¡Hola de nuevo! Aquí me tienen de regreso con un capítulo más de esta historia, disculpen la demora.

Luna: ¡¡Hola, amiga!! Muchas gracias por seguir leyendo mis desvaríos, jeje. ¿Qué te puedo decir? La idea de esta historia llevaba ya algún tiempo rondando mi mente y pues he aquí el resultado, a ver qué tal se me da escribiendo algo "serio". Gracias por tus comentarios y sugerencias, espero seguir contando con tu opinión. Saludos.

Ethel: Muchas gracias por tu comentario, espero poder cumplir tus expectativas; la verdad a mí también me fascina el santo del cangrejito y pues tenía ganas de escribir algo sobre él y de paso sacar además un poco de mis propios traumas, jaja.

Bueno, ahora sí, he aquí la historia…

2. SICILIA

De pie, a casi 2 mil metros de altura sobre la ladera del monte Etna, un hombre de cabellos y ojos azules veía la llanura de Catania con sumo interés.

Años atrás, él había entrenado en aquel mismo paisaje y había jurado a la sombra de aquél mismo volcán volverse un hombre muy fuerte… En realidad, no podía decir que hubiera fallado a esa promesa, pero estaba consciente de que los resultados que había obtenido dejaban mucho qué desear.

Un suspiro escapó de los labios de aquel hombre mientras su mirada recorría el valle que se extendía frente a él. Aún recordaba con demasiada claridad las extenuantes horas de entrenamiento por las que había tenido que pasar bajo sol y lluvia, desde las primeras horas del día hasta bien entrada la noche, siempre por el deseo de ser cada vez más fuerte, de ser superior, poderoso, ¡ser alguien a quien todos temieran! Porque desde una edad muy temprana él había aprendido que en este mundo no hay cabida para los débiles.

-Los débiles siempre terminarán siendo víctimas- murmuró suavemente aquel hombre a la vez que cerraba sus ojos.

"El poder es justicia", esa era la ideología que había adquirido desde pequeño. Toda su vida se había regido bajo aquel precepto, pero… después de múltiples sucesos, él empezaba a pensar que quizás, y sólo quizás, la fuente de ese "poder" podía encontrarse en sitios muy diferentes a donde él lo había buscado.

-Tan temprano y ya estoy pensando tonterías- se dijo a sí mismo a la vez que suspiraba- Ni hablar, parece que en serio tendré que reflexionar sobre algunas cosas este día- agregó empezando a caminar ladera abajo.

Y mientras el peliazul caminaba lentamente por las tierras sicilianas, en otro país también bañado por las aguas del Mediterráneo, sus compañeros de armas se encontraban reunidos platicando sobre delicados asuntos…

-Espero que haya quedado bien claro para todos- dijo el santo de Escorpio viendo seriamente a los demás dorados, que se encontraban reunidos con él cerca del coliseo- ¡Esta noche nadie se escapa de ir a brindar!-

-¿Para esto nos reuniste, Milo?- preguntó Camus con los ojos cerrados y contando mentalmente del uno a sabrá Zeus qué numero para no darle un coscorrón a su amigo- Dijiste que se trataba de algo importante-

-¡Es algo importante, Camus!- protestó el escorpión dorado- ¿Cuántas personas pueden jactarse de seguir cumpliendo años luego de haber muerto y revivido? ¡Esto es algo digno de festejarse en grande!-

-Bicho, tú lo único que quieres es un pretexto para hacer fiesta- dijo Aioria con una sonrisa.

-Lástima que el cumpleañero se te haya escapado- comentó Shura.

-Aunque claro que podemos brindar en honor de MM aunque él no esté presente- opinó Kanon.

-MM no se perderá el festejo- aseguró Milo confiado- Ya verán que regresará a tiempo para ir con nosotros, porque, ¿quién en su sano juicio despreciaría la oportunidad de ser festejado en su cumpleaños por mí?-

Un silencio sepulcral se hizo presente entre los santos durante algunos momentos, en los cuales todos se quedaron viendo al escorpión dorado, que seguía sonriendo despreocupadamente.

-¿Será que Atena me deje ir a Francia en mi cumpleaños?- preguntó Camus rompiendo finalmente el silencio.

-Lástima que yo no tendré pretexto para salir de Grecia en el mío- comentó Aioria con expresión abatida.

-Jaja- exclamó sarcásticamente Milo viendo con mala cara a sus amigos- Y yo que pensaba ir mejorando los festejos siguientes. Si no preparé con más detalle el de MM fue porque tuve poco tiempo, pero para el próximo cumpleaños tengo pensado conseguir una fina champaña para el brindis, y para el siguiente… ¡voy a traer unas bailarinas exóticas!-

-¡¡Ni si quiera se te ocurra, Milo!!- gritó Shaka cayendo en cuenta de que aquello correspondería a su propio cumpleaños.

Todos los presentes comenzaron a reír por la reacción del santo de Virgo.

-En fin- suspiró Milo- Lo importante es no dejar pasar por alto ningún cumpleaños de aquí en adelante, que bien merecido tenemos el festejarlo. Además, esta es una gran manera de fortalecer los lazos entre nosotros-

Todos intercambiaron miradas entre ellos y finalmente asintieron a lo dicho por el santo de Escorpio.

-Sólo espero que MM regrese a tiempo- comentó Aioros- Si de "fortalecer lazos" se trata, creo que él es uno de los que más lo necesitan-

-Estoy seguro de que el viaje le ayudará a aclarar sus ideas- opinó Mu.

-Y yo insisto en que aunque no llegue, no por ello no vamos a brindar por él- declaró Kanon.

-Él regresará a tiempo- sentenció Afrodita ya dándose vuelta para retirarse- Sé que él no va a despreciar esta nueva oportunidad que le están dando- agregó murmurando para sí mismo.

-¿Cómo dices, Afrodita?- preguntó Saga alcanzando a escuchar ligeramente lo último que dijera.

-¡Digo que es zoquete no se va a perder una noche de juerga!- exclamó el santo de los peces ya alejándose de sus compañeros.

-Sé que aún falta mucho, pero para tu cumpleaños también haremos algo especial, ¿eh, Afro? Así que no te enceles del cangrejo-le gritó Milo alegremente.

-Vale, iré haciendo un espacio en mi agenda- respondió Piscis sin voltear.

-¡Y lo mismo va para todos ustedes!- les informó el santo de Escorpio a sus demás camaradas, logrando que más de uno sonriera.

Y mientras eso pasaba en Grecia, en Sicilia, MM había llegado a un pequeño poblado.

Numerosas casitas se sucedían una tras otra en todas direcciones en un amplio radio, que parecía tener como centro una hermosa plazuela en la que se levantaba una bonita y antigua iglesia. Alrededor, calles adoquinadas serpenteaban en medio de las casas, formando callejones que se alejaban de la avenida principal que daba acceso a la ciudad.

MM caminó despreocupadamente por las calles empedradas confundiéndose con los habitantes del lugar, quienes iban y venían tranquilamente, ocupados en sus propios asuntos cotidianos. De vez en cuando, alguno de ellos veía con algo de recelo al santo dorado, pero de inmediato continuaba con su camino sin detenerse.

El santo de Cáncer podía sentir aquellas miradas recelosas. Él no se preocupaba por mostrar un rostro amigable, así que en general le resultaba indiferente que otros lo vieran con desconfianza, e incluso con miedo. En realidad, casi siempre disfrutaba que lo observaran con temor, después de todo, para eso había entrenado tanto, pero…

MM se detuvo justo enfrente de la entrada de la iglesia y alzó su mirada hacia el campanario de la misma. Un cielo azul se extendía sobre la ciudad y un ligero viento soplaba meciendo las copas de los árboles que rodeaban la plazuela. Hacía mucho que el cangrejo dorado no experimentaba una paz como la que sentía en aquellos momentos y, casi sin proponérselo, sus ojos se cerraron mientras él seguía ahí de pie, simplemente disfrutando el roce del viento sobre su cara.

-¡Hora de irnos!- gritó una mujer desde el centro de la plazuela.

-¡¡Nooo!!- protestaron de inmediato las voces de varios niños.

-¿Todavía no se quieren ir?- aquella mujer ya madura, de rostro amable, ojos celestes y cabellos negros salpicados por algunas canas, les sonrió dulcemente a un grupo de niños y niñas que se había congregado en torno a ella- Entonces, ¿quién se comerá el pastel que horneamos esta mañana?-

Todos los pequeños se mostraron emocionados a la sola mención del postre y de inmediato emprendieron la retirada, alejándose por las calles empedradas. Una joven que vendía flores en un local cerca de la plazuela los saludó amablemente cuando pasaron cerca y un poco más lejos, un panadero les gritó que se portaran bien mientras los veía pasar con una sonrisa.

La mujer de los ojos celestes recorrió la plazuela con la mirada antes de retirarse también y notó que un pequeño de cabellos azules se había quedado de pie frente a la entrada de la iglesia, con la mirada fija en el campanario.

-¿Qué ocurre, caro mío?- le pregunto ella dulcemente acercándose a su lado.

El pequeño volteó a verla y la observó en silencio algunos instantes antes de negar ligeramente con el rostro a la vez que bajaba la mirada. La mujer se agachó hasta quedar a la altura del pequeño y acarició suavemente su rostro viéndolo con dulzura.

-Vamos a casa- le susurró ella amablemente.

El niño fijó sus ojitos azules en la bondadosa mirada de la mujer y finalmente asintió a la vez que sonreía ligeramente.

MM abrió sus ojos a la vez que suspiraba profundamente. La iglesia con su campanario seguía ahí frente a él, igual que como había estado muchos años atrás. Allí estaba también la misma plazuela, bajo el mismo cielo, y el viento que acariciaba su rostro seguía siendo el mismo que venía desde más allá del Mediterráneo. Sin embargo, ya nada era igual que antes.

El santo de Cáncer dirigió su mirada hacia un local cerca de la plazuela donde se vendían flores. A la entrada del mismo, una mujer se encontraba observándolo analíticamente, pero bastó con que él volteara para que ella se metiera rápidamente.

MM sonrió ligeramente, con algo de ironía. Aquella mañana, él se había encontrado con varias personas a las que había reconocido fácilmente, personas a las que, años atrás, ni siquiera en sueños hubiera pensando inspirarles temor. Pero, después de todo, él ya no era el mismo que esas personas habían conocido, y sin duda tenían razón en temerle.

Una profunda pesadez se reflejó en la mirada del cangrejo dorado mientras que él se alejaba lentamente de la plazuela. En algún momento de su vida, él había tomado la decisión de volverse un poderoso guerrero; no importaba que ello supusiera poner en riesgo su vida, tampoco que para lograrlo tuviera que mancharse las manos de sangre; lo único que importaba era que podría proteger todo aquello que era valioso para él. Sin embargo, en el camino de cumplir sus objetivos algo se había torcido. No sólo se había manchado las manos de sangre, sino que ahora estaba completamente impregnado por el aroma de la muerte… Y las miradas que los habitantes de aquella pequeña ciudad le dirigían le hicieron ver que nadie deseaba la 'protección' de alguien como él.

-Las personas como yo deberíamos desaparecer de este mundo- se dijo MM sonriendo con amargura- Después de todo… la Muerte en realidad nunca ha necesitado de ningún ayudante en su trabajo-

Aquella idea hizo que la sonrisa de MM se volviera más grande, aunque no por ello perdió algo de la amargura que transmitía. Él había trabajado mucho para volverse quien era… darle un rostro a la Muerte no es precisamente un trabajo sencillo, y en verdad, su rostro era lo último que muchos habían visto antes de irse al otro mundo… aunque ya llevaran tiempo de haber muerto.

El santo de Cáncer siguió caminando por largo rato por callejones vacíos. Su mente estaba llena de ideas, de recuerdos y también de dudas, pero no cabía duda de que se sentía mucho más tranquilo de lo que había estado esa misma mañana. Caminar por aquella pequeña ciudad siciliana le resultaba agradable, aún cuando ya nadie allí lo reconociera.

Después de varios minutos de andar deambulando, el santo del cangrejo finalmente se detuvo frente a una bonita y colorida casa de 2 pisos, rodeada por un amplio jardín, donde varios niños correteaban entre gritos de alegría.

MM se quedó viendo la escena en la acera que estaba frente a aquella vivienda. Se notaba claramente que la construcción ya era algo antigua y que sin duda un poco de mantenimiento no le vendría nada mal; además, aunque la casa era espaciosa, parecía evidente que apenas y resultaba suficiente para dar alojamientos a todos los niños que allí vivían. Sin embargo, los pequeños se veían felices mientras corrían persiguiéndose de un lado para otro y en esas seguían cuando uno de ellos tropezó y cayó al suelo.

Las risas cesaron, interrumpidas por el llanto del niño que se había caído, y los demás infantes corrieron hacia él para ver lo que le había pasado. MM también seguía con la vista todo lo que ocurría cuando de pronto, una joven de cabellos color trigo y ojos de un color azul grisáceo, de poco más de 20 años, salió de la casa y se dirigió presurosa hacia el pequeño que lloraba.

Las pupilas del cangrejo dorado se dilataron al ver a aquella chica, pero él permaneció impasible en donde se encontraba. Desde allí pudo ver cómo la muchacha consolaba al niño y este poco a poco dejó de llorar. Así, tan sólo unos momentos después, las risas volvían a inundar el ambiente mientras los pequeños regresaban a sus juegos ante la alegre mirada de la joven.

MM se quedó observando a aquella chica por unos segundos más y finalmente una ligera sonrisa apareció en su rostro. Era innegable que muchas cosas en su vida no habían salido como lo había planeado o esperado, pero esa vieja casa seguía en pie y aún era habitada por sus típicos inquilinos, así que quizás… quizás no todo estaba perdido.

El santo de Cáncer observó a los niños unos instantes más antes de comenzar a caminar de nuevo por las calles empedradas. Sin embargo, apenas había dado unos cuantos pasos cuando la joven que acompañaba a los pequeños volteó justo en la dirección por la que él se alejaba.

Los ojos de la chica se abrieron desmesuradamente cuando su mirada se posó en la silueta de aquel joven que se alejaba a paso lento y sin pensarlo dos veces salió corriendo a la calle gritando un nombre:

-¡¡Ángelo!!-

MM quedó paralizado al escuchar ese nombre y pudo oír cómo unos pasos se acercaban aprisa hacia él, deteniéndose justo a su espalda.

-Ángelo… ¿eres tú, verdad?- le preguntó con voz ahogada la joven del cabello color trigo.

-¿Ángelo?- exclamó el chico de Cáncer sin voltear a verla- No conozco a nadie con ese nombre-

Por unos instantes todo quedó en silencio. Los niños habían detenido sus juegos y observaban expectantes a aquel peculiar par que se había quedado callado, él aún dándole la espalda a la chica y ella con la mirada fija en él.

-Ya veo- balbuceó ligeramente la joven- Entonces tú debes ser… ¿Antifaz Espectral?-

-Es Máscara Mortal- la corrigió secamente el santo de Cáncer a la vez que volteaba a verla.

Él intentó poner una cara seria para demostrar que no le parecía que le cambiaran el nombre, pero en cuanto su mirada se cruzó con la de aquella joven sus facciones terminaron por suavizarse, pues ella lo veía con una radiante sonrisa y también con algunas lágrimas mal contenidas que habían escapado de sus ojos.

-Sigues siendo una llorona, Juno- le dijo el cangrejo dorado con voz suave.

-Tonto- le respondió la joven limpiándose el rostro con el dorso de la mano- No me digas que pensabas irte sin siquiera pasar a saludar-

MM no contestó, sólo se le quedó viendo a la chica detenidamente. Ella aún lo recordaba, ¡y no sólo eso! Ella no le temía, aunque no podía decir lo mismo de los niños que lo observaban atentamente desde la reja del jardín.

-Niños, no tienen por qué asustarse de este joven aquí presente- les dijo Juno a los pequeños, percatándose también de la forma en que veían al santo de Cáncer- Sé que Ángelo tiene cara de ogro pero…-

-¡¿Cómo que cara de ogro?!- protestó MM bastante molesto- Y te dije que mi nombre…-

-Tu nombre en esta casa fue y seguirá siendo Ángelo- lo interrumpió la chica sonriéndole sin inmutarse- Fuera puedes llamarte como quieras, pero no te presentaré con un nombre que sólo asustará más a los pequeños- agregó en tono determinante.

-¡Ah! Como sea- exclamó fastidiado el peliazul- Pero no tengo cara de ogro-

-¿Hace cuánto que no te ves en un espejo?- murmuró mordazmente la chica.

MM parecía dispuesto a iniciar una buena discusión ante las atentas miradas de los niños, que veían alternativamente a los 2 mayores, observándolos entretenidos. Sin embargo, justo entonces la puerta de la casa se abrió y dio paso a una mujer regordeta, de ojos celestes y cabellera canosa, que aún conservaba algunos cuantos vestigios de haber sido negra anteriormente.

Aquella mujer se detuvo en el umbral de su casa y desde allí observó a los niños apiñados en la reja del jardín y luego a los 2 jóvenes que se encontraban en la acera de enfrente.

-¿Tenemos visitas?- preguntó ella dirigiéndose a la joven de cabellos color trigo.

MM se había quedado observando atentamente a aquella mujer, por lo que apenas y pudo reaccionar cuando la joven que estaba a su lado lo tomó de la mano y lo jaló hacia la casa, haciéndolo detenerse justo frente a la señora.

-Nonna Stella, mira, ¿puedes reconocerlo?- le preguntó Juno con voz emocionada.

La mujer elevó sus ojos celestes hacia el rostro del cangrejo dorado y se quedó observándolo en silencio. MM por su parte le sostuvo la mirada sin mostrar ninguna expresión en su rostro, aunque curiosamente su corazón estaba latiendo más rápido de lo común. ¿Sería posible que ella lo recordara? El santo de Cáncer comenzaba a dudarlo tras unos segundos que le estaban pareciendo eternos, pero entonces pudo notar cómo a ella se le iluminaba la mirada y antes de que comprendiera lo que había pasado, se encontraba preso en un fuerte y cálido abrazo.

-Ángelo- susurró la mujer de ojos celestes, abrazando aún con más fuerza al santo del cangrejo.

MM se quedó en una especie de shock ante aquella reacción. Una parte de sí mismo se sintió profundamente aliviada al verse reconocido por aquella mujer y por unos breves momentos, los recuerdos y sentimientos de un niño que había vivido algún tiempo en una pequeña ciudad siciliana se impusieron sobre los del santo dorado de la cuarta casa zodiacal.

-Hola, nonna- logró decir finalmente el peliazul con voz apenas audible, aún entre los brazos de la mujer.

Ella lo soltó finalmente tras unos instantes y comenzó a hablar animadamente sobre lo mucho que había crecido y sobre lo guapo que se había puesto, con lo que Juno dijo no estar muy de acuerdo. Los minutos siguientes transcurrieron en medio de ese tipo de conversación que ocurre entre personas que no se han visto por largo tiempo: cómo se ha estado, qué se ha hecho y ese tipo de cosas, y a pesar de que MM no habló mucho al respecto, la señora Stella parecía feliz tan sólo de estarlo escuchando, pero resultaba evidente que el sentimiento era mutuo, pues cualquiera que hubiera visto la afectuosa mirada con la que el santo de Cáncer veía a aquella mujer jamás habría podido imaginar siquiera que él pudiera ser un desalmado guerrero.

-Esto amerita una comida especial- dijo la mujer de los ojos celestes después de un rato de plática y casi todos se mostraron emocionados y comenzaron a sugerir diferentes platillos y postres para la ocasión.

MM no pudo evitar sonreír ligeramente al ver toda aquella conmoción que se había creado, pero una voz en su interior no dejaba de susurrarle que él no merecía aquella bienvenida.

-Quizás en otra ocasión- dijo finalmente el cangrejo dorado, haciendo que las entusiastas sugerencias cesaran de inmediato- No puedo quedarme por mucho tiempo-

-¡¿Qué?!- protestó Juno de inmediato- ¡¿Cómo que no puedes…?!-

-¡Oh! Ya veo- exclamó la señora Stella en tono comprensivo e interrumpiendo las réplicas de la joven- ¿Ya debes partir de Sicilia?-

-En realidad…- respondió MM con una expresión algo melancólica- Aún debo hacer otra escala antes de abandonar la isla-

-Entiendo- dijo la mujer dedicándole una amable sonrisa- Quizás sea algo egoísta de mi parte pero, ¿podrías pasar a despedirte de nosotros antes de marcharte definitivamente? Y espero que no me rechaces al menos una pequeña merienda entonces-

MM la observó en silencio antes de asentir sonriendo ligeramente y sólo se quedó unos minutos más para finalmente partir por las calles empedradas.

El santo de Cáncer caminó por un buen rato por la ciudad; sin embargo, finalmente se detuvo mientras transitaba por lo que parecía una calle completamente vacía.

-¿Por cuánto tiempo más piensas seguirme?- preguntó el peliazul en voz alta y sin voltear.

Nadie respondió, pero el cangrejo dorado sabía que había alguien que intentaba ocultarse a sus espaldas, y tras un breve instante de silencio, una suave voz finalmente se dejó escuchar.

-Disculpa- susurró tímidamente- Es sólo que recordé que alguna vez dijiste que preferías no ir sólo a "ese" lugar-

MM suspiró profundamente con expresión seria antes de responder.

-Eso fue hace mucho tiempo, Juno-

La joven de cabellos color trigo y ojos azul grisáceo salió desde atrás de una esquina y se acercó lentamente al santo de Cáncer.

-Entonces si te diriges allí- murmuró con suavidad y luego observó fijamente al peliazul- ¿Aún tienes asuntos pendientes por arreglar?-

-Pero qué entrometida eres- se limitó a responderle MM viéndola de reojo- Y para que lo sepas, ya no tengo pendientes con ese sitio- se apresuró a agregar antes de que la chica protestara algo- Es sólo que creo que es el mejor lugar para aclarar mis ideas-

-¿Aclarar tus ideas?- preguntó la chica viéndolo sin comprender.

MM le sostuvo la mirada unos instantes y luego suspiró a la vez que desviaba la vista hacia el horizonte.

-He hecho cosas que no deberías ni siquiera intentar imaginar- murmuró en tono lúgubre- Por eso necesito ordenar mis pensamientos, y qué mejor lugar para hacerlo que aquel en el que ocurrieron 2 de los sucesos que más marcaron mi destino-

-Ya veo- dijo ella en tono comprensivo- Pero ir al lugar en el que perdiste tu primer hogar y en donde conociste al hombre que te apartó de tu segunda familia me parece algo…-

- Absurdo, retorcido, estúpido, irracional… Puedes llamarlo como prefieras, pero lo haré de todos modos- sentenció MM cruzándose de brazos.

-Sigues siendo un testarudo- murmuró Juno sonriendo ligeramente- Pero ni pienses que te dejaré ir solo-

-¡¿Y a ti quién te invitó?!- exclamó el cangrejo dorado.

-Yo haré lo que plazca, así que también voy- declaró la joven con firmeza.

-¿Y yo soy el testarudo?- murmuró MM en tono burlón.

Ambos se quedaron viendo fijamente a los ojos del otro durante unos momentos y por fin MM suspiró resignado.

-Bien, pero ni pienses que estaré cuidándote. Y no será culpa mía si algo te asusta y te hace salir corriendo-

-¡Ya no soy una niña, Ángelo!- protestó molesta la chica.

-Como sea- dijo el santo de Cáncer encogiéndose de hombros y luego, de un rápido movimiento, levantó a la joven en sus brazos.

-¿Qué… qué crees que haces?- exclamó ella más que sorprendida y algo sonrojada por semejante acción.

-Ya que no podré librarme de ti al menos iremos a mi paso. ¿Alguna vez has viajado a velocidad luz?-

-Sí, claro, cada vez que salgo de compras- respondió Juno en tono sarcástico- ¿Cómo preguntas eso? Ningún humano podría hacerlo-

-¿Quieres apostar?- respondió MM con una peculiar sonrisa a la vez que un resplandor dorado lo cubría por completo, incluyendo a la joven que tenía en sus brazos.

Y antes de que la chica hubiera dicho una palabra más, ambos prácticamente desaparecieron de la ciudad en cuanto MM hizo gala de la velocidad de la que gozan los santos dorados...

¡Y por fin he terminado el capítulo 2! XD De nuevo pido una disculpa por las demoras, pero es que parece que mis Musas se habían tomado vacaciones, jeje. Bueno, sólo quiero aclarar que desconozco cuál sea el nombre real de MM, pero usé Ángelo porque es uno de los que más he encontrado en otros fics, incluyendo uno de mis favoritos .

En fin, espero que les esté gustando la historia, a partir del próximo capítulo iré profundizando más en muchos aspectos que quiero resaltar del santo de Cáncer, sólo ténganme un poquito de paciencia u

Espero sus reviews. Hasta la siguiente actualización.