¡Buenas a todos!. Pueden creer que me estaba olvidando? Ya sé que es 21 todo el día pero estaba en plan, tengo que pagar recibos y cocinar… y lavar no porque ya lo hice ayer… ¿Qué tengo que hacer hoy, descontando el trabajo?. Pues bueno, espero que disfruten este capítulo. Hay una referencia por allí, si alguien quiere buscarla LUEGO de leer pueden buscarlo en youtube como The Library Ghost WhiteDay. No hay pierde.
Una cosa más. Gracias a todas las personas que dejan su review, es lindo.
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II.
-Hola
Saludó Katarina sentándose en la mesa y empezando a comerse las papas de Luxanna, como cada día.
-En serio deja mis papas en paz.
Lux se apresuró a colocar el recipiente fuera del alcance de Katarina, pero esta no dispuesta a renunciar a su botín se estiró lo suficiente para seguir comiendo sin que la posición fuere incómoda. Sacó uno de los sobrecitos de sal que conseguía de la barra y empezó a ponerle a las frituras esquivando las manos de la rubia que intentaba esquivarlas.
-No, deja. No las arruines… ¡Katarina! – gritó exasperada.
-¿Arruinarlas princesa? Pero si estoy volviéndolas comestibles.
-Dios… me exasperas. ¿Qué tengo que hacer para que te compres tu propia comida?
Katarina se sentó disfrutando su botín y sonrió ante la idea que se formó en su mente. Con esa pícara expresión se acercó a Lux con la cara más inocente que podía fingir sin cambiar realmente su expresión de gato satisfecho.
-Pues… dame un beso y lo pienso.
Lux no perdió un segundo, agarró la camisa de Katarina y le plantó un beso lo suficiente largo para que no pudiera quejarse de que no contaba. Por su parte el demonio pelirrojo al no esperar esa reacción de Lux se quedó mirándola durante algunos segundos, hasta que la chica levantó una de sus cejas y le indicó con un leve movimiento de su cabeza que cumpliera con su parte del trato.
-Nah, ya no tengo hambre.
-Que tramposa eres…
Katarina sonrió estirando las piernas dando un vistazo a la barra, los amigos de Lux pronto estarían en la mesa de modo que su tiempo se había terminado.
-Nos vemos princesa.
Sin más se levantó y caminó hasta la salida, algunos la miraron curiosos al pasar a su lado pero no por más de dos segundos porque le tenían el suficiente miedo. Lux por su parte, continuó comiendo tranquila y distraída en los apuntes que repasaba, iba de a poquito comiéndose las frituras con sal que Katarina le había dejado.
-Yo sigo sin creerme que este atontado tuviera razón y le gustes. Sin ofender, pero es que es tan raro como que Quinn pudiera pasar dos horas sin hablar sobre su pollo.
Comentó Ekko tomando asiento frente a la rubia, dejando su arroz con pollo a un lado mientras Ezreal maniobraba los postres que componían su almuerzo ese día.
-No es un pollo, es un águila.
-Lo que sea.
-Pues no Ekko, no es lo mismo. Los pollos no vuelan.
-Tampoco Valorcito… pero no estamos discutiendo eso. Estaba diciendo que, aún me cuesta ver que se besan y todo eso…
Lux sonrió levantando los hombros por el comentario. Su buen amigo no era el único que tenía problemas para terminar de creerse que el demonio de cabello rojo y la rubiecita angelical estuvieran enredadas, pero si las demostraciones de cariño ocasionales en la cafetería no eran suficientes para demostrar que iba en serio, el hecho de que Katarina ya no se divirtiera calentándole la oreja a Ashe podía ser otra pista fuerte. Además, que ya habían pasado un par de semanas y los que dudaban se reducían en número dramáticamente.
-Bueno, si antes no te dejaba comer en paz. Ahora que tiene derecho a la mitad de tu comida todavía menos, pero mira al menos te dejo el postre.
-No tiene derecho a mí comida, no logro que deje de hacer eso. Estoy a punto de no comer solo para ver que hace – contestó tomando el flan y empezando a comer.
-Si se casan, quiero ser el padrino. De entre nosotros soy el más apropiado…
Bromeó Ekko pasándole un brazo por la nuca a Ezreal quién se atragantaba de pastel. Quinn rio ante las ocurrencias de su amigo y como estaba de buen humor a pesar de todo, se unió a la cruzada por no dejar a la rubia disfrutar su postre en paz.
-Y ustedes no tienen que soportarlas en clase.
A pesar de mostrarse ofendida a Lux no le molestaban los comentarios del trio, de cierta forma le hacía ilusión como sus amigos habían aceptado su nuevo estado sin contratiempos. Bueno, Ekko había armado un drama sobre como todos podían tener una ilusión menos él pero se lo ignoraba y listo.
Al regresar al aula Katarina cambió lugares con Quinn y se ubicó tras Luxanna pero a diferencia de lo que usualmente hacía con Ashe se mantuvo en silencio, bostezando de vez en cuando para hacer notar lo aburrida que estaba. Claro que en realidad no era así. Le gustaba estar en clase, observar a Lux muy concentrada en cada cosa que decían los profesores la ponía de buen humor. En ocasiones la dibujada sin planearlo, tenía ya uno de sus libros repleto de bocetos sin terminar y que repasaba en las noches mientras le entraba sueño.
La pelirroja esperó hasta que la señorita Shauna estuviera escribiendo en el pizarrón para acercarse al oído de Luxanna.
-Lux, ven conmigo la siguiente clase. Quiero mostrarte algo…
-No. Y ponte a copiar que esto va a entrar en el primer examen – contestó susurrando para que sólo Katarina pudiera escucharla.
-Puff, ven. Es en serio… te va a gustar…
-Que no...
-¿Y si te doy un beso?
-Te mato – amenazó levantando el lápiz para reforzar sus palabras.
-Pues me muero…
Dicho eso se levantó lo justo para rozar apenas sus labios contra la mejilla de la rubia quién intentó darle una palmada fallando por mucho, pues Katarina que sabía bien que con Luxanna no existían amenazas vacías se había retirado hacía ya un largo rato.
-Maestra Shauna… - empezó Rammus levantando la mano -.
-Si, señorito. ¿Qué ocurre?.
-Es que no puedo concentrarme maestra.
-¿Y eso por qué? – indagó la profesora con genuina preocupación.
-Es que Katarina y Lux están coqueteando maestra, y no me dejan concentrar. Mire que yo intento pero no puedo…
-¡No es cierto!
Se defendió Luxanna de inmediato, pero tras ella Katarina levantó las manos haciendo como que la habían descubierto y las risas de sus compañeros no se hicieron esperar. La maestra miró a una de las pocas entre sus alumnos que parecía atender a clase con el ánimo real de aprender, luego a la personificación de sus pesadillas escolares y se preguntó qué andaba mal en el mundo para que la gente se emparejara de esa manera.
-Si es cierto, señorita Shauna, se estaban besando.
-¡No! No es cierto… Katarina diles que no es cierto.
Ante la petición la pelirroja se acomodó en su silla pretendiendo una seriedad que no sentía.
-Es cierto señorita Shauna, Luxanna estaba seducién…
El libro de Lux fue a estrellarse contra su cara mucho antes que pudiera terminar su frase. La rubia la miraba furiosa desde su lugar, roja como un tomate pero de la pura ira y las ganas de estrangular a Katarina en ese mismo instante. Como se le ocurría inventarse que ella la seducía, cuando fue Katarina quien empezó todo. Y encima, haciéndose la inocente. ¡Qué falta de vergüenza!
-¡Suficiente! Señorita Crownward a mí escritorio por el resto de la lección. Y usted señorita DuCouteau si no puede resistir guardarse sus comentarios, le sugiero que se retire.
Luxanna se levantó hecha una fiera, se aseguró de golpearle la cabeza a Katarina al recoger su texto del escritorio de la chica y amenazó con volvérselo a lanzar cuando por respuesta la pelirroja le mando un beso. Satisfecha con el pequeño desastre Katarina estuvo de muy buen humor el resto de la clase, y para provocar aún más a su rubiecita se dedicó a responder todas las preguntas que la profesora hacía ganándose la mirada estupefacta de sus compañeros con cada respuesta que acertaba.
-Bien, entonces ¿Cuáles son las probabilidades de que el gen recesivo pase a la descendencia de estos dos sujetos?
-75% - respondió Katarina arrebatándole la respuesta a Lux una vez más -. 25% de que se manifieste, ósea que sus hijos tengan el cabello rubio y sus ojos de azules o verdes.
-Muy bien, es bueno ver que puede concentrarse y responder apropiadamente señorita DuCouteau.
-Gracias maestra, pero Luxanna me está mirando mal…
Vayne rodó los ojos no queriendo entrar en el juego de las dos adolescentes, si era así como ese par se querían pues ella se iba a mantener muy, muy, pero que muy lejos de su extraño ritual de cortejo.
-Además, señorita Shauna… también hay 50% de posibilidades de que sea una niña. Por lo que hipotéticamente… son como 20% de posibilidades que tengan una niña rubia de ojos azules… ¿Verdad mi amor?
Aquello lo dijo mirando directamente a Luxanna que apretó la mandíbula estrujando el lápiz entre sus manos. Las reacciones del resto de la clase variaron entre sonidos de sorpresa y risas, pero todos muy atentos a que haría la rubia en respuesta. Pues esta rara vez se quedaba callada.
-Claro, cielo. ¿Y cómo le vamos a poner?
La sonrisa de Lux calmada y conciliadora, incluso soñadora daba más miedo que el demonio pelirrojo de mal humor. El salón se sumió en un silencio sepulcral, del que solo Katarina podía salvarlos a todos así que, miró a la única otra rubia del salón y pasando saliva habló.
-Uhmm… ¿Janna?
-¡Banana!
Respondió Rammus de inmediato logrando cortar un poco el tenso ambiente que se respiraba en el lugar, al ver que Lux no reaccionaba pero esa sonrisa extraña había desaparecido el muchacho continuó en su papel de héroe.
-No, no. Tienen que ponerle un nombre bonito. Como… como Rammus por ejemplo. Ese si es un nombre bello.
El resto del salón rió, Lux miró al chico ya sonriendo con naturalidad y Katarina se sintió aliviada al ver como el ambiente volvía a ser jovial.
-Pero es una niña, no seas idiota. ¿Cómo le van a poner Rammus?
-Eh ¿Pues por qué no puede ser niño entonces?
Mientras los jóvenes se enfrascaban en una discusión animada de cómo no podía serlo porque las dos eran chicas la maestra Shauna vio una oportunidad para poner a los rebeldes adolescentes a trabajar. Dio un último vistazo a las dos involucradas y sopesó que a Luxanna posiblemente no le importaba mientras aprendiera algo, y Katarina adoraba ser el centro de atención así que no había una oportunidad más perfecta.
-Bien, bien. Al tablero entonces. Pongamos a la señorita Crownward a la derecha y la señorita DuCouteau a la izquierda ¿Quién viene para empezar a llenar sus características?
Shauna se sorprendió al ver como varios de sus alumnos se levantaron a la vez llenando la pizarra con opciones que iban desde las más lógicas y naturales, hasta las descabelladas ocurrencias del joven Rammus. Luxanna protestaba cuando no le gustaba alguna de las cosas que escribían sus compañeros, pero por la forma de hacerlo todos entendían que no estaba verdaderamente molesta. Varios minutos después Shauna borraba de la lista las características que no podían transmitirse genéticamente, hasta que tuvo un puñado con el cual si podía trabajar. Entonces se giró sonriendo a sus alumnos, sintiéndose orgullosa de los adolescentes por primera vez desde que los conocía.
-En parejas, escojan 5 características, las que quieran y combínenlas en un cuadro de Punnett. Con estadísticas por favor. Para entregar, tienen una hora.
Para su mayor sorpresa ninguno de los chicos se quejó, todos se apresuraron a mover sus escritorios para empezar animadas discusiones y empezar a trabajar. Se giró a su escritorio, pero se topó con Luxanna aún allí.
-Señorita Crownward vaya a trabajar con su novia si es tan amable.
Lux se levantó rodando los ojos al ver como Katarina hacía lo mismo y juntaba sus escritorios, limpiando su silla con un ademán de cortesía muy exagerado y claramente mal intencionado. Pero esquivándola tomó asiento, sacó un par de hojas y empezó a trazar el cuadro en tanto Katarina decidía las características con las cuales trabajar.
El rebelde grupo trabajó a buen ritmo, en un escándalo ocasional por alguna nimiedad que pasaba entre las parejas pero por lo demás, en esa clase reinó la paz. Hasta que la maestra Shauna anunció que recibiría los trabajos y los muchachos poco a poco fueron levantándose para colocarlos en una ordenada pila sobre su escritorio.
Esa noche en casa la maestra comprobó con agrado que sus alumnos no solo habían trabajado diligentemente, sino que además parecieron haber entendido el tema a la perfección, incluso estaba tan contenta que afirmaría habían aprendido. Hasta el trabajo del joven Rammus era impecable, pero insistía en una nota al final en que el suyo era un nombre bonito y por tanto perfecto para que fuera el de su primogénito. Vayne rio de buena gana con las ocurrencias del chico, pero al llegar al trabajo de Luxanna Crownward y Katarina DuCouteau notó que además de un cuadro perfectamente diseñado y separado por código de color, las estadísticas bien organizadas en la segunda hoja había también una tercera, al leer Shauna descubrió un listado de nombres, uno para cada resultado posible de la combinación de sus genes. Esa noche la maestra de biología pensó que quizá no era tan nefasto que se hubieran emparejado así, en parte podía ser positivo pues los trabajos que tenía entre sus manos eran el resultado indirecto de que las dos llamaran la atención de sus compañeros de clase.
Pero de regreso al fin de esa clase, Luxanna preguntó qué era eso que insistía Katarina en mostrarle pero esta solo le sonrió de forma enigmática y contestó que no era nada importante, que mejor lo dejaban para otro día. La verdad es que la pelirroja estaba muy a gusto y no tenía ánimo de romper el momento, ya llegarían otras oportunidades. Como por ejemplo el día siguiente.
Francés pasó en un suspiro, Katarina no abandonó el aula como de costumbre y Quinn venciendo el pánico natural que la chica le producía aprovechó para preguntarle cada cosa que no entendía, rectificar cada pronunciación que no lograba sacar a la primera y otras dudas fosilizadas, que fueron surgiendo a medida que la clase y la conversación avanzaban. Si bien Katarina respondía a sus preguntas con cierta impaciencia, Quinn notaba cada vez más como Lux miraba al demonio pelirrojo, era tan obvio lo mucho que le gustaba que la joven se preguntaba cómo era posible que ni ella ni sus dos amigos hubieran caído en cuenta antes. Al final, iba a resultar que los tres eran tontos y no solo Ezreal.
Lux encontró que Katarina era más inteligente de lo que aparentaba o de lo que le gustaba que los demás pensaran. Sus respuestas eran sencillas, pero abordaban a la perfección las dudas de Quinn y aunque estaba segura que Katarina lo negaría hasta la muerte, parecía disfrutar un poco con la atención que se ganaba por otra cosa que no fueran sus travesuras u ocurrencias.
Rammus acusó a Katarina de coquetear también con Quinn, de cómo le parecía el colmo que Katarina quisiera monopolizar a todas las chicas del salón. La acusada ni intentó defenderse, sabía que Rammus solo buscaba desviar la atención de la clase y continuó ayudando a Quinn en lo que podía. Muy en el fondo le parecía buena idea socializar un poquito con los eternos amigos de Lux, al menos con la chica, parecía más agradable que los otros dos chicos y la idea le resultaba menos molesta.
Sin embargo, la acusación de Rammus le hizo gracia, se giró para mirar a Ashe en un descuido de Lux y la encontró observándola con una sonrisa genuina en su rostro. A pesar de lo que le gustaba molestarla Ashe no había cedido jamás a sus pretensiones y aun sentía curiosidad de saber la razón, pero no la suficiente como para preguntar.
Volvió a concentrarse en Lux que resolvía los ejercicios de Fiora con un grado de concentración impresionante, de verdad que tomaba sus estudios muy en serio.
-Lux…
-¿Qué?
-El tercero está mal.
Entrando en pánico Luxanna releyó el ejercicio varias veces, cada vez más nerviosa al no ser capaz de encontrar el fallo y a Katarina le dio tanto pesar de la rubia que no la pico sino le explicó el porqué de su error.
Al terminar la clase Mademoiselle Laurent les recordó leer el tercer capítulo del libro pues la semana siguiente tendrían un pequeño debate y apunto a Janna para ser la moderadora. Luego dividió el aula en dos grandes grupos: uno a favor y otro en contra, pero no reveló el argumento sino que sonrió misteriosamente y dijo que sería más interesante improvisar un poquito.
La alarma sonó y la mitad de la clase voló a la puerta despidiéndose apresuradamente de sus compañeros y la maestra que empacaba sus cosas sin prisa. Quinn esperó unos segundos para informarle a Lux que los muchachos y ella irían a un cinema cercano a ver el estreno de una película, de súper héroes, de esas que le aburrían dos vidas. El resto de estudiantes evacuó un poco más lento, pero cuando Lux y Katarina se disponían a salir la maestra llamó a la segunda en su perfecto francés. Lux salió del aula y esperó en el pasillo observando como los demás salones también se desocupaban.
-Tu examen. Cinco, como siempre
-Si…
Katarina recibió la hoja de papel y la guardó descuidadamente entre sus pertenencias, empezó a caminar hacia la salida cuando la voz de Fiora la obligó a detenerse.
- Katarina, te conozco desde que eras bebé. De hecho, yo elegí tu nombre
- Si, si. No se me olvida…
Notando la impaciencia de su sobrina Fiora recogió su maleta y pasando a su lado habló colocándole una mano en el hombro.
-Es bueno que tengas amigos. Bien, nos vemos cariño.
Katarina no respondió de inmediato, esperó que Fiora abandonara el aula despidiéndose también de Lux quien esperaba fuera y cuando se sintió con la suficiente confianza hizo el trayecto hasta la puerta.
-Sabes la academia da un poquito de miedo así.
-Hum… ¿Has venido en la noche?
Preguntó Katarina tomando la mano libre de Lux con la suya y empezando a caminar hacía la salida.
-Eh, pues una vez… Garen tenía un partido y vinimos a apoyarlo…
-No princesa. Me refiero cuando no hay nadie…
-¿Qué eso no es contra las reglas? – indagó Lux reprendiéndose de inmediato al señalar una obviedad.
-Claro, es parte de la diversión. ¿No has escuchado las historias que cuentan?
Lux pasó saliva mirando los salones vacíos a lado y lado del corredor con desconfianza, no era buen momento para recordarse lo miedosa que era pero ya era tarde y la piel empezaba a ponérsele de gallina. Por puro instinto se pegó más al cuerpo de Katarina.
-No…
-Ah ¿Te cuento una?
-¡No!. No quiero saber Katarina, no me cuentes nada.
Pero el demonio pelirrojo sonrió con malicia y empezó a hablar sin aminorar el paso.
-Conoces el aula 208, la que está al final del pasillo, este pasillo. Hace diez años era una de las aulas de último año… Evelyn era una de esas chicas que no paraba de estudiar, ya sabes de las que están siempre en clase, responden toda las preguntas que hace el profesor, entregan sus trabajos organizados por código de color, llegan a casa a estudiar hasta la media noche… En fin…
Luxanna bajaba las escaleras identificándose a la perfección con la protagonista del cuento. Y si bien su parte racional estaba consiente que no era real, que era una historia inventada por un puñado de adolescentes desocupados a los cuales les encantaba asustarse, no podía evitar la reacción de su ser miedoso. En su pánico se aferraba a Katarina con tal fuerza que la pelirroja sentía pena de la rubia, pero no la suficiente para no torturarla más con el resto de la historia. Además, le gustaba esa sensación que le producía el sentir como Luxanna se aferraba a ella como si fuera lo único en el mundo, como si fuera su todo.
-…Bueno, resulta que un día Evelyn decidió quedarse estudiando en la biblioteca porque sus hermanos hacían mucho ruido en casa y ella necesitaba concretarse. Ella no quería estudiar en cualquier universidad, quería entrar en la mejor y por eso sabía que necesitaba hacer el examen a la perfección. Había pasado meses, no, años de su vida preparándose para ese momento y con tan solo una semana para presentar sus pruebas estaba… ansiosa.
Eso último lo dijo acercándose al oído de Lux que pegó un brinquito ante la proximidad de Katarina y le dio también un par de golpecitos sin fuerza en el hombro que solo provocaron risas en la pelirroja.
-En fin, como dije decidió quedarse a estudiar. Sola. En la biblioteca. Lo que Evelyn no sabía es que las luces de la academia estaban programadas para apagarse automáticamente a las nueve, y como nadie en su sano juicio se quedaría hasta esas horas los vigilantes de turno no se molestaron en revisar. Dicen que la falta de luz no desanimó a Evelyn, no se sabe de dónde sacó una vela pero continuó estudiando toda la noche.
Katarina hizo una pausa dramática mientras salían del edificio, miró de reojo a Lux que tenía la vista fija en el frente, pero los nudillos blancos de tanto apretar las manos contra la chaqueta de su uniforme. La pelirroja sonrió, se veía tan linda toda asustada. Seguro que se sentía identificada con la protagonista porque seguro que en la misma situación Luxanna hubiera hecho exactamente lo mismo. Katarina rio dándole un beso en la mejilla, como para asegurarle que todo estaba bien y que solo era una historia pero de todas maneras continuó narrando una vez estuvieron fuera del instituto.
-Pasada la media noche, se sintió un poco cansada pero como estaba empeñada en sacar una nota perfecta no se interrumpió y continuó estudiando. Pasaron las horas y ella siguió allí sentada, casi sin pestañear a la luz de la vela. Al día siguiente, fue la encargada de la biblioteca quien la encontró, muerta, sobre los apuntes… con los ojos abiertos y la boca reseca, estaba pálida y helada, su rostro…
Katarina se calló de repente conteniendo la risa ante la desmedida fuerza que Lux ejercía sobre su brazo y al verla notó como la piel de la rubia estaba pálida, parecía que sudaba frío. Pero lo mejor era sin duda como sin ser consciente pasaba saliva suavecito con cada segundo que Katarina no continuaba el relato, al cabo me media cuadra se giró para verla con sus ojitos asustados.
-¿Cómo… cómo murió?
-Mmm no creo que puedas soportarlo…
Luxanna debió aprovechar ese momento para dejar el cuento hasta allí, no le servía de nada saber que había pasado después y así se lo recriminaba su mente, pero Luxanna Crownward no dejaba nada a medias, para su desgracia.
-¿Cómo? – volvió a indagar con la voz un poquito menos temblorosa.
-No sé sabe Lux. Pero eso no es lo curioso. Dicen, que si vas a la biblioteca y te quedas durante la noche, vas a escucharla estudiar. Los trazos del lápiz sobre el papel, los suspiros cansados y… si te sientas justo al final de la mesa, justo frente al lugar donde murió… al levantar la vista la verás… estudiando… pero si ella te ve… si ella te pilla observándola… entonces…
Lux estaba tan concentrada en la voz de Katarina que al sentir las manos de esta a cada lado de su cadera pegó un brinco y gritó con todas sus fuerzas ante el suave empujón de la pelirroja. Con el corazón acelerado no registró la risa de la mujer hasta que se giró para verla prácticamente doblada su lado. Furiosa por el susto que acababa de darle, Luxanna empezó a caminar sola a grandes zancadas pero no avanzó mucho hasta que los brazos de Katarina se abrazaban a su cuerpo ignorando sus protestas. Al final notó las miradas curiosas de otros transeúntes y decidió dejar de rechazar el contacto de Katarina, pero seguía enojada y no le dirigió la palabra por once largos minutos.
Luego la señorita Crownward se detuvo en la parada de bus tomando asiento al lado de un universitario que se taladraba los oídos con el alto volumen de sus audífonos. Katarina pasó de largo e hizo lo mismo al otro lado, sonriendo y buscando abrazarla a pesar de que Lux aun se resistía a su encanto.
-Bueno, lo siento. No sabía que fueras tan miedosita.
Lux al fin logró agarrar las manos de Katarina que insistían en aprisionar su cuerpo. La pelirroja sonrió concediéndole esa pequeña victoria pero dedicó toda su energía a acariciar la piel al alcance de sus dedos.
-No me gustan las historias de terror, ni las películas, ni los juegos ni nada de eso. Por eso no me invitan a sus noches de película, porque siempre eligen todas las de terror y no puedo ver ninguna…
-Aww ¿No puedes dormir y te dan pesadillas?.
-Sí.
Lux admitió aquello mirando el suelo un poco avergonzada, cierto que ya estaba grandecita para dejarse influenciar por historias que sabía bien no eran reales, o por los efectos especiales de una película que cualquiera con talento podía hacer más o menos bien con imaginación y un buen programa de computadora. Pero no dependía de ella, no podía evitar sentirse incapaz de dar un paso en la noche si no tenía todas las luces de la casa encendidas, si no sabía si su padre o Garen podían escuchar cualquier ruido que hiciera y correr en su ayuda. Katarina debió notar lo mucho que le costaba aceptar que le podían contar la historia de terror más ridícula del mundo y aun así ella se la creería.
-De acuerdo, no lo volveré a hacer.
Katarina se acercó lo suficiente para besarle la mejilla, al ver que la chica no se resistió al gesto repitió la acción pero acertando un poco más cerca de sus labios. Lux se giró lo suficiente para que el tercer beso le llegara de lleno en los labios, levantó sus brazos apoyándolos en la nuca de Katarina a la vez que entreabría la boca para que pudieran acomodarse mejor, fue lento y muy agradable. Le gustaba mucho besar a Katarina pero eso no lo admitiría ni por todo el conocimiento del mundo, era muy arriesgado darle tremendo poder al demonio pelirrojo.
Cuando por fin se separaron Katarina pudo ver al universitario sonrojado y muy quieto, como si cualquier movimiento suyo fuere a perturbar a la parejita que tenía al lado. A unos veinte metros venía ya la ruta del bus, la pelirroja se levantó liberando el aire de sus pulmones en un gesto exagerado y le tendió la mano a la más chica que la tomó sin dudar observándola con cariño.
Katarina se sintió un poco extraña bajo esa mirada. En su vida, la única persona que la miraba así era su madre, bueno no exactamente así porque estaba segura que su mamá no sentía lo mismo que Lux por ella, además que sería raro. En fin, se refería al cariño. Que la hacía sentir un poquito incómoda pero igual le gustaba, saber que incluso cuando Lux subía a la ruta le miraba con una sonrisa reservada solo para ella. Luego, ver que se sostenía con una mano para levantar la otra y despedirse con un gesto universal pero que desde el dónde se encontraba la pelirroja era único.
Desde su lugar en el bus Luxanna observó a su demonio pelirrojo dar media vuelta y empezar a caminar en sentido contrario, cuando ya no pudo distinguirla más tomó asiento y dejó que la alegría la invadiera.
Katarina podía ser insufrible, inmadura, medio idiota y muy desconsiderada pero en ocasiones tenía detalles tan sensibles y tiernos que le parecía imposible enojarse con ella durante mucho tiempo. Definitivamente le gustaba mucho, más que solo gustarle descubría que la quería y no era raro que ya se estuviera enamorando, o que ya lo hubiera hecho.
Al llegar a casa encontró una nota pegada en el recibidor de la sala, su padre lamentaba informarle que llegaría tarde y no iba a poder preparar la cena pero que dejaba dinero para que pidieran alguna cosa. O que si no tenía que estudiar mucho podía preparar algo para todos, que hacía bastante no comía nada preparado por su hija favorita, que la quería mucho y que por favor regara las macetas del segundo piso porque a él se le había olvidado. Lux sonrió al ver la carita feliz que había colocado su padre al final de la nota. Era increíble como un hombre mayor podía ser también tan infantil. También le pareció inusual que chispa o hubiera salido a recibirla, pero quizá el animalito estaba dormido y cuando la bestia peluda tomaba una siesta no había nada que lograra despertar, salvo un buen plato de comida.
-¿Garen?. ¿Quieres pedir algo especial o escojo yo?
Gritó Lux dejando su bolsa en la sala para tomar el teléfono y el pequeño libro con todos los números importantes organizados por función.
-¿Garen? – repitió más alto al no obtener respuesta.
Intrigada Lux se llevó el aparato y subió las gradas directo a la habitación de su hermano. Seguro que estaba dormido. Sin embargo, al abrir descubrió la habitación totalmente vacía. Miró por la ventana cómo el sol se ocultaba en cámara lenta, paralizada por el miedo no reaccionó hasta que la oscuridad la envolvió, bueno estaba el resplandor de las luces de fuera pero para la rubia era lo mismo que nada. Pegó un grito abalanzándose al interruptor del pasillo y marcando un número que se sabía de memoria.
No tuvo que esperar mucho, al otro lado de la línea Quinn le contestó con un perezoso saludo.
-Quinn, estoy sola. No hay nadie Quinn, estoy total y absolutamente sola. Papá no viene, Garen no está y se llevó a Chispa. ¡No hay nadie!
Soltó sin importarle lo asustada que sonaba. Su mejor amiga que conocía ya bien los mini ataques de pánico que sufría Lux de vez en cuando dejó a Valor con su mellizo y le prestó toda su atención.
-Okei, respira Lux. A ver, enciente todas las luces, todas. Si ves un interruptor presiónalo, pero una sola vez, porque dos se apaga y ya hemos pasado por eso.
Quinn no escuchó respuesta pero si el eco de pasos apresurados y los golpes secos de Lux al utilizar toda su fuerza para azotar los interruptores. Luego la escuchó emitir un grito ahogado. La inconfundible señal de que había llegado a la escalera.
-Corre.
Sin dudarlo Lux bajó las gradas a brincos evitando caerse al llegar al final y llegando a la única habitación con luz del primer piso: La sala. Desde allí fue prendiendo todos los focos con la voz de Quinn guiándola despacio y recordándole que no pasaba nada, que estaría bien.
-Okei, ahora enciende la televisión.
Lux caminó hasta el aparato e hizo el ademán de tocar el botón del control remoto cuando Quinn volvió a hablar.
-¡No! Mejor, no. Si se va la señal y vuelve a hacer estática… y estoy en pijama con las pantuflas y todo, no puedo salir corriendo a resucitarte.
-Son las siete, ¿Por qué estás en pijama? – preguntó Lux subiéndose al sofá y mirando en todas direcciones un poquito paranoica.
-Porque no pienso salir. Así que, mejor busquemos algo para mantenerte distraída. Seguro que Garen no demora en llegar.
Lux asintió, esperó que su amiga encontrara alguna cosa mientras vigilaba celosamente que ninguna aparición entrara por la puerta de la cocina.
-¡Ah! Por supuesto, ponte a estudiar. Es la solución perfecta, se te van las horas y ni te enteras.
Ante la mención la mente de Luxanna empezó a imaginar la biblioteca de la academia, una chica solitaria sentada en una de las mesas rodeada de libros y escribiendo frenéticamente sobre un cuaderno.
-¡Estudias hasta que te mueras!
Declaró Quinn contenta creyendo que acaba de evitar una crisis.
Luxanna en cambio regresó al mismo escenario, pero ahora la luz estaba apagada y la chica continuaba su labor iluminada únicamente por el resplandor de una vela. Con cada segundo que pasaba su escritura se volvía más veloz, pero la figura se deformaba de apoco encorvándose cada vez más y más sobre el papel, pronto el sonido del grafito al desgastarse se hizo tan fuerte que Lux no podía apartar la vista. Empezó a sudar frió, la figura continuaba su labor hasta que se detuvo en seco. Apretó el lápiz hasta que la mitad cayó cercenada y lentamente empezó a levantar la cabeza, Lux intentó en vano apartar la vista pues su cuerpo paralizado no respondía, entonces optó por cerrar los ojos pero tampoco funcionaba ya que la proyección estaba en su mente y la chica continuaba levantando el rostro lentamente sin que fuera capaz de hacer nada.
La voz de Katarina le llegó como un eco lejano pero claro.
Si ella te pilla observándola… entonces…
A fuerza de todo lo terca que podía ser Lux cerró los ojos con fuerza desvaneciendo la escena en una demostración de la tremenda voluntad que podía tener en situaciones extremas. La desesperada voz de Quinn le llegó desde el teléfono aunque no tuvo tiempo de hablar.
Mientras Lux empezaba a sudar frío Quinn subió a su habitación y se sacó las pantuflas cayendo de rodillas en busca de sus zapatos, los que fueran no importaba. Se los colocó a toda prisa y agarró una chaqueta de su hermano que encontró en la sala y volvió a tomar el teléfono llamando frenéticamente a Luxanna que seguía sin reaccionar. No dispuesta perder un segundo más la chica dejó caer el aparato y corrió a la puerta, protegiéndose de la briza nocturna a medida que empezaba a correr hacía la casa de Luxanna tres calles hacía la izquierda. Quinn no recordaba la última vez que había corrido tan rápido, incluso las miradas curiosas de la gente no la hicieron aminorar la marcha, era muy consiente que llevaba la pijama estampada con pollitos que le regaló Ekko para su cumpleaños pero su mejor amiga la necesitaba.
Todavía escondida en el sofá de su sala Luxanna reunió todo el valor que pudo y se bajó de un brinco, revisando por última vez que ningún espectro iba a materializarse cerca corrió hasta la puerta principal y salió dejando esta última abierta de par en par. Una vez fuera esperó junto a la reja hasta que exactamente dos minutos más tarde apareció Quinn doblando la esquina a toda marcha, trastabilló pero logró apoyarse en ambas manos para evitar la caída e hizo el último tramo hasta Lux que la esperaba con lágrimas en los ojos.
Aunque no era raro Luxanna se abrazó a ella cortándole la respiración y no dejándola recuperar el aliento de inmediato, Quinn le palmeó la espalda para que la soltara y Lux asumió que intentaba reconfórtala por lo que la estrujó con más fuerza.
-Lux… me muero…
Luxanna liberó de a su amiga de inmediato, limpiándose las lágrimas con la mano y dándole un poquito de espacio para que respirara, pero no demasiado en caso de que apareciera un fantasma, un zombi, o quien sabe qué cosa.
-Lux, entremos, ya no quiero que la gente vea mi pijama. Y tengo frío.
-¿Es la que te regaló Ekko en tu cumpleaños pasado?.
-Si.
Entraron en la casa.
- Lux voy a subir dos minutos a apagar las luces ¿De acuerdo?. No te mueras en mi ausencia.
Por respuesta la rubia asintió con ganas y esperó en medio del recibidor a que su amiga regresara pero sin dejar de ojear sus alrededores. Cuando Quinn bajó fue a la sala un momento, pero Lux pasó derecho a la cocina no dejándole otra opción que seguirla.
Después de tomar un poco de agua las dos se quedaron en silencio unos minutos. Quinn quería saber que había causado la crisis, pero tenía el suficiente sentido común para saber que si indagaba, la posibilidad de causar una segunda era alta. Mejor era dejar que se le olvidara. Por eso siguió rindiendo su vaso de agua a sorbos y se sentó a la mesa mientras Lux sacaba vegetales y carne de la nevera.
-¿Vas a cocinar?
-Si, creo que me hará bien. Papá dejó dinero para pedir algo, pero quiero distraerme un poco y ya que estás aquí…¿Me ayudas?
-Ah… no sé cocinar Lux. Mi hermano es el que cocina cuando nuestros padres tienen que trabajar en las noches, yo solo como y me encargo de Valor…
Lux iba a escandalizarse cuando la puerta principal se abrió revelando a Garen quien entró arrastrando a la bola de pelo que al olfatear a Luxanna corrió a la cocina dando brinquitos y ladridos de alegría. Las dos chicas esperaron que estuviera lo suficiente cerca para saludar a Garen mientras acariciaban al animalito, Quinn con un gesto de su mano y Lux abrazándolo al tiempo que le daba un beso en la mejilla.
-Lo siento. Los muchachos querían entrenar después de clase y saqué a pasear a Chispa se me pasó avisarte que llegaría un poco tarde. Hola Quinn, linda pijama… ¿Te vas a quedar?.
-No. Una de las crisis de tu hermana. De hecho, quizá debería irme ya, o llamar.
-Quédate, cenas y cuando llegue papá que te lleve a casa en el auto – sugirió Lux -. Por favor.
-Te llevó yo. No pasa nada… uhm… voy a ducharme y regreso ¿Vale?.
Luego de lavarse las manos Lux continuó con la preparación de la cena.
-¿Y cómo van las cosas con tu hermano?.
-Van y no van… es raro. No hablamos de eso. Seguramente Garen tenga muchas preguntas…
-Pero a ti te encanta responder preguntas.
-Sí, pero solo cuando tengo la respuesta… No quiero lastimarlo, creo que ya es suficiente con que este con la persona que le ha gustado por años.
Lux detuvo su labor un momento, miró a su amiga que mordía una manzana y confesó con tristeza temer que su hermano pudiera odiarla. Quinn iba a señalar el absoluto sin sentido que era cuando el teléfono de Lux comenzó a sonar, primero un pitido, luego otro, y otro más. Como la rubia tenía las manos ocupadas Quinn fue por el aparato, al desbloquear la pantalla vio un mensaje de Katarina. Sin molestarse en pedir permiso abrió el servicio de mensajería y encontró un emoji de un zombi caminando muy lentamente, luego dos, luego tres y una más con cuatro de los mismos. Todos perfectamente sincronizados.
-Tu novia – dijo mostrándole el aparato para que pudiera ver los mensajes -. Todos vieron mi ridícula pijama por su culpa ¿No es cierto?
Lux rio sin contradecir a su amiga que dejaba el aparato sobre la mesa mientras continuaba refunfuñando. Ekko no la dejaría vivir.
Después de cenar, Lux, Quinn y Garen jugaron cartas hasta qué el padre de los hermanos llegó y Garen cumplió su promesa de llevar a Quinn hasta su casa. Al regresar encontró los trastes limpios y a su hermana en su habitación ya en cama. Pensó en entrar pero al verla sonriendo tan feliz al teclear en su celular decidió que no era una buena idea, fue hasta su recámara y se cambió en silencio. Luego se metió entre las cobijas y se quedó dándole vueltas a un asunto hasta que el sueño lo venció.
En su propia habitación Lux no dejaba dormir a Katarina enviándole toda la colección de emojis que tenía en su teléfono, pero uno por uno y asegurándose de recordarle que si no podía pegar el ojo en toda la noche su venganza sería terrible. Y no lo hizo hasta que dieron las tres de la madrugada y físicamente no podía más.
