Como habréis visto el fantic se divide en días y noches.

Los días serán en general más cartas que las noches (sobretodo porque a los lectores les interesará mucho menos) e incluso habrá muchas noches que no tendrán a sus días correspondientes porque no son necesarios, sin embargo no os los saltéis... lo digo de verdad... el próximo DÍA es importante. Yo solo aviso.

Ya me contareis, pero ya sé que el capitulo ha salido algo aburrido... ¿qué se le va a hacer?

Bueno, gracias por leer.


1ER DÍA :

Eli se despertó en su cama mientras oía escaleras abajo los gritos de su madre intentándolos despertar a distancia.

-Lisa y Eli, os quiero abajo en cinco minutos. Es vuestra última oportunidad. Si no bajáis os juro que no desayunáis"

-Voy –gritó Eli mientras se ponía sus vaqueros a toda prisa mientras buscaba una sudadera limpia entre la pila de ropa que se amontonaba en el suelo de su habitación.

Mientras bajaba por las escaleras hasta la planta baja vio a su hermana menor entrar apresuradamente por la puerta de la cocina. Sólo bastaron tres segundos para que saliera lanzada de la casa familiar con un paraguas en una mano y un donut de chocolate en la otra.

-Bye enana.

-Bye bye brote de habas.

"Shhh" siseó la mayor en su mente. Era frustrante, pero pese a ser dos años menor Lisa ya era casi media cabeza más alta que ella. Tampoco le sorprendía mucho, la enana era una copia de su padre.

Eli entró en la cocina y se sentó tranquilamente a comer. ¿Un desayuno equilibrado? Eso no existía en su casa, Marta compraba deliciosa (pero nada saludable) bollería industrial y hacía tostadas enormes con toneladas de margarina y mermelada de arándanos.

Al poco bajo Roberto, y como su hija había hecho minutos antes cogió una palmera cubierta de miel y tomó en dos tragos largos su vasito de café sólo, saliendo apresuradamente de la habitación. ¿Tanto les costaba levantarse media hora antes y hacerlo todo tranquila y pausadamente? Definitivamente no compartían la misma sangre. Ella no era un animal diurno precisamente y necesitaba al menos diez minutos de relax para calentar motores y empezar el día con el pie derecho. Marta era como ella.

Por otra parte, su madre miraba las tostadas con cara de contradicción.

-¿No comes mamá?

-Engordé.

-…

-… ¿No me vas a decir: ¡No, mamá tú estás tan bella como siempre! ¡Con esas caderas de diosa griega y esas…

-Jajajaja Mamá, nunca cambias.

-¡Pero de que te ríes mocosa! –saltó su madre fingiendo estar enfadada mientras se levantaba y se colocaba detrás de su hija para hacerle cosquillas.

-¡Para! Jajajaja ¡Para!

Este tipo de escenas eran especiales para ella. Eran sus momentos más íntimos madre-hija. Y eran más preciados aún porque no se repetían mucho desde que se habían mudado.

Marta siempre había cuidado sola de ella. No conocía a su padre biológico, pero tampoco tenía ganas de hacerlo. "Mamá", como la llamaba cuando estaban a solas, trabajaba de oficinista en un famoso bufete de abogados a media jornada. Su vida era simple: ella y mamá, solas pero confortables. Hasta que conoció a Robert y tras varios años de noviazgo con él decidieron vivir juntos. Entonces dejaron de ser dos y se convirtieron en cuatro: Mamá, ella, Roberto y Lisa.

La esposa de Roberto había muerto varios años antes de que conociera a Marta y Lisa echaba en falta una figura materna. A Eli no le importó acogerla en casa, era una chiquilla alegre en la que en parte se veía reflejada. También la envidiaba, la fuerza que tenía para dar su mejor sonrisa en los días tristes y no llorar cuando visitaban la tumba de su madre. Eran hermanas, aunque no las uniera la sangre lo hacía algo más fuerte: "el dolor".

Sin embargo con Roberto las cosas no fueron tan sencillas. Era un buen hombre (exceptuando cuando "sobrepasabas la barrera", entonces era terrible) y tenía el dinero suficiente para darles a todas una vida cómoda y sin preocupaciones, pero no era su familia. No compartía ningún lazo con él. Se toleraban pero no se conocían ni se interesaban el uno al otro. No era "papá" era simplemente Roberto, aunque le estaba agradecida en muchos sentidos.

Cuando terminó de desayunar, Eli se cambió las destrozadas zapatillas de estar por casa pero un par de botas negras y recogió la mochila de la habitación.

-Me llevo tus botas. Chao.

-¡Arrivederchi Primadona! Le gritó su madre desde el salón.

¡Ah! Se me olvidaba decir que tanto la madre como la hija eran grandes otakus, y aunque no se mostrara mucho en la decoración general de su "nueva" casa, la antigua estaba llena de posters de Katekyo, Sailor Moon, Mazinger Z e incluso Doremi.

Nunca compraron figuritas ni todo ese muestrario de "objetos de coleccionista" por lo que los otakus en general se partían el culo. No lo necesitaban. Bastaba que encendieran el ordenador, apagaran la luz del salón y se tumbaran en el diminuto sofá con una bolsa de palomitas de colores.

En la antigua casa no había televisor. Tampoco lo necesitaban. Delante del sofá tenían un ordenador algo antiguo con una torreta que se sobrecalentaba con facilidad y un ratón que funcionaba a ratos. Un salón pequeño pero ordenado con un pequeño sofá, un gran ordenador y una bombilla suelta de bajo consumo, nada más. Las dos habitaciones eran más de lo mismo, muebles viejos y estropeados pero de gran valor sentimental.

Incluso los posters que empapelaban las puertas estaban sucios y gastados. Con alguna que otra raja y pegados a la madera con trozos de celofán transparente. A nadie en su sano juicio le gustaría aquel apartamento en los suburbios de la ciudad, pero para ella era su pequeña mansión.

Ya no había vuelta atrás, hacia años que habían dejado el alquiler de ese piso, desempapelado con mucho cuidado las puertas (aunque el poster de Mazinger Z no se salvara de rajarse en dos) y mudado a una casa unifamiliar de un barrio residencial al otro lado de la ciudad.

Eli salió de sus pensamientos cuando llegó a la boca del metro, sacó el bono de diez viajes de la cartera y entró en el terminal. Se sentó de uno de los bancos del andén mientras pensaba en el sueño de esa noche.

Se preguntaba si volvería a soñar con Katekyo, si volvería a templar al ver a Hibari y si podría quitarle la fedora a Reborn. Se suponía que ella controlaba sus sueños, pero el último se había sentido algo especial. Ese realismo no era normal, esa… ¿racionalidad? todo lo que pasaba tenía sentido. Esto no sería raro si tenemos en cuenta que en los sueños del inconsciente normalmente los acontecimientos no están ligados unos a otros.

"Ojala soñara hoy, ojalá".

Llegó a la universidad y se encontró con Blanca, su mejor amiga: metro ochenta de altura, tímida y con un escaparate de sudaderas y pañuelos a juego dentro de su armario.

-Hi, Banche.

Todo el mundo la conocía como Banche. Era simple de explicar, había dos chicas con el mismo nombre y lo más simple fue adherir los apellidos, así nació Banche (solo une Blanca y Checa, su apellido).

-Buenos días Eli.

-¿Hiciste el ejercicio 5 de la hoja de fluidos?

-¿El del aspersor?

-Sí.

-Sale raro

-A mí también.

Conversaron y entraron juntas a clase. Atendieron a las correcciones de física y la infumable hora de química orgánica y salieron a tomar un bocadillo a la cafetería de la universidad antes de entrar en la biblioteca.

Después de una larga tarde en la biblioteca volvió a casa, pasándose por el supermercado de la esquina para comprar un par de tomates y una docena de refrescos con gas y cuando llegó empezó a hacer la cena: ensalada mixta y panga a la plancha con pimentón.

Rato después volvió su madre con un bote de salsa de soja y otro de salsa agridulce. Hicieron la cena juntas, en un cómodo silencio que a ambas las hizo sentir "como en casa". Duro poco, Liza entró deslumbrante, gritando al viento, a los vecinos (y quizás a algún extraterrestre que les sobrevolaba) que estaba en casa. Mamá y yo sonreímos.


¿Veis como era más corto? Más aburrido pero más corto.

Gracias a los que consiguieron aguantar.