Disclaimer: Phineas y Ferb no me pertenece y sus personajes tampoco.
Categoría: Romance, Humor, Drama… Lo de Aventura no me queda claro.
Cursiva: Pensamientos, susurros o recuerdos lejanos.
Cursiva en negrita: Charlas por teléfono, palabras importantes y letras de canciones.
Pareja: Las parejas no son parejas por los momentos (Risas)
Advertencia: Posible lenguaje soez.
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Un verano demasiado largo.
Capitulo dos: Bienvenida.
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Su vecindario no era exactamente la imagen más viva de lo que fue una vez a sus diez años de edad, algunas casas fueron descuidadas por sus dueños que en aquellos tiempos tenían más "vida" por así decirlo, que ahora. Sin embargo, eso no detuvo a Phineas de sentir un sinfín de emociones encontradas revolviéndose en su estómago, si su mano no estuviera temblando, él hubiera puesto la mano en la parte donde se situaba el corazón y estaría seguro de que aquel órgano que bombeaba sangre pulsaría igual de rápido que la de una rata.
— ¿Emocionado? — interrogo Linda volteando para ver la personificación de excitación en la cara de su hijo.
— ¡Claro, dos años mamá! — Phineas se cesó un poco, viendo un poco más allá de su emoción —. Aunque el vecindario se ve algo descuidado. ¿No crees, hermano? — harto rato atrás, su hermano había guardado sus audífonos al saber que el tema de conversación estaba muy lejos de relacionarse con Vanessa, ahora solo se dedicaba a ser partícipe de las conversaciones triviales o como era común de él, ser oyente.
— Podría estar peor.
— Si, bueno. Podrá estar un poco descuidado, hijo pero los vecinos siguen siendo tan vivaces como antes — dijo Lawrence, con la intención de reconfortar a sus hijos —. Créanme cuando les digo, que nada ha cambiado.
— Phineas, amor. Despierta a tu hermana, ya estamos llegando a casa — interrumpió su madre.
— Esta bien — asintió. Con cuidado se acercó a su hermana que se encontraba a su izquierda, durmiendo apoyada a la puerta con su cabeza inclinada en la ventana y curiosamente ceñuda como según Phineas, siempre. Tal vez algo le preocupaba —. Candace — susurro muy cerca de su oído mientras la meneaba levemente, con cuidado de que su hermana no le tirara un golpetazo como respuesta —. Candace, despierta — su hermana empezó a reaccionar.
— Mmh… Oh Jeremy — susurro mientras se revolvía en su lugar, sonriendo y soltando risitas pausadas.
— Candace tiene el sueño pesado — dijo Phineas y Ferb asintió —. ¡Psst! Candace, despierta — esta vez el menor de los hermanos, en vez de agitar a su hermana con sutileza, lo hizo con algo de rudeza. Logrando por fin que la chica despertara algo desorientada y además con un fuerte dolor de cabeza.
— ¿Qué pasa? — la chica gruño al recomponerse en su asiento y al estar en sus cinco sentidos. Al parecer estaba muy de mal humor ¿Y cómo no estarlo? Pensó Candace, la urgencia de ajustar cuentas que tan de pronto surgieron, le causaban tanto temor y era imposible no pensar en eso cuando es lo único que tenía en mente. Era como cuando esa vez de pequeña se contagió de varicela justamente entrando las vacaciones de verano. El punto era que le ponían los pelos de punta la idea de un problema que podría arruinar el verano perfecto que tanto ansió.
— Ya estamos llegando Candace — dijo Linda.
— Hermana, tienes el sueño pesado — Candace gruño como respuesta.
— Chicos, acérquense y lleven estas botanas al patio — ordeno Lawrence, sacando objetos del maletero con su esposa ayudándolo. Saco especialmente del maletero, tres platillos diferentes colocados y encerrados en diferentes envases plásticos, curiosamente para que cada hermano llevara. Los tres hermanos, se sorprendieron y unos se desconcertaron más que otros, no les parecía raro que hubiera comida lista, aquella mujer que ellos tenían por madre siempre estaba lista para todo y en un viaje largo, aún más. Eso no era lo desconcertante, lo desconcertante era… ¿Al patio?
— ¿Al patio? — pregunto el más curioso, Phineas. Sus padres asintieron sin más, dando a sobreentender que era el final de toda conversación y que ninguna otra respuesta o pista de sus labios saldrían, y a ellos con las dudas a flor de piel, no les quedó más remedio que ir como se les mando. Al entrar directamente por la valla de madera, detuvieron su caminar y miraron descolocados la inusual decoración de globos de diferentes colores regados, pancartas con palabras de aliento, la mayoría dándoles la bienvenida otra vez a su antiguo hogar y por ultimo pero no por eso menos importante, confeti tirado por el suelo y luces de muchos colores alumbrando por todo el patio. Todo paso en fracción de segundos, mucho antes de que los hermanos tuvieran una pregunta formulada, una gran multitud salió de la casa, del árbol y detrás del cercado correteando hacia ellos, felices y gritando casi en sincronización un fuerte "sorpresa". Phineas, Ferb y Candace casi pudieron sonreír si no fuera porque en serio estaban impresionados. Sus padres entraron poco después, con una sonrisa en sus rostros y colocándose detrás de ellos.
— ¿Les gusto la sorpresa? — pregunto Linda.
— ¿Tu planeaste esto, mamá? — Candace fue la primera de salir de aquella ensoñación, volteándose hacia sus padres.
— Bueno tu padre y yo apoyamos esta idea desde el principio pero los responsables, son ellos, cariño. — dirigió su mirada hacia aquellos responsables de la organización de la fiesta de bienvenida. Candace le siguió la mirada a su madre, volteando otra vez. Los chicos que seguían la conversación de Candace con sus padres también voltearon, encontrándose con un pequeño grupo que resaltaba de los otros y que se había acercado más a ellos. Los recién llegados reconocieron con una increíble velocidad al pequeño grupo frente a ellos. Eran sus más íntimos amigos, Isabella, Buford, Baljet, Stacy y Jeremy.
— Te extrañamos mucho, Candace — susurro una voz que Candace podía reconocer en todas partes, era la voz de Stacy Hirano. Situada junto a Jeremy, sonreía tímidamente mientras que el chico a su lado cargaba consigo un ramo de flores y sonreía igualmente. Candace estaba completamente consternada.
— ¿S–Stacy?
— ¡Claro Candace! ¿A quién más esperabas?
— Pero no entiendo… — gruño y de inmediato frunció el ceño, llevando sus dedos al puente de su nariz, masajeándolo — Sabes… este no es lugar para hablar, ven — tomo a su amiga de la muñeca y la arrastró consigo al interior de la casa, dejando a muchos desconcertados.
— Creo… que iré a verles — dijo Jeremy con un dejo de incomodidad mientras se alejaba e iba en la misma dirección en que fueron Candace y Stacy.
La multitud se había esparcido por todo el jardín, metidos en sus propias conversaciones. Phineas se quedó analizando por un momento la apariencia de sus amigos, no les sorprendía casi en nada pues en varias ocasiones habían hablado por chat mientras estuvo en Oxford, sin embargo el único individuo que le sorprendía casi en todo y en la que se esforzó en no mostrar su estupefacción, era la persona que Phineas consideraba su más grande amiga (Al igual que Ferb) y vecina, Isabella García Shapiro. Le sorprendía en demasía como había cambiado su amiga, a diferencia de sus otros amigos, Phineas poco había sabido de la chica. Unas cuantas charlas al principio pero después de algunos meses, todo rastro de Isabella fue borrado y Phineas no supo más de ella y por mucho que le costara aceptar, aquello le había desanimado por días, semanas e incluso meses.
¿Había cambiado?
Sí, lo había hecho y demasiado, pensó Phineas con las mejillas algo coloreadas. Era más alta, su cabello azabache un poco más largo de lo que recordaba y atado con una liga. Su estilo de vestir era bueno… había cambiado pero sin dejar de ser ella, llevaba una camiseta rosa pastel y unos vaqueros azul marino, con unas zapatillas rosas. Algo realmente simple pero lindo en ella. Si una cosa no había cambiando en ella eran sus ojos azules brillantes como zafiros y su dulce y tierna sonrisa reconfortante.
¿Qué tan cursi había sonado aquello? Hizo una mueca y se fijó por las miradas puestas en él de sus amigos (He incluso la de su hermano que claramente expresaba "Eres idiota, disimula más") que era hora de volver a la realidad y poner sus pies en la tierra.
— Hey… — de inmediato supo que su voz no sonaba nada convincente — ¡Chicos, cuanto tiempo! — Phineas espero romper el ambiente incómodo y supuso lograrlo cuando sus amigos sonrieron y empezaban a vocalizar más. El chico del cabello rojo pensó que todo había vuelto a la normalidad, justo como antes.
— ¡Candace Flynn… por el amor a todo lo bueno! — exclamó como loca su amiga — ¿Cómo pudiste creer eso?
— Lo sé, estúpido ¿verdad?
— ¡Demasiado! — la asiática reflexiono un momento toda aquella historia de locura.
— Lo siento, debí confiar más en ti y en Jeremy — su voz sonaba claramente arrepentida — Pero había pasado tanto tiempo sin estar con ustedes que por momentos pensé que ya se habían aburrido de mí. Y cuando Jeremy actuó tan simple conmigo y tú no me contestaste, yo…
— ¡Oh vamos, Candace! Basta de sentimentalismos — Stacy tomo a su amiga en un abrazo — sabes que siempre serás la mejor de mis amigas.
— Stacy… — se abrazaron con más fuerza para finalizar con aquel conflicto sin sentido — espera… ¡ Jeremy! — a Candace se le había olvidado completamente el tema respecto a su novio.
— Candace… — el corazón de la nombrada latió tan rápido al escuchar la voz grave de su novio llamándola. Volteo con prisa hacia donde estaba el chico y de inmediato se preguntó ¿Cómo iba a ponerse molesta con alguien como él? Era más atractivo de lo que recordaba.
— Jeremy… yo…
— Candace, yo debería disculparme — se acercó el chico y le ofreció a Candace el ramo de flores — Veras, ese día cuando hablamos toda mi familia decidió hacer un viaje a las montañas, yo me encontraba irritado por mi familia, además tenía que organizar tu bienvenida pero como en las montañas no hay muy buena recepción y necesitaba encargar los pasabocas y las bebidas, tuve que reunirme con Stacy muy temprano para organizar todo de una vez y cuando me llamaste, me encontraba en las montañas, la señal era tan mala que la llamada se cortó. Sé que eso te preocuparía y creo que debí explicártelo mejor al llegar a casa pero hace poco acabo de llegar, incluso me sorprendió poder haber llegado minutos antes que tu…
— ¿Entonces no te aburro? — Jeremy sonrió y enrollo sus brazos alrededor de ella.
— Nunca. Además es imposible aburrirse contigo, Candace Flynn — se alejó un poco de la chica para besar su nariz con ternura.
— ¿Te gusto todavía…?
— ¡Claro que sí! — los dos se acercaron poco a poco con la intención de besar los labios del otro como muestra del amor que se tenían. Ansiosos y nerviosos se acercaban con mucha lentitud y con los ojos entrecerrados, casi habían olvidado como era el besar a el otro o el suave tacto de sus labios juntos. Habían olvidado muchas cosas que esperan poder rememorar como cuando niños. Stacy sintió una pequeña sensación de incomodidad al ser la única ahí que parecía bloquear el ambiente romántico, con cautela paso a un lado de ellos, murmurando:
— Yo, mejor me voy — los novios no parecieron escucharla, perdidos en los ojos del otro.
¿Planear una fiesta de bienvenida para ti?
La voz de Vanessa Doofenshmirtz orientándole como si fuera su conciencia le llego de repente a Candace como un balde de agua fría en invierno.
— ¡Stacy, espera! — llamo Candace — ¿Vanessa sabia de la fiesta?
— Sí, ella nos ayudó en algunas cosas.
Candace sonrió ante el ingenio benévolo poco común de la chica gótica de calmarla con indirectas sobre la fiesta pero sin decirle y arruinar la sorpresa.
— ¿Va a venir?
— Está por llegar.
— Deberíamos decirle — Baljeet era un manojo de nervios, apenas podía consigo mismo y el mar de pensamientos que cruzaban por su mente en ese momento ¡Él no quería tener problemas! En cambio a Buford, poco le importaba aquel asunto.
— No soy mensajero de nadie — gruño el más robusto de los dos.
— ¡P–Pero…!
— Silencio — ordeno el bravucón al ver a los hermanos acercarse hacia ellos.
— ¿Qué pasa chicos? ¿Por qué se callaron tan de repente? — silenciar a Baljeet no fue suficiente para que Phineas se diera cuenta. Buford hizo una mueca de disgusto en su rostro. Solo esperaba que no se diera cuenta que… — Oh. ¿Isabella, dónde está?
Mierda.
— ¡Se fue con su novio! — Baljeet no se pudo contener y Buford le abofeteo con la mirada. La sala (en donde se encontraban solamente ellos) quedo en silencio.
— ¿Qué? — ¿Acaso escuchaba mal? — ¿novio?
— Django Brown — esta vez fue Buford quien hablo.
— Vaya…
— Mira, — extrañamente Buford sintió algo de pena por su amigo — Si quieres mañana podem—.
— ¡Tengo tiempo que no veo a Django! — exclamo algo entusiasta por la idea de irlo a visitar un día — ¿Por qué no vino? — ladeo la cabeza. Los chicos le dedicaron casi una fúrica mirada.
— Esto es realmente disgustante — dijo asombrado Baljeet.
— En demasía — le apoyo Ferb. ¿Y cómo no? Phineas desde siempre había sido tan inocente o mejor dicho, ignorante en muchas cosas y aunque la ignorancia es felicidad y su hermano era feliz así, la joven Isabella no lo era. Tal vez en algún momento antes de entrar a la universidad él debió hacerle ver a su hermano el casi enfermizo amor que la chica había llegado a sentir desde hace años o incluso cuestionarle sobre el tema. Pero de inmediato supo que eso no hubiera servido de nada, ya que su hermano era tan inocente que al cuestionarle el afecto especialmente dedicado que Isabella le tenía, él le respondería con: "Yo lo veo normal…" o "Es porque somos muy amigos".
Nadie puede ayudarlos, solo ellos pueden ayudarse recíprocamente. Lo que sabía también es que su hermano, Phineas Flynn tenía sentimientos por Isabella García Shapiro. Sin embargo estos sentimientos estaban bien escondidos en su interior, eran aguas nubladas que solo la chica o el mismo chico, podían volverlas en un agua tan pura y cristalina.
¿Qué se necesitaba?
La iniciativa de parte de los dos.
— Chicos ¿No quieren zumo? — ofreció Phineas desde la cocina. Tenía la sensación de ser un desconsiderado. Desagradecido por no estar afuera, en el patio, con los demás en la fiesta sin embargo después de estar un rato afuera, los chicos buscaban paz y él se incluía en ese paquete. Pero ahora la paz era solo una anubarrada distorsión comparada con la realidad que sentía caer en pedazos como el cristal al chocar con dureza contra el suelo. Todo eso, por la recién noticia sobre su querida vecina.
De pronto sentía sentimientos desconocidos que le hacían ahogarse con solo recordar y eso le preocupaba. ¿Por qué se sentía así?
— ¿En serio, zumo? — Buford apareció con los demás, sentándose en una de las sillas del comedor — Vamos, ya somos mayores. Necesitamos tomar licor.
— La verdad, el único mayor legalmente aquí soy yo. Ya que tengo veintiuno — presumió el chico británico que extrañamente sonreía. Estaba disfrutando de a dónde iba la conversación y como podía sacarle provecho a su edad mientras que sus amigos no.
— E–Es verdad — esta vez fue el chico de la india que hablo y estuvo de acuerdo con Ferb.
— Aun así, no hay licor — dijo Phineas mientras revisaba el refrigerador.
— No sean niñas, niñas — Buford enfoco su mirada en Phineas y con una cómplice sonrisa, se levantó de su asiento — Verán chicos, yo tuve que ayudar a organizar esta tonta fiesta y a pesar de que se me encargo una parte de la decoración — el bravucón abrió una de las alacenas y de ahí saco una bolsa de plástico, de la cual escurría algo de agua — compre algo que nos pueda activar. Ya saben… licor.
— No lo sé, no soy bueno bebiendo — Phineas se hizo para atrás. El había bebido en las fiestas que habían hecho en la universidad y la única cosa que podía decir de lo que había aprendido es que cuando ya no estaba en sus cinco sentidos, era un desastre como persona. En cambio Ferb, oh dios… — Ferb es realmente bueno e incluso se ganó un trofeo.
— Uno más de mis talentos — agrego Ferb.
— Todos van a beber — ordeno Buford mientras se acercaba a la mesa del comedor junto a todos — será divertido.
Oh, claro que sí.
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Al hacer este capítulo pensaba hasta que parte cortarlo, pensé: ¿Y si hago el reencuentro de una vez? Sin embargo, el reencuentro que yo busco, debe ser bien explicado, de parte de nuestro lindo chico lacónico, Ferb y de parte de nuestra linda chica gotica, Vanessa. Pero después de ver que llevaba ocho páginas del capítulo y yo quería hacer un reencuentro largo, me dije: "Déjalo para después, Sofia. Ya habrá tiempo de expresar el mar de sentimientos de nuestros protagonistas ¡No solo de ellos, de Phineas y de la triste historia de desamor que nos espera de Isabella!".
¿Qué más puedo decir? Debido a unos contratiempos de la vida, no pude subir días atrás pero aquí, otro nuevo capítulo. Buscare subir más seguido, pues como sabrán estoy muy emocionada con esta historia y de verdad quiero seguirla.
Gracias por los comentarios y las críticas que me ayudan a avanzar.
¿Me dejas un review? Me harías muy feliz.
