Esta es una colección de viñetas que pertenece a una actividad del foro "Proyecto 1-8", llamada "Escribe a partir de una palabra".

Digimon no me pertenece, solamente juego con sus personajes.


Calendario de palabras

Capítulo II. Komorebi

Komorebi: rayos de sol que se filtran entre los árboles. Propuesta por SkuAg

El sol calentaba el prado donde se encontraba, en quel caluroso día de verano e iluminaba todo, dándole un tono mágico a las coloridas flores. Mimi estaba apoyada en un tronco, disfrutando de la suave brisa que refrescaba el ambiente. En su regazo tenía a Palmon apoyada y acariciaba sus hojas distraídamente.

Mimi quiso embeberse del paisaje y de la compañía de su compañera porque le esperaba un viaje largo en el que no podría ir al mundo digimon, y se dedicó a observar todo. Era increíble lo precioso que podría ser ese mundo, tan parecido al suyo en muchas cosas pero con detalles tan especiales que lo hacía realmente único. Las flores parecían vibrar en colores imposibles de retratar siquiera en el mundo humano y su fragancia rodeaba todo con un halo de misterio y magia que encandilaban hasta al más frío témpano de hielo. La chica rió bajito al imaginarse a Yamato allí, restringiendo su entusiasmo por tal bello paraíso.

—¿Mimi? —la voz de Palmon la sacó de su ensoñación y miró hacia abajo—. ¿Qué pasa? ¿Por qué te ríes?

Mimi negó con la cabeza y sonrió. Su compañera frunció el ceño pero la chica se lo acarició para que desapareciese.

—Si frunces el ceño te saldrá arrugas, y eso te hará ver más fea —la digimon se apresuró a tensar la cara y ella rió—. Tranquila, Palmon; estás preciosa. Cada vez más.

—¿De verdad lo crees, Mimi? —sus ojos brillaron de emoción contenida—. ¿Alguna vez podré ser tan bonita como esas flores de colores?

Mimi vio como la digimon señalaba las flores del prado lleno de brillantes flores y cerró los ojos, negando de nuevo con la cabeza. Cuando los abrió, su compañera tenía la tristeza dibujada en su carita.

—No tienes que querer ser tan bonita como esas flores porque tú lo eres muchísimo más —Palmon la miró, interesada en lo que estaba diciendo—. Ellas nunca podrán ser tan bonitas como tú.

La chica acarició de nuevo los pétalos de su cabeza con dulzura y sonrió, recordando cómo años atrás había ofendido a su compañera cuando al conocerla le quiso cambiar el pelo. Incluso si Palmon seguía igual a esa vez, le pareció ver la madurez mezclada con la inocencia en su faz, y los rayos de sol que se colaban por entre las ramas del árbol hizo que la viese más especial que nunca.

—Eres preciosa, Palmon, siempre has sido y siempre lo serás; por dentro y por fuera —le aseguró, poniéndose algo sería para que comprendiese que todo iba en serio—. Que nadie te diga lo contrario, ni siquiera yo.

Palmon pareció contrariada por las últimas palabras pero Mimi no le dejó pensarlo; se agachó y besó su frente, apoyándose en ella para poder abrazarla. La digimon no se hizo de rogar y la rodeó con sus verdes brazos.

Una suave brisa sopló en ese instante, haciendo flotar a su alrededor decenas de pétalos de diferentes colores que convirtieron el dulce momento en algo más mágico. Ambas féminas disfrutaron de su momento, porque podían ser de distinto color, de distinta especie e incluso de distinto mundo, pero la amistad que las unía superaba todas las diferencias.

Se querían, se adoraban, y para ellas eso era suficiente. Porque su amistad era inocente y pura, y tenían claro que era para siempre.


Y hasta aquí. Después de mil ideas con esa palabra, me decidí por escribir algo de amistad, porque me apetecía salir de lo romántico. Así que esto ha salido.

Espero que os guste.

¡Nos leemos!

Mid*