nany87 : Gracias por tu comentario, y de verdad no sé cuando son los días que podre actualizar pero de verdad tratare que sea lo más breve posible.

yevi08: gracias por leerme un beso chica.

eccaza: de verdad a quien deben de agradecer es a mi musa y a mi esposito bello que me alentó para que la publicara a el le deberíamos de agradecer de verdad (jajajaja)

.Cullen: Caro, la adaptación la estaba haciendo de otra historia, pero al saber que ya la habían publicado me sentí mal , esta es mi historia , no es adaptación.

Otra cosa no les coloco nombres a los capítulos porque a veces n se me ocurre que colocarles, porque a medida que voy escribiendo simplemente se me vienen otras ideas y al final no les pongo ningún nombre ni de que se trata, solo CAPITULO I O II o los que sea….

Disclaimer: los nombres de los personajes son de Stephenie Meyer, yo solo creo historias con ellos, y aunque a veces los hago sufrir siempre terminan feliz, ya lo verán….

CAPITULO I

Isabella llamó a la puerta de la oficina de su nuevo jefe con su barbilla levantada en un gesto de decisión. Por los pasillos de la empresa habían corrido muchos rumores sobre el nuevo propietario, que era un hombre excesivamente enérgico y fuerte.

En el transcurso de algunas semanas ya habían declinado muchos empleados. Nadie quería trabajar para el Dictador, era un sobrenombre que se ganó a pulso apenas llegado. Y a ella para no completar la habían encaramado al cargo de secretaria personal. ¡La tercera en menos de tres semanas!, a parte el no se había tomado ni la menor molestia de preguntarle si estaba de acuerdo con el nombramiento o no; pues claro que no lo estaba por favor. Había enviado al Jefe de recursos humanos de la empresa para informarle que, o aceptaba el puesto o tan sencillo y simple quedaba en la calle.

Que mas tuvo que hacer Isabella que de inmediato tuvo una gran antipatía hacia el dictador, pero claro estaba no se podía dar el lujo de marcharse de verdad necesitaba el dinero.

— ¡Pase! —ordenó una voz profunda y atronadora. Isabella había visto a Edward Cullen una que otra vez por los pasillos de la empresa Hale & Whitlock. Se lo había también encontrado una que otra en los despachos, examinando y valorando a cada empleado con esos ojos verdes que eran frio a los que no se les escapaba el menor detalle. Muchas de sus compañeras casi se habían desmayado al verlo.

Bella solo había visto a un hombre alto, elegante si puede ser, pero arrogante, con el ceño permanentemente arrugado, la cual para ella disminuía su evidente atractivo físico. Siempre proyectaba una imagen dura y poderosa. Sin embargo a ella le había impresionado por su aspecto. A ella le gustaban los hombres cálidos con sentimientos y humanos. Y este hombre no tenía ninguna de esas cualidades. Simplemente llego allí para convertir una empresa brillante en una máquina de hacer dinero.

Bella tuvo que respiró fondo, enderezo más su columna y entró en el despacho. Cruzó la alfombra color negra hacia la inmensa mesa que dominaba la estancia. Era la primera vez que entraba allí. Los paneles de madera de Líbano que cubrían las paredes, con cuadros originales, y los muebles antiguos eran extraordinarios, aunque percibió que no era un decorado que un hombre como él hubiese elegido por su propio gusto. Ya por orden del había instalado ordenadores y equipos de muy alta tecnología en la estancia que una vez había sido la oficina del señor Clearwater.

Edward Cullen se encontraba junto a la mesa, el pelo despeinado, ese de no me peino hoy mañana tampoco, las cejas fruncidas y los ojos verdes entornados mientras la examinaba a fondo. Era el retrato mismo de la intimidación. Bella tuvo que enderezarse nuevamente.

-Buenos días, señor Cullen — lo saludó en tono sereno.

-Señorita Swan — le dijo al tiempo que inclinaba la cabeza y le indicaba una silla frente a él—. Siéntese... por favor.

Bella obedeció y después de haberse sentado deseó haberse quedado de pie. Este hombre era alto, con hombros amplios y tenia músculos bien definidos, y sus ojos verdes no dejaban de observar cada uno de sus movimientos, en este momento esta situación era incómoda que ella disimuló olímpicamente, con una pequeña sonrisa y el bolígrafo sobre el bloc de notas.

Durante el transcurso del día en un sin número de cartas dictadas por el, reuniones, ordenes que necesitaba que les informara al personal, las horas para un mundo de reuniones, y un sinfín de correos electrónicos por enviar. La opinión de Bella sobre el Dictador Edward Cullen no cambio en nada seguía siendo un excéntrico y dictador, aparte de arrogante y irónico, en conclusión era el peor hombre que había conocido y su opinión del dudaba que cambiara.

Cuando le faltaba poco para terminar sus horas de trabajo se puso a pensar que estaba más que satisfecha consigo misma por cómo había manejado a su jefe y la situación. En el momento que empezó a apagar todo y a colocarse el bléiser que utilizaba, se abrió la puerta que comunicaba su oficina con la de su jefe

No se apresure tanto, señorita Swan. Todavía nos queda mucho trabajo por hacer.

Bella observo su reloj para verificar la hora.

—Creí que mi horario Señor Cullen era de ocho a cuatro de la tarde — le dijo tratando de que sus ojos marrones no se desviaran de su objetico El

Además pasan dos minutos de las cuatro.

Como si fuera significativo, así pasen veinte, treinta lo que sean —le dijo él—. La necesito ahora.

Si ese era su modo de hablar a las otras secretarias no la sorprendía que se hubieran marchado, pensó Bella. Para su pesar, tendría que obedecer si quería mantener el su empleo.

—Muy bien —contestó con calma, al mismo tiempo que colocaba su chaqueta en el respaldo de la silla—. He terminado todo el trabajo de hoy me ha puesto, por lo tanto dígame qué debo hacer.

El arrojó una cinta en la mesa de Bella.

—Quiero este informe para las seis. Asegúrese de transcribir las cifras correctamente; es muy importante —«seguro Don todo lo quiero ahora; para ti todo es importante», pensó Bella mientras se recogía su cabello castaño y aproximaba una mano al teléfono.

Hola Emily, tengo que quedarme en la oficina un rato más. ¿Podrías cuidar a Benjamín un rato más?

Odiaba tener que dejar solo a su hijo un minuto más de lo necesario. Incluso muchas veces se sentía culpable; pero no quedaba más remedio. Benjamín era un ser muy especial para ella. Quería que tuviera lo mejores para toda madre es lo primordial en la vida y si quería eso significaba tener que salir a trabajar, entonces tenía que hacerlo.

—Desde luego que sí. No te preocupes. Le daré de cenar.

Angela, era su vecina, y le encantaba quedarse con Benjamín. Sus hermanos ya eran chicos grandes y echaba de menos a un pequeño por la casa. Angela era un tesoro. Bella no habría sabido qué hacer sin ella.

Cuando eran casi las siete finalmente pudo marcharse de la oficina. Edward Cullen en definitiva era un adicto al trabajo y esperaba que todo el mundo lo fuese. Bella había escuchado que muchas veces llegaba a las seis de la mañana a su despacho.

Bella no tenía ni la mas mínima idea de si estaba casado o no. Aunque no llevaba ninguna alianza ¿o sí? No que ella supiera no. Pero eso si protegía su intimidad como un león a sus cachorros. Y aunque corrían chismes por los pasillos de que tenia "amiguitas" muy atractivas, que tenía una esposa en Londres, una amante en Canadá, propiedades en Nueva York, en las Islas Griegas, en Australia y también en Inglaterra, su tierra natal. Bella no sabía si eso era verdad, y si lo era de dónde sacaba tiempo para todo eso.

Al día siguiente Bella llego a las ocho y veinte, su jefe la estaba esperando en su oficina cuando ella llego...

—Me preguntaba a qué hora iba a aparecer por aquí —murmuró, con un destello de irritación en sus ojos verdes.

A ella le daba la impresión que él había pasado la noche allí ya que la corbata le colgaba en un nudo flojo, llevaba el cuello de la camisa abierto y el pelo mas desordenado que de costumbre.

—Necesito un café fuerte, sin leche, y media docena de pastelillos. ¿Quiere encargarse de eso? Y hágalo lo más rápido que le den sus pies a y cuando venga traiga su bloc de notas. Hay mucho trabajo que hacer.

Bella no dijo nada simplemente asintió.

Luego de su encargo fue a su oficina donde paso unas cuantas horas .Todo el día de trabajo estuvo de mal humor; pero Bella, tercamente, rehusó darse por vencida. Trato de mantenerse tranquila, amable y colaboró activamente con él, a pesar de los pensamientos de querer matarlo, que cada vez se alborotaban bajo su serena superficie.

Cuando por fin finalizo la semana comenzó a sentirse más orgullosa de sí misma Creo que estaba hasta comprendiendo a su jefe y, afortunadamente, él estaba satisfecho con ella. Sus estados de ánimos eran ya normales, pero Bella simplemente o los ignoraba o simplemente hacia como si nada hubiera pasado, y al parecer, la maniobra funcionaba bien. Pero como todo no siempre las cosas son color rosa, y en un momento empeoraron cuando volvió a pedirle que se quedara hasta más tarde.

-Lo siento, señor, no puedo —respondió Bella con seguridad.

-¿Qué ha dicho? —preguntó, malhumorado.

—Hoy no puedo quedarme.- le volvió a repetir

—Presumo que tendrá una buena razón. – le respondió este con ironía

-Sí, la tengo —declaró ella alzando su barbilla de forma obstinada—. Es el cumpleaños de mi hijo.

El pareció conmocionado, como no dando crédito a lo que sus oídos escuchaban.

-¿Tiene un hijo? ¿Por qué demonios no me lo han dicho? Usted no me conviene como ayudante personal si necesita ausentarse constantemente.

Los ojos chocolates de Bella resplandecieron de irritación.

-¿Qué quiere decir con eso de «constantemente»? Esta es una ocasión especial, señor Cullen. Benjamín cumple ocho años y va a celebrarlo en un Mc Donald's con sus amiguitos. Me niego a dejarlo solo, porque usted quiera que me quede a trabajar es mi hijo no un amigo.

Bella percibió una leve duda en su mirada. Luego asintió.

—Muy bien —dijo con severidad—. ¿Puede venir unas cuantas horas mañana sábado?, simplemente le pregunto

¡Era una petición, no una orden! ¡Pequeña victoria la mía!

Los sábados por la mañana Benjamín jugaba al fútbol. Pero, dado a los sucesos, no era conveniente volver a negarse. A Ángela le encantaría acompañarlo.

—Sí, vendré mañana.- le dijo ella

-Muy bien —Edward la despidió con un gesto de la cabeza.

Bella no terminaba de sorprenderse de lo bien educado que era Edward Cullen aunque con toda y su ironía, arrogancia y demás cualidades. El pudiera ser un gran hombre pero esa fachada que daba a conocer no lo ayudaba en nada.

No cavia duda era un hombre muy atractivo, había veces que se le daba un aire de Dios Griego. Muchas veces ella había sentido en su cuerpo su presencia física, su magnetismo. Sin embargo, todo lo que veía era el rostro de un dictador. Y le disgustaba tanto como al principio.

Luego de llegar a su casa, se fue con Benjamín al Mc Donald's donde esperaban los amiguitos de el….

-Mami, esta es mi mejor fiesta de cumpleaños —anunció Benjamín, al tiempo que la besaba y la llenaba un poco con la salsa de su segunda hamburguesa.

Bella sonrió limpiándose la mejilla. El ruido era estridente; cada uno de los ocho amigos de Benjamín hablaba a la vez, felices y entusiasmados.

— ¿Cuál de todos ustedes es Benjamín? —preguntó una voz profunda y aterciopelada muy bien conocida por Bella

Bella miro atrás y ahogó una maldición al ver a Edward Cullen con un inmenso paquete bajo el brazo y aquel verde de sus ojos brillantes. Definitivo ese hombre que estaba allí parado era muy diferente al que había dejado en la oficina unas horas antes.

—Señor Cullen —dijo con la voz ahogada y su mirada confusa—. ¿Qué hace aquí?

—He traído un regalo para el niño que está de cumpleaños. ¿Cuál es?

Pero para entonces, todos los ojos estaban puestos en Benjamín, sonrojado de vergüenza, claro su hijo no había podido sacar otras cosas de ella.

-¿Quién es usted? —preguntó, alzando la barbilla igual que su madre.

No se podía negar el parentesco. Aunque el cabello del niño era más oscuro, tenía los mismos ojos chocolates e idéntica mandíbula, igual que la madre.

—Soy el jefe de tu madre. Ella me dijo que era tu cumpleaños y pensé que esto podría gustarte —dijo, entregándole el paquete.

Bella estaba preocupada. El Edward Cullen para el que ella trabajaba nunca habría pensado comprarle un regalo al hijo de una empleada, y mucho menos entregarlo personalmente.

Usted es... muy amable, pero no tenía que haberse molestado —murmuró ya que no sabía que decirle estaba en shock.

Pero claro su mente trabajaba antes que ella y no pudo evitar pensar que tal vez había ido allí para comprobar que no le había mentido en cuanto a la fiesta, pero de inmediato descartó ese pensamiento infame. La verdad era que no sabía nada de ese hombre, salvo que en las horas de trabajo era el mismísimo demonio.

Tengo que marcharme. Que disfrute de la fiesta. La espero mañana a las nueve, señorita Swan. Por supuesto no podía faltar su recordatorio…

Sí, y gracias nuevamente —respondió ella, con un hilo de voz.

Nadie notó su partida porque todos observaban a Benjamín mientras abría el paquete. Cuando hubo retirado el papel de regalo, se produjo una exclamación de asombro colectivo. ¡Era un magnífico Scalextric y un Xbox 360 slim! El sueño de cualquier niño.

Su primer impulso fue decirle que no podía aceptar un presente tan caro y que debía devolverlo, pero al ver la expresión de alegría en el rostro de su hijo, se abstuvo de hacerlo. Edward Cullen bien podía permitirse un regalo como ese.

Tal vez era una forma de agradecerle su dedicación al trabajo. O tal vez, pensó con una mueca irónica, una forma suave de comprometerla para futuras horas extras de trabajo. Pero como fuera, lo más importante era que su hijo estaba contento, nada más le importaba en ese momento.

El sábado cuando llego por la mañana, intentó volver a agradecerle el regalo, pero el hombre que había aparecido en el cumpleaños de su hijo había desaparecido. El señor Dictador Cullen había vuelto a asumir su acostumbrada expresión de jefe absoluto y cualquier con-versación personal estaba cercada para ella.

Sin embargo cuando en un momento dado tuvo el que observar en la pantalla del ordenador donde Bella trabajaba, esta fue consciente de que tras esa hosca fachada se ocultaba un cálido ser humano. Y por esa razón, comenzó a sentir la atracción sensual que se desprendía de aquel hombre inclinado sobre ella.

Bella inquieta por la cercanía física, se puso nerviosa y cometió unos cuantos errores mientras escribía la carta que él esperaba impaciente.

— ¿Qué le sucede? ¿Muy cansada por la fiesta de anoche?- le dijo de forma irónica.

¿Es que no se daba cuenta de que su presencia la ponía nerviosa? ¿Es de verdad no se da cuenta de que cada vez que se le acerca su corazón se aceleraba? No creo que no, no se daba cuenta de eso.

—Me encuentro bien. Y a propósito, gracias por el regalo de Benjamín. Un regalo demasiado caro, pero el niño está encantado.

—Me alegro que le guste. Lléveme la carta cuando la haya imprimido. Y luego me gustaría ver el informe de Volturi —ordenó secamente.

Y sin decir más, se alejó hacia su despacho. No, definitivamente ese hombre no tenía corazón.

La mañana pasó rápidamente. Bella había pensado que tendría que trabajar hasta la una.

—Señorita Swan, pídame algo para comer —pidió cuando ella entró en su oficina—. Después puede marcharse a pasar el resto del día con su hijo.

-Gracias —respondió, aliviada—. Y si me permite decirle, usted trabaja demasiado. El señor Clearwater no hacía las mismas horas que usted.

-Por eso la empresa se estaba hundiendo.

Bella no daba crédito a lo que había escuchado — ¿Qué quiere decir? Esta empresa tenía mucho éxito.

Siempre lo había pensado que era muy afortunada por trabajar en una compañía tan próspera como esa.

Edward movió la cabeza de un lado a otro, negando lo que ella estaba diciendo.

—Esa es la impresión que él quería dar. No deseaba ver al personal preocupado; pero unos cuantos meses más, y usted tendría que haberse buscado otro empleo.

Ella lo miró con incredulidad.

— ¿Eso es cierto?

—Desde luego que sí. Compré una empresa que se hundía, señorita Swan. Pero le aseguro que no va a hundirse.

Luego de eso ella tomo sus cosas y se fue pensando en lo que le había dicho el Señor Cullen sobre la empresa…

En los días que siguieron, solo una vez le pidió que se quedara hasta más tarde.

—Comprendo perfectamente que quiera estar con su hijo, pero esto es realmente importante, ¿Cómo podría negarse a una petición formulada de ese modo?

Pero cuando el viernes por la tarde le dijo que necesitaba que lo acompañara a una conferencia que se iba a celebrar el lunes siguiente, y que acabaría bastante tarde, ella lo miró con severidad.

—Me temo que no será posible, señor.

-Vaya. Fue lo único que dijo

Nunca en la corta vida de su hijo había dejado de bañarlo y llevarlo a la cama. Era un momento especial para ambos y aminoraba su culpa de tener que dejarlo tanto tiempo solo. Bella sabía que Ángela podría hacerse cargo de él porque ambos se adoraban, pero se iba a sentir muy mal consigo misma.

Por otra parte, ¿qué conferencia se prolongaba hasta altas horas de la noche?

-No puedo prometerle nada. Le dijo Bella

— ¿No quiere o no puede? Sabe que puedo encontrar fácilmente otra secretaria, señorita Swan.

Hacía mucho tiempo que no mostraba su mal carácter, pero ella tendría que haber sabido que su conducta humana no podría durar demasiado.

-Lo dudo —contestó con decisión—. Nadie ha sido capaz de satisfacer sus excesivas demandas y su mal carácter.

Las cejas del jefe se convirtieron en una dura línea.

— ¿Cree que mis otras secretarias se marcharon por esa razón?

A no y porque otra razón pensó ella pero no dijo nada simplemente asintió.

—Eso es lo que dice todo el mundo.

Él se inclinó al borde de la mesa de Bella, demasiado cerca de ella, lo que le provocó una alarmante agitación interior. Para su preocupación, esa proximidad se estaba produciendo con demasiada frecuencia. Bella empezaba a percibirlo más como un hombre excitante que como un jefe arrogante.

-Es hora de aclarar las cosas. No se marcharon porque no pudieran trabajar conmigo. Las despedí por incompetentes.

Los ojos chocolates de Bella le lanzaron una viva mirada.

—Tal vez habría que diferenciar entre lo que usted llama incompetencia y lo que las chicas consideran peticiones injustas.

Los ojos verdes de su jefe se entornaron.

—Creo haber sido más que razonable; pero si usted piensa que es injusto que ocasionalmente le pida que trabaje unas horas extra muy bien remuneradas, entonces le sugiero que se marche también.

Bella no podía explicarse cómo había llegado a esa situación. Realmente no debió haberle hablado de esa manera. Después de todo él era su jefe. ¿No?

-De acuerdo, lo haré —dijo rápidamente. Cuando se marchaba de su despacho, la voz de Edward Cullen la detuvo.

—La conferencia es el lunes, a las dos. Póngase su traje más elegante. Y le sugiero un vestido de cóctel para la tarde.

Ella se volvió a mirarlo, sorprendida. ¿Un traje de cóctel? Se pregunto así misma pero que podía hacer…

-De acuerdo... tomo sus cosas y se dirijio a la salida

Bella se fue a su coche con la sospecha de que algo no funcionaba ahí. Parecía que más que una secretaria, el jefe necesitaba una acompañante. Y no estaba segura de querer serlo. El problema es que ya se lo había prometido.

OMG que piensa sobre lo que Edward quiere de Bella… ¿mmmm? No se… díganme opiniones un beso a todas las que me dejaron reviews y espero saber que piensan de este capítulo.

Nos leemos besos