Prólogo

Summary: Un viaje al pasado. La guerra santa contra Ares estalla, siendo la más terribles de las guerras que enfrentó Athena y sus caballeros. Personajes originales. Siglo V a.c.

Disclaimer: Saint Seiya pertenece a Kurumada Masami. La idea original del fic es de mi propiedad y ha sido construida en base de los textos que hablan de las guerras santas contra otros dioses y la era del mito.

Este proyecto hace parte de una gran recopilación en la cual ando trabajando y es parte de las Cronicas del pasado. La historia de las guerras santas y el origen de las armaduras. Siendo el capítulo destinado a Ares, dios de la guerra.

Los personajes presentados en este fic son total autoria mía, en su diseño, historia y demás características.

El único fin de este fan fic es divertir al lector. Criticas constructivas.

Nota del autor:

Esta idea ha rondado en mi mente durante varios años, y empezó con el desarrollo de un OC, una amazona dorada llamada Ada (armadura de geminis). Parte de lo que se verá en este fic, lo rolee con tal personaje, en una mesa de rol de SS. Luego gracias a los foros de rol de la serie cree a mas personajes que estarán presentes en el fic.

He decidido remontar la historia al siglo V a.c. o más bien en la época de esplendor de Esparta, antes de que esta caiga y pase a ser una simple provincia griega. Esparta fue un estado que era llamativo por sus poderosos guerreros y formas de entrenamiento, el cual veneraba a Ares, dios de la guerra (Pero también a Athena y Apolo) decidí que esparta seria un mejor escenario que Roma (aunque roma es mas reconocida por el culto a Marte –Ares – que Esparta) lo preferí así.

Respecto a la cronología, es bien sabido que cada 200 años o mas se producen las guerras santas, pero he decidido crear un teoría propia: en el pasado las guerras santas no fueron tan repetivivas como 200 años, de hecho tomaron mas de varios siglos que se vieran y solo se recuerdan las que fueron mas sangrientas y trajeron mas cambios a la humanidad y el santuario. Aunque claro pueden existir mas guerras sin desmeritar, este fan fic se ubica como la cuarta gran guerra santa.

Siendo la primera, la guerra contra poseidon, luego hades, luego los gigantes (Gigantomachia) y finalmente el dios de la guerra. Para luego seguir los ciclos de las guerras contra Hades y otros dioses. Pero las primeras guerras santas son las que marcan de una forma definitiva el pasado de los caballeros y de la propia Athena…

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Han pasado los siglos desde la primera vez en que las fuerzas de la diosa protectora de la tierra se levantaron. Siglos desde que las armaduras doradas, de plata y bronce fueron forjadas y vistieron a jóvenes guerreros dispuestos a dar sus vidas por la protección de la diosa de la guerra y la sabiduría: Athena. El paso de los años ha hecho mella en los registros y recuerdos de un pasado dorado, de la época de los dioses, donde se decía que estos gobernaban sobre los hombres, eran adorados y temidos, y su voluntad divina se manifestaba en la tierra de diversas formas.

La era del mito ahora es el pasado, el motivo del porque empezaron las guerras entre los dioses es un recuerdo perdido y ahora solo queda el presente, vivir o morir, perder la tierra ante las crueles intensiones de los dioses que pretenden dominarla, o mantenerla en paz y armonía tal y como Zeus delegó a Athena.

Ahora, en el esplendor de las naciones griegas, un nuevo grito de batalla se escuchará, el llamado a las armas hará que valientes y poderosos guerreros vistan nuevamente sus armaduras en protección de la tierra y su diosa.

El dios de los cielos, Zeus. Desapareció en lo más profundo del Olimpo, dejando a cargo de Athena la protección de la tierra. Desconociendo los verdaderos motivos de su padre, la diosa de la sabiduría se tuvo que enfrentar a las ansias de poder del dios de los mares, quien junto con sus generales marinos levantó sus armas contra Athena. Luego de la cruel batalla, la tierra fue inundada por los mares, pero el bando perdedor fue el de Poseidón. Han pasado eras depuse de aquella lucha, no siendo la única que enfrentó la diosa, Hades, el dios del inframundo también se levantó contra Athena acompañado de sus espectros, y allí, fue la primera vez en que un santo de menor rango fue capaz de herir a uno de los tres dioses más poderosos del panteón griego. Hades cayó, el santuario se alzó hasta lo que es hoy en día. Un grupo de edificaciones donde se encuentran los más poderosos guardianes de la tierra, jóvenes que tienen el poder de explotar el poder del universo en sus manos y serán llamados a defender a tierra nuevamente.

Ha llegado el momento de la guerra santa más terrible que los registros escribirán, ningún bando será el ganador, tan solo la muerte será la que se beneficiará por aquella masacre…

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Capítulo 1: Dos promesas

Según dicen los antiguos relatos, existe un grupo de seres humanos que es capaz de sobrepasar los límites para aquella raza mortal. Son capaces de abrir grietas en la tierra con una simple patada, rasgar el cielo con el golpe de uno de sus puños y hacer explotar el poder del universo en sus manos. Varias historias perdidas en el tiempo, relatan guerras entre los dioses, donde aquellos seres humanos, vistiendo majestuosas armaduras peleaban defendiendo los intereses de las deidades, en terribles guerras donde sólo unos pocos sobrevivían.

Pero existía una diosa en especial, la designada protectora de la tierra, diosa de la guerra y la sabiduría, Athena. Quien tenia bajo su mando un grupo de valientes guerreros conocidos como los caballeros de Athena. Este grupo representaba a las 88 constelaciones del firmamento y aparte de ser los protectores de su diosa, también lo eran de la tierra y cuanto peligro le amenazara; peligro que se representaba en la amenaza que otros dioses alzaban contra el poder que Athena tenía sobre la tierra. Una terrible confrontación que era conocida como "La guerra santa" y que cada cierta cantidad de tiempo, tenía como protagonista a un dios diferente.

Hace 16 años – Parte subterránea de Roma.

Un par de jóvenes, acompañándose con una antorcha para poder ver en la oscuridad se encontraban vagando por la parte subterránea de la ciudad de Roma, la cual estaba constituida por las ruinas de la ciudad antigua, las cuales dieron lugar al progreso de la Roma actual. Sin superar los 17 años, uno de ellos tenía el cabello oscuro y el otro castaño, vestían simples ropas y tenían una sonrisa en el rostro por la emoción que causaba emprender una nueva aventura.

- ¿Qué crees que vayamos a encontrar Marco? – preguntó el de cabellos castaños.

- Aun no lo sé Lucio, pero debe haber algo escondido entre las ruinas de la ciudad antigua. Si nos han prohibido estar acá es porque algo muy bueno está en este lugar. –

Un par de ratas pasaron a los pies de los muchachos, quienes no se sintieron asustados al respecto, el líder Marco, quien llevaba la antorcha iba de primero examinando las paredes y viendo los diversos túneles que se aparecían frente a ellos decidiendo cual camino tomar. Por su parte Lucio marcaba con tinte cada cierto tiempo las paredes, para no olvidar el camino de regreso. Siguieron caminando por un par de minutos hasta que Marco detuvo la marcha, al observar que a unos diez metros de distancia una columna de luz se podía divisar.

- ¿Qué sucede Marco? –

- Mira… por allí entra luz, debe estar bajo algún lugar ese sitio. Muévete Lucio. –

Los dos jóvenes comenzaron a correr para descubrir de donde provenía la luz y qué clase de lugar estaba iluminando, a medida que se acercaban parecía una enorme sala a la cual se aproximaban. Al llegar, los ojos de Marco y Lucio no lo podían creer, no solo era una columna de luz, sino varias que provenían de un techo que estaba a unos cinco metros de altura, y la mayoría de estos se concentraban en dos puntos.

- ¿Qué hacen esas cosas ahí?... Parecen esas cosas que usan los egipcios para enterrar a sus muertos… ¿Cómo es que se llaman? – pregunto Marco.

- Sarcófagos… así se llaman. Estamos en una especie de tumba. –

Y así era, un par de sarcófagos se encontraban frente a los dos jóvenes. Pero estos no tenían el mismo estilo de los egipcios. Al contrario, parecían estar hechos de hierro, con un color rojizo, quizá debido al óxido, tenían varias inscripciones en lo que parecía ser griego antiguo y en la parte de los rostros las mascaras daban la apariencia de ser romanos o griegos mas no egipcios. Además de estar rodeados por unas cadenas y atados al suelo. La imagen que formaban estos, representaba a un par de hombres que vestían armaduras y cada uno de estos llevaba una espada en sus manos, las cuales eran similares en las dos figuras. Una brisa gélida rondó por el lugar, los jóvenes no determinaron de donde provenía, siendo lo más seguro –para ellos – que se encontraba una salida cerca.

- Esto es sumamente extraño, por lo que me han contado los sarcófagos egipcios son diferentes. – Comentó Lucio – Además estos tienen escritos… creo que son griegos. No sé, acá hay algo que no me gusta Marco. –

Su compañero arqueo una ceja y se acerco a los dos sarcófagos para examinarlos más de cerca. – No me digas que ahora tienes miedo, amigo mío. – al estar cerca el chico notó que un papel pegado sobre el pecho de ambos sarcófagos tenía algo escrito, era griego y se podía leer como "Athena". – Jo… tienen un papel, que cosa más rara… me pregunto si…-

- ¡No vayas a tocar nada! – exclamó Lucius pero ya era demasiado tarde. Las manos de Marco se acercaron a los papeles y los arrancó…

Pero nada sucedió. – Si que eres un tonto Lucius… tonto y supersticioso, mira no pasó nada por quitar un simple pa… - pero las palabras de Marco se vieron interrumpidas cuando dos poderosas columnas de luz cayeron sobre los dos sarcófagos, mandando a volar a los jóvenes estrellándose contra la pared del lugar. El viento se arremolino alrededor de los dos objetos y lo que parecían ser haces de luz rojizos danzaban a su alrededor. Las cadenas, las cuales estaban atadas al piso se liberaron y empezaron a romperse y a dejar libres los ataúdes. Los dos jóvenes no podían moverse del miedo y la impresión. Los dos sarcófagos se abrieron lentamente a la vez que chirriaban con un sonido muy fastidioso, causado por un metal que se encuentra muy oxidado.

Los jóvenes no vieron nada en el interior de aquellas estructuras, era algo demasiado extraño. Pero, cuando Marco intento reincorporarse para salir corriendo de allí, sintió que un hilo de sangre salía de su boca. Cuando volteo a ver a su amigo, este caía al piso decapitado en medio de un charco de sangre. Su mirada solo pudo notar en medio de aquella sala unos ojos, de color amarillo y rojo que mostraban una maldad absoluta…

- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAARRRRRRRRRRRRRRRRRHHHHH HHHHHHHHHG – Y justo en ese momento, la llama de la antorcha se apagó.

Grecia - Santuario – Star hill - hace 16 años

El patriarca se encontraba observando las estrellas, desde hace seis meses la lectura de estas no le traían buenas noticias. Por lo visto, sólo mandaban un mensaje: una nueva guerra se aproximaba. Aunque no era algo que le causara miedo o resignación, todos los santos de Athena estaban preparados para dar sus vidas por defender a su diosa o a la tierra. Una brisa gélida hizo ondear sus largos cabellos, ya grisáceos por el paso de los años, al igual que su capa y largas vestiduras, justo esa noche una enorme luna llena acompañaba las brillantes estrellas de la bóveda celeste.

Las estrellas que hacían parte de las constelaciones brillaban de forma intermitente, como pequeñas lámparas de aceite que perdían luminosidad con la fuerza del viento. El patriarca pudo vislumbrar como una estrella fugaz atravesaba el firmamento, podría ser un fenómeno normal, pero en ese mismo instante el antiguo guerrero sintió un cálido cosmos, aunque diminuto encerraba un gran poder y aquella sensación solo le mostraba una sola cosa: Esa estrella indicaba el nacimiento de Athena sobre la tierra. No estaba sorprendido ante aquel hecho, el mismo lo había vaticinado pero lo que sucedió inmediatamente después fue una total sorpresa.

El patriarca levantó nuevamente su mirada al cielo fijando su vista en la enorme luna llena que robaba protagonismo sobre la bóveda celeste. Sabía que los enviados del santuario estarían ya en búsqueda de la bebe que apareció esa noche sobre la tierra y quien sería la reencarnación de la diosa de la sabiduría y la guerra… pero, un terrible sentimiento de angustia invadió repentinamente su corazón. Era una de las pocas veces donde sentía tanto miedo y un mal presentimiento le embargaba. Justo en ese momento, abrió con sorpresa sus ojos cuando notó que la luna era invadida por un color rojizo, parecido al de la sangre.

- ¿Qué ocurre? – se preguntó a sí mismo. Al parecer esa noche, el mismo día del nacimiento de la diosa sería el mismo donde la guerra fuese declarada. Una violenta brisa lo empujo levemente y logró notar como el cielo se oscurecía, ocultando las constelaciones y dejando como única protagonista la luna tan roja como la sangre.

- Esto… es tan solo una advertencia de la destrucción que traeremos al santuario…- se escuchó una terrible voz que resonaba por todo el lugar, una sombra apareció al lado izquierdo del patriarca. Trataba de tener una forma humanoide, pero aun así parecía un espectro, un ente hecho de energía maligna y cosmos de similar naturaleza. El patriarca observaba intranquilo aquella escena, apretando sus puños y acumulando su cosmos para una posible batalla.

- A los humanos y toda la tierra… la ira del dios de la guerra no tendrá limites… - una segunda voz se escuchó, con una apariencia similar a el primer ente se ubico al lado derecho del patriarca.

El patriarca permaneció en silencio por unos instantes para luego sonreír levemente. – Primero deberían preocuparse por tener un cuerpo… Phobos y Deimos – el patriarca les dio la espalda y camino unos cuantos pasos lejos de los dos entes. – Y luego… ¡pueden venir al santuario a ser derrotados por Athena y sus caballeros! – al terminar su frase, el líder del ejercito de Athena se giró para lanzar un par de poderosos rayos de cosmos contra los dos seres. Pero estos antes de ser alcanzados por el poder del antiguo guerrero, desaparecieron a la vez que la tonalidad roja de la luna desaparecía y el cielo volvía a la normalidad.

Argos – Grecia – Hace 8 años

El sol estaba en lo más alto del cielo, una niña de cabellos castaños los cuales llegaban hasta sus hombros se encontraba jugando en las ruinas de la ciudad. Sus profundos ojos azules buscaban en medio de las ruinas, quien parecía ser su compañero de juegos. Un chico de aproximadamente 16 años quien se mantenía escondido detrás de una vieja pared, estaba en silencio esperando a ser encontrado por la niña. Sus cabellos eran largos, estaban desordenados y caían por su rostro, estos eran negros con brillos azulaceos y sus ojos poseían un color azul, muy parecido al color del mar en la noche.

- Aquiles…. ¡Aquiles! ¿Dónde estás? – preguntaba la pequeña quien aun no notaba la presencia del otro chico. – Aquiles…. – la niña estaba perdiendo un poco la paciencia, lo que más detestaba era sentirse sola y abandonada. Desde que tenía memoria, Althea (el cual era el nombre de la niña) no conoció nunca a sus padres, y la única persona que le ha cuidado desde pequeña ha sido Aquiles, un chico huérfano y pobre al igual que ella, quien se convirtió en el equivalente de un hermano.

- Aquiles… Aquil…- La niña se detuvo en su búsqueda al notar que otro joven más aparecía en aquel lugar. Se trataba de otro amigo de Althea y Aquiles, su nombre era Alexandros.

- Shh – susurró el recién llegado. Alexandros, al igual que Althea y Aquiles era huérfano y tuvo que arreglárselas para sobrevivir, de tal modo que llegó a terminar en el ejército espartano. Aunque Grecia y Esparta gozaban de paz por aquellos tiempos, los ejércitos nunca tenían descanso. El joven de ojos negros y largos y lisos cabellos del mismo tono, vestían su atuendo militar y sonreía con calidez a Althea, a quien sin lugar a dudas estimaba como a una hermana.

Althea permaneció callada y sonrió con complicidad también, a su vez, Aquiles permanecía tranquilo escondido, cuando sorpresivamente Alexandros agarró a su amigo del cuello y empezó a jugar con él, haciéndole una llave de lucha y empezando una amistosa pelea, del mismo modo en que hace muchos años atrás jugaban, cuando simplemente eran niños.

- AAAAAAAAAAAAAAAH ¡AY suéltame! ¡suéltame! – Aquiles gritaba mientras trataba de soltarse del agarre del Alexandros, quien se reía a carcajadas, al igual que la pequeña Althea –

- Jajajajaja… sigues siendo el mismo holgazán de siempre Aquiles… jajajaja – exclamaba en tono burlón.

- Cla… claro que no… ya verás. – Aquiles tomó fuertemente del brazo del cual estaba aprisionado a Alexandros y usando su fuerza lo hizo girar y lo tumbó al piso. – Ahora quien es el debilucho… ¿Alexandros? – Aquiles observaba a su amigo triunfalmente.

- Creo que tu… - Alexandros sonrío de lado para luego jalar a Aquiles de uno de sus pies y también tumbarle al piso. – Un guerrero nunca baja la guardia, amigo mío.-

- ¡Ay! – Aquiles entrecerraba los ojos mirando a su amigo y arqueaba una de sus cejas. – Al final eres un tramposo… - susurró mirando hacia otro lado.

Althea quien había permanecido observando toda la escena riéndose de sus "hermanos" esta vez se lanzó sobre ellos. – Al final gane yo – la niña se reía de los dos jóvenes, quienes perdieron el aliento por unos instantes.

- Althea… - exclamaron Alexandros y Aquiles a la vez. La joven niña salió a correr a la vez que los dos jóvenes se miraron de manera cómplice para seguirla.

Luego de estar jugando por un largo tiempo, una cansada Althea quedó dormida en los brazos en Alexandros, quien junto a Aquiles observaban como el sol se ocultaba en el horizonte, dejando a su paso un degradado de colores cálidos, desde el naranja hasta el amarillo en el cielo.

- Aquiles. – murmuró Alexandros.

- Mnnn – Aquiles se sentía adormilado en aquellos momentos.

- Quiero pedirte un favor. – el tono de voz de Alexandros ahora sonaba muy serio.

- ¿Qué ocurre? –

- Me han dado órdenes de marchar hacia el norte. No sé cuánto tiempo tome la campaña que ahora tiene en mente los generales de Esparta. Por eso quiero que me prometas una cosa amigo mío. –

- Ya veo… - Aquiles respiró profundamente y volteo a ver a Althea. – Supongo que tiene que ver con ella. –

- Así es. Althea, tú y yo nos hemos criado como hermanos, hemos superado muchas cosas y sobrevivimos juntos. Son lo más cercano que tengo a una familia y lo que más amo en este mundo. – Alexandros tomó la mano de la pequeña Althea y la acarició suavemente. – Quiero que me prometas, que durante el tiempo que no esté, protejas a Althea y te cuides hermano. Lo que más deseo al regresar y lo que será mi mayor anhelo en la lejanía será verlos de nuevo y poder verles sonreír. Aquiles, prométeme que harás todo lo que este a tu alcance por cumplir esa promesa. –

- De eso no te preocupes. Yo cumpliré esa promesa Alexandros. – Aquiles ahora miró a su amigo fijamente a los ojos. – Y tú prométeme una cosa. Sea donde sea que estés, no morirás. Te lo prohíbo Alexandros. –

Los dos amigos se miraron fijamente a los ojos, la determinación y la esperanza se podían sentir en estos. Estaban decididos en que cumplirían su promesa. El sol se puso en el horizonte y la noche se apodero de la tierra trayendo consigo a una hermosa luna llena y las estrellas. Alexandros, Aquiles y Althea permanecieron en ese lugar un rato más. Al final, Alexandros le entregó a Aquiles la dormida Althea y con un abrazo se despidieron.

Alexandros marchaba hacia una supuesta campaña que iniciaría Esparta hacia el norte, lo que ni él, ni sus amigos sabían, es que aquel hecho sería el segundo paso para que una terrible guerra se declarara y donde ellos, serian los principales protagonistas.

Los cinco picos - China – Actualidad

Aquiles se encontraba meditando bajo la poderosa caída de agua de la cascada de Rozan, pero su meditación se estaba viendo afectada por los recuerdos del pasado, ya que justamente por aquellas fechas, era el octavo aniversario desde la última vez que vio a Alexandros. Así que sin la concentración suficiente para poder seguir entrenando bajo la cascada, Aquiles decidió ir a tomar un descanso. Pero cuando estuvo ya fuera del agua, sintió un terrible golpe en su espalda.

- ¡Joooooooooooooodeeeeeeeeer!¡Eso ha dolido! – Aquiles se retorció un poco de dolor y su rostro mostraba levemente una expresión de enojo, buscando al causante.

Quien le propinó el golpe, era un hombre mayor, cuyos cabellos grisáceos llegaban un poco más debajo de su cintura, sus ojos color miel le observaban de tal modo que Aquiles cambio su expresión por la de un cachorro asustado y vestía ropas tradicionales chinas. - ¡Debería pegarte en serio para que sientas lo que es el verdadero dolor! ¡Vago! ¡¿Acaso he ordenado que el entrenamiento haya terminado?!

- Pe… pero maestro Shizuo…- Aquiles suspiró profundamente y se armó de valor para enfrentar a su maestro. - ¡Bah! No quiero seguir entrenando… a pesar de ya ser un caballero dorado debo seguir entrenando y entrenando ¡Estoy cansado! ¡Hay personas que me esperan! – alegó.

Una vena de rabia apareció por la frente del maestro de Aquiles y la ira empezaba a invadirle. - ¿Qué has dicho? –

Aunque no quisiera aceptarlo, Aquiles sabía que estaba en problemas. Paso saliva con dificultad y nuevamente encaró a su maestro. – Pues eso mismo… tantos años han pasado desde que estoy en el Santuario y dejé a Althea en Grecia. Soy su hermano y mi deber es estar a su lado. Pensé que cuando obtuviera la armadura dorada podría ir a verle y buscar a Alexandros… ¡Pero han pasado cuatro años! Y ni siquiera he podido pisar el santuario! –

Los ojos de Aquiles brillaban con determinación, realmente la distancia y el tiempo le habían hecho ansiar la compañía de las personas a quienes consideraba su familia. Y es que el verdadero impulso que llevó al joven a estar donde esta era el deseo de protegerles con todas las fuerzas de su ser. Shizuo entendía bien aquellos sentimientos pero aun no era el momento adecuado, el muchacho no estaba listo y debía estar a la altura para cumplir su compromiso como caballero de Athena.

- Simplemente no estás listo. Y fin de la discusión. – Shizuo le dio la espalda a su aprendiz – Ya está anocheciendo, creo que el mocoso de Pegaso ya debe tener la cena. – el hombre empezó a caminar dándole la espalda a Aquiles.