Oh bueno, siento mucho la tardanza, tenía el capítulo desde hace varios días pero el cargador de mi portatil murió y por tanto mi pc estaba inutilizable -.-
Muchísimas gracias por los comentarios, más tarde los respondo como se debe, estoy ya en época de exámenes así que imagínenme agarrándome de los pelos XD Por otro lado, me encariñé mucho con la historia, en especial porque realmente me siento inspirado al escribirla, tal vez sea por el hecho de que ese toque de ficción va muy bien de la mano con Bleach, además que tiene mi firma implícita :) Y bueno, cada acontecimiento que pase es en relación a la madre de Uryu y a sus anhelos más profundos.
Espero les guste la conti. Besos a todos :D
Disclaimer: Bleach no me pertenece, si así fuera Grimmjow sería mi stripper personal xD Por eso gracias a Kubo nuestra imaginación es tan juguetona :3
Miró con detenimiento ese paisaje tan absurdo. ¿Era un sueño? ¿O acaso esa niña era algún Hollow que quería burlarse de él? ¡Qué humillación! Seguro algo sucio tramaba. Volvió la vista hacia la pequeña quien lo miraba con una sonrisa cálida y acogedora. Se veía tan adorable, joder. No podía dejarse llevar por su aparente inocencia.
Suspiró. Debía tranquilizarse y no permitir que arrebatos innecesarios lo dejaran vulnerable ante esa alucinación que nublaba por momentos su juicio.
—¿Qué esto? — preguntó, atento ante cualquier contrariedad y teniendo en cuenta el escenario que sus ojos veían.
—Ya te lo dije, Uryu. En tu mente— ella se levantó y se sacudió la arena que había quedado en su ropa — Ven, vamos a jugar.
De nuevo lo decía y, de nuevo lo desconcertaba. Yokubo le ofreció una mano para que se levantara, pero el Quincy, molesto, la rechazó de un manotazo. De un intento se levantó de allí y rápidamente se puso a una distancia prudente. Ella, un poco sorprendida, intentó acercarse nuevamente pero el guerrero la apuntó directamente con una de sus letales flechas.
—¿Qué es lo que intentas? — dijo el chico, nada se le escapaba.
La niña sólo lo miraba, sin asombro ni temor. No, al contrario, seguía sonriendo. Era la misma sonrisa que le había infringido tanto calor cuando estaban en los columpios meciéndose, tranquilos, felices, sin restricciones tontas que los aquejaran.
—Crees que no sé que eres un Hollow que quiere mi poder. ¡Confiesa! — exigió él, quien no comprendía esa expresión tan serena.
Trató de percibir algo, lo que fuera, pero esa niña no tenía Reiatsu, aunque si emanaba una energía extraña que lo envolvía y tranquilizaba sin que él se diera cuenta. Ella movió su cabeza en dirección al océano, que brillaba con intensidad y, sin decir nada, se dirigió hacia allá.
Uryu, un tanto extrañado por su actitud, bajó su arco y debatió por unos instantes consigo mismo si debería ir tras ella. Por supuesto, no lo pensó demasiado. Si no la seguía y averiguaba qué pasaba ¿Cómo podría salir de ese lugar? Qué dilema. No comprendía nada, todo era tan irreal.
Aunque si lo pensaba con detenimiento, últimamente nada era real en su vida. Definitivamente por muy factible que fuera el hecho de que era un Quincy, era algo irreal, ya que de su condición solo eran conocedores él, su padre y algunos de sus amigos. Para el resto del mundo era alguna una fantasía sacada de algún libro viejo. Por otro lado, la relación con su padre también lo era; no tenía madre ni hermanos y su abuelo había muerto. Ya estaba cansado de tantas ilusiones en su vida, como el hecho de aparentar que tenía una familia.
Llevó su cabeza hacia atrás, contemplando así aquel cielo azul que lo cubría. Se deslumbró un poco por la luz tan brillante que emanaba el sol y, ciertamente, hacía calor, mucho calor.
En tu mente
Había dicho ella. Pero era imposible que así fuera puesto que todo era real. La arena lo era, estaba cubierto de ella hasta las orejas; el sol también, ya que sus rayos quemaban su piel y el agua, aunque no la había tocado ni probado, podía escucharse cómo golpeaba las rocas en la bahía.
Negó con la cabeza pensando en lo ingenua que había sido esa niña en decirle que estaba en su mente. Fuera lo que fuera, la desenmascararía y la haría decir toda la verdad.
Bajó la cabeza, posando la mirada nuevamente en la playa.
—¿Qué…? ¿Qué está pasando aquí?— dijo para sí, abriendo los ojos de par en par, sorprendido al ver a muchas personas en el lugar, que hacía unos instantes atrás, estaba vacío.
El chico empezó a correr en búsqueda de Yokubo. Pero era inútil buscar a una pequeña niña entre tantas personas, y lo peor del caso era que no sabía de dónde habían salido. Ya con eso era obvio que no podía estar dentro de él, en su mente, como ella le había asegurado. No, estaba en alguna playa muy concurrida y, en su momento de distracción, las personas llegaron sin que él se diera cuenta; o tal vez ya estaban allí pero no las vio debido a su asombro.
¿Cómo llegó ahí en primer lugar? Era algo que deseaba descubrir con fervor y, para ello, era necesario encontrar a la mocosa.
Empezó a recorrer el lugar, buscando entre las personas que rondaban por allí. Se dio cuenta de que habían muchas familias: jugando, bronceándose, corriendo, nadando o simplemente leyendo bajo una sombrilla.
—Disculpe, señor— Ishida decidió acercarse a uno de ellos para preguntar por el paradero de Yokubo. No tenía otra alternativa después de todo – ¿Ha visto a una niña…? – intentó posar una mano en el hombro de aquel sujeto, pero como si fuera un fantasma, la mano pasó de largo atravesando su cuerpo.
¿Qué estaba pasando? ¿Acaso había muerto? Inmediatamente revisó su pecho, pero para su suerte y, tal vez para su desgracia, la cadena del destino no estaba atada a él. Miró de nuevo a las personas, sorprendido y ofuscado ante la situación. Sí, le parecía todo muy extraño, pero nada sacaba con perder la razón. Él no era así. Debía analizar todo y pensar en una posible solución antes de que la niña o lo que fuera, tomara sus poderes o peor aún, su vida. Gritó, pero tal como sospechó tampoco lo podían escuchar. Corrió rápidamente hacia el agua, necesitaba comprobar algo. En efecto, al igual que la arena, podía sentir su textura, además que su sabor salado era inconfundible. No comprendía, si era un fantasma —bien sabía que no lo era—, por qué podía sentir y degustar…
Risas. Felicidad. Amor.
Por unos instantes en que volvió la vista hacia la playa, debido al ruido excesivo de la gente, se percató de eso: Todos eran felices. Era obvio pensarlo puesto que estaban en el mar disfrutando de aquello. Pero era diferente, algo le decía que esa felicidad no era sólo por el hecho de estar allí. En verdad se podía sentir en el aire el aroma familiar. Vio a los niños con sus padres nuevamente, siendo abrazados, besados, consentidos y… protegidos. Un dolor en su pecho se instauró de repente y, así como llegó, se esfumó. Se tiró a la arena, agarrando su pecho y tosiendo con mucha fuerza.
—Ven hijo, juguemos con la pelota.
Ishida quedó estático al escuchar a la persona que escuchó de repente. Giró la cabeza esperando que esa voz no fuera la de él.
Pero sí, su padre estaba allí.
—¿Te diviertes, hijo? — decía el hombre, contento y jugando con un niño al cual Uryu no había visto nunca.
El chico palideció en ese momento. ¿Cómo podía ser posible? ¿Su padre, allí? No, definitivamente era una alucinación bien barata. Ese no era Ryuken; para empezar estaba sonriendo y, ese hombre jamás sonreía, al menos no por esas razones. En segundo lugar, estaba jugando ¡Jugando! Que broma tan de mal gusto.
Apretó los dientes, furioso con la criatura que hacía tales cosas ¿Cómo podía burlarse de él de esa forma tan ruin?
Se levantó del suelo más confundido que nunca, mirando a un Ryuken que le parecía una blasfemia. Sin darse cuenta salió corriendo en dirección a su padre, irritado y con ganas de estamparle un golpe en la cara. Con ese desconocido sí podía jugar pero a él ni siquiera le obsequió un miserable juguete cuando era un niño… ¡Qué hipócrita!
Se detuvo lentamente al darse cuenta de lo que hacía. Ese no era Ryuken, era más que obvio que se trataba de un espejismo. Quizá la entidad solo manejaba su mente para que perdiera la concentración y así aprovecharse en su momento de debilidad…
Su mente… Tal acontecimiento le hizo reconsiderar que en efecto estaba dentro de su cabeza, no podía dejar de lado cualquier posibilidad y, de cualquier manera, él no acostumbraba especular sin tener nada claro. Todo estaba fuera de lugar y se sentía perdido… aunque ya no solo externamente.
El ver así a su padre le afectó. Sin duda alguna vez, ya no recordaba cuando, deseó en silencio que se comportara así, como el hombre que jugaba feliz y con una sonrisa en el rostro. Quiso llorar, pero no podía; su orgullo era inmenso y en una situación tan inusual y rara de seguro luciría ridículo. Respiró hondo y se tranquilizó, debía hallar dentro de esa cursi escena alguna pista que lo llevara a descubrir una salida.
Volvió a distraerse cuando de repente el pequeño niño empezó a llorar debido a que había caído a la arena y se había raspado un codo. Trató de acercarse para ayudar pero, tonto de él, tal como la vez anterior no lo pudo tocar. Visualizó entonces como una mujer se acercó en su ayuda, atenta, cariñosa, amable.
Sí, seguro era su madre.
Un momento: Si Ryuken estaba allí, entonces ella era…
—Mamá— susurró perplejo ante la posibilidad.
Eso significaba entonces que ese niño era él.
Se agitó ante esa imagen tan hermosa, tan inolvidable, tan familiar y tan falsa. Tragó fuerte la saliva que tenía en su boca en un intento por no permitir que ninguna lágrima saliera. ¡Qué crueldad! ¡¿Cómo podían jugar así con sus sentimientos? Miró de nuevo a la mujer, pero al igual que en su sueño no podía detallar su rostro, lucía borroso.
—Ven, Uryu. Vamos a jugar— Ishida volteó enseguida al escuchar la voz de Yokubo.
Vio a la niña detrás de él, pero de nuevo la playa se encontraba vacía. ¿A dónde habían ido todas esas personas? Adiós a la teoría de que no se había percatado de su presencia cuando llegó.
—¿Qué esta mierda, Yokubo? ¿Eres tú quién hace estas cosas? — dijo, tratando de no parecer alterado— ¡Contesta, maldición! — pero ya estaba perdiendo la paciencia y más aún al observar tal escena inolvidable y lacerante.
Porque lo había herido.
—Solo ves lo que tu corazón anhela. Ábrete, Uryu.
—Pero qué dices… yo.
El Quincy no sabía a qué se refería pero, sí lo sabía.
Volvió a mirar hacia dónde Ryuken se encontraba pero ya no estaban allí; de nuevo, se había quedado solo. Cayó de rodillas en la arena al sentir de nuevo ese vacío que le oprimía el pecho sin compasión. La niña sólo estaba allí, observando como Ishida se revolvía en su propia decadencia. Él volvió a mirarla, confundido.
—¿Qué quieres de mí? Dime, ¿Acaso pretendes volverme loco con todo esto…?
—Shh… — ella colocó un dedo en sus labios e hizo que callara—. Mira — dijo señalando hacia abajo.
Él bajó la cabeza y entre la arena, medio enterrada, había una fotografía un poco vieja. Tómala, dijo la niña, sonriéndole con dulzura. Ishida ya no sabía qué hacer, la pequeña era todo un misterio y no hallaba la forma de sacarle la verdad. Era imposible que no la enfrentara cómo se debía y más siendo él un guerrero valiente. Pero tenía claro que esa apariencia y su sonrisa quizá, y solo quizá, era lo que frenaba su ataque crucial. Además, no podía percibir peligro a su alrededor. ¿Cómo podría actuar si ni siquiera sus instintos le decían que hiciera algo al respecto? Una mocosa lo estaba manejando y él lo estaba permitiendo, ¡genial! Para colmo, se estaba metiendo con cuestiones que no debía.
El chico quiso seguir la corriente, así que sacó la fotografía de allí, o mejor dicho, un pedazo de fotografía que se encontraba rasgada y rayada. La tomó entre sus manos y la miró para darse de cuenta de que la persona que aparecía en ella, de nuevo, era su padre. Se sorprendió, aunque no tanto como la vez anterior.
Quiso preguntar el por qué de la presencia de Ryuken en ese pedazo de papel, que parecía parte de un rompecabezas, pero la niña se le acercó y puso una mano en uno de sus hombros. Se aproximó un poco más a su rostro y le acarició con cariño una mejilla. Uryu se extrañó, pero se sintió tan bien, tan cálido.
—Dime, ¿Qué deseas? — recordó que la pequeña ya le había hecho esa pregunta.
Él solo negó con la cabeza y antes de decir algo tomó a Yokubo por las muñecas. No dejaría que escapara esta vez.
—Quiero que me digas quién eres ¡Maldición!
Yokubo, quien se quejaba un poco por el maltrato del chico lo miró directamente a los ojos. De repente, nuevamente, todo se volvió oscuro para Ishida.
—Tú sabes quien soy, Uryu. Siempre lo has sabido, siempre he estado entre los gritos silenciosos de tu alma y de tu corazón— al fin dijo, para satisfacción y mayor confusión del Quincy—. Ahora dime, ¿Qué es lo que deseas?
Vio de repente a su padre de nuevo entre esa penumbra agobiante que la hacía sentir frío, mucho frio. Sentía que flotaba en medio de esa imagen que revolvía sus pensamientos y sentimientos. Lo vio tan distinto, tan sonriente… Sí, sin duda era escalofriante verlo así, no estaba acostumbrado, pero por alguna razón eso era lo que deseaba.
—Deseo jugar con mi padre— aquello lo dijo con la mayor sinceridad y espontaneidad del mundo.
Yokubo sonrió y volvió a desaparecer junto con el Quincy.
Abrió los ojos al escuchar un ruido estruendoso. Se sentó de inmediato un poco aturdido y se vio rodeado de muchas cajas y otras cosas muy extrañas.
—Ya despertaste— afirmó la pequeña, quien se encontraba sentada a su lado.
Quiso responder y reprocharle algunas cosas a la chica, pero un movimiento brusco lo hizo caerse de nuevo sobre el frío suelo de metal. ¿Metal? ¿Dónde estaba ahora? Miró de nuevo a su alrededor y vio una gran puerta abierta completamente. Tras ella, el paisaje pasaba como si estuviera viajando en un automóvil.
Sí, se estaba moviendo.
El chico intentó levantarse pero de nuevo otro movimiento brusco lo tiró al suelo.
—Es mejor que te sientes, Uryu. Este tren viaja a mucha velocidad— agregó ella, mirándole con una dulce sonrisa.
¿Un tren? No joda ni yo se por qué lo puse XDD No mentiras, si sé :D
Bueno, espero que les haya gustado y un lindo review me alegraría la existencia, en especial si es de mi adorada compañera de exageración y sempai personal: Hessefan Dita *¬* La baba es porque la admiro, no sean mal pensados, hombre XD Por supuesto, todas sus críticas serán bien recibidas así que acepto de todo muchachas y chos si tambien hay por ahí.
Los veo luego entonces, besos y abrazos. :D
