynch a Japón.

En el trayecto Hinata estaba extasiada, incluso ansiosa. Todo el trayecto lo pasaba viendo edificios, construcciones o cualquier otra cosa que creía reconocer de sus recuerdos. Aunque recordara poco notaba los cambios que esa ciudad tenía, estaba más industrializada y bonita. Antes creía que no volvería a su ciudad hasta que se casara o mejor dicho su padre la casara con alguien importante. Un ligero escalofrío de sentimientos para nada positivos le recorrió toda la espina dorsal.

—Hinata ¿Quieres…? —escuchó decir a Nagato, quien le tendía una copa de champagne.

—Hai, gracias —le acepto feliz, todos brindaban sobre el progreso de su negocio y el rumbo que tomaría su vida en esta ciudad. Hinata se alzo de hombros, no estaba mal poder celebrar un poco.

De camino, Madara les anuncio que esa noche no irían a la mansión, todavía estaban arreglando unas cuantas cosas y acomodando todas sus pertenencias. Por hoy, la pasarían en un hotel, cinco estrellas por supuesto, con eso dicho, las quejas de Deidara y Yahiko cesaron. Era divertido ver a sus hermanos con actitudes tan infantiles, con Hanabi el único gesto que le hizo gracia, había sido enterrado en los lejanos recuerdos de su infancia, cuando aun su madre vivía. Su gesto se tornó melancólico pero lo disimuló de inmediato.

Al salir de la limosina, se les tendió un enorme edificio a la vista, el famoso hotel Luna Roja, con botones ayudando a muchos huéspedes se denotaba la calidad de su servicio. Comenzaron a caminar a la recepción, los murmullos no se hicieron esperar, por lo que escuchó de unos huéspedes, ellos era los especiales ese día, por lo visto sabían de la afamada reputación millonaria que la familia Lynch poseía.

Muchos la miraban, unos con envidia y otros como si se la fueran a comer, antes, esas miradas la habrían intimidado al borde de tirarse de un precipicio si se le diese la oportunidad, pero ya no, era una mujer y era una Lynch, los demás se sentirían intimidados.

Después de salir de la recepción y dirigirse a los elevadores, no pudo evitar notar como una limosina con un logo que se le hizo demasiado familiar se detenía, como si esperase a alguien, no le prestó más atención de la debida. El elevador se abrió dejando salir a tres hombres muy bien arreglados, con trajes de etiqueta. Entonces Hinata supuso que era a ellos que la limosina esperaba. Uno de ellos tenía el cabello castaño, largo, demasiado para ser un simple trabajador, era el jefe, seguramente.

Se montaron al elevador, justo antes de que las puertas se cerraran, el hombre que se encontraba con sus compañeros hablando con la recepcionista, giró el rostro hacia el elevador, él y Hinata conectaron miradas. Ojos perla chocaron, ella supo de inmediato, era Neji. La joven abrió los ojos con sorpresa y la boca levemente.

—Neji-niisan… —pronunció suavemente, las puertas se cerraron pero Hinata logro ver como los ojos de él, que antes estaban casi vacios como los de su anterior padre, se llenaban de sentimiento y volvían a ser los ojos de su adorado primo, quien una vez la odio para después tratarla como su hermana.

"Yo siempre la protegeré, Hinata-sama…"

—Neji-niisan… —repitió esta vez retrocediendo hasta chocar con la parte trasera del elevador, su familia la miraba entre asombrados y asustados.

— ¿Nii-san? —preguntó Yahiko, es decir, ese tipo no era de esta familia.

—Oh, ya recuerdo —dijo Madara—, ya creía yo haberlo visto antes, esos ojos son distintivos de los Hyuga.

— ¡¿Hyuga?! —la sorpresa no se hizo esperar, el chico de traje elegante era pariente de Hinata en la otra vida.

—Hyuga Neji, entonces… —la seriedad de Itachi se mostró. Era bien sabido por toda la familia, la historia de su más joven miembro, por lo tanto era obvio que no se sintieran tan a gusto con la idea de encontrarse con esa familia.

—Es el primo de Hinata, el único Hyuga vivo que merece la pena recordar —el gran patriarca aflojo el tema y habló más relajado para con sus hijos— no hay de qué preocuparse, la Hinata que ellos tuvieron murió hace tiempo ¿lo recuerdan?

Todos asintieron casi mecánicamente, aunque claro, al final eran los recuerdos de Hinata los que harían la diferencia.


—Hyuga Neji… —en cuanto Konan pronuncio ese nombre, leyéndolo en la portátil que tenia de frente, todos se acercaron para ver la información que había conseguido, aprovechaban que Madara no estaba para hacer lo primero que se les vino a la mente, investigar al primo de Hinata— según esto, Neji es el heredero de Hyuga Corporation, después que la anterior heredera, Hyuga Hanabi declinara a su derecho.

—… —Hinata estaba sentada al borde del ventanal que daba al exterior del balcón, sintió su corazón tocado, su hermana había declinado, no lo creía pero era su derecho ¿Por qué lo había hecho?— ¿cuándo y por qué declinó?

—Ah, déjame ver… —tecleó un poco bajo la atención directa de sus hermanos— seis meses después de…oh, la muerte de su hermana mayor.

Hinata se quedo sin habla, después de todo, Hanabi si la apreciaba, al grado de abandonar el cargo que le cedieron, una duda más se plasmo en su mente ¿Qué le obligaron a hacer después de declinar?

— ¿La casarón? ¿Con quién? —exclamó al borde del pánico.

—No la casarón con nadie, al parecer se encuentra terminando sus estudios universitarios, aquí en Japón —le contestó Itachi, tomando la portátil, haciendo que Hinata se relajara.

¿Alguien la podría culpar por seguirse preocupando por la hermanita orgullosa y testaruda que dejo sola después de morir? No, nadie.

—Bien, dejemos el pasado donde está, en el pasado —agregó Yahiko, con las manos en la espalda, escondiendo algo— porque hoy es el día especial de alguien —terminó con una sonrisa extendiéndole un regalo envuelto en colores muy vistosos.

—Exacto Yahiko —Konan se levanto y le extendió un regalo a la joven de ojos perla, el regalo decía Konan por todas partes ya que estaba adornado con flores de origami, el pasatiempo favorito de la mayor.

Los demás le extendieron sus regalos, viéndose Hinata rodeada por ellos. Con tanto revuelo casi lo había olvidado, hoy era su cumpleaños número veintiuno. Los ojos se vieron cubiertos por un manto cristalino mientras sonreía, antes era ella la que tenía que rogar por que su familia o cualquier otro recordará su cumpleaños pero ahora ella era feliz sin tener que pedirlo. Con que esto era el calor de una familia.

—Oh, Hina-chan no llores —todos la abrazaron, y para ella el calor que le regalaban le recordaba tanto a su adorada madre, no pudo evitar soltar lagrimas de felicidad, con ellos sus últimos dos cumpleaños solo habían sido alegría.

Ellos le regalaron de todo. Deidara le dio una figura de arcilla hecha a mano por el, era la figura de Hinata montando un pájaro gigante de arcilla. Sasori le regaló una marioneta de ella misma con una marioneta de él también, mientras Deidara y Sasori se debatían en cuál de sus regalos artísticos era el mejor, Konan, Yahiko y Nagato, le daban su regalo. Era un álbum de fotos con diversas decoraciones de papel, tenía muchas fotos de los momentos que han pasado juntos, como familia los cuales se encargaron de recolectar, también tenía suficiente espacio para que ella agregara mas fotos y ya tenía una idea de cuales agregar. Finalmente pero no menos importante se acercó Itachi, portando una pequeña cajita la cual le tendió con el mismo aire de seriedad de siempre. Al abrirla, Hinata se sorprendió al ver una pulsera de plata con una pequeña placa que decía Akatsuki con un pequeño diamante en el punto de la "i".

Hinata lo abrazó, tan fuerte como había abrazado al resto de sus hermanos, los demás se enternecieron con la escena.

— ¿Alguien dijo… incesto? —comentó sorpresivamente Deidara, haciendo reír a todos y que Hinata e Itachi se separaran, con la joven riendo a gracia marcada y el azabache con una sonrisa de lado, ya se la regresaría a Deidara quien le sacaba la lengua con gracia.

—Falta un regalo, Hinata —Nagato señalo abajo desde el balcón, todos se asomaron y miraron a Madara, saludándolos desde abajo abriendo la puerta de un lujoso auto negro. Llevaría a Hinata a un paseo. Rápidamente ella tomo un largo y costoso traje Channel de color crema y se lo coloco encima de su ropa, tenia mangas y le llegaba hasta los tobillos, lo acompaño con unos botines del mismo color. Corrió de prisa a la salida pero se regreso.

—No he terminado de desempacar.

—No será necesario, nosotros nos encargamos —le tranquilizó Sasori, mientras ella regresaba a la carrera siendo despedida por sus hermanos.

Al subir de prisa al auto, se pregunto a donde la llevaría su padre por su cumpleaños si de por si el venir a Japón con ella había sido una verdadera ofrenda.


Al llegar lo reconoció de inmediato. Era el cementerio, no, era ese cementerio, donde descansan los restos de su madre. Miro a Madara como pidiéndole permiso de entrar, el solo le respondió con un gesto, adelante. En cuanto entro, un escalofrío le recorrió el cuerpo, era la emoción de estar ahí después de tanto tiempo, ni siquiera llevaba una ofrenda para Hana. Como si le hubiese leído la mente, él le extendió un hermoso, y generoso en tamaño, ramo de lycoris radiata, eran simplemente perfectas.

Al adentrarse comenzó a caminar sola, su padre no le siguió, ella necesitaba privacidad. Miró muchas tumbas, unas grandes, otras pequeñas pero muchas descuidadas, le invadió un poco de pena ver los lugares de descanso de muchas personas en esas condiciones, tal vez sin ser visitadas en años, sin recibir ninguna flor, ninguna oración en su nombre. Era algo triste de saberlo, por un momento se imagino a si misma en esa situación aunque fuese de una manera totalmente diferente.

Por fin la vio, esa tumba que con muchas ganas ansió por ver en mucho tiempo. Era el terreno de los Hyuga, donde muchas generaciones descansaban, la mayoría abandonadas, una corriente de ira la sacudió. Eran familia y tenían dinero ¿Por qué no le dedicaban un tiempo a su propia familia? En definitiva no lo sabía, ella era una Hyuga rara después de todo.

Miro detenidamente la lapida, Hyuga Hana decía junto con una frase que Hinata recordó, a su madre le encantaba decirla pero ella no la entendía totalmente.

"Un buen corazón ayuda a otros sin importarle que algún día deje de latir"

En cuanto lo leyó una sonrisa surcó su rostro junto con lágrimas que salían a borbotones. Sin importarle ensuciarse cayó de rodillas y acaricio suavemente las letras como si temiera que se rompieran, con el cariño que ella recordaba ser acariciada de pequeña ¡Como la extrañaba!

—Eh…ho-hola mamá… —sonrió tontamente, por tartamudear en un momento así— hace mucho que no la visitaba ¿no? He sido una irresponsable, perdóname por eso —ofreció las flores y las esparció por toda la tumba, cuidando de cada lugar en que las colocaba— le traje esto, bueno, me las dieron… ¡pero! Prometo que le traeré unas por propia cuenta.

Las lagrimas seguían saliendo pero no le importaba, dirigió una pequeña mirada a la tumba de al lado, donde la lapida rezaba Hyuga Hinata, sin nada mas, no la conocían lo suficiente sus antiguos familiares como para poner una frase de ella.

—Oh, supongo que habrías estado preguntándote donde estaba yo, porque no estaba con usted y bueno… ¡Lo siento mucho! —hizo una reverencia exagerada juntando sus manos con entusiasmo, como si en verdad la tuviese presente— era la única forma en que podía ser libre y… lamento mucho no poder cumplir con mi deber de hermana mayor —las lagrimas comenzaron a salir con mayor caudal—, lo lamento en serio, hay muchas cosas que lamento pero…te prometo que ayudare a cuantas personas me sean posibles, esta Hinata puede hacerlo —levanto su rostro imaginándose a su madre de frente— siempre fui, soy y seré tu hija… Feliz 20 años de ser mamá… —cerró los ojos dejando que la nostalgia y los sueños se apoderaran nuevamente de ella.


No sabía cuánto tiempo se había dormido, despertó asustada por un momento no recordar donde estaba, se había quedado dormida en el cementerio, recostada en la lapida de su madre. Los últimos rayos del sol se encargaban de darle calor y un aspecto casi familiar al lugar.

—Hasta sentí que me abrazabas de verdad, oka-san… —sintió una gota de agua rodar por su mejilla. No era una lagrima era…—, ¿lluvia?

—Hinata —respingó levemente asustada hacia atrás, Madara estaba ahora frente a ella con un paraguas, de, no tengo idea de donde lo sacó ¿Desde qué tiempo estaba ahí, viéndola dormida encima, prácticamente, de su madre?— es hora de irnos, está lloviendo.

Apenas termino de decir esto, la lluvia cayó como todo un diluvio, rempapándola al instante, se levantó y acomodó nuevamente las flores, a pesar de que terminarían arruinándose por la lluvia. Le dirigió una última mirada a su madre.

—Volveré pronto, oka-san, lo prometo —le dijo como despedida.

Madara le cubrió con el gran paraguas, sus propias ropas negras estaban algo mojadas, el sol casi se había ocultado completamente.

—Te deberías cambiar lo más pronto posible sino te resfriaras —le comentó el mayor.

Hinata sonrió con dulzura, él en definitiva era su padre. Al mirar más detalladamente de frente vio algo que no esperaba ver, una joven unos años menor que ella caminaba hacia las tumbas de la familia Hyuga, tenía el cabello castaño y lacio, con el cabello cayéndole a la cara, tapando unos tristes y algo opacos ojos de color perla "Hanabi…" Casi se quedo sin aire pero disimulo todo lo que pudo, Madara lo notó, y le apretó ligeramente el hombro dándole su apoyo en silencio.

Apenas se cruzaron, pero para ella fue todo en cámara lenta, en cuanto pasaron lado a lado, la mayor notó como una lagrima escurridiza salía de uno de los ojos de la menor y no le importaba que dos personas la vieran ¿Qué pasó con la Hanabi orgullosa?

Al alejarse lo suficiente, se permitió mirar hacia atrás. Su hermana estaba completamente mojada y aun así cayó casi sin fuerzas frente a una tumba, su tumba, la tumba de Hyuga Hinata. Abrió los ojos desmesuradamente, ella estaba ahí para visitarla, la vio rezando profundamente, no sabría decir si lo que se deslizaba por su rostro era lluvia o lagrimas, ella si se resfriaría. Hanabi depositó una flor de loto delicadamente y continúo con su rezo, no sin antes extrañarse por las flores en la tumba de su madre.

Hinata siguió caminando, aunque le doliera, ya no podía hacer nada más por la que una vez fue su pequeña y adorada hermana menor.


"Las lágrimas más amargas derramadas sobre tumbas son por palabras que no se dijeron y cosas que no se hicieron." - Harriet Beecher Stowe


Esa frase siempre me deja pensando…

Aclaración:

Hinatan: Derivado de Hinata-tan, prácticamente pequeña Hinata, de cariño. Como Jinta pasa a ser Jintan, de cariño para los nombres terminados en "ta" ¿Alguien vio AnoHana?

¡Hola! ¿Me creían muerta? Pues no, la anemia todavía no lo logra. Yo le llamo a esta semana, "La semana de apertura" actualizo todas mis historias y las que no actualice, pues…murieron. Mi mente es una asesina, pero, no le hará nada a esta historia, créanme, no la dejare.

Pues, espero que este capítulo algo larguito compense un poco por mi tardanza, básicamente el primer capítulo y este son como un prologo de la historia. A partir del siguiente capítulo empieza lo divertido, entraremos en el negocio de Akatsuki, y sobre el pasado de algunos personajes, aclarando… se los diré mas adelante xD ¿Próxima actualización? Dentro de 15 días máximo, si puedo antes aunque también depende de mi mente, tiempo y sus review's.

El próximo capítulo se titula:

Aunque la jaula sea de oro…