Caso 2: "Kutner y Amber: ¿A favor o en contra?"

"¿Para que sirve la vida si no podemos tomar decisiones estúpidas?" –House "House Training" 3 Temporada-

"Mejórate rápido. Tenemos problemas. W"

¡Entonces si lo habían visitado! Que raro, se sintió extrañamente reconfortado. Frunció el ceño y volvió a concentrarse en la misteriosa nota.

Releyó el papel varias veces y se quedó con curiosidad ¿Problemas? ¿Qué clase de problemas? ¿Acaso su equipo de médicos aún no podía valerse sin él? ¿Un paciente se estaba muriendo y todos se habían desesperado al no tenerlo para que lo salvase con sus métodos bastante cuestionables? Sonrió animado. Estaba claro que era el mejor médico del Princenton Plainsboro pero… Para que "W" le dejara semejante nota debía tratarse de un caso muy gordo, lo que significaba que era muy raro y eso, para él, era toda una motivación.

- Me llama mucho la atención la forma con que Wilson dibuja las es ¿No crees? – Comentó pensativa la perra despiadada ahora parada a su lado. Kutner, al otro, le echó un vistazo también.

- Y la W está muy inclinada a la derecha… –

- Siempre las hace así – Sonrió ella.

- ¿Se pueden callar? – Ladró el médico cojo y se dirigió a la cama, donde se sentó para descansar su maltrecha pierna.

- Por esa cara diría que quieres salir corriendo de aquí en este mismo instante – Comentó el médico indio.

House captó la ironía.

- Por supuesto, te aseguro que rompo el record de Forest Gump – Respondió mordaz.

En eso se abrió la puerta y entró el médico. House se guardó la nota en el bolsillo del pantalón y puso su cara de "niño bueno después de haber echo una maldad" con la intención clara de poner en marcha su inusitado plan.

- Doctores – Soltó Cuddy dirigiéndose a los tres médicos que formaban parte del equipo de diagnósticos dirigido hasta entonces por House – Hemos encontrado un nuevo director para el departamento –

Trece, Taub y Foreman se miraron unos a otros, demostrando que sus temores se habían concretado. Ninguno habló. Wilson le hizo una seña a Cuddy para que siguiera con el anuncio.

- ¿Cómo demonios piensas adelantar este proceso? – Le preguntó Amber sentada al borde de la cama. Habían pasado tres horas desde que el médico se había marchado, otra vez sin decir palabra.

House ahora de pie, contemplaba una de las paredes (la misma por la que Wilson y Cuddy habían estado observándolo) y volvió a mirar la nota que el oncólogo le había dejado. Una pequeña flecha que apuntaba a su derecha lo había dejado intrigado.

- ¿Qué significa esto? – Se preguntó el médico y miró a la pared en cuestión.

- ¿Cómo voy a saberlo? – Ladró la mujer.

- Parece que alguien se levantó por el lado equivocado hoy – Comentó el médico de ojos azules sin despegar la vista del diminuto papel que le había dejado su único amigo. Extrañamente, era como si se hubiesen intercambiado los estados de ánimo.

Kutner se paseó por la habitación, y tomando nota mental en la dirección en la que apuntaba la flecha miró hacia dicha pared. House hizo lo mismo.

- ¿Para que será la flecha? – Se preguntó

El médico de piel tostada se acercó a la pared en cuestión y poso su mano en la superficie, lo que le dio una idea a House.

- ¿Nuevo jefe? – Soltó incrédulo el diminuto de Taub.

- Pensamos que alguno de nosotros tomaría el lugar de House hasta que éste volviera – Secundó Trece.

- Bueno… - Titubeó Cuddy.

- ¿Quién es? – Intentó volver al tema central el neurólogo de piel oscura, Foreman.

- Pues, su nombre es Jaime Tayrmors – Los otros tres se sorprendieron al oírla.

- ¿Cómo? – Soltó Trece

- ¿El famoso infectologo que se ganó el premio Novel de la paz? – Articuló Taub blanco como la bata que llevaba.

Wilson arqueó las cejas ante la curiosa elección de Cuddy, pero aún así no hizo comentario alguno.

- Si. El Dr. Tayrmors llegará aquí mañana por la mañana, ahora tienen el resto del día libre -

Su pierna comenzó a dolerle con insistencia y eso que la tenía en reposo desde hacía una hora. Se refregó con lentitud usando su mano derecha con la intención de calmarse las molestias. Su bastón quedó colgando a un costado, abandonado temporalmente hasta que al médico de ojos azules se le ocurriera "dar una vueltita" de nuevo. De repente, volvió a entrar su médico y lo observó con preocupación.

- ¿Todo bien Sr. House? – Preguntó despegando la vista de un expediente amarillo huevo.

- No, ¿Podría darme unos calmantes para el dolor? – "¿O un frasquito de vicodin?"

Oyó una risita.

- Eso es lo que te trajo aquí – Le sonrió Amber parándose justo al lado del médico.

House bufó, aunque disimuló que se trataba debido a su molestia en la pierna.

- Seguro, en un momento se los traigo – Salió cerrando la puerta tras de sí y volvió a dejarlo solo.

El médico cojo de mal genio y carácter recordó como había superado sus primeros días en el psiquiátrico cuando lo estaban desintoxicando de sus amadas pastillitas blancas. Estos habían sido horribles y eternos, horas y horas de constante dolor agudo proveniente de su pierna que lo mareaban y le daban un dolor de cabeza que sentía que le explotaría en cualquier minuto. Y ahora, dos semanas después de eso, el dolor persistente de su pierna maltrecha lo molestaba por momentos, pero había días que llegaba a creerse que los pasaba mucho mejor sin el vicodin. Aún asi, las visiones aún persistían, lo que significaba que no eran solo los efectos de las pastillas, sino que había algo más. Le preocupó pensar que su cerebro, siempre ágil y sagaz, estuviese comenzando a fallar. En un principio Amber se dedicaba a darle pistas en la dirección correcta, pero una vez que lo llevó por el mal camino, House comenzó a dudar de su juicio, siempre íntegro, como si este se estuviera deshaciendo como un helado al sol veraniego.

De repente entró el médico con un bacito de plástico y una botella de agua en la mano y se las dio a su paciente de ojos azules, junto con las medicinas. Cuando Gregory House se tragó -de mala leche- las pastillas, su médico con historia clínica en mano, comentó.

- Bueno, creo que ya estás listo para la primera fase de evaluación –

- ¿Primera? ¿Tanto se han tardado para iniciarme la primera fase? Este psiquiátrico si que es lento… - Puso cara de pocos amigos, pero decidió callarse si lo que pretendía era salir de allí lo más rápido posible.

- Si, veraz, te hemos venido siguiendo todos estos días por el tema de tu desintoxicación… Y… - Hurgó en sus papeles - … Tus alucinaciones –

- Ah… - House se sintió un tanto violado. ¿Así que había sido observado todo ese tiempo? Empezaba a tener una vaga idea con respecto a la misteriosa flechita de Wilson.

- Y los resultados no son muy buenos – Soltó el medico mirándolo con detenimiento.

- Pero por alguna razón estoy en la primera fase – Rescató House al notar que la atmósfera se tornaba aplastante.

- Cierto, cierto… - Tomó aire su médico sonriendo convencido y dejó la historia a un costado mientras se sentaba en una silla blanca que estaba cerca. – Dime una cosa Greg –

¿Greg? Que confiado parecía ser este tipo.

- ¿Qué? – Preguntó el aludido aún refregándose la pierna.

- ¿Qué te hizo darte cuenta de que necesitabas esta ayuda? -

House lo miró como si le hubiese preguntado sobre cómo se respiraba. No era muy abierto pero, si quería salir "corriendo" de aquél sitio tenía que pensarse las cosas varias veces y bien.

- Pues… - Meditó. No estaba seguro de hablar - ¿Alucinaciones? – Soltó con tono evidente.

- Este vicio al vicodín tiene su largo camino, me sorprende que te hayas mantenido tan íntegro hasta ahora – Explicó el otro.

- Siempre estuve íntegro… –

- No es cierto – Sonrieron Amber y Kutner, quienes lo miraban expectantes desde detrás del médico psiquiatra. House los ignoró otra vez.

- ¿En serio? – Pareciera que él también podía verlos.

- Si, bueno… Hasta que empecé a alucinar y… Me dí cuenta de que mi juicio no era el mismo – Escupió todo de una, para así no asquearse más con la amargura de la verdad.

- Bueno, eso es un avance – Se convenció el médico y volvió a tomar la historia clínica de House. Sacó una lapicera de un bolsillo y comenzó a anotar algo en la carpeta amarillo huevo.

- Dígame una cosa – Tenía que tener cuidado con lo que estaba por decir - ¿Alguien me ha visitado? – No pudo evitar sentirse como un niño pequeño perdido en mitad de un supermercado.

- Oh… - El médico se detuvo en seco y lo miró – Si, vinieron varias veces dos personas… -

- ¿Ah si? ¿Quiénes? –

- Una mujer hermosa pero insistente que decía ser la decana del Princenton Plainsboro… Y otro, que supongo sería su esposo, un hombre tranquilo y con mucha paciencia, creo que era oncólogo,…–

House no pudo evitar reírse a mitad de la frase.

- ¿Wilson, esposo de Cuddy? – Preguntó entre risas. Ese comentario errado del otro médico lo había puesto de muy buen humor.

- ¿Qué no son marido y mujer? – Comentó medio abatatado el otro.

- Esos tienen lo de marido y mujer lo que yo tengo de ropa rosa puesta en este preciso momento – Sonrió con ironía y volvió a masajearse la pierna debido a las insistentes punzadas de dolor.

- Oh, pues que bueno que me dijo, flor de papelón si lo hubiera comentado en voz alta… - Ambos rieron un momento.

Salió del aeropuerto de Nueva Jersey con su valija oscura en mano y tomó un taxi que lo llevó a su departamento, cerca del casco céntrico de la ciudad. Bajó, tras pagarle al taxista, y se dirigió a su departamento en un edificio no tan llamativo a la vista. Subió las escaleras y, usando su llave, abrió la puerta blanca de su departamento y se metió dentro, cerrándola otra vez.

Mañana sería su primer día de trabajo en el Princenton Plainsboro Teaching Hospital, según la notificación que le había llegado, y para su suerte, ¿Qué mejor que ser el reemplazo del misterioso Gregory House?